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lunes, 6 de junio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 17


Las negociaciones con el rey Nyatar II se prolongaron durante varios días, y varios acuerdos resultaron de las conferencias. Los paladines de Emmán le jurarían vasallaje -siempre con las restricciones morales que su Fe les impusiera-, y además pagarían un 10% de impuestos sobre los ingresos procedentes de sus tierras. Tierras que el rey les cedería en usufructo indefinido a cambio de las condiciones anteriores.

Una vez solucionada la situación local, se empezó a discutir sobre un asunto más global: el Imperio Trivadalma y cómo afectaría éste al futuro del reino (y del rey) de Ercestria. Leyon, esquivo al principio, no pudo sino rendirse ante la insistencia de lord Nyatar y afrontar las negociaciones de futuro. Primero, expusieron ante el rey la situación de Haster y cómo algunos de los nobles reunidos allí se oponían al nombramiento de Leyon en favor de un sistema más democrático. Ante esto, Nyatar ofreció su apoyo a Leyon -no quería ni oir hablar de democracia, claro-, siempre a cambio de unas condiciones ventajosas. Ante la mención de los Mediadores que habían acudido a la llamada de los nobles rebeldes, lord Nyatar se puso muy nervioso, más al decirle que parecían haberse vuelto locos. Finalmente se acordó que en el futuro, cuando se llevara a cabo la Restauración, el reino de Ercestria gozaría de un trato de favor ante el Imperio y estaría prácticamente exento del pago de impuestos. Por su parte, Ercestria juraría vasallaje al Imperio y colaboraría activamente en la Restauración con su ejército de 300.000 efectivos. Otro punto en el pacto, que Leyon firmó a regañadientes en los documentos correspondientes, fue que, en caso de restaurarse los reinos de Esthalia, del Kaikar y Daarita independientes, no se les daría las mismas ventajas que al reino de Ercestria en cuanto al cobro de impuestos.

Una vez se firmaron la multitud de documentos redactados por los escribas de Nyatar, éste dejó con el grupo a su hijo, Aryatar, con un séquito de veinte personas, mensajeros y halcones para que sirviera de enlace entre ellos. También informó de que había recibido noticias de que un gran contingente de la Sombra había cruzado como una exhalación el río Margen, que delimitaba el reino por el Sur. Se acordó enviar a 50.000 hombres del ejército y a 300 Hijos de Emmán, el cuerpo militar fiel a los paladines.

El próximo paso que el grupo decidió dar fue volver a contactar con la flota de barcos ilvos, si es que todavía existía. Así que tras ir a Haster a través del portal abierto, montaron a lomos de los grifos que tenían allí y se dirigieron hacia las penínsulas de Tramartos. Sobrevolando las penínsulas, vieron que habían sido arrasadas y la mayoría de pueblos habían sido destruidos. No había ni rastro de los barcos ilvos, así que Ayreon decidió buscar el sueño de uno de los capitanes ilvos que había visitado en el pasado. Tuvo suerte y pudo localizarlo. La información que le proporcionó situaba a la flota ilva en una pequeña ensenada de las islas Ruthen, al este de Tramartos. Al llegar allí, vieron que la flota se había reducido drásticamente; sólo quedaba aproximadamente la cuarta parte de los barcos, aun así un número ingente. Descendieron sobre el campamento principal y fueron acogidos entre la alegría general. Muchas caras conocidas acudieron rápidamente: lord Ergialaranindal, Ibrahim, lord Treltarion, Atîr, Loryn Mater. Lady Elerentaréna, la madre del Primarca, estaba herida de muerte por una flecha de la Sombra. Ayreon la curó sin demasiado esfuerzo, lo cual le agradeció profundamente Ergialaranindal. La flota había atravesado tiempos difíciles entre desastres naturales y ataques enemigos, y había sido diezmada.

Petágoras se encontraba en la tienda de Ibrahim, ido como siempre. Ayreon tuvo un tierno encuentro con Atîr y Demetrius con Loryn. Ibrahim se encontraba eufórico, con su poder recuperado y más fuerte que nunca.

No tardaron en poner en marcha a la gente hacia la Torre Emmolnir. Tras una travesía en la que los pocos barcos oscuros que se cruzaron huyeron con el rabo entre las piernas, remontaron el río Rayssan hasta unos cien kilómetros al sur de la torre. Hacia allí se dirigieron con parte de las fuerzas mientras el resto guardaba los barcos en el muelle.

Al llegar a la torre, fueron recibidos por Jasafet y Aryatar. Éste estaba recibiendo mensajes procedentes de todas partes de Aredia con noticias de invasiones por parte de contingentes de la Sombra. Los paladines ya no estaban para pararlos y había que tomar medidas. Tras estudiar un poco la situación, contingentes de ilvos y nicodemos fueron enviados a los puntos de conflicto.

Al día siguiente, se reunieron con el rey Nyatar para destinar las distintas fuerzas a los frentes. Y por primera vez, vieron los cañones. El rey les hizo una demostración. Un enorme árbol que se encontraba a unos 800 metros fue destruído por una bola de metal que explotó al llegar a su destino. El grupo al completo se quedó con la boca abierta. Al fin empezaban a encontrar medios para restaurar el Imperio y expulsar a la Sombra de Aredia.

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