Translate

Publicaciones

La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 27 de abril de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 25


Poco más tarde esa misma noche, cuando Ezhabel dormitaba tranquila al lado de Zirûn, se produjo en su sueño la manifestación más brutal hasta la fecha de la Espada del Dolor. Ezhabel puso toda su fuerza de voluntad y capacidad de sufrimiento en no dejarse controlar por ella. Nirintalath entonces le infligió un castigo como la semielfa no se imaginaba que existía. El Dolor llegó a lo más profundo de su espíritu; parecía que había nacido con él. Agotada, consiguió repeler la voluntad de la Espada quedando a -85 puntos de vida, prácticamente muerta, no sin que antes Nirintalath le dijera:

"No se te ocurra volver a negarme jamás. Si así lo hicieres, te abandonaré. Encontraré a otra ejecutora."

Evidentemente, los estertores y gemidos de Ezhabel habían sido intensísimos en el mundo real, con lo que un sirviente se apresuró en transmitir a los PJs la preocupante situación de la semielfa. Ayreon, Kadrajan y Demetrius acudieron inmediatamente al quinto piso, a la habitación de Zirûn en auxilio de Ezhabel. En la antesala, sin embargo, se vieron retrasados al encontrar a Trelteran, que con semblante adusto y hostil les advirtió:

"Espero que contengáis la voluntad de Nirintalath en ella, si no, no esperéis ver a Ezhabel con vida mucho tiempo. Yo mismo me encargaré de matarla para librarme de esta pesadilla de una vez por todas"

Acto seguido entraron en la habitación, donde además de ellos mismos se encontraban presentes tres apóstoles con túnicas blanca, verde y azul celeste -según les informaron luego, los apóstoles más versados en las artes curativas- inclinados sobre Ezhabel. También, de pie al lado del lecho pudieron ver a Zirûn, lord Gradôr, Indûn -padrastro y tío de Ayreon, futuro apóstol de Gradôr-, y Efegâl, primer apóstol de Trelteran. Ezhabel presentaba un aspecto muy extraño. Su piel se había vuelto muy blanca, y su pelo había adquirido una tonalidad verdosa.

El grupo se turnó para hacer guardias frente al lecho de Ezhabel, y la noche fue muy larga, porque Urion hizo varias apariciones, interrogando a los PJs a solas, básicamente haciéndoles a todos la misma pregunta: "¿A qué creéis que estáis jugando?". Urión estaba convencido de que los PJs estaban colaborando con Trelteran para hacer algo durante la ceremonia, aunque no sabía el qué. "Os estaré vigilando muy de cerca"—dijo el kalorion.

Al amanecer, Ezhabel, haciendo gala de una voluntad y fortaleza sin par, consiguió despertar, pidiendo algo de beber. Eso sí, la curación a la que fue sometida por parte de los tres apóstoles mencionados más arriba fue también importante, pero había hecho penetrar la mácula de Phôedus en el cuerpo de la semielfa, al ser suyo el poder canalizado para sanarla.

Kadrajan, que en ese momento se encontraba haciendo la guardia, fue a buscar algo de vino especiado a las cocinas. Preguntó a un sirviente por dónde quedaban, y éste le indicó un camino que atravesaba los espectaculares jardines sitos bajo enormes cristaleras en ese mismo piso. De paso, averiguó en qué parte de la planta se encontraban las habitaciones de las concubinas de lord Gradôr. Mientras el paladín de Eudes se encontraba fuera, Urion aprovechó para hacer una visita a Ezhabel, interrogándola como antes había hecho con sus compañeros.

