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jueves, 5 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 31


En una nueva conversación con el Alen'tai Irväles en la que los PJs intentaron convencerle de que les permitiera el acceso a la prisión, éste, lejos de aceptar, les prohibió categóricamente la entrada a la misma. Nadie que no fuera un Alen'tai o uno de sus sirvientes podría jamás poner un pie dentro de Erenorzän.

Después de otra de sus largas conversaciones de planificación de futuros movimientos, Ayreon, Demetrius, y Kadrajan partieron hacia la cima del monte Erentárna, hacia la ciudadela de Nímbalos, montados a lomos de los pocos grifos que habían traído desde la isla Evned. En el trayecto, sobrevolaron la sombría prisión, cuyos muros y almenas se encontraban plagados de cuervos, y Ayreon pudo percibir bastante poder latente en los negros pájaros. No se trataba de aves normales, ni mucho menos.

Mientras, Ezhabel y el mediador Leiran, se encargaron de explorar a fondo los alrededores del edificio de la cárcel. En el edificio, como ya habían comprobado en breves observaciones anteriores, no se veían puertas por ninguna parte. Además, los cuervos parecían... amenazadores. Durante tres horas y búsqueda muy intensa no encontraron nada de utilidad, ni puertas, ni ventanas ni guardias. Pero en un rápido vistazo en los alrededores, la semielfa pudo encontrar un ligero entrante en la montaña que parecía una profunda cueva que había sido cegada.

Por fin, el otro grupo llegó a lomos de los grifos a la vista de Nímbalos. De repente, varias bolas de fuego fueron disparadas desde la fortaleza -a un alcance que requería un poder poco común-, y las explosiones casi acaban con ellos. Tras huir y retirarse a un lugar seguro, Ayreon volvió solo. En cierto momento, cuando ya empezaba a divisar las almenas de la ciudadela, una barrera invisible le impidió el paso, con un violento golpe. Más bolas de fuego fueron lanzadas contra el paladín, que oyó una voz en su mente: "vuelve por donde has venido, engrendro de la Sombra". Ayreon no tuvo más remedio que retroceder y unirse con el resto del grupo. Decidieron avanzar juntos por el camino normal. Al divisar la ciudadela tras remontar una estría de la montaña, Demetrius oyó una voz en su mente; finalmente, todo el malentendido de las bolas de fuego y las amenazas había sido provocado por la posesión de las Dagas Negras de Trelteran por parte de los PJs, que los elfos de la ciudadela percibieron al instante como una fuerte amenaza.

Finalmente, pudieron entrar en Nímbalos y entrevistarse con el Rey Rûmtor y la Tríada de Elfos Consejeros. Durante varias horas, Demetrius les narró la historia de los personajes, y su intención de encontrar las Forjas Turmalandë. El rey y la Tríada les recomendaron que no entraran a los Túneles, porque se extendían varios kilómetros bajo tierra y tenían fama de peligrosos. Las últimas expediciones no habían tenido éxito en lo que quiera que buscaran, y algunas incluso se habían perdido y no habían vuelto. Respecto al tema de los sirvientes semiesclavizados de los Alen'tai, el rey, consternado, reconoció que no estaba en su mano hacer nada que pudiera ayudarles.

Con el amargo sabor de la infructuosidad, retornaron para reunirse con Ezhabel y los mediadores.

Cuando amaneció al día siguiente, el Alen'tai Irväles ya no se encontraba en el pueblo y Ezhabel volvió a investigar la prisión mientras el resto se dirigía a la cueva cegada que había descubierto el día anterior. Sin embargo, esta vez los cuervos se alzaron en el aire amenazadores e incluso llegaron a atacarla, con lo que se retiró a la cueva junto al resto del grupo.

