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viernes, 5 de julio de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 19

Agentes
El grupo decidió que lo primero que debían hacer era intentar conseguir armas. Sería peligroso, pero más peligroso era andar cerca de los secuaces de Unsup sin medios de defensa. Para ello, se desplazaron a un barrio de dudosa reputación, en los suburbios de Ciudad del Cabo, y tras largo rato y un generoso pago una prostituta los condujo a cierta discoteca donde podrían encontrar algo. Por desgracia, tantos blancos en un barrio así llamaban demasiado la atención, y un grupo de muchachos les increparon y se pusieron violentos. Tanto, que cada vez acudían más negros al lugar en actitud violenta, así que finalmente no tuvieron más remedio que huir en un taxi.

Sin embargo, no se dieron por vencidos, y transcurridas varias horas volvieron al lugar, todavía acompañados por la prostituta. Aunque los guardias de seguridad les pusieron algún obstáculo, les permitieron el paso cuando preguntaron por "Edouard". El sitio estaba atestado de gente bailando música funky y reggae, y tras ganarse varias miradas hostiles llegaron a las oficinas traseras. Allí dos armarios de dos metros se encontraban cuidando la puerta, y tras unas breves palabras en afrikaaner con el guardia que les había acompañado desde la puerta, procedieron al cacheo de los personajes. McNulty estuvo a punto de hacer una tontería cuando vio que el guarda que le estaba cacheando llevaba una "S" roja tatuada en la parte posterior de la oreja izquierda. Por suerte, se contuvo y discretamente advirtió a Jack y a John. Después de algunos minutos de espera, McNulty, Finnegan y Gibbons se encontraron en una trastienda oscura pero lujosa, donde alrededor de una mesa tenía una reunión de varios tipos trajeados, alguno de ellos consumidor de cocaína y acompañados de varias señoritas ligeras de ropa. Los presentes eran un hombre atractivo de mediana edad y perilla, que no era otro que el tal Edouard, dos hombres elegantes vestidos de armani y ya entrados en años (los tres de raza blanca), y un cuarto de raza negra, también trajeado y cuyo rostro McNulty juraría que había visto antes en algún lugar, aunque no recordaba dónde. Mientras el grupo esperaba, otro guarda apareció con un extraño aparato que pasó a corta distancia de ellos, y con una media sonrisa les sugirió que si llevaban algún aparato electrónico encima ya podían deshacerse de él.

Los tres compañeros de Edouard se despidieron lacónicamente y éste, después de apurar su copa, dedicó su atención al grupo. Tuvo lugar un pequeño interrogatorio acerca de por qué estaban allí y por qué necesitaban armas, y finalmente llegaron a un acuerdo por 5500 dólares. La madrugada del día siguiente se encontrarían en un polígono industrial bastante remoto. Salieron de allí sin más problemas, pero sin fiarse ni un pelo, la "S" en la oreja del tipo delataba que estaban tratando con gente relacionada con UNSUP, y eso no era bueno.

Al poco de salir, se dirigieron a investigar el lugar del intercambio. Parecía un polígono industrial normal y corriente, aunque semiabandonado.

Mientras tanto, en el hotel, Thomas recibía un correo electrónico ¡de su hermana Jennifer!. ¿Habría escapado o se trataba de una trampa? Tras pedirle a Joey que se asegurara de que el correo no contenía ningún virus, troyano ni cualquier otra trampa, lo abrió. El mensaje era corto y apresurado: "¿Dónde estás Thommy? Necesito hablar contigo!". El tirón familiar fue muy fuerte, pero la lógica se impuso y Thomas fue prudente. Le contestó dando largas para que su hermana se pusiera en contacto de nuevo con él.

Por la mañana contrataron un tour en helicóptero sobre la ciudad. Intentaron sobornar al piloto para volar cerca del edificio de Unsup, y aunque éste se resistió, afirmando que aquella zona era zona de exclusión excepto para helicópteros expresamente autorizados, finalmente lo convencieron. Y fue muy buena idea [dos puntos de relato], porque pudieron ver cómo un interesantísimo grupo de gente se encontraba despidiendo y entrando en sendos coches más o menos lujosos. Mientras Joey filmaba todo con su videocámara, a través de los prismáticos pudieron identificar a varios de ellos: Dorothy St. James, Merten Jund, Dylan Russell, un anciano blanco, otro hombre mayor muy elegante, el hombre de color que habían visto la noche anterior con el tal Edouard en la discoteca, y dos matones que McNulty reconoció de sus tiempos con Yurikov. Otro hecho que les llamó la atención fueron varios camiones enormes de Transworld Items que se encontraban siendo cargados en ese momento. El piloto no quería arriesgarse a acercarse más o a estar más tiempo allí, y volvieron a la base, afortunadamente sin ser descubiertos, por lo que parecía.

De nuevo en el hotel, McNulty se quedó helado. En el vestíbulo, leyendo el periódico delante de sus narices, estaba el tipo negro de la reunión con Edouard y la de hacía un rato en el puerto. Siguiéndolo muy discretamente, descubrieron que se alojaba en la habitación 1245. El talento de Joey despuntó una vez más y no tardó en descubrir que la habitación estaba reservada a nombre de Phillippe Battier. Por otra parte, tras revisar el vídeo que había grabado Joey, identificaron a uno de los hasta entonces desconocidos: Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano acusado de crímenes en Chad y República Centroafricana. Había cambiado algo su aspecto, pero Thomas no tardó en reconocerlo, pues su capital estaba en la cartera de Campbell & Webber.

Mientras esto sucedía, Thomas recibió un segundo correo de su hermana. Le decía que estaba en Lagos, y necesitaba reunirse con él, porque la estaban persiguiendo. Adjunta al mensaje iba una foto de ella misma con la cámara web del ordenador del locutorio donde se encontraba. Thomas se conmovió, pero aún así permaneció precavido: le contestó que estaba lejos, e hizo una pregunta respecto a su madre que sólo su verdadera hermana podría saber contestar. Si en el siguiente mensaje contestaba correctamente, vería lo que hacer.

Tras hablarlo un rato, determinaron que ahora las prioridades habían cambiado, y había que entrar en la habitación del negro sospechoso. McNulty fingió un infarto en recepción, lo que permitió a Joey hacer una copia magnética de la puerta de la 1245 en escasos segundos. A continuación, uno de ellos se apostó en el pasillo a la espera de una buena oportunidad, y ésta se presentó a la hora de cenar, cuando un tipo blanco y otro negro salieron de la habitación comentando el tipo de pizza que debían traer. El grupo se reunió y se dispuso a irrumpir en la suite. Abrieron la puerta, y una voz se oyó al otro lado, preguntando qué demonios era lo que se habían olvidado ahora, en un perfecto inglés americano. Se quedaron helados, y al no contestar, oyeron el amartillar de un arma al otro lado; por suerte, Jonas reaccionó rápidamente y con un cuchillo dejó inconsciente al hombre de dentro, un negro con ropa deportiva. Y lo que vieron a continuación les dejó sorprendidos. En la pared, un enorme tablón con gente que conocían y gente desconocida, y todos aquellos que conocían estaban relacionados de un modo u otro con UNSUP, incluyendo a Hans Haller. En el escritorio, un par de portátiles y tres monitores. En uno de éstos se mostraba una ruta GPS que se encontraba en movimiento hacia el interior de Sudáfrica. También pudieron ver varios cascos a través de los que se escuchaba una conversación en afrikaaner, sin duda un micrófono. Joey se introdujo rápidamente en su sistema y casi al instante quedó claro que los inquilinos de aquella habitación no eran otra cosa que agentes de la CIA. Entre los correos salientes, muchos estaban dirigidos a una tal Meredith Gender, e incluso alguno se enviaba con copia (oculta) ¡al senador Louis Lindon!. Jack le pidió a Joey que contactara inmediatamente con el senador Lindon, pero el informático planteó entonces otra duda: ¿los tipos de la CIA eran enemigos de sus enemigos o en realidad Louis Lindon no era de fiar? Tendrían que decidirlo pronto, desde luego.

martes, 2 de julio de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 28

La Sucesión
Antes de la partida, Ancel se reunió con lord Edgar, para discutir el futuro y su nueva relación. En caso de que la casa Raer fuera restaurada, una pequeña parte de la isla sería cedida a los Seabreeze, donde seguramente se alzaría una nueva fortaleza (el heredero Seabreeze no quería desperdiciar la ayuda que le habían ofrecido los Hijos del Bosque), y lord Edgar tendría que ordenar al día siguiente los trabajos de repoblación forestal integral de sus tierras, excepto en pequeños enclaves que se dedicarían al cultivo.

Pocas jornadas después, dos galeras Seabreeze partían hacia Bastión de Tormentas transportando a Ancel, Jeremiah, Berormane, Vanna y Breon junto con lady Madelyne, Tygor Wyl, los escuderos Regar y Lothar, ser Stevron Tudbury, Goran Buckler, lord Edgar Raer y, por supuesto a su capitán, Deros Tormenta.

Bastión de Tormentas

El viaje transcurrió sin incidencias, y en poco más de dos jornadas arribaban a Bastión. Allí ya había ancladas galeras de muchas de las casas de las Tierras de la Tormenta, al igual que en el patio interior, donde se habían levantado multitud de pabellones. Las casas mayores se alojaban en el interior del castilo, pero a los Seabreeze, como casa menor que eran, el castellano Ser Cortnay Penrose les ofreció un espacio en el patio donde plantar su tienda, justo entre llas mariposas negras de Horpe y el relámpago de Dondarrion.

Poco después de establecerse, Berormane y Breon visitaron la taberna de la pequeña población anexa, y allí el caballero del león se sinceró con el maestre. Le contó la historia de su infancia en el Bosque Real, y el secreto de su ascendencia. Su padre no había sido otro que Simon Toyne, que lo había engendrado con una campesina de Rocagrís en una noche de pasión. Lo demostraba el medallón que Breon llevaba bien oculto de un corazón alado, el escudo de su casa. Confió al maestre sus intenciones de reclamar lo que era suyo por derecho en el futuro, y éste le respondió que el paso más lógico a seguir sería ponerse bajo la protección de los Seabreeze cuando decidiera reclamar su herencia. Pero debería esperar todavía, a que las cosas se aclararan en las Tierras de la Tormenta. Con un apretón de manos, siguieron bebiendo.

Para su sorpresa, los Seabreeze recibieron durante los días de su estancia varias visitas de lady Olenna Tyrell, que puso buen cuidado en encontrarse en sitios lejos de ojos y oídos indiscretos. Una delegación de los Tyrell (Loras, Margaery, Willas y la propia Olenna) se encontraba de visita en Bastión por "pura casualidad". La Reina de Espinas se interesó por lo que había pasado con los Wylde, los Raer y demás, y les transmitió su esperanza de que algún día pudieran devolverle el favor que les había prestado.

Lord Harwood Fell no tardó en reunirse con Ancel. Éste, que debido a un reciente encuentro previo había quedado prendado de Dena Dondarrion, la hermana de lord Beric, se recordó a sí mismo sus deberes y renovó su promesa de matrimonio con Elora, por supuesto, y acordaron la fecha de la boda para pocos meses después, si todo salía bien con lord Renly.

Lady Madelyne siguió insistiendo a su hijo sobre la apropiación de las tierras de los Raer. Ancel no sabía cómo apagar la llama de la codicia en su madre, pero finalmente lo consiguió, proponiendo una solución intermedia: los Seabreeze se quedarían con la nueva fortaleza que se alzaría en el acantilado de Escollera y algunas hectáreas alrededor, y lord Edgar conservaría el resto de la isla y además construirían una nueva fortaleza en el enclave que su vasallo escogiera. Lord Edgar no expresó demasiados inconvenientes, y fiándose de las promesas de Ancel aceptó. Algunos de los compañeros de Ancel no se mostraron de acuerdo con tal acuerdo, pues estimaban que quizá lord Edgar pudiera dar problemas en el futuro debido al rencor que podía provocar en él tal usurpación.

Siguieron llegando casas a Bastión, entre ellos los Tudbury, los Wylde, los Swygert... pasaba el tiempo y la única ausencia relevante era la de los Tarth. La preocupación de los Seabreeze iba en aumento, pues los Tarth, junto a los Estermont, eran sus mayores valedores ante lord Renly. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Vanna volvió con información resultado de su infiltración en el campamento de los Wylde: la flotilla de los Tarth había sido interceptada y desviada hacia el norte, con lo que era imposible que llegaran a tiempo para la discusión. A toda prisa, el grupo decidió organizar una expedición para buscar a la escuadra de lord Selwyn.

Antes de que pudieran partir recibieron la visita de lord Renly Baratheon, acompañado de un jovencísimo caballero, ser Loras Tyrell, y su castellano ser Cortnay Penrose. Lord Renly preguntó a Ancel si había traído consigo alguno de los famosos halcones de los Seabreeze para salir a cazar con él. Ancel, consternado, se disculpó, pues no había traído consigo ninguna de sus aves. La decepción se dibujó en los rasgos de lord Renly, que a pesar de ello sonrió y se despidió educadamente. El heredero Seabreeze se maldijo a sí mismo por no haber pensado en aquello, pero ya no había remedio, así que siguieron con los preparativos de la escuadra de exploración y Berormane, Breon y Deros Tormenta partirían al día siguiente en busca de los Tarth.

Poco antes de la partida, a sugerencia de Berormane, Breon compartió con todos sus compañeros el secreto de su herencia. Tras la sorpresa inicial, la frialdad se impuso y acordaron que más adelante, cuando todo se hubiera calmado y la situación fuera propicia, los Seabreeze buscarían aliados y le apoyarían a cambio de la lealtad de su casa. No obstante, sería muy difícil, pues debería ser el propio rey en persona quien levantara el castigo de los Toyne.

Por fortuna no tardaron en encontrar el punto donde las galeras Tarth habían quedado varadas. La pericia de Deros en el mar seguía sin tener parangón, y al amanecer del día siguiente las galeras Seabreeze arribaban a Bastión portando a los representantes de la casa Tarth.

A mediodía se celebró por fin la reunión de los representantes de las Tierras de la Tormenta. La discusión se prolongó hasta bien entrada la noche, con argumentos a favor y en contra de la sucesión de Ancel Seabreeze. Los Swann se erigieron en los mayores detractores de tal horror, pues según sus propias palabras no podían aceptar a tal heredero usurpador y sospechoso de intentar asesinar a su padre. Ante el silencio de los Wylde, Vanna sacó la carta donde lord Jeron los implicaba ordenando el asesinato de sus hijos, y se la enseñó disimuladamente a Ser Jon. Esto, sumado a la mirada intimidatoria de Ancel decidió a Ser Jon a hablar. El testimonio Wylde y el anuncio de la muerte de lord Jeron fue fundamental para que los Seabreeze ganaran los apoyos necesarios entre los presentes; pero aún así, los Swann no dieron su brazo a torcer y finalmente, lord Renly, hastiado ya de tanta discusión, proclamó que la manera más fácil de decidir aquello sería un juicio por combate. Prácticamente todos los presentes brindaron y gritaron, satisfechos; pocos minutos después las mesas se habían apartado dejando un círculo en el gran salón donde Jeremiah y Ser Balon Swann entraron con sus armas y armaduras. La destreza del caballero Swann era bien conocida en el reino, y cuando Jeremiah no le dio oportunidad casi ni a blandir su espada al dejarlo sin respiración y derribarlo tras apenas un par de fintas, todos los presentes se miraron asombrados y confusos. Hasta que los Tudbury, Fell y el resto de casas afines a los Seabreeze estallaron en vítores, aclamando a Ancel como nuevo lord y a Jeremiah como su gran campeón. Lord Renly se incorporó a los vítores, aún sorprendido por la destreza demostrada por el más joven de los Seabreeze, y brindó por el nuevo lord, brindis al que no tuvieron más remedio que incorporarse todas las casas presentes.

"Por fin", pensó Ancel. "Ahora no habrá nada que detenga a los Seabreeze de alcanzar la gloria que merecemos".


FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA