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miércoles, 22 de marzo de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 21

La Biblioteca de Sigrid
Descartando como opción seguir vigilando las naves de American Initiatives For Children al considerarla demasiado arriesgada, pasaron a discutir cuál debía ser su próximo destino. Barajaron varias opciones, pero las más consistentes eran sin duda las de Japón, Londres y Noruega. Kittle había oído cómo el propietario del móvil que habían desencriptado, el tal Rüdiger Pressler, había informado de que su próximo destino sería “el grupo objetivo de Japón”; y ahora contaban con las coordenadas exactas (o eso esperaban) del lugar al que los presuntos neonazis se dirigirían. También barajaron la opción de Londres a instancia de Derek; este ya les había hablado de su “mentor”, lord Ian Stokehall, y la firme posibilidad de que el aristócrata arrojara algo de luz sobre todo aquello que les estaba ocurriendo durante las últimas semanas.

Una página del De Occultis Spherae
Pero finalmente la opción elegida fue Noruega; más concretamente, Oslo. Sigrid fue muy vehemente al respecto: en Oslo se encontraba su biblioteca personal, en gran parte heredada de su abuelo. La biblioteca albergaba volúmenes antiguos y raros, y aseguraba que podrían darles mucha más información. Además, en la propia Oslo se encontraba el club al que se hacía referencia en la información del móvil hackeado: el Corazón Oscuro, propiedad del tal Terje Nikolic.

No obstante, el factor que les hizo decantarse definitivamente por Oslo fue una revelación que Sigrid no pudo contener más: con un escalofrío disimulado contó al resto que en su biblioteca se encontraba el único tomo inglés existente del De Occultis Spherae, el libro que todo el mundo parecía estar buscando. No le hacía ninguna gracia volver a ver aquel libro, pero la gravedad de los acontecimientos que les rodeaba la decidió a contar su historia: relató cómo había leído casi en su totalidad el libro de pequeña, y los hechos extraños que habían rodeado el suceso, mencionando de paso el trance por el que había pasado su familia después de la muerte de su hermano. Sin duda, aquel no era un libro normal, y albergaba un gran poder.

El viaje a Oslo fue relativamente rápido, excepto por la escala en París, que casi acaba con los nervios de algunos miembros del grupo. Creyendo que algunas personas estaban siguiéndolos, tomaron todas las precauciones que pudieron e hicieron el viaje aún más tenso. Cuando se convencieron de que nadie les seguía y que todo habían sido imaginaciones suyas, se dirigieron a la biblioteca de Sigrid. Esta había trasladado hacía muy pocos años la biblioteca desde la casa de campo de su abuelo a un lujoso y protegido edificio de apartamentos en uno de los mejores barrios de Oslo. Los volúmenes antiguos se deterioraban en exceso en el viejo caserón, y se había visto obligada a encontrar un entorno más salubre para ellos, a la par que más seguro.

El guardia de seguridad reconoció a Sigrid cuando la vio, y la saludó amablemente. Eso le facilitó las cosas, puesto que no llevaba la tarjeta de acceso encima. Cuando la anticuaria le pidió una copia de la tarjeta, apenas le puso problemas (sólo tuvo que pedir permiso a la central y verificar la identidad de Sigrid con unas preguntas rutinarias).

El complejo era realmente lujoso, y estaba vigilado por cámaras de seguridad. Sigrid pasó la tarjeta por el sensor y pulsó una combinación en la puerta de su apartamento; con un suspiro de alegría, abrió la puerta y pasó a su biblioteca. No entendía muy bien por qué, pero estar en presencia de sus libros la reconfortaba más que ningunan otra cosa en el mundo. El apartamento estaba completamente adaptado para sus volúmenes. El recibidor había sido respetado para no dejar ver la biblioteca desde el exterior, así como el aseo y algún despacho; el resto había sido despejado formando una gran estancia para dar cabida a múltiples estantes y vitrinas donde se encontraban los ejemplares. También se podían ver un par de mesas grandes, varias sillas y sillones, y material de escritura.

Los libros más delicados y en peor estado de conservación se encontraban en vitrinas de cristal expresamente preparadas para tal efecto. Según contó Sigrid, algunos de los libros más antiguos de su abuelo no habían resistido las condiciones de su viejo caserón y se habían destruido en el traslado, pero la inmensa mayoría se encontraba allí, su valiosísimo tesoro particular. Y el más valioso de todos, el De Occultis Spherae, se encontraba en una caja fuerte disimulada tras unas estanterías; Sigrid no se decidió a sacar el libro todavía de su reclusión; la sola idea le ponía los pelos de punta.

Durante varios días se dedicaron a investigar sobre todos los temas en los que se habían visto implicados.

