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jueves, 17 de octubre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Temporada 1 - Capítulo 2

Loosdorf. Scheibbs
Sin tardanza, la compañía regresó a Loosdorf para informar al abad de lo que habían visto en la pequeña villa. Anyoel les habló de los carros de combate pre-inundación, de cómo había leído sobre su poder destructor y su práctica invulnerabilidad. El resto de sus compañeros cruzaron miradas de incredulidad, pero también de preocupación.


Una vez en el claustro, informaron al abad Bernhardt. Ante las palabras de Asdragiel y la explicación de Anyoel, el anciano rebulló en su silla. Según les explicó, hacía mucho tiempo que no se veía en los alrededores de Viena un artilugio semejante. Como ya les había explicado anteriormente Anyoel, esos aparatos infernales necesitaban de algún tipo de líquido especial para funcionar, y según tenía entendido el abad, hacía tiempo que se había agotado. Los "tubos de fuego" que los adeptos del diadoco llevaban eran una cosa, pero aquello era capaz de una destrucción que sólo podía ser obra del Señor de las Moscas.

Preocupados por la seguridad del monasterio, los engel se reunieron con el capitán de los templarios allí destinados, Karl de Freiburg. Le encargaron construir una zanja en el camino con un puente provisional para el paso de carretas, por si acaso al diadoco se le ocurría atacarles con aquel vehículo. En cuestión de minutos, los templarios organizaron a la gente y comenzaron a cavar.

Por la noche, Haziel, fiel a sus convicciones, se dedicó a recorrer Loosdorf en busca de gente enferma o herida que necesitara su ayuda. Tras varias curaciones menores, se encontró con una mujer con el pie gangrenado y cara de extrema tristeza. Curar su pie agotó todas las reservas del engel, que agotado e intrigado por la triste expresión de su rostro, se interesó por la situación de la mujer. Ella le mintió al principio, diciéndole que todo iba bien, que no había ningún problema, pero era evidente que ocultaba algo; ante la insistencia del engel, la mujer se derrumbó y, entre sollozos, le contó que los Jinetes Sombríos se habían llevado a su único hijo hacía seis meses, y que el diezmo de sus cosechas que al principio pagaban al monasterio, se había convertido en un cuarto en tan sólo unos pocos años. Era cierto que el abad y los monjes cuidaban bien de la población, pero la presión de los impuestos era excesiva para una viuda como ella. A Haziel no le gustó demasiado lo que oyó, pero optó por la prudencia de momento.

Por su parte, Anyoel pasó gran parte de la jornada nocturna investigando en la biblioteca del monasterio (que era una pequeña joya) sobre los monasterios cercanos, principalmente sobre Schiebbs y Frankenfels. El primero era un antiguo monasterio ramielita que se había convertido en una casa de iniciadas gabrielita, y el segundo seguía siendo un monasterio ramielita gracias a la heroica actuación del capitán templario Reinhardt el audaz en la guerra que se libró contra el diadoco de Viena. Según todas las crónicas, Reinhardt había sido capaz de exterminar a cientos de enemigos él sólo, y no hacía muchos años de eso; Reinhardt seguía vivo, aunque habría sido ascendido y ahora debía de encontrarse sirviendo en Roma o en su Himmel. Merecería la pena seguir investigando.

Casthiel y Kyriel aprovecharon la noche para explorar más a fondo el pueblecito donde habían visto el carro de combate. La salida, que en principio iba a ser tranquila y sin intervención, se complicó cuando oyeron explosiones a lo lejos. Amparándose en la cobertura que ofrecían los árboles, se acercaron todo lo que pudieron, mientras un familiar zumbido se iba haciendo más claro y los sonidos de una batalla aumentaban de intensidad. Para la sorpresa de los engel, el pueblo estaba sufriendo un ataque de engendros, que al parecer salían de túneles excavados en el suelo. Engendros insectoides de innumerables clases se enfrentaban a los tubos de fuego y espadas del ejército del diadoco. Entre las criaturas destacaba una especialmente grande, una especie de escarabajo enorme que ya presentaba algunas heridas. Lo que vieron les dejó helados; el vehículo blindado que ya habían visto se estaba moviendo, y en un momento determinado, en el extremo de su tubo se generó una ensordecedora explosión y un destello cegador. La cabeza del engendro más grande voló en pedazos. Los engel no se lo podían creer, estaban aterrados. Por otro lado, ¿qué hacían las criaturas del Señor de las Moscas luchando contra un presunto aliado? Volvieron al monasterio, sin intención de intervenir en aquel extraño combate, y pusieron en común la experiencia con el resto de la compañía; algunas dudas asaltaron a sus miembros cuando se enteraron de las extrañas circunstancias del combate.

El día siguiente, la compañía decidió viajar a Scheibbs con la intención de investigar y conocer mejor el entorno de Loosdorf. Tras un vuelo de un par de horas, fueron recibidos para su sorpresa por dos compañías de engel gabrielitas, además de por las iniciadas. Conocieron a la Madre Saria y a las hermanas Margaretta y Luttgard. Las compañías de engel estaban compuestas como era habitual por ángeles de las distintas órdenes, aunque en la segunda había dos gabrielitas y ningún ramielita.

Lo más sorprendente es que en la casa se encontraban alojados tres Prelados (Inquisidores para los laicos), que precisamente se dirigían hacia Loosdorf. Los prelados Rolf, Dietr y Ulrich se mostraron muy interesados cuando la compañía anunció que procedía de Loosdorf, e hicieron preguntas sobre el monasterio, el abad y los demás. Además, pidieron ser escoltados hasta Loosdorf, a lo que la compañía accedió.

Anyoel hizo un aparte con el engel Ramielita marcado con Sigil, Norabel. Éste se sintió incómodo cuando Anyoel mencionó el carro de combate, pero más por su desconocimiento que por otra cosa. Pero ocultó su ignorancia alegando que había que tener cuidado con los enviados de Thagiel. Anyoel no conocía el nombre, y ante sus preguntas sobre la identidad del tal Thagiel, el otro ramielita pareció reprenderse a sí mismo y se alejó.

Asdragiel, por su parte, se acercó al miguelita Ramael, un Engel mayor, de unos 25 años, con el cuerpo cubierto de Scriptura. El engel se encontraba absorto mirando a una de las más bellas iniciadas, la hermana Merith, y pareció avergonzado cuando Asdragiel lo interrumpió preguntándole por el tal Thagiel, del que Anyoel le había hablado después de hablar con el otro ramielita. Sorprendido y aturullado, pero rápidamente conquistado por el carisma de Asdragiel, Ramael le reveló que Thagiel era un antiguo Engel raguelita que según todos los indicios trabajaba con el Viktor Constance, el diadoco de Viena. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se arrepintió al punto, e instó a Asdragiel para que no revelara tal información a nadie.

Casthiel se encontraba cada vez más paranoico. ¿Qué hacían los inquisidores allí y qué querían en Loosdorf? Decidió hacer una escapada rápida a Loosdorf para informar al abad Bernhardt. Éste se mostró consternado cuando le habló de los tres prelados, pero pareció sincero cuando dijo ignorar el motivo de su viaje, y que colaborían con ellos en lo que necesitaran.

Más tarde esa noche, Asdragiel, que había quedado también un poco prendado de Merith al igual que Ramael, salió para observar a la muchacha hacer sus labores de novicia y lavar ropa de cama. Se acercaba peligrosamente a la muchacha, cuando ésta se dio cuenta de que estaba allí. Se sonrojó al estar en presencia de un enviado del Señor, y no pareció desagradarle su cercanía física. Asdragiel se acercaba cada vez más a la muchacha, sus cuerpos ya se tocaban, sintiendo el calor. Le acarició una mejilla, mientras Merith parecía hipnotizada por sus ojos azules. Asdragiel tragó saliva... y Merith reaccionó, con un brusco movimiento, diciendo que aquello no estaba bien y alejándose. Asdragiel murmuró una disculpa y se retiró, avergonzado.

Lejos, a Haziel le pareció ver a Asdragiel consolando a una de las novicias mientras se dirigía a realizar sus altruistas actividades sanadoras por todo el pueblo.

Temprano por la mañana, la compañía y los prelados, junto a los templarios que acompañaban a éstos, salieron hacia Loosdorf. Mientras el resto montaba a caballo, Casthiel sobrevolaría el grupo, oteando posibles peligros. A mitad de camino, una compañía de Jinetes Sombríos cruzó galopando hacia el este, muy por delante de donde se encontraban ellos. Aproximadamente un par de horas después, algo llamó la atención del urielita: una columna de humo se alzaba más o menos de donde debía de encontrarse Loosdorf. A los pocos segundos alertó al resto del grupo. Anyoel, con una agilidad inusitada en él, alzó el vuelo: si el monasterio estaba incendiado, había que salvar a toda costa su biblioteca.

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