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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 30 de abril de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 8

Rescate por la fuerza
Por la mañana, poco después de que el grupo hubiera decidido organizar una visita al burdel del que les había hablado ser Allyster, un guardia de palacio llegó a la posada donde se hospedaban. Traía órdenes de la casa real por las que se instaba a Ser Breon a presentarse lo antes posible ante Ser Osmund Kettleback. Breon se dirigió hacia la Fortaleza Roja sin tardanza. Allí se encontró con que ser Osmund había reunido un grupo variopinto de caballeros, y pronto averiguó el por qué. Ser Osmund los convocó enseguida para darles a conocer el porqué de su presencia allí. El Lord Consejero de la Moneda les había encargado partir hacia Punta Zarpa Rota para escoltar un envío que debía incorporarse al tesoro real. Por algún motivo desconocido, el barco que lo transportaba había encallado y se requería una escolta de aguerridos caballeros que lo llevara a salvo hasta Desembarco del Rey. Lord Baelish había dado órdenes a Kettleback para que seleccionara aquellos que creyera mejores entre los caballeros de Desembarco del Rey, así que todos los allí presentes debían sentirse orgullosos de haber sido elegidos.

Mientras tanto, Ancel se había quedado con la mosca detrás de la oreja... ¿a qué venía que justo en aquel momento convocaran a Breon a palacio? ¿Y precisamente un Kettleback? Aquello le olía muy mal. Al enterarse de que Breon partía acompañando a un grupo de caballeros hacia el este, se le hizo evidente que se trataba de una argucia para separar a Breon de ellos, así que se despidió de los demás y salió rápidamente al encuentro del grupo de caballeros. Mientras tanto, Allyster, Jeremiah y los dos guardias partían hacia el burdel "Las Zorras Rojas" para ver qué podían averiguar.

Antes de entrar al burdel, Allyster contrató a tres tipos de mala catadura para que metieran follón y distrajeran la atención. Y así lo hicieron. Cuando Allyster y Jeremiah accedieron al burdel había un guirigay intenso en el piso superior, al que se accedía por unas escaleras abiertas y un pasillo también abierto que daba a la planta baja. Como habían sospechado, había una fuerte presencia armada en el interior. Tres tipos se giraron hacia ellos, aparentemente reconociéndolos, para impedirles el paso. Varios tipos del piso superior también desenfundaron armas, y lucían armaduras, con lo que el grupo se encontraría en desventaja, pues habían decidido acudir sin ellas para no llamar la atención. Una puta se abalanzó sobre Allyster con un puñal, rozándole; cuando éste le preguntó dónde se encontraba Vanna y ella no contestó, la degolló sin miramientos. Mientras tanto, en la escalera, Jeremiah y uno de sus guardias se enfrentaban a tipos con armadura; el guardia no tardó en retroceder ante los potentes golpes enemigos, y Allyster acudió a ayudar a Jeremiah, que ya lucía una fea herida en el costado. Entre Allyster y el segundo de los Seabreeze consiguieron abrirse paso hasta el piso superior, no sin que el último sufriera otra herida en el hombro, que le dejó el brazo inerte. Al llegar arriba, pudieron ver cómo un hombre encapuchado rodeado de mujeres y un par de tipos armados atravesaban la puerta de la habitación del fondo; pero varios enemigos les cortaban el paso. Justo en ese momento, Sandor Clegane, el Perro, salió de una de las habitaciones laterales, curioso por lo que sucedía. Allyster le pidió ayuda, pero Clegane prefirió no intervenir; eso sí, dejó inconsciente de un codazo a un tipo que acudía presto al combate, pero acto seguido volvió a entrar en su habitación.

Mientras tanto, hacía rato que Ancel había dado alcance al grupo de Osmund Kettleback, y reclamó que Ser Breon debía volver a Desembarco del Rey con él. Ser Osmund intentó rebatirle, pero no era rival para la verborrea de Ancel, ni para su estatus social. Tras unas cuantas palabras amenazadoras, Kettleback optó por no enfrentarse a aquel joven lord y dejó marchar a Ser Breon. En un abrir y cerrar de ojos se plantaron ante el burdel, en el que se oían claramente sonidos de combate. Breon se precipitó al interior y subió las escaleras justo en el momento en que Jeremiah recibía su segunda herida. La llegada del caballero del león decantó ya el combate definitivamente a favor del grupo, que se abrió camino apresuradamente hacia la habitación del fondo. No obstante, Allyster vio por el rabillo del ojo que en una de las habitaciones laterales había una mujer atada a una silla, con un saco en la cabeza y llena de manchas de sangre. Sin duda, era Vanna. Así que entró en la habitación y entregó la mujer a Jeremiah, que la puso a salvo. Pero un movimiento llamó su atención: dando una patada a la mesa de un rincón, reveló la figura de una chica, poco más que una niña, llorando desconsolada. La muchacha decía llamarse Roslyn, y hablaba entre sollozos, asustada al extremo. Allyster decidió llevársela.