Poco después del amanecer, Demetrius decidió intentar ver a Petágoras de nuevo. Esta vez sí tuvo suerte y pudo llegar a la habitación del muchacho en los aposentos de Urion. Pero nunca hubiera imaginado lo que iba a encontrarse. Al parecer, Petágoras había evolucionado, adquiriendo una consciencia bastante especial de la realidad. Durante toda la conversación con Demetrius estuvo haciendo comentarios crípticos que el bardo dedujo estaban referidos al futuro y al pasado. Contínuamente parecía que Petágoras acababa de ver a Demetrius, aunque ya llevara un rato hablando con él. El bardo decidió llevar al chico a sus aposentos, para dialogar con el resto del grupo, y así lo hizo.
"¿Cómo está Heratassë?¿Tan sabio como siempre?" -fue el comentario que más llamó la atención del bardo, que decidió leer la mente del muchacho para ver si sabía algo sobre la localización de las forjas élficas de Turmalandë. Craso error; la mente de Petágoras es un abismo infinito en el que Demetrius casi se pierde. Pero al final pudo recordar una cosa: una visión de un alto monte, y en lo alto, una corona. Durante el proceso, una cosa extraordinaria ocurrió: Petágoras detuvo el tiempo a su alrededor, excepto para él mismo y para Ayreon, después de susurrar quedamente "claro... ahora lo entiendo".

Después de que Demetrius devolviera a Petágoras a sus habitaciones, el grupo se reunió de nuevo, dando lugar otra vez a discusiones sobre lo que harían en el momento de la ceremonia.

A continuación, Demetrius buscó a Loryn en los jardines exteriores. La encontró sentada en uno de los bancos. Por medio de la voz mental, pidió su colaboración para la liberación de los prisioneros yrkanios en el momento de la ceremonia. Loryn aceptó justo en el momento en que Adrazôr aparecía de improviso y se la llevó, no sin antes dirigir algunos comentarios mordaces al bardo.
Tas el encuentro con Loryn, Demetrius se encontró inesperadamente con Ibrahim, y aprovechó para intentar convencerlo de que se uniera a ellos, aparentemente sin éxito.

A media tarde, Ezhabel despertó por fin, después de estar todo el día durmiendo para recuperar algo de sus fuerzas. Tras despejarse, partió con Kadrajan al encuentro de Arraik, ya que había quedado con el muchacho el día anterior. El muchacho, obnubilado por Ezhabel, los condujo al interior de la Torre del Homenaje, hasta una angosta, semioculta y pequeña biblioteca, donde tras accionar un resorte secreto, se formaron unas escaleras en el suelo: una entrada a los subterráneos de Urangrâd, donde lord Gradôr guarda sus "mascotas". Agradecida, Ezhabel le concedió el deseo que le pidió Arraik: un beso. Pero la Espada del Dolor, a través de Ezhabel, comenzó a destrozar el alma del muchacho. A duras penas Ezhabel pudo separarse de él, y éste, acobardado hasta la médula, salió corriendo despavorido hacia sus habitaciones. Ezhabel y Kadrajan optaron por no bajar a los subterráneos y lo dejaron todo tal y como lo encontraron.

Más tarde, Alcanar regresó. Su ausencia había sido larga, pero las noticias que traía eran buenas: el grupo podía contar con la colaboración de al menos ocho apóstoles de Selene durante la ceremonia. Mientras tanto, Ezhabel y Kadrajan intentaron encontrar a Arraik, pero el niño se había refugiado en sus habitaciones del quinto piso y no hubo forma de hacerlo salir.

