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jueves, 8 de mayo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 26

Tour por Europa(II). Asalto en Ucrania
La siguiente parada prevista era Arabia Saudí. Allí deberían encontrarse con el príncipe Mohab ben Azir. Como Thomas no había podido hacerse con él en ningún momento, volvió a intentarlo una y otra vez. Ante la imposibilidad de pasar la barrera de secretarias que contestaba al teléfono, O'Hara decidió dejar un mensaje alarmista sobre las inversiones del príncipe, para intentar que éste fuera quien le llamara. Al poco tiempo recibía una llamada entrante, pero no del príncipe en persona, sino de uno de sus asesores, Tarek ben Mezir. Éste se mostró preocupado por el mensaje que Thomas había dejado, y dijo que no entendía nada, porque el príncipe se encontraba reunido en aquellos momentos con el "socio" de O'Hara, el señor Croix-Parker. Thomas colgó rápidamente al oír aquel nombre, pero Mezir volvió a llamarle. Bien pensado, si le había revelado aquella información abiertamente, el asesor no debía de estar en el ajo, así que Thomas descolgó. Mezir se mostró extrañado por todo aquello, y compartió con Thomas la descofianza que albergaba sobre ciertos argumentos que Croix-Parker había presentado ante el príncipe. O'Hara se convenció poco a poco de que Tarek podía serle de utilidad para llegar al príncipe, pero transcurridos unos minutos de conversación, la comunicación se cortó de repente. Intentó volver a hacerse con el asesor por todos los medios, pero no le fue posible; en su lugar, otro de los asesores se ofreció a tratar con él, disculpando a Mezir, que no parecía estar localizabel. O'Hara decidió no insistir.

Mulder y el padre Estepháneos, entre tanto, buscaban desesperados en internet información sobre el De Occultis Spherae, sin éxito. Lo que sacaron en claro fue que alguien se había dedicado concienzudamente a borrar cualquier rastro de información que hubiera podido quedar acerca del libro en la red. Las pistas conducían a dominios cerrados, páginas abandonadas o mensajes inexistentes.

La situación del príncipe Mohab no era nada clara, así que el grupo decidió hacer escala en Suez, donde habían quedado un par de días más tarde con Dimitri Kupchenko. Thomas llamó al potentado lituano para ver si podían adelantar la cita, y éste, con su estentórea voz característica, le confirmó que ya se encontraba en un helicóptero sobre el Mar Rojo y llegaría a Suez a medianoche. Quedaron en el hotel Coleridge a esa hora más o menos.

En el hotel, el grupo tomó posiciones alrededor de la casi desierta cafetería por si surgía algún imprevisto, pero demostraron no ser necesarias; Kupchenko llegó procedente del helipuerto de la azotea con un par de gorilas y sin ningún contratiempo a la mesa donde le esperaban Thomas y Jessica. El lituano se quedó obnubilado con la agente del FBI, y no cesó de lanzarle cumplidos y lascivas miradas durante todo el encuentro. Cuando Thomas le expuso la situación, Kupchenko se mostró receptivo y afirmó que confiaba en él para sus inversiones, no dejaría que Campbell le comiera el coco; a lo que se mostró más reticente fue a la reunión en San Petersburgo con "ese bastardo de Novikov". Como condición para asistir a la reunión, pidió sucintamente a Jessicar salir esa noche a cenar, y ella no tardó en aceptar. La noche acabó con Kupchenko y la mujer haciendo el amor en su habitación de hotel. Tras la bebida y el sexo, el lituano se quedó dormido profundamente, cosa que Jessica aprovechó para registrar sus pertenencias. En la cartera llevaba varias tarjetas extrañas a las que hizo fotos con su móvil, y en el correo electrónico del móvil del hombre también encontró cosas interesantes: un correo de Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano, que esperaba un envío que no había llegado en plazo; un correo de Ruslan Antonov (el cliente ucraniano de O'Hara), en ruso, al que le hizo fotos; y mensajes de varios árabes, entre ellos el príncipe Mohab, que se mostraba descontento con los servicios de Kupchenko.