Cuando reventaron la puerta y entraron en la habitación del fondo, allí no había nadie. Sin duda, habían atravesado algún tipo de puerta secreta, pero por más que buscaban no encontraban nada. Fue Roslyn la que señaló un rincón donde en un armario se abría un doble fondo. Se notaba que la muchacha quería que la sacaran de allí, y colaboró con ellos todo lo que pudo.

Allyster y Breon entraron en el pasadizo: una estrecha escalera bajaba hasta un pasillo, al fondo del cual se podía ver un ligero resplandor. Se apresuraron hacia delante. De repente, una figura se cortó contra el resplandor, y arrojó algo hacia ellos. El destello de una pequeña redoma de vidrio se hizo evidente para Allyster, que corrió hacia atrás, al igual que Breon. A sus espaldas, todo estalló en una llamarada de fuego verde, mientras se arrojaban al suelo. Por suerte habían podido retroceder a tiempo, o la figura no había tenido la suficiente fuerza para alcanzarles con el recipiente. El calor era insoportable, y el fuego tardaría mucho en extinguirse, así que decidieron salir y volver a la posada. Breon tuvo un encuentro con los guardias de la ciudad, pero al reconocerlo como caballero no le pusieron demasiados problemas. En la posada, se reunieron con Jeremiah, Vanna y Ancel, que habían llegado hacía un rato. La mujer lucía bastante mal aspecto y había recibido bastante castigo físico, pero había conseguido no revelar nada (o al menos, eso creía ella), y con los cuidados adecuados, sanaría.

viernes, 25 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 25

Tour por Europa(I). Novikov revelado.
Durante el (poco) tiempo que duró el viaje a Sicilia, se entabló una conversación muy interesante entre el grupo y Novikov, donde el ruso reveló parte de su pasado y su naturaleza. Les dio mucha información sobre la Corporación, y ante la petición de una prueba de buena voluntad, de la explicación de su rencor hacia la Corporación, él contestó sucintamente: "arrepentimiento y penitencia", dijo. Mulder también explicó las razones de su estancia allí, cómo lo habían dejado inconsciente en Abu Simbel al estar tras la pista del De Occultis Spherae, y de la revista donde se enteró de su existencia, Nuevo Amanecer. La sorpresa fue evidente en los ojos de Finnegan y Estepháneos, y éste sacó de entre los plieges de su ropa el ejemplar que Jack le había confiado. La sorpresa de Mulder entonces no fue menor que la de ellos. El canadiense mantuvo una conversación con el padre Estepháneos, interesadísimo por lo que el sacerdote pudiera decirle, y la conclusión era que había un fondo de verdad en los horribles rituales descritos en las fotocopias de mala calidad. Mulder no sabía arameo, y por ello hizo que Esthepháneos le tradujera todo el texto.

Interesado, Novikov tomó la revista unos minutos, para echar un vistazo a su contenido. Y algo inquietó sobremanera a los personajes. El ruso no movía los ojos a pesar de estar evidentemente leyendo. Ahora que se fijaban, sus ojos parecían extrañamente muertos. Sin embargo, las miradas expertas de Finnegan y McNulty ya se habían apercibido de la extraña capacidad de Novikov de ser consciente de todo lo que le rodeaba, aunque lo tuviera fuera del ángulo de visión. Era evidente que el ruso era mucho más de lo que aparentaba, y no estaban seguros de que aquello fuera del todo bueno. McNulty no pudo estar callado, fiel a su naturaleza, y bombardeó a preguntas a Novikov hasta que éste se mostró molesto y con un golpe distraído destrozó la mesilla que tenía a su lado. Al darse cuenta de lo que había hecho, Novikov pareció compungido y disculpándose, se ausentó durante unos minutos.

De vuelta, Novikov insistió en la importancia del hecho de que la fortuna de los clientes de O'Hara no cayera en manos de UNSUP y también en que les ofrecería toda la ayuda posible para impedirlo. Además, podían contar con su ayuda en el futuro, y eso debería bastar para dar una prueba de buena voluntad a McNulty. También expresó de nuevo su satisfacción por que Mulder no se hubiera pasado a las filas de UNSUP (al parecer, Novikov tenía un concepto de Mulder que ni éste mismo entendía muy bien). Volvieron a tratar el asunto de la Corporación; Novikov les dijo que se trataba de una organización muy antigua, y que no siempre había tenido la forma que tenía en aquel entonces. Les habló también distraídamente de sus recuerdos. De sus recuerdos del emperador Napoleón y la batalla en Austerlitz, de su estancia en Alemania y la Rosacruz de Oro, de Aleister Crowley y la Golden Dawn. Por desgracia, sus recuerdos eran insoportablemente leves y fragmentados. Algo le había pasado que había destrozado sus recuerdos anteriores a la década de los 60. Pero si lo que decía era verdad, aquello significaba que Novikov tenía al menos doscientos años de vida, muy probablemente más. Y para rubricar sus palabras, el ruso se desabrochó la camisa. La parte de su torso a la vista era un desastre de cicatrices y heridas que removían el estómago. Además, su hombro izquierdo dejaba ver el principio de unas extrañas planchas de metal que revelaban sin lugar a dudas la naturaleza biónica de su brazo izquierdo.

