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lunes, 18 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 15


Y así era. Un tal lord Amelantar, el tercero en el orden sucesorio al ducado de Vensider, había aglutinado a su alrededor a un numeroso grupo de nobles bajo la consigna de que los barcos de la flota solamente deberían transportar ilvos, y dejar a todos los humanos en tierra. Esta postura chocaba frontalmente con los acuerdos a los que se habían llegado en el anterior Consejo de Guerra.
Así que al día siguiente tuvo lugar otro cónclave donde Amelantar dejó bien clara su postura, y con él su grupo de seguidores. Durante ese día no se pudo arreglar nada, y se pospuso la sesión al día siguiente.

Por la noche, lady Asmariur se acercó a Demetrius, preocupada porque según ella: no creo que a lord Ergialaranindal le queden más de tres o cuatro meses de vida.

El día siguiente, en el consejo, todo parecía ir con normalidad, hasta que Naemen, sentado al lado de Ayreon -aunque éste hubiera jurado que el viejo no había entrado a la sala de Consejos-, empezó a sollozar, a gemir y a decir con voz entrecortada: algo no va bien aquí... no todo es lo que parece, con los ojos totalmente en blanco. Ayreon decidió en ese momento utilizar su consciencia celestial, con un éxito tremendo que le permitió ver cómo el plano celestial se curvaba hacia Naemen y descubriendo las ilusiones de la sala a los ojos de todo el mundo. Amelantar y uno de los nobles de su séquito no eran otros que Larmar y Tenthalus, los kaloriones, que al sentirse descubiertos revelaron su verdadero poder dejando inconsciente a la mayoría de la sala excepto a Ayreon, Kadrajan, el Primarca, Dailomentar y alguno más de los presentes. Treltarion y la mayoría de los elfos primigenios se encontraban en ese momento fuera de la sala, y Naemen no tardó en caer inconsciente, pero víctima de su propia debilidad por alguna razón desconocida.
Los Renegados se dedicaron a burlarse de la situación, afirmando que era penoso que esto fuera lo mejor que el mundo podía reunir contra ellos. Mientras Tenthalus hablaba, Larmar tentó al Primarca con una de las conocidas Dagas Negras, y éste la aceptó; su cara cambió al instante. Su cuerpo pareció librarse de un gran peso y su aspecto mejoró notablemente. Pero había algo maligno, muy maligno en él.
Kadrajan se lanzó hacia delante esgrimiendo a Tôrkom, pero fue un fútil intento; la Daga Negra, arrojada por el Primarca, y un ataque de Tenthalus fueron suficientes para dejar al valiente guerrero fuera de combate. Dailomentar intentó una heroica resistencia, pero un potente hechizo destruyó sus ropas y quemó su piel, dejándolo también muy malherido. Los kaloriones se giraron hacia Ayreon, la única amenaza que quedaba en la sala. El paladín, viendo que no tenía salida, se puso a rezar con toda la fe de la que era capaz.

Entonces, algo terrible y maravilloso ocurrió. Envueltas en un resplandor dorado que lo absorbía todo, varias presencias angélicas se materializaron en la sala -según Ayreon, a través de la curvatura del plano celestial que había visto antes- y usaron todo su poder para expulsar a los kaloriones. Naemen respiraba cada vez más entrecortadamente y Ayreon cogió su cabeza en su regazo. Las presencias angélicas se reunieron alrededor del paladín, susurrando todas a la vez, y repitiendo las frases cada vez más débilmente, como en un eco que se alejara:
"no habrá otra oportunidad"
"cuidadlo"
"sobre todo, tened fe"
mientras los susurros resonaban en su mente, Ayreon pudo ver cómo los ángeles se iban marchitando y pudriendo, cómo su resplandor dorado se hacía cada vez más débil, hasta que solo quedaron cenizas.
Tras la desaparición de los ángeles, todo el mundo despertó, y todos parecían haber olvidado lo que había pasado. Aunque más que "olvidado", lo correcto sería decir que se negaban a sí mismos que eso pudiera haber pasado.
El Primarca tuvo que ser reducido por la propia Guardia Carmesí, y fue encerrado sin la Daga. Dailomentar fue tratado por lady Asmariur. Y Naemen estaba en un estado crítico, por lo que fue llevado de inmediato a su habitación.

