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miércoles, 3 de agosto de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 46


Demetrius no tardó en volver al circo para reunir a los bardos y hablarles sobre la ceremonia de coronación, el Hatyrktas. Todos ellos se encontraban emocionados por tener ante ellos al Amdawydd, al que en secreto habían esperado durante toda su vida. Respondió a todas las preguntas que pudo, y ellos le hablaron del ataque que el grupo de bardos yrkanios había sufrido de camino a Haster, antes de que se incorporaran al circo. Su líder, Jonäs, estaba postrado en cama todavía, gravemente herido. Jonäs. Un nombre que a Demetrius le recordaba otra vida. Corrió a ver a su otrora amigo y confidente. El viejo cantor yrkanio presentaba una herida ennegrecida de muy mal aspecto en el costado; los vasos capilares de alrededor de ella se marcaban púrpuras contra la piel extemadamente blanca. El anciano aparecía demacrado y muy pálido, apenas podía abrir los ojos. Demetrius instó a su hermana Suzan a llamar a Ayreon.

Leyon, que se había incorporado a las tareas administrativas y políticas más tediosas, se reunió con Agiran. Preguntó al viejo noble sobre la situación. Lady Ylma había vuelto para ayudar, según ella, en el gobierno de la ciudad, y para intentar apaciguar los ánimos entre las diferentes nacionalidades reunidas. Los caballeros esthalios hacía pocos días que habían llegado, y aparte de las presentaciones de cortesía, no habían aparecido todavía por el palacio. Respecto a los vestalenses, comentaron lo extraño que había sido que Mahmad el'Dahri, su líder, no hubiera aparecido en la cena de la noche anterior; aunque Agiran suponía que no tardaría en aparecer en palacio de nuevo. Tras la conversación con Agiran, Leyon se encontró con Banallêth, para pedirle información sobre temas diversos. Le comentó el extraño estandarte de los esthalios, el círculo negro sobre fondo blanco. La hermana de Ayreon sabía que el estandarte correspondía a una Orden de caballeros llamada la Luna Nueva, que en su día se opusieron al orden establecido en Esthalia, pero no sabía qué objetivos los movían ahora. También sabía del trato que lady Ylma había hecho con Naelon, pero no pudo darle más detalles.

Al poco rato, Ezhabel se encontró con Leyon y Banallêth en los aposentos de ésta. La semielfa pidió consejos a la mujer para crear una red de espías en Lainirial. Mientras hablaban, Ezhabel sintió una extraña canalización de poder a su alrededor, por lo que sugirió a la espía salir a los jardines. Allí, Banallêth le enseñó cómo hablar sin despertar sospechas y evitando que nadie pudiera leer sus labios. Acordaron que la Señora de los Espías debería cambiar de habitaciones.

Ayreon llegó sin tardanza al circo para tratar a Jonäs. Con él iban sus paladines. Tras aplicar todo su poder y conocimiento, no consiguió vencer la extraña dolencia. La herida sólo mejoró un poco. Lo intentarían otra vez al día siguiente.

Leyon se reunió con lord Tarkos en la biblioteca. Como siempre, el nervioso hombrecillo se encontraba leyendo como un poseso. Le pidió su opinión sobre la situación de la ciudad, a lo que Tarkos respondió que la gran urbe estaba a punto de colapsarse sobre sí misma, era cuestión de tiempo. Estaba pensando incluso en marcharse. Una visión sumamente desesperanzadora.

Ezhabel comentó a Ayreon la percepción del poder que había tenido en las habitaciones de Banallêth. El paladín partió a ver a su hermana sin tardanza, e intentó convencerla para que dejara su cargo. No quería perder a más seres queridos, después de lo de su esposa. Banallêth, idealista como siempre, se negó en redondo, quería ayudar todo lo posible, y no se le ocurría un puesto mejor. Ayreon dio las órdenes pertinentes para el cambio de habitaciones de su hermana.

Demetrius se reunió con el senescal Dorton con el fin de que éste hiciera todo lo posible para que en la cena de esa noche estuvieran presentes todos los pretendientes al Trono.

