Translate

miércoles, 3 de agosto de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 43


Las cosas habían cambiado en la esfera celestial. Aunque seguía habiendo un "velo de oscuridad" que impedía sentirla con claridad, se había hecho más tenue. Pero ahora, aunque débilmente, Ayreon y Demetrius sí que podían sentir la presencia de los avatares que faltaban desde hacía meses. El grupo se reunió con los altos cargos de la torre, Ibrahim, Randor, Jasafet y Unzhiel, que les informaron de la situación. Habían pasado tres meses desde que se habían ido, y el flujo de demonios desde el torreón engullido por la bruma pálida había ido creciendo cada vez más, hasta que hacía un par de días se había cortado en seco. El torreón seguía inmerso en la bruma, pero ésta era claramente más tenue, y su extensión se había reducido considerablemente. Pero seguía allí. El Grial, según palabras del padre Ibrahim, había agotado aparentemente todo su poder, aunque en las últimas horas Ibrahim había detectado ecos en el objeto que le daban esperanzas para recuperarlo. Eglaras seguía ausente.

Demetrius se encontró entre gran regocijo con sus mujeres, Azalea, Eltahim y Loryn. Las tres estaban a punto de dar a luz. Ezhabel mantuvo largas conversaciones con Cirandil, que se encontraba bastante traumatizado por la experiencia en el Palio; ella se sentía cada vez más unida a él, y acabaron haciendo el amor y "formalizando" su relación.

Sin tardanza, se convocó a todos los paladines y acólitos que habían partido en busca del Grial, y a medida que fueron volviendo a la torre se fueron haciendo evidentes las cuantiosas bajas entre los enviados. A todos se les recibía con honores.

Selene habló con Ayreon sobre el "aislamiento" de sus fuentes de poder al que la había sometido Urion valiéndose de artes desconocidas. Le preguntó si iban a hacer algo al respecto, a lo que el paladín no supo qué responder. La kalorion insistió varias veces, siempre con el mismo resultado.

Por su parte, Ezhabel, Demetrius y Leyon se sentían ya impelidos arrolladoramente a cumplir el juramento a Urion y entregarle a Selene. En sus sueños cada vez se encontraban más inquietos y aparecía una y otra vez un cuervo blanco en un paraje cercano al lugar donde se encontraban en cada momento. Mientras se encontraban en Emmolnir, el paraje mostrado era el de una solitaria ermita en lo alto de una colina cercana. Entendieron al instante que el paraje mostrado era donde Urion les requería la entrega. Los tres, aprovechando las ausencias de Ayreon, encargado de la organización de la torre, discutieron largo tiempo un plan para llevar subrepticiamente a Selene y algunos refuerzos (entre ellos Ayreon) al lugar de entrega.

Empezaron por contarle a Ayreon lo del juramento. Ezhabel le reveló que se lo habían estado ocultando, pero no le dio más detalles sobre el objeto del mismo. No podía, ya que se lo impedía el propio juramento que había hecho sobre la vara de Urion. Pero le instó a ayudarles. Ayreon se mostró muy dolido por el hecho, pero no tuvo más remedio que comprender las razones del resto del grupo y, cómo no, aceptó ayudarles. Demetrius fingió ante sirvientes y conocidos que partía fuera de la torre para poder alejarse sin despertar sospechas. Así Ayreon no lo buscaría. El bardo se reunió más tarde con Selene para contarle lo del juramento, pero no le dijo toda la verdad. Le contó que a quien tenían que entregar era a Ayreon, y que necesitaban su ayuda y sus conocimientos. Selene, muy perspicaz, advirtió algo raro en el discurso de Demetrius e intentó sonsacarle repetidas veces, pero las dotes de actuación del bardo le fueron muy útiles. Finalmente, Selene aceptó acompañarles. Después de que Ayreon diera las órdenes pertinentes y dejara a Jasafet como encargado de la Torre en su ausencia, el paladín, Ezhabel, Leyon, Adens, Cirandil y Rughar acudieron con una escolta de paladines a la ermita sobre la colina. Al cabo de un rato llegaron Demetrius y Selene, acompañados por los ocho apóstoles de ella.