Tras la reunión con Kupchenko y su promesa de acudir a la reunión de San Petersburgo, decidieron viajar a Azerbayán, donde se encontrarían de nuevo con Hans Haller. Lo del príncipe Mohab no estaba nada claro y no querían arriesgarse a llegar a Arabia Saudí a ciegas, como les había pasado en Mónaco.

Durante el vuelo, Jessica compartió con el resto la información que había obtenido de las pertenencias de Kupchenko. Novikov tradujo el mail de Antonov; en el mensaje, el ucraniano daba las gracias a Kupchenko por algún negocio desconocido, y le invitaba a acudir a Ucrania para "discutir sobre el asunto". Las tarjetas fotografiadas, por otra parte, correspondían a clubes exclusivos de ultramillonarios, pero había una en concreto que Novikov no conocía. Mulder le echó un vistazo, y sin lugar a dudas reconoció el símbolo: era la antigua llama y cruz invertida del Club Fuego Infernal, con un diseño más moderno. El ansia de conocimiento del canadiense se agitó en su interior, al descubrir que una secta que se creía desaparecida podía continuar viva. Por supuesto, compartió la información con los demás, y además dio alguna información extra sobre el Club, como que se dedicaban a realizar ritos de magia sexual. Cuando Jessica oyó esto, recordó que durante la noche con Kupchenko, éste parecía rejuvenecer unos veinte años cuando se acercaba al éxtasis...

En Azerbayán aterrizaron en el complejo montañoso de Novikov, y allí les recibió Hans Haller, que dijo tener buenas noticias para McNulty. Parecía que iba a ser capaz de devolverle sus recuerdos. Y así fue, tras un proceso bastante doloroso, el irlandés recuperó la memoria y durante unos minutos permaneció en estado de shock.

Tras comer algo, Novikov los condujo a la armería, donde se pertrecharon con equipo que creían que les sería útil. Entre otras cosas, les proporcionaron dos inhaladores que hacían que las capacidades físicas aumentaran hasta ser comparables a las de los soldados de la Sección S. Finnegan y Jessica los guardaron en sendos bolsillos, mientras Hans Haller les advertía que no abusaran de las dosis, pues podían llegar a ser letales para el organismo.

El próximo paso que decidieron dar fue ir a reunirse con Ruslan Antonov. Novikov volvió a sugerirles mucha precaución en el encuentro. Tras arreglar el ruso la entrada de uno de sus aviones a Ucrania, el grupo partió hacia Kaniv, la ciudad relativamente cercana a Moscú, en cuyas afueras se encontraba la mansión de Antonov, anexa al río Dnieper. O'Hara se puso en contacto con Antonov, intentando concertar una cita en territorio neutral, pero el ucranio insistió en hacer de anfitrión y que la reunión fuera en su casa, así que Thomas no tuvo más remedio que acceder.

La mansión tenía varias hectáreas de terreno vallado. Decidieron que, por seguridad, se separarían. Thomas, Jonas y Mulder entrarían en la mansión, mientras que Jack y Jessica esperarían fuera, observando a través de binoculares por si surgía algún imprevisto. En la mansión, los tres visitantes fueron cacheados y tras comprobar que no llevaban armas, Antonov salió en persona a recibirlos. Acto seguido, fueron conducidos a su despacho en el piso superior y tomaron asiento. La mansión parecía una fortaleza, con tanto guardia repartido por allí. Cuatro guardias tomaron posiciones a su alrededor, y de una puerta lateral hicieron acto de aparición dos figuras conocidas, al menos para McNulty: una de ellas no era otro que Sergei Yurikov, y el otro era el viejo alemán que había secuestrado en una ocasión a John Gibbons en un helicóptero para luego lanzarlo al vacío. En ese momento se hizo evidente la trampa. Varios seguros de subfusiles sonaron cuando los guardias empuñaron las armas. Mientras Antonov hablaba sobre la tración de los PJs a la Compañía y cómo pronto el orden mundial cambiaría para dejar paso a los individuos realmente competentes, Mulder consiguió [punto de relato] hacer una llamada para poner sobre aviso a Finnegan. Mientras tanto, Thomas recibía una llamada en su móvil de un número desconocido, y con una actitud confiada y condescendiente, Antonov y los demás le permitieron cogerlo e incluso salir al balcón a atenderla (vigilado en todo momento, eso sí). Thomas apenas pudo disimular su sorpresa cuando reconoció la voz con fuerte acento alemán que le hablaba desde el otro lado de la línea: Jürgen Von Klausen. El alemán le contó que habían intentado atentar contra su vida y había averiguado que el suegro de O'Hara estaba por medio. Al preguntarle dónde estaba y responderle Thomas que en la mansión de Antonov, Von Klausen se sorprendió y con palabras disimuladas le preguntó si estaba en problemas; cuando O'Hara contestó afirmativamente, el alemán le dijo que no colgara el teléfono, que iba para allá. Así que Thomas tuvo que disimular durante el jaleo que se formaría los siguientes minutos, hasta que Von Klausen apareciera.

En el exterior, Jack y Jessica decidieron darse un chute de los inhaladores que les había proporcionado Novikov y saltando la valla con facilidad corrieron a una velocidad endiablada hasta la casa. No les costó encargarse de los guardias que había en el exterior, y de una poderosa patada que arrancó la puerta de entrada de sus goznes se precipitarion al vestíbulo de la planta baja. Allí, varios guardias apostados les dispararon, sin acierto. Los siguientes minutos se desató el caos en la casa: guardias empezaron a aparecer de todas partes mientras Jack y Jessica los cosían a balazos con sus pistolas y los subfusiles conseguidos de los propios guardias. Cuando el efecto del primer chute del inhalador desapareció, ambos consumieron un segundo (de un total de tres cada uno). Mientras tanto, arriba, Thomas podía ver cómo llegaban dos de los helicópteros negros de UNSUP y aterrizaban en el patio posterior, entre la mansión y el río. Yurikov, Antonov y el alemán salieron del despacho por una puerta trasera, y los guardias se quedaban custodiando a McNulty, O'Hara y Mulder con una tensión evidente, mientras abajo se oían los disparos, y los veinte hombres de UNSUP que habían llegado en los helicópteros pertrechados para una acción militar se acercaban a la casa. Pocos segundos después, Antonov y compañía subían a un helicóptero y el aparato remontaba el vuelo, alejándose.

Jack saltó por una de las ventanas posteriores de la cocina para evitar ser tiroteado por los guardias del interior, todo para encontrarse rodeado de tipos con uniforme y cascos que le apuntaban con subfusiles ordenándole que levantara las manos. Sin pensarlo, volvió a saltar, de espaldas, por la misma ventana y se metía en el interior de la casa. Sin darse cuenta, como por el contrario sí lo hizo Thomas en el balcón de arriba, que tres helicópteros se acercaban a lo lejos desde el otro lado del río y soltaban unas estelas de luz a toda velocidad, que no podían ser otra cosa que misiles. Al otro lado del teléfono, alguien le recomendó a O'Hara que se pusieran a salvo, y éste se lanzaba hacia el interior gritando "¡cuerpo a tierra!"; así lo hicieron sus compañeros, no así los guardias que en su mayoría resultaron destrozados por las explosiones. En la planta baja, el infierno se desató en torno a Jack, al que le cayó un trozo de techo encima; su pánico a las explosiones, unido al bajón que sufrió al pasarse el efecto del inhalador, hicieron que quedara hecho un ovillo entre los escombros y el fuego.

Los hombres de Von Klausen no tardaron en hacer acto de aparición, así como McNulty y los otros, ensordecidos por el ruido. No tardaron en liquidar o rendir a los pocos guardias que habían dejado Jack y Jessica y en encargarse del resto de los hombres de UNSUP que no habían exterminado los misiles. Un alemán, el líder del grupo de hombres armados, entró gritando el nombre de O'Hara en la casa, y el grupo no tardaba en ser conducido a los helicópteros y puesto a salvo hacia el oeste, mientras atrás quedaban las ruinas ardientes de la mansión de Antonov. Tanto los uniformes de los paramilitares como los helicópteros, llevaban un símbolo que Jessica y McNulty reconocieron como el escudo cruzado de los Polaris, un ejército privado que al parecer era propiedad del tal Von Klausen...

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