Por la tarde llegó el badir Mahmad el'Dahri, que fue recibido por el grupo al completo y especialmente con Demetrius, con el que habló un fluido vestán.

Más tarde, Naelon se presentó por sorpresa en los aposentos de Demetrius para "charlar distendidamente". Quería hacerle notar que pasaba demasiado tiempo junto a Leyon, y tal favoritismo hacía al resto dudar de su imparcialidad. El bardo lo intentó tranquilizar, defendiendo su honor y su equidad. Naelon sostenía que él era el heredero legítimo, y que tenía el apoyo de lady Ylma y de Su Altísima Señoría lady Lerna.

Ayreon partió con una escolta de varias decenas para visitar a los caballeros esthalios de la Luna Nueva. En el campamento se encontró con su comandante, lord Eyrag de Larth, y con sus dos lugartenientes. Eyrag causó muy buena impresión a Ayreon, era un hombre inteligente y políticamente muy correcto. Por lo que pudo deducir el paladín, las intenciones de la orden esthalia era restaurar su reino (bajo el gobierno de Eyrag) e incorporar a él la totalidad del Imperio Vestalense. Por supuesto, quedando fuera del Imperio. Eso no gustó nada a Ayreon, todo lo contrario que el fervor emmanita de los caballeros, que le impresionó gratamente.

El regreso desde el campamento de los caballeros fue bastante accidentado. Cuando llegaban al primer bastión interior, un pivote de ballesta silbó a escasos centímetros de la cabeza de Ayreon y otro le alcanzó en el antebrazo. Le hubieran acertado de pleno en el pecho si uno de los guardias no le hubiera desequilibrado a tiempo de la silla de montar. Ambos pivotes estaban envenenados, aunque no afectaron al paladín. No consiguieron atrapar al atacante, pero el tamaño de las saetas dejaba poca duda de que eran de origen vestalense.

Leyon, preocupado por el ejército de su ahora difunta prometida, partió para visitar a lord Aglanâth, el capitán de las fuerzas de Dalryn. El oficial le ofreció su apoyo y su lealtad si Leyon resultaba investido emperador y era capaz de mantenerlos.

Llegó la cena. En ella, ante los nobles al completo y los presuntos herederos, Demetrius anunció que el Hatyrktas se celebraría en cinco días a contar desde la fecha. Volvieron a producirse discusiones. Lord Turkon y lady Lerna anunciaron que no apoyarían a cualquiera de los herederos. Además, la daarita, con el apoyo de Ylma, mostró de nuevo sus reticencias a elegir a su Emperador mediante una ceremonia basada en la superstición. Tenían sus preferencias. En ese momento Leyon decidió que no sería una mala idea traer a la ciudad a lord Randor para tener un apoyo más en Haster al mismo nivel que los dos monarcas presentes.

El día siguiente estalló un altercado en el patio de armas de la ciudadela. Rughar les informó de que un elfo de su guardia había muerto a manos de un arcángel de lady Lerna. Las tensiones habían ido creciendo en las últimas horas entre los dos colectivos, hasta el trágico incidente. Rápidamente, el soldado fue denunciado y ajusticiado. Esperaban que así los problemas no fueran a mayores.

También por la mañana, Demetrius abrió un portal a Emmolnir y Randor y diecisiete paladines cruzaron a requerimiento del grupo(para un total de veinte paladines en Haster). Randor fue presentado ante la alegría de unos y la suspicacia o frustración de otros. Robeld de Baun se postró ante él, reconociéndolo al instante, húmedos los ojos.

