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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

martes, 26 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 23


Al finalizar el paso de la caravana de Urion, el grupo se enzarzó en discusiones sobre el plan que seguirían tras conseguir entrar en Urangrâd; discusiones que se prolongarían hasta bien entrado el atardecer. Las dos conclusiones más importantes fueron que Ezhabel intentaría utilizar su anillo de kregora contra Urion, mientras Alcanar se encargaría de rematar al kalorion falto de poder. Faltaban ciertos detalles como qué iban a hacer si los más de cien apóstoles presentes en la ceremonia se interponían en su camino, pero claro, ningún plan es perfecto.

Por la noche, Nirintalath volvió a colarse en los sueños de Ezhabel. Esta vez lucía el aspecto de una niña, al parecer recuperada del último encuentro con Trelteran. Una idea repetida hasta la saciedad llegó a desesperar a la semielfa, que despertó sobresaltada y sudorosa: "mátalo, mátalo, mátalo, mátalo, mátalo y seré tuya para siempre". Obviamente, se refería a Trelteran.
Más tarde esa misma noche todo el grupo despertó al oír la voz de Trelteran en su sueño, convocándolos en la playa de Raurith, al sur de la ciudad. Rápidamente salieron lo más sigilosamente posible y viajaron a pie hasta el lugar. Allí se encontraron con un elfo oscuro que dijo llamarse Efegâl, y que se presentó como primer apóstol de Trelteran. Él los dirigiría hasta donde los estaba esperando el kalorion. Los llevó por senderos y vericuetos oscuros y escondidos hasta la cima de una colina, donde desde la distancia se podían ver varios dragones, brillando tenuemente en la noche. Al parecer, Trelteran y su séquito entrarían en la ciudad montando a lomos de dragones, la entrada más aparente y espectacular.

En la cima de la colina, los criados y esclavos de Trelteran habían montado un pequeño campamento. Allí, los personajes pudieron entrar en contacto con los once apóstoles del aguilucho, a cada cual más peligroso en sus maneras, y se produjo el encuentro entre Elgenor y Kadrajan. Tuvo lugar una conversación entre los dos en la que Kadrajan no vaciló en mostrar su desprecio ante el traidor -en su historial se pueden encontrar los detalles-. En un principio, el Alto Hombre iba a ser uno de los apóstoles descartados por Trelteran para ser sustituidos por los PJ's, pero en una conversación mantenida entre Elgenor y el kalorion, finalmente el páctiro traidor fue incluido en la comitiva.

Cinco de los apóstoles se quitaron las túnicas, de terciopelo negro como la noche con cuchilladas en plata, y las cedieron a los personajes, que al instante notaron el poder imbuido en las prendas, y cómo éstas les proporcionaban calor y bienestar en el frío ártico que los rodeaba.

Acto seguido, cada uno montó en un dragón -para temor y preocupación de los PJ's, que nunca habían tenido una experiencia parecida- y se dirigieron hacia Urangrâd, cuando ya estaba amaneciendo. Al aproximarse a Aghesta, las campanas de la ciudad comenzaron a repicar, y cuando llegaron a los prados del interior de la fortaleza se encontraron con que los kaloriones y sus apóstoles ya les estaban esperando en el patio. Cada grupo de apóstoles fiel a un kalorion diferente vestía túnicas de un color distinto. Así:
  • los apóstoles de Urion, rojo sangre
  • los de Laileth, gris claro
  • los de Murakh, blanco inmaculado
  • los de Adrazôr, diferentes tonos de verde
  • los de Tenthalus, amarillo
  • los de Larmar, azul oscuro
  • los de Carsícores, marrón dorado
  • los de Takeo, púrpura
  • los de Selene, ahora sin señora, azul celeste
por último, y como ya se ha dicho, los apóstoles de Trelteran vestían túnicas negras con cuchilladas en plata. Khamorbôlg nunca tuvo apóstoles, sólo guardia personal y sus aprendices, con lo que no se encontraban presentes.

Una vez con el pie en tierra, los kaloriones ya alojados en la fortaleza ofrecieron sus respetos -algunos de mejor grado que otros- a Trelteran, como correspondía al primero entre todos ellos, y Ezhabel pudo escuchar susurros asombrados sobre el grupo. Con su agudo oído, pudo escuchar incluso como Laileth comentaba a su Primer Apóstol que Khamorbôlg se encontraba entre ellos, para asombro de la semielfa.

Fueron alojados en el segundo piso de la torre del homenaje, a falta de tres días para la celebración de la ceremonia. El resto del día lo dedicaron a conocer la fortaleza y a pasear por sus maravillosos e invernales jardines.
Fue en uno de esos paseos donde Ayreon y Alcanar se encontraron en una vereda con ¡¡el padre Ibrahim Pursal!! El más ferviente devoto de Emmán se había pasado a la sombra, y ahora era nada más y nada menos que ¡un apóstol de Carsícores!. Una larga conversación tuvo lugar entre el antiguo clérigo y Ayreon. Según Ibrahim:

"Vi cosas en Haster que ningún dios misericordioso podría permitir. Los perros se comían los cadáveres de los niños, las mujeres eran violadas y luego degolladas, gran parte de nuestros soldados traicionaron nuestra confianza. Uno me cortó el cuello, y mi nuevo señor me salvó".

La conversación acabó con las sospechas de Ibrahim de que Ayreon no era un verdadero apóstol, pero su amistad seguía firme, aunque el anciano se sentía traicionado por la ausencia de los personajes en el momento de máxima necesidad de su pueblo.

Cayó la noche, y con ella llegó a Ezhabel la Espada del Dolor de nuevo, que la atormentó con la misma idea de muerte y venganza.

Al día siguiente, de lo primero que se enteraron los PJ's al despertar fue de que la ceremonia de sustitución se adelantaría un día, porque Urion había recibido un mensaje, al parecer importante, y debía irse a toda prisa. La ceremonia, por tanto, tendría lugar la noche del día siguiente.
Por la mañana, Ezhabel se encontró con Arraik, el hijo pequeño de lord Gradôr, acompañado de éste. El niño intercambió unas palabras con ella, fascinado por la semielfa, y dijo algo inconveniente, lo que le ganó la reprimenda cariñosa de su padre, y las disculpas de éste a Ezhabel.

Ayreon y Kadrajan buscaron a Ibrahim, con la intención de preguntarle si sabía algo de la precipitada marcha de Urion, y lo encontraron en el mismo sitio del día anterior, donde el anciano iba a menudo a meditar.
 —¿Sabéis por qué Urion tiene de repente tanta prisa por marcharse?  —Si me decís la verdad, os lo diré —fue la respuesta de Ibrahim.

A esta pregunta, Ayreon respondió diciendo la verdad: que seguía siendo emmanita, que sabía que Emmán se encontraba en alguna parte, y que habían venido a rescatar a alguien. Cuando Ayreon afirmó con vehemencia que Emmán seguía existiendo, una sombra de duda, un destello de culpabilidad, asomó a los ojos del antiguo clérigo, ya que sabía que Ayreon sería incapaz de mentirle.
Tras esto, Ibrahim les reveló que la noche anterior Urion había recibido un mensaje: al fin había descubierto la localización de las antiguas forjas élficas. Por la antigua amistad que le unía con Ayreon, Ibrahim juró no decir nada a nadie de sus verdaderos propósitos. Sin embargo, el anciano también advirtió al paladín que si había venido a por Selene, no debería albergar muchas esperanzas, ya que la mujer era ahora una anciana decrépita, no la hermosísima mujer que un día había conocido. La retirada del favor de Korvegâr había causado estragos en ella.
Ayreon ya había sospechado esto último, pero había albergado la esperanza de equivocarse. De todas maneras, no valía de nada preocuparse de eso, cuando no parecía probable que fueran a salir vivos de allí...

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