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viernes, 8 de mayo de 2015

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 19

Creá, la Ciudad del Cielo (III). Yuridh. Grimorios.


Grimorios en la Biblioteca de los Santuarios

En un arranque de sinceridad, Galad reveló al resto del grupo cuál era su relación con Rania Talos, la acompañante del duque ercestre. No compartían apellido por casualidad, pues la mujer no era otra que su madre adoptiva. Según la historia, un buhonero había encontrado al bebé Galad en el linde de los Bosques Esselios y la familia Talos había accedido a quedarse con él, apenados por su situación. Eso era todo lo que Galad decía saber sobre su nacimiento y posterior adopción.

Los días siguientes, Yuria continuó asistiendo a los rezos y los baños con sus nuevas amigas, lo que le permitió conocer en profundidad la ciudad y visitar cada uno de los mercados que se instalaban en sus diferentes barrios. En uno de ellos, el mercado de mercancías exóticas de Shamara, la ercestre descubrió algo que la fascinó. Una pareja de ancianos de piel oscura y dientes blancos como perlas procedentes de la región varlagh estaban haciendo una exhibición de una tela ignífuga y muy resistente. La tela podía ser expuesta largo tiempo al fuego sin que éste prendiera en ella, era muy resistente a los desgarros y además era muy ligera. Algo ideal para el proyecto de globo que tenía en mente. Se interesó por ella, y los varlaghs, en un vestalense con fuerte acento, le contaron que era una tela que sólo se podía obtener en el lejano sur, que sólo ellos tenían el secreto para tratarla y poder coserla, y que bajo ninguna circunstancia iban a revelar ese secreto. El precio era prohibitivo: seis monedas de plata por metro cuadrado; Yuria calculaba que necesitaría unos 600 ó 700 para poder elevar la carga que tenía intención de transportar, pero aún así lo compraría. El problema era que los ancianos sólo disponían de una media docena de metros allí. Yuria prometió volver en breve para acordar la compra de la tela que necesitaba. Todo el episodio sucedió bajo la atenta mirada de Fajeema y Sorahid, sorprendidas de que Yuria se mostrara tan interesada en aquel material.

Mientras Symeon seguía explorando discretamente la ciudad en busca de lugares discretos y vías de escape, Daradoth pudo ver cómo una comitiva de Inquisidores llegaba a alojarse al Palacio Vicarial; por supuesto, no se dejó ver en ningún momento.

Una jornada posterior, recién caída la noche, apareció en la posada Akhran, el hijo del contacto retirado de Galad, con extrema urgencia por encontrar al paladín. Con palabras entrecortadas, el vestalense les contó que acababan de secuestrar a “uno de sus compañeros” que podría revelar información muy sensible. Preocupados por aquello, Galad y los demás accedieron a ayudar al joven. Éste les condujo a través de callejones y oscuros rincones hasta una plaza, en cuyo extremo opuesto se alzaba ¡la puerta principal del Palacio Vicarial! El muro del palacio estaba vigilado por una media docena de guardias armados con algo parecido a alabardas, y algunas farolas de aceite alumbraban tenuemente la escena. A los pocos minutos, por una de las calles confluyentes, hicieron acto de aparición tres jinetes, vestidos abiertamente con la librea de la Guardia de Palacio; el tercero llevaba un cuerpo (a todas luces con vida) envuelto en una manta sobre el pomo de su silla. Akhran, que había estado todo el episodio preso de un estado de nervios evidente, no se lo pensó dos veces y cargó contra los enemigos. El resto le siguió. Afortunadamente, Taheem les había acompañado, y el vestalense se empleó a fondo en el combate que siguió conteniendo a los guardias del muro, aunque no quiso mostrar abiertamente sus habilidades en la esgrima. Gedastos sufrió una fea herida mientras los guardias restantes daban la voz de alarma en palacio. En el interior, Daradoth oyó el escándalo y saliendo a uno de los balcones pudo ver la escena en el exterior. Los jinetes fueron duros de derribar, pero el grupo por fin pudo dominarlos y huir rápidamente de la escena (separándose y huyendo unos a caballo, otros a pie) con el secuestrado.

Galad y Taheem ayudaron a Gedastos a llegar a la posada, entre gemidos de dolor del joven. Al poco llegó Torgen, y finalmente Symeon, que fue el que, saltando ágilmente al caballo, había sacado al secuestrado de allí. Su sorpresa fue mayúscula cuando resultó que el secuestrado no era un hombre, sino una mujer. Su nombre era Yuridh, y no era nada menos que ¡la esposa del gobernador de Creá!. Los primeros instantes fueron muy tensos al enterarse de su posición social, aunque Akhran no hacía más que decirles que se calmaran. Un gesto de Yuridh hacia Galad y unas pocas palabras tranquilizaron los ánimos: la mujer era un agente de la Torre en Creá; al menos Akhran no había mentido en eso. Era evidente que los dos tenían un affair amoroso, y, según sus propias palabras, los guardias habían irrumpido en la habitación donde se encontraban para sus encuentros carnales por sorpresa; afortunadamente, Akhran había podido saltar por una ventana y acudir en busca de la ayuda del grupo. Pero la seguridad de Yuridh ahora estaba comprometida y debía regresar a su mansión lo antes posible; su esposo se encontraba de viaje, pero no tardaría en volver.

Y Yuridh aún les dio otra información valiosa: según ella, su esposo el gobernador, el shaikh Esmahäd, no comulgaba bien con las nuevas políticas desarrolladas en el imperio ni con las continuas intromisiones del Sumo Vicario en los asuntos civiles de la ciudad, y creía que sería receptivo a un acercamiento por parte de Galad. Además, después de meditarlo largamente, acordaron que Galad, Torgen, Gedastos y Akhran pasarían a servir en su casa como parte de su guardia, donde se encontrarían más seguros. Y así lo hicieron. El mayordomo del gobernador enarcó una ceja cuando su señora llegó con nuevos reclutas para la guardia de su esposo, pero se abstuvo de presentar objeciones.

Con la connivencia de Yuridh, fue fácil para Galad colarse en el despacho del gobernador en busca de información. Tras varios intentos, consiguió abrir unos cajones cerrados con llave: en ellos pudo encontrar correspondencia del gobernador con varias personalidades donde se expresaba claramente su malestar con los últimos decretos y políticas del Badir. Al parecer, Esmahäd tenía jugosos negocios con la comunidad de inmigrantes de Creá y otras ciudades que se habían ido al traste con el decreto de expulsión. Además, amigos personales suyos habían sido expulsados o incluso algo peor. Galad esbozó una sonrisa al confirmar lo que Yuridh había dicho, pero aun así debería ser extremadamente cuidadoso; una cosa es que alguien estuviera en desacuerdo con sus dirigentes y otra muy distinta que fuera capaz de traicionarlos. La sonrisa se borró de su rostro al leer una carta remitida por un tal Akhred: en ella, éste advertía a Esmahäd que no debía fiarse de su mujer, pues le constaba que estaba reuniéndose subrepticiamente con gente de dudosa reputación.

Después de muchos días y muchas noches en vela, tras ver una hoja movida por el viento, Yuria consiguió deducir cómo dirigir su ingenio volador: las variaciones de altura deberían ser suficientes; Ya casi lo tenía.

Daradoth, con su fino discurso y haciendo uso de algo de sus “habilidades especiales”, pudo convencer al cardenal Ikhran para que le permitiera el acceso a la parte restringida de la Biblioteca. Y su corazón sufrió un vuelco cuando pudo ver lo que se ocultaba allí. Antiguos grimorios y manuscritos élficos y minorios, algunos en un estado más que aceptable; debían de datar de los tiempos de la colonización sermia del brazo sur, y los vestalenses no sabían el valor incalculable de aquellos libros y pergaminos; no debían de saberlo, o no los tendrían escondidos y olvidados. Cuatro volúmenes cuyo título rezaba (en Cántico Antiguo) “Sobre la Esencia”, el diario de un antiguo maestro alquimista y constructor elfo codificado con alguna clave que habría que descubrir, “La Amenaza de la Sombra”, “Otros Mundos”, “Sobre los Sueños”, “El Arte de la Inscripción Rúnica”, “Panteones y Héroes”, y muchos libros de historia y otras materias hicieron las delicias de Daradoth las jornadas siguientes, en las que se centró sobre todo en el primer y segundo volúmenes de “sobre la Esencia”. Mientras los leía, podía notar como algo se recolocaba en su mente, y cada vez era capaz de detectar de una manera más clara su fuente de poder. Además, los grimorios hablaban de unas “corrientes ocultas de la Esencia” que a veces devenían en furiosas tormentas de aspectos variados; Daradoth comenzó a sospechar que las tormentas oscuras que habían sufrido en el desierto podían tener que ver algo con aquello.

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