Al caer la noche, otro revuelo en el patio llamó la atención del grupo. Al parecer, alguien no identificado había intentado asesinar a Muren, el paladín creador de comida. Dos hidkas habían muerto en el incidente, y gracias a los consejos de Ezhabel habían conseguido matar al asesino, o a uno de ellos. Para su gran inquietud, el atacante no era sino un Susurro de Creá, la hermandad de asesinos más mortal de Aredia y, posiblemente, del mundo. Lucía la capa característica de ellos, cambiante y borrosa, haciendo casi invisible al portador en las sombras. Esto ya eran problemas realmente graves. Acudieron a ver al badir Mahmad el'Dahri llevando la capa del asesino. El líder vestalense mantuvo una conversación con Leyon sobre el futuro de su Imperio, ofreciéndoles un acuerdo de ayuda mutua. Tras ello, se dirigió a Al'Ahedh, uno de sus acompañantes vestido con lujosas ropas y adornos; tras unos momentos de tensa conversación en vestán, finalmente les recomendó preguntar por Ordreith en cierta esquina de una casa roja sita bajo el segundo puente sobre el río.

Mientras tanto, Ayreon, con la ayuda ahora de veinte paladines, se encontraba imponiendo sus manos sobre el bardo Jonäs. Canalizó una cantidad de poder ingente y sólo así pudo sanar la herida del anciano, ante el asombro del resto de bardos. Tal poder provocó una visión en el paladín: Emmán yacía ante él, muerto sin duda y sin remedio. Cayó de rodillas, exhausto. Murmuró lo que había visto al resto de paladines. Esa noche, Ayreon tuvo que dormir largo tiempo, agotado como estaba.

La cena de ese día vio la presencia del Mediador Supremo Daxar Emaryll en la mesa, con lo que aún se respiró más tensión de la habitual. Ayreon estuvo a punto de estropearlo todo muchísimo mencionando el episodio norteño de los Mediadores con los losiares, pero todo quedó en una leve discusión.

Por la mañana, campanas y trompetas anunciaron la llegada de una flota de barcos con el estandarte de Los Iluminados, una famosa compañía mercenaria. Al menos tres mil bajaron de las naves, cuyos cabecillas fueron recibidos por lady Ylma, que parecía esperarlos antes del anuncio de su llegada.

Al anochecer, Leyon y Ezhabel visitaron la casa de la que les habló el extraño vestalense, preguntando por Ordreith. Una mirilla se abrió, dejando ver un anciano rostro cruzado por cicatrices. Le dijeron que venían de parte de Al'Ahedh, y que tenían algo que creían que les pertenecía, refiriéndose a la capa. Tras ponerlos a prueba con varias preguntas, el viejo los dejó pasar a un estrecho y escasamente iluminado pasillo. Con su ojo experto, la semielfa pudo apercibirse de que la casa era un nido de asesinos que les observaban por doquier. No hacía falta ser un lince para darse cuenta de que corrían gran peligro. Al fondo del pasillo llegaron a una habitación con dos puertas que por todo mobiliario tenía una mesa y varias sillas. Tras tomar asiento y entregar la capa al viejo,éste se marchó y de la segunda puerta apareció un hombre encapuchado y con la cara tapada. Les preguntó que cuáles eran los motivos por los que debía dejarlos con vida. A Leyon se le acabó la paciencia y empuñó a Ecthelainn. Ante la visión de la sobrenatural espada, el hombre se hizo a un lado invitándoles a marcharse; mientras lo hacían, el encapuchado dijo con crípticas palabras que esa no era la actitud más adecuada para lo que iba a venir en los próximos días. Amenazantes y muy inquietantes palabras.

Demetrius mantuvo varias conversaciones con Erhey, el sabio que acompañaba a Mahmad. Era claro que el anciano Erhey era el primer consejero del badir. En uno de los diálogos le habló sobre Al'Ahedh. El extraño hombre de los lujosos y vibrantes ropajes y la cara tapada era una especie de hombre de confianza, el bardo no pudo averiguar mucho más.

Preocupado por las últimas palabras del encapuchado, Leyon encargó a Banallêth prioridad total para averiguar todo lo que pudiera sobre el objetivo de los Susurros de Creá en los próximos días.

Y así llegó la noche del tercer día a partir del anuncio de Demetrius. Sólo dos jornadas les apartaban del Hatyrktas y la proclamación de un nuevo emperador.

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