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viernes, 15 de julio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 32


El campo de éstasis donde se encontraban confinados los apóstoles y Adrazôr parecía, o mejor dicho era, impenetrable. Como recurrir a los poderes de Eltahim era harto peligroso debido a la falta de control sobre los efectos colaterales, optaron por la que pensaron era la mejor de las opciones: dejar a los prisioneros allí en espera de una mejor ocasión para hacerse con ellos. Inmediatamente continuarion su viaje hacia el norte.

Las tormentas y ventiscas se hacían cada vez más frecuentes, lo que les dificultaba el viaje sobremanera. Días y días pasaron entre niebla, viento, lluvia, nieve y hielo, pero la moral del grupo se mantenía estoica por sobre todas las dificultades.

Pasados tres días desde la reanudación, tras los rezos vespertinos de Ayreon, éste notó cómo Norafel se comunicaba con él desde Églaras. El arcángel le informó de que debía marcharse al menos durante una temporada, porque había sido reclamado en otro lugar. Ayreon comprendió inmediatamente la situación y bendijo su marcha. Al informar al resto del grupo, cundió el desánimo, no así en Ayreon, que fue el único que mantuvo el optimismo, confiado en que era Emmán quien había reclamado a su primer arcángel, demostrando así que seguía presente.

Esa misma noche, Demetrius abrió su mente a la consciencia celestial [tirada abierta] y pudo detectar cómo el plano celestial "tocaba" ligeramente a Ayreon. Era algo muy extraño, y esa fue la única palabra que se le ocurrió para describir el fenómeno que percibía.

Tras varios días de viaje, pudieron llegar a vislumbrar una cadena montañosa a lo lejos, entre brumas en el horizonte. Se dirigían directamente hacia allí, según Leyon. De repente, oyeron un leve ladrido perruno. En la distancia pudieron distinguir a duras penas un grupo de tres figuras humanoides vestidas con pieles blancas junto a tres trineos tirados por perros. Era inútil y posiblemente peligroso intentar acercarse, así que decidieron continuar aun a costa de estar siendo observados. El clima cada vez era peor. El cansancio y el fío empezó a hacer mella en ellos, y sus fuerzas empezaban ya a flaquear [pérdida de puntos de vida a largo plazo].

Demetrius tuvo que dormir de nuevo, y otra vez se dispusieron a rechazar cualquier amenaza que se presentara con Eltahim apostada defendiéndolo. Por suerte, esta vez no apareció nadie. El sueño de Demetrius se completó aún más. Esta vez llegó al fondo del abismo, donde millares de espíritus incorpóreos se revolvían en una agonía eterna, torturadas por demonios que se podían intuir aquí y allí. Los demonios no tardaron en reparar en Demetrius, y comenzaron a castigar su cuerpo y su mente, causándole un sufrimiento indescriptible. En el mundo real era presa de unas terribles convulsiones y tristes llantos. Mientras tanto, Ayreon consiguió entrar en el mundo onírico, y en el lugar donde dormía Demetrius se encontraba la misma figura acurrucada de siempre, más definida que la última vez. Parecía un muchacho de unos trece años, y al tocarlo, levantó su rostro bruscamente; sus ojos eran negros como la noche y el paladín se vio más afectado de lo que le hubiera gustado.

Más tarde, comentando todas las escenas, el grupo supuso que la esencia de Korvegâr se estaba materializando de alguna manera aprovechando el sueño de Demetrius. Pero esto no eran más que puras especulaciones, por supuesto.

Ayreon volvió a entrar en el mundo onírico la noche siguiente, aprovechando la vigilia de Demetrius. Esta vez no había ninguna figura presente.

Algunos días después se internaban en la cordillera a la que habían ido acercándose progresivamente. La accidentada orografía y el mal tiempo probaron ser grandes reto para el cansancio del grupo. En una caída, Ayreon sufrió una grave herida y tuvo que ser transportado por Eltahim hasta la torre Emmolnir para que le trataran rápidamente. El viaje no fue fácil para la targia, ya que Ayreon parecía interferir sus habilidades de irrealidad, pero finalmente lo consiguieron. En la torre, Ayreon se despertó en una cama donde todo el mundo lo miraba extrañado. Se había recuperado sin ayuda de nadie, algo que parecía imposible. Interrogado sobre si volverían pronto y sobre si iban a hacer algo respecto a la torre que "se encontraba en el limbo", el paladín no pudo sino dar respuestas poco convincentes. Fue informado de que contínuamente debía haber varios paladines apostados a su alrededor porque esporádicamente aparecían criaturas de pesadilla procedentes de no se sabía dónde. La preocupación de la pareja fue mayúscula, pero tenían otras cosas entre manos en ese momento.

Pasados poco más de veinte días de viaje llegaron finalmente a un valle glaciar por el que avanzaron a duras penas. Hasta que, de súbito, se encontraron con una manada de una veintena de lobos que les impidió seguir. No les atacaron, ni daban muestras de agresividad. Se situaron alrededor del grupo e impedían que siguieran hacia donde se dirigían. Podían retroceder, pero no avanzar. Extraño de verdad. Tras varios intentos infructuosos de despistar a los lobos, decidieron que la única manera de avanzar sería abrir un túnel a través del hielo del glaciar que les condujera lejos hacia delante, haciendo uso de las especiales habilidades de Demetrius y los Rastreadores. Durante un par de jornadas, Demetrius, Leyon, Adens y Arixos se dedicaron a horadar el hielo mientras Ayreon, Ezhabel, Eltahim y Terwäranya despistaban a los lobos en la superficie. Y al alcanzar el túnel una longitud de unos 300 metros, se derrumbó bajo sus pies, provocando una caída masiva de hielo y nieve, entre un gran estruendo.

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