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jueves, 14 de julio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 29


Se reunieron con Treltarion y su mando militar, a unos ochocientos metros de la fortaleza de Malestosh, en un promontorio desde el que se dominaba la escena y desde donde se veía perfectamente a lord Ergialaranindal en lo alto de una muralla esgrimiendo a Valaughir, cercenadora. El Primarca había dado rienda suelta a su ansia de combate y se había lanzado junto a sus hombres al frente de la batalla.

Se sorprendieron al ver entre los mandos militares de los ilvos a Gerudarial junto a Dailomentar, Argimentur y un par de ilvos desconocidos para ellos, que se presentaron como Raumalaren y Luannägarian. Al parecer, como más tarde les informaría Dailomentar, Gerudarial había sido sometido a juicio por traición y se le había considerado inocente, algo sorprendente con Ergialaranindal, pero posible al fin y al cabo. También había demostrado sus dotes como genio táctico y se le había dado un lugar en el consejo militar. Ayreon mantuvo algunos minutos de conversación con el ilvo, que se mostró extrañado por la falta de memoria del paladín. Éste le explicó que la había perdido en el mundo de los sueños, a lo que el ilvo respondió mencinando a los caminantes de sueños orientales y a las estructuras que los ilvos construían para protegerse de ellos. Quizá no sería mala idea construir algo de eso en Aredia, aunque seguramente no habría nadie capacitado para ello allí.

Por suerte, lord Treltarion siguió mostrándose cabal y receptivo, y se mostró de acuerdo en acompañarlos a la arboleda de Weradhen, en cuyo seno tendría lugar la reunión con Selene. Enfalath y Urmazan, junto con Cirandil y algunos más, quedaron al cargo del mando militar élfico.

La arboleda era un lugar antiguo y tétrico. Había servido como prisión para "elfos traidores" en los tiempos del Alto Hechicero Weradhen. Aunque los árboles estaban ya aletargados, su aura era realmente inquietante, y sus raíces y ramas extremadamente amenazadoras. En el linde de la arboleda apareció una mujer, que prefirió no decir su nombre y se presentó como apóstol de Selene, con la túnica azul celeste característica de ellos. Gracias a ella pudieron orientarse entre los enormes árboles espectrales que tapaban la luz y amortiguaban el sonido casi en su totalidad. Finalmente llegaron a un pequeño claro que apenas merecía ese nombre, mientras los árboles parecían inclinarse curiosos ante la conversación. Selene expuso sus condiciones: se quedaría con los seis reinos occidentales, y además, con un séptimo; el reino de Harudel, sito en el centro-oriente de Doranna, sobre el que ahora regía lord Enthalior, uno de sus apoyos. Así las cosas, siete de los reinos servirían a Selene (o, mejor dicho, lady Angrid), y cinco de ellos quedarían bajo el mando de Treltarion. No era el mejor de los tratos, pero era un trato. Por supuesto, de cara a la Sombra, Selene sería la única reina; según ella, sólo eso impediría que el resto de los kaloriones masacraran lo poco que quedaba de la raza élfica.

Hubo una larga discusión en la que los personajes intentaron por todos los medios que el reparto fuera equitativo, y cada uno quedara con seis reinos bajo su mando. Pero la única puerta abierta que la kalorion dio para esa solución fue que Ayreon se convirtiera en su consorte. Eso sería lo único que la convencería de cederles un reino más. Ya estaba siendo extremadamente generosa, por cierto, debido a su deseo de salvar los restos de su raza. Como Ayreon no se mostró de acuerdo (aunque sí tentado) en emparejarse con Selene, no les quedó más remedio que ceder. Eso planteaba el problema de que Treltarion tendría que arrodillarse ante ella en la ceremonia de coronación, lo que sucedería en su momento.

Al margen de la negociación, también le comentaron a Selene lo que había ocurrido con la raza centauriana. Selene no se inmutó; sólamente dijo que era algo que en cierto momento había escapado a su control y no sabía si podría expulsarlo o detenerlo. Volvieron al campamento preocupados por este tema. La batalla no había durado mucho ante el empuje ilvo, había acabado hacía un par de horas; lo que quedaba de la guarnición, unos dos mil elfos, ya se había entregado. Dailomentar les comentó que sería mejor que el Primarca no se enterase del trato al que pudieran haber llegado.

