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martes, 7 de junio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 23



Ezhabel
 
En el consejo de guerra que se celebró al amanecer en el campamento, se expusieron varias alternativas para el curso de acción a seguir. Treltarion quería someter las opciones a votación, ya que no estaba seguro de cuál sería la mejor. Él mismo propuso retirarse de forma limitada a la fortaleza guardada por su primo Lútharan, sita a unos cincuenta kilómetros al sur; aunque era posible incluso que la fortaleza ya no existiera, claro. Rûmtor, por su parte, propuso retirarse de forma más absoluta, a la Corona del Erentárna; sin embargo, el haberse quedado sin teleportadores en el ejército haría que el viaje fuera largo y peligroso. Lord Ergialaranindal no quería ni oír hablar de retirarse. Sostenía que, con el ejército ilvo y la Espada del Dolor, tenían la capacidad suficiente para atacar por sorpresa a las fuerzas de lady Angrid, derrotarlas, y luego volver el frente contra el ejército de la Sombra. Enfalath apoyaba a lord Treltarion en su propuesta, como no podía ser de otra forma. Mattren Helner tomó la palabra, indignado. Nadie recordaba a los compañeros ausentes, Ayreon, Demetrius y Leyon. Él votaba por esperar, prevenidos, eso sí, a que volvieran o que al menos dieran señales de vida, antes de tomar ningún curso de acción. Ezhabel no pudo sino dar la razón al Mediador en lo que respectaba a sus compañeros, votando por esperar un tiempo.

Helner insistió con la desaparición de Leyon, porque no veía que los allí reunidos se preocuparan mucho por él. Ayreon y Demetrius habían partido por iniciativa propia, pero el heredero del Imperio había sido aparentemente secuestrado sin ninguna reacción en el campamento. Preguntó a Ezhabel si no tenían ningún medio para detectar su presencia. La semielfa respondió que sospechaba de su partida hacia el norte, pero que no podía precisar nada más. El Mediador se ofreció para partir en su búsqueda con sus dos compañeros, aunque se decidió aplazar la cuestión de momento.

Finalmente, la decisión fue que se enviaría a dos exploradores a lomos de sendos grifos para investigar la situación de la fortaleza de Lútharan. Se estimó que tardarían unos cuatro días en ir y volver, suficiente para esperar el tiempo necesario a los compañeros y decidir tomar el curso de acción adecuado.

Ayreon y Demetrius
 
Mediante una potente canalización, Ayreon consiguió detectar a lord Demmaiah, a unos sesenta kilómetros al noreste de su posición. Por tanto, el paladín y el bardo no se demoraron en pedir audiencia con lord Ar'Kathir. En sus desplazamientos por el valle, Demetrius concitaba cada vez más expectación entre los hidkas. No cesaban de rogarle que repitiera el requiem que había cantado el día anterior, con lo que el bardo decidió repetirlo la mañana siguiente. Mientras Demetrius tranquilizaba a la gente, Ayreon acudió a pedir audiencia con lord Ar'Kathir, pero éste se encontraba ausente, así que preguntó al guardia que le había atendido por Gan'Darrel, la ciudad de lord Renarion, con quien Demmaiah había partido para ofrecer su ayuda. El guardia respondió que, efectivamente, la ciudad también contaba con algunos valles-refugio a donde habría acudido la población en caso de emergencia. Ante la pregunta de cómo y cuánto se tardaría en trasladarse a los valles de Gan'Darrel, el guardia respondió que los hidkas contaban con Túneles bajo las montañas, ahora sellados por seguridad, a través de los que se tardaría no más de diez minutos en llegar. Ayreon abrió mucho los ojos, sorprendido. El único problema, como ya le había dicho, era que los Túneles estaban sellados por seguridad, y sólo Ar'Kathir o uno de los otros Altos Señores tenían la capacidad de volverlos a abrir.

A las pocas horas, el monarca hidka recibía a Ayreon y a Demetrius en su "corte". El paladín le informó de que había detectado a lord Demmaiah en las inmediaciones de Gan'Darrel. Ante la petición de que abriera los Túneles, Ar'Kathir se negó en redondo, no podía poner en peligro a su gente de nuevo, ya habían sufrido mucho. Lo que sí les ofreció fue la ayuda de cuatro guías hidkas con los que podrían partir hacia allí, y una vez asegurados de que no había peligro, abrir temporalmente los Túneles para el traslado de los posibles supervivientes. Eltahim podría transportarlos hasta allí en un primer viaje.

Antes de dormir, ltahim preguntó a Demetrius por sus compañeros targios. Se preguntaba dónde estaban, y qué harían con ellos. Demetrius le aseguró que en cuanto pudieran partirían en su búsqueda, tranquilizándola, pero en esos momentos era imposible, había demasiadas tareas por hacer.

Esa noche, Ayreon soñó con Randor y recordó la sensación de urgencia que le había transmitido el antiguo rey de Esthalia a través del vínculo de canalización. Demetrius, por su parte, tuvo unas terribles pesadillas en las que se veía en medio del fin del mundo. Todo se hundía en un abismo infinito, sin remedio. Sabía que toda la existencia dependía de él, y había fallado. La oscuridad se lo tragaba todo, incluído a él, bajo la mirada acusadora de sus tres amantes, que, entre lágrimas, dejaban entrever una decepción infinita. Casi no pudo dormir.

Por la mañana, a pesar del agotamiento, Demetrius fue fiel a su palabra y volvió a cantar para los hidkas. Hermosa y desgarradora, con ecos que rebotaban en las montañas de alrededor, la melodía conmovió aún más los corazones de los habitantes del valle, que exaltaron a Demetrius con sus gritos de aprobación.

Más tarde se encontraron con sus cuatro guías: Turkal, Rhegan, Bardion y Anandar, que les mostrarían la localización de los valles-refugio de Gan'Darrel. Partirían al día siguiente, cuando Eltahim ya estuviera totalmente recuperada de sus últimos esfuerzos.

Tras otra noche llena de pesadillas, Demetrius volvió a cantar por la mañana. Esta vez se congregaron todos los habitantes del valle sin excepcion, en las riberas del río, en las elevaciones de los límites y en las bocas de las cavernas. Los hidkas eran uno con la melodía. Todos levantaron sus puños en respetuoso saludo al bardo y como muestra de su resolución de venganza. Alguien gritó: ¡GUERRA! Y como una rugiente ola, las voces de los hidkas se elevaron al unísono: ¡guerra! ¡guerra! ¡GUERRA! ¡GUERRA Y VENGANZA! ¡GUERRA Y VENGANZA! ¡GUERRA Y VENGANZA!

Leyon
 
Su marcha no disminuía. Los caballos trotaban sin cesar mientras Leyon luchaba por salir del duermevela al que lo tenían sometido las sombras que los acompañaban. Las montañas orientales de Umbriel eran un espectáculo digno de ver, con sus sombras y resplandores de colores proyectados unos sobre otros. Tanta belleza debía de merecer la pena, ¿no? Por enésima vez, entabló conversación con Carontar, para, torpemente debido a su estado, tratar de sonsacarle algo e intentar cambiar su curso de acción. Continuamente intentaba provocarlo, para levantar alguna reacción que le hiciera bajar la guardia, e intentaba encontrar el momento de escapar. Pero las dos sombras, siempre expectantes, le impedían alejarse. Carontar no cesaba de repetir el castigo que todo y todos merecían. Le interrogó sobre el tema, y sobre si él también merecía ser castigado, como enviado de Ulte que era. Respondió que evidentemente también lo merecía, y que su propio castigo llegaría en el momento adecuado, sin duda alguna.

Ezhabel
 
Se dirigió al campamento donde se encontraba el resto de paladines que los habían acompañado en su viaje, ocho en total. La mayoría eran muchachos casi imberbes, pero también había unos cuantos que habían encontrado la Fe ya en su madurez. Entre estos se contaba Hassler, un esthalio que se había erigido en el líder de facto ante la ausencia de Ayreon y Daren. Arkon, un muchacho más joven, parecía haber tomado el puesto de segundo de a bordo. Estos dos, más un tercero, Lenser, se econtraban discutiendo sobre la necesidad de partir en busca de Ayreon, por lo que Ezhabel pudo discernir con su agudo oído antes de que se dieran cuenta de que llegaba. La semielfa intentó hacerlos desistir de sus planes de abandonar el campamento, si es que existían. Arkon, muy directo, le contó que ya habían estado buscándolo, sin éxito. No obstante, avanzada la conversación, tuvieron una idea: si Ezhabel era capaz de decirles la dirección exacta hacia donde se encontraban Ayreon y los demás, podrían potenciar su canalización para cubrir un rango más extenso.