Cuando el grupo salió de su asombro, Novikov volvió a abrocharse y les preguntó sobre su estancia en la Corporación. Al mencionar lo del viaje al Tíbet, él les preguntó si estaban seguros de que viajaban al Tíbet, y no al paraje de Tunguska, donde le constaba que UNSUP poseía una base. Ellos contestaron que no podían estar seguros, evidentemente.

El viaje se alargó un poco más porque hicieron un rodeo para aterrizar en algún lugar de Azerbayán. Allí, Novikov poseía un complejo donde trabajaban varios científicos, e hicieron un alto para que Hans Haller se quedara al mando de un equipo. Con suerte, dijo, en breve podrían recuperar la memoria de McNulty.

Al reanudarse el vuelo, intentaron descansar. Sorprendentemente, Finnegan durmió a pierna suelta; las pesadillas ya no turbaban su sueño, al parecer. Al despertar recordaría de nuevo el sueño del paisaje africano con la gente corriendo y el hongo nuclear, pero no había sido lo suficientemente vívido como para despertarlo. Agradeció con toda su alma el descanso.

Mientras Thomas hacía la ronda de llamadas a sus clientes, McNulty se dirigía a pedir disculpas a Novikov por su actitud hostil del inicio. Además, le pidió protección para Sally, que había quedado en poder de UNSUP. A pesar de que Novikov llevaba todo el vuelo bebiendo un whisky tras otro, el alcohol no parecía afectarle. Pero el gesto de McNulty le gustó, y sirvió para que, casualmente, el ruso se sincerara un poco más. Novikov le habló de sus fragmentados recuerdos sobre el incidente de Tunguska, que contrariamente a la creencia popular no se había tratado de un meteorito, y del archipiélago de Nueva Zembla, donde a mediados del siglo XX se había hecho detonar la mayor bomba atómica hasta la fecha, la bomba del Zar. Con una voz que contagió un abismo de tristeza a McNulty, le habló de las muertes de miles de pesonas inocentes en ambos incidentes (a pesar de que Nueva Zembla se suponía deshabitada), ambos experimentos que él mismo ordenó. Mulder, que había despertado hacía unos pocos minutos, se incorporó discretamente a la conversación, preguntando de nuevo por Aleyster Crowley y el diabolismo, que creía relacionado con el libro que perseguía. Novikov le respondió que de hecho Crowley no era diabolista, sino todo lo contrario, en tiempos fue enemigo de la Golden Dawn, fundó la Thelema y aunque se relacionó con el Club Fuego Infernal escribió de hecho el Liber Samekh, para invocar a los ángeles custodios, opuestos a los demonios. Mulder absorbió la información, ávido de conocimientos y con una curiosidad creciente. Volviendo a su conversación inicial, Novikov aseguró a McNulty que haría todo lo que pudiera por su amiga Sally.

Aproximándose a Sicilia, Novikov quiso a explicar a Thomas quién era en realidad su cliente Nicola Ferretti. El magnate de empresas de motor y de transporte no era otro que Il Signore Ferro, uno de los más influyentes capos de la mafia siciliana. Thomas ya lo había sospechado en el pasado, pero aun así la información lo inquietó, debido a sus prejuicios para con la ilegalidad. Antes de aterrizar, Novikov le pidió un favor a Thomas: el ruso le dijo que debía citar a sus clientes a una reunión en San Petersburgo en el plazo de tres semanas; podía usar la excusa que le pareciera mejor, y revelar que él era quien convocaba la reunión, cualquier cosa, pero era necesario que acudieran en la fecha acordada. O'Hara le prometió que haría todo lo que estuviera en su mano.

Después de aterrizar en el aeropuerto de Palermo, se encontraron con problemas para salir, porque no habían pensado en la documentación necesaria. McNulty, Finnegan y Mulder habían sido desprovistos de sus pasaportes y tuvieron que recurrir a diversos contactos para que les dejaran entrar de urgencia en el país. Una vez dentro, alquilaron un coche y se dirigieron a la mansión de Nicola Ferretti o, mejor dicho, Il Signore Ferro. La mansión era todo lo hortera que se podía esperar de un mafioso, y también tan fuertemente vigilada como cabía esperar. Después de ser desarmados, los llevaron a presencia de Ferretti. El italiano se mostró amable, como siempre que hablaba con Thomas. Le habló sin embargo de una extraña llamada que había recibido del señor Campbell alertándole contra su yerno, y Thomas le habló de UNSUP, de la Corporación y sus planes. Ferretti pareció creerlo todo, y habló de la competencia que esos malditos de World Interlaced (filial de UNSUP) le estaban haciendo. Por supuesto, O'Hara podía contar con seguir controlando su paquete de inversiones, y además acudiría a la reunión con Novikov, aunque no le hacía gracia desplazarse a terreno no neutral. Además, llegaron a un acuerdo extra: si O'Hara -o sus compañeros- era capaz de acabar con World Interlaced, o al menos con sus negocios en Europa, le podría pedir el favor que quisiera (que no estuviera fuera de su alcance, por supuesto). Extremadamente satisfecho, el grupo se retiró de nuevo al aeropuerto.

La segunda parada en el viaje era Mónaco. Aunque a Thomas le inquietaba sobremanera no haber podido hacerse con ninguno de los secretarios de la familia real. Los que habían contestado al teléfono le habían respondido con preguntas esquivas. Intentarían entrar en el principado y encontrarse con alguno de ellos en persona. Ya más preparados en el aspecto documental, pudieron salir del aeropuerto sin apenas problemas, aunque desarmados. Jessica sabía de un contacto que les proveería armas fuera del aeropuerto. Montecarlo era un hervidero de gente, un caos, porque precisamente el día siguiente tendría lugar el Gran Premio de Fórmula 1. Pagaron una pequeña fortuna por alojarse en uno de los hoteles-casino de la ciudad, y al día siguiente tomaron posiciones entre el público del circuito. Algo que les extrañó mucho fue que para acceder al recinto no hubiera controles de armas, y eso empezó a alimentar las sospechas del grupo de que algo malo iba a ocurrir. En un momento dado, en el palco de personalidades hicieron acto de aparición el príncipe Alberto y su familia al completo. Para decepción de Thomas, entre las personalidades que los acompañaban se encontraban el propio Bertrand Campbell y Merten Jund. Por pura suerte, Thomas se apercibió de que uno de los guardias de seguridad se movía a una velocidad sobrehumana durante un momento; ¿sección S en el circuito? Ante la imposibilidad de tener un encuentro con algún miembro de la familia o sus secretarios, y ante la presencia de gente de UNSUP allí, Thomas se resignó a tachar Mónaco de su lista de clientes y marcharse hacia Francia. Además, todo aquello era muy raro, y si había un atentado, preferían no estar presentes, así que volvieron rápidamente al avión. La segunda parada resultó en fracaso.

La tercera parada era Marsella. Thomas había quedado allí con Berenice Girard, una de sus mejores clientes y antigua amante. Ella también le había hablado de una extraña llamada del señor Campbell acusando a Thomas de haber perdido la cabeza, pero la desechó al hablar con éste. Thomas estaba deseando ver a Berenice, no podía evitar sentir un fuerte sentimiento de protección hacia ella; quizá todavía la quería. En el vuelo, Mulder tuvo una conversación subida un poco de revoluciones con Thomas. Al erudito canadiense le cargaba la actitud incrédula de O'Hara en cuanto al aspecto ocultista de todo lo que les estaba pasando, y así se lo hizo saber. No obstante, la intervención contemporizadora de Finnegan contribuyó a que los ánimos se calmaran y no llegara la sangre al río.

En el hotel donde Thomas había quedado con mademoiselle Girard pasaba el tiempo, y la mujer no aparecía. Thomas rebullía preocupado, hasta que sonó su teléfono. Berenice le advirtió de que su coche estaba siendo seguido por un par de automóviles negros y estaba dando rodeos para despistarlos, sin éxito. Thomas acordó encontrarse con ella en un paraje transitado de la ciudad donde realizarían un cambio de vehículo. Salieron rápidamente y el plan salió a la perfección. Cruzándose en una pequeña callejuela, Berenice salío precipitadamente del rolls donde se encontraba y que conducía un chófer y subió al coche del grupo. Los dos coches negros continuaron siguiendo al rolls y ellos continuaron en dirección contraria, directos al aeropuerto. Berenice soltó un suspiro de alivio y dio un beso a Thomas, peligrosamente cerca de sus labios. Algo en él se agitó, pero lo contuvo rápidamente, presentándola al resto del grupo. Berenice, aunque madura, era realmente atractiva y llevaba una cruz celta al cuello, algo de lo que se apercibió rápidamente Mulder. Interesado por el aspecto oculto del culto druídico, Mulder le preguntó acerca del colgante; ella contestó que era ecologista a ultranza, y le gustaba el concepto del culto druídico a la naturaleza, eso era todo.

