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miércoles, 31 de mayo de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 26

Huida. Una nueva pista.
Sigrid insistió sobre la posibilidad de que Emil Jacobsen fuera quien tenía en su poder el De Occultis Spherae, y (mintiendo) afirmó que había descubierto que su hija había mantenido contacto con el librero británico en las últimas semanas, contradiciendo la información que había dado antes sobre que seguramente quien lo tenía era Van Dorn. Fuentes siguió sin creerla, y cuando el clima de la conversación se hizo todavía más tenso, Tomaso intentó ayudarla. Aunque el italiano estaba un poco groggy, afirmó que quien tenía el libro no era Jacobsen, sino Van Dorn, y que a Esther la habían secuestrado y la habían llevado al sur de Francia; si no se daban prisa, perderían la pista de la joven y con ella la del libro, y eso no era lo que quería Fuentes, ¿verdad? Este dudó cuando Tomaso lo interpeló.


En ese momento, otro hombre entró en la sala, reclamando que Fuentes saliera. Tras unos instantes, el primer hombre volvió a entrar pidiendo que disculparan al señor Fuentes, que tenía que atender unos asuntos urgentes. Pasaron unos tensos 25 minutos en los que Patrick se enfrentó a sus custodios y generó algunas escenas de tensión. Tras ese tiempo, Fuentes volvió con otros dos hombres, apresurado. Los hombres iban cargados con sendas cajas metálicas bastante grandes.

—Hay que irse de aquí. Ahora —dijo con tono de urgencia.

Con paso vivo atravesaron un pasillo parecido a uno de hotel, que daba acceso a media docena de habitaciones. En una de las puertas pudieron ver el logo de WCA, pero sobre todo les llamó la atención la última de ellas a la derecha: estaba tallada con siete columnas de símbolos extraños de estilos diferentes; una de ellas resultó conocida para Tomaso, aficionado a las ciencias ocultas; en ella reconoció varios símbolos ocultistas de protección y guarda. Otra de las columnas era más reconocible para Sigrid, compuesta por símbolos muy parecidos a las letras arameas.

La puerta del fondo del pasillo los condujo a una estancia con unas escaleras metálicas que subían, dando acceso a una estancia mucho más grande, que parecía ocupar toda la planta del edificio. Era diáfana y oscura; uno de los hombres de Fuentes se aproximó a un panel y tecleó una combinación. A continuación, el propósito de aquella enorme sala quedó claro: el techo comenzó a abrirse, dejando paso para que aterrizara un helicóptero. Uno de los helicópteros silenciosos que ya habían podido ver en Estados Unidos, pero que en este caso lucía un color azul iridiscente que lo hacía difícil de distinguir contra el cielo. Mientras la aeronave aterrizaba, pudieron oír una explosión que hizo temblar levemente el suelo; sin duda se había producido en el interior del edificio. Alguien venía a por aquellos tipos, pero no necesariamente por un mejor destino para el grupo. Decidieron subir al helicóptero, perdida toda oportunidad de oponer resistencia.

No había salida, ninguna salida posible; ¿habían caído por fin en las garras de sus enemigos? ¿Qué iba a pasar? Sigrid intentó acuchillar al tipo enorme que tenía al lado, pero no tuvo éxito y este se revolvió, propinándole un puñetazo que casi la deja inconsciente. Sin armas y ya en el aire, no había esperanza.

Cuando había pasado apenas medio minuto desde el despegue, una explosión y una sacudida del helicóptero indicó que les habían alcanzado con un proyectil o quizá algo más extraño (¡¿¿alguien mencionó “un mecanomante”??!) [Punto de Destino de Derek]. El impacto averió algún sistema del aparato, y el piloto anunció que intentaría un aterrizaje en campo abierto al norte de la ciudad. Pero más importante aún, la violenta sacudida del helicóptero hizo que varios de los hombres de Fuentes sufrieran fuertes impactos y que una de las maletas metálicas que habían cargado cayera y se abriera. La maleta contenía armas de aspecto extraño; actuaron casi por reflejo. Patrick se lanzó a por una de las armas, y Derek atacó al hombre de su lado mientras Tomaso intentaba dejar inconsciente a otro. El arma que había cogido Patrick resultó ser una especie de rayo capaz de cortar cualquier cosa, y aunque operó durante un corto período de tiempo, causó un enorme daño, tanto a sus enemigos como al vehículo. Entre fuertes sacudidas y pérdidas bruscas de altitud, el grupo pudo prevalecer por fin.

Mientras el piloto intentaba controlar la pérdida de altitud para aterrizar, notaron cómo Jaime Fuentes farfullaba algo; algo en una lengua ininteligible. Cuando Patrick, que era el que más cerca se encontraba, notó cómo la temperatura bajaba bruscamente alrededor del español, le disparó en el hombro, interrumpiendo lo que fuera que estuviera haciendo. Finalmente el helicóptero aterrizó con un fuerte impacto y todos salieron al exterior. Al retirar la ropa del torso de Fuentes para que el médico que los acompañaba (el que había tratado a Robert de su herida) se miraron cuando vieron que el cuerpo del directivo estaba prácticamente totalmente cubierto de escoriaciones que formaban extraños símbolos sobre su piel. Mientras el médico procedía al tratamiento de la herida lo mejor que podía, una inspección de las maletas metálicas reveló que éstas disponían de un apartado aún más seguro donde se encontraba grabado el símbolo de “peligro, radiactividad”; en ese momento se hicieron una idea de cuál era el combustible que proveía de energía a las extrañas armas.

Se alejaron rápidamente del helicóptero siguiendo los consejos de Fuentes. Del grupo de Altamira sólo habían sobrevivido el propio Fuentes, el médico y otros dos hombres, uno de los cuales también se encontraba herido de relativa gravedad.

Llamaron a Sally para que los recogiera con una furgona y, tras alojarse en un hotel rural en un pueblecito perdido, organizaron un intercambio. Fuentes llamaría a la sede de Frankfurt de WCA para que enviaran un “saanador” que pudiera curar el desastre de la pierna de Derek; a cambio, el grupo dejaría marcharse a Jaime y sus hombres con los maletines y su contenido.

Al día siguiente hacían acto de presencia varios hombres con aspecto inconfundiblemente germano. En la casa rural sólo se encontraban Fuentes y Derek; el resto del grupo oiría la conversación desde un lugar cercano. Por suerte, Fuentes fue fiel a su palabra y presentó a Derek como uno de sus hombres que había sufrido el ataque de un epideromante. Los extraños le preguntaron en alemán por la situación de otros miembros importantes de WCA en Barcelona, y el sanador procedió a restaurar la salud de la pierna del norteamericano, que soltó un suspiro de alivio. Tras marcharse los extraños, el grupo también fue fiel a su palabra y dejó que Fuentes y sus hombres se marcharan con las maletas.

Ya tranquilos en una habitación de hotel después de la traumática experiencia, Tomaso los reunió. Con todo el trauma de la tortura y el estrés no lo había recordado hasta entonces, pero un flash le había venido a la mente de repente: en el espejo de la habitación donde se habían alojado Esther y el oniromante Lesnes, había reconocido parcialmente escrita la palabra “Narbonne”.

viernes, 12 de mayo de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 25

La sede de WCA
Inseguros sobre qué hacer, durante varias horas vigilaron el edificio de oficinas a la espera de que Tomaso apareciera tarde o temprano. Con un coche que había alquilado Robert llegaron a seguir a un todoterreno de lunas tintadas que salió del edificio, pero resultó ser una falsa alarma. Mientras tanto, Sally conseguía armas en la Dark Web y poco después las recogían sin mayores problemas en un polígono cercano.

Al atardecer decidieron pasar a la acción. Intentaron sobornar al guardia del aparcamiento, pero no tuvieron éxito. El miedo del vigilante a las posibles represalias de sus jefes le forzaron a no aceptar la oferta. Así que el grupo tendría que esperar al cambio de turno de los guardas, que averiguaron que se produciría a medianoche.

Sin embargo, decidieron cambiar de táctica, y cuando un coche de lujo salió del aparcamiento conducido por un tipo vestido con un traje caro, decidieron seguirle y tenderle una emboscada si se presentaba la ocasión. Y la ocasión se produjo en una carretera poco transitada que llevaba a un pueblo hacia el norte. Consiguieron sacar al tipo de la carretera y resultó ser un empleado (o directivo) de Altamira Inversiones; lo más importante era que tenía en su poder una tarjeta que parecía poder granjearles acceso al edificio.

Haciendo uso de la tarjeta consiguieron pasar con su propio coche al aparcamiento sin problemas y acceder a los ascensores. Subieron hasta la planta 12, donde se encontraba la sede de Altamira, o más correctamente, de Weiss, Crane & Assocs. Se encontraron con un guardia en la entrada, del que Derek y Robert dieron buena cuenta con mucha dificultad y sin conseguir evitar que diera un aviso por radio.

Buscaron rápidamente por la oficina pero no encontraron ni rastro de Tomaso. Y pronto llegaron más guardias, alertados por el primero. Robert se enfrentó a ellos en el vestíbulo de los ascensores, pero un disparo le alcanzó en el pecho y tuvo que retroceder a trompicones. Patrick le ayudó y el grupo tuvo que cerrar la oficina, estropeando el mecanismo de acceso para ganar tiempo.

Unos agónicos minutos transcurrieron mientras el grupo decidía qué hacer oyendo los golpes que intentaban derribar la puerta de acceso. Derek decidió hacer saltar la alarma de incendios para intentar salir por la escalera de emergencia, cuyas puertas de acceso debían de abrirse solamente en caso de alarma. Acercó un mechero al detector y efectivamente a los pocos instantes sonaba la alarma y las puertas de emergencia se habilitaban.

Entre tanto, Tomaso era golpeado y drogado mientras le interrogaban acerca de la “muchacha rubia”, “qué intentaba averiguar en la habitación del hostal” y “con quién más estaba en el ajo”. El italiano resistió toda la coacción violenta, y el castigo físico cesó cuando respondió positivamente a la posibilidad de incorporarse a las filas de sus interrogadores. Era la única forma que se le ocurrió de detener aquello.

En la oficina de WCA, el grupo salió rápidamente a la escalera de emergencia, pero esa misma idea la habían tenido sus enemigos, así que coincidieron en el rellano. Un tiro abatió a uno de los enemigos, y hubo un breve intercambio de disparos; pero Patrick consiguió atrancar la puerta de acceso de los enemigos con el bate de Derek; fuera, los guardias gritaban “al piso inferior” y se alejaban de la puerta. Mientras, Sigrid sacaba información del herido en el suelo: sin mostrar piedad, consiguió averiguar que Tomaso se encontraba en un piso oculto por encima del que se encontraban, y que se accedía a él por el ascensor número uno.

Salieron otra vez al vestíbulo de los ascensores, donde los guardias no habían dejado vigilancia, por suerte. La alarma de incendios se detuvo en ese instante, y volvieron a habilitarse los ascensores. Llamaron al número uno, y en breves segundos la puerta se abría ante ellos. Pero el ascensor no estaba vacío: un tipo enorme y rubio con varias cicatrices en el rostro les miró valorativamente un instante y a continuación se lanzó a por Derek. Acertaron un par de disparos en el mostrenco, pero no parecieron afectarle. Y el tipo golpeó la pierna de Derek, que perdió el equilibrio cuando esta pareció marchitarse en instantes. Pero el agente federal consiguió resistir mientras el resto cosían a disparos al rubio, hasta que finalmente fue Sigrid la que con su cuchillo y mano diestra para usarlo, consiguió herir gravemente al tipo en el abdomen y Patrick le descerrajó un tiro en la cabeza (para su propio horror, pero tomó la decisión conscientemente, ya había decidido no quedarse atrás y tomar parte activa en las luchas de su grupo). Ayudando como pudieron a Robert y a Derek entraron en el ascensor; no había ninguna señal que indicara dónde pasar la tarjeta de acceso para subir al piso oculto, así que Patrick la pasó por todo el espacio alrededor de la botonera, hasta que por fin oyó un “bip”. El ascensor comenzó a subir.

A los pocos segundos las puertas se abrían y daban acceso directo a una oficina. Ante el ascensor, dos tipos trajeados esperaban, uno altivo y rozando la vejez, y el otro más joven y cargando con Tomaso semiconsciente. Patrick apuntó con su escopeta al rostro del más maduro, y llegaron a lo que pareció un punto muerto; el hombre mayor, que se presentó como Jaime Fuentes, se avino a negociar aunque no parecía preocupado por el cañón que le apuntaba.

Fuentes les aseguró que si le mataban jamás saldrían vivos de aquel edificio; Patrick no dejó de encañonarlo ni un momento en la conversación que siguió sentados en una mesa de reuniones. El presunto inversor les preguntó por su estancia en el hostal y acerca de la identidad de la muchacha rubia que buscaban; y Sigrid respondió sin ambages que la muchacha era su hija. El rostro de Fuentes mostró una levísima expresión de sorpresa ante la revelación; y la salida del grupo dejó de ser una opción a considerar para él. Como parte de la negociación les ofreció curar la herida de Robert, al que habían tenido que tumbar sobre una mesa y que respiraba cada vez más entrecortadamente; por supuesto, accedieron. Fuentes mandó llamar a un médico que subió a los pocos minutos acompañado de otros dos hombres armados; el grupo había dejado de tener cualquier tipo de ventaja que hubiera podido conservar; abiertamente, el pez gordo ordenó a sus hombres que bajo ninguna circunstancia dejaran salir de allí a “la señora Olafson o sus compañeros”.

A continuación, Fuentes preguntó a Sigrid si sabía algo sobre un libro llamado De Occultis Spherae; la anticuaria intentó responder con evasivas lo mejor que pudo, intentando implicar a Paul van Dorn y a Emil Jacobsen como posibles propietarios de los libros. Fuentes no acabó de creérselo, así que la conversación llegó a un punto muerto donde el grupo no veía la manera de salvar la situación. Además, la pierna de Derek seguía extrañamente marchita y necesitaban que alguien la curase, pues era imposible que aquella brujería la sanase la medicina convencional… la situación era realmente agónica.