Por la noche y habiendo consultado algunos mapas, Ezhabel les mostró la dirección exacta en la que debía de encontrarse el brazo de Emmán y sus compañeros. Los jóvenes -y no tan jóvenes- paladines procedieron a colocarse en círculo alrededor de Hassler. A Ezhabel se le erizó el vello de la nuca. Debían de estar canalizando su poder hacia su líder. Unas trompetas celestiales sonaban de fondo en la noche, incluso por sobre el canto de los grillos y los animales nocturnos; una cortina de luz bajaba del cielo hacia donde se encontraban, como un ligero encaje plateado y brillante; en las espaldas de Hassler brillaron durante unos momentos unas alas de Luz, y su rostro brillaba con un resplandor celestial mientras reflejaba un soberano esfuerzo, una tensión que ponía cada uno de sus músculos en tensión [Tirada de canalización 100]. A los pocos instantes, la tensión se relajaba, y con la voz entrecortada, Hassler susurró que Ayreon se encontraba sano y salvo y a unos doscientos cuarenta kilómetros de distancia. Con eso, los paladines se darían por satisfechos, al menos unos días. O así lo esperaba Ezhabel.

Tras dejar a los paladines, Ezhabel pudo ver cómo llegaban unos jinetes al campamento. Montaban corceles élficos. Fue Enfalath quien salió a su encuentro, dirigiéndolos a la tienda de lord Treltarion. Ezhabel se apresuró hacia allí, y llegó a la vez que ellos. Los visitantes resultaron ser lord Tarlen, el capitán de la guardia de Harudel, junto con cuatro acompañantes. Tarlen saludó con un gesto a Ezhabel, reconociéndola. Dejó fuera de la tienda a dos de sus acompañantes. La razón oficial de su visita obedecía a saber si Treltarion había cambiado ya de opinión respecto al liderazgo de lady Angrid. Pero no tardó en sincerarse entre susurros. Aprovechaba la visita para expresar sus inquietudes personales. Preguntó si estaban seguros de que lady Angrid era en realidad Selene. También comunicó que en Harudel se estaban levantando voces discordantes respecto a la alianza con el ejército de la Sombra. A él mismo le parecía extraño todo aquello. Todos los presentes le dieron las gracias por la información, y escribieron una ficticia contestación para lord Enthalior sobre su firmeza respecto a la candidatura de Treltarion. Tarlen partió, asegurando que mantendría el contacto.

Ayreon y Demetrius
 
Temprano y con la ayuda de los cuatro guías, el grupo escaló a una cima cercana, desde la que Eltahim dispondría de una buena vista para transportarlos lo más cerca posible de Gan'Darrel. Tuvieron buen cuidado de no acercarse a la ciudad, recordando lo que ya les había sucedido en Re'Enthilgas. Utilizando a lord Demmaiah como foco y con la ayuda de los hidkas, se transportaron directamente hasta el valle-refugio. Desgraciadamente, los transportes de Eltahim eran muy agresivos para el cuerpo, y en cada salto alguno de ellos se desmayaba o vomitaba.

Los refugiados en el valle mostraban un aspecto incluso más penoso que el de los refugiados con Ar'Kathir, la mayoría lucía vendajes ensangrentados o renqueaba por alguna herida. Pocos eran los civiles que se habían podido salvar. El líder del valle, Ar'Thuran, no tardó en recibirlos en su presencia. Lord Demmaiah se encontraba en coma y muy malherido, con una pierna cercenada y una herida grave en el abdomen. Ayreon hizo todo lo que pudo por él, y consiguió estabilizarlo.

Inmediatamente procedieron a prepararlo todo para marcharse a través de los túneles, y en pocas horas ya se encontraban con los refugiados en la entrada. Ayreon contactó canalizando con lord Ar'Kathir, y a los pocos instantes la entrada al túnel, que dejaba pasar a cuatro personas a la vez, se abrió. Justo cuando los dragones llegaron al valle. Oleadas de destrucción se abatieron sobre ellos. Ayreon no tardó en invocar el poder de Eglaras y remontar el vuelo como Campeón de Emmán, protegiendo a los hidkas que atravesaban el túnel rápidamente. Demetrius no cesaba de lanzar hechizos, pero sin Mandalazâr había perdido gran parte de su poder. Un ejécito de Trolls había conseguido traspasar también las puertas del valle. Por fin, con un número reducido de bajas, pudieron entrar todos en los Túneles y cerrarlos hasta llegar al otro lado.