Una vez eliminados Larmar y Tenthalus, la oposición al viaje no pudo sostenerse y se retomaron los planes que se habían acordado antes de la partida de los PJs.
En dos días, los ilvos y los humanos que emprenderían el viaje estaban embarcados y salían rumbo al suroeste. La flota daría un pequeño rodeo desviándose al sur, ya que en esta época, las tormentas eran más fuertes al norte y perderían un número significativo de barcos si se limitaban a tomar la línea recta hasta Féldisa.

Dailomentar se recuperó en muy poco tiempo. El Primarca fue encerrado en un camarote-celda y Naemen dispuesto con mucho cuidado en un camarote del barco insignia -donde también viajarían los PJs, claro-.
Aunque había curado a Dailomentar, en lo referente a Naemen, lady Asmariur le dijo a Ayreon: "Naemen morirá si no hacemos algo, y yo no puedo ayudarle, ni con todas mis artes y mi poder".
Así, durante cuarenta y un días de viaje, Ayreon no se despegó del cuerpo de Naemen prácticamente ni un solo instante, arrodillado junto a él y rezando con todas sus fuerzas. Ayreon notaba que perdía parte de su esencia vital (puntos de vida) con cada día que pasaba, pero no le importaba; él quería que el viejo viviera, obsesionado con lo que los ángeles dijeron. Naemen dejaba de respirar intermitentemente.
Por otro lado, desde el día del encuentro con los kaloriones, los niños, Yalima y Esdein, habían desaparecido; no los encontraban por ninguna parte.
Durante esos 41 días, Ezhabel se fue mostrando cada vez más agresiva con Ayreon, intentando que dejara de rezar, por motivos desconocidos. El Primarca no dejaba de gritar "¡¡¡deja de rezar, paladín!!!! ¡¡No servirá de nada!! ¡¡DEJA DE REZAR!!. La situación, pasados unos días, se hizo desesperante para la tripulación, que incluso intentó agredir al Primarca y a Ayreon. Por suerte, Kadrajan protegió siempre a Ayreon de cualquier intromisión externa que pudiera desviarle de su objetivo. Kadrajan y Ezhabel estuvieron a punto de matarse mutuamente en más de una ocasión. Algo extraño pasaba.
Pero por fin, el día cuadragésimo primero, exhausto y debilitado hasta el extremo, Ayreon perdió los últimos resquicios de su esencia vital, y por la noche soñó. Se encontró en el Mundo Onírico, con Ammarië, la cual le dijo que la única oportunidad para las fuerzas de la Luz era encontrar otro Emmán, y que, ¿quién mejor que él representaba los valores del antiguo avatar? Le tendió la mano, para hacerle ascender con ella al plano celestial y tomar así el puesto de Emmán en el Orden de las Cosas. Ayreon, tras mucho pensarlo, se negó: "no puedo ascender contigo, no soy digno de ello". La negación salvó el alma del paladín, ya que todo era una trampa urdida por Phôedus, en un último intento de corromper su alma.
Por la mañana, Ayreon se desplomaba, muerto. Naemen tampoco respiraba. Lágrimas y gritos de dolor de Ezhabel, Asmariur y Kadrajan acompañaron la caída del paladín. Sin embargo, a los pocos instantes, el viejo Naemen volvía a la vida con una brusca inspiración, y, débilmente, muy débilmente, susurró: "Ayreon...". Tocó la cara del paladín con su mano, y éste pareció respirar de nuevo. Efectivamente, como comprobó Kadrajan, respiraba muy débilmente. Ezhabel notó entonces cómo alguien le tiraba de la manga de su túnica; era la niña Yalima, desaparecida durante varios meses y con lágrimas en los ojos: "¿qué le pasa al abuelo?".

A lo largo de esos cuarenta y un días, Nirintalath se había seguido colando en los sueños de Ezhabel, aunque, debido a su presencia en alta mar, la espada parecía encontrarla con mayor dificultad. (-67pv total).
Una de las últimas noches, Kadrajan se había visto en el mundo de los sueños con Urion -el cual aparecía bastante incómodo, ya que no tiene soltura en el Mundo Onírico-. Urion le propuso un trato: le propuso cambiar el "martillo por la copa", y le hizo una pregunta que a Kadrajan le extrañó bastante: "¿estáis con un tal Ayreon o Ibrahim?".

Por causas desconocidas, al resucitar Naemen, Tôrkom perdió parte de su poder, como notó Kadrajan. Esa misma mañana de la resurrección, un remolino se formó en el centro de la flota, del que emergieron 3 demonios Maleskari de unos 80 metros de alto, procedentes de un Portal en el fondo del mar, que se formó, según Demetrius, como compensación por la intervención celestial para la resurrección de Naemen y Ayreon. Kadrajan y Ezhabel se lanzaron valientemente al combate con los demonios, aunque tuvieron mala suerte y acabaron con la semielfa inconsciente y caída por la borda, y Kadrajan intentando rescatarla, también inconsciente. Finalmente fueron rescatados por los elfos primigenios, y cuando Ezhabel despertó, vio que ya no estaba en posesión de la Daga Negra que guardaba desde que había aparecido en la cabecera de la cama de Kadrajan.

Al día siguiente, el grupo fue informado de que con todo el pandemónium organizado por los Maleskari, la madre del Primarca había desaparecido sin dejar rastro.

Preguntada por Ezhabel acerca de la Daga Negra, Asmariur la miró con altivez y le respondió que sí, que efectivamente, la Daga Negra estaba en posesión de los elfos primigenios, concretamente de Treltarion, ya que era demasiado peligrosa para que la guardara una niña como ella. Ezhabel insistió e insistió en que le devolvieran la daga, hasta que lady Asmariur y Ayreon empezaron a sospechar de que quizá la Daga Negra hubiera influído demasiado a la semielfa, y estuvieron de acuerdo en la conveniencia en que Ezhabel no debería tener cerca una Daga Negra durante una temporada.

Ayreon, un poco recuperado, intentó hablar con Naemen, el cual no hacía más que susurrar "dejadme morir...". También intentó interrogar a Yalima, acerca de dónde había estado y qué había pasado, pero no sacó nada en claro.
También intentó pasar a la habitación de la madre del Primarca, pero un guarda elfo primigenio muy orgulloso no le dejó entrar: "órdenes de lady Asmariur".

La noche del día cuadragésimo octavo, ocurrió algo que los PJs no hubieran podido ni soñar.
De repente, todos se vieron en la cubierta del barco insignia -donde ellos viajaban- en el mundo de los sueños. Una música, la música que en noches anteriores había podido escuchar Demetrius, sonaba más fuerte ahora, audible para todos. Y en el castillo de proa estaba Trelteran, acompañado de cuatro Bestias de los Sueños, sonriendo maliciosamente. El elfo renegado sostuvo con el grupo una larga conversación de varias horas, para llegar a un punto culminante en el que les ofreció un pacto con varias condiciones; una especie de... "cadena de favores" que podrían hacerse el grupo de personajes y el kalorion.
Entre otras cosas, les ofreció retirarse de Aredia, llevarles al Santo Grial, llevarles a la Espada del Dolor, llevarles a Eglaras, quitar la infección de la Daga Negra del Primarca, y un pacto de no agresión "hasta que consiguiera ser el Primero de sus iguales". Por supuesto, a cambio él exigía varias cosas: que los personajes mataran a Urion, que mataran a Naemen, que le entregaran el martillo, no agresión a sus secuaces, y varias cosas más.
Además, les ofreció la posibilidad de escudar sus sueños, ya que según él "todo el mundo te está buscando, Ayreon, y te matarán en cuanto te encuentren. Eres para mí un factor de distracción muy valioso".

"Pensadlo, pensadlo bien. No os exigiré que aceptéis todos los puntos del trato, pero espero que me satisfagáis mínimamente. Nos veremos dentro de unas cuantas noches".

Así, el "aguilucho" los dejó totalmente confundidos y descolocados y con una disyuntiva moral tremenda: ¿aceptarían hacer tratos con un kalorion, una fuerza de la Sombra?

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