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viernes, 3 de junio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 14


Antes de la partida, hubo una fuerte discusión entre Ayreon, Robeld de Baun y Banallêth, debida a que estos dos querían acompañar a toda costa al primero al campamento de los paladines. Ayreon, firme, no lo permitió y partió solo. Leyon se enteró finalmente de todo el asunto gracias al senescal Dorton.

Ayreon convenció al resto de que partiría solo. Cuando Ezhabel se enteró de que "Ayreon había sido reclamado por el padre Alcanar", partió rápidamente hacia el encuentro de su amigo, y lo encontró ensillando su caballo. Pero todos sus esfuerzos fueron en vano y Ayreon no dejó que nadie lo acompañara. Así que la semielfa tomó la decisión de seguirlo a distancia y así poder al menos observar qué ocurría.

Ezhabel siguió a Ayreon hasta el campamento, pero con mucho cuidado de que ninguno de los Pastores la pudiera ver.

Demetirus y Eltahim, por su parte, visitaron la casa de ella, que lucía multitud de chimeneas. La casa parecía estar habitada, aunque Eltahim había estado ausente durante siglos. La mujer se veía bastante apesadumbrada. Ningún miembro de su familia ni amigo viviría ya. La gente miraba extrañada a Demetrius. Éste propuso que fueran a visitar la torre de Marentel, y Eltahim asintió, pero dijo que sería otro día, cuando se hubiera recuperado totalmente. Además, su estado de ánimo requería volver rápidamente. El viaje de vuelta, abrupto y violento, fue bastante perjudicial para Demetrius, al que metieron inconsciente en la cama.

Ayreon fue conducido por cuatro paladines al interior del campamento de los Pastores. Ezhabel lo observó todo desde el exterior. Unos metros más allá se unió a la comitiva el hermano Jasafet, que los condujo a un pabellón donde les hizo esperar mientras iba a buscar a "ciertas personas". Al poco rato Jasafet volvió acompañado de otro hermano púrpura, de dos paladines más, de una figura encapuchada y del Padre Alcanar. Bellísimo, imponente y con un aura casi visible de poder a su alrededor. Alcanar saludó con una chispa de reconocimiento en los ojos a Ayreon. "Llevábamos buscándoos mucho tiempo, os habéis escondido bien". Ayreon respondió que él no se escondía de nadie, y Alcanar replicó a su vez, cortante e irónico: "pues cualquiera lo díria". Tras unas pocas frases, Alcanar le preguntó por qué estaba protegiendo a una bruja (Eltahim). Tras defender a la extraña mujer, afirmando que no era una bruja y que si no lo hacía la iban a matar y las consabidas excusas, el extraño encapuchado dio un paso al frente y se retiró la capucha. No era sino Noras Borander, con el rostro horriblemente deformado, al parecer a consecuencia del "baile de irrealidad" de Eltahim.

Tras la primera discusión, Alcanar despidió al resto y quedaron a solas él, Ayreon, Jasafet y Borander. Y procedieron a realizar las pertinentes preguntas sobre si el paladín iba a desistir de su empeño, si iba a seguir al verdadero Emmán y el camino recto, y toda la diatriba religiosa que procedía. Ayreon se mantuvo firme en su Fe, todavía sin flaquear ni un ápice, y durante la conversación reveló todos los detalles del episodio de la Runa de la Creación. Ninguno de los presentes pareció creer algo tan disparatado y volvieron a interrogarle sobre el asesinato de lord Menelyutar y su desvío del Camino Recto. Tras la resistencia del paladín, Alcanar empezó con métodos más expeditivos, mirándolo fijamente a los ojos y haciéndole sentir todo el frío de la herejía, de manera literal. Helado, Ayreon cayó inconsciente.

Cenando, Leyon reveló su intención de partir al día siguiente hacia el norte, no podía soportar más la agonía de la espera. Su corazón parecía a punto de morir congelado de tristeza. Robeld de Baun, queriendo ayudar como fuera, se ofreció a acompañarle insistentemente.

Al amanecer, bajo la primera nevada del año, Ezhabel pudo ver cómo del campamento de los paladines salía una caravana de dos vagones y quince paladines a caballo. Rápidamente se dirigió a palacio para advertir a Leyon y a Demetrius. En cuanto informó, Ezhabel montó su corcel mientras Robeld de Baun convocaba a su guardia personal para ir en su busca. Pero al salir de palacio, la semielfa se metió de lleno en una gran revuelta que acababa de estallar en las calles. El fuego surgía en todas partes en el distrito esthalio. Un grupo de hombres corría enfurecido hacia ella, así que optó por entrar de nuevo en el recinto amurallado, mientras los guardias los rechazaban. En ese momento, Ezhabel, impotente, se derrumbó. Nada podía ir peor. Tras consolarla como pudieron, Robeld de Baun y Leyon convocaron a sus respectivas guardias y salieron a intentar imponer orden. Demetrius se asomó al balcón por el ruido, y tras ver la situación, se aseguró de que tanto Eleria como Azalea se encontraran a salvo.

El grupo intentó montar a lomos de los grifos que usaron para llegar a Haster, que se encontraban en una de las terrazas del castillo. Pero a los animales se les daba de comer lo justo, y más a estos, que comían carne. Estaban famélicos y no podían remontar el vuelo con alguien a cuestas. Así que volvieron a los caballos.

Ayreon tuvo en su inconsciencia el sueño recurrente de las últimas noches: la figura con capa y capucha blanca y brumosa que le interrogaba sobre su presunta dignidad en medio del prado. Ayreon volvió a responder afirmativamente de forma firme, mientras una tormenta se levantaba.
—"¿Hasta dónde llegaréis, paladín?" —lo espetó la fría voz.
—"Hasta donde haga falta" —respondió él.
El vientro arreció y devino tempestad. La figura blanca era visible a duras penas entre los girones de oscuridad que nublaban la vista del hombre.
—"¡¿HASTA DÓNDE LLEGARÍAIS?! ¡¡¡¿HASTA DÓNDE?!!!" —retumbó la voz de la figura, dejando casi inconsciente a Ayreon con su fuerza.
Titubeante, pero indómito, el paladín, con un hilillo de voz que apenas controlaba, pudo acertar a chillar:
—"¡Hasta el final! ¡Hasta el final! ¡Hasta el fin!"

Se despertó, agotado y ante Alcanar. Ayreon le habló sobre el sueño, y le preguntó si había soñado con Él. Alcanar respondió afirmativamente y a continuación mantuvieron una nueva conversación sobre la fe, donde Ayreon no pudo estar tan acerado como otras veces, debido al cansancio.

Banallêth, que había partido con Ezhabel, volvió e informó de lo que habían visto: la caravana de paladines que había salido del campamento se había reunido con otro contingente de unos sesenta paladines y habían pasado a través de un portal. Ezhabel se había acercado un poco más, pero no había podido averiguar a dónde se habían dirigido. Leyon, Demetrius y Robeld de Baun, que habían partido de palacio a la caza de los paladines se encontraron con la semielfa, que les informó del portal.

El grupo supuso que los Pastores habrían llevado a Ayreon a la Torre Emmolnir, su "base". Así que decidieron poner grandes remedios a grandes males y consultaron con Eltahim. La mujer les llevó con un evidente esfuerzo hasta las inmediaciones de la torre, en un abrir y cerrar de ojos, bastante doloroso por otra parte. La torre ya no era como la habían visto en otros tiempos, la modesta construcción dedicada a albergar a unas pocas decenas de paladines. La construcción principal era una cien veces más grande, y habían surgido multitud de torres, subtorres, almenas, baluartes y arcos que unían todo a su alrededor. Un pueblo, Emmanör, había prosperado a su sombra. Campesinos y artesanos que trabajaban para abastecer el enorme complejo. De los pueblos que había en varios kilómetros a la redonda no cesaban de llegar carruajes con comida y bienes de comercio. El grupo se dirigió al pueblo más cercano, sito a unos quince kilómetros, para informarse de la situación general en la torre y en la zona.

Ayreon sólo pudo dormir un par de horas antes de que lo despertara el hermano Jasafet, para aconsejarle que se rindiera, que "no tenía ningún sentido morir por nada". Jasafet parecía verdaderamente preocupado por lo que le ocurriera al antiguo paladín. Agotado, Ayreon volvió a dormir, inquieto. Pero no pasó ni una hora antes de que otro hermano púrpura lo despertara. El hermano Unzhiel mantuvo con él un diálogo, o quizá sería más correcto decir monólogo, sobre las bondades de su señor Emmán y la inutilidad de la resistencia de Ayreon. A Ayreon le costaba seguir las argumentaciones del Hermano, pero intentaba rebatirle todo lo que podía. Al acabar la conversación, Ayreon no quería otra cosa que dormir, y así lo hizo.

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