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jueves, 31 de enero de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 12

Huida y caos.
Una oscuridad cada vez más profunda les envolvía. Con un rugido que tenía muy poco de natural, Fred creció en las sombras y levantó en el aire a McPherson como si fuera una pluma. Éste no lo dudó ni un instante y descargó su arma sobre el corpachón. Lo que quisiera que fuera Fred en aquel instante fue afectado, y cayó al suelo, inmerso en una especie de ausencia y volviendo a su tamaño normal. Frotándose el cuello, McPherson murmuró una maldición.

Las voces en el exterior no habían cesado de amenazarles con que salieran, y a los pocos segundos unos tiros atravesaron la puerta, seguidos de un tipo vestido de negro y con un subfusil automático en las manos. Por pura suerte, Jack le descerrajó un tiro en el pecho antes de que pudiera reaccionar. No obstante, a los pocos instantes otro hombre atravesaba la puerta con una lluvia de disparos y gracias al chaleco antibalas, resultó sólo en un par de costillas rotas a Jack. Afortunadamente, ya habían podido seguir su descenso precipitado por las escaleras, y McPherson se encargó de la cobertura dejando caer una de las bombas de humo que siempre llevaba consigo (gracias a un punto de relato). Arriesgándose a volver a por Fred, Jack pudo oir a través del humo cómo una voz de mujer hablaba con un hombre, y se refería a él como "padre". El acento de este último era de algún lugar de Europa Oriental.

En el exterior, Joey y John vieron cómo los tipos que estaban junto a los cuatro por cuatro negros se tocaban la oreja, tiraban los cigarros y corrían hacia el interior sacando armas. No esperó más y haciendo uso del rifle de francotirador empezó a abatirlos mientras Joey acercaba la furgona de forma algo torpe.

El grupo del interior llegó por fin al descansillo de la planta baja, y se disponían ya a salir al exterior por la puerta de emergencia cuando alguien abrió la puerta que daba al pasillo de planta de un golpe y lanzaba al interior un extraño objeto, parecido a una granada. Casi todos pudieron salir al exterior antes de que el objeto explotara, excepto Jonas que, golpeándose con el borde de la puerta, cayó hacia atrás, arrastrando consigo a James, el hermano de Jack, que llevaba a hombros. El objeto no explotó, sino que pareció abrirse de alguna forma con un efecto invisible a los ojos.

Jack entró corriendo a continuación, mientras los de fuera empezaban a disparar, y sacó a su hermano de allí. Al tenderle una mano a McNulty, éste no sólo la rechazó, sino que salió corriendo, confundido.

McNulty no recordaba nada posterior a su etapa como policía en Irlanda, y extrañado, huyó de allí al notar que silbaban balas a su alrededor. Intentó robar un coche, pero sin éxito. Cuando enfiló a toda prisa corriendo por la avenida, sirenas de policía sonaban ya a lo lejos. Vio cómo alguien le hacía señas desde una furgona frente al hospital, llamándole por su nombre y pareciendo preocupado, así que decidió correr hasta el vehículo y subir; ya habría tiempo para preguntas.

Una vez todos reunidos en la furgona, Gibbons arrancó bruscamente, perseguido por varios coches de policía. A los pocos minutos, un helicóptero silencioso comenzó a disparar contra ellos, y McPherson resultó herido. Por suerte, llegaron enseguida al túnel que llevaba a Nueva Jersey y se libraron de los disparos. Un brusco giro un tanto suicida de John dejó la furgoneta atravesada en la autopista del túnel y sembró el caos: algunos coches volcaron, otros chocaron y se formó un colapso de tráfico con varios heridos. No podían perder tiempo; sacando por la fuerza al conductor, se hicieron con una furgoneta de FedEx y arrancaron rápidamente. Al otro lado del túnel esperaba el helicóptero, pero por suerte no les disparó. Dando un buen rodeo, se dirigieron hacia Boston.

Durante el camino surgieron varios problemas: por un lado se hizo evidente que Jonas había perdido la memoria, y se puso un poco violento producto de su desorientación. Por suerte, lograron convencerle de que estaban de su lado. Por otra parte, James sufrió un shock anafiláctico y eso les obligó a parar a mitad de camino para buscar una farmacia, donde consiguieron adrenalina y una jeringuilla para mantenerlo con vida un poco más. Llegando a Boston, Fred empezó a espabilarse otra vez, y a susurrar de forma inquietante a Jack; mencionó a su compañera Susan, que era violada cada día allí de donde venía, a su padre y a su madre muertos, que se encontraban esperándole. McPherson, afirmando tener la medicina adecuada, se plantó ante él y empezó a darle patadas; y ante el asombro de todos, eso pareció calmar al extraño ser en que se había convertido el bueno de Fred.

Finalmente, cerca de la medianoche consiguieron llegar a la iglesia de St. Gabriel, donde, iluminados por los faros de la furgoneta, Sally y Thomas salieron a su encuentro.

lunes, 14 de enero de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 11

Sally arrestada. Incursión en el hospital.
El grupo entabló una discusión en un tono algo desesperado sobre qué podrían hacer a continuación. Finalmente decidieron que le debían a Fred al menos intentarlo, así que intentarían entrar en el hospital y sacarlo de allí para poder llevarlo a Boston y que su hermano, el padre Fabrice, pudiera practicarle un exorcismo. Por muy demencial que pudiera parecer la idea, no podían ignorar los hechos extraños que habían presenciado últimamente y el inexplicable estado en el que se encontraba su amigo.

Optaron por dividirse: Joey y Sally se dirigirían a hablar con el padre Fabrice para concretar detalles, y el resto intentaría sacar a Fred del hospital.


En el camino hacia el hotel donde se alojaba el padre Fabrice, Joey y su compañera tuvieron la mala suerte de toparse con un control policial. A Joey le llamó la atención de que uno de los policías apuntaba con un tablet a cada conductor de coche que pasaba junto a él, un equipamiento que la policía no solía llevar consigo. Al escanear a Sally, le dieron el alto. Durante la conversación, los policías no se mostraron demasiado amistosos, y el tercero se reunió con una patrulla que llegó poco después, acompañados por un hombre y una mujer en traje negro que inmediatamente se dirigieron hacia la escena. Joey decidió que aquello no podía acabar bien y arrancó el coche; sin embargo, Sally no pudo reaccionar a tiempo y fue apresada.

Desde un oscuro callejón de Chinatown Joey se puso en contacto con Jack, que se encontraba con los demás vigilando la entrada del hospital; allí habían visto unos todoterrenos negros con figuras sospechosas fumando a una distancia prudencial. Tras colgar el teléfono, unas luces inesperadas pusieron sobre aviso a Joey, que dejó el coche al instante y se metió por una pequeña puerta. La puerta daba acceso a la trastienda de un restaurante chino de mala muerte donde le recibió un enorme tipo oriental con un cuchillo de carnicero en la mano. El tipo, del que dedujo que se llamaba Wong, lo condujo a presencia de una extraña viejecilla la cual, al entender la situación de Joey, lo escondió un buen rato y le dio algo de sopa. Al cabo de un rato, el informático recibió la llamada de Jack, alertándole de que se encontraban en una calle cercana. Agradeciendo la inesperada ayuda todo lo bien que pudo dadas las limitaciones de idioma, Joey se dirigió a la salida; no obstante, antes de ello, Wong le detuvo y la anciana se situó ante él: mirándole a los ojos y señalándolo con un huesudo dedo índice, le dijo algo muy solemnemente en chino que evidentemente Joey no entendió. La mujer le sostuvo la mirada unos segundos, hasta que finalmente suspiró y con un gesto displicente hizo que Wong se apartara del camino. Aliviado, Joey salió y se reunió con sus compañeros, explicándoles todo el episodio.

Se dirigieron inmediatamente al punto donde el control había parado a Joey y Sally. El control policial ya no existía, y lo único que se podía ver era un coche de policía aparcado en la calle con una pareja de agentes en su interior. Se habían acabado las tonterías. Encañonaron a los policías y les interrogaron abiertamente. Según los polis, Sally había sido llevada a la comisaría, y el agente del iPad había llegado desde la central como refuerzo, no lo conocían antes de aquel día. Debido a la impulsividad de los policías, el interrogatorio concluyó con uno de ellos muerto y otro inconsciente.

Joey se puso inmediatamente manos a la obra y en pocas horas había hackeado el sistema para crear una ficticia orden de traslado de Sally. Las habilidades de Jonas y Jack se encargaron del resto: haciendo uso de los papeles proporcionados por Joey sacaron a Sally de la comisaría sin problemas. En la comisaría también había figuras vestidas con trajes y vestidos negros que tuvieron buen cuidado de esquivar; al parecer era la moda vestir así.

De vuelta al piso franco, desmantelaron todo el equipo y lo empaquetaron para estar preparados ante un posible traslado relámpago. El ordenado de Joey había acabado de descodificar la información de Westchester Assocs, y sólo tendrían que hacer un estudio de los datos.

Por la mañana, volvieron al hospital con menos contratiempos. McNulty, McPherson y los Finnegan fueron los que se infiltraron. McPherson no era de los que se andaba con chiquitas, y al primer guardia de seguridad que se acercó para pedirles sus permisos le descerrajó un tiro. El caos se adueñó del hospital, lo que benefició en gran medida las intenciones del grupo. Tras liquidar a un par de tipos vestidos de negro y provocar algunas víctimas colaterales, llegaron a la habitación, donde un par de enfermeros acompañados de otro tipo alto y delgado vestido de negro intentaban sacar a Fred de la habitación con ayuda de otras dos asistentes. Los enfermeros sacaron armas de entre los pliegues de su ropa y en un breve tiroteo fueron abatidos. El tipo de negro se movió con una velocidad sobrenatural que no era desconocida para el grupo, y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Mejor; no sabían cómo podría haber terminado un enfrentamiento con otro de esos engendros.