Una fina lluvia empezó a caer mientras atardecía. Los tres que habían prestado el juramento a Urion lanzaron una llamada al kalorion, concentrándose intensamente. Proyectaron la imagen mental de ellos tres más Selene esperando al kalorion ante la ermita recién restaurada. La lluvia se hizo un poco más densa y el ambiente un poco más oscuro mientras esperaban. Quizá no habían invocado bien a Urion, o no era ese el punto de entrega, o quizá hubieran hecho alguna otra cosa mal.

Un cuervo graznó en lo alto de un árbol. Y luego otro. Una bandada llegó, rodeando al grupo. Y otra más. Una multitud de cuervos se reunió en unos minutos, revoloteando a su alrededor, aturdiéndolos.

Los cuervos se posaron, dando alivio a los ojos y oídos de los allí reunidos. La lluvia había remitido.

 —Por fin me la habéis traido -la voz envejecida y sinuosa procedía del tejadillo frontal de la ermita. Ayreon miró sorprendido a sus compañeros, comprendiendo a quién tenían que entregar en realidad. Si Selene se sorprendió no lo dejó entrever en absoluto.

Subieron la mirada. En el tejado de la construcción se erguían cuatro siluetas, y otras muchas habían aparecido tanto en la ermita como en los alrededores. De las cuatro, era evidente que el anciano encorvado era Urion. La pareja de elfos oscuros eran, obviamente, Larmar y Laileth. Y el cuarto en discordia no era otro que Carsícores. El resto de siluetas eran apóstoles de todos ellos, y además Leyon y Ezhabel pudieron ver varios Rastreadores del Silenciado con sus uniformes verde oscuro y plata entre los enemigos, teniendo cuidado de permanecer alejados. Cuatro kaloriones era más de lo que el grupo era capaz de manejar en esos momentos. Mucho más de lo que esperaban.

 —Gracias por el regalo. Veo que sois personas de palabra -dijo socarronamente el anciano kalorion-. Y ahora, todo esto debe acabar.

Los tres juramentados dejaron de sentir el influjo de su promesa al fin. Carsícores le guiñó un ojo Ayreon mientras lucía su eterna sonrisa burlona. Urion canalizó una gran cantidad de poder. El grupo entero sintió una especie de presión cortante sobre sus fuentes de poder, y por unos momentos dejaron de sentirlas. Urion estaba intentando hacerles lo mismo que a Selene, inutilizarlos escindiéndolos de su esencia. Afortunada y sorprendentemente, consiguieron resistir y rechazar el influjo del kalorion [punto de destino de Demetrius para evitar el efecto sobre él y Mandalazâr]. Si eso fuera posible, creyeron ver un atisbo de frustración en el rostro de Urion. Larmar desapareció de donde estaba y Laileth empezó a emanar un frío entumecedor que se hizo de repente intensísimo, sólo un breve instante porque una gran explosión de origen desconocido lanzó a la kalorion varios metros hacia atrás.

Fue el momento en que el grupo usó el as que tenía guardado en la manga. Leyon, que ya empuñaba a Ecthelainn, canalizó el poder de la espada que le permitió controlar el tiempo, ralentizándolo. Consiguió dejar al grupo y sus compañeros fuera del efecto general [punto de destino para potenciar el efecto] y acto seguido, Demetrius abrió un portal mediante Mandalazâr a uno de sus puntos memorizados, en las afueras de Harudel, la capital élfica. Lo atravesaron súbitamente junto a su escolta, y se derrumbaron en la hierba, aliviados.

La hierba, por cierto, se mostraba totalmente marchita, y las piedras estaban desgastadas, apagadas, como si hubieran perdido la vida, la esencia... no sabrían explicarlo con certeza. Los árboles estaban secos y ennegrecidos en varios kilómetros a la redonda. Era evidente que el lugar había sido invadido por la bruma pálida, y que ésta se había retirado en algún momento, dejando un paisaje que era lo más parecido al Palio en el mundo real.

No hay comentarios: