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viernes, 3 de mayo de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 16

Explosiones
La noche estuvo plagada de pesadillas para casi todos. Falto de sueño, John se dedicó a intentar deducir datos del libro de Helena Blavatsky que habían encontrado en Westchester. En un destello de brillantez, pudo apreciar una complicada clave repartida a lo largo de decenas de páginas del libro que resultaba en unos valores de longitud y latitud que se situaban en algún punto de Nepal. Además, varias menciones veladas en múltiples pasajes de libro le dieron la pista para deducir también el interés de Blavatsky en un punto determinado del continente Antártico.

Kostas Estepháneos
El otro punto de interés durante la noche fue la revista que Jack había conseguido de un viejo kioskero en Nueva York, el número 13 de Nuevo Amanecer. Al ponerlo en común tanto con el grupo como con los sacerdotes, todo el mundo se mostró sorprendido por la cantidad de viejas fotocopias y fotos que presentaba la revista. El padre Mullendore se mostró especialmente intrigado por unas fotocopias de unas fotos de un original en arameo que enseguida hizo notar al padre Kostas Estepháneos, el experto en lenguajes semitas. El libro procedía al parecer del museo de reliquias de Tel Aviv, y todo apuntaba a que era una transcripción del Libro de los Muertos egipcio. Además, la revista era rica en descripción de rituales y procesos alquímicos que sospecharon al instante que debían ser muy antiguos, y de fuentes desconocidas. Desde luego, aquella no era una revista paranormal cualquiera. Habría que estudiarla más a fondo. Jack también les habló de las extrañas conversaciones medio borradas en foros de internet que se referían a pasajes de aquella revista.

Después de una noche plagada de pesadillas para casi todos y entrada ya la mañana del día siguiente, un claxon anunció la llegada del escolta de Louis Lindon llamado Jerry, acompañado de Lucas Miller, el socio y amigo de Joey. Éste estaba muy preocupado y se alegró sobremanera de volver a ver a su compañero, aunque no hubo tiempo para muchas efusividades porque Jerry les explicó que les venían siguiendo y había despistado a sus perseguidores a duras penas. Inmediatamente se aplicaron a buscar algún tipo de localizador en el coche y efectivamente tuvieron éxito. Hackeando la señal y adhiriendo el localizador a otro coche parado en un semáforo se libraron de él; no tardaron en ver pasar a un sospechoso vehículo militar en la dirección en la que se había alejado el nuevo huésped del aparato.

A continuación comieron, en un ambiente más o menos distendido, pero no duró mucho, pues un seminarista llegó corriendo, instándoles agitadamente a que fueran a ver la televisión. Lo que vieron los dejó helados: todos los canales estaban ofreciendo un especial informativo sobre una serie de enormes explosiones en los túneles de metro de Brooklyn que habían afectado al menos a la cuarta parte del distrito. Se hablaba también de un posible atentado con Antrax, y se daban las fotos del grupo (un poco obsoletas en su aspecto) como principales sospechosos de los atentados. El estado de Nueva York se encontraba en estado de excepción y el resto del país en estado de alarma. Todos los vuelos a Nueva York se habían desviado y las imágenes de la "zona cero" eran dantescas. Quienquiera que hubiera hecho aquello lo tenía bien preparado. El 11-S había sido sólo un aperitivo comparado con aquello. El propio alcalde de Nueva York había sido afectado por las explosiones y se encontraba en un lugar desconocido, en un estado desconocido, pero todos los rumores apuntaban a que las explosiones lo habían afectado y estaba muerto o en coma. Las consecuencias no se habían hecho esperar, y no tardó en aparecer en televisión una entrevista al que se perfilaba como favorito a presidir el gabinete de crisis que tendría que regir la ciudad: el republicano Vincent Callaghan. Cuando John lo vio, escupió el agua que estaba bebiendo en aquel momento para calmar su estado de nervios. Era evidetne que Callaghan no estaba preparado para aquello, pero debía tener importantes valedores. Como si alguien le hubiera leído la mente, el tiro de cámara abrió el ángulo y se vieron varios rostros detrás del político republicano; uno de ellos era sin duda el de Hans van der Riert, el alemán loco que había retenido a John en el helicóptero de UNSUP, y cuya locura casi les hace estrellarse.

Durante varios minutos nadie pudo reaccionar de la impresión. Nadie se imaginaba que la Corporación hubiera sido capaz de algo así. Aquello era muy fuerte. McNulty decidió hablar con sus contactos del Sinn Féin, y tras varios intentos infructuosos finalmente recibió la llamada de Arthur O'Sullivan. Éste se mostró reticente a hablar de asuntos comprometidos, alegando al poder de la Corporación y sus varias colaboraciones en los tiempos del IRA. Ante la insistencia de McNulty y sus amenazas de "tirar de la manta", O'Sullivan transigió, diciendo que haría lo que pudiera y prometiendo que estarían en contacto.

Tendrían que ponerse en marcha y decidir su próximo paso antes de que les fuera imposible salir del país. Joey insistió en que Lucas les acompañara, pero el grupo no dio su brazo a torcer, alegando que les sería más útil en tierra patria, y además estaría más seguro. Quien sí les acompañaría sería el padre Estephaneos, que les serviría como enlace con la iglesia, además de aportarles conocimientos que quizá fueran útiles.

Lo primero era recoger a Linda Sorenson, como le había prometido Thomas. Su vuelo se había desviado a Philadelphia, y aunque se arriesgarían mucho reuniéndose con ella, no tenían más remedio. Así que partieron, despidiéndose del padre Mullendore y los demás. Lindon ya les había proporcionado su número personal, y su jet les sacaría de Philadelphia desde un aeródromo privado que ya había contratado. Mullendore les dio unos colgantes con forma de cruz-espada que les identificarían ante cualquier Custodio de San Miguel que se encontraran, y por su parte Joey había iniciado una campaña "anticonspiranoica" en la red, de manera que se había iniciado una corriente de opinión a su favor que quizá les fuera de ayuda en el futuro.

De camino al aeropuerto había multitud de controles, pero pudieron pasarlos sin problemas, afortunadamente, cubiertos bajo su tapadera de FEDEX. Jack y O'Hara entraron a la terminal, mientras el resto les esperaba un poco más alejados. Tras una breve espera, por fin empezaron a salir los viajeros del vuelo procedente de París, y entre ellos no tardaron en ver a Linda.

Justo unos instantes antes de que todo estallara.

Una fuerte explosión sacudió el área de embarque y aturdió y ensordeció a todos los presentes. A todos excepto a dos hombres de negro que se dirigían hacia la escena. Afortunadamente, Linda había sufrido heridas leves y McNulty llegó rápidamente. Un breve tiroteo entre Jonas, un profundamente traumatizado Jack y los extraños permitió que el grupo huyera de allí, en medio de un caos de gemidos, gritos y humo.

Sin aliento y con pinta deplorable consiguieron llegar a la furgoneta, donde les esperaban los demás. Aceleraron hacia la salida, donde un control les dio el alto. Como evidentemente no hicieron ningún ademán de parar, uno de los policías presentes abrió fuego, alcanzando en un brazo al padre Estephaneos. Arrollando uno de los coches consiguieron atravesar el control y adentrarse en la red de carreteras secundarias.

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