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lunes, 30 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 12


Una conversación se entabló inmediatamente entre los miembros del grupo. ¿Era la mujer mencionada en el mensaje de Car'a'Doc la misma mujer que Leyon había visto en sueños? Según Leyon, si era así, deberían partir inmediatamente hacia Adastra.

Mientras se encontraban intercambiando opiniones, todos sintieron un fuerte mareo. La extraña mujer de nuevo. Corrieron hacia las habitaciones de Ayreon. Los primeros en llegar fueron Ayreon y Demetrius. La mujer del pelo irisado estaba sentada en la cama, con la cabeza hundida entre las manos y sollozando. Banallêth se encontraba en el suelo, inconsciente a pocos metros de ella. Ayreon entró primero, y justo a continuación Demetrius, cerrando bien la puerta. Mientras Leyon y Ezhabel llegaban al lugar, Demetrius tuvo la oportunidad de hablar mentalmente con la mujer, el único medio de comunicación que hasta entonces pareció dar resultado. Ella pareció calmarse un poco.

Pero justo tras Leyon y Ezhabel, que llegaron a los pocos momentos, venía Noras Borander. La semielfa y el futuro emperador no esperaron al paladín; entraron y cerraron la puerta tras de sí. Esto a Borander no le sentó nada bien, y empezó a golpear con fuerza la puerta pidiendo que le abrieran. Con cada golpe, la mujer se iba poniendo más y más nerviosa. Para evitar esto, Demetrius consiguió establecer una esfera de silencio, impidiendo que se oyeran los ruidos del exterior. Leyon decidió salir y enfrentarse a Borander.

El paladín, al negársele el paso, intentó pasar por la fuerza, pero Leyon no lo permitió. Furioso y con la paciencia agotada, la piel de Borander pareció encenderse y un ligero sonido de fanfarrias sonó en el ambiente. Pareció hacerse más grande y poderoso, y Leyon notó un fuerte calor que se desprendía de él, dejándolo inconsciente [aura sagrada, crítico C, punto de destino de Leyon]. Como un torbellino, Borander entró en la habitación, dejando a Ayreon inconsciente y acercándose a la mujer ante la inútil oposición de Ezhabel. Y se dirigió hacia la mujer, con semblante torvo. Ésta se estremeció visiblemente al verlo, y a continuación comenzó a moverse en una complicada danza que hizo que todo se volviera del revés. Ezhabel y Demetrius no pudieron resistirlo, y la oscuridad y la irrealidad se apoderaron de todo.

Al despertar, parecía haber pasado relativamente poco tiempo. Borander no se encontraba en la sala, y la mujer estaba de nuevo llorando con la cabeza baja. Demetrius la abrazó, confortándola mediante el habla mental. La habitación había cambiado radicalmente: ahora era una extensión blanca, sin paredes, techo ni suelo aparentes, donde parecían apoyarse los muebles y las personas sobre una plataforma invisible. En la puerta se apiñaban los nobles que quedaban conscientes y gran parte del personal de palacio. La segunda oleada de irrealidad había causado estragos, dejando a mucha gente inconsciente, o incluso desaparecida. Leyon se encontraba inconsciente ante la puerta de la habitación, y el hermano Jasafet, que había acudido acompañando a Borander, se inclinaba sobre él. Ezhabel lo amenazó para que no lo tocara, y el hermano obedeció, a pesar de que su intención era ayudar al heredero.

Y llegó el momento de dar explicaciones, otra vez.
Mauvros le propuso a Demetrius que, si no le importaba, dejaría varios hombres de confianza en la puerta de la habitación. Dalryn hizo un amago de replicar al noble adastrita, pero una severa mirada de éste bastó para callarla. Preguntada más tarde por el tema, la joven noble páctira no concedió mayor importancia a la situación.

Agiran, por su parte, puso su mano en el hombro de Demetrius mientras éste arrullaba a la mujer, y le preguntó: "Demetrius, ¿estáis seguros todos vosotros de lo que estáis haciendo?". El silencio del bardo fue muy descriptivo, pero Agiran siguió ofreciéndole su apoyo.

Sir Robeld de Baun, el antiguo marqués de Arnualles, también se encontraba presente, dirigiendo a todo aquél que podía su habitual arenga antiemmanita.

Tras varias horas, Ayreon despertó acostado en una cama en la misma habitación donde también reposaban Leyon y Banallêth, donde estaban siendo velados por Ezhabel. Despertaba de un inquietante sueño donde un hombre encapuchado le preguntaba sin cesar si "se consideraba digno". Tras darse cuenta de que sólo estaba soñando, volvió a dormir. Durante el sueño que siguió, el paladín volvió a ver al hombre encapuchado, que le repetía sin cesar, como una letanía: "¿acaso os consideráis digno?", "¿hasta dónde podríais llegar para serlo?", "¿qué haríais?".

Fue Leyon el siguiente que despertó, y allí estaba Dalryn velándolo. Lo besó y lo abrazó con fruición; parecía estar completamente enamorada de él. Leyon la abrazó a su vez.

Al caer la noche, Demetrius, Leyon y Ezhabel se reunieron con los nobles para tratar de explicarles todo lo que había pasado y conversar sobre todos los asuntos que quedaban pendientes. La conversación derivó pronto a versar sobre los Pastores de Emmán. Algunos nobles no estaban seguros de si se había procedido correctamente con ellos, si habían sido lo suficientemente considerados. Beltan, como siempre, se mostró partidario de los paladines, mientras que Dorlen estaba absolutamente en contra. Mauvros ejerció de abogado del diablo diciendo que quizá no habían sido del todo justos con los paladines. Tras largo rato, acabada la conversación, Beltan anunció a Leyon su intención de intentar pedir ayuda a los paladines para liberar Evax del asedio.

Por la noche, Ayreon y Demetrius velaron a la mujer. Leyon yació con Dalryn y Ezhabel se dedicó a explorar el palacio. A medianoche, Eleria apareció en las habitaciones de Ayreon, para hablar con él sobre los paladines. Sus voces despertaron a Demetrius, que se encontraba durmiendo, aunque fingió no darse cuenta e intentar seguir con su sueño. Tras pocos minutos, alguien llamó a la puerta. Era Mauvros. Ayreon escondió a Eleria en uno de los grandes armarios, no quería que hubiera problemas con los nobles ni con la marca de Eleria en la nuca.

Mauvros quería interesarse por el estado de la mujer y "hablar unas cosas importantes" con Ayreon. Tras intercambiar varias frases, Demetrius, que había estado en un duermevela con los ojos cerrados, oyó que Ayreon callaba de repente, y Mauvros se levantaba de su asiento, acercándose a él y observándole. Al instante, Demetrius notó cómo un hechizo de "sueño" era lanzado sobre él, y lo resistió, pero decidió fingirse profundamente dormido, cosa no muy difícil para sus habilidades de jugar. Tras unos tensos momentos en los que pudo notar el aliento de Mauvros en la cara, el noble adastrita se alejó de él y se acercó a la cama. Una corriente de aire que no parecía natural se levantó en la habitación; Demetrius escuchó un sonido parecido al aire silbar en una ventana entreabierta.

El bardo preparó un hechizo de sueño, y sin pensarlo demasiado, abrió los ojos y lo lanzó contra Mauvros. Éste ya no era el serio noble adastrita que había conocido. Su rostro era mucho más sombrío, y sus ojos... cuando le miró directamente sintió un escalofrío. Y su voz tampoco era natural. ¡No podía tratarse sino de un kalorion! Y al otro lado de la cama había un ser que parecía hecho enteramente de sombras, rodeando el cuerpo de la mujer, que despedía un frío intenso. El hechizo no causó ningún efecto, y el kalorion agarró a Demetrius del cuello, lanzándolo contra la cama. Sin que Mauvros hiciera ningún gesto aparente, el bardo fue arrojado a continuación contra la armariada, quedando inconsciente debido a su sensibilidad al dolor. No obstante, al cabo de unos segundos, despertó agarrado por Mauvros, y recibiendo una dolorosa paliza.

Cuando todo parecía perdido para Demetrius, el kalorion se evaporó de repente con una implosión, y el bardo cayó al suelo. La Sombra desapareció con él. Levantando la mirada entre una bruma de sangre, Demetrius vio erguida ante él a Eleria, empuñando UNA DE LAS DAGAS NEGRAS DE TRELTERAN. Una daga que Eleria había clavado en la espalda del kalorion. La hoja del arma todavía humeaba. Ayreon, que acababa de despertar, intentó convencer con palabras entrecortadas a la ercestre de que soltara la daga como fuera. Eleria rompió a llorar, diciendo que era la primera vez que la usaba. Pero al cabo de pocos momentos, trocó su lloro por júbilo, y, entre risas, murmuró que "era necesario matar a la mujer". Sin más, se abalanzó sobre la extraña. Demetrius no pudo hacer otra cosa que tocar un acorde en su arpa. Y tuvo su efecto, porque Eleria quedó inconsciente cuando parecía que iba a clavar su daga en el pecho de la mujer.

Ante todo el follón, por fin consiguieron entrar en la habitación los guardas que Mauvros había apostado en la puerta, sorprendidos por lo que se habían encontrado y preguntando por "dónde se encontraba lord Mauvros". Tras darles largas y calmarlos, dos de los guardias llevaron a Eleria a los calabozos, donde permanecería retenida, y otros tres se quedaron vigilando en la puerta.

Cuando la mujer despertó por fin por la mañana, Demetrius conversó con ella mentalmente, mediante frases de "sí" o "no". Averiguó su nombre: Eltahim. También averiguó que era nativa de las Ciudades-Estado de Targos.

Por la mañana también, Ayreon recibió la visita del hermano Jasafet, que acudía de incógnito bajo el nombre de Olver. Los dos mantuvieron otra larguísima conversación sobre el emmanismo y las doctrinas de uno y otro. Ayreon pareció ser un poco más convincente que Jasafet.

Demetrius organizó una reunión con los nobles para explicarles absolutamente todo lo que había averiguado sobre la mujer, demostrando así una confianza en ellos que hasta ahora no habían mostrado. Les contó también lo del kalorion y los acontecimientos de la noche, y ganó así los apoyos explícitos de Agiran, Dalryn, Mylan, Galan y Robeld. Dorlen y Beltan, por distintas razones, estaban entre dos tierras.

Después de la reunión, Demetrius pasaría ocho horas concentrándose en los pensamientos de Eltahim para aprender su idioma, el Targio. Así pudo mantener por fin una conversación normal, o todo lo normal que podía ser ante el estado de nervios de la mujer. Le contó al bardo que había sido absorbida hacía mucho tiempo por un accidente dimensional que surgió durante sus estudios, junto con algunos de sus compañeros, y desde entonces se encontraba a la deriva entre dimensiones. Ella no se acordaba de muchas cosas de las que había vivido. Dijo que quería olvidar, y que todos sus compañeros habían muerto. Que sabía positivamente que habían muerto. No quiso entrar en más detalles. Parecía claro que estaba traumatizada por algo. Eltahim también expuso a Demetrius su intención de ir a visitar su lugar natal, y el bardo se interesó por cómo iba a hacerlo. La respuesta era obvia: abriendo un portal en la realidad. Demetrius se ofreció a acompañarla, y ella se mostró encantada, de hecho se lo iba a pedir. Aunque también le advirtió que el viaje iba a ser bastante doloroso.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 11


Tras la tensa conversación, el grupo acordó con Noras Borander que en un par de días éste les haría saber el precio de la ayuda que prometía a Haster.

Una vez en sus habitaciones, Ayreon, Demetrius y Banallêth mantuvieron una conversación sobre Eleria. El Paladín reveló a Demetrius que Eleria lucía una extraña marca -aparentemente arcana- en la nuca, bajo el nacimiento del pelo y había estado preocupado por ello desde que la descubrió. Banallêth dio muestras sinceras de asombro, sin saber nada de la marca, pero aun así quedaron mucho más tranquilos al comprobar que la hermana de Ayreon no tenía ninguna marca parecida en el cuerpo.

Tras describir minuciosamente el símbolo de Eleria a Demetrius, éste pudo reconocerlo como un símbolo de conservación de vida, perteneciente al reino de la magia Arcana.

Por la noche, Leyon durmió con Dalryn, algo que ya se había convertido en norma. De repente, ambos despertaron sobresaltados para encontrarse en un mundo gris y ligeramente borroso, diferente al mundo de vigilia. Habían entrado al Mundo de los Sueños. De repente, comenzaron a sentir una "presencia verdemar" que se hacía cada vez más fuerte, y el dolor llegó con ella. Un dolor leve al principio, pero que empezó pronto a recorrerles todo el cuerpo. Por suerte, en breves momentos, al haber detectado la anomalía, llegó Ayreon. Llegó justo a tiempo de sacar a la pareja del Mundo Onírico, cuando el dolor comenzaba a convertirse en insoportable. ¿Había vuelto Nirintalath? Desde luego, en el mundo de la vigilia no había rastro de ella por ningún sitio.

Preguntada por Ayreon, Dalryn reveló que no era la primera vez que le pasaba algo así. Desde un tiempo a esta parte le había ocurrido varias veces, más o menos desde la muerte de su padre. En ese momento, Ayreon recordó algo que había visto mientras estaban en el mundo de los sueños, pero a lo que no había concedido importancia: uno de los anillos que Dalryn llevaba brillaba de modo intenso en su encarnación onírica. La joven noble les contó que el anillo había sido uno de los regalos de su padre antes de que desapareciera al frente de los ejércitos páctiros. Otra revelación que dejó incomodados a Leyon y Ayreon fue que Dalryn reconoció que el dolor que habían sentido en el mundo de los sueños le había proporcionado un ligero y extraño placer.

Por la mañana, Ayreon y Demetrius decidieron compartir con el resto del grupo la información que tenían sobre la marca de la nuca de Eleria. El senescal Dorton apareció para informar de que Ylma y Maraith estaban levantando su campamento, para trasladarse a otra localización.

Ezhabel y Ayreon decidieron ir a las habitaciones de Eleria para charlar con ella. Allí se encontraba Banallêth, hablando con la noble. Ayreon le comentó lo del símbolo de su nuca, ante la sorpresa de la ercestre y la preocupación de Banallêth. No sabía nada del asunto, aparentemente, y parecía sincera. Dentro de su sorpresa, nunca perdió la calma, aunque no dejó de frotarse el punto de la nuca donde tenía el símbolo, pensativa y preocupada.

Tas esto, Ezhabel visitó a Taïr Dherim, el capitán de los nuncios de los Medidadores, y tras una conversación sobre cosas insustanciales, el nuncio le reveló que sus compañeros habían sufrido varios intentos de robo y habían tenido que "poner en orden el asunto". La semielfa invitó al nativo del Principado Comerciante de Bairien y a sus compañeros a cenar esa noche en palacio.

Dorlen, Leyon, Ezhabel y, sobre todo Demetrius protagonizaron una conversación donde Demetrius reconocía que lo comprendía aunque no compartía sus ideas, pero que el bien de Haster estaba por encima de todo, que estaría dispuesto a dar su brazo a torcer por el bien de la ciudad. Esto conmovió al kairk (seducción 191), que empezó a sentir simpatía hacia el bardo y comenzó a interesarse por el papel que él tendría en caso de que Leyon llegara al trono. Hablaron durante largo rato, hasta que llegó un emisario anunciando la llegada de un contingente de soldados desde el sur.

El contingente estaba formado por un antiguo conocido del grupo, sir Robeld de Baun, marqués de Arnualles, con 2000 hombres de gran experiencia, y Galan Mastar, cortesano ercestre, con 3000 hombres. Galan Mastar era un viejo conocido de Ayreon y de Dorlen, de los tiempos del enfrentamiento entre Ercestria y el Kaikar.

Los dos nobles, sobre todo Robeld de Baun, explicaron su largo periplo desde las tierras del sur en el caso del marqués, y desde el golfo del Káikar en el caso de Galan, hasta unirse en la ciudadela de Amenarven, donde se vieron sometidos a un brutal asedio que les obligó a abandonar a la población civil a su suerte, para su gran pesar.

Por la tarde, Dalryn volvió de hablar con Ylma. La noble le había dicho que se iban a trasladar varios kilómetros al este en espera de la llegada de los mediadores.

Por otro lado, los Personajes dieron el pistoletazo de salida para iniciar el traslado de la población a asentamientos alejados varios kilómetros alrededor de Haster, para liberar la ciudad de la presión a la que se veía sometida por el exceso de habitantes (tirada de 265 para establecer 2 asentamientos).

Durante los siguientes seis días, Leyon y Demetrius se prodigarían en actos de reclutamiento de población para partir a las landas de Adastra. Durante esos seis días, 200.000 personas se ofrecieron voluntarias para partir hacia allí.

El marqués de Arnualles probó ser un bálsamo para la moral del ejército, subiéndola considerablemente, pero su ferviente discurso antiemmanita comenzó a provocar tensiones entre creyentes y no creyentes que no gustaron nada a los nobles ni al grupo.

Para acabar de rizar el rizo, un halcón llegó de repente un amanecer con un mensaje. "Necesitamos ayuda, acudid urgentemente. Si no fuera por ella no seguiríamos aquí. Car'a'doc desde el grupo del Vyrd". En el grupo cundió la desesperacíon, acuciados por la cantidad de problemas que se les estaban presentando. Nadie había dicho que salvar el mundo fuera fácil, desde luego.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 10


Durante el largo camino de vuelta, subiendo interminables escaleras, la mujer se agitó en su inconsciencia en los brazos de Ayreon. Al instante, todo pareció dar vueltas a su alrededor, y el complejo empezó a temblar, hasta que el grupo temió que las escaleras por las que subían se desplomaran al vacío. El paladín dejó a la mujer en el suelo hasta que se tranquilizó y todo volvió a la normalidad.

Mientras ascendían, Ayreon y Leyon tuvieron sendos sueños recurrentes. Leyon empezó a sentir un apremio irresistible para dirigirse hacia el norte en busca de lo que fuera que tuviera que buscar; por sus sueños sabía que, de lo contrario, las cosas se iban a torcer, y muchísimo. Los sueños de Ayreon comenzaban siempre con una Sombra que inundaba su corazón y todo su ser, pero una luz de su interior la ponía a raya: era su Fe, su creencia en un Emmán diferente. El paladín sintió que su deber como fiel del verdadero Emmán era enseñar Su Palabra e intentar enderezar el rumbo erróneo que habían tomado los Paladines y los Pastores. Una labor ingente, pero que intentaría llevar a cabo costase lo que costase, aún a costa de su vida. No podía estar equivocado en esto... ¿o sí? Quizá el nuevo orden de las cosas requería un nuevo Emmán, más firme... no, ni hablar, ¡no quería ni pensar en eso!

Finalmente, tras 13 días en los subterráneos, llegaron a la Biblioteca de palacio, donde varios guardas se encontraban esperándoles, expectantes. La extraña mujer del pelo irisado seguía inconsciente, al parecer en un coma ligero, como luego les diría el médico de la corte. El médico también mostró su extrañeza ante los tatuajes de la mujer, que no parecían tales, sino que aparentemente se encontraban por "debajo" de la piel. Seguían pareciendo moverse cuando no se los miraba directamente.

Ayreon llevó a la mujer a sus propios aposentos y se encomendó a sí mismo la misión de protegerla. Mientras llevaba a la mujer en brazos, el paladín pudo notar cómo los sirvientes le miraban, atemorizados, e incluso le pareció oír cómo murmuraban la palabra "brujo", refiriéndose a él. Mala cosa esa.

El rumor se extendió como la pólvora por palacio, y al poco rato, multitud de nobles aparecieron llamando a las puertas de las habitaciones de los PJs, que no tuvieron más remedio que concertar una reunión para el día siguiente. En esa reunión aprovecharían para enfocar el tema de los suministros y qué se debería hacer para devolver a Haster a la gloria del Imperio.

Azalea apareció enseguida en los aposentos de Demetrius. Su cara translucía un inmenso dolor. El campamento de los gitanos había sido incendiado durante la ausencia de los PJs, y varios de ellos se encontraban al borde de la muerte, entre ellos su padre, Stavros. Uno de sus hermanos, Varuos, ya había muerto. Demetrius acudió corriendo a las dependencias donde se encontraba el padre de la muchacha, en un coma profundo. Allí estaban también los hermanos de Stavros, y algunos de sus primos. Entre los gitanos, pacíficos por naturaleza, se veían rostros realmente dolidos y decididos. Esto iba a causar muchos problemas. Tras intentar consolar a los presentes lo mejor posible, Demetrius volvió a sus habitaciones, para informar al resto del grupo.

Ayreon recibió por la tarde la visita de Noras Borander, acompañado del Hermano Jasafet, el pastor de Emmán de la túnica púrpura. Jasafet propuso a Ayreon su retorno al sendero recto de la orden, que le concederían si pedía perdón y se humillaba públicamente ante el Gran Maestre. Ayreon no aceptó, fiel a sus convicciones. Convicciones que expresó en una larga conversación con Jasafet que, atónito, escuchaba lo que en su opinión no eran otra cosa que locuras y sandeces. Finalmente, el tono de la discusión subió y Jasafet, airado, la cortó súbitamente. No obstante, el hermano púrpura parecía sentir un extraño vínculo con Ayreon, y le reveló que los Pastores en Haster habían recibido instrucciones para, si el "hereje" no quería acudir a la Torre Emmolnir por las buenas, ellos se encargaran de hacerle acudir por las malas.

Noras Borander mostró gran interés por la mujer, pero tendría que esperar a la reunión para aclarar más cosas. Mientras el líder de los Paladines en Haster se encontraba en la habitación, apareció también Eleria. Finalmente, la noble ercestre no se había marchado como le había dado a entender a Ayreon hacía días; sus razones tendría.

Durante un día entero el grupo discutió sobre cuál sería el mejor curso de acción a seguir, pidiendo consejos a sus hombres de confianza.

El día siguiente, un acontecimiento inusual hizo que postergaran la fecha de la reunión un día más. Como la campana de la Torre Noroeste advertía, por las aguas del mar Krûsde se acercaban cincuenta naves Corsarias; debía de tratarse de lord Mylan, al que en teoría, Namtor había enviado en busca de civiles y soldados que se encontraran resistiendo a la Sombra en la Confederación. Antes de la Runa de la Creación, lord Mylan había sido convertido por Ayreon en un firme creyente emmanita, pero no se veía ahora ningún signo de esto en él. Desde luego, con el nuevo dogma del emmanismo no extrañaba que no hubiera querido tener nada que ver con él. Mylan mostró su inmensa alegría al volver a ver al grupo y se abrazó a todos ellos. El antiguo Capitán y señor de Galsanta traía unos dos mil quinientos soldados más otros tantos civiles hacinados en los barcos. Al instante se adoptaron medidas para acogerlos a todos en Haster. Mylan podría ser también un apoyo importante entre los nobles de Haster.

De vuelta a su habitación, Ayreon rezó a solas en busca de consejo. Cuando abrió los ojos, la extraña estaba sentada en la cama y mirándolo, con los ojos como platos. El paladín se llevó un susto de muerte. Se levantó e intentó hablar con la muchacha, cuyo ojo de colores cambiantes era tan intimidador como sus propios ojos de vidrio. Parecía aterrorizada. Lo intentó en ercestre, élfico, akharêl... la única chispa de entendimiento vino con el ancestral, pero no fue suficiente. Finalmente, se decidió a usar la Lengua Negra, con el vello erizado y un escalofrío en su espalda. Mala idea. La muchacha hizo una mueca a medio camino entre el odio y el terror, y movió los brazos de una forma extrañísima. Todo pareció torcerse, una sacudida que puso patas arriba la realidad. La sacudida recorrió el recinto entero del palacio y parte de la ciudad, lo que provocó vómitos y desmayos por doquier. La mujer volvió a caer inconsciente, mientras el caos se adueñaba de los alrededores. Poco a poco, el grupo y los sirvientes de palacio consiguieron que todo volviera a la normalidad y los ánimos se calmaran.

Y llegó el momento de la reunión. Banallêth se quedó cuidando de la desconocida mientras tenía lugar la reunión entre los personajes y los nobles, reunión a la que también acudiría Noras Borander tras haberse autoinvitado en una visita que previamente había hecho a los aposentos de Ayreon para ver a la mujer.

La reunión...por decirlo de algún modo, difícilmente pudo haber ido peor que como fue.

Tras explicar lo que sabían sobre la mujer, que no era mucho, y contentar a los nobles sobre ese tema, se abordó el problema de los suministros y la masificación a la que se estaba viendo sometida Haster. Los PJs decidieron seguir los consejos de Mauvros, y proponer la creación de nuevos núcleos de población en torno a Haster, además de enviar a varios miles de personas a las landas de Adastra a cultivar y aprovisionar de grano la ciudad -aunque hasta el momento sólo se habían presentado unos 500 voluntarios-. Varios de los nobles se mostraron atónitos. Leyon todavía no había sido coronado emperador, pero en su opinión, se comportaba como tal. Encabezados por Ylma, varios de ellos se opusieron a tomar una decisión sin haberla votado antes. Maraith reveló ciertas conversaciones que había tenido con los paladines de Emmán. Estos se comprometían a aprovisionar Haster y a pacificarla, por un precio que no había quedado demasiado claro todavía. El grupo se negó a someter el asunto a votación. No pactarían con los paladines de ninguna manera, aunque eso no lo iban a decir allí.

Ylma, Maraith, Erdin y Tarkos se pusieron claramente del lado de tratar con los paladines y en contra de la propuesta de los PJs. Beltan, aunque del lado de los PJs, sentía simpatía por los paladines, y no sabía por quién decantarse. Dorlen, por su parte, odiaba a los paladines y no se sentía cómodo con la propuesta de sus "nobles afines". Vairon se encontraba ausente. Agiran, Eleria, Mauvros, Mylan y Dalryn apoyaban al grupo, aunque la última había expresado previamente sus dudas ante la mejor opción a seguir. Evidentemente, Borander no tenía ni voz ni voto en este caso, aunque apoyaba la opción contraria con sus ofrecimientos.

Varias horas pasaron con argumentos yendo hacia uno y otro lado. Pero finalmente, ante la oposición de los personajes a realizar cualquier votación, varios de los nobles dieron por zanjada la conversación y se levantaron de la mesa, acabando abruptamente con la reunión.

jueves, 26 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 9


El grupo decidió inmediatamente bajar de nuevo a las catacumbas para investigar por qué el sonido se había detenido. Mientras Ayreon y Ezhabel se encontraban decidiendo el mejor plan de acción, Nirintalath se manifestó ante ellos, interesándose por su viaje a los subterráneos. Casi al instante, el Espíritu de Dolor empezó a sentirse confusa, balbuceando, apareciendo y desapareciendo intermitentemente a la vista, como si fuera una anomalía en el espaciotiempo. De repenté, soltó un tremendo grito y una explosión de dolor sacudió el palacio entero. Ezhabel estuvo a punto de morir, al igual que la mitad de habitantes de la ciudadela.

Al poco rato, aparecieron Beltan y Dorlen para preguntar qué era lo que había pasado. Mientras Ayreon se dirigía a sus habitaciones, se encontró con Erdin, que exigía saber qué había pasado. El paladín no le dio ninguna información, y el noble quedó profundamente ofendido por ello.

Demetrius fue a interesarse por Vairon, pasando a su habitación sin llamar. Una mano de hierro le cogió de las solapas y lo levantó, poniéndolo sobre las puntas de los pies. Vairon parecía muy cambiado. Sus venas estaban muy marcadas y, desde luego, esa fuerza no era normal. Sus iris estaban totalmente negros. -"¿Qué demonios ha ocurrido? Habéis intentado asesinarme de nuevo, ¿verdad?". Sin esperar contestación, el noble se puso el cinto de armas y partió, murmurando algo sobre un encuentro con Agiran fuera de la ciudadela.

Mientras Ezhabel se encontraba inconsciente, soñó. Estaba allí, en la habitación oscura, con la rueca y Nirintalath. Ésta presentaba un aspecto decrépito, de anciana totalmente destrozada. La Espada del Dolor había notado algo terrible, que no sabía describir. La semielfa intentó consolar a Nirintalath, acariciándola. EL Espíritu tomó la forma de una niña con rostro de anciana, e intentó abrazar a Ezhabel, diciéndole: "muere conmigo". Ezhabel, asustada, la rechazó. Una lágrima pareció asomar a los ojos de anciana de la niña, cuyo rostro mostró un gesto de infinita tristeza:

—Empezaba a apreciarte, pero tú sigues sin amarme. No podemos seguir juntas más. Adiós. —Nirintalath bajó la vista y desapareció. Tras esto, la semielfa pudo dormir plácidamente ya. La presencia de la Espada había desaparecido, como les contaría después al resto de personajes.

Por la tarde, Demetrius organizó una reunión con los nobles para dar explicaciones, porque estaban todos bastante irritados con la situación. El grupo, reunido para decidir qué contar, recibió la visita de Eleria, que quería ver a Ayreon; pero Ezhabel, nerviosa, despidió a la noble ercestre, que se marchó algo ofendida.

En la reunión, Erdin se mostró bastante hostil, porque le molestaba sobremanera que el grupo siempre supiera más sobre las cosas que ocurrían que ellos. Los personajes intentaron explicar qué sucedía -y sucedió- en las catacumbas sin entrar en demasiados detalles, y que la "explosión de dolor" había tenido que ver con eso. La conversación derivó después a versar sobre los paladines. Algunos de los nobles tenían posiciones claras al respecto: Beltan apoyaba una alianza con ellos, Erdin se mostró asqueado con solo hablar de ello, y Dorlen enunció una interesante opinión sobre qué motivos podían haber llevado a la Sombra a no atacar Haster ni el antiguo reino de Ercestria, y por qué en ambos los paladines campaban a sus anchas. Su discurso casi provoca un enfrentamiento entre partidarios y detractores, hasta que alguien dio un giro a la conversación, tratando de nuevo sobre las catacumbas. El grupo anunció su intención de bajar inmediatamente para ver qué sucedía, y Beltan, Dorlen y Mauvros se unieron a la comitiva. Por su parte, Erdin enviaría a tres de sus guardias de confianza con el grupo.

Al término de la reunión, Demetrius conversó con Agiran, que se encontraba en la ciudadela, contrariamente a lo que dijo Vairon. Le preguntó por qué Vairon no había acudido a la reunión, y Agiran le respondió que no lo había visto, no se había reunido con él. El noble expuso su preocupación por Vairon a Demetrius, y éste le aconsejó tener cuidado con él, porque tenía la marca de Korvegâr y creía que estaba siendo "poseído". Agiran se mostró muy complacido de que el bardo confiara en él, y se despidió haciendo el saludo imperial.

Al retirarse a sus aposentos, Demetrius se dio cuenta de que el "latido" se volvía a oír, apagado y débil.

Eleria expuso su temor a Ayreon, diciéndole que tuviera mucho cuidado ahí abajo, e intentó seducir de nuevo al paladín. Tras no conseguirlo, pasó a cosas más serias, y la noble le contó que era posible que no volvieran a verse, porque se había grangeado muchas enemistades en la ciudadela y debía desaparecer una temporada.

Mientras se encontraban haciendo los preparativos de la "excursión", algunos personajes pudieron oír fanfarrias a lo lejos. Tras enviar algunos guardias para enterarse de lo que ocurría, apareció Banallêth, la hermana de Ayreon, que traía información fresca: habían llegado a la ciudad unos 50 jinetes que lucían un estandarte con una balanza sobre la luna y el sol, y al menos dos juglares que les acompañaban. El blasón descrito correspondía al del cuerpo de Nuncios de los Mediadores, una especie de cuerpo de sirvientes-soldados que precedía la llegada de los grupos de Jueces.

El grupo al completo junto con algunos de los nobles y a Noras Borander esperó a los nuncios preparado en el patio de armas. Al verlos, pudieron ver que dos de ellos no llevaban armaduras metálicas, como parecía ser la norma. Y reconocieron al instante a los juglares que les acompañaban: se trataba ni más ni menos que de Hoid y Hannion Bexer, antiguos conocidos de Demetrius y del grupo. Una mirada que oscilaba entre el reconocimiento, la alegría y el alivio acudió a los ojos de Hoid, que mentalmente le comunicó a Demetrius: "debo hablar con vos, y pronto".
El cabecilla de los nuncios se presentó a sí mismo, se llamaba Taïr Derin, que también presentó a sus tres lugartenientes. Tras diplomáticas frases, los nuncios decidieron que establecerían su campamento en la parte este. Por su parte, Hoid y su sobrino Hannion se quedarían de momento en el castillo, invitados por Demeterius.

Por la noche, Ayreon y Leyon entonaron sus respectivas oraciones, y Ezhabel intentó sintonizar con Nirintalath, sin éxito. La noche fue fatal para Leyon, que se despertó sintiendo una tristeza más profunda que nunca [crítico de depresión]. Demetrius tuvo al anochecer una larga conversación con su antiguo amigo Hoid, donde el viejo juglar le relató los escalofriantes sucesos que había visto en el lejano norte, en las tierras de Losia, donde los mediadores y un gran ejército adastrita se enfrentaron al pueblo losiar encabezado por el príncipe Elsakar y algunos caballeros. Los mediadores no mostraron ninguna piedad de los valientes norteños, y masacraron a todo aquel que se puso a su alcance. Afortunadamente, un oportuno alud permitió a parte del ejército losiar y presuntamente también al príncipe Elsakar retirarse del campo de batalla. La revelación de Hoid preocupó sobremanera a Demetrius.

Por la mañana, Ayreon acudió a las habitaciones de Vairon; los guardias no querían dejarle pasar, pero los intimidó de forma brutal -con la ayuda de sus ojos de vidrio-; tanto, que salieron corriendo, totalmente acobardados. Tras buscar cuidadosamente, bajo una pata de la cama encontró un libro manuscrito de claves. Podría ser el que descifraba el mensaje que interceptaron. Se lo llevó sin pensar, aunque fue inútil. Desesperados, pidieron ayuda a Banallêth, que tampoco pudo resolver nada, haría falta más tiempo; tendría que ser tras regresar de las catacumbas. De momento, había que esconder el libro en lugar seguro; decidieron esconderlo en habitaciones de invitados vacías, separando las hojas, sin pedir ayuda a los sirvientes para que les abrieran, así que fue Azalea la que abrió las habitaciones. Banallêth aprovechó la coyuntura para exponer su deseo, o mejor dicho, su intención, de acompañar al grupo, y dejó muy claro que su decisión no dejaba lugar a discusiones.

Y el grupo al completo se reunió en la puerta de la Biblioteca. En total eran: los personajes, Beltan y uno de sus guardias, Dorlen y uno de sus guardias, Mauvros y uno de sus guardias, Banallêth, tres guardias de Erdin, un guardia de Maraith, y un guardia de Agiran.

Tras bajar a las catacumbas y llegar a la habitación del ritual, Mauvros encontró unas runas grabadas en una columna, que parecían de origen enanil, aunque con ciertas diferencias. Ayreon y Ezhabel intentaron leerlas, y tuvieron que concentrarse durante dos días enteros para aprehender su significado y su utilidad. El paladín, canalizando algo de poder, pudo por fin activar las runas y todas las columnas de la habitación se replegaron hacia el techo, con un silencio sobrecogedor. Dejaron al descubierto sendas escaleras que descendían. Tras escoger la escalera por la que parecía haber rondado gente recientemente, descendieron durante largo rato, hasta que llegaron hasta una especie de plataforma que se abría un abismo -al fondo del cual se veía un resplandor que supusieron sería lava-. El abismo era atravesado por una escalera de unos diez metros de ancho que salía de la plataforma, descendente hacia la oscuridad.

Al final de la escalera, empezaron a proliferar estatuas bellamente trabajadas a los lados, hasta que los escalones acababan abruptamente en un muro perfectamente liso, donde no se veía ninguna puerta. Descansaron ante el muro. Una vez frescos, Ayreon decidió canalizar algo de poder hacia la puerta. Le costó, porque requería una cantidad considerable, pero finalmente la puerta se abrió, y les dio acceso a una antiquísima ciudad enana, grandiosa y sobrecogedora.

La caverna estaba distribuida en barrios y distritos, que parecían corresponderse con los diferentes gremios, estructurados en torno a las masivas columnas, compuestas de infinidad de columnas y columnatas más pequeñas. Ayreon pudo apercibirse de alguien que se movía a lo lejos, vestido con una túnica negra. Debía tratarse de algún miembro del círculo externo, pero en ese laberinto sería casi imposible encontrarlo, así que continuaron su camino. Al llegar al distrito de los alquimistas, Ayreon y Mauvros percibieron un enorme poder que procedía de abajo, de las entrañas de la montaña. En ese distrito el "latido" se hacía perfectamente audible; se encontraban cerca. Por tanto, decidieron descansar y luego buscar un camino descendente.

Por la noche, se dejó de oír el latido de repente, y el grupo al completo despertó. Y la realidad se torció. Todo dejó de tener sentido y se convirtió en locura. Tras ser exprimidos hasta los últimos resquicios de su cordura y de su resistencia, todo se detuvo. Incluido el latido.

Una vez recuperados, encontraron una decena de escaleras descendentes, por las que fueron bajando consecutivamente. Pero los escalones se fundían y se convertían en extremadamente resbaladizos cuando se llegaba a cierta profundidad. Varias de ellas presentaban hileras de runas, al parecer mágicas, en los laterales. Les llevó tres de días recorrer la parte explorable de todas las escaleras, y por una de ellas llegaron a un muro liso. Ayreon canalizó una gran cantidad de poder, y consiguió abrir la puerta. Se trataba de una armería enana, donde consiguieron varios objetos que les serían útiles.

Ante el callejón sin salida, decidieron bajar por una de las escaleras, en la que demetrius excavaría escalones con la ayuda de su mano artificial de Eog, que horadaba la roca como si se tratara de mantequilla. Después de varias horas, Demetrius -y el grupo al completo- empezó a sentir un frío intenso. Tras un recoveco, los hechizos de Luz y las antorchas parecieron dejar de funcionar: el túnel se sumía en una oscuridad completa, que parecía comerse la luz. Tras pasar delante, Ayreon sí que pudo ver con ayuda de sus ojos de vidrio. En la oscuridad, que parecía sin profundidad, como si estuvieran viendo un cuadro, flotaba una mujer, desnuda e inconsciente. En ese momento, Banallêth informó de que varios individuos estaban bajando por la escalera tras ellos. Se trataba de varios miembros del Círculo Externo que no supusieron ningún reto para el grupo prevenido.

Haciendo uso de la cadena con la que habían bajado por la escalera, Ayreon se introdujo en la Oscuridad para rescatar a la extraña mujer. La Oscuridad era un vacío total, y Ayreon casi muere asfixiado (de hecho, quedó muy tocado con la experiencia). Sobreponiéndose a la adversidad, el paladín logró impulsarse y coger a la mujer de un brazo, mientras el resto del grupo tiraba de la cadena con todas sus fuerzas y consiguió sacar a ambos. Mientras era arrastrado, a Ayreon le pareció ver cómo más allá en lo profundo de la oscuridad, lord Natarin le observaba y Petágoras movía los labios, distraído, sin darse cuenta de lo que ocurría. Pero quedaban fuera del alcance del paladín, que ya era llevado hacia el exterior, sufriendo por el dolor. Una vez Ayreon y la mujer salieron de la oscuridad, ésta pareció implosionar, dejando un "nudo" de roca en su lugar. A continuación se arrastraron como pudieron hasta la caverna enana y tras arropar a la mujer y tratar a Ayreon, se derrumbaron, agotados. La mujer era muy extraña: no era exactamente guapa, pero su rostro era agradable a la vista. Cada uno de sus cabellos parecía de un color distinto, provocando un efecto de color cambiante según la perspectiva que mareaba a los que la miraban. Lucía unos tatuajes púrpura que, mirados directamente, no parecían gran cosa, pero cuando los veían por el rabillo del ojo, parecían moverse suavemente. En una mano le faltaban un par de dedos y, levantándole los párpados, pudieron ver que uno de sus iris giraba sin parar, cambiando progresivamente de color, del rojo al verde, del verde al marrón, del marrón al azul, al verde, al gris, al rojo...¿habrían hecho bien sacándola de allí?

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 8


Ayreon cargó a Vairon a hombros; el sermio parecía muy débil, con un tenue hálito vital. Al llegar a la escalera que conducía a la Biblioteca de palacio, se encontraron con que la puerta secreta parecía haberse cerrado. Durante largo tiempo estuvieron empujando y buscando mecanismos o pistas que les permitieran abrir, sin éxito. Era extraño, ¿qué había pasado con los guardias que habían apostado al otro lado? Vairon parecía cada vez más débil. Así que decidieron dar la vuelta y explorar las catacumbas.

Pasaron bastante tiempo en la sala donde se había llevado a cabo la ceremonia de Vairon, donde aparte del pentagrama dibujado en el suelo no parecía haber nada más. En un momento determinado, Ezhabel se quedó petrificada: "¿No oís eso?"-dijo. Afinando mucho el oído, casi todo el grupo pudo oír de fondo un sonido: TUMMMMM...TUMMMMM...TUMMMM... . Retumbaba como un timbal, y provocaba una pequeñísima vibración en el suelo. Tras meditar sobre el ruido y no sacar ninguna conclusión válida, decidieron tomar el camino que se bifurcaba poco antes de la sala donde se encontraban.

Un poco antes de llegar a la bifurcación, Ayreon decidió intentar tocar la marca de Korvegâr del cuello de Vairon e inmediatamente sintió unos deseos extraordinarios de matarlo. Así que, con un mohín de extrañeza y preocupación, apartó la mano y miró hacia otro lado. Leyon, que había sido testigo de la escena, exploró la nuca de Vairon y tocó el símbolo, para su desgracia. Un dolor desgarrador y una oscuridad heladora lo envolvió. Cayó inconsciente, en estado de coma. Y mientras caía, creyó ver en la oscuridad un rostro femenino, que gritaba "¡NOOOOOOOO!". El avance iba a ser ahora mucho más engorroso para Ayreon, que tendría que cargar con los dos cuerpos.

Tras mucho andar, llegaron a una gruta que al parecer era artificial, pero echada a perder por múltiples derrumbamientos y una gran inundación de agua que se había filtrado desde el mar. La gruta se prolongaba durante 400 metros con una anchura de más de 200. Ellos se encontraban a unos 40 metros del suelo, saliendo por una antigua balconada que se encontraba ahora entre escombros. En la parte del fondo, el grupo podía ver balconadas como las que había en la parte de la gruta donde se encontraban, pero en mucho mejor estado. Un lago de agua salada se había formado también en aproximadamente la mitad de la gruta más alejada de ellos. Demetrius reconoció en las balaustradas el estilo escultórico de los enanos, aunque con ciertas modificaciones fuera de lugar.

Mientras se encontraban observando la oscuridad, creyeron percibir el cese del inquitente sonido palpitante que habían percibido en la sala.

Ezhabel, arrojada como siempre, descendió sin pensarlo más al suelo de la gruta y se acercó haciendo equilibrios sobre los escombros hasta la orilla de la laguna. La observó en silencio; escuchó un chapoteo y vio una sombra moverse en el agua, pero confiando en que se tratara de simples peces, intentó atravesarla a nado. A mitad de camino, algo la agarró de la pierna y la arrastró hacia la oscuridad, provocando en pocos segundos la inconsciencia de Ezhabel. Era un tentáculo. Al oir el grito ahogado de la semielfa, Ayreon corrió desesperadamente y se zambulló. Gracias a los ojos de Avaimas, Ayreon pudo ver el cuerpo de la semielfa en la oscuridad, aunque a duras penas. Otro tentáculo atacó al paladín, que a duras penas se libró de él. Esto pareció servir para que el kraken retirara el tentáculo que retenía a Ezhabel, asi que Ayreon pudo sacarla agónicamente a la superficie, no sin antes ver por el rabillo del ojo un atisbo de un paso subterráneo por el que se colaba el monstruo. Tras llegar a la orilla, agotado, llamó con un hilillo de voz a Demetrius para que les ayudara. El bardo bajó a la gruta e hizo lo que pudo.

Mientras tanto, Leyon vivía en otro mundo: el de la inconsciencia. De repente, se encontró en un campo de nieve, en medio de una ligera nevada. Se encontraba ante una mujer, una mujer bellísima, cuya simple presencia le daba ganas de gritar de desesperación. Era de noche, pero había un fulgor extraño procedente de una aurora boreal. La mujer estaba desnuda; él también. La mujer lloraba desconsolada, y eso le dio a Leyon ganas de morir sin más dilación. Su rostro era la propia tristeza hecha mujer. La tormenta de nieve arreció. Ella le tendió la mano, y Leyon la cogió con suavidad. La tormenta se hizo insoportable, trozos de hielo se clavaban en su carne. Y sombras se materializaron alrededor de la mujer. "Recuérdame... -le susurró. Las sombras la envolvieron y Leyon, cogido a su mano desesperado, no la pudo retener. La separaron de él hasta que se perdió en la oscuridad de la noche.

Un estertor, un grito, y Leyon despertó. A oscuras, al lado del cuerpo de Vairon, por lo que no supo qué hacer durante un momento. Pero a los pocos instantes, el resto del grupo, que había oído su grito de desesperación, estaba junto a él. Tras explicar el sueño a Ayreon, éste aconsejó a Leyon que, aunque no supiera quién era la mujer, la recordara, como ella le había dicho, y elevara sus plegarias hacia ella para mantenerla viva.

Desmoralizados y exhaustos, volvieron a la escalera de la biblioteca. Allí Demetrius probó otra táctica: amplificó su voz y gritó para que, si había alguien al otro lado, pudiera oírlo. En el silencio inmediatamente posterior, el grupo y particularmente Demetrius [éxito absoluto], pudieron oir de nuevo el profundo sonido: TUMMM...TUMMM...TUMMM.... Como el primer intento no tuvo éxito, Demetrius lo intentó una segunda vez amplificando su voz aún más. Esta vez sí que obtuvieron respuesta: algunos guardias, junto con el senescal Dorton, Beltan, Erdin y Agiran pudieron abrir la puerta siguiendo las instrucciones del bardo. Inmediatamente llamaron al médico para que reconociera a Ezhabel y a Vairon, y la inspección reveló la marca de Korvegâr en su nuca, cosa que inquietó sobremanera a los presentes -aunque no parecieron reconocer la marca-. Ezhabel y Vairon fueron inmediatamente trasladados a sus aposentos. Allí, Nirintalath pareció desesperada al ver a Ezhabel en ese estado, y exigió saber quién la había tocado aparte de ella.

Por otro lado, no había ni rastro de los guardias que los PJs habían apostado en la biblioteca para que vigilasen la puerta abierta. Leyon preguntó al jefe de la guardia por ellos, y éste volvió al poco rato diciendo que no los habían encontrado por ningún sitio.

Al poco rato, Ayreon y Demetrius se dirigieron a las habitaciones de lord Vairon, para interesarse por su estado y, posiblemente, eliminar la maldición que pesaba sobre él. Junto a su lecho se encontraba lord Agiran. En apariencia, los dos nobles eran amigos íntimos. Agiran inició una discusión, exigiendo saber qué era lo que realmente había pasado allá abajo, que podían ser sinceros con él y tenían su apoyo. El paladín y el bardo decidieron contárselo todo excepto el sueño de Leyon, ante la, aparentemente, genuina preocupación del noble por su amigo. Tras esto, le pidieron a Agiran que saliera mientras Ayreon intentaba quitarle la marca de la nuca. El noble se negó en redondo, y estuvieron largo rato discutiendo sobre su salida o no de la habitación. Finalmente, Ayreon permitió que Agiran permaneciera en la habitación mientras intentaba limpiar la maldición del enfermo. Al establecer su vínculo canalizador con Emmán, el paladín sintió unas ganas irrefrenables de matar al "servidor de Korvegâr". Empleó su sortilegio de curación igual que lo había empleado con Ezhabel antes, pero ahora voluntariamente, causando graves lesiones a Vairon y matándolo. Agiran gritó y abrazó a su amigo y Ayreon, dándose cuenta de su acción, entró en estado de shock. El médico, que llegó a los pocos momentos, reconoció a Vairon y anunció que el noble no estaba muerto. Pero Ayreon estaba absolutamente convencido de que lo había matado sin remisión. El paladín se retiró a sus aposentos a punto de entrar en una depresión. Pasaría largas horas orando y pensando.

Al despertar, Ezhabel se encontró con Nirintalath en su habitación. La niña le preguntó que por qué no la llamó. Ezhabel contestó que sí que la había llamado, pero ella no había acudido. "Debes aceptarme, Ezhabel. Ya lo hiciste una vez, ¿no es así? Acéptame, dame la mano y dejaras de necesitar llamarme; siempre estaré contigo". Sin embargo, Ezhabel tenía miedo de hacerlo; la última vez había controlado a la Espada del Dolor gracias a su férrea voluntad, pero no sabía qué podría suceder si era el Espíritu de Dolor quien tomara el control.

Por fin, agotados, todos pudieron descansar de la larguísima noche, que se había prolongado gran parte del día siguiente.

Tras reponer fuerzas, Leyon se reunió con Dalryn. Tras hacer el amor apasionadamente, hablaron sobre la reunión de la tarde con lady Ylma y Leyon sacó el tema de la convocatoria a los Mediadores. Sin embargo, la joven, aunque no estaba de acuerdo con la decisión de Ylma, tampoco veía nada tan malo en la siuación; si Leyon era el legítimo heredero, no debería temer nada de los Mediadores.

Demetrius visitó a Vairon, al enterarse de que éste había recuperado ya la consciencia. El noble estaba muy cambiado, parecía mucho más sombrío; la experiencia realmente debía de haber sido terrible para él. Se encontraba hablando con Agiran, que no se separaba de su amigo en ningún momento. Tras quedarse algo preocupado por Vairon, el bardo se reunió con Leyon para hablar sobre la reunión con Ylma. En opinión de Demetrius, deberían llevar todos los apoyos posibles, así que Agiran y Beltan irían con ellos. Tras hablar con Agiran, Leyon y él finalmente formalizaron un pacto en firme sobre el ejército y su apoyo.
A continuación, Leyon se dirigió a encontrarse con Mauvros, y Demetrius a buscar a Eleria, pero ninguno de los dos se encontraba en sus aposentos.

Ayreon, recogido en sus aposentos, detectó a través de su consciencia celestial que en las esferas superiores parecía haber un vacío, algo faltaba, y se había producido un desequilibrio mayor en favor de la Sombra.

A media tarde, el grupo se enteró de que habían llegado más Paladines de Emmán a la ciudad (Paladines, no Pastores), que estaban efectuando una labor de evangelización y predicación muy intensa. La situación con los vestalenses no era nada relajada.

Finalmente, al atardecer partieron a reunirse con lady Ylma, que acudió a la reunión con Dorlen y Maraith. Tras hablar de la situación actual, de alianzas y de apoyos, salieron a la luz las verdaderas intenciones de Ylma y sus aliados:

—Es hora de romper con tradiciones absurdas y obsoletas —dijo la noble Sermia—. Es hora de que el verdadero poder recaiga sobre quien debería haber recaído desde el principio: sobre el pueblo. Las supersticiones no son buenas para nadie, y demostraron no serlo tampoco para la salud del Imperio.

Ylma y sus apoyos querían dar la soberanía al Pueblo del Rey de Reyes: que fueran capaces de elegir a sus representantes y que éstos votaran en favor de un sucesor digno del emperador, que no se restringiera a éste por derecho de nacimiento o por una superchería consistente en una ilusoria ceremonia a cargo del Bardo Supremo. Tras ser afrontada sobre los intereses que la querían llevar a ser la emperatriz, Ylma contestó:

—¿Pero quién ha dicho que yo aspire al puesto de emperatriz? No lo quiero, no me considero digna de él. Mi candidato para el puesto no es otro que LORD DORLEN.

Por lo que parecía, Dorlen había ganado un apoyo popular importante, deshaciendo entuertos aquí y allá, hablando con el pueblo y los nobles por igual, imponiendo la paz aquí y consiguiendo víveres allá. Además, su valía como administrador y político había quedado sobradamente demostrada durante años. Y los Mediadores habían sido convocados a Haster para arbitrar el proceso. La discusión se prolongó durante horas y horas. Horas interminables al término de las cuales, el grupo no consiguió hacer desistir a Ylma y compañía de sus intenciones. Sin embargo, querían el bien del imperio, así que se comprometieron a utilizar sus ejércitos en labores de pacificación de Haster y a colaborar con Leyon hasta que se produjera la Coronación. Dorlen tendría control sobre las maniobras del ejército. El grupo, junto con Beltan, Agiran y Dalryn se retiraron del campamento de Ylma con semblante muy preocupado.

Por la noche, Dorlen visitó a Ezhabel (seguía atraído por ella), y ante los desplantes de la semielfa se marchó contrito. Demetrius, por su parte, visitaba regularmente a Vairon, que al día siguiente ya podía levantarse de la cama. Pero su rostro preocupaba al bardo, si no lo atemorizaba.

Leyon propuso a Erdin que aportara su ejército para liberar la ciudad de Evax del sitio al que estaba sometida, pero el noble sólo le dio respuestas esquivas hasta que se negó explícitamente. Tras Erdin lo intentó con Mauvros, y éste le argumentó un poco más, diciendo que no le parecía buena idea acudir al sitio de Evax vaciando la ciudad de tropas fieles y dejándola en manos de Ylma en lugar de enviar cuanto antes gente a Adastra para cultivar y recolectar, ya que la comida sí era una necesidad urgente. Leyon decidió enviar exploradores para enterarse mejor de cuál era la situación en Evax.

Al anochecer, con Demetrius de vuelta de una búsqueda infructuosa de "nicodemos", el grupo al completo sintió mareos y náuseas, y Ayreon incluso se quedó inconsciente. Tras comentarlo entre sí, Demetrius, con gesto preocupado, les dijo que ya no podía oir el sonido retumbante. Efectivamente, tras unos minutos de silencio, el "latido" había cesado.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 7


Los conocimientos de historia de Demetrius salieron a la luz cuando contró al resto de personajes que hace varios cientos de años, en la región de Irgem naufragó una flota de colonos adastritas. Se cree que desde aquel entonces, la región permanece maldita con los espíritus de los muertos y se sabe que han ocurrido cosas extrañas que en teoría están bien documentadas.

Por la noche, Ezhabel sufrió de nuevo los efectos más crueles de Nirintalath [pifia], que la hizo sufrir lo indecible. La semielfa está cada vez más enfermiza y deprimida. Demetrius pasó un rato con Namtor, interesándose por el estado del anciano.
Por su parte, Ayreon intentó contactar de nuevo con Alcanar, sin tener éxito en su empeño.

A primera hora de la mañana, apareció un mensajero con la noticia de que cuatro paladines emmanitas habían sido asesinados en la ciudad, presumiblemente a manos de vestalenses. Acto seguido, desde el balcón de palacio se pudo ver cómo en el barrio vestalense aparecía una explosión. Y otra. Y otra. Y luces brillantes, como rayos rectos y cilíndricos que bajaban del cielo.

Mientras estaban observando esta sorprendente escena, Demetrius y Leyon pudieron ver cómo un halcón se levantaba desde los jardines de palacio.

Ayreon intentó curar a Ezhabel de sus dolencias, sobreponiéndose al rechazo que le causaba. Pero su poder, proporcionado por Emmán, parecía diferente. No obstante, siguió adelante. Hasta que vió que el semblante de la semielfa se torció en un rictus de dolor y empezaba a salir sangre por sus oídos. Con esfuerzo, soltó la fuente de canalización y abrazó Ezhabel, con los ojos húmedos. ¿Qué estaba pasando? Dedicó el resto del día a la introspección.

Siguiendo el rastro del halcón, Leyon llegó corriendo a la pérgola de la que le había hablado Eleria, que habían puesto bajo vigilancia. Por el rabillo del ojo pudo ver varias siluetas mientras atravesaba los jardines, y la única que reconoció fue la de lord Erdin. Pero al parecer el espía que había sido apostado cerca de ella había sido degollado. Leyon sospechó pronto de Erdin, aunque intentó no obsesionarse, era habitual que la gente paseara por los jardines a esas horas.

Por su parte, Demetrius partió con una fuerte escolta hacia el barrio vestalense. Allí una multitud gritaba enfurecida. Casi una decena de paladines se encontraban quemando una pira con varios vestalenses, ya muertos. Al ver la escena, Demetrius no lo pudo soportar e increpó a los Pastores de Emmán para que detuvieran ese despropósito. Ofreció un encuentro con los vestalenses, con él como mediador. Tras unos momentos de tensión, el cabecilla aceptó la conversación, pero a cambio de que "la pira seguirá ardiendo hasta el final". Demetrius no lo aceptó e intentó acercarse a la pira. Después de advertírselo varias veces sin que el bardo hiciera caso, dos de los paladines le atacaron, asestándole un golpe mortal del que Demetrius se salvó milagrosamente [punto de destino].

Poco después, Leyon se reunió con Beltan. El daarita ofreció su apoyo al presunto heredero del imperio de cara a su coronación, a cambio de la liberación de la ciudad de Evax, que según los últimos mensajes se encontraba bajo asedio. Beltan necesita más ejército, pero para disponer de él, Leyon necesita el apoyo de un mayor número de nobles. Así que finalmente, Leyon convenció a Beltan de postergar el viaje al Imperio Daarita para dentro de un par de semanas, lo suficiente para reunir el ejército y que Evax no caiga.

Siguiendo con sus pesquisas, Leyon se entrevistó con lady Eleria, pidiéndole su opinión sobre quién era el espía. La opinión de la ercestre era que el espía debía de ser Mauvros, Erdin o Vairon, pero por pura intuición, sin ninguna prueba fehaciente. Hablaron también sobre el espía que había muerto en el jardín y sobre sus opiniones sobre Ylma y Dalryn.

Al rato, llegó una comitiva con Demetrius inconsciente, y ¡encabezada por Dorlen y Mauvros! Dorlen había partido por su cuenta para interesarse por los disturbios, y había conseguido rescatar al bardo. Sus ropas lucían manchas de sangre y cortes por varios lados, contrastando con sus aires amanerados. Su habilidad con la esgrima era considerable, al parecer; la mayoría de las manchas de sangre en sus ropas no eran suyas. Tras agradecerle su ayuda, llevaron a Demetrius adentro.

Sabiendo lo del problema de los paladines, Leyon se dirigió a ver a Beltan, ya que éste había dado en el pasado muestras de apoyarlos. El daarita sugirió a Leyon que se aliara con los paladines, porque según él: "son los únicos que tienen la unidad suficiente como para pacificar y unificar Aredia".

Esa misma noche, mientras Ezhabel se encontraba en los jardines evitando dormir, pudo ver una figura entrar en palacio. Se trataba de Azalea, a la que inexplicablemente los guardias no ponían ningún impedimento para pasar. La gitana acudió a ver a Demetrius para decirle que alguien había colgado a tres hombres de su pueblo en una de las puertas de las murallas.

Una vez en sus aposentos, Leyon recibió la visita de lady Dalryn. Tras un largo juego de seducción, la páctira ofreció su ejército y su apoyo a Leyon, y acabaron haciendo el amor apasionadamente.

Por la mañana, el senescal Dorton portó una terrible noticia. Namtor había muerto por la noche, al parecer de forma plácida. Leyon pospuso la reunión con Ylma para el día siguiente y se hicieron todos los preparativos necesarios para la ceremonia del funeral, que se celebraría al atardecer.

A media mañana apareció una delegación de Pastores de Emmán en palacio. Iba encabezada por Noras Borander, visiblemente afectado todavía por los efectos del veneno que intentó acabar con su vida; su intención era pedir disculpas por el incidente que uno de sus subordinados había tenido con lord Demetrius. Tras una tensa conversación, donde Borander presentó sus excusas de la manera más humilde que le fue posible, el grupo les ofreció acampar dentro de las murallas de palacio. Los paladines aceptaron la propuesta. Además, ya a salvo de oídos indiscretos, Noras reveló a Leyon que habían recibido desde Dánara un mensaje autorizándoles a proponer un acuerdo para poner a Haster bajo su protección, de tal manera que el hermano Jasafet pasaría al consejo del Emperador y ellos se encargarían de pacificar y poner orden en la ciudad. Leyon contestó educadamente que meditaría profundamente su respuesta. También se acordó que se organizaría un encuentro entre vestalenses y emmanitas, que Demetrius se encargaría de organizar y moderar.

A primera hora de la tarde, Ayreon recibió la visita de Vairon, que le da el pésame por Namtor y le cuenta que no puede dormir desde hace meses. Además, tenía una marca muy extraña en la nuca. El paladín sintió un escalofrío al reconocer la marca de Korvegâr. Vairon le contó detalles sobre sus sueños y pesadillas, y cómo el dios oscuro se rodeaba de paladines en algunos de sus sueños. Ayreon le ofreció su ayuda para, cada noche, intentar escudar sus sueños. Vairon le dio las gracias con lágrimas en los ojos.

Al atardecer tuvo lugar el funeral de Namtor. Una ceremonia muy emotiva, donde la mayoría de los presentes dejó escapar algunas lágrimas. Incluso Noras Borander dijo varias palabras, con bellas intenciones, pero bastante hipócritas sabiendo lo que sabían de él los personajes. Los cánticos de Demetrius y las Guías [figuras clave en los entierros del imperio, se supone que guiaban al fallecido en su tránsito] conmovieron el corazón de todos los presentes, que sintieron la pérdida como si fuera suya.

Para establecer contacto con los vestalenses, Demetrius pidió ayuda a Azalea y su padre, Stavros. Al parecer, los vestalenses eran los únicos que habían ofrecido un refugio a los gitanos cuando se había producido el Hundimiento (así se llamaba a la invasión de Aredia por parte de la Sombra). El bardo confiaba en que los vestalenses continuaran con esa buena voluntad para con los gitanos y les permitieran contactar con su líder.

Por la noche, Ayreon se extrañó de que Vairon no acudiera a su cita para escudar sus sueños. No se encontraba en su habitación. Tras una larga investigación durante la que el grupo al completo se reunió, descubrieron que el noble había acudido a la biblioteca, pero al parecer no había salido. En la biblioteca había una puerta secreta con un complicado mecanismo que les costó bastante activar. La puerta llevaba a un laberinto de catacumbas que los personajes jamás habían oído que hubiera bajo Haster. Tras recorrer varios pasillos, pasadizos y salas, llegaron a una puerta cerrada . Al otro lado se oían cánticos, así que forzaron la puerta. Allí había unas treinta personas reunidas, todos vestidos con capas negras y colgantes con un extraño símbolo: un cráneo dentro de un aro, que Demetrius reconoció como el símbolo del Círculo Externo, una Hermandad que pretende el advenimiento de los demonios del Palio y del círculo infernal. Parecían estar en medio de una ceremonia; más o menos la mitad parecían en trance, entonando cánticos, entre cuyas palabras se reconocía una: "Khamorbôlg". Vairon se encontraba en lo alto de una balconada, dirigiendo la ceremonia. En el centro de la sala, una distorsión indicaba que estaba a punto de abrirse un portal. Varios de los congregados desenfundaron armas y se enzarzaron con los personajes. El portal se abrió y comenzaron a salir demonios-toro y un demonio del Palio.

Tras una enconada lucha, Demetrius consiguió dirigir un sortilegio de "Canción de Coma" a Vairon. El líder de la ceremonia cayó inconsciente, con lo que el flujo de poder se detuvo, el portal se cerró y los demonios parecieron confundidos, empezando a masacrar todo lo que tenían alrededor. A los personajes no les quedó más remedio que huir: un demonio del palio era más de lo que podían manejar en estos momentos. Tras tranquilizarse y recuperarse en la biblioteca, volvieron al lugar de la ceremonia. No quedaba nadie, ni tampoco los demonios. El único en la estancia era Vairon, inconsciente en la balconada.

lunes, 23 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 6


Ante la mirada de sorpresa de Ayreon, Jasafet lo observó valorativamente.

—Después del juicio y del proceso, no me iréis a decir que os sorprendéis, ¿verdad? —comentó el Hermano Inquisidor.

A Ayreon todavía se le abrieron más los ojos, y sólo pudo preguntar, con un hilillo de voz, si fue absuelto de ese juicio.

—No sigáis por ese camino, Ayreon. No me toméis el pelo. Yo mismo ejercí de jurado en vuestro juicio por combate con lord Verogen cuando fuisteis hallado culpable y os enfrentasteis a él para evitar la pena de muerte. Todavía no entiendo cómo pudisteis vencerle, pero los designios de nuestro señor Emmán son misteriosos. ¿Por qué os obstináis en hacerme creer que no lo recordáis?

En este punto, Jasafet acabó la conversación, creyendo que Ayreon estaba intentando esquivar el tema fingiendo no recordar.
Cuando Ayreon estuvo de vuelta en palacio, charló brevemente con Demetrius para solicitar al bardo cualquier información que pudiera averiguar sobre su juicio. Este intentaría averiguar algo por diversas fuentes, sin éxito. Rumores sobre el juicio de los Paladines habían surgido por doquier, pero habían sido silenciados u olvidados durante los años.

Por su parte, Ezhabel, que se encontraba en su habitual exploración de Haster, se encontró de lleno con una violenta escena en la que al menos una docena de vestalenses se encontraban apalizando a lo que parecía ser un paladín de Emmán tumbado en el suelo. Por la falta de reacción, diría que el paladín llevaba muerto un rato. Increpó a los agresores, que se volvieron hacia ella con mirada torva. Ezhabel sacó su arma, y probó ser un craso error: seis cuchillos volaron instantáneamente hacia ella, y uno le acertó en la cabeza, dejándola inconsciente. [Ezhabel perdió un punto de destino; de otra manera habría caído muerta al instante].

Mientras tanto, Leyon se esforzaba por encontrar una solución a los problemas de suministro de la ciudad, sin éxito hasta entonces. Intentó averiguar si los gitanos podían darle alguna información útil, y se entrevistó con Azalea, que le contó las vicisitudes de su viaje, y que no habían visto ningún dragón ni ejército, a excepción de un asedio que pudieron percibir desde la lejanía en la ciudad de Evax, en el Imperio Daarita.

Al despertar Ezhabel con un fuerte dolor de cabeza, se encontró con Nirintalath sentada sobre una caja, sonriendo a la semielfa de forma cruel. La semielfa se acercó al cadáver del paladín, todavía en la calle, viendo cómo habían desgarrado sus ropas y le habían quemado el rostro. Además, le faltaba el dedo meñique izquierdo. Se apresuró a volver a palacio a informar.
Una vez allí, Ayreon intentó curar los daños de Ezhabel. Pero algo imprevisto pasó: en lo profundo de su corazón, Ayreon rechazó la idea de sanar a alguien que no seguía su mismo credo, que no veneraba a Emmán como éste merecía. Cuando se dio cuenta de sus pensamientos, los desechó inmediatamente, pero la preocupación se reflejó en su rostro. De todos modos, no consiguió realizar la curación.
Mientras se encontraba recibiendo los cuidados de Ayreon, Ezhabel mencionó el meñique ausente del cuerpo del muerto, y aquél cayó inmediatamente en la cuenta de que así es como marcaban los asesinos de Creá a las víctimas indignas.

Demetrius y Eleria sostuvieron una conversación sobre el "traidor emmanita". La condesa tampoco sabía demasiado, aparte de que el traidor fue exiliado y al parecer, mató a Elos Menelyutar, el Gran Maestre de la orden. Algo interesante que obtuvo Demetrius de la conversación con la condesa fue que uno de sus espías en Haster era ni más ni menos que Banallêth, la hermana de Ayreon.

Esa noche, Ezhabel sufrió especialmente a manos de Nirintalath, que la hizo sufrir inenarrablemente. El semblante de la semielfa ha dejado entrever profundas huellas de sufrimiento desde entonces. Por su parte, Ayreon tuvo un sueño muy especial: soñó con su presunto combate con Verogen, y con cómo le perdonó la vida a ese bastardo en el último momento. Finalmente, en su sueño apareció una forma en sombras que le dijo algo como: "muy mal hecho, lord paladín. Deberías haberlo matado".

La mañana siguiente, Demetrius partió temprano para intentar encontrar "Nicodemos" en la ciudad, disfrazado de juglar (sin éxito). Leyon se reunió con Banallêth, pidiéndole que investigara el asunto del traidor emmanita.

Ayreon, extrañado de no haber visto a Ezhabel a la semielfa por la mañana, se dirigió a sus aposentos. Allí, Nirintalath se encontraba sentada a los pies de la cama,
sorprendida y, soprendentemente, ¿preocupada? El paladín trató de hacer comprender a Nirintalath que la situación no podía seguir así, que iba a matar a Ezhabel, pero la antigua Espada del Dolor no se avino a razones. Intentó curar a la semielfa, pero lo único que logró fue aliviarle un poco el dolor.

A media mañana, Leyon se encontró con el bullicioso lord Beltan en el patio de armas, donde entrenó con él durante un par de horas. Mientras, intentó sonsacarle algo de la situación en su país, el Imperio Daarita. Al mostrarse tan amistoso con él, Beltan no dudó en tomar a Leyon como amigo. "Mi Imperio podría echarnos una mano con los suministros, Leyon"-dijo el noble-"organizaré un viaje hacia allí para dentro de tres días, ¡no os preocupéis!". Leyon intentó discutirlo, pero Beltan es testarudo hasta el extremo.
En un momento dado, apareció Mauvros buscando a Leyon. Ambos entraron en palacio, mientras Beltan se dirigía a preparar el viaje. El adastrita tenía una proposición interesante: asentar gente en las praderas de Adastra para cultivar y pastorear, y establecer una ruta de suministros a través de la región de Irgem, que se cree que está maldita. No creía que fuera una buena idea enviar a adastritas, muy crédulos con el tema de la maldición de Irgem, pero se podría enviar a los ercestres y esthalios, más escépticos en esas materias.

Al poco rato, un sirviente informó a los PJs de que Namtor había caído profundamente enfermo.
Por la tarde, Eleria informó a Leyon y Ayreon de que los halcones mensajeros que enviaba el espía salían de una pequeña pérgola que hay en un remoto rincón de los jardines.
Al atardecer, Ezhabel se sentía mejor, aunque todavía en cama. De repente, un breve movimiento y un tenue aliento en su nuca, que le susurró: "decidle a Ayreon que se reúna conmigo al anochecer en la posada de la Amapola, en la encrucijada de la puerta este". Mientras, Ayreon se encontró con lord Tarkos en la biblioteca. El paladín, al ver al noble, tuvo la idea de proponerle intentar conseguir armas de fuego ercestres. Tarkos, de repente perdiendo su tartamudez y con mirada avispada le dijo que probablemente sería posible conseguirlas, contactando con ciertas personas. Tras dejar al noble en la biblioteca, Ayreon se cruzó con Mauvros, que al parecer ya sabía que Tarkos estaba allí. Después de charlar unos momentos sobre cetrería, en la que el adastrita -como buen adastrita- demostró ser todo un experto, partió a ver cómo se encontraba Ezhabel. Una vez en sus habitaciones, intentó recuperarla con ayuda de Emmán. Pero inconscientemente, cada vez odiaba más la idea de curarla, algo estaba mal. No quería odiarla así. Finalmente, la tensión mental hizo que el paladín cayera inconsciente intentando sanarla.

Otra sorpresa esperaba a Leyon: lady Dalryn volvió por la tarde, diciéndole que había concertado una entrevista con Ylma en la taberna "el Río Azul" para dos días después, justo el día en que Beltan espera que Leyon le acompañe en su viaje. Tras el anuncio, Leyon y Dalrin tuvieron un apacible paseo por los jardines de palacio, y Leyon pudo darse cuenta del interés que despertaba en la joven noble.

Al anochecer, Ayreon acudió a la reunión en la posada de la Amapola. Tras esperar una hora y hacer amago de irse, el posadero le llamó la atención y le mostró unas escaleras en la trastienda. Bajó a la oscuridad, viendo perfectamente a través de los ojos forjados por Avaimas, y en el sótano le esperaban al menos cuatro asesinos de Creá, vestidos con sus ropas nocturnas y sus velos, tatuados profusamente. Ayreon fue interrogado respecto a la actitud que tomaría respecto a los paladines de Emmán, ya que en pocos días iban a acabar con todos ellos. Mostraban tal deferencia hacia Ayreon porque al parecer, un amigo común les había hablado bien de él y querían comprobar si él tenía que ser sacrificado también. ¿Sería Ordreith el que había intercedido por él? Ayreon esbozó una sonrisa al recordar a su antiguo amigo.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 5


Tras la tensión inicial tras la partida de lady Ylma, el resto de la cena transcurrió de forma más relajada.

Al terminar, Demetrius quedó a solas con Vairon, interesándose por las pesadillas que el noble había dicho que sufría cada noche, y su enfermizo aspecto. El bardo ofreció su ayuda a Vairon, por lo cual el noble le dio las gracias y le tomó la palabra.

Ayreon abordó a Noras Borander, el líder de los Pastores de Emmán en Haster, preguntándole -quizá no con el suficiente tacto- sobre si eran ciertos los rumores que circulaban por la ciudad de que los paladines torturaban y ejecutaban de forma indiscriminada a los que ellos llamaban herejes. También hizo constar el odio que gran parte del pueblo sentía hacia los paladines emmanitas, y se interesó por las razones que lo hubieran podido originar. Ante tales preguntas, Noras fue torciendo cada vez más el gesto, hasta que de forma cortante, el Pastor le respondió:

—¿No habéis pensado, mi amigo paladín renegado, que es posible que el pueblo nos odie debido a vuestra traición?

Ayreon, totalmente sorprendido, no pudo sino quedarse callado ante estas palabras. ¿Era posible que la runa de la Creación hubiera cambiado la historia de los paladines hasta tal punto?
Sin dilación, Noras se dio la vuelta y se marchó.

Mientras tenían lugar estas conversaciones, Mauvros se acercó a Leyon, con una sonrisa conciliadora en los labios. "Bueno, pues finalmente parece que no ha ido tan mal, ¿verdad?" El presunto heredero del Imperio y el noble adastrita mantuvieron una agradable conversación.

Una vez en sus aposentos, Ayreon elevó sus plegarias en busca de un tipo de respuestas que no podría conseguir en el mundo terrenal. Por primera vez en meses conseguía percibir claramente la esfera celestial. Pero algo iba mal. Algo parecía terriblemente equivocado en los cielos. Tenía que ser más agresivo. Tenía que perseguir la herejía. Emmán aprobaría la tortura y la crueldad si así extendía su palabra. Noras estaba en lo cierto, había renegado de sus creencias. Los herejes no merecían otra cosa que la muerte... ¡la muerte! y él se encargaría de...de... "¡Ayreon!¡¡AYREON!!" -la voz de Ezhabel gritando su nombre mientras lo zarandeaba para despertarlo del trance cortó la extraña influencia. La semielfa lucía un semblante de preocupación mientras que Nirintalath, a su lado, le sonreía. Hacía rato que había amanecido.

La noche había transcurrido tranquila, con Ezhabel vigilante.

El día siguiente, Demetrius procedió a convocar escalonadamente a los diferentes nobles. Unos acudieron, y otros, como lady Ylma, ignoraron la llamada.

En una breve reunión con Namtor, éste les explicó todo lo que sabía sobre la situación de los países del entorno. Por lo que parecía, la mayoría de los países estaban controlados por la Sombra, pero existían grandes regiones todavía libres, controladas por los Paladines de Emmán y otros diversos grupos. ¿Habían hecho un trato con el invasor? ¿Estaban resistiendo?

Ezhabel aprovechó para dormir por la mañana, y tuvo su mala experiencia habitual con Nirintalath en sus sueños.

Después del desayuno, Leyon se dirigó a los aposentos de lady Ylma, para intentar hablar con ella y arreglar la situación, pero la noble sermia se había marchado y no se encontraba allí. Al parecer, se había marchado de madrugada con algunos criados. Cuando volvía hacia la sala del trono, el Senescal Dorton le abordó urgentemente, y le informó de que otro tumulto se había originado en el barrio este. Por otra parte, cuatro Paladines de Emmán se encontraban en la Sala del Trono esperando ver a "aquel que esté al cargo". Ignorando a los paladines, Leyon salió hacia el barrio este rápidamente, acompañado de Demetrius y una escolta de cincuenta hombres. Mientas los dos salían de palacio, Dorton les informó que al parecer, el tumulto era debido a una caravana de gitanos que había llegado a la ciudad.

Una vez que llegaron allí, pudieron ver cómo una multitud se había formado y había impedido el acceso de los chillones carruajes de los gitanos al recinto interior de la ciudad. Un par de ellos estaban sangrando de sendas heridas en la cabeza. Se dirigieron al primero de los carromatos. Lo que Demetrius había esperado ver en lo más profundo de su corazón, pero sin reconocerlo en su cabeza, estaba allí. Azalea. Tan bella como siempre con sus ojos verdes almendrados y su pelo negro azabache cayéndole en bucles por la espalda. Junto a ella estaba su padre, sobre el pescante. Al punto, Azalea reconoció al bardo y una sonrisa de oreja a oreja cruzó su cara. ¡Qué hermosa es! -pensó Demetrius. La muchacha se lanzó a sus brazos y lo apretó con fuerza.

Hechas las presentaciones pertinentes, Leyon consiguió acallar a la multitud, y escoltaron la caravana hacia el interior del recinto de palacio. Ya podían oír el sonido de las herrerías y del campo de entrenamiento cuando alguien exclamó a su espalda: "¡¡Traicióoooon!!" Seis paladines de Emmán cabalgaban hacia ellos, con semblante adusto. A pesar de que parecía que el conflicto armado era inevitable, la diplomacia de Leyon y Demetrius dio sus frutos y los paladines se calmaron lo suficiente como para explicar lo que había sucedido:

—Lord Noras Borander ha sufrido un intento de asesinato esta madrugada. Se encuentra gravemente herido y ¡seguro que han sido esa escoria, esos gitanos!

Con la promesa de que se encargarían del tema y los visitarían en breve, los paladines dejaron marchar a la caravana a regañadientes.

Demetrius y Azalea conversaron una vez que se quedaron a solas. La gitana le explicó que al poco de escapar con Roland, éste le pegaba y la maltrataba. Quería dejarlo desde hacía tiempo. Después, recordaba una especie de explosión verdemar, y al instante siguiente se encontraba en el campamento de su padre, en una cama, recuperándose de sus heridas. Desde entonces había sentido una sombra en el corazón que le impedía reír, hasta que vio a Demetrius. Acto seguido hicieron el amor.

Informado de todo el asunto, Ayreon partió a interesarse por el estado de Noras. Le recibió un Pastor vestido de púrpura intenso, el Hermano Jasafet. Éste informó al paladín de que "la herida tenía restos de un veneno extraño, desconocido incluso para él".

Una vez agotada la conversación sobre el estado del Capitán, Jasafet preguntó de improviso a Ayreon:

—¿Por qué os apartasteis del camino, Ayreon?¿Cuál fue la razón por la que matasteis a Elos Menelyutar?

A Ayreon el corazón le dio un vuelco y se quedó absolutamente helado.

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 4


De mutuo acuerdo, se arregló una cena-reunión con los nobles hospedados en palacio para la noche del día siguiente. Namtor y Leyon informaron lo mejor posible al resto de los PJs de lo que iban a encontrarse en ella. Como Leyon había estado una larga temporada como coorganizador de Haster, conocía más o menos a los diferentes nobles, pero había sido durante su ausencia cuando éstos se habían mostrado más activos, con lo que Namtor pudo aportar más datos. Los nobles más importantes que se encontraban en Haster (entre muchos otros más humildes) eran:
  • Lady Ylma Douallen, duquesa sermia que dejó entrever sus contactos con los bardos de aquel país. Entrada en años, tenía un aura de gran autoridad, pelo cano, rostro enjuto y ojos verdes que parecían desnudar a sus interlocutores.
  • Lord Dorlen Karakas: marqués kairk amanerado y empolvado (muy al contrario del estilo tradicional del imperio del Káikar). Como más tarde descubrirían los personajes, Maestro de Esgrima por derecho propio. Su femineidad oculta cuán peligroso es en realidad. Junto con lady Maraith formaban aparentemente la camarilla de lady Ylma.
  • Lady Maraith Akuras: otra kairk, en apariencia superior a Dorlen. Orgullosa en grado sumo, morena y elegante, gustaba de llevar cuellos altos, pero su generoso busto se hacía notar.
  • Lady Dalryn Dêugar: jovencita páctira (del Pacto de los Seis), inexperta y muy bella de cabello rubio que caía en bucles y ojos grises. Heredera de grandes posesiones y ejércitos, poseía el mayor contingente de soldados desplazados a Haster. Fue la última en llegar tras la masacre del Pacto, e inmediatamente fue "adoptada" por lady Ylma. Estaba obsesionada con recuperar sus tierras.
  • Lord Erdin Maervan: conde ercestre, alto, elegante, con largo bigote. Parecía en simpatizar con Maraith, aunque seguía a todas partes a lady Eleria. Era cojo, aunque parecía ignorar el hecho con todas sus fuerzas.
  • Lord Agiran Adallen: duque sermio, calvo, con barba pelirroja y complexión robusta, gusta de las buenas canciones e historias. Viste siempre de negro y se nota su experiencia como comandante de tropas.
  • Lord Vairon Dullion: conde sermio apuesto aunque muy corto de estatura. Parecía tener rencillas con lady Ylma provenientes del pasado. Llamaba la atención su aspecto ceniciento y enfermizo, que como más tarde los Perosnajes averiguarían, era debido a la falta de sueño y a las insufribles pesadillas que padecía durante la noche.
  • Lord Beltan Vaxistas: conde Daarita bajito, corpulento, rubicundo y barbudo, que más parecía un enano. Su voz estruendosa le ayudaba a creer que siempre tenía la razón. Alegre, optimista y muy escandaloso.
  • Lord Mauvros: adastrita alto, apolíneo, de larga melena negra como el azabache, nariz aguileña y ojos azules pálidos. Parecía despierto y uno de los nobles más inteligentes y moderados del grupo. En principio parecía bailarle el agua a Ylma, pero los personajes pronto se dieron cuenta de que era más independiente de lo que creían.
  • Lord Tarkos: conde ercestre, extraño y reclusivo. Calvo y enjuto, tenía un aspecto de pájaro inquieto y pasaba bastante tiempo en la biblioteca, aparentemente más preocupado en cultivar su mente que sus simpatías políticas.
  • Lady Eleria Amernos: bella y seductora duquesa ercestre, ya madura, procedente del pasado de Ayreon. Muy poderosa en tiempos, pero sin ejército apreciable en Haster, todavía poseía una red de espías considerable.

Demetrius, Ayreon, Leyon y Namtor dedicaron el resto del día y la noche a repasar las cuentas que había llevado Namtor en su ausencia. El Salón del Trono fue habilitado como despacho y sala de reuniones y allí se pusieron a contabilizar. Durante las primeras horas de su particular recuento, apareció en el salón lady Ylma, al parecer la noble más poderosa de todos los congregados en Haster. Ante su actitud orgullosa y sus maneras abruptas, fue despedida fulminantemente por Ayreon.

Al anochecer, Ezhabel llegó de sus rutinarias excursiones por la ciudad en busca de información. Mientras subía las escaleras, le pareció ver una sombra que furtivamente se movía por el piso superior. Tras una exhaustiva investigación, no pudo descubrir nada, así que se fue a dormir mientras sus compañeros seguían con la revisión de los papeles; sus sueños volvieron a estar inundados del dolor verdoso.

Por la mañana, alguien llamó a su puerta. Era lord Dorlen. Al parecer, la belleza de la semielfa no le había pasado desapercibida al afeminado noble, que le dejó caer varias insinuaciones. Se mostró simpático (falsamente simpático en opinión de Ezhabel) y ofreció a la semielfa su amistad a cambio de información. Si no se sintió rechazado por las contestaciones de Ezhabel, sí lo hizo cuando vio a Nirintalath de repente sentada en una silla. De repente, pareció sentirse incómodo y apenas le dio tiempo para buscar una excusa y marcharse de la habitación.

El resto del grupo aprovechó gran parte del día siguiente para dormir y recuperar el sueño de la noche anterior. Habían descubierto brutales irregularidades en el uso de los fondos de Haster. Al despertar, Demetrius recibió la visita de Ylma, que quería saber por qué habían estado toda la noche en vela y averiguar el paradero del emperador, pero el bardo no le dejó entrever ninguna información.

Namtor y Leyon, por su parte, tuvieron un encuentro con lord Agiran y lord Vairon, que aprovecharon para tirar de hilos políticos y meter cizaña. Leyon se dirigió a los aposentos de Ylma para ver si la noble sabía algo de los problemas con las cuentas de palacio, y Vairon, ni corto ni perezoso, aceptó una inoportuna invitación para acompañarlo. Lady Ylma no recibiría a lord Vairon bajo ningún concepto; al parecer, rencillas del pasado separaban a esos dos. Lady Ylma intentó sonsacar a Leyon a su vez, sin éxito aparente. Pero le citó más tarde en un lugar seguro en los jardines de palacio.

Mientras tanto, un criado de palacio se encontró con Demetrius en los pasillos. Parecía enormemente preocupado y apresurado, y nada más ver al bardo le dijo que Noras Borander estaba esperando para hablar "con quien estuviera al cargo" en el Salón del Trono. Noras Borander no era sino el líder de los extraños paladines de Emmán que Ayreon había intentado visitar hacía un par de días. Como ya se había enterado el grupo, el estandarte de la Cruz con el peregrino arrodillado pertenecía a una rama extremista de los paladines llamados "los Pastores de Emmán". La conversación fue casi un monólogo del Pastor, que prácticamente se autoinvitó a la cena con los nobles, dejando ver su irritación por no haber sido invitado previamente.

Ezhabel, en su rutinario periplo por la ciudad, también tuvo una peor experiencia con los Pastores de Emmán. Lo primero que le llamó la atención fue la cantidad de gente que había dirigiéndose a una plaza en concreto. Cuando llegó a ella, se encontró con que cinco de los llamados Pastores de Emmán habían hecho una pira en el centro donde habían atado a dos hombres, una mujer y un niño, "por herejía y pecado". Uno de los cinco Pastores lucía una túnica púrpura, que lo diferenciaba del resto. Asistió impotente al cruel espectáculo. Una gran parte de la multitud congregada jaleaba a los paladines, mientras el resto lucía caras de frustración o de ira. No aguardó a ver cómo se consumían los acusados. Se marchó con lágrimas en los ojos.

Bien entrada la tarde, Leyon salió a los jardines y se reunió con lady Ylma. Junto a ella se encontraban otros dos nobles, lord Mauvros, aparentemente adastrita, y lady Dalryn. Esta última resultó atractiva de inmediato a Leyon, por su belleza y su candor. En la reunión, Leyon explicó lo que había pasado con Beregond, ante la mirada valorativa de los tres nobles. Ylma al punto sugirió que habría que buscar un sucesor, y si Leyon pensaba reclamar el trono. Mauvros, por su parte, dijo: "pero vos ya fuisteis rechazado una vez, ¿no es cierto?", ante la mirada extrañada de Ylma. Y la aún más extrañada de Leyon; si la realidad se había recreado, como parecía haber sido, ¿cómo recordaba este hombre la anterior ceremonia del Hatyrktas, si aprentemente nadie recordaba que él había tomado parte? Habría que encargarse de averiguarlo.

Al reunirse el grupo, pusieron toda la informacion en común. Además, lady Eleria reveló que creía que había un espía en palacio, que estaba informando a alguien, no sabía a quien. La ercestre había capturado a un halcón con un mensaje cifrado, presuntamente informando sobre la situación. No había tenido oportunidad de descifrarlo. Un problema adicional del que ocuparse.

Y por la noche llegó el momento de la cena. Durante el aperitivo se formaron diferentes corrillos y conversaciones, y Ayreon se acercó a Mauvros, mencionándole el incidente con Leyon, la conversación donde había mencionado la anterior ceremonia de coronación. Craso error por parte del paladín, que tenía la mala costumbre de ser demasiado directo en sus apreciaciones. Mauvros, aparentemente muy tranquilo, se dirigió al punto a hablar con Ylma. A continuación ésta expresó su decepción con Leyon por haber revelado detalles secretos de su conversación, aun después de haberle pedido que no lo hiciera. Al parecer el presunto futuro emperador se había ganado una enemiga. Por su parte, Noras Borander provocaba tensiones en todas las conversaciones en las que participaba. Tras la reprimenda de Ylma a Leyon, la noble intervino en varias conversaciones, y la tensión se hizo más evidente.

Durante los postres, Demetrius procedió a narrar toda la historia, de cómo Beregond había caído en desgracia y se había utilizado la runa de la Creación. Ante la incredulidad de gran parte de los asistentes, finalmente la historia fue aceptada y se pasó a debatir sobre lo adecuado de la pretensión de Leyon al cargo. Dalryn, Agiran y Eleria apoyaron desde el principio a Leyon. A Mauvros le costó pronunciarse pero finalmente se distanció de Ylma y también ofreció su apoyo a Leyon, aunque con ciertas reservas que habría que limar en futuras reuniones. Vairon miraba a Mauvros, extrañado, y no llegó a pronunciarse. Dorlen, Maraith y Erdin se opusieron a la reclamación de Leyon, aunque el último planteaba dudas. Ylma, por su parte, se marchó rápidamente de la cena, retirando su apoyo y dejando una frase preocupante flotando en el aire:

—Quizá sería una buena idea contactar con los Mediadores para que auspiciaran todo este proceso; buenas noches a todos.

El silencio se hizo en la sala.