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viernes, 12 de abril de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 23

Nido del Grifo.
Nido del Grifo
Con una sola galera, capitaneada por el habilísimo Deros Tormenta, pudieron superar el bloqueo al que estaba sometida Quiebramar. Allí pudo reunirse por fin de nuevo el grupo al completo, y se pusieron al corriente de los últimos acontecimientos. Enterados de la situación de la dama Brienne, decidieron partir sin tardanza a tierras de los Connington, a Nido del Grifo, para ver qué podían averiguar. Aunque Davos Seaworth se mostró reticente al principio, alegando que ya era hora de que volviera a Rocadragón, finalmente fue persuadido para acompañarles. El caballero de la cebolla sería una garantía extra de seguridad para los Seabreeze. Ser Tristan Errol quedaría al mando de Quiebramar mientras tanto, y Saario de Pentos también expresó la necesidad de quedarse en el castillo, pues R'hllor le había revelado en sus llamas que no debería acompañarles.

Antes de abandonar Quiebramar, los Seabreeze recibieron la visita de Voredyn Ryth. En una conversación llena de subterfugios y segundas intenciones, Ancel acordó transigir con el acuerdo que habían establecido sobre el tráfico de fuego valyrio. Ya habría tiempo de preocuparse después por aquel asunto. Poco después, el primer cargamento de redomas fue introducido en los sótanos húmedos del castillo por hombres de Voredyn bajo la supervisión estrecha de los Seabreeze.

Romper el bloqueo para salir de la isla no fue tan sencillo como para entrar, pero después de una breve persecución, la habilidad de Deros se demostró enorme y sin grandes complicaciones consiguieron reunirse con el resto de galeras y poner rumbo a Nido del Grifo. En la isla de Raer, el humo que todavía emitía la antigua Escollera era dolorosamente visible en lontananza.

En tierras de los Connington desembarcaron discretamente aprovechando el amarradero de un pequeño poblado de pescadores y comenzaron una penosa caminata hacia las cumbres donde se alzaba la fortaleza. Aunque intentaron conseguir caballos, todo lo que encontraron fueron un par de percherones viejos que, no obstante, fueron muy útiles para acarrear el equipaje.

El acceso a Nido del Grifo, ya de por sí difícil, con un camino de montaña muy empinado y tres puestos de control, estaba saturado de guardias. Era evidente que no todos eran hombres de los Connington, a todas luces no podían permitirse tantas espadas. Tras algunos problemas en el último puesto consiguieron acceder por fin a la fortaleza, donde les recibió Ser Ronnet Connington "el Rojo". El noble se mostró algo tenso durante su recepción, y les ofreció aposentos en su humilde castillo. Se notaba que Nido del Grifo se encontraba en un estado deplorable, pero por todas partes se veía a hombres trabajando para restaurar la fortaleza. Una gran parte lo había sido ya, y lucía magnífica.

La fortaleza parecía abarrotada de guardias y soldadesca. Lo que levantó las sospechas de los personajes fue que los guardias impedían acceso a ciertas partes del castillo con la excusa de estar siendo restauradas. Un ala de las habitaciones era inaccesible a no ser que emplearan la violencia.

Hábilmente, Vanna se hizo pasar por una sirvienta de Ancel, y trabó contacto con los criados y las cocineras. Enseguida llamaron su atención ciertos comentarios de los pinches de cocina, y en especial de una jovencísima muchacha que juraría haber visto a lady Brienne una madrugada por los pasillos de la fortaleza. Vanna consiguió interceptar a la muchacha, Jelina, cuando se retiraban por la noche, y convencerla para que le contara lo que sabía: todo lo que había visto era a unos guardias conducir a una maltrecha Brienne a la torre noroeste del castillo. Con unas pocas monedas y toda la persuasión de la que fue capaz, Vanna reclutó a la chiquilla como espía en el castillo.

Por su parte, Breon y Jeremiah se enzarzaron en una competición de pulsos con los guardias Connington. Un enorme guardia de larga barba derrotó a Breon dos veces, ante el júbilo de sus compañeros. "Ahora vas y se lo cuentas al señorito Wylde", le dijo un espectador a otro; el comentario no pasó desapercibido para Jeremiah, ni para Vanna, que se encontraba presente en ese momento.

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