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viernes, 8 de julio de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 6

Nikos Kostas. La Academia Militar de Valley Forge.
Aprovechando que se encontraban a solas, Derek enseñó su posesión más preciada (a la vez que extraña) a Sigrid: el presunto mapa con extraños caracteres que alguien había hecho llegar a sus padres junto a él cuando todavía no era más que un bebé. Los ojos de la anticuaria centellearon cuando se dio cuenta de lo valiosa que debía de ser aquella pieza. Tras unos minutos de recapacitación, reconoció los caracteres a pesar de no tener conocimiento alguno de ellos: sin lugar a dudas había visto un conjunto de ellos en el mapa de Platón que se había puesto a la venta en la subasta del Excelsior. Los símbolos parecían influenciados por el egipcio antiguo y quizá por el arameo. La diferencia de la que estaba convencida era que en el mapa de Platón los símbolos parecían tener un carácter meramente decorativo, pero en este “mapa” —Sigrid tenía sus dudas acerca de poder llamarlo así— sí que parecían ser un texto real. Poco más podía decir del pergamino sin consultar obras de referencia en alguna biblioteca. Derek le agradeció la información, y le dio permiso para hacer algunas fotos y seguir con la labor de documentación.

También le enseñó el manuscrito que acompañaba al “mapa”, escrito ya en papel (aunque antiguo) con los mismos símbolos que aparecían en este. Sigrid lo fotografió minuciosamente, a la espera de poder investigarlo con tranquilidad.

Derek y Tomaso tuvieron después una comprometida conversación. El italiano se sinceró respecto a su profesión y su relación con el mundo de la mafia neoyorquina, aunque afirmó no participar en los asuntos más sangrientos. Se sinceró como muestra de buena voluntad, y así la aceptó Derek, que decidió confiar en que su mujer y sus hijos estarían a salvo en la mansión italiana donde vivía la hermana de Tomaso.

Mientras tanto, Sigrid recibía una llamada al móvil: se trataba de ¡Mark Archer! Por fin recibía noticias de uno de sus contactos anteriores a la explosión del hotel. Archer le transmitió su alegría al saber que estaba bien y la citó en una cafetería de Brooklyn. Hacia allí salieron Sigrid, Derek, Patrick y Tomaso. Archer se alegró sinceramente de ver a su colega anticuaria y acto seguido comentaron todo lo que había pasado en el hotel: Mark se había salvado milagrosamente al haber bajado a su habitación para coger unos papeles. Al ver correr a unos tipos con armas hacia la planta de arriba decidió no salir, y cuando se desató el caos corrió por las escaleras de servicio y huyó. A ojos de Patrick parecía sincero. Mientras Sigrid le preguntaba por los demás asistentes, alguien entró en la cafetería, un hombre vestido incluso mejor que Tomaso (que se había quedado apartado tomando algo en la barra discretamente) acompañado de dos tipos trajeados que parecían montañas. Se dirigió a la mesa, poniendo a todos los presentes en guardia. Mark Archer lo reconoció enseguida, y le estrechó la mano; lo presentó como Nikos Kostas. Sigrid reconoció el nombre: el millonario griego, estrecho colaborador del anticuario y librero Paul van Dorn, que también había estado presente en la subasta. Kostas presentaba algunos cortes en la cara, supuestamente testimonio de la explosión, y se disculpó ante Archer, pues según afirmó, lo había estado siguiendo con la esperanza de averiguar más cosas de lo sucedido en la subasta. El griego sonrió, e instantáneamente todos los presentes se sintieron (¿anormalmente?) cómodos con su presencia; parecía un tipo honesto y dispuesto a ayudar. Intentó averiguar todo lo que pudo sobre lo sucedido en la subasta, y ver si el grupo podía conducirle a alguien que supiera algo más. Se mencionó a Alex Abel y la Nueva Inquisicion, a los extraños gemelos Angel y Amir, que hicieron perder el control de los presentes la segunda noche, y lo extraño de que Sigrid fuera la única a la que habían dejado salir del hospital después de que el FBI decidiera poner la planta en aislamiento. No obstante, la vehemencia de Sigrid insistiendo en su ignorancia sobre lo que podía haber ocurrido y acerca de quién era aquella gente de la Nueva Inquisición pareció convencerle y decidió dejarles su tarjeta, despedirse (educadamente y pagando la cuenta) y marcharse.

Poco después se despedían también de Mark, deseándole suerte.

Desde la cafetería, Patrick se marchó directamente al restaurante con cuyo camarero había quedado varios días antes para conseguir más Polvo de Dios. Sin embargo, una vez allí el chaval no pudo venderle nada; aseguraba que hacía días se había interrumpido el suministro y no tenía nada para él. Las habilidades sociales de Patrick salieron a la luz con toda su fuerza, y consiguió convencer al camarero para que le diera el nombre de su suministrador. Tras hablar con un par de tipos y hacer unas cuantas averiguaciones, por fin llegó al que parecía el camello de más alto nivel, un tal Travish McHale. Pero la casa donde vivía, a las afueras de la ciudad, estaba fuertemente custodiada por tipos armados, así que decidió desistir de su intento de conseguir la droga y dejarlo para otro día. El alcohol debería bastar esa noche.

Entre tanto, Tomaso y Sally habían estado investigando sobre los nombres de todos los implicados en la subasta que Sigrid les había dado, pero no tuvieron éxito en descubrir nada que no fuera del dominio público.

Ya en la oficina, Patrick mencionó a la agente de la CCSA Stephanie (que había demostrado previamente su valía al averiguar hechos muy poco evidentes sobre Lupita y la situación en México) el nombre del narcotraficante, Travish McHale; seducida por la labia del procesor, Stephanie le reveló que el tal McHale había estado implicado hacía un par de noches en una operación de la CCSA, pero que ésta había sido frustrada debido a una filtración y la llegada de elementos imprevistos a la escena.

Robert se marchó a Albany por la mañana para encontrarse con los abogados, seguido de cerca por los hombres que lo vigilaban, que informaban puntualmente a Derek. Los agentes tambíen informaron de un trasiego de vehículos importante donde Robert se alojaba.

Más tarde, Derek, Patrick y Sigrid se dirigieron a una clínica privada para realizar el TAC de esta última y descartar que tuviera algún tipo de chip insertado en el cuerpo. Cuando todo estaba ya preparado, Patrick tuvo una horrible sensación de peligro y detectó en las auras de los doctores y enfermeros una clara intención de traición. Al punto, instó a sus compañeros a salir de allí sin hacer preguntas. El personal intentó por todos los medios retenerlos, y Derek incluso llegó a las manos con un guardia de seguridad; tras unos segundos de pelea y tensión, consiguieron salir a la calle, donde un par de vehículos frenaban bruscamente y tipos trajeados los abandonaban; Derek sacó su arma y comenzó a disparar. Eso les hizo ganar el tiempo suficiente para correr hasta la esquina y coger un taxi que les sacó de allí rápidamente. La intuición de Patrick había funcionado una vez más, por suerte.

A salvo en la oficina (bueno, todo lo a salvo que pudieran estar dada la situación), Sigrid aprovechó para llamar de nuevo a Valley Forge y ver cómo iban los trámites para que su hijo Eirik se marchara de allí. No esperaba lo que ocurrió. No hubo manera de hacerse con nadie en el bloque donde se encontraba internado Eirik, y todo el mundo con el que la transferían le contestaba dándole largas, diciendo que había problemas en las comunicaciones y excusas varias. Desde luego, algo no iba bien en la academia, y Sigrid no estaba segura de que tuviera algo que ver con las conexiones o la tecnología.

La anticuaria transmitió su preocupación al resto del grupo; cuando les contó todas las cosas extrañas que le habían puesto como excusa, todos empatizaron con ella y acordaron dirigirse hacia Valley Forge para sacar a Eirik de una vez por todas de allí y poder así abandonar el país. No esperaron, y pronto dos coches de la Agencia, uno con el grupo al completo (excepto Robert) y otro con agentes de Derek, tomaban la carretera hacia Wayne, Pennsylvania, a unos 150 km al suroeste de Manhattan. Poco después de tomar el desvío de la pequeña carretera que conducía al complejo, fueron detenidos por un control militar. Los soldados les explicaron que el acceso a la academia estaba restringido porque se había declarado una emergencia sanitaria. Automáticamente, Derek les enseñó su credencial de la CCSA y con un poco de charlatanería, entre él y Patrick convencieron a los militares de que todos ellos trabajaban para la agencia; tras consultar con un superior, los soldados les permitieron pasar. Además avisarían al segundo control que se encontraba a la entrada de su llegada.

Poco después avistaban el complejo, y el segundo control militar que se encontraba ante la verja de la entrada, equipados con mascarillas de protección.


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