Urion no tardó en pedir su primer favor a cambio del rescate de Ayreon. Apareció en forma de grifo en el sueño de Leyon, y le transmitió el mensaje: debería encontrar y poner en contacto con él a un grupo arcano de umbrios que habitaba en el norte vestidos de verde oscuro y con las orejas llenas de pendientes. Evidentemente, se trataba de los Rastreadores del Silenciado, a los que había conocido Leyon hacía unos días. Todos -excepto Ayreon- se despertaron con la sensación de que tenían que hacer algo, y Leyon concretó el deseo al explicarles la petición de Urion. Demetrius, por su parte, estaba destrozado; no habían dejado que durmiera más de tres minutos seguidos en toda la noche.

El día siguiente tuvo lugar la ceremonia de toma de posesión de Malestosh por Ezhabel. Los elfos le habían tejido hermosos ropajes en púrpura y verdemar con ribetes plateados y un fastuoso estandarte que mostraba, partido a la izquierda en campo de púrpura el ojo del vigía en plata y a la derecha en campo verdemar una espada también en plata. La semielfa casi rompió a llorar al ver sus dos símbolos estampados con tal gracilidad en la tela. La entrada fue triunfal, ante los ilvos, el ejército de Rûmtor y Treltarion, acompañada por éste y por Enfalath, por lord Ergialaranindal y por lord Zordâm en representación de los enanos, un séquito impresionante. Cirandil, unos metros por delante, portaba su estandarte, que se agitaba furioso con el viento, como una premonición de los hechos que habrían de venir en el futuro. Un escalofrío recorrió la espalda de Ezhabel. Los elfos de la guarnición y los representantes de unos diez mil elfos más que habían acudido de las ciudades y pueblos de alrededor se arrodillaron ante ella y le prestaron juramento. Aún debía de haber algunos que se resistían a que la Portadora del Dolor guiara sus destinos, pero se encargarían de ellos a su tiempo. La ceremonia fue auspiciada por Runentil, uno de los bardos elfos, el más versado en el protocolo regio. Una sencilla corona de espadas de plata había sido forjada para la ocasión, hasta que se pudiera forjar la corona definitiva, y por primera vez, cuando Cirandil, en funciones de senescal, ciñó las sienes de Ezhabel con la corona, ésta se sintió como una verdadera reina, ante una multitud que la aclamaba.

Tras el escaso banquete que siguió a la coronación, Ezhabel no olvidó acudir al lecho de su padrastro, aquejado por la "fatiga" para hablarle e intentar que reaccionara. [Tirada abierta]. ¿Era su imaginación o Aldarien había parpadeado levemente? Los ojos del elfo se abrieron. La semielfa no lo podía creer, tantas emociones en un día la aturdían. Se abrazaron y lloraron, algo raro para los elfos. Todo el mundo acudió rápidamente a la habitación, y risas y lágrimas aparecieron por igual. Aldarien tardaría un poco en activarse del todo, pero era una gran noticia, aunque también les hizo pensar en qué habría ocurrido con su reino, Lasar, justo al norte de donde se encontraban ahora. No tardaron en dejarlo solo; su viaje interior había sido muy difícil y estaba agotado.

Gracias a una hierba que encontraron entre los soldados, Demetrius pudo evitar dormir esa noche. Ayreon intentó canalizar hacia Mattren Helner, sin éxito. Así que hablaron con Adalûr. El Mediador mostraba síntomas evidentes de locura, estaba ido y retardado, respondía con dificultad. Se encontraba sumido en una especie de trance meditativo para conservar el control. Lo único que sacaron en claro de sus respuesta fue que suponía que Mattren y Leyran habíran partido hacia el Sur. Justo al contrario de donde se dirigirían al día siguiente.

La petición de Urion no podía esperar, todos excepto Ayreon sentían esa extraña comezón que les urgía a realizarla. Así que decidieron partir con la ayuda de Eltahim. Además, se uniría a ellos la clériga Terwäranya, con quien Leyon había trabado una especial amistad. Treltarion no creía que fuera una buena idea que partieran en ese momento, pero no le quedaba más remedio que aceptarlo. Les pidió que no se demoraran más de lo debido. Mientras tanto, intentarían unir el reino bajo el mandato de Ezhabel. Tras despedirse de todo el mundo, partieron.