Ezhabel
 
Por la mañana, lord Treltarion convocó a Ezhabel a su presencia. El Señor Élfico creía que la semielfa estaría interesada en conocer las nuevas que habían llegado desde la Corona del Erentárna. Avaimas había contactado con él. Le había comunicado que los santuarios élficos del Erentárna habían sido arrasados por el ejército de la Sombra, y que los supervivientes habían acudido a Nímbalos a duras penas. Uno de los elfos recién llegados respondía al nombre de Cirandil, y había preguntado por Ezhabel. Junto con él y sus compañeros, habían llegado también varios elfos malheridos, y concretamente, uno de ellos en coma; se trataba de lord Aldarien, señor de Lasar y padrastro de la semielfa.

Tras contarle todo esto, se acordó que lord Rûmtor se ausentaría un par de días para visitar Nímbalos (a través de un portal abierto por Avaimas) y supervisar la situación. Ante esto, Ezhabel pidió a Treltarion poder acompañar a Rûmtor hasta Nímbalos. Sin embargo, la Espada del Dolor era una pieza fundamental en la defensa del campamento y la única razón por la que Enfalath y los otros creían que los enemigos no les habían atacado todavía. Así que Treltarion le dio permiso para ausentarse como mucho una hora, antes de que en los campamentos enemigos se apercibieran de que Nirintalath ya no estaba con ellos.

Leyon
 
Tras varios intentos fallidos, consiguió desviar el rumbo que llevaban. Pero no duró mucho, Carontar parecía capaz de leer sus pensamientos más íntimos, y amenazante, le preguntó por qué trataba de engañarlo. Leyon expresó su preocupación sobre qué iba a hacer cuando llegaran a su destino, y por qué tenía tanto interés en hablar con la mujer. Carontar contestó, impertérrito, que su interés no era sino limitado, y en absoluto le era imprescindible. No iba a soportar más preguntas, y la próxima vez que algo se saliera de lo normal, si Leyon quería el "perdón", él se lo daría sin dudarlo y sin avisarle.
Carontar se retiró a dormir, dejando a las sombras encargadas de Leyon, como siempre. Éste elevó sus plegarias, como cada noche que le era posible, y justo al acabar pudo ver por el rabillo del ojo cómo a lo lejos, una figura vestida con una túnica de color claro y capucha, lo observaba desde un altozano. Al girar la mirada, la figura ya no estaba allí. Las sombras parecían haberse agitado inquietas por unos segundos.

Ayreon y Demetrius
 
Durante dos días estuvieron caminando junto a los hidkas por los Túneles. Alguien se había equivocado muchísimo en la estimación del tiempo, al parecer. Pero su preocupación no tardó en disiparse cuando Turkal les explicó que el tiempo allí pasaba de modo diferente al del mundo exterior. Efectivamente, al llegar al valle de Ar'Kathir no habían pasado más de diez minutos en el mundo real. Los Túneles debían de ser algún tipo de portal dimensional donde el tiempo se retorcía. Justo en el momento de salir del túnel, lord Demmaiah se despertó bruscamente, quejándose a gritos de su pierna cortada. De repente, pareció darse cuenta de su situación y reconoció a Demetrius y Ayreon. Con una profunda pesadumbre, dijo: "Fue terrible. Fue como si se abriera...". No pudo más. Las fuerzas lo abandonaron y cayó dormido.

Esa noche, Demetrius volvió a soñar con el fin de todas las cosas, en un sueño que ya se había convertido en recurrente cada noche. Pero esa noche fue diferente. A medida que todo se hundía, una risa comenzó. Una risa poderosa, como un alud, que lo inundó todo en el mundo. Cada vez más potente y estremecedora. Parecía que le iban a estallar los oídos. Ayreon también la oyó en su sueño, fuera cual fuera, hasta que sólo existió la risa ensordecedora y la desesperación. Justo antes de despertar entre alaridos y totalmente aterrados, Ayreon oyó cómo la voz de Emmán, que conocía tan bien, gritaba en su sueño "A-y-u-d-a-a-a". El plano celestial había sufrido una oleada de Sombra que, al ser capaces de detectarla, los había dejado durante unos minutos totalmente fuera de combate.

Leyon
 
Una extraña y aterradora risa se había convertido en todo su sueño. Y una débil voz femenina le pedía ayuda, desesperada, una y otra vez. Él, el heredero de todo un Imperio, no podía evitar que su corazón se partiera al no poder atender esa petición.

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