Aprovechando la confusión, sacaron a Fred a todo correr de la habitación y comenzaron a bajar pisos por una escalera de incendios. Pero no llegaron a bajar del todo. A mitad de camino, la luz se apagó, así que tuvieron que ayudarse de los móviles para alumbrarse. Entonces, Fred empezó a resoplar pesadamente, y una voz de mujer se oyó, gritando desde la otra parte de la puerta de la planta, pausada y amenazante: "¡No sabéis a qué estáis jugando, necios! ¡Dejad al paciente y marchaos inmediatamente!".

El resoplido de Fred no había dejado de aumentar de intensidad, y ya se había convertido en un gruñido sordo.


miércoles, 9 de enero de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 19

Quiebramar liberado.
Ser Baeron comenzó a gritar como un loco, instando a la guardia de Halcones a que mataran a todos los intrusos, por su honor y el de lord Jeron. Ser Tristan Errol no lo pensó demasiado y su cuchillo abrió un profundo tajo en la garganta del Connington.

Los guardias presentes comenzaron a tomar partido, apuntándose con sus lanzas mientras se desplazaban de un lado a otro. En ese momento llegó otro pelotón de guardias al mando de Ser William Wylde, que aumentó la tensión aún más. Pero la capacidad de Ancel para llegar al corazón de los soldados se dejó notar. La mayoría de los guardias se pusieron de parte del heredero de la casa y apresaron a William Wylde y a los halcones que no quisieron colaborar, muy pocos en realidad. Ser Tristan fue nombrado sin tardanza nuevo capitán de la Guardia de Halcones, y con los recién llegados procedieron a recorrer todos los rincones del castillo, prácticamente vacío de efectivos aparte de la guardia, reclutando a la mayoría para su causa y arrestando al resto. En pocos minutos el castillo era ya feudo del grupo.

Mientras tanto, con la ayuda de algunos hombres, Jeremiah y Breon aseguraron el portón de entrada para evitar el paso de tropas enemigas al interior de la fortaleza, y Vanna y Ancel entraron a la torre del homenaje para acceder a las dependencias de lord Jeron; allí se encontraron con los guardias personales de Jeron Rolph y Eggert, que se encontraban custodiando a Voredyn Ryth. Rolph opuso algo de resistencia a obedecer las órdenes de Ancel, pero Eggert no se mostró tan reacio, y ante su pragmatismo, el otro guardia se unió a la causa contra lord Jeron. Así que el comerciante braavosi fue liberado sin mayores problemas.

Ante el despacho de lord Jeron se encontraron a otra pareja de guardias: Coronn y un antiguo gladiador de los fosos de Meereen llamado Abantos. Éstos no se mostraron tan colaboradores, pero finalmente pudieron reducirlos. En el despacho no había demasiadas cosas de interés, excepto un mapa de las Tierras de la Tormenta con fichas rojas sobre las tierras que debían de corresponder, según los cálculos de Berormane, a las tierras de los Fell, los Tudbury y los Estermont.

En el exterior, una vez fortificada la puerta, Jeremiah y Breon pasaron a ocuparse de lo que habían visto en el patio de armas: un ídolo que, según les explicaría más tarde Vanna, representaba al León de la Noche de Yi Ti se erguía en el patio de armas, hecho de bronce. Entre los dos caballeros lo echaron abajo, lo que les valió los vítores de la gran mayoría de los habitantes del castillo. A continuación lo fundieron y ordenaron hacer medallones con la efigie de los Siete que más tarde repartirían.

Una vez que tuvieron Quiebramar en su poder, pasaron a urdir un plan para librarse de las tropas enemigas acampadas en el exterior del castillo. Deberían coordinarse con la infantería de los Raer que habían dejado acampada en el sur de la isla. También contactaron con el capitán de la unidad de Cuervos de la Tormenta, un tal Feral Manodeacero, que les pidió 65 dragones para acordar su deserción. Finalmente acordaron el pago de 30 dragones a cambio de una no-intervención de los Cuervos en los asuntos que ocurrirían aquella misma noche.

Poco después de caer el sol, unas antorchas delataron la llegada de la guardia de los Raer, siguiendo las instrucciones que el grupo les había enviado mediante un mensajero. Jeremiah, Ancel y Ser Tristan se pusieron al mando de la Guardia de Halcones y salieron del castillo, prestos a aplastar a la compañía de la casa Wylde en una maniobra envolvente. Los Wylde se dividieron en dos fuerzas, mientras el resto del contingente enemigo maniobraba para situarse en posición. Sin embargo, cuando los Halcones maniobraban para impactar contra los Wylde salieron de entre las sombras los ballesteros de los Cuervos de la Tempestad, que comenzaron a soltar pivotes sobre el contingente Seabreeze. Por lo que parecía, treinta dragones no habían sido suficientes para comprar su lealtad...