Translate

martes, 12 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 12


Sin embargo, Deraderiann presentaba un aspecto muy diferente del que los personajes recordaban de la última vez que la habían visitado. Muchos edificios aparecían destrozados; columnas de humo se elevaban al cielo aquí y allá. Incluso el palacio real presentaba desperfectos en algún que otro torreón y en algunos puntos de sus murallas. Parecía que la explosión de Poder también había hecho estragos en la capital de Ariestes.

Desde muy lejos se podía observar que en el puerto -y fuera de él, por falta de espacio- se encontraban anclados ¡unos 800 barcos ilvos! Parece que en la capital se estaba produciendo una gran concentración de fuerzas. Es fácil comprender que entre tal multitud de naves el barco de los personajes pasara totalmente inadvertido y pudiera anclar en un lugar no muy alejado de los muelles.

Dejaron pasar el día y esperaron el atardecer para actuar. En ese momento, Ayreon decidió que acompañaría a Ezhabel en la incursión, a lo que la semielfa se negó, alegando que el paladín la molestaría más que otra cosa; esto enfadó sobremanera al paladín, y se produjo una discusión bastante infantil entre los dos, que duró bastante rato. Finalmente, la cosa quedó en agua de borrajas y ambos salieron en un bote hasta el muelle, donde los pocos guardias que se encontraban patrullando casi ni miraban a la pareja, tomando a la semielfa por una ilva. La noche estaba cayendo. Por pura suerte, pudieron ver cómo de un edificio que parecía una taberna portuaria sin letrero, con las cortinas echadas y las puertas cerradas salían y entraban varios humanos. Prestando más atención, pudieron escuchar que en el interior, alguien interpretaba una queda música. Ayreon entró el primero. En el interior, la gente, unas 15 ó 20 personas, calló al instante y se giró para mirar a los intrusos. No eran ilvos. A los pocos momentos, todo volvía a la normalidad -aunque para tratarse de una presunta taberna el ambiente era bastante serio y frío-. En la sala, uno de los parroquianos, a modo de juglar, entonaba una melancólica melodía.

Tras varios intentos de aproximación a la gente del lugar, fue Ayreon el que consiguió entablar conversación con un hombre que se presentó como Merintar. Éste transmitió su desconfianza al ex-paladín al verlo en compañía de una mujer que tanto podría ser humana como ilva. Los ilvos no eran bienvenidos a este lugar. Interrogado por Ayreon, Merintar relató la historia habitual en todas las poblaciones; cómo muchos ilvos y algunos humanos se habían vuelto locos y habían literalmente explotado causando el caos y la destrucción.

—"Incluso corre el rumor de que ese bastardo de Valankerdar es uno de ellos, pero que lejos de volverse loco, ahora es más peligroso que nunca. Por si no lo fuera poco ya. Como todos ellos."

Preguntado por si conocía a Nicodemo -antigua contraseña proporcionada por los esclavos proscritos de Krismerian-, Merintar puso cara de extrañeza, pero sus ojos no engañaron al paladín: ese hombre sabía algo.

A los pocos segundos, un hombre que al parecer había estado ejerciendo de vigilante, dio la voz de alarma, alertando de que una patrulla ilva se acercaba al edificio. Todo el mundo salió por la puerta de atrás rápidamente, incluidos Ezhabel y Ayreon, el cual se aprestó a perseguir al llamado Merintur. El paladín, haciendo gala de una constitución física muy superior a la de la semielfa, enseguida la dejó atrás. Una mirada bastó para que la semielfa entendiera que debía cuidarse sola, ya que Ayreon consideraba importante no perder al hombre que corría delante. Un mandoble asestado por su espalda la convenció de darse la vuelta y luchar. De todas formas ya la habían alcanzado. Los siguientes minutos fueron interminables: figura tras figura de esgrima y carrera tras carrera para intentar escapar. Los guardias eran buenos con sus naginatas, e hirieron levemente a la semielfa varias veces. Cuando la cosa parecía torcerse ya sin remedio, varias flechas silbaron a su alrededor, y los guardias cayeron o huyeron en busca de refuerzos. Ayreon había vuelto acompañado. Después de todo, Merintar sí que conocía a Nicodemo.

Tras la lucha, fueron conducidos al refugio donde los esclavos se organizaban, con los ojos vendados. Allí se informaron de la situación y se comprometieron a ayudar a Merintar y sus compañeros, según dijeron unos 3000, a cambio de sus servicios.

A continuación, la pareja volvió al barco a través de la red de cloacas de la ciudad, guiados por un grupo de "nicodemos". Allí les esperaban sus compañeros, preocupados por su tardanza.

La mañana siguiente despertó con una enorme explosión, que sacudió la ciudad entera, y que pareció proceder de la fortaleza real. De hecho, uno de los tres torreones principales ya no existía. Mientras el grupo observaba con atención, las palabras de Ezhabel salieron lentamente de su boca:
—"¿No los oís? Cuernos en la distancia. Y son muchos"

Efectivamente, como alguno de los personajes pudo escuchar, multitud de cuernos sonaban por el lado continental de Deraderiann.

A su alrededor, la práctica totalidad de los barcos anclados en puerto eran un hervidero de soldados que bajaba en botes o por escalas, prestos para el combate. Una fila interminable de divisiones se adentraba ya en la ciudad.

El grupo aprovechó la coyuntura para bajar del barco y acercarse a palacio. Dailomentar iría al frente con Ezhabel y los demás actuarían como séquito. Tras un par de encuentros con oficiales ilvos que pidieron explicaciones a la pareja mientras dirigían sus tropas al norte de la ciudad y atravesar varios barrios de casas señoriales medio derrumbadas, al fin el grupo arribó a las inmediaciones de palacio, donde una fuerza de ilvos con los escudos y pendones del barón Airmelunartar parecía estar asediando el palacio, donde, en una de las almenas se podían ver pendones con los tres cuervos sobre campo de sangre de la Guardia Carmesí, y ¡un estandarte con el león de plata rampante sobre campo azulmar! ¡El escudo de lord Ergialaranindal!

En ese momento, el contingente reunido alrededor de palacio parecía estar levantando el sitio, dirigiéndose, al igual que el resto de fuerzas ilvas, hacia el norte, donde seguían sonando incesantemente el sonido de los extraños cuernos.

Este hecho les permitió pasar sin demasiados problemas hasta la puerta de palacio, donde Dailomentar se dio a conocer y los guardias carmesí abrieron las puertas de buen grado, regocijados. Al instante, el actual comandante de la Guardia Carmesí, lord Elventernur se apresuró a dar la bienvenida al grupo, y en especial a Dailomentar:

—"Bien, ¡bien!,¡bien!, no sabéis cómo me alegra que hayáis vuelto, señoría. Atravesamos tiempos muy difíciles. Por supuesto, enseguida lo dispondré todo para que toméis posesión de la comandancia de la Guardia.
Pero decidme, ¿traéis alguna nueva?"

Mientras Dailomentar le contaba todas las experiencias vividas desde hacía meses, los ilvos abrieron la marcha hasta las dependencias de guerra, donde todo se arregló y Dailomentar vistió con el uniforme negro y plata del Comandante de la Guardia.

En una ceremonia rápìda y sencilla, los supervivientes de la fortaleza, unos 300 guardias carmesí le juraron lealtad y aceptaron su mando. Aprovechó también para presentar a los PJ's.

Elventernur les contó cómo habían apresado a Valankerdar que había acabado por volverse -aparentemente- loco, y cómo había escapado mediante una gran explosión que había derruido el torreón de los calabozos, matando a varios Guardias.