Y llegó el atardecer, y tras él, la noche definitiva.
Dos altares que habían sido consagrados a Phôedus durante once días y once noches se dispusieron en el centro de los jardines exteriores, en la cima de una pequeña colina. El grupo, como presuntos apóstoles de Trelteran, se dirigió al lugar de la ceremonia en solemne procesión a la cabeza de once grupos de apóstoles guiados por sus respectivos kaloriones. Nirintalath era una vocecilla débil en la mente de Ezhabel, furiosa a la vista de Trelteran. Cánticos en Lengua Negra eran entonados por doquier, erizando el vello de los PJs y provocándoles prácticamente arcadas de respulsión. Los apóstoles de Selene se dispusieron detrás de los altares, y un apóstol de cada kalorion -Demetrius entre ellos- se situaron junto a ellos con los hijos de Ezhabel, que iban a ser sacrificados durante el proceso. La Espada del Dolor pasó a ser una voz grave en la cabeza de la semielfa, que de momento le hacía oídos sordos; "no es el momento, aún no" -repetía una y otra vez para sí misma-. A ambos lados de los altares se dispuso una guardia de Custodios Negros, vestidos con sus uniformes de terciopelo con las runas falmor y los halcones peregrinos grabados en hilo de plata, impresionantes y silenciosos. Los kaloriones y sus restantes apóstoles se dispusieron ante los altares en semicírculo, con Trelteran en el centro, flanqueado por Urion y por Larmar. A continuación hicieron su aparición lord Gradôr, escoltado por su Guardia de Honor -entre los que se contaban figuras que no parecían humanas-, y Selene, llevada a hombros sobre una litera por un grupo de esclavos. Como maestro de ceremonias ejercería lord Indûn, el padrastro de Ayreon, a quien se le había prometido ser el primer apóstol de Gradôr tras la ceremonia.

Tras un discurso ceremonioso y lleno de vehemencia, los cánticos comenzaron. Cánticos en Lengua Negra, horripilantes, que realmente ponían la carne de gallina y embotaban la mente de los PJs. El poder de los presentes empezó a concentrarse en un canal hacia las esferas celestiales; los más sensibles metafísicamente hablando de los participantes pudieron notar cómo la esfera celestial se arqueaba cada vez más hacia el mundo real, hacia el centro de la congregación. Los Cánticos eran cada vez más altos, y los apóstoles de los diferentes kaloriones comenzaron a moverse, muy despacio, imperceptiblemente, ante la sorpresa y enooorme preocupación de los PJs. Bueno, la preocupación de todos excepto de Ezhabel, que suficiente tenía con lo que pasaba dentro de su cabeza. La semielfa no dejaba de mirar a Trelteran fijamente, mientras la voz de Nirintalath ya era un grito ensordecedor en su interior.

Los kaloriones parecían estar sumidos en un profundo trance, aunque eran plenamente conscientes de su entorno. De sus apóstoles manaba una gran concentración de poder, que electrificaba el vello de todos los presentes, y causó unas ligeras náuseas en los personajes. Trelteran compensaba la falta de sus cinco apóstoles originales invirtiendo más poder por sí mismo -sin rival entre los otros kaloriones-. Sin embargo, de la persona de la que más poder brotaba con diferencia era de Petágoras; un poder extraño y desconocido, que los PJs no supieron situar en ninguno de los reinos comunes. Era un poder primigenio, crudo y sin control. Trelteran se mostraba muy sorprendido. El flujo de Poder que a causa de esto aportaba Urion era enorme, el doble del que cualquiera de los otros kaloriones era capaz, excepto quizá Trelteran, que aún así se encontraba muy por debajo en la escala. Elgenor se acercaba peligrosamente a Kadrajan. Dos cuchillos brillaron en las manos de sendos apóstoles, acercándose a las gargantas de los retoños de Ezhabel. Los Cánticos eran casi insoportables para un seguidor de la Luz. Ayreon se tambaleaba. Y a Alcanar, antiguo servidor de la Sombra y kalorion, la sorpresa que le causó la repulsión que sintió, le hizo incluso postrarse de rodillas, enfermo y mareado, aunque se levantó a los pocos instantes. Ibrahim no dejaba de observar a los PJs, e intentó acercarse.

Demetrius miraba ansioso a sus compañeros, en espera de alguna señal para actuar, a pesar de encontrarse más enfermo que nunca. Allí estaba Alcanar, en la parte de atrás, intentando que Trelteran no hiciera uso de su poder, y concentrándolo para intentar dar el golpe de gracia. Ayreon se encontraba cerca de Trelteran, mirando ansioso a su alrededor, pero, ¿y Ezhabel? No la veía. Ah, allí estaba, con su pelo ahora verdoso y su piel blanca. Pero lejos de aproximarse a Urion, se había encarado a Trelteran. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué? Todo iba a salir mal, seguro. Lo mejor sería coger a Selene y a los niños y salir corriendo. Demetrius, desde su posición elevada pudo ver cómo Kadrajan se situaba delante de Ezhabel y se enfrentaba a ella. No estaba muy seguro de qué pasaba, aunque podía sospecharlo. ¡¡Por la Luz, si pudieran cesar esos cánticos ominosos y blasfemos!! Pareció que alguien leyó su mente.

Los cánticos cesaron de repente, y se hizo un silencio ensordecedor. Elgenor levantó su mano hacia Kadrajan. Alcanar alzó sus brazos hacia Urion. No habría tiempo de que Ezhabel llegara a él y lo tocara con el anillo. Ibrahim se apartó de Alcanar, e hizo un extraño gesto. Efegâl miraba con curiosidad la escena entre Kadrajan y Ezhabel, al igual que aquellos que se encontraban a su alrededor. Gradôr se encontraba henchido de Poder, y Petágoras parecía ajeno a todo.

La mente de Ezhabel no pudo resistir más. La voz de Nirintalath dejó de ser un grito para devenir en poderoso terremoto y arrasar cualquier vestigio de resistencia. Ezhabel le abrió las puertas. No tuvo más remedio, ya que no quería negar de nuevo a la Espada con riesgo para su propia salud mental. El anillo de Kregora cayó al suelo, mientras Kadrajan se había girado para vigilar a Elgenor. Una espada brilló, un aguijón verdemar y esmeralda en la mano diestra de la semielfa. Una sonrisa acudió a sus labios. Kadrajan vio la muerte reflejada en sus ojos, y comprendió. La confusión cundió en breves instantes. Alcanar distrajo su atención de Urion, al igual que Ayreon de la ceremonia y Demetrius de Selene. Ibrahim observaba aturdido y sin comprender muy bien. Demetrius intentó coger a Selene mientras los cuchillos se apartaban de las gargantas de los niños. Trelteran y Urion se giraron hacia la semielfa, con un gesto de odio, y de una confianza que se probó fatal. Gritos de asombro y muchos brazos invocadores se alzaron hacia Ezhabel, pero no sirvió de nada cuando el fin llegó y se entonó la Canción del Dolor, silenciosa, arrebatadora, desgarradora.

...

Silencio, Dolor y Oscuridad. Fue todo lo que hubo en el mundo durante un instante.

...

Poco después del amanecer, Ayreon despertaba en medio de un escenario dantesco. A su alrededor docenas de apóstoles yacían muertos, sin signos visibles de violencia. Algunos rostros lucían expresiones horribles, pero eso era todo. Una pequeña cortinilla de nieve caía sobre los jardines. El día había amanecido precioso, con una claridad cristalina. Pequeños copos de nieve parecían flotar en el ambiente. Una persona se encontraba sentada, viva, sin un rasguño: Petágoras. Al parecer, la masacre no le había afectado en absoluto, algo extraordinario. ¿Y sus amigos? Un ataque de pánico se apoderó de él al comprender que seguramente estarían muertos, pero un gemido de Kadrajan al despertar lo tranquilizó en cierta manera. Demetrius también respiraba, por suerte.
Ezhabel estaba absolutamente exhausta, apenas respiraba, pero estaba viva, aunque su aspecto había cambiado radicalmente. Su pelo era ahora verde esmeralda. Su piel era blanca como la luna, dejando ver los pequeños capilares de la piel. Sus ojos y sus uñas, verdemar. Nirintalath se encontraba de nuevo en la vaina colgada de su cintura, y Ayreon estaba convencido de que esta vez, para siempre. La respiración de Ezhabel era debilísima, y el paladín la llevó junto con los demás supervivientes, a los altares.
Ibrahim seguía vivo, algo totalmente inesperado para Ayreon. "¿Acaso algo de tu Gracia reside en él todavía, mi señor Emmán?" -se preguntó el paladín, sin esperar respuesta.

Mientras, alrededor, los Custodios Negros y la guarnición supervivientes -por estar fuera del alcance del Estallido o por pura suerte- se encontraban saqueando el castillo unos, defendiendo la fortaleza otros, y todo era un ligero caos.

Los cadáveres de cinco de los kaloriones se encontraban presentes en la escena. De Trelteran, Urion, Larmar y Carsícores únicamente quedaban sus ropas. Como en un sueño, Ayreon se acercó a uno de los altares, y con todo el dolor de su corazón vio a Selene tendida y muerta, una anciana que apenas se había valido por sí misma en los últimos días. El dolor fue desgarrador -"tanto sacrificio para esto..."-pensó el paladín. Los hijos de Ezhabel se encontraban muertos también tras el altar, pero apaciblemente, con una ligera sonrisa en los labios. Alcanar seguía vivo por pura fortaleza física, el Estallido no había sido lo suficientemente potente para matarlo, ni siquiera para dejarlo inconsciente, y había matado a varios miembros de la guarnición que habían osado acercarse a la escena. Lord Gradôr, Indûn y los demás apóstoles estaban todos muertos o moribundos, excepto Märgere, la apóstol de Selene con la que el día anterior había conversado Ayreon. Sin embargo, había perdido su poder, y su cara reflejaba su desesperación y su sensación de vacío.

Al poco tiempo apareció en la escena Loryn Mather, que había estado esperando al lado de la torre de los prisioneros, temerosa de acercarse. Corrió hacia Demetrius, con lágrimas en los ojos. Ayreon la tranquilizó, diciéndole que el bardo no estaba muerto, y un suspiro de alivio salió de sus labios. Se arrodilló al lado de Demetrius y acunó su cabeza hasta que despertó, algunas horas después.

Mientras Kadrajan se recuperaba un poco, Ezhabel recuperaba el conocimiento intermitentemente. La información de la muerte de sus gemelos fue un mazazo terrible. Intentó chillar, pero la voz no le respondía. Intentó llorar, pero las lágrimas no salían. Intentó golpear algo, pero su cuerpo estaba como muerto. Se sumió otra vez en una inconsciencia intranquila, mientras Nirintalath cantaba ahora en su mente, vibrante y viva como hacía muchos siglos que no lo estaba.

Ayreon, Kadrajan y Alcanar decidieron entrar en la Torre del Homenaje para buscar a posibles supervivientes, como Zirûn, Arraik o las concubinas de Gradôr -entre las cuales se encontraba Leyne, la amada de Kadrajan-. Atîr se encontraría también en alguna parte de aquella torre. "Viva, por favor" -deseó con todas sus fuerzas Ayreon, pues no sabía si sería capaz de soportar una pérdida más.

