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sábado, 7 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia Temporada 3 Capítulo 34


Como luego se enteraría Ayreon, diez días habían pasado desde que había quedado inconsciente en la reactivación de las forjas hasta que había despertado con Ezhabel y Nirintalath a su lado.

Después de las lógicas muestras de alegría por parte de sus compañeros, de los Mediadores y de lord Demmaiah, que también se había unido a ellos al cabo de los días, Mattren Helner le comentó que tenía "un aspecto inquietante". Fue entonces cuando el paladín se dio cuenta de que veía -incluso mejor que antes- gracias a que sus ojos habían sido sustituidos por dos esferas de vidrio, obra por supuesto de Avaimas.

En pocos momentos, el resto del grupo ponía al paladín al corriente de sus propias vivencias. Así, cuando Ezhabel había despertado, se encontró con que su sueño estaba siendo velado por una inexpresiva muchacha cuyos rasgos no podían ser sino los de Nirintalath. Poquísimas palabras habían salido de los labios de la niña desde que la semielfa despertara, sólo cosas como "liberadme de mi misión de una vez" o, una vez que se dio cuenta de que Ezhabel no podía liberarla -o sería correcto decir "no quería", porque una sola palabra suya la liberaría-: "matemos a Trelteran pronto, o me marcharé por mí misma, y no os gustará mi forma de hacerlo". La voz de Ezhabel sonaba visiblemente preocupada, transluciendo las emociones que tanto tiempo había tenido reprimidas debido a la Espada del Dolor.

Por su parte, durante esos días, Demetrius había hablado varias veces con Avaimas e incluso junto con Kadrajan lo había ayudado a poner en marcha las forjas, aprendiendo mucho en el proceso. Durante sus devaneos por las forjas, habían averiguado que en ellas existía una "sala dimensional", que utilizaban los alquimistas para viajar entre dimensiones en busca de materias nuevas, y la cual Trelteran había utilizado para traer a esta dimensión a Nirintalath desde su propio mundo. Sin embargo, para poder utilizar la sala de forma útil, Avaimas les dijo que les sería imprescindible un guía interdimensional. Los guías interdimensionales se adiestraban en la época de esplendor de Turmalandë, y eran personas (elfos) con un sentido muy especial de la realidad que les permitía viajar entre dimensiones sin perderse en los nexos o en el vacío.

Poco después, apareció Avaimas. Dando la sensación de estar intensamente atareado, les condujo a una sala de reuniones que había habilitado como pudo. Allí volvieron a explicar una vez más al Gran Alquimista la situación en el exterior y todas las vivencias que habían pasado. Avaimas escuchó el relato muy atentamente, aunque no era la primera vez que lo oía. Tras la conferencia con el anciano, llegaron a varias conclusiones: necesitarían un guía interdimensional para poder utilizar la sala dimensional y quizá encontrar a lord Natarin. También deberían hablar con los Alen'tai, porque como Avaimas les relató, los Alen'tai se crearon como un cuerpo de defensa para proteger las forjas de todos aquellos que quisieran apoderarse de ellas con malas artes, y debían de haber degenerado a lo largo de los siglos hasta convertirse en la especia de "policía" en la que se habían convertido. Habría que hacerlos volver de alguna manera al camino recto y su misión original. Por otra parte, también sería bueno que liberaran a los Carpinteros de Barcos que presuntamente estaban prisioneros en el campamento del ejército de la Sombra al pie del monte Erentárna. Los Carpinteros de Barcos serían los únicos capaces de interpretar los planos de los Barcos Voladores, fundamentales en el pasado en las guerras contra la Sombra y seguramente de gran utilidad en la gran guerra actual.

En consecuencia, tras varias horas de descanso, los PJs partieron a lomo de los grifos para entrevistarse de nuevo con la Tríada y el rey. Si había algún elfo en los alrededores que supiera algo de Avaimas y de la misión original de los Alen'tai, debía ser alguno de la Tríada.

Llegados a Nímbalos, fueron recibidos por la Guardia de Águilas, a lomos de sus águilas gigantes. Tan sólo un día después de solicitar una audiencia con el rey, en la sala del Trono se encontraron reunidos Su Majestad Orgullo de Aguilas lord Rûmtar Ariavar, los miembros de la Tríada Lertanor, Merenyutar y Amenthor, el capitán del ejército elfo en el Erentárna, lord Argunas, cinco de los nobles más influyentes de la Corona, dos de ellos mujeres, y el Alen'tai Férangar, que los PJs ya conocían de antes de entrar en la prisión.

La premura de la audiencia fue debida a que la Tríada y Férangar habían presentado una acusación formal contra el grupo, culpándoles de la muerte de varios elfos a la entrada de la caverna abierta por ellos. Yendo aún más allá, Férangar acusaba al grupo de Alta Traición, al suponer que intentaban ayudar a escapar al padre de Ezhabel. ESta era la primera noticia que la semielfa tenía de que su padre estaba encerrado en la Prisión de la montaña, y aunque había tenido ya ciertas sospechas, la sorpresa fue mayúscula. Por supuesto, la discusión explotó y se prolongó durante largo tiempo. Caída la noche y con los PJs agotados, éstos se retiraron a dormir, bajo vigilancia de la GUardia Real.

Por la mañana, durante el desayuno en el Comedor de palacio, Ayreon se enteró del rumor de que dos de los elfos de la Tríada habían renunciado a su cargo tras una acalorada discusión en la Sala del Trono. Más tarde se enterarían de esa información de primera mano por boca del rey Rûmtor, una vez convocados para proseguir con la acusación. El rey se mostraba agotado tras una noche sin dormir, y mostró su pesadumbre debido a la marcha de Lertanor y Amenthor. Estos habían abandonado ante el empeño del rey de defender a los PJs, oponiéndose a su criterio y al del Alen'tai Férangar. Por supuesto, Férangar tampoco había hecho acto de presencia en esta segunda reunión.

Después de que el grupo volviera a contar toda la historia de Avaimas, se decidió que Menelyutar les acompañaría en su retorno a las Forjas, ya que él conocía a Avaimas y se había mostrado conmovido y sorprendido cuando los personajes le habían hablado por primera vez de él. Los "ojos" de Ayreon eran un testimonio inequívoco de que Avaimas seguía vivo. El resto del día se empleó haciendo planes sobre la reconquista de Aredia, el papel de los Ilvos y la liberación del Erentárna.

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