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jueves, 25 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 24

Nido del Grifo (II)
Ancel pudo deambular a su antojo por la fortaleza (excepto en aquellas partes donde los guardias impedían el paso con la excusa de que "estaban siendo rehabilitadas"), gracias a su idea de hacerse pasar por uno de los hijos de ser Davos. Los Seabreeze y los Connington habían tenido poco contacto, y confiaba en que nadie lo reconocería. En sus idas y venidas por Nido del Grifo, no fue difícil darse cuenta de que había al menos tantos mercenarios como guardias Connington acantonados en el castillo, si no más.

El cuervo Lorgrim
Durante algunas horas, el grupo intentó buscar una vía de escape del castillo alternativa a la puerta principal, pero según sus impresiones y la poca información que pudieron obtener de los oriundos, no había salidas secretas de Nido del Grifo. La única de información de utilidad provino de unos sirvientes con los que Vanna comió; cuando acudió a buscar a Jelina, la muchacha de las cocinas, ésta no se encontraba en su habitación, y al preguntar a una familia que vivía en las mismas estancias, la invitaron a compartir su comida. Vanna sintió compasión por ellos, pues el hombre se había quedado cojo de una pierna y querían dejar el castillo, así que les dio unas monedas para que pudieran viajar y quizá comprar o alquilar algo de tierra. Los dos niños hijos del matrimonio mencionaron un camino que descendía por la parte norte del castillo, el "camino negro". Le contaron que varias personas habían muerto ya intentando huir o entrar al castillo por el sendero, que hasta las cabras se pensarían afrontar. Esa fue la única información que pudieron obtener sobre vías de escape de Nido del Grifo, algo que según la lógica quedaba descartado, porque si salían con la voluminosa Brienne en baja forma, seguramente se despeñarían ladera abajo.

Ancel intentó tirar de la lengua a un par de oficiales de los guardias Connington, pero no hubo manera de sacar información de utilidad.

Por su parte, Jeremiah visitó los barracones de la tropa, donde encontró a tres guardias y dos mercenarios bebiendo y jugando a los dados. Los mercenarios se mostraron suspicaces con él, pero dos de los Connington lo recibieron efusivamente y le dieron la bienvenida al juego. Tras mucha bebida y tiradas de dados, por fin uno dio rienda suelta a la lengua: habló de los rumores de guerra, de lady Brienne y ser Ronnet, y de la inexistencia de escapes de Nido del Grifo. Los mercenarios no tardaron en marcharse, y los dos guardias Connington más afables cayeron inconscientes por efecto de la bebida, mientras Jeremiah se tambaleaba y el tercer guardia lo miraba fijamente.
 —Lo hicisteis bien en el torneo de Bastión de Tormentas, Seabreeze —dijo el Connington mientras Jeremiah, un poco embotado por la bebida, abría mucho los ojos.

Cuando el guardia hizo ademán de salir por la puerta, Jeremiah le golpeó con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente. Fuera se oían voces. Ser Ronnet había vuelto con su escolta de dondequiera que hubiera ido. Jeremiah rezó a los Siete por que no se les ocurriera entrar en los barracones, y se quedó quieto como una piedra contra la pared. Afortunadamente, pasaron de largo. Cuando Ancel se encontraba atravesando el patio de armas para encararse con ser Ronnet, se encontró con Jeremiah, que salía de los barracones y se lo contó todo. Al punto recogieron a Berormane, que se encontraba en uno de los torreones atendiendo a los heridos del castillo y se reunieron con Vanna. Tendrían que ejecutar lo que quiera que fueran a hacer esa misma noche, antes de que el guardia inconsciente se levantara (Jeramiah lo había hinchado a alcohol después de dejarlo inconsciente) y dijera alguna inconveniencia. Berormane tuvo una idea. Envió a su cuervo Lorgrim con un trocito de papel y carboncillo atado a una pata a uno de los ventanucos de la torre noroeste. Tras dos intentos infructuosos, finalmente obtuvieron el resultado deseado: en el papel, que ahora lucía algún que otro resto de sangre, garabateado con una letra infantil y temblorosa, había escrito un mensaje que les costó entender: "ayuda, sacadme de aquí". Por fin se convencieron de la presencia de Brienne en el castillo; había que hacer algo, y rápido.


martes, 16 de abril de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 15

Fred Mullendore exorcizado
Mientras esperaban a que aparecieran la totalidad de los religiosos convocados por el padre Fabrice para participar en el exorcismo, los personajes emplearon el día en descansar y recuperar fuerzas. Conversaron con Louis Lindon, con sus escoltas y con los sacerdotes.

En concreto, Jack se interesó por cuestiones de fe, y la forma de combatir a los extraños seres a los que se enfrentaban. Eso le llevó a pasar gran parte del día con el padre Fabrice, con Thomas Vaughn y el resto de sacerdotes y personas de fe. Louis Lindon, por su parte, volvió a ofrecerles toda la ayuda que necesitaran, e incluso les ofreció su jet privado en caso de que necesitaran desplazarse a África o a cualquier otro lugar. Aprovechando el ofrecimiento del senador demócrata, Joey sacó a colación el problema de su compañero Lucas: seguro que se encontraba en peligro y deberían ir a buscarle. A tal cosa se oponían con fuerza McNulty y O'Hara; no obstante, al final encontraron una solución enviando a uno de los escoltas de Lindon, Jerry, que partió a buscar al amigo del hacker en cuanto éste llamó para informar del motel donde había alquilado una habitación.

Por la tarde, Thomas recibió una llamada de Linda, la secretaria de su suegro Bertrand Campbell. Se encontraba muy apenada y no pudo reprimir las lágrimas al informar de que en la embajada no le habían dado ya esperanzas sobre poder encontrar ya a su amado jefe. Thomas se mostró todo lo cortante que pudo, con la intención de colgar cortar cuanto antes la comunicación. La mujer le informó de que pensaba comprar un billete lo antes posible para volver a Nueva York, y Thomas le pidió que llamara cuando fuera a salir de Europa para poder ir a recogerla al aeropuerto. Linda se despidió agradecida, entre sollozos e hipidos.

Ya entrada la noche, uno de los escoltas de Lindon anunció la llegada de un coche en el exterior. El vehículo tarnsportaba a un clérigo anciano y calvo, de ojos blancos y ciegos, ataviado con una cruz copta y extranjero a todas luces: egipcio para más señas. Saledh Medhat entró al seminario entre los efusivos saludos de sus viejos conocidos. Al parecer, Medhat era quien tenía que dirigirlos a todos en el exorcismo de Fred, pues tenía ya una gran experiencia en tales rituales en África. Con una media sonrisa que no se reflejaba en sus ojos, se presentó a los personajes, sonriendo cálidamente a Jack y a Sally. Los ojos del viejo, aunque ciegos, parecían mirar directamente el alma de las personas, lo que inquietó profundamente a varios de ellos. Aunque llevaba bastón y un joven seminarista lo acompañaba en todo momento, era evidente que hacía poco uso del primero y no mucho caso del segundo.

Mientras Medhat tomaba un café para reconfortarse y recobrar fuerzas, agradeció a Louis Lindon su ayuda; el senador había enviado su jet privado a buscarle a Alejandría y por eso había podido viajar a Boston en tiempo récord. A continuación, pasó a referir las características del ritual que estaban a punto de llevar a cabo y que debían realizar lo antes posible, e impartió instrucciones para la correcta preparación del poseído y de la estancia, instrucciones que tanto el padre Fabrice como sus compañeros y seminaristas no tardaron en ejecutar.

Jonas se mostró un poco hostil con el anciano al principio; su relación con Dios había sido tormentosa los últimos años. Sin embargo, las amables palabras del viejo y lo que había visto últimamente le estaban haciendo replanteársela.

Finalmente, los preparativos fueron completados y todos los clérigos se vistieron con sus casuyas y la ropa ceremonial. Los no-creyentes podrían asistir, siempre que no llevaran a cabo actos ni pensamientos violentos o perversos. En una solemne comitiva y entonando cánticos en latín, accedieron a la capilla subterránea, donde Fred Mullendore esperaba, envuelto en un sudario inmaculado que sólo dejaba ver su rostro (horriblemente demacrado y envuelto en sombras), tumbado en medio de un pentagrama torpemente tallado en la roca y pintado con un líquido rojo. Había multitud de velas encendidas, quizá más que la última vez, y Jack, Sally y John apoyarían con su fe el buen fin de la ceremonia, junto a los seminaristas presentes. El padre Michael Cavill todavía no se había recuperado del maltrato físico al que le había sometido el demonio, así que no hizo acto de presencia.

El exorcismo resultó ser una ceremonia durísima. Al poco de comenzar, el ser que poseía a Fred pareció salir de su letargo, y reventó el sudario en el que estaba envuelto, aunque el pentagrama probó su efectividad y lo contuvo físicamente. No así espiritualmente, lo que provocó que los no-oficiantes sufrieran espantosas visiones relacionadas con sus seres queridos, tanto vivos como muertos, y los oficiantes sintieran como si sus almas fueran arrancadas de sus cuerpos en repetidas ocasiones. Azazel, el demonio que albergaba Fred, se convirtió en una presencia fortísima, y las velas titilaban y se apagaban, mientras el frío intenso provocaba espasmos en los más débiles. El ente parecía mirar a todos y cada uno de los presentes a la vez, con el rostro demacrado de Fred con ojos que no eran sino abismos de oscuridad, una sonrisa salpicada de puntiagudos dientes y una lengua roja y bífida que parecía alargarse hacia ellos, como si los percibiera por sí misma. Los accesos de ira y depresión que provocaban las visiones en los presentes daban fuerza al demonio, que a punto estuvo de liquidar a varios de los oficiantes. De hecho, John cayó al suelo fulminado, con el corazón detenido por unos momentos, y Sally rompió a llorar rota de dolor en un momento indeterminado.

Por suerte, la fuerza de voluntad del padre Medhat resultó ser poco menos que suprema, y uno a uno los fue recuperando de sus terrores. McNulty encontró definitivamente la fe que le había abandonado hacía mucho tiempo y se acercó a Sally, apoyándola en el trance y evitando que cayera en estado catatónico. La muchacha no había dejado de llorar en ningún momento desde que el demonio había reaccionado al principio de la ceremonia. La voz de Saledh Medhat había ido subiendo su resonancia, hasta que sus oraciones se convirtieron en ondas físicas de choque que parecían hacer temblar la estancia, tal era su potencia. Azazel bramaba y reía a voz en grito, maldiciendo y burlándose de todos ellos.

Y por fin, el demonio desfalleció. Las velas dejaron de apagarse y las sombras se hicieron menos profundas mientras el cuerpo de Fred caía al suelo. Jack se abalanzó sobre él, preocupado por su amigo, ante el grito aterrado del padre Fabrice, que apenas tenía fuerzas para tenerse en pie. Los clérigos no pudieron atraparlo a tiempo, y su acto demostró ser un error, pues el ente aprovechó su entrada en el pentagrama para saltar a su alma, o algo así. Gritando, resistió como pudo hasta que uno de los seminaristas se lanzó sobre él, sacándolo brutalmente del pentagrama. El caos cundió durante un momento, pero Saledh Medhat volvió a hacerse con el dominio, salpicando con agua bendita todo el pentagrama; el resto de clérigos lo imitaron, y con un increíblemente estentóreo "Vade Retro Azazel", una explosión de frío espiritual impactó a todos los presentes. Joey y algunos más cayeron inconscientes. No obstante, por fortuna, el demonio había desaparecido; Fred volvía a ser él mismo, aunque con un aspecto deplorable y sólo un hilillo de vida, y del pentagrama no quedaba ni rastro, a pesar de haber estado segundos antes tallado en la piedra. Sally se dejó caer en los brazos de McNulty. Completamente agotados, todos se miraron con un destello de satisfacción y al poco se retiraban a descansar a sus habitaciones, mientras el padre Medhat, ayudado por dos seminaristas, les agradecía el esfuerzo que habían hecho.

viernes, 12 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 23

Nido del Grifo.
Nido del Grifo
Con una sola galera, capitaneada por el habilísimo Deros Tormenta, pudieron superar el bloqueo al que estaba sometida Quiebramar. Allí pudo reunirse por fin de nuevo el grupo al completo, y se pusieron al corriente de los últimos acontecimientos. Enterados de la situación de la dama Brienne, decidieron partir sin tardanza a tierras de los Connington, a Nido del Grifo, para ver qué podían averiguar. Aunque Davos Seaworth se mostró reticente al principio, alegando que ya era hora de que volviera a Rocadragón, finalmente fue persuadido para acompañarles. El caballero de la cebolla sería una garantía extra de seguridad para los Seabreeze. Ser Tristan Errol quedaría al mando de Quiebramar mientras tanto, y Saario de Pentos también expresó la necesidad de quedarse en el castillo, pues R'hllor le había revelado en sus llamas que no debería acompañarles.

Antes de abandonar Quiebramar, los Seabreeze recibieron la visita de Voredyn Ryth. En una conversación llena de subterfugios y segundas intenciones, Ancel acordó transigir con el acuerdo que habían establecido sobre el tráfico de fuego valyrio. Ya habría tiempo de preocuparse después por aquel asunto. Poco después, el primer cargamento de redomas fue introducido en los sótanos húmedos del castillo por hombres de Voredyn bajo la supervisión estrecha de los Seabreeze.

Romper el bloqueo para salir de la isla no fue tan sencillo como para entrar, pero después de una breve persecución, la habilidad de Deros se demostró enorme y sin grandes complicaciones consiguieron reunirse con el resto de galeras y poner rumbo a Nido del Grifo. En la isla de Raer, el humo que todavía emitía la antigua Escollera era dolorosamente visible en lontananza.

En tierras de los Connington desembarcaron discretamente aprovechando el amarradero de un pequeño poblado de pescadores y comenzaron una penosa caminata hacia las cumbres donde se alzaba la fortaleza. Aunque intentaron conseguir caballos, todo lo que encontraron fueron un par de percherones viejos que, no obstante, fueron muy útiles para acarrear el equipaje.

El acceso a Nido del Grifo, ya de por sí difícil, con un camino de montaña muy empinado y tres puestos de control, estaba saturado de guardias. Era evidente que no todos eran hombres de los Connington, a todas luces no podían permitirse tantas espadas. Tras algunos problemas en el último puesto consiguieron acceder por fin a la fortaleza, donde les recibió Ser Ronnet Connington "el Rojo". El noble se mostró algo tenso durante su recepción, y les ofreció aposentos en su humilde castillo. Se notaba que Nido del Grifo se encontraba en un estado deplorable, pero por todas partes se veía a hombres trabajando para restaurar la fortaleza. Una gran parte lo había sido ya, y lucía magnífica.

La fortaleza parecía abarrotada de guardias y soldadesca. Lo que levantó las sospechas de los personajes fue que los guardias impedían acceso a ciertas partes del castillo con la excusa de estar siendo restauradas. Un ala de las habitaciones era inaccesible a no ser que emplearan la violencia.

Hábilmente, Vanna se hizo pasar por una sirvienta de Ancel, y trabó contacto con los criados y las cocineras. Enseguida llamaron su atención ciertos comentarios de los pinches de cocina, y en especial de una jovencísima muchacha que juraría haber visto a lady Brienne una madrugada por los pasillos de la fortaleza. Vanna consiguió interceptar a la muchacha, Jelina, cuando se retiraban por la noche, y convencerla para que le contara lo que sabía: todo lo que había visto era a unos guardias conducir a una maltrecha Brienne a la torre noroeste del castillo. Con unas pocas monedas y toda la persuasión de la que fue capaz, Vanna reclutó a la chiquilla como espía en el castillo.

Por su parte, Breon y Jeremiah se enzarzaron en una competición de pulsos con los guardias Connington. Un enorme guardia de larga barba derrotó a Breon dos veces, ante el júbilo de sus compañeros. "Ahora vas y se lo cuentas al señorito Wylde", le dijo un espectador a otro; el comentario no pasó desapercibido para Jeremiah, ni para Vanna, que se encontraba presente en ese momento.