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miércoles, 3 de agosto de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 39


Urion era lo último en lo que necesitaban pensar ahora. La sobrenatural urgencia que sentían por entregarle a Selene todavía era soportable, así que decidieron postergar todo lo posible el problema de su entrega al kalorion ciego.

Los dos primeros días en Emmolnir los dedicaron a asentarse, acomodar a Selene y sus posesiones y administrar los asuntos de la Torre. Durante el tercer día mantuvieron varias reuniones con Selene y con los tres cabecillas Emmanitas (Ibrahim, Randor y Jasafet). Cirandil recalcó la necesidad de entender los propósitos de Urion para poder torcer sus planes, y Selene manifestó la necesidad de volver a su mansión a recoger algo en lo que el grupo estaría muy interesado y que había mantenido en absoluto secreto hasta ahora. También en la tercera jornada de su estancia en la torre, a mediodía, se produjo una especie de "latido" de la bruma pálida que engullía el torreón noreste. Acto seguido salieron de ella varios demonios que tanto los PJs como los paladines de guardia alrededor del torreón se aprestaron a devolver a su plano. Leyon hizo uso de Ecthelainn y Demetrius de sus antiguas Dagas de Luz, que brillaban como nunca antes lo habían hecho, como si fueran estrellas en miniatura. En el momento en que el bardo esgrimió la primera de ellas, se dispararon las voces en la cabeza de Ayreon; éste perdió la concentración del hechizo de "expulsión" que mantenía y cayó al suelo con la mente maltrecha. Ecthelainn cortaba fácilmente la carne demoníaca, y las dagas de Luz explotaban violentamente al contacto de los seres.

Por la noche, en un sueño que confundió con la realidad, Demetrius yacía con Azalea sentada al borde de la cama, llorando. No quería tener al niño que llevaba en su vientre, y empezó a golpearse violentamente la barriga, ante el terror del bardo. Ella pasó del llanto a la risa, y sus ojos eran los de un demonio, sus dientes colmillos afilados y sus uñas garras astilladas. Demetrius despertó con un respingo, despertando a la verdadera Azalea, que dormía a su lado.

El cuarto día Eltahim transportó al grupo al completo hasta la mansión de Selene, para llevar a Emmolnir lo más valioso que habían dejado allí. Selene había jurado que no revelaría a nadie que en su mansión se hallaba Petágoras, en un profundo trance comatoso, pero las circunstancias se habían degradado tanto que se había liberado a sí misma de su juramento. No obstante, la kalorion no quiso revelar a quién había jurado tal cosa. La sorpresa del grupo fue mayúscula. Fueron recibidos por los apóstoles que habían quedado de guardia en la mansión, y sin más transportaron a Petágoras a Emmolnir, dejando a varios guardias en la casa.

De nuevo en la Torre, Ayreon fue convocado al patio por lord Randor. Dos jóvenes paladines habían atraído la atención del monarca esthalio, al parecer habían conseguido un milagro extraordinario. Ante los ojos de Ayreon, uno de los jóvenes tomó un puñado de grano de un saco, y se concentró, invocando el poder de Emmán. Ayreon notó una extraña sensación, como un mareo, aunque tampoco eso exactamente, y el grano comenzó a rebosar a borbotones por las comisuras de la mano del paladín, todavía cerrada. En un abrir y cerrar de ojos, donde antes había un saco, ahora había el equivalente a dos o incluso a tres. Era una noticia que no esperaban y que sería de una utilidad suprema en el futuro inmediato. Comida para Emmolnir, para Haster e incluso para Doranna, en un final de invierno que se presentaba sin existencias en las despensas.

Leyon mantuvo una larga conversación con Selene, y ésta narró con detalle los tratos que Urion y Khamorbôlg habían tenido con las hermandades de los Hijos del Abismo y del Círculo Externo, cómo ambas habían potenciado mutuamente sus habilidades con la guía de Urion y el poder los había emborrachado hasta un punto desconocido, con la consabida traición que casi acabó con la vida de Murakh y de ella misma. Durante la conversación, Selene se mostró muy "cariñosa" con Leyon, interesándose por su derecho al trono imperial y sus planes de futuro.

Al poco llegaron a la fortaleza lord Aryatar y Rhegar de Khoul, de vuelta de su viaje como magistrados recaudadores. El príncipe de Ercestria traía noticias de su padre, el rey Nyatar, que ya había usado los cañones en el norte. Sin embargo, ese frente cedía cada día más terreno ante la indisposición de la líder anfiroth, lady Valemen.

Unas horas más tarde, al anochecer, sintieron tres "latidos", tres impactos sordos, procedentes de la bruma demoníaca. Una decena de demonios -entre los que se encontraban algunos de varios metros de altura- apareció en el patio de la Torre, y barrieron de un plumazo a los paladines de guardia. El grupo no tardó en personarse, así como Randor y Jasafet, junto con un número cada vez más creciente de paladines. Las Dagas de Luz de Demetrius restallaron en la oscuridad, y Leyon desencadenó el poder de Ecthelainn. Ayreon, sospechando algo de lo que le pasaba, intentó canalizar poder hacia sus paladines; no supo muy bien qué pasó, pero la mayoría quedaron inconscientes, presumiblemente por una "sobrecarga". Sin embargo, la lucha no evolucionó muy bien. Las entidades demoníacas eran muy poderosas y el grupo se encontraba mermado de medios. Demetrius no tardó en caer, víctima de una bola de fuego. Los apóstoles de Selene se incorporaron al conflicto, y así consiguieron mantener a raya a los engendros, pero poco más. Pero de repente, todo cambió. Los demonios empezaron a ser eliminados uno a uno con la ayuda de nuevos "invitados" que habían aparecido de la bruma. Tres figuras vestidas de granate que identificaron como apóstoles de Carsícores dirigían oleadas de materia oscura contra las criaturas, y una cuarta que reía a carcajadas y que no era sino el propio Carsícores en persona, según les reveló Selene. El Demonio de Más Allá del Palio lucía aspecto de elfo oscuro con ropajes de seda, piel dorada y ojos felinos, y su rostro no dejaba de lucir una sonrisa divertida, cuando no una carcajada de placer ante la matanza. Ejercía una atracción magnética, y a la vez transmitía una sensación de desasosiego que ponía los pelos de punta.

—¿Y vuestra amabilidad, Ayreon?¿No me vais a ofrecer un refrigerio? -dijo el kalorion cuando los demonios habían sido por fin eliminados.

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