Una vez solucionados los asuntos más urgentes, Elventernur condujo al grupo hasta la barbacana de la fortaleza, desde donde los personajes pudieron ver cuál era el origen de los cuernos que se llevaban escuchando toda la mañana: un inmenso ejército oriental, comandado por ¡la propia Sha Doi'Tu Mai'Len en persona! La Sha oriental iba sentada en un enorme trono recargado de joyas y maderas nobles, tirado por unas criaturas extrañas parecidas a rinocerontes sólo que más grandes, y llevaba cuatro figuras totalmente embutidas en túnicas y velos negros repletos de runas en un nivel inferior de la plataforma sobre la que se asentaba el trono. Eran decenas de miles. Al pie de la fortaleza, el contingente ilvo que previamente había estado atacando el palacio junto con los efectivos provenientes de los barcos anclados en puerto, se congregaban en orden de batalla.

Desde la barbacana, Demetrius vio la oportunidad de entablar comunicación con la Sha, haciendo uso de los poderes investidos por su cargo de Amdawydd. Intentó la comunicación mental con la soberana cuando ésta se encontraba a más o menos un kilómetro. Al instante, Demetrius cayó inconsciente contra los quitamiedos de la barbacana. Antes, había notado como gran parte de sus conocimientos fluían a través de un tubo invisible desde su mente a la de la emperatriz oriental. Es poderosa, muy poderosa; quizá demasiado para tratarse de una mujer normal. Demetrius quedó en coma, y Ayreon cargó con él. Las palabras de Naemen sonaron en los oídos del paladín, mientras corrían hacia la torre de Homenaje: "Todo acaba. Todo está perdido. Huyamos pronto".

Entonces estalló el caos. Procedentes del mundo de los sueños, multitud de orientales encadenados a bestias oníricas aparecieron por doquier en la fortaleza. Combates muy duros fueron librados en las diferentes estancias, y algunos de los personajes fueron heridos de gravedad. Gracias al Creador por el Martillo de Eudes.

El grupo y el contingente de Guardias Carmesí mantuvieron a raya a las Bestias de los Sueños lo suficiente para que un grupo de nicodemos pudiera llegar hasta las alcantarillas bajo palacio y condujeran al grupo y al contingente de guardias carmesíes bajo la ciudad, hasta el puerto.

Allí, los personajes se comprometieron a volver a por los proscritos y embarcaron apoderándose de otro navío. Rápidamente pusieron rumbo a Vensider, mientras los primeros incendios producto de las catapultas se podían ver en la lejanía.

Todas las noches de la travesía Ezhabel soñó con la Espada del Dolor, que le iba quitando la vida poco a poco. La cuarta noche, habiéndose resistido la semielfa al influjo de la Espada, Ayreon fue convocado en su lugar, y cuando el paladín creía que el dolor causado por la espada lo iba a matar, un anciano, sentado en una mecedora en penumbra igual que la de la vieja personificación de la Espada, habló. Ayreon no recuerda lo que dijo, pero fue una voz sedante, que tranquilizó a la anciana y al paladín, y le hizo dormir profundamente. La penumbra no dejó que viera su rostro.

Llegados a Vensider, exclamaciones de júbilo brotaron de las gargantas de los Guardias Carmesí cuando ante ellos vieron a lord Ergialaranindal, su Primarca y General, vivo. Desmejorado visiblemente, eso sí, pero vivo. El Primarca también dio, como pudo, muestras de contento. Todos los carmesíes hincaron rodilla en tierra ante su señor, en un acto sumamente emotivo y que arrancó lágrimas de Dailomentar, Argimentur y la Madre del Primarca. Trescientos Guardias Carmesí eran unos refuerzos muy bienvenidos, por cierto.

A las pocas horas, Demetrius fue despertado de su coma por Asmariur, Galior y Hinnemir, que quedaron agotadísimos por la experiencia. El bardo les refirió lo que se ha explicado más arriba. Por lo que parecía, la Sha era algo más de lo que aparentaba...

No hay comentarios: