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jueves, 28 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 26


Sólo quedaba un pequeño detalle por resolver, y era que el grupo debía volver a la posada de Tycos a por Tôrkom, el Martillo-Arcángel de Eudes que Trelteran no les había permitido llevar a Urangrâd, y que había guardado lord Janos. Tras alejarse aproximadamente medio día de la fortaleza con los carruajes, Kadrajan y Alcanar desanduvieron el camino, dirigiéndose a la posada.

Al atravesar la ciudad, pudieron ver varias patrullas de elfos oscuros dirigiéndose a la ciudad, y cómo un Custodio Negro salía del edificio de la posada. Al entrar, Janos los recibió. El noble drako les preguntó, en tono sospechoso, por Trelteran: 
—"¿Dónde se encuentra nuestro señor? ¿Qué ha sucedido realmente en Urangrâd?"
A estas preguntas, Kadrajan respondió con evasivas; Janos se negó a devolverle a Tôrkom, ya que creía que el grupo no había sido del todo leal a Trelteran.
Sin embargo, el noble invitó a pasar a la pareja a la sala posterior, para hablar en privado. Kadrajan, confiado por la compañía del poderoso Alcanar, aceptó sin reparos. Tras desalojar la sala de cocineros, camareros y sirvientes, quedaron en ella sólo Janos, Tycos, Kadrajan y Alcanar.
  
—"Supongo que no tenéis ni idea de quién soy -dijo Janos-; bien, pues mi verdadero nombre es Janosiâth Barlen, Cabeza Insigne de la Casa Barlen, Tercera Casa del Cónclave del Dragón. Como comprenderéis, la desaparición de lord Gradôr, aunque inesperada, beneficia mis aspiraciones a hacerme con el liderazgo del Cónclave y el control de Urangrâd y de Aghesta. Pues bien, iré al grano: si vos y vuestros amigos me ayudáis a hacerme con el control de la ciudad y de la fortaleza, os devolveré el Martillo y tendréis libre paso cada vez que queráis visitarnos."

Kadrajan aceptó su propuesta, con la condición de que Janosiâth le devolviera a Tôrkom inmediatamente, a lo que la Cabeza Insigne de la Casa Barlen se negó tajantemente. Finalmente, se acordó que Alcanar iría a avisar a sus compañeros mientras Kadrajan quedaba en la posada como..."invitado".
  
—"Tycos pudo oir Kadrajan a Janos— tomad las medidas necesarias para acallar de inmediato esos extraños rumores sobre una espada verde y la muerte de lord Gradôr, y convocad a mis Alas Grises" —al parecer, Tycos no era un simple posadero, sino el que había sido Confidente e Informador en jefe de lord Gradôr.

Ante la mencion de los Alas Grises, Kadrajan tuvo un sobresalto. Los Alas Grises no eran sino una compañía de mercenarios adastritas a cuya comandancia el paladín de Eudes había ascendido en el pasado. ¿Pero no habían muerto en los campos de Mágléria? ¿Acaso no habían sido exterminados? De forma disimulada, Kadrajan preguntó a Janos por la procedencia de "esos tales Alas Grises", y confirmó sus sospechas: era la misma compañía que había liderado, y además, Merik'a'Baran y Dar'a'Daik, sus hermanos de sangre, estaban todavía vivos y se habían erigido en los líderes de los Alas, junto con tres miembros más, que formaban un Consejo de Cinco.

Al cabo de unas horas, cerca del amanecer del día siguiente, el resto del grupo llegó a la ciudad con los carruajes, acompañando a Alcanar.
Durante el viaje tuvo lugar una conversación entre Ayreon e Ibrahim, donde una vez más hablaron de sus respectivas creencias y las decisiones que había tomado el anciano clérigo. Finalmente, una aguda réplica del paladín hizo que Ibrahim agachara la cabeza, callara y se fuera hacia atrás en la caravana.
Otra conversación tuvo lugar entre Demetrius e Ildëor, el anciano líder de los prisioneros yrkanios. El viejo preguntó: "No creéis, Maestro, que ya es hora de levantar Evned y empezar a reconstruir lo que una vez se derrumbó?" Demetrius no pudo sino expresar su acuerdo. ¿Pero cómo levantar Evned tullido y con Mandalazâr inútil? Además, haría falta el poder de muchos más hombres. "Habrá que viajar en breve a Ayrkan para reunir a los supervivientes" —pensó.

En la posada, Janos les reveló lo que ya había expuesto ante Kadrajan, y después de la aceptación por parte de los personajes y de la promesa personal de Ayreon, Janos expresó su satisfacción invitándoles a un extraordinario vino y mandando traer el martillo de Kadrajan, que vino en las manos de un enorme Troll de Guerra miembro de la guardia de élite de la Casa Barlen.
Se dispusieron habitaciones en la posada para la mayoría de los miembros de la comitiva, excepto para Arraik y Adlûn, que se quedarían en los carromatos sin dar ni una señal de su presencia allí. No se podían permitir ser descubiertos.
Cuando Janos se enteró de que los personajes estaban en posesión del hijo pequeño de lord Gradôr, se puso furioso y exigió su entrega para su posterior ejecución. El grupo se negó. Entonces, Janos les dijo que no quería verlo, porque si lo veía lo mataría con sus propias manos. Nada se interpondría en su camino hacia el trono. Los PJs deberían llevarse al niño lejos y que no volviera jamás, a menos que él se lo pidiera. Así se acordó.

Poco antes del anochecer, Demetrius, que había estado meditando durante largas horas, llegó a la única conclusión que él consideraba válida sobre lo que podía significar la montaña coronada que había visto en la mente de Petágoras algunos días antes. ¿Cómo no lo había pensado antes? Las forjas élficas de Turmalandë no podían sino encontrarse en alguna parte del Monte Erentárna, en cuya cima se alza el Trono de las Nubes, en el reino de los Guardianes de Doranna, la Corona del Erentárna.

Por la noche, Demetrius visitó la habitación de Loryn, para hablar con ella. Pero las cosas se complicaron, antiguos sentimientos resurgieron con fuerza e hicieron el amor durante toda la noche.

Kadrajan visitó a Leyne, informándola de la muerte de su esposo -hermano de Kadrajan-, de manera un tanto brusca. Leyne rompió a llorar y lo pagó con él, despidiéndolo al grito de "Estáis celoso, marchaos ahora mismo. ¿Acaso pensáis que sois tonta? ¿Que no me he dado cuenta de cómo me miráis? Me deseáis, ¿no es así? ¡Marcháos ahora mismo!" Y así lo hizo el guerrero. Pero al cabo de unos pocos minutos, alguien llamó a su puerta; era Leyne, que acudía para disculparse. Kadrajan la consoló. "Ah, qué bien huele su pelo"-pensó. Finalmente, Leyne, agotada, se durmió en su pecho.

Pero lo peor de la noche fue sin duda para Ayreon. Despertó en un campo nevado; a lo lejos se veía Urangrâd. De nuevo se encontraba en el mundo onírico, y esta vez sin la protección de Trelteran.
"Ayreooooooooooooooooooooon". Una voz, un susurro lejano, le estaba llamando. Y la reconocía. Era Phôedus de nuevo, su yo onírico lo estaba buscando. No podía ser. Otra vez no. Despertó, sudoroso y con temblores. Alcanar le preguntó qué sucedía. Lo ignoró. No podía ser. De nuevo no.

Durante los tres días siguientes los personajes estuvieron a la espera, una tensa espera mientras Janos y Tycos movían hilos aquí y allá y preparaban el terreno. El noble trasladó su residencia a Urangrâd. Ayreon intentó de alguna manera consolar a Märgere, la apóstol de Selene, a quien Ibrahim también estaba ofreciendo su apoyo.

Las dos noches siguientes fueron una repetición de la anterior. La relación entre Demetrius y Loryn se estabilizó, y comenzaron a dormir juntos. Kadrajan y Leyne mantenían largas conversaciones durante la madrugada, hasta que ella se dormía recostada en sus hombros o en su pecho. Y Ayreon siguió despertando en el mundo onírico, para oír esa maldita voz que le llamaba contínuamente, y que sonaba cada vez más cerca. Finalmente acabaría encontrándolo, y entonces no sabía lo que iba a hacer.

El tercer día, llegaron por fin a media mañana 25 pequeños barcos con el estandarte del ala y la flecha, el escudo de los Alas Grises. Entre la tripulación del primer barco, Ayreon creyó ver una figura conocida, pero no la distinguió bien del todo.

Una vez hubo pasado la comitiva, apareció Tycos, diciendo que Janos iba a requerir los servicios de los personajes por primera vez y esperaba que por última. Demetrius tendría que dar un discurso convincente ante los nobles reunidos en Urangrâd, acompañado de todos los demás apóstoles -eso incluía a Ibrahim, petágoras y Märgere-. Ayreon fue en busca de Ibrahim, y hubo una nueva discusión entre los dos, durante la que Ayreon entendió de mala manera, como es habitual, la interpretación de Ibrahim y discutió largamente con el master. Durante la discusión, Ayreon, harto de que Ibrahim defendiera a los kaloriones y al dios oscuro alegando que le parecían mucho más piadosos que el propio Emmán, le reveló al anciano que hacía varias noches que soñaba con Phôedus, y le invitó a entrar en sus sueños si se atrevía para ver cuán "piadoso" podía llegar a ser el Señor de las Mentiras.

En Urangrâd se habían reunido la mayoría de nobles drakos, junto con las fuerzas restantes de los Custodios Negros, los Alas Grises recién llegados y la guardia personal de la Casa Barlen, que había pasado a ejercer las funciones de guarnición. Los jardines y las torres ya estaban completamente limpios de cadáveres y restos de lo que había sucedido durante la ceremonia. Personas -y seres no humanos- que en absoluto parecían nobles también se encontaban presentes. Los personajes supusieron que se trataría de adeptos de los kaloriones, confidentes y demás.
Demetrius demostró sus habilidades como bardo e hizo un discurso y una arenga excelentes. La mayoría de los presentes aclamaron a lord Janosiâth como nuevo señor de Urangrâd y el Cónclave, excepto algunas voces disonantes que se alzaron. "¿Dónde están nuestros señores?-gritaban.¿A dónde se han ido?. No pasaron de ser unas ligeras protestas que fueron acalladas con facilidad, también con la ayuda de Ibrahim, que afirmó que como podían ver, "los apóstoles habían hecho causa común y estaban juntos en este trance". El clamor fue generalizado entonces.

En el trayecto de vuelta a la posada, Ayreon descubrió como una joven muchaca deslizaba una nota en una de las alforjas de su caballo. Una vez en la posada la leyeron, y en ella se citaba a Ayreon a encontrarse con la muchacha, Auryn, en "el Cántaro de la Doncella", una casa de citas de dudosa reputación, como más tarde averiguaría el grupo. Acto seguido, Ayreon describió la apariencia de la tal Auryn a Tycos, para que el "posadero" tratara de encontrarla.

Más tarde, los personajes fueron convocados de nuevo por lord Janos, para ultimar los detalles de su toma de posesión. La reunión tuvo lugar en la Sala de Guerra del quinto piso de la Torre del Homenaje, lo que habían sido los aposentos de lord Gradôr y su familia. Allí el grupo se encontró con el Consejo de Cinco de los Alas Grises. El consejo estaba formado por Merik'a'Baran y Dar'a'Daik, antiguos compañeros de armas y hermanos de sangre de Kadrajan; dos Alas Grises desconocidos para los personajes; y ante el quinto miembro Ayreon quedó petrificado. ¡Era su hermana gemela, Banallêth, desaparecida hacía muchos años tras ser violada por su padrastro! Mucha emotividad contenida y tensión se respiró en la sala durante un rato. Al parecer, a Banallêth ahora la llamaban Inniarleith, "flecha sangrienta", por su maestría con el arco compuesto, como más tarde podría comprobar Ayreon. Merik se alegró visiblemente de volver a Kadrajan, aunque también asombrado, ya que le creían muerto. Dar, asombrado también, se mostraba más serio, incluso...¿avergonzado? Como más tarde se enteraría Kadrajan, servía a la Sombra porque había dado su palabra, pero era sirviente convencido de la Luz, y que Kadrajan lo viera allí le había puesto en un aprieto.

La sorpresa de los demás reunidos ante tantos reconocimientos y antiguas amistades también fue mayúscula, pero finalmente la reunión se celebró, y se dieron instrucciones para ultimar la estabilización pacífica de Aghesta. Al día siguiente tendría lugar una ceremonia de vasallaje donde Janos esperaba la asistencia de los personajes y por supuesto, de sus Alas Grises, como respaldo e intimidación.

Al salir de la Sala de Guerra tuvieron lugar conversaciones entre los personajes y los Alas Grises, referentes a lo que habían pasado hasta el momento presente. Banallêth ingresó en los Alas Grises con la esperanza de aprender lo suficiente como para matar a su padrastro, Indûn, pero por desgracia para ella, alguien se le adelantó hacía tres días.
Kadrajan, por su parte, tuvo un emotivo reencuentro con sus hermanos de sangre, que le confesaron que habían aceptado hacer tratos con la sombra únicamente para sobrevivir. Al verse sin camandante y ampliamente superados en número, no tuvieron más remedio que aceptar la oferta. De hecho, desde la desaparición de Kadrajan, habían prosperado y muchos jóvenes, atraídos por la fama del ahora brazo de Eudes, se unieron a sus filas, en su cuartel de Galmekta. Contaban con unos 1.300 hombres en Aghesta y otros 150 en su Sede Central. 
—"Hasta ahora —le contó Dar'a'Daik— hemos permanecido sumisos porque dimos nuestra palabra y no vemos esperanza para Aredia. Pero si reapareces ante las filas, estoy seguro de que estarán de acuerdo en sublevarse y quedar libres de nuevo para servirte de nuevo, hermano". El plan se fraguó entonces. Al día siguiente, aprovechando la resaca de la ceremonia de vasallaje, tras la cual había previsto un gran banquete, Kadrajan arengaría a los Alas Grises para volverse contra la Sombra y recuperar el liderazgo. Al parecer, sólo contaría con el voto en contra de los dos desconocidos del Consejo, que no se atreverían a expresar su desacuerdo. Banallêth no sería un problema, al ser hermana de un compañero.

Mientras todo esto tenía lugar, Demetrius fue en lugar de Ayreon a ver a la tal Auryn. Resultó ser la prostituta más bella y cotizada del "Cántaro de la Doncella". Demetrius subió con ella a un reservado, diciendo que venía de parte de Ayreon, e intimidó fuertemente a la mujer, que se mostraba reticente a confesarle que traía "una oferta de alianza de lord Mylan de Ovam". Una vez Demetrius supo la verdad, Auryn recuperó la compostura:
  
—"Mi señor Tycos —vaya, así que Tycos se dedicaba a un triple juego— piensa que Mylan sería mucho mejor señor que Janos"

Tras la tensión inicial, todo se relajó y Demetrius acabó haciendo el amor con una solícita Auryn, que le hizo cosas increíbles en la cama, algo que a partir de entonces siempre echaría de menos.

Por la noche, se repitió el encuentro entre Kadrajan y Leyne. Demetrius no volvió hasta el amanecer, lo que le valió una discusión con Loryn, que supo que había estado con otra mujer. Pero nada que no se pudiera arreglar con el arte amatoria del bardo...

Por supuesto, Ayreon volvió a despertar en el campo nevado, y la voz de Phôedus era cada vez más fácilmente distinguible. Sin embargo, esta vez era diferente; una presencia conocida se encontraba en el sueño. Ibrahim. Ahora que se fijaba, Ayreon podía verlo como una presencia fantasmal, débil, que aparecía y desaparecía intermitentemente. Parecía que el anciano se había tomado al pie de la letra la invitación del paladín de ver a Phôedus en sus sueños. Tras despertar empapado en sudor, Ayreon se dirigió a los aposentos de Ibrahim, donde también se aloja Petagoras. Le advirtió que en el mundo de los sueños no era suficientemente fuerte para protegerlo, no debía entrar.

Ezhabel, por su parte, sintió una ligera molestia en su sueño, pero no pudo determinar cuál era la causa.

Al día siguiente, durante el desayuno, el grupo puso las cosas en común, en una rápida y discreta conversación, antes de partir precipitadamente a la ceremonia de vasallaje. En Urangrâd, entre las innumerables filas de Alas Grises, los pocos Custodios Negros restantes y la guardia personal de lord Janosiâth desfilaron durante tres horas una multitud de nobles drakos que, uno tras otro, pronunciaron el juramento de fidelidad a su nuevo señor.

Tras la ceremonia vino el banquete, enorme, y la bebida. Cuando los personajes juzgaron que los invitados habían bebido lo suficiente, salieron a reunirse con los mercenarios, cuyo grueso había quedado a la espera en el muelle de la fortaleza, junto a sus barcos. Allí se produjo la arenga de Kadrajan a los Alas Grises, flanqueado por Merik, Dar y Banallêth. Muchos de los jóvenes mercenarios admiraban al antiguo general páctiro, con lo que no costó mucho convencerlos de que abandonaran a su actual señor y se pusieran bajo las órdenes de Kadrajan. Por desgracia, dos guardias que se encontraban en las murallas cerca de su posición corrieron a dar la alarma, y sendas flechas salieron del arco de Banallêth, rápidas como relámpagos. Uno de los guardias cayó muerto al instante, pero el otro pudo dar la voz de alarma. El caos se desató, y los Alas grises empuñaron sus martillos de guerra, su arma insignia. Poco pudieron hacer las fuerzas de Janos. En pocos minutos, el conflicto estuvo decidido ante la aplastante superioridad de los Alas Grises aliados con los personajes y Alcanar. Muchos de los nobles, acompañados de sus respectivas guardias personales, se rindieron sin luchar. Merik y Dar condujeron a lord Janos ante Kadrajan y lo hicieron arrodillarse ante él. La Cabeza Insigne de la casa Barlen se encontraba ahora desvalido y derrotado, mirando incrédulo a su alrededor. Kadrajan se dirigió a él, esperando su rendición. Pero antes de que nadie pudiera hacer nada, Ezhabel había empuñado a Nirintalath y la cabeza de Janos rodó por el suelo, hasta los pies de Kadrajan, que miró a la semielfa, lleno de ira. Murmullos indignados se levantaron entre los Alas Grises, que habían visto cómo aparentemente la autoridad de su líder había sido desafiada. No obstante, con palabras hábiles y convincentes, Kadrajan logró minimizar el efecto de los actos de Ezhabel y dirigió a las tropas a los barcos, para salir de allí cuanto antes; pero no sin antes permitir el saqueo de la torre del tesoro y hacerse con una pequeña fortuna que les sería útil para costear los gastos que su ejército iba a tener.

Mientras preparaban la partida, se izaban velas y se levaban anclas, el grupo pudo oír ya algún que otro comentario entre las filas refiriéndose a Ezhabel como "la matapostrados".

Y así, la noche del día 115, los personajes se encontraron al mando de una flota de 25 barcos y 1.300 hombres aguerridos y fieles a Kadrajan, aunque seguramente existirían voces disonantes entre los Alas Grises debido a la irregularidad en la cancelación del contrato con Janos, pero eso sería un problema a tratar en el futuro. Ahora, sólo quedaba hacer un alto en la ciudad para recoger al resto de la compañía y partir rápidamente hacia el sur, antes de que las cosas en Aghesta se pusieran feas...

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