Ya en el avión, Berenice les contó que Bertrand Campbell había insistido mucho para que acudiera a Mónaco a encontrarse con él, hasta que no tuvo más remedio que "mandarlo a la mierda". Así que el suegro de O'Hara no debía de encontrarse muy contento. Cuando Novikov y Thomas le hablaron de la reunión en San Petersburgo y el posible peligro en el que se encontraba tras haber rechazado a Campbell, Girard decidió permanecer con ellos al menos hasta que se celebrara la reunión.

jueves, 10 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 24

Huida. ¿Hay esperanza aún?
Nota: en esta sesión se produjo la incorporación de dos nuevos PJs: Jessica Pujol, en sustitución de Joey Mitnick, y Michael Mulder.

Durante los primeros segundos de caída, el terror fue patente en los rostros de McNulty y Finnegan. Éste último tenía experiencia militar, pero sólo en el cuerpo de infantería, y nunca había saltado en paracaídas. Además, para empeorar las cosas, al saltar del avión y abrirse su campo de visión, vieron que dos cazas se encontraban escoltando a la nave de transporte, que por su parte sufría alguna que otra sacudida en su rumbo; quizá los disparos de Jonas estaban haciendo mella en su estructura. Por suerte, pronto se sobrepusieron a la situación [punto de relato], y mantuvieron la calma y el equilibrio suficiente para realizar un descenso bastante digno. No podían abrir los paracaídas demasiado pronto, pues corrían el riesgo de que los pilotos de los cazas los detectaran y quizá les dispararan, así que mantuvieron la presencia de ánimo suficiente para esperar a abrir los paracaídas hasta que la comitiva de aviones se hubo perdido entre las nubes. Con una sacudida, los paracaídas se abrieron y pudieron concentrarse en el punto en que aterrizarían.

Timofei Novikov

Allá abajo podían ver que se dirigían directamente a un gran lago que era alimentado y a su vez alimentaba a un gran río. Alrededor del río se extendía un gran desierto, y en ambos extremos del lago se podían ver sendas poblaciones. Con ayuda del viento, decidieron dirigirse a la parte norte del lago, más o menos a mitad de camino entre las dos ciudades. Aterrizaron en un pequeño bosque, y aunque tuvieron la mala suerte de que McNulty se magulló un costado contra una rama, no tuvieron mayor problema que unos cuantos moratones y dolores aquí y allá. Eso sí, a los pocos segundos de tocar tierra el cosquilleo que notaban en el cuerpo desde que habían sido reclutados por la Corporación se hizo un poco más intenso. Haciendo caso omiso y dando gracias por seguir vivos, se acercaron al lago y se refrescaron en el agua, donde Jack, agotado por la falta de sueño y el subidón de adrenalina, pudo descansar unos instantes.

Con su agudo oído, Jonas pudo oír a los pocos minutos cómo dos vehículos se acercaban en la distancia. Decidieron adentrarse en la espesura, aunque se acercaran así a la carretera que bordeaba el lago. Poco después podían oír dos explosiones y el sonido inconfundible de un automóvil accidentado. Decidieron separarse y acercarse a la carretera desde dos ángulos distintos. A mitad de camino, Jack no pudo evitar quedarse dormido y confundir los sueños (extrañísimos, por cierto) con la realidad, pero se sobrepuso, y aunque llegaría un poco más tarde que McNulty, lo consiguió. Por su parte, Jonas llegaba el primero a la vista de una violenta escena. Una furgona se había salido de la carretera, y otros dos se encontraban parados en ella, cerca del primero, con varias personas conversando entre ellas. El vehículo accidentado lucía un costado destrozado, sin duda debido a los efectos del bazooka sobre el que se apoyaba una de las figuras presentes. Había dos grupos bien diferentes de personas: desde el oeste había llegado un coche con tres pasajeros: dos de ellos hombres vestidos con ropa normal y gafas de sol y una mujer morena y muy bella, a todas luces occidental anunque vestida con ropas típicas del medio oriente, que empuñaba una pistola y conversaba con uno de los hombres del segundo grupo, cuyo vehículo, un moderno todoterreno, había llegado desde el este. Los integrantes de este segundo grupo eran claramente de etnia árabe, aunque vestidos al modo occidental, y amenazaban con sus armas a uno de los pasajeros del vehículo accidentado, que gritaba algo ininteligible en árabe. Mientras tanto, los dos tipos con gafas de sol sacaban del vehículo accidentado a otro hombre inconsciente, rubio y a todas luces occidental. Los otros dos pasajeros de la furgona accidentada no parecían haber logrado sobrevivir al incidente. En ese momento llegó Jack a la escena, y decidió que lo mejor era dejarse ver para intentar obtener ayuda de los occidentales. Sin embargo, los extraños se mostraron bastante hostiles y cuando encañonaron a Finnegan Jonas tuvo que intervenir, gritando que volaría la cabeza de la mujer si le hacían algo a su amigo. Tras unos momentos de tensión, sucedió algo inesperado: el superviviente de la furgona, que hasta entonces había permanecido de rodillas parloteando en árabe con sus atacantes, se convirtió en una sombra borrosa; moviéndose a la velocidad del rayo no tardó en dejar inconsciente a un occidental y dos árabes, ante la estupefacción de los demás. Sin duda, se debía de tratar de uno de aquellos engendros de la Sección S (como más tarde lo confirmaría el tatuaje en el lóbulo de la oreja). Finalmente, consiguieron abatir al monstruo y eso facilitó la interacción entre Jonas y Jack y los extraños. Los árabes no resultaron ser sino egipcios y, para más detalles, coptos, hecho del que se dieron cuenta al observar los crucifijos parecidos a ankhs que colgaban de sus cuellos. Por su parte, los occidentales decían ser agentes de la CIA, al menos la mujer.

Tras las presentaciones tuvo lugar una conversación que alivió sobremanera a Jonas y Jack. La mujer de la CIA, que se presentó como Jessica Pujol, les dijo que estaban en Egipto, a mitad de camino entre Abu Simbel y Asuán, y se encontraba allí por encargo de Ben Katzowitch para rescatar al hombre rubio inconsciente de las garras de un grupo terrorista. Habían tenido una suerte inmensa: cuando Jessica llamó a Ben comentándole el encuentro con los dos irlandeses, éste confirmó sus identidades y le encargó acompañarlos hasta algún punto seguro. Por otro lado, los coptos conocían al padre Saledh Medhat, y cuando se enteraron de que Finnegan y McNulty habían tratado con él recientemente, les preguntaron por su paradero, porque poco después de que el padre hubiera vuelto de Boston había partido hacia República Centroafricana y ya no habían vuelto a saber nada de él.

Mientras tanto, el rubio inconsciente que habían rescatado de la furgona, recuperó la consciencia. Michael Mulder, que así se llamaba, vio la escena y se preocupó. Lo último que recordaba era estar en Abu Simbel tras la pista de un antiguo libro del que le habían hablado en un museo de Tel Aviv. Y ahora le dolía todo el cuerpo y se encontraba entre extraños de pinta peligrosa. Intentó ser lo más discreto posible, pero McNulty reparó en sus ligeros movimientos. Todos se acercaron, ávidos de saber quién era aquel extraño. Tras convencerlo de que se encontraba entre amigos y no tenía nada que temer, Mulder les explicó lo que recordaba. A los pocos minutos, el sonido de varios vehículos acercándose por la carretera les decidió a ponerse en marcha y salir de la carretera, cruzando el desierto hacia el norte.

Entre tanto, en San Petersburgo, Thomas había continuado con su viaje junto a Novikov, Lindon, los guardaespaldas, Hans Haller y el padre Estepháneos. En un momento dado del viaje, Estepháneos entró en una especie de trance, repitiendo una letanía en voz muy baja. Thomas se preocupó, pero los demás le explicaron que era normal, que le sucedía frecuentemente (estos episodios se correspondían con los contactos oníricos que tenía con Jack). Durante las largas horas que duró el desplazamiento hasta Arkangelsk, donde Novikov poseía un aeropuerto privado, el ruso habló de la situación en Europa, de cómo se había enrarecido el clima desde el brutal atentado en Brooklyn, que había supuesto un retroceso del comercio a nivel mundial. Los franceses estaban especialmente preocupados, porque haciendo caso omiso de sus amenazas, la República Centroafricana y algunos otros países de África habían cortado las exportaciones de Uranio sin dar demasiadas explicaciones, e incluso se habían producido secuestros de personal de empresas francesas encargadas de la explotación de las minas. Se rumoreaba que muchos otros países africanos iban a detener sus exportaciones de Uranio y otras materias, y las bolsas estaban entrando en pánico total. Por otra parte, había movimientos ultranacionalistas e incluso nacionalsocialistas en Ucrania, Austria y Grecia que estaban contribuyendo a agravar la situación y no le gustaban en absoluto.

En otro punto del viaje, Novikov recibía una llamada: no era otro que Bertrand Campbell. El ruso puso el manos libres para que todos pudieran escuchar. Para sorpresa de Thomas, o quizá no, Campbell aconsejó a Novikov que no se fiara de los consejos de su yerno, si es que se encontraba con él. Parecía haberse vuelto loco y estaba dilapidando las fortunas de sus clientes; trató de concertar una cita con Novikov para tratar personalmente con él, a lo que el ruso aceptó sin intención de acudir. Por otro lado, informaron a Thomas de que Nueva York ya se encontraba en manos de UNSUP y sus títeres ultraderechistas, y Novikov también le preguntó por uno de los clientes de Campbell & Weber: un tal Michael Mulder. Thomas lo recordaba de refilón, un muchacho joven con una gran fortuna heredada del fallecimiento prematuro de sus padres. Según Novikov, Mulder podría serles de gran ayuda en su cruzada en caso de encontrarlo. Thomas, sin embargo, no podía dejar de pensar en la llamada de Bertrand Campbell; si el viejo estaba llamando a toda su cartera de clientes, tenía muy poco tiempo para reaccionar y hablar con todos. Por suerte, con los recursos de Novikov de su lado aún tenía alguna posibilidad de cortar los hilos de su suegro.

Ya en Arkangelsk, Novikov recibió una llamada que prefirió atender en privado. Thomas no pudo evitar aguzar el oído aun a riesgo de ser descubierto [punto de relato] y pudo oír a Novikov dirigirse con extremado respeto a un tal Okada-san. No podía tratarse sino de Yuzo Okada, uno de los tres miembros más importantes de la Yakuza japonesa y subsecretario del departamento de exportaciones de Japón. Novikov se mostraba especialmente solícito, lo que convenció a O'Hara de que el ruso debía tener negocios importantes con el nipón.

Por fin, Jonas y Jack pudieron contactar con O'Hara a través de sus contactos en la CIA. Acordaron encontrarse en Luxor, ya que iban hacia el norte, y hacia allí partió el grupo de Rusia en un avión ultramoderno de tecnología claramente restringida al círculo de UNSUP. Cuando la aeronave superó la frontera egipcia, fue interceptada por dos cazas, que lo conminaron a detenerse; sin embargo, se libraron de ellos con una facilidad pasmosa. El avión era una maravilla tecnológica, sin duda. Conforme se acercaban a Luxor, el cosquilleo en el cuerpo de McNulty y Finnegan se fue convirtiendo en un dolor agudo e insoportable, así que no tuvieron más remedio que quedar en un punto alejado varios kilómetros de la ciudad. Con gran alegría por parte de los personajes, ambos grupos se encontraron y, sin tardanza, Haller procedió a sacar los nanobots de los cuerpos de Jonas y de Jack. La agonía fue tremenda cuando el polvillo gris salió de sus lagrimales, y el alivio grande.

Poco después, a raíz de una de las bromitas de McNulty, Jessica agarraba el paquete de éste con fuerza, haciendo que se doblara sobre sí mismo. La mujer exigió más respeto, y McNulty decidió que quizá no estaría mal mostrarse más comedido en su presencia.

El asunto más urgente para el grupo era sin duda poner a salvo a sus familias. McNulty contactó con sus amigos del Sinn Feyn que le prometieron que mantendrían a su mujer y su hijo a salvo, y Mulder decidió poner en acción sus contactos en Europa para ayudar a poner a salvo a James Finnegan, Fred Mullendore y el doctor McEnroe; y tras unas cuantas llamadas prometió dinero a varias personas y aunque no se acababa de fiar tranquilizó a Jack. Y por su parte, Mulder también expuso la que era su mayor preocupación: prácticamente todo su capital se encontraba controlado por Campbell & Weber, y si era verdad que ahora trabajaban para UNSUP, podía perderlo todo en un momento. Con la ayuda de un portátil de última generación y [punto de relato] el login de uno de sus compañeros de empresa, O'Hara consiguió sacar el capital de Mulder de las garras de Campbell y Weber, y distribuirlo entre varios fondos de inversión (uno del propio Novikov), poniendo así a salvo su fortuna.

El siguiente paso, según Thomas, debía ser partir hacia Palermo para contactar con el primer cliente de su lista, Nicola Ferretti, y evitar que Bertrand Campbell lo convenciera de dejar su guía y poner así su capital en manos de UNSUP. Deberían llevar a cabo un pequeño tour por Europa para asegurar que el capital de sus clientes no caía en las sucias manos de la Corporación...

miércoles, 2 de abril de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 7

La búsqueda de Berormane. Problemas en Lecho de Pulgas.
Tras la búsqueda infructuosa de Berormane, poco antes del amanecer Allyster se dirigió a presentarse ante Aron Santagar para empezar su guardia en la Fortaleza Roja. Sin embargo, antes de llegar a la vista de la fortaleza, el maullido de un gato asustado puso al caballero alerta; y eso le salvó de la emboscada que tres individuos le habían preparado: dos tipos encapuchados se habían acercado sigilosamente por su espalda, y el mendigo que había en la siguiente esquina sacaba en esos momentos un cuchillo de entre los pliegues de su ropa. Esquivado el primer ataque de uno de los encapuchados, aprestó sus armas, ante lo cual, los tres individuos huyeron hacia las sombras de los callejones anexos.

Cuando Allyster se presentó ante Santagar y éste vio que el caballero tenía una costilla rota debido al torneo del día anterior, lo disculpó de la guardia. Allyster prefirió no relatar el incidente que había tenido lugar unos minutos antes. Acto seguido, volvió a reunirse con los Seabreeze, evitando las calles solitarias.

Ancel, Jeremiah y Vanna se dirigieron a retirar el cadáver de Regar de las tiendas de las Hermanas Silenciosas. En un sitio discreto celebraron una pequeña ceremonia oficiada por el septon Gebriel, de los Cressey, y pagaron a un comerciante para que llevara el cadáver en su caravana a tierras de los Tudbury. La tristeza de Jeremiah sólo era comparable a su rabia en aquellos momentos. También enviaron un cuervo a los Tudbury informando de la muerte del muchacho, pero sin mencionar la implicación de Jaime Lannister en todo aquello.

Mientras Allyster y Jeremiah empleaban varias horas en la infructuosa búsqueda de Berormane, Allyster le explicaba a Vanna discretamente su pasado con Meñique y la relación que les unía en aquel momento. El caballero no se fiaba de lo que quiera que lord Baelysh tuviera preparado para ellos.

En una de las Tiendas de Curación donde se encontraban los cadáveres de dos maestres calcinados, uno de ellos podía coincidir con la descripción de Berormane, pero los Seabreeze enseguida desecharon tal posibilidad, pues la cadena del maestre no lucía el eslabón de Obsidiana del que Berormane se habia mostrado tan orgulloso en el pasado.

Mientras la mayoría de ellos volvía a la posada evitando las calles solitarias, Jeremiah se dirigió a las cocinas de la Fortaleza, con la intención de encontrarse con alguna sirvienta. No lo tuvo difícil, y al poco se encontraba retozando con una rolliza aunque bonita cocinera. La chica le reveló que efectivamente sirvió la comida en los aposentos del Gran Maestre el día que Berormane desapareció, y en sus aposentos se encontraba otro maestre que coincidía con su descripción. Ambos parecían bastante airados por alguna discusión que acababan de tener. Pero no pudo confirmar que el maestre más joven saliera o no de aquella parte del castillo. Cuando más tarde Jeremiah salía de las cocinas, un gordo cocinero se acercó a él, y resultó no ser otro que Varys. Éste le aconsejó tener cuidado con las preguntas que hacía, y le advirtió que "los aparentemente más desvalidos podían ser la gente más peligrosa". El Señor de los Rumores también dio a Jeremiah "recuerdos para Vanna", y además le dio una información como regalo: "Berormane entró en los aposentos de Pycelle, pero nunca volvió a salir".

La información de Jeremiah fue recibida con rostros serios por los demás cuando la compartió. Excepto por Vanna, que había salido un tiempo antes a "encargarse de unos asuntos"; lo que la mujer quería era conseguir algunos venenos en el mercado negro. Pero no fue una buena idea. En una de las plazas del Lecho de Pulgas anexas al punto de trapicheo, Vanna sintió cómo un dardo se clavaba en algún punto de su cuerpo y todo se volvía borroso en segundos; sólo alcanzó a ver a un individuo correr hacia ella y a continuación un estallido en su cabeza que la hizo descender a la oscuridad de la inconsciencia.

En algún momento indeterminado, Vanna recuperaba la consciencia con una bolsa de tela en la cabeza que la mantenía en la oscuridad, atada de pies y manos mientras alguien le hacía preguntas y la golpeaba. La mujer los entendía a duras penas, pero alcanzaba a entender algo sobre "el eunuco" e información intercambiada. Negó a todo lo que le respondían mecánicamente, hasta que perdió la consciencia de nuevo.

Preocupados por la ausencia de Vanna, se dedicaron a buscarla por la noche en las casas de salud, sin éxito. Tras despuntar el día, Allyster decidió meterse en el Lecho de Pulgas disfrazado; allí, con sus habilidades para el callejeo y el soborno, consiguió sacarles a dos contrabandistas que al atardecer del día anterior había habido un altercado en una plaza entre una mujer y dos tipos. Tras compartir unas cervezas con los tipos y soltar unas cuantas monedas más, uno de ellos le dijo que los asaltantes le sonaban de haberlos visto habitualmente en el burdel Las Zorras Rojas.

Ancel, por su parte, se dirigió a hablar con lord Varys para averiguar si sabía algo de su amiga. El eunuco se mostró consternado por la desaparición de Vanna, y dejó caer que si él no sabía nada de aquello, "sólo podía ser obra de una persona". No dijo la persona, pero para Ancel se hizo evidente de quién hablaba. Varys le dijo con gesto triste que si Vanna no se encontraba muerta o fuera de la ciudad a aquellas alturas, intentara encontrarla en alguna casa de placer...