Durante el resto del día y los dos días siguientes, Demetrius se afanó en convertir en polvo la roca que cegaba la cueva, y con cada hechizo más y más cuervos acudían desde la cárcel a presenciar la escena. Varias veces intentaron espantar a los pájaros, sin éxito. Finalmente, al tercer día el último terrón de roca cayó y pudieron ver la cueva al otro lado. Durante un par de días se internaron en la amplia caverna, apenas sin bifurcaciones, hasta que llegaron a un muro erigido artificialmente que taponaba el camino. Kadrajan utilizó a Tôrkom para intentar abrir el muro, pero un gran temblor de tierra siguió al impacto, desprendiéndose varios trozos de techo, con lo que Demetrius optó por abrir hueco de la misma manera que lo había abierto para entrara la cueva. Cuando agujereó el muro, un hedor brutal invadió la estancia, y Ezhabel, ni corta ni perezosa, lanzó su antorcha al agujero mientras empuñaba su espada para ver lo que había en el interior. La nueva estancia resultó ser una enorme fosa séptica, y al entrar el fuego de la antorcha en contacto con los gases del interior, bueno... BRRAAAAAAAAAAAAAAAAAMMMMMMM!!!!! Una increíble explosión incendaria tuvo lugar. La oscuridad envolvió a todo el grupo, que salvó la vida de puro milagro, gracias a las artes de Ayreon y el poder de Emmán que corre por su cuerpo.

Tras unas pocas horas para recuperarse, no les quedó más remedio que salir de la amplia sala donde todo había tenido lugar. Se encontraron con que la gruta se había derrumbado a causa de los temblores y las explosiones. A duras penas, pasando por estrechos recovecos y apartando rocas, intentaron salir de la cueva, pero finalmente un inoportuno desprendimiento acabó con Demetrius separado del resto, que habían quedado atrás. Demetrius intentó salir, pero se encontró con que la salida estaba bloqueada por un trozo de agua estancada del que era prácticamente imposible saber la longitud. Los demás volvieron a la sala del muro derribado para encontrar alguna opción de salida, sin éxito. La fosa séptica estaba llena de excrementos que parecían salir por tuberías que se abrían a varios metros del suelo. El hedor era insoportable. Ayreon entró fugazmente en el mundo onírico como último recurso, y allí encontró a Nirintalath y a un cuervo blanco, en medio de un calor insoportable, mucho mayor que en el mundo real. El grupo llegó más tarde a la conclusión de que el cuervo blanco no era si no un emisario de Urion.

Esa noche, descansaron como pudieron, y Ayreon volvió a entrar al mundo de los sueños. Esta vez el cuervo blanco, que también estaba presente, le habló, preguntándole qué hacían en ese lugar. A esta cuestión, Nirintalath le contestó: "nací aquí". Tras esto, el cuervo atacó a Ayreon de forma muy dolorosa mientras la niña que era Nirintalath reía sin cesar.

A la mañana siguiente, Ayreon, Ezhabel y Kadrajan volvían al derrumbamiento del exterior, mientras Demetrius, que había intentado atravesarlo para reunirse con ellos, era atrapado entre dos rocas y aullaba de dolor. Finalmente, a base de apartar rocas, encontraron un hueco, rescataron a Demetrius y llegaron a un lugar nuevo: una especie de cornisa que se abría a una sima por donde discurría un río de agua (la mayoría en forma de vapor) y lava. A través de la cornisa, pudieron llegar a la entrada de la cueva, desde donde oyeron unas voces y pudieron entrever unas figuras. Un alen'tai estaba impartiendo órdenes a una docena de montaraces elfos, entre miles de cuervos.

El Alen'tai no tardó en descubrirlos (olían a quemado y respiraban de forma muy pesada), y ante la pregunta "¿A dónde creéis que vais?", Demetrius decidió tañer a Mandalazâr, prácticamente la única posesión que le había quedado tras pasar por el río de lava. Tras el primer toque del Arpa, los elfos quedaron absolutamente ausentes, mirando a Demetrius embobados. El alen'tai pudo articular sólo una frase: "os dejaremos marchar a todos, pero por favor, os lo ruego, volved a tocar esa melodía". Demetrius, dejándose llevar por la belleza de las notas, tocó no una, sino tres veces. Los elfos cayeron de rodillas, con lágrimas en los ojos, y más tarde se dejarían morir. Acto seguido, los cuervos atacaron al grupo. Ante la imposibilidad de enfrentarse a tantos pájaros, no les quedó más remedio que refugiarse de nuevo en la cueva.

Por la noche, Ezhabel salió para cazar y pudo ver a los elfos tumbados en silencio. Aprovechó para hacerse con algo de agua, unas capas y un arco.

Al día siguiente, el grupo intentó seguir con mucho sufrimiento el río de lava hacia el interior de la montaña, pero finalmente llegaron a un callejón sin salida, y no tuvieron más remedio que renunciar a sus intentos en la cueva. Al salir al exterior, pudieron ver que los elfos seguían allí tumbados, y que algunos de ellos incluso habían muerto ya.

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