En el interior de la torre el espectáculo era asombroso: los Custodios Negros y la guarnición habían luchado entre sí, unos defendiendo Urangrâd y otros defendiendo sus propios intereses. Estos últimos parecían haber vencido, sembrando el suelo de cadáveres. La Torre estaba siendo saqueada, como el resto de la fortaleza, así que los personajes no tuvieron ningún problema en alcanzar el quinto piso. Pero antes pasaron por el segundo, en busca de Azalea. El cuerpo de la gitana yacía sin vida en la cama. En el quinto piso habían tenido lugar los combates más encarnizados. En la antesala de las concubinas encontraron a Zirûn, muerto entre los cadáveres de tres Custodios Negros, lleno de heridas. No era la Canción de Dolor la que lo había matado. Al intentar entrar a la sala de las concubinas, un hombre entrado en años, calvo y con bigote, lleno de cortes y magulladuras les salió al paso, pero los reconoció y los dejó entrar. Era Adlûn, maestro de armas de Urangrâd y tutor de Arraik. Había protegido a las mujeres de forma bastante efectiva, al parecer. Sin embargo, con las mujeres se encontraba una a la que no había podido proteger a tiempo. Se trataba de Atîr, a quien la guarnición había violado varias veces. Cuando Ayreon se enteró de esto, por poco estalla de furia. En la sala también se encontraba Leyne, que corrió a los brazos de Kadrajan nada más verlo. A Arraik lo encontraron escondido y traumatizado en un rincón, cerca del cadáver de su hermano, para gran alivio de Adlûn, que quiere al chico como a su propio hijo.

Acto seguido, el grupo se encaminó a la torre de prisioneros, donde liberaron a los presos yrkanios, que lloraron de alegría al ver a Demetrius, su Maestro Cantor, todavía vivo y ya con Mandalazâr y la Diadema, que habían quedado al lado del cuerpo de Adrazôr. Los grilletes que lucían los yrkanios eran muy parecidos a los que los ilvos utilizaban para esclavizar a los capaces de canalizar el Poder. Al parecer, todos estos yrkanios eran bardos con poderes latentes. Los grilletes no presentaban orificio para llave, con lo que tuvieron que dejar su apertura para un momento posterior. Ahora debían encargarse de la partida de Urangrâd, lo antes posible. Pasaría poco tiempo antes de que los nobles y el ejército drakario descubrieran lo que había pasado allí, y entonces era una incógnita lo que pasaría.

Lo más deprisa posible, el grupo hizo acopio de víveres, agua y ropas, que cargaron en tres vagones que había en las cocheras de la fortaleza. Tras enterrar a todos sus seres queridos en el exterior de la fortaleza según el ritual emmanita, seleccionaron los mejores caballos de tiro y algunos caballos de guerra. Además, Kadrajan y Ayreon se dirigieron a la Torre del Tesoro para ver si podían encontrar algo interesante. En la Torre encontraron tres armaduras. Dos de ellas eran simplemente de buena calidad, pero la tercera... la tercera lucía una superficie en la que la mirada parecía perderse. Negra como la noche, miles de pequeñas estrellas se veían en su superficie, como si el observador estuviera mirando el firmamento. El anillo de kregora, aplicado sobre una parte de la armadura, borraba las estrellas de su superficie y eliminaba el efecto tridimensional. Según Alcanar y las consciencias celestiales de Ayreon y Demetrius, la armadura era la materialización terrena de un Arcángel, al igual que Eglaras o Tôrkom. Además, la única posibilidad era que fuera un Arcángel fiel a Phôedus, pero el dios maligno nunca había sido servido por Arcángel alguno... además, ¿por qué iban a ofrecer tal armadura a un recién ascendido kalorion como lord Gradôr? Preguntas para las que seguramente nunca obtendrían respuesta. Una vez pusieron la armadura a buen recaudo, procedieron a repartir cinco Dagas Negras, las cinco Kothmorui que Trelteran llevaba encima en el momento de la ceremonia. Una la llevaría Ayreon, otra Kadrajan, otra Demetrius, y otras dos irían bien ocultas en los carromatos.

Se apropiaron de algunos objetos de valor y algo de dinero y sin perder un segundo, Ayreon, Ezhabel, Demetrius, Kadrajan, Alcanar, Ibrahim, Petágoras, Arraik, Adlûn, Atîr, Leyne, Loryn, Märgere y tres concubinas supervivientes de lord Gradôr montaron en sendos caballos y carruajes y poco después del mediodía del día 110º desde el inicio de la travesía de la flota ilva partieron hacia las llanuras nevadas. La única incógnita era hacia dónde se dirigirían...

No hay comentarios: