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viernes, 30 de agosto de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 20

La CIA
Rápidamente, decidieron recopilar toda la información que pudieran, y acabaron llevándose los dos ordenadores portátiles, algún papel suelto que encontraron por ahí, y la pistola del agente que habían dejado inconsciente. Salieron del hotel discreta pero velozmente, cruzándose con los dos individuos que habían salido previamente de la habitación en busca de la cena, acompañados de otro hombre.

En la furgoneta, Joey intentó entrar al sistema de la CIA desde uno de los ordenadores portátiles, pero éstos disponían de un sistema de seguridad que activaba un GPS, y todos los accesos disponibles desde ellos habían sido restringidos. El grueso informático decidió desmantelarlos y conservar sólo los discos duros.

A continuación acudieron al lugar donde tenía que tener lugar la transacción con los traficantes de armas, la glorieta en el centro del polígono industrial semiabandonado. Al lugar acudieron sólo McNulty, Gibbons y Finnegan; todos los demás se quedaron aparcados discretamente en la salida contraria del polígono. A pesar de que tomaron todas las precauciones que pudieron, lo que McNulty vio por los binoculares le decidió a alejar a sus compañeros de la escena: un camión se acercaba a la glorieta con luces tenues, un camión que llevaba lo que a los ojos expertos de Jonas y Jack era a todas luces un remolque habitable, que lucía en sus costados la leyenda "Transworld Items". Se ocultaron bien. El camión dio una serie de vueltas a la rotonda, sin pararse. Los nervios del trío iban en aumento, y a punto estuvieron de salir al encuentro del vehículo, pero decidieron que no era lo suficientemente seguro; transcurridos unos minutos, el camión salió de la rotonda y se dirigió a la salida contraria del polígono, donde se encontraban estacionados Thomas, Joey y los demás. No era normal que en aquel polígono hubiera una furgoneta aparcada a esas horas, así que el camión se detuvo cerca de ellos; espantado, Thomas arrancó la furgona, y tras casi quedarse atrancado en una alcantarilla, pudieron alejarse sin más complicaciones.

Cuando más tarde se reunieron todos, decidieron hospedarse en un hotel de mucha menos categoría que el anterior, al sur del puerto. Rebuscando en la información de la CIA, a Joey le llamaron la atención unos archivos y recortes de prensa acerca de las matanzas en Nigeria, Chad y República Centroafricana de las que ya les había hablado el padre Medhat: al parecer, el sensacionalismo había cundido y se hablaba de extraños fenómenos sobrenaturales en la zona, de grietas al infierno, seres voladores extraños y cosas así. Aunque seguramente los agentes de la CIA habían descartado tan descabellada información, el grupo no se atrevió a ignorarla, después de todo lo que habían visto.

Al poco rato por fin pudieron entablar comunicación con Louis Lindon, a través de los canales seguros que les había proporcionado. Les dijo que efectivamente tenía hombres de confianza en la CIA, pero que tenía que ser muy prudente con aquella información, pues las ramificaciones de la Corporación eran infinitas y nunca se sabía quién podía ser un agente doble. La situación había empeorado todavía más, porque el grupo había sido puesto en busca y captura en los archivos de la CIA. Al enterarse Lindon de la situación acordó con el grupo organizar una reunión con los agentes de la CIA para aclarar todo aquel malentendido.

Thomas, por su parte, recibió un nuevo mensaje de correo de su hermana. En él, Jennifer respondía correctamente a la pregunta que Thomas le había hecho en un mensaje anterior acerca de su madre y que sólo ella podría contestar. La muchacha volvía a urgir a su hermano mayor a que acudiera a Lagos lo antes posible, y Thomas empezó a plantearse seriamente el viaje. Si realmente se trataba de su hermana no la podría dejar en la estacada.

A partir de los datos de las rutas GPS grabadas en los ordenadores de la CIA, Joey también pudo descubrir la ruta de los presuntos camiones de UNSUP: al salir de Ciudad del Cabo se desviaban al norte por la R-54 rumbo a Wellington, y el rastreo GPS acababa bruscamente a unos cuantos kilómetros al norte de esa localidad, coincidiendo con el momento en que el grupo había desconectado los portátiles en la habitación de los agentes.

A las pocas horas, Gibbons recibía un mensaje SMS de Lindon con una dirección y un nombre: Ben Katzowich. La dirección era de una plaza apartada de Ciudad del Cabo, y allí se encontraron con Katzowich, judío y agente de la CIA. Rápidamente se metieron en una furgona negra donde les esperaba el hombre negro que ya conocían del hotel, y que se presentó como Philip Battier. Hablaron de su amigo común, y dio al grupo la oportunidad de explicarse. Tras algunos roces e intercambio de información (en la que se incluían pruebas del envío de Uranio a Ciudad del Cabo por parte de UNSTRANS), Battier les dijo que vería qué podía hacer para sacarlos de la lista de la CIA y se despidieron como amigos. No pasó mucho tiempo hasta que recibieron un nuevo mensaje, esta vez convocándolos al día siguiente en un garito de mala muerte de la ciudad. Allí se encontraron con Ben Katzovich y a un desconocido que se presentó como Bill Swanson. La pareja de la CIA les ofreció la inmunidad a cambio de la colaboración del grupo, cuyo estatus pasaría a ser el de "agentes colaboradores". Por supuesto, si algo les sucedía sus familias serían indemnizadas y por otra parte, en su actual situación era mejor contar con el apoyo de unos pocos miembros de la CIA que nada. Tras pensarlo unos momentos, el grupo decidió aceptar: aquello por lo menos les permitiría conseguir armas y no viajar indefensos. De hecho, les entregaron en el acto una bolsa con varias pistolas y un rifle para su protección personal. Cuando preguntaron acerca de los camiones, Swanson les respondió que habían sobrevolado la zona de las últimas posiciones GPS y no habían encontrado nada. Seguramente los camones habrían seguido ruta, y no estaba seguro de que pudieran averiguar su destino. Tras informar a Swanson de que en breve necesitarían viajar hasta Lagos y llevar armas con ellos, éste les dijo que no habría problema, simplemente tenían que contactar con Katzowitch para que se encargara de todo. Le dieron las gracias; era agradable tener algo de ayuda por fin.