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jueves, 20 de octubre de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 71

El peso de la responsabilidad prácticamente abrumaba a Leyon. Cada día recibía varias visitas de los Padres Santos del Imperio Daarita, maquinadores expertos que trataban de aventajarse unos a otros en el favor del Imperio y que intentaban sacar en claro qué iba a pasar con su antiguo país, ante la ambigüedad del Emperador. Con la ayuda de Agiran, Ylma y Dorlen Leyon fue capaz de dar una respuesta definitiva. Agiran expresaba su firme desacuerdo con la propuesta de Leyon de instaurar en el país de los Santos Padres un Senado bajo el mando del Senescal (Aladhryd) encargado. Por su parte, Dorlen e Ylma, bastante menos fanáticos de las tradiciones, sí apoyaron a Leyon en tal decisión, afirmando la conveniencia incluso de leyes más abiertas. La propuesta final de Leyon fue la de la instauración de un Senado que elegiría al Aladhryd de entre sus filas, sujeto siempre a la aprobación del Imperio. Sin embargo, decidieron no plantear todavía la solución a los daaritas, pues el aspecto religioso del acuerdo todavía no estaba nada claro; algunos de ellos no creían que fuera una idea instaurar la libertad religiosa en el Imperio, mientras que otros estaban totalmente a favor. Tanto una como otra opción planteaban problemas que surgirían en el futuro y sin duda pondrían en aprietos la estabilidad del Imperio.

Las siguientes noches, Nirintalath siguió apareciendo en los sueños de Ezhabel. Lo único que percibía la semielfa era un leve tinte verde en sus visiones oníricas y la débil voz del Espíritu de Dolor, lejana, que le preguntaba cosas sin sentido, confundida, como si hubiera olvidado todo o casi todo.

Una de las noches, los sueños de todos parecieron derrumbarse hacia una oscuridad absoluta, y Ayreon pudo incluso oir la risa de Selene de fondo. Como Demetrius les informaría al día siguiente, su capacidad para abrir portales utilizando a Mandalazâr había retornado, así que supusieron que el "cataclismo onírico" había tenido algo que ver con algún tipo de ritual llevado a cabo para poder abrir tales atajos. Eso eran buenas y malas noticias: serían capaces de transportar tropas rápidamente, pero ahora la Sombra también podría hacerlo.

Hidra Ancestral de Trelteran
No tardaron en manifestarse los efectos que temían. Al atardecer del día siguiente, Ayreon recibió una canalización de Jasafet desde la Torre Emmolnir, transmitiéndole una sensación de urgencia y peligro casi insoportable. Se desplazaron al punto con las habilidades de Heratassë. Demetrius abriría un portal desde allí si fuera necesario.

A Ayreon se le cayó el alma a los pies. La Torre estaba siendo atacada por una enorme fuerza de la Sombra, que surgía de varios portales abiertos en derredor. La penumbra lo inundaba todo; penumbra que se iba oscureciendo a medida que pasaban los segundos, al parecer proveniente de una figura tenebrosa en el cielo que no podía ser otra que Selene. Una hidra ancestral, creían que la misma que habían visto en Puerto Reghtar, se alzaba abrumadora sobre los más altos torreones de Emmolnir, empequeñeciéndolos.

Podían oír los gritos de los Paladines e Hijos de Emmán que caían desde las almenas o eran cruelmente destrozados por los soldados oscuros. Tenían que salvar lo que pudieran. Demetrius sacó sin tardanza la Daga de la Luz, que iluminó un amplio radio a su alrededor.

El episodio fue rápido pero extremadamente cruento. Demetrius, viendo que no podía esgrimir el Poder suficiente, tendió la Daga a Leyon, que la cogió con respeto. La Luz y el Poema Primordial lo hinchieron hasta casi reventar, pero pudo contener todo el torrente de Poder Arcano y redirigirlo hacia fuera en forma de explosión de Luz. Tal explosión cegó y quemó a la mayoría de criaturas de la Sombra a su alrededor, y con toda seguridad fue lo único que salvó al grupo de la muerte, pues Carsícores había aparecido hacía unos segundos y con su enigmática sonrisa había empezado a caminar hacia ellos. Aun así, un Segador Negro (¡¿¿pero no eran criaturas fieles a Urion??!) atravesó con su aberrante hacha el pecho de Ayreon y lo hirió de extrema gravedad. A duras penas, Demetrius consiguió abrir un portal por el que pudieron salvar a un total de cuarenta paladines (entre ellos el padre Ibrahim con el Grial y el hermano Jasafet) y sólo un puñado de Hijos de Emmán. Ayreon rezó junto a sus fieles con todas sus fuerzas, en busca de consuelo. Obtuvieron respuesta: Emmán les ordenó que permanecieran fuertes y reconstruyeran la Torre lo antes posible. Comprendieron que el concepto "Torre" no se refería únicamente a la construcción física, sino a los ideales y las personas que la componían.

La urgencia era ya absoluta. El grupo dio las órdenes necesarias para el retorno de todas sus fuerzas a Haster. No podían dejar pasar mucho tiempo. Decidieron que atacarían Emmolnir, donde parecía que había acudido el grueso de las fuerzas de la Sombra, recuperando la Torre y asestándoles un golpe del que con suerte no se recuperarían. Pero se sentían en inferioridad, dado el gran poder de Selene y lo que habían visto últimamente entre sus filas. Aun así, tendrían que atacar Emmolnir antes de que la Sombra atacara Haster y todo se perdiera. Era necesario. Las órdenes se transmitieron instantáneamente a través de la red de Rastreadores que habían establecido durante el último mes en todos los puntos estratégicos, y Demetrius se preparó para abrir todos los portales que fueran necesarios para acelerar el proceso de reunión. Previendo cercano el final, todos intentaron pasar el mayor tiempo posible con sus seres queridos.

La noche siguiente, Demetrius recibió una visita inesperada en su sueño. Se despertó en el Mundo Onírico, en su habitación de tonos grisáceos, y allí estaba sentada Azalea, su amada Azalea, que había partido para servir a Selene. La muchacha aparecía poco definida, todo lo contrario que un anillo plateado en el dedo, que relucía lleno de color y que Demetrius identificó sin duda como un artefacto que facilitaba la experiencia onírica. Para regocijo del bardo supremo, la muchacha manifestó su congoja por aquello en lo que se había convertido Selene y su deseo de regresar junto a él. Pero no sería tan fácil; no podía marcharse sin más. Sólo había venido para advertirle que Selene estaba débil, pero no iba a estar quieta. Sus fuerzas se estaban concentrando en Emmolnir, ahora arrasada y mancillada, para marchar hacia Haster. Pero no era el primer paso que iba a dar la kalorion: su intención era viajar de nuevo a Ashakann, a la Mansión de los Mediadores, para tocar de nuevo la Vicisitud y acabar todo aquello definitivamente. Azalea se giró, mostrando sorpresa; acto seguido se despidió apresuradamente, con voz temblorosa, empujando a Demetrius para que despertara.

En ese mismo momento, Ayreon despertó bruscamente. Sin duda alguna, había percibido la presencia de Trelteran en el mundo onírico de Haster, como una comezón que se acercara hacia él. Se levantó al instante y se dirigió a la habitación de Petágoras, donde dos paladines hacían guardia (y dos Susurros de Creá en el Mundo Onírico). Se quedó allí toda la noche.

Por la mañana, fueron informados de que los dos Susurros encargados de cuidar a Petágoras en el Mundo Onírico la noche anterior habían muerto. La consternación los invadió. Trelteran, y posiblemente otros, habían empezado a hostigarlos ya, a debilitarlos. Debían darse prisa. Demetrius compartió rápidamente la información que le había dado Azalea.

Decidieron que Demetrius partiría hacia la isla de Targos con Eltahim junto con Leyran y Mattren, los Mediadores "amigos", para advertir a los compañeros de éstos. Sin embargo, una repentina visión apocalíptica de Ayreon inspirada por Emmán les hizo desistir de tal viaje: sin duda, Demetrius moriría si Eltahim los llevaba allí.

Buscaron más opciones. Haciendo uso de las capacidades de los Rastreadores intentaron establecer un "canal de poder" entre Petágoras y Elsakar, pero éste se vio abrumado y cayó mareado, con lo que desistieron de tal intento. Quizá tendrían más éxito con Zôrom o con Demetrius...

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