Sobre los vikingos, los abenaki, y el monolito

Iniciaron la investigación con los símbolos de los abenaki y el extraño monolito negro. Sigrid no tardó en localizar los trabajos del islandés Sebastian Stallard que, como ya había recordado someramente, mencionaba las relaciones de los vikingos con los habitantes del nuevo mundo. Su propio abuelo había resultado ser un apasionado del trabajo de Stallard y había hecho su propio trabajo de investigación sobre el asunto, que también les vino de perlas. Los escritos de Stallard databan de mediados del siglo XIX y mencionaban sin ningún tipo de ambigüedad el monolito negro que el grupo había visto bajo la mansión en Québec. Stallard se acercaba de una manera inusitada a los relatos de la saga de Vinland, y hablaba (sin citar fuentes, casi como si él mismo hubiera sido testigo de ello) de la estrecha relación que los vikingos llegados a Terranova habían mantenido con los nativos algonkinos de la zona, sobre todo con los abenaki. Había incluso un pasaje que Stallard aseguraba estar transcrito desde un manuscrito nórdico; en él, alguien llamado Folkard hablaba de “extraños hombres” que “danzaban alrededor de una enorme roca negra que traía los peores horrores a sus enemigos, y que les permitía invocar los espíritus de sus antepasados como horripilantes y depravadas sombras de ultratumba”. En los trabajos del abuelo de Sigrid encontraron también referencias al monolito negro, y cómo había conseguido pruebas de que los nazis, en concreto la Hermandad de Thule, habían intentado un desembarco clandestino en Canadá para investigar la veracidad de la existencia del artefacto.

También se hacía referencia a otro objeto: el Obelisco Negro de Salmanasar III, un obelisco tallado por los asirios cerca del primer milenio antes de Cristo. El obelisco se encontraba hoy en día en el Museo Británico, y el abuelo de Sigrid elucubraba con la posibilidad de que fuera una especie de “retoño” o “copia menor dormida” del monolito de los abenaki. Aseguraba que, si se ejecutaban ciertos rituales en presencia del obelisco (no especificaba cuáles), este se activaba de alguna manera (tampoco especificaba cuál, o las notas se habían perdido).

En algunos de los libros, el propio Stallard había hecho anotaciones en los márgenes y en folios adjuntados: registraba los comentarios sobre el monolito de los nativos de Québec más ancianos, y la búsqueda del propio Stallard; las anotaciones eran cada vez más incoherentes, pero algunas del final les llamaron poderosamente la atención:

”[...] hemos grabado todas las protecciones que hemos podido; [...] la última barrera es la casa, sé que una mansión así puede llamar la atención, pero necesitamos una estructura capaz de albergar la disposición necesaria de los símbolos [...]. Los guardianes no están de acuerdo, pero gracias a las protecciones podremos mantenerlos a raya; no podemos permitir que eso escape [...]”

La documentación incluía un registro de los símbolos utilizados por los abenaki y también de los extraños glifos alterados por las influencias vikingas y desconocidas que habían sido grabados en las paredes de la gruta bajo la mansión. Según Stallard, si los símbolos se utilizaban con la debida aptitud y conocimiento, eran capaces de proteger de los horrores sobrenaturales. Para regocijo del grupo, tras la contraportada de uno de los libros de Stallard había unos folios describiendo (en islandés antiguo, reconocido a duras penas por Sigrid) las reglas que debían seguirse para emplear los símbolos. Les costaría un tiempo traducirlo convenientemente y entenderlo, pero no dudaban de que lo conseguirían.

Sobre el "De Occultis Spherae"

Varios volúmenes de la biblioteca hablaban del Occultis. La historia del libro se perdía en la bruma de los tiempos, pero la versión aceptada era que se había escrito en latín por un “enigmático” pueblo poco después del nacimiento de Cristo, y que al principio formaba parte de una serie de seis volúmenes a la que se referían como “La Hexalogía”. Según las fuentes, sólo el Occultis habría sobrevivido hasta el presente, en forma de una copia en inglés realizada en el siglo XVII. La historia implicaba a un monje llamado Richard de Glastonbury, del que se decía que había leído el libro en su totalidad y que le había costado la cordura, a los Cátaros del sur de Francia, de los que se decía que habían poseído la Hexalogía hasta la Cruzada que acabó con ellos y sus posesiones, y al propio sir Isaac Newton, que habría dado cobijo a un Richard de Glastonbury acusado de satanismo y que incluso podría haber sido el autor de la transcripción inglesa. La creencia general era que el Occultis era un compendio de poderosos rituales para alterar la realidad. La experiencia de Sigrid así la llevaba a creerlo, aunque no recordaba haber leído ningún ritual en el libro, la simple lectura había provocado las horribles alteraciones; de lo que estaba segura la anticuaria era de que el libro no debería ser leído, sobre todo leído en su totalidad, pues según su opinión escapaba a la comprensión y, por supuesto, al control de cualquier mente humana.

Un silencio reverente se hizo en la estancia cuando Sigrid abrió la caja fuerte y puso el denostado libro en la mesa ante los demás; Sally tuvo un escalofrío, y Tomaso lo miró ávidamente. El italiano hizo un aparte con Sigrid: argumentó que él seguramente era ll persona adecuada para leer el Occultis, pues según le confesó, cuando era muy joven ya había leído otro de los tomos que, precisamente, se guardaba bajo llave en las estanterías de Sigrid: El Tomo Negro. La noruega no estaba de acuerdo con la afirmación, y advirtió a Tomaso que el Tomo no llegaba ni a la suela de los zapatos al otro libro; era verdad que el volumen que había leído su compañero albergaba extrañas explicaciones acerca del Mal, argumentadas de una forma poco convencional que ponía el corazón en un puño, pero el Occultis era otra cosa completamente distinta, era un texto que tenía vida propia, formando una especie de bucles que te atrapaban y que intentaban arrastrarte a leerlos… las explicaciones no hacían justicia a la realidad. Tomaso no quedó muy convencido, y su obsesión por el conocimiento que ocultaba aquel libro no disminuyó, pero prefirió hacer caso a su amiga y dejarlo para otra ocasión.

Hubo algunos intentos de leer sólo breves fragmentos del libro, pero en todos los casos el lector era atrapado por el texto, y prefirieron evitar más problemas.

Sobre Rituales y Anticristos

Patrick
dio con una clave más en la investigación [01 en tirada de documentación]. Siguiendo un pálpito, pidió a Sigrid que leyeran juntos uno de los libros guardados bajo llave. El libro estaba en latín, y las habilidades de Patrick con el idioma eran limitadas; pero el título sí lo entendió: se trataba del Ritualia et Antichristus (Rituales y Anticristo).

El profesor de filosofía resultó estar en lo cierto acerca de la importancia de la obra. Esta hablaba de los rituales que serían necesarios en “la época en la que la gente podría hablar sin verse” (una de las muchas profecías al estilo de Nostradamus que el libro albergaba) para expulsar al Mal, al Anticristo, de su posición de poder. Para sorpresa de los lectores, uno de los rituales hacía referencia a algo llamado “los Nacidos Relevantes”. El ritual se refería a estos como las “personas nacidas en un ordinal de importancia metafísica”. Se referían al ordinal numérico que esa persona ostentaba respecto al total de población viva en el momento en que nacía; es decir, la persona que en el momento de nacer fuera la persona número tres mil millones, sería un Nacido Relevante; la que ostentara el seis mil millones, también; la número 5.555.555, y así sucesivamente. Básicamente, los ordinales de importancia eran los miles de millones redondos, y los números compuestos por el mismo dígito.

Por fin algo cobraba sentido, ahora comprendían el concepto de “Nacido Relevante”; lo que no les cuadraba era que los neonazis estuvieran buscándolos para expulsar al Anticristo… ¿o quizá no eran capaces de ver el cuadro en su totalidad?


*****


Fue al anochecer del sexto día de investigación cuando Sigrid se dio cuenta por fin de que tenía un montón de correos electrónicos sin leer. Uno de ellos, de una antigüedad de un par de días, le llamó especialmente la atención: era un correo de la dependienta de su tienda de antigüedades en Madrid, Lucía Ríos, y en el asunto ponía "¡Ayuda! ¡Señora Olafson, urgente!". El cuerpo del mensaje rezaba así:


Estimada señora Olafson.

Estoy muy preocupada por usted. He intentado ponerme en contacto, pero su móvil lleva varios días apagado o fuera de cobertura, y en su casa nadie me contesta. Hace cosa de tres días entró a la tienda un hombre extraño, con pinta de no haber dormido en semanas, unas ojeras y un rostro demacrado que daban miedo. Yo estaba en la trastienda y su hija Esther atendiendo a los clientes, y lo vi todo a través del espejo de la entrada. El extraño le dijo algo a su hija, y ella salió con él a la calle. Pude oír algo a duras penas. Oí que mencionaba algo así como “salvarte”, “secuestrada”, y “el libro”. Creo que tenía acento extranjero. Luego ella lo acompañó voluntariamente. Aunque me preocupé, no quise intervenir, pues parecían conocerse. Sin embargi, Esther no volvió por la noche, ni al día siguiente. Llamé a la policía entonces. Pero han pasado tres días y sigue sin aparecer.


No sé qué hacer; he llamado a la policía y se han puesto a ello, pero no me han dado muchas esperanzas. Voy a cerrar la tienda hasta que me conteste. Espero que lo haga.

Ya sabe dónde encontrarme.
Un saludo, Lucía.




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