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lunes, 30 de mayo de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 10


Durante el largo camino de vuelta, subiendo interminables escaleras, la mujer se agitó en su inconsciencia en los brazos de Ayreon. Al instante, todo pareció dar vueltas a su alrededor, y el complejo empezó a temblar, hasta que el grupo temió que las escaleras por las que subían se desplomaran al vacío. El paladín dejó a la mujer en el suelo hasta que se tranquilizó y todo volvió a la normalidad.

Mientras ascendían, Ayreon y Leyon tuvieron sendos sueños recurrentes. Leyon empezó a sentir un apremio irresistible para dirigirse hacia el norte en busca de lo que fuera que tuviera que buscar; por sus sueños sabía que, de lo contrario, las cosas se iban a torcer, y muchísimo. Los sueños de Ayreon comenzaban siempre con una Sombra que inundaba su corazón y todo su ser, pero una luz de su interior la ponía a raya: era su Fe, su creencia en un Emmán diferente. El paladín sintió que su deber como fiel del verdadero Emmán era enseñar Su Palabra e intentar enderezar el rumbo erróneo que habían tomado los Paladines y los Pastores. Una labor ingente, pero que intentaría llevar a cabo costase lo que costase, aún a costa de su vida. No podía estar equivocado en esto... ¿o sí? Quizá el nuevo orden de las cosas requería un nuevo Emmán, más firme... no, ni hablar, ¡no quería ni pensar en eso!

Finalmente, tras 13 días en los subterráneos, llegaron a la Biblioteca de palacio, donde varios guardas se encontraban esperándoles, expectantes. La extraña mujer del pelo irisado seguía inconsciente, al parecer en un coma ligero, como luego les diría el médico de la corte. El médico también mostró su extrañeza ante los tatuajes de la mujer, que no parecían tales, sino que aparentemente se encontraban por "debajo" de la piel. Seguían pareciendo moverse cuando no se los miraba directamente.

Ayreon llevó a la mujer a sus propios aposentos y se encomendó a sí mismo la misión de protegerla. Mientras llevaba a la mujer en brazos, el paladín pudo notar cómo los sirvientes le miraban, atemorizados, e incluso le pareció oír cómo murmuraban la palabra "brujo", refiriéndose a él. Mala cosa esa.

El rumor se extendió como la pólvora por palacio, y al poco rato, multitud de nobles aparecieron llamando a las puertas de las habitaciones de los PJs, que no tuvieron más remedio que concertar una reunión para el día siguiente. En esa reunión aprovecharían para enfocar el tema de los suministros y qué se debería hacer para devolver a Haster a la gloria del Imperio.

Azalea apareció enseguida en los aposentos de Demetrius. Su cara translucía un inmenso dolor. El campamento de los gitanos había sido incendiado durante la ausencia de los PJs, y varios de ellos se encontraban al borde de la muerte, entre ellos su padre, Stavros. Uno de sus hermanos, Varuos, ya había muerto. Demetrius acudió corriendo a las dependencias donde se encontraba el padre de la muchacha, en un coma profundo. Allí estaban también los hermanos de Stavros, y algunos de sus primos. Entre los gitanos, pacíficos por naturaleza, se veían rostros realmente dolidos y decididos. Esto iba a causar muchos problemas. Tras intentar consolar a los presentes lo mejor posible, Demetrius volvió a sus habitaciones, para informar al resto del grupo.

Ayreon recibió por la tarde la visita de Noras Borander, acompañado del Hermano Jasafet, el pastor de Emmán de la túnica púrpura. Jasafet propuso a Ayreon su retorno al sendero recto de la orden, que le concederían si pedía perdón y se humillaba públicamente ante el Gran Maestre. Ayreon no aceptó, fiel a sus convicciones. Convicciones que expresó en una larga conversación con Jasafet que, atónito, escuchaba lo que en su opinión no eran otra cosa que locuras y sandeces. Finalmente, el tono de la discusión subió y Jasafet, airado, la cortó súbitamente. No obstante, el hermano púrpura parecía sentir un extraño vínculo con Ayreon, y le reveló que los Pastores en Haster habían recibido instrucciones para, si el "hereje" no quería acudir a la Torre Emmolnir por las buenas, ellos se encargaran de hacerle acudir por las malas.

Noras Borander mostró gran interés por la mujer, pero tendría que esperar a la reunión para aclarar más cosas. Mientras el líder de los Paladines en Haster se encontraba en la habitación, apareció también Eleria. Finalmente, la noble ercestre no se había marchado como le había dado a entender a Ayreon hacía días; sus razones tendría.

Durante un día entero el grupo discutió sobre cuál sería el mejor curso de acción a seguir, pidiendo consejos a sus hombres de confianza.

El día siguiente, un acontecimiento inusual hizo que postergaran la fecha de la reunión un día más. Como la campana de la Torre Noroeste advertía, por las aguas del mar Krûsde se acercaban cincuenta naves Corsarias; debía de tratarse de lord Mylan, al que en teoría, Namtor había enviado en busca de civiles y soldados que se encontraran resistiendo a la Sombra en la Confederación. Antes de la Runa de la Creación, lord Mylan había sido convertido por Ayreon en un firme creyente emmanita, pero no se veía ahora ningún signo de esto en él. Desde luego, con el nuevo dogma del emmanismo no extrañaba que no hubiera querido tener nada que ver con él. Mylan mostró su inmensa alegría al volver a ver al grupo y se abrazó a todos ellos. El antiguo Capitán y señor de Galsanta traía unos dos mil quinientos soldados más otros tantos civiles hacinados en los barcos. Al instante se adoptaron medidas para acogerlos a todos en Haster. Mylan podría ser también un apoyo importante entre los nobles de Haster.

De vuelta a su habitación, Ayreon rezó a solas en busca de consejo. Cuando abrió los ojos, la extraña estaba sentada en la cama y mirándolo, con los ojos como platos. El paladín se llevó un susto de muerte. Se levantó e intentó hablar con la muchacha, cuyo ojo de colores cambiantes era tan intimidador como sus propios ojos de vidrio. Parecía aterrorizada. Lo intentó en ercestre, élfico, akharêl... la única chispa de entendimiento vino con el ancestral, pero no fue suficiente. Finalmente, se decidió a usar la Lengua Negra, con el vello erizado y un escalofrío en su espalda. Mala idea. La muchacha hizo una mueca a medio camino entre el odio y el terror, y movió los brazos de una forma extrañísima. Todo pareció torcerse, una sacudida que puso patas arriba la realidad. La sacudida recorrió el recinto entero del palacio y parte de la ciudad, lo que provocó vómitos y desmayos por doquier. La mujer volvió a caer inconsciente, mientras el caos se adueñaba de los alrededores. Poco a poco, el grupo y los sirvientes de palacio consiguieron que todo volviera a la normalidad y los ánimos se calmaran.

Y llegó el momento de la reunión. Banallêth se quedó cuidando de la desconocida mientras tenía lugar la reunión entre los personajes y los nobles, reunión a la que también acudiría Noras Borander tras haberse autoinvitado en una visita que previamente había hecho a los aposentos de Ayreon para ver a la mujer.

La reunión...por decirlo de algún modo, difícilmente pudo haber ido peor que como fue.

Tras explicar lo que sabían sobre la mujer, que no era mucho, y contentar a los nobles sobre ese tema, se abordó el problema de los suministros y la masificación a la que se estaba viendo sometida Haster. Los PJs decidieron seguir los consejos de Mauvros, y proponer la creación de nuevos núcleos de población en torno a Haster, además de enviar a varios miles de personas a las landas de Adastra a cultivar y aprovisionar de grano la ciudad -aunque hasta el momento sólo se habían presentado unos 500 voluntarios-. Varios de los nobles se mostraron atónitos. Leyon todavía no había sido coronado emperador, pero en su opinión, se comportaba como tal. Encabezados por Ylma, varios de ellos se opusieron a tomar una decisión sin haberla votado antes. Maraith reveló ciertas conversaciones que había tenido con los paladines de Emmán. Estos se comprometían a aprovisionar Haster y a pacificarla, por un precio que no había quedado demasiado claro todavía. El grupo se negó a someter el asunto a votación. No pactarían con los paladines de ninguna manera, aunque eso no lo iban a decir allí.

Ylma, Maraith, Erdin y Tarkos se pusieron claramente del lado de tratar con los paladines y en contra de la propuesta de los PJs. Beltan, aunque del lado de los PJs, sentía simpatía por los paladines, y no sabía por quién decantarse. Dorlen, por su parte, odiaba a los paladines y no se sentía cómodo con la propuesta de sus "nobles afines". Vairon se encontraba ausente. Agiran, Eleria, Mauvros, Mylan y Dalryn apoyaban al grupo, aunque la última había expresado previamente sus dudas ante la mejor opción a seguir. Evidentemente, Borander no tenía ni voz ni voto en este caso, aunque apoyaba la opción contraria con sus ofrecimientos.

Varias horas pasaron con argumentos yendo hacia uno y otro lado. Pero finalmente, ante la oposición de los personajes a realizar cualquier votación, varios de los nobles dieron por zanjada la conversación y se levantaron de la mesa, acabando abruptamente con la reunión.

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