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viernes, 21 de octubre de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 11

Hacia el monolito
Los sacerdotes se reunieron con el grupo para indagar algo más sobre los hechos extraños que le habían sucedido a Daniel, y la conversación acabó derivando hacia la revelación de todos los acontecimientos que Tomaso y sus compañeros habían vivido en los últimos días. Les hablaron de la gente de habilidades extraordinarias, del evento en el bar, de Henry Clarkson, del Hombre Malo… este último llamó especialmente la atención de Borkowski, que no entendía cómo alguien podía hacerse llamar así. Lo que los clérigos sacaron en claro fue que el grupo estaba inmerso cual peón en una especie de juego de ajedrez que no comprendían. El polaco tomó notas de todo lo narrado, para su estudio posterior, y tras largo rato se despidió, dando un plazo de veinticuatro horas para que el grupo decidiera si se llevaba al niño a Boston.

El problema era que Sigrid no parecía tener sus facultades mentales en su mejor momento, ni por asomo. Y nadie quería la responsabilidad de decidir qué hacer con el niño. Tras un intento de retirarle el sedante que acabó con Sigrid profiriendo insultos sin pronunciar ni una sola palabra en un idioma mundano, Derek decidió contactar con John Stamos, un psiquiatra que había colaborado en alguna ocasión anterior con la CCSA. Afortunadamente, John no hizo demasiadas preguntas y además resultó ser un psicoanalista innovador y fuera de serie, uno de los pocos que seguía trabajando en ese campo. Entendió la situación de Sigrid, y haciendo uso de técnicas de inducción mental mediante grabaciones y de hipnosis, hizo que la anticuaria consiguiera instalar “barreras” en su cerebro para poder reprimir (aunque a duras penas) las palabras que reptaban en su mente en un plazo de poco más de un día. Eso sí, Stamos les advirtió que sería necesario renovar el tratamiento cada pocos días.

Sin embargo, ante la imposibilidad de que Sigrid reaccionara dentro del plazo que les había dado Borkowski, Derek tomó por la mañana la decisión de trasladar al niño a Boston. Junto con Tomaso, llevaron a Daniel a la iglesia, y se hicieron acompañar de dos agentes que irían a Boston escoltando al cura.

A mediodía, Tomaso pidió a Omega Prime que blindaran sus cuentas bancarias contra posibles bloqueos y ataques, a lo que los hackers se pusieron sin vacilar. Por otra parte, Sally apareció unas horas después de que Borkowski se llevara a Daniel a Boston. Había hecho unas investigaciones y había encontrado en una caché de un blog perdido lo que buscaba: una noticia aparecida en un periódico australiano (periódico que ya no existía) sobre un “evento zombi” en el sureste del país oceánico. Lo curioso es que la noticia no pertenecía a un medio amarillista o de dudosa reputación, sino a un periódico que parecía haber sido serio y de una tirada considerable. La noticia hablaba de cómo los muertos habían comenzado a levantarse en un éxtasis extraño, y aparecía una foto: en ella se veía un grupo de paramilitares en primer plano haciendo gestos hacia la cámara, y detrás de ellos asomaban los hombros y la cabeza de una figura que sin duda se trataba del padre Borkowski; además, el alzacuellos que lucía en la imagen lo delataba al cien por cien. Para más inri, el periódico donde había aparecido la noticia había cerrado de repente unos meses después de su publicación. Sally anunció su intención de contactar con Omega Prime para ver qué podían averiguar sobre el pasado del cura.

Por la tarde, bajo la supervisión de Stamos, a Sigrid le fue retirado toda dosis de sedante, y el tratamiento había funcionado: aparentemente, conseguía reprimir todo pensamiento que la llevara a pensar en su hijo o en la lengua. Patrick pasó de soslayo sobre el hecho de que Borkowski se hubiera llevado a Daniel, y la mente de Sigrid evitó pensar sobre ello dos veces.

Al atardecer, después de que los dos agentes que habían acompañado al padre Borkowski a Boston volvieron con un informe rutinario, salieron por fin hacia el monolito montados en dos todoterrenos, uno de la CCSA y otro adquirido expresamente por Robert.

La noche la pasaron en un hotel de la frontera con Canadá. De madrugada, Sally llamaba a la puerta de Derek, con una tablet en la mano. Omega Prime le había enviado todas las referencias que habían encontrado sobre el padre Borkowski, extremadamente difíciles de encontrar: la noticia de los zombis había sido lo primero, por supuesto; tras ella varias cosas más. Una foto de baja calidad donde aparecía Borkowski junto con otros jóvenes sacerdotes siendo bendecidos por el Papa Juan Pablo II, vistiendo un hábito con un par de bandas blancas verticales. Algunos oscuros correos electrónicos que se referían a los disturbios de San Francisco en los 90; estos disturbios se achacaban en general a la homofobia, pero en estos informes se mencionaba a “la Orden”, a Jan Borkowski y a la posibilidad de que estuviera allí para atentar en contra de los intereses de “los Durmientes”. Por último, unos escaneos de unos informes de un agente del FBI destacado en San Francisco llamado Jonathan Lennox. Los informes iban dirigidos al superintendente Paxton, e insistían sobre los hechos extraños que rodeaban los disturbios de San Francisco y su desacuerdo en “silenciar a la opinión pública”. En alguno de los informes se mencionaba a un sacerdote polaco de apellido “Borkaski o Barkowski”, cuya descripción correspondía inequívocamente al cura, y que actuaba junto con otros sacerdotes que tenían la particularidad de ir armados y realizar actos reprobables. En algún otro se mencionaba a alguien llamado “El Freak”, del que se decía que tenía mucho que ver en todo aquel follón, y a quien Lennox calificaba como “una especie de semidiós, capaz de los más extraordinarios actos”. Lennox fue despedido poco después de los acontecimientos de San Francisco, y se encontraba en paradero desconocido, y Paxton se encontraba ahora ocupando un cargo en la cúpula de la NSA.

Con el grupo reunido y la información compartida, Sally mencionó que lo más lógico para ella sería hablar con otros agentes o ex-agentes del FBI que hubieran estado destacados en San Francisco en la época del sacerdote, y ver qué podían averiguar. Todos estuvieron de acuerdo con la propuesta. A las pocas horas, Omega Prime enviaba por correo electrónico un listado de agentes que se encontraron en San Francisco durante los disturbios.

Muy temprano por la mañana continuaron el viaje. Al poco de cruzar la frontera comenzó a llover, y la lluvia se prolongaría todo el día. Atravesaron gran parte de la región de Quebec, dejando atrás las grandes poblaciones y adentrándose en los bosques, siempre acompañados por la cortina de agua. Salieron de las carreteras principales y se adentraron por vías cada vez en peor estado, agravado por la lluvia. Los árboles se erguían a su alrededor, majestuosos e impasibles. Durante horas condujeron por valles y laderas, dejando muy atrás la última aldea. Cuando Robert calculaba que sólo debían de estar a unos quince o veinte kilómetros de la mansión con el monolito, la escasa visibilidad jugó una mala pasada a Patrick, que conducía el primer coche: tras una curva descendente se encontró de frente con un coche aparcado en el camino; dio un volantazo, y resbaló en el barro, quedándose al borde de los restos de un puente que otrora había cruzado el río que ahora venía crecido. Sin embargo, Derek, que conducía el segundo coche, también se vio sorprendido e impactó al vehículo de delante, haciendo que cayera a la corriente. Siguieron unos minutos fríos y angustiosos, tras los que Tomaso, Sally y Derek consiguieron rescatar a Patrick, Robert y Sigrid.

Una vez pasado el momento crítico, evaluaron la situación: el todoterreno de Patrick había quedado inutilizado en el río (aunque afortunadamente pudieron salvar el material), pero a cambio, en medio del camino había un todoterreno aún mejor y más grande que el suyo con las llaves puestas y abierto. Se refugiaron rápidamente de la lluvia, dieron al contacto y funcionó; así que encendieron la calefacción y encontraron algo de alivio. Cuando investigaron un poco más pudieron ver que no había nada en el vehículo: ni documentación, ni equipo, nada.

El problema ahora era que tendrían que continuar a pie, al estar el puente de piedra derrumbado. Robert recordaba que el puente estaba en pie cuando él y Michael habían visitado el monolito, así que se tenía que haber derrumbado recientemente.



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