Eltahim los transportó (o más bien, desplazó lo que les rodeaba) al reino de Adastra, al punto donde habían rescatado a Leyon, de forma tan extremadamente traumática, que los dejó inactivos durante varias horas. Tras recuperarse, Leyon utilizó el pendiente que le había regalado Adens Pallius para contactar con él. Enseguida detectó una presencia, en una dirección que no tardaron en seguir, hasta llegar a la ciudad en ruinas de Faer'e'Garren. Ezhabel y Terwäranya quedaron atrás para que no surgieran los problemas que ya habían tenido con Adens en la anterior ocasión con motivo de su raza. A las afueras encontraron a Adens con dos compañeros más: Arixos Ramar y Vigens Celarius. Mientras el conocido del grupo lucía dos pendientes de oro y uno de plata en su oreja izquierda, Arixos y Vigens lucían uno de oro y tres de plata cada uno.

Tras guarecerse de la intensa lluvia en un edificio en ruinas, el grupo expuso la situación y lo que Urion había requerido. Adens les explicó que no podía creerlo, que la Sombra los había maltratado mucho hasta entonces, al igual que la Luz, por cierto. Les narró la historia del reino de Umbriel, de cómo usurparon el trono adastrita y fueron de los primeros en aliarse con la Sombra al producirse la invasión. Acto seguido a dicha alianza, los Rastreadores del Silenciado comenzaron a ser cazados y exterminados; tuvieron que huir y abandonar sus hogares y tierras. Y no sabían por qué. Y el tal Urion conocía demasiadas cosas sobre ellos. Todo era enigmático. Leyon convenció a los tres Rastreadores de que Urion los encontraría de todas maneras por unos medios o por otro, y suponía que no lo haría tan de buen grado como si aceptaban ahora. Adens contestó que lo tendría que consultar, y que se reuniría con ellos lo antes posible. Partieron, desvaneciéndose en la lluvia.

Por la noche, consiguieron mantener despierto a Demetrius, pero no pudo evitar dar alguna cabezada durante el día. Y una de ellas fue lo suficientemente profunda para que soñara. El sueño era básicamente la misma pesadilla, pero esta vez lo primero que vio fue a su amigo, el joven Petágoras, que sonrió y abrió el abismo esta vez. Tras el infructuoso intento de ayuda de sus mujeres, despertó gracias a los esfuerzos de Ayreon, sin mayores consecuencias excepto la angustia y la inquietud ante la presencia de Petágoras en su sueño.

Durante poco más de un día, cazaron y conversaron. Terwäranya expuso a Leyon su curiosidad por la fuente del poder de los Rastreadores. Si su dios no existía o no coincidía con ninguno de los avatares, no se explicaba cómo obtenían el poder para sus pendientes. Finalmente, aparecieron Adens y sus dos compañeros, junto con dos Rastreadores de edad más o menos avanzada que lucían pendientes de platino y oro. Se presentaron como Urdan Vehl y Nathial Vaxar. Anunciaron que ellos pertenecían al Consejo (primera noticia que los PJs tenían de que existiera tal) y serían los que se reunieran con el tal Urion. Leyon contactó con el kalorion en su sueño; despertó de repente, y allí se encontraba ya el anciano cojo y ciego. Éste, de apariencia tan frágil que su bastón parecía todo lo que se interponía entre él y una inminente caída, se mostró lo suficientemente complacido. El trabajo no era del todo completo, pero sí suficiente. Antes de que nadie pudiera formular una sola pregunta, Urion empuñó su bastón y desapareció junto con los dos umbrios en menos de lo que dura un parpadeo. Todos se miraron, inquietos. No se esperaban una desaparición tan repentina. Después de centrarse de nuevo y discutir sobre la presencia de las dos elfas -Ezhabel y Terwäranya, que ya se habían reunido con ellos- en el grupo, Adens expresó su deseo de viajar con los PJs para intentar encontrar a sus superiores. Los personajes le expusieron su necesidad de conseguir un transporte rápido y seguro y en pocas horas, Adens y Arixos volvieron con nuevos pendientes que les permitirían viajar de forma rápida y segura, aunque también agotadora para ellos, que deberían realizar el esfuerzo extra de transportar a los cinco miembros del grupo.

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