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viernes, 8 de enero de 2016

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 31

Hacia el norte (II)

El grupo al completo excepto Symeon se alejó rápidamente del camino en cuanto vieron aparecer la vanguardia del ejército y lo identificaron como tal. Encontraron refugio en un pequeño barranco excavado por un riachuelo a un par de kilómetros. Fue el errante, con sus habilidades de ocultación, quien pudo ver el ejército en todo su detalle; los vagones que viajaban en el seno de la columna de infantería, fuertemente custodiados, lucían varios ventanucos enrejados y abiertos, pero le fue imposible saber qué contenían.

Tras el paso del contingente, Symeon se reunió con el resto y les explicó con todo lujo de detalles lo que había visto y sus sospechas de que los vagones debían de albergar prisioneros. Estaba empezando a oscurecer, así que decidieron pasar la noche en la ribera del riachuelo. En su turno de guardia, Daradoth pudo oír una conversación entre Taheem y Sharëd mantenida en quedos susurros: en ella, Sharëd exponía sus dudas a Taheem acerca de su presencia allí y el destino que les esperaba acompañando al elfo y los demás; el más joven de los hermanos creía que debían separar su camino del del resto de la comitiva, y volver con los errantes del campamento en el desierto, donde los necesitaban y serían más útiles, y no embarcarse en una aventura de final tan incierto. Daradoth decidió no intervenir.

La mañana siguiente volvieron al camino, y trataron de trabar contacto con los vestalenses del campamento que Symeon había visto en el bosquecillo del este. Tras serias dificultades para ganarse la confianza o, al menos la curiosidad, de los vestalenses, consiguieron trabar contacto con ellos. Les recibió el líder del campamento, Rakheem, a todas luces un antiguo soldado, extrañado por su presencia allí. Les explicó que el campamento lo componían varias familias de refugiados de las aldeas del sur que habían sufrido la brutalidad de los Inquisidores, quemando a sus familiares y amigos en piras, como bien sabían ya los personajes; el propio Rakheem había sido uno de los soldados al mando de los miembros del Fuego Purificador, uno de tantos militares asqueados con aquellas matanzas indiscriminadas; además, eran exterminios ritualizados que se hacían claramente al servicio de aquellos extraños clérigos de piel pálida como el alabastro que habían venido acompañando al Ra’Akarah, donde se sacrificaba a niños, mujeres y ancianos, y cuya finalidad Rakheem no alcanzaba a comprender; así que algunos de los soldados habían desertado y ayudado a escapar a cuantas familias pudieron, formando aquel campamento al que de tanto en tanto todavía llegaban algunos que se habían podido librar de las piras gracias a la ayuda de sus hombres. El antiguo soldado lucía una quemadura en el antebrazo y la mano derechos que se había provocado al rescatar a un niño de una de las piras y que daba fe de sus palabras. Después, debido a los carruajes, el peso de los suministros y la cantidad de gente que albergaban, habían decidido internarse en el bosque y esperar una buena ocasión para iniciar la marcha hacia no sabían muy bien dónde.

Conmovidos por la historia, el grupo ofreció su ayuda a Rakheem, que la aceptó de buen grado; Galad se dedicó a curar a aquellos que lo necesitaban, y Yuria colaboró en la reparación de los carros, ofreciendo consejos sobre cómo mejorar su estructura y las ruedas. Taheem y Sharëd también se emplearon a fondo, ayudando en cuanto pudieron.

Rakheem también les informó de algo que los inquietó: según la versión oficial, el Ra’Akarah no estaba muerto, sino que en última instancia, un arcángel de Vestán se había encarnado en la persona de la esposa del Supremo Badir, lady Sarahid, y había salvado su vida con la ayuda de una poderosa Reliquia guardada en los Santuarios. Y ahora el Mesías se encontraba a salvo en el interior de los Santuarios, reponiéndose de sus heridas. El grupo negó esta versión y narró la suya propia, evitando los detalles de su participación en los hechos, e intentando convencer a los vestalenses del hecho de que habían visto al Ra’Akarah muerto sin ningún género de dudas; con suerte, conseguirían que su versión se propagara. Sin embargo, la descripción de Sarahid como un arcángel de Vestán y la utilización de una reliquia de los Santuarios para salvarlo eran unos detalles que no podían dejar de tenerse en cuenta...

Al anochecer, se despidieron de Rakheem y el campamento; pero no así Sharëd, que expresó ante su hermano y el grupo el deseo de quedarse con sus compatriotas para poder ayudarlos y luego volver al campamento de los Errantes, donde también se encontraría Valeryan, con suerte. Movido por su hermano, Taheem también expresó sus dudas acerca de aquel viaje, afirmó que habría sido más conveniente para su futuro (el del grupo) haberse unido a lady Ilaith y no en aquella precariedad en la que estaban sumidos en ese momento. Yuria y Symeon intentaron convencerlo de que la lucha contra la Sombra no había hecho más que empezar, y que igual que habían encontrado un posible aliado en Ilaith podrían convencer a otros en el futuro para unirse a su lucha; pero no lograron convencer a Taheem, que prefirió quedarse junto a su hermano y ser realmente útil ayudando a los que lo necesitaban. Con pesar, el grupo se despidió de los hermanos que tanto les habían ayudado, y reanudó su camino.

Los siguientes dos días transcurrieron en silencio, con el grupo conmovido en cierta medida por las afirmaciones que había hecho Taheem. Sin embargo, a mitad de mañana de la segunda jornada, recuperaron en cierta medida el buen humor: un hombre se acercaba corriendo a paso vivo hacia ellos desde el sur; Daradoth sonrió cuando reconoció a Taheem, que pronto los alcanzó: finalmente, las palabras de Yuria y los demás lo habían convencido para acompañarlos y ayudarles en su lucha contra la Sombra; saludos emocionados rubricaron sus palabras.

Durante el viaje, siguieron teniendo el sueño recurrente de la multitud en la explanada ante los Santuarios. En algunas ocasiones el sueño era inocuo y la multitud simplemente les ignoraba, pero otras veces , en cierto momento la turba se giraba hacia ellos y les miraba acusadora. La noche de la misma jornada en la que Taheem se reunió de nuevo con el grupo tuvieron el sueño de nuevo, y esta vez más vívido y peligroso: la multitud se giró a mirarles, como siempre, y les señaló mientras gritaba improperios con una voz demoníaca; promesas de muertes horribles salieron de miles de bocas que hablaban como si fueran una sola, y a continuación sintieron la presencia. Una presencia que varios de ellos recordaban haber sentido en una de las tormentas oscuras mientras atravesaban el desierto acercándose a Creá, una presencia física impresionante, que transmitía un frío y un empuje intensos y que sólo podía pertenecer a un ente de una malignidad extrema y una potencia ultraterrena. Algunos fueron presa del terror mientras el cielo en el sueño se fundía en el más oscuro de los negros nocturnos. Afortunadamente, gracias a las habilidades de Symeon y los poderes de Galad, el grupo consiguió despertar antes de que la entidad apareciera; ya en el mundo de vigilia, pudieron ver cómo otro de los torbellinos negros se había formado y se acercaba hacia ellos; levantaron el campamento a toda prisa y se pusieron en marcha en el frío de la noche, recuperando el sueño a la mañana siguiente.

La preocupación cundía en el grupo, pues habían notado que en las últimas ocasiones en las que se habían visto aquejados por el sueño, aquellos que se encontraban de guardia (incluyendo a Daradoth, que como elfo necesitaba dormir mucho menos) habían sido forzados a dormir, aparentemente. Así que decidieron probar a hacer uso del talismán de Yuria, pasándolo a aquellos que tuvieran que hacer guardia y que no se vieran afectados negativamente por él. Pero el talismán resultó ser inútil, pues la noche siguiente volvieron a encontrarse todos en el sueño, aunque la multitud los ignoró, afortunadamente.

Forzados a rebajar el paso para no alcanzar al ejército que marchaba por delante de ellos, el viaje se haría aún más largo. Y tras varias noches de ausencia de sueños o de multitudes que los ignoraban, finalmente una de las noches la turba se giró hacia ellos en idéntico ademán acusador, señalándoles y jurando su muerte. Aunque la mayoría del grupo consiguió salir del sueño rápidamente ayudados por Symeon y Galad, Yuria quedó atrapada, aterrada por la presencia que cada vez se hacía más fuerte, hasta que se convirtió en una enorme sombra que se alzó sobre los santuarios y que apartaba violentamente a la multitud. La enorme sombra se presentó ante ella como Khamorbôlg, uno de los kaloriones, y la tocó. En el mundo de vigilia, el cuerpo de Yuria se convulsionaba violentamente mientras el grupo gritaba desesperado y a Symeon le era imposible conciliar el sueño para ir a buscarla. Finalmente, con un esfuerzo supremo y de nuevo con la ayuda de los poderes de Galad, Yuria consiguió zafarse del toque helado y ardiente de la presencia y despertar, aunque destrozada físicamente por la experiencia.

Con Yuria postrada en una parihuela durante varios días, llegaron a una encrucijada: a la izquierda una señal indicaba el camino hacia Belezeth, el de la derecha conducía a la fortaleza Sar’Kalidh y el del centro se dirigía a Torre del Sol. Fue este último el que tomaron , siguiendo los pasos del ejército que les precedía y con la esperanza de llegar a la Quebrada de Irpah para poder salir del Imperio Vestalense.


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