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jueves, 22 de junio de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 28

En la Catedral. Las Catacumbas.
Después de que Sally y Tomaso revisaran a velocidad rápida las grabaciones de las videocámaras tuvieron claro que, según las imágenes, nadie había entrado en la catedral desde que habían empezado a grabar, al menos por los accesos exteriores. Mientras tanto, el resto del grupo salió a investigar; se entretuvieron algunos minutos en las callejuelas anexas a uno de los laterales del edificio, pero no encontraron ninguna pista relevante. Reunidos de nuevo, llegaron a la conclusión de que fuera lo que fuera aquella figura femenina (había quedado bastante claro por su agilidad y velocidad que no era un ser humano normal) ya estaba en el interior de la catedral cuando empezaron a grabar.

Grabaron el resto de la noche y después analizaron las imágenes por la mañana, pero ya no presenciaron nada anormal.

A mediodía entraron a la catedral, cuyas visitas ya estaban permitidas. No obstante, una cinta y un policía impedían el acceso de los visitantes a la parte del ábside, donde había tenido lugar la explosión. Patrick consiguió distraer al policía (que por suerte hablaba un perfecto inglés) para que Tomaso accediera a la zona restringida, aun a riesgo de ser arrestado. Con el móvil de la CCSA, el italiano consiguió hacer fotos de casi toda la zona detrás del altar principal y del coro, a donde pudo subir (y bajar) con algunas dificultades. Más tarde, las fotos probarían ser decisivas en su búsqueda.

Por la tarde entablaron también (gracias a la ayuda de Adelle) conversación con una de las floristas que tenían parada en la plaza detrás de la catedral. La florista conocía al párroco Dautry y estaba muy preocupada por su desaparición; según ella, el obispo estaba de viaje en Roma y todavía no había vuelto, y el personal de la catedral se había mostrado muy hermético desde el incidente, cosa por otra parte bastante normal.

Tomaso repasó las fotos que había tomado en el templo con una paciencia infinita, retocándolas e intentando encontrar algo extraño en ellas. Casi dio un salto delante de su ordenador cuando el negativo de una de las fotos dejó ver varios símbolos grabados alrededor de una pequeña capilla situada tras el altar principal. Los símbolos se mostraban sólo en la imagen en negativo con un ligero brillo; le costó bastante rato hacerlos más nítidos, pero cuando se hicieron reconocibles resultó evidente que eran los mismos símbolos que habían visto grabados en la puerta interior de la sede de WCA en Barcelona. Símbolos de protección ocultista. Además, al fijarse ya definitivamente en esa área de la foto, Derek también descubrió un pequeño destello procedente de la juntura de uno de los ocho ladrillos negros que servían como adorno para la capilla. El brillo revelaba un componente metálico tras el ladrillo que habría sido imposible de detectar sin el tratamiento que Tomaso le había dado a la fotografía, y que seguramente identificaba un posible mecanismo de activación o algo parecido.

Decidieron que deberían intentar colarse en la catedral, aunque preferirían no hacerlo por el hueco de la explosión; el riesgo de que los descubrieran era importante. Así que Tomaso decidió hacerse pasar por un seminarista procedente de Italia que había concertado una cita con el sacerdote Johannes Dautry. En su exploración de la catedral por la mañana, el grupo había identificado varias puertas que daban acceso a despachos anexos a las residencias de los clérigos, y seguramente habría accesos entre los edificios anexos y esa ala de la catedral. Por desgracia, la historia de Tomaso tuvo algunas lagunas y no convenció al encargado de la residencia para poder alojarse allí, con lo que tuvieron que volver al plan original.

Gracias al pequeño jardín anexo a la catedral que les permitía ocultarse de ojos indiscretos, el grupo consiguió (no sin ciertas dificultades) trepar hasta el hueco y colarse en el templo a la altura del coro. Tras investigar un rato ante la pequeña capilla, descubrieron por casualidad que tres de los ladrillos negros (entre ellos el que Derek había identificado) provocaban un ligerísimo “click” al ser presionados. Seguramente habría que probarlos en combinación. Por desgracia, al pulsar una combinación errónea, el sistema parecía bloquearse durante largo tiempo; y no sólo eso, sino que las dos veces que esa noche pudieron probar combinaciones (erróneas ambas), aparecieron en la catedral varios de los diáconos y seminaristas (que efectivamente accedían al templo mediante puertas interiores) preguntándose que “qué podía significar aquella alarma que saltaba en los aposentos del padre Dautry”. Tras los intentos infructuosos, el grupo decidió dejarlo por aquella noche.

El día siguiente Sigrid continuó buscando pistas de su hija en los hoteles de la ciudad, sin éxito. Tras descansar lo que pudieron, volvieron a infiltrarse en la catedral; la extraña figura que habían visto hacía dos noches no había vuelto a hacer acto de presencia. En esta ocasión, siguiendo una corazonada de Patrick la primera combinación fue la acertada. El suelo de la capilla pareció retraerse, dejando a la vista una escalera de piedra que bajaba. La escalera (uno de cuyos escalones permitía abrir y cerrar la puerta de acceso) conducía a unas catacumbas bajo la catedral que parecían haber pasado desapercibidas para el común de la sociedad. Multitud de nichos y de inscripciones se podían ver en las paredes, en un pequeño laberinto donde tuvieron que hacer marcas para no perderse. Finalmente, llegaron ante una puerta más moderna que el resto del entorno, aun así vetusta, atrancada y con señales claras de haber sido utilizada recientemente.

No les costó mucho echar la puerta abajo, y lo primero que notaron fue un olor nauseabundo a carne podrida. A la luz de las linternas vieron que la sala era una especie de despacho con luces de gas consumidas, abarrotado de libros y manuscritos. Tras una mesa, atado a una silla, se encontraba un cadáver horriblemente torturado y mutilado, con un alzacuellos: el párroco Johannes Dautry. Uno de sus globos oculares colgaba horriblemente del nervio, sus labios habían sido arrancados y miraba hacia ellos con su único ojo sin vida y su rostro ya pudriéndose; Sigrid y Patrick fueron profundamente afectados por la escena y durante un largo rato no pudieron reaccionar. Mientras tanto, Tomaso y Derek se deshacían del cadáver e intentaban enmascarar el olor.

El lugar era a todas luces una especie de despacho privado de Dautry, que parecía conocer sólo él mismo, pero cuya localización había revelado a su torturador (seguramente la figura que habían visto salir de la catedral).

Una vez recuperados, Sigrid, Patrick, Tomaso y Adelle comenzaron a devorar los manuscritos. El resto consiguió comida y agua para pasar una buena cantidad de horas en aquellos subterráneos; sabían que si salían de allí sería difícil volver a entrar, así que aprovecharon para repasar toda la documentación manuscrita de Dautry, y para ojear los libros más interesantes. Adelle les ayudó con los manuscritos en francés, y Tomaso y Sigrid no tuvieron demasiados problemas con el latín.

Mientras Derek y Ethan investigaban las catacumbas, dieron con unas escaleras ocultas que parecían conducir a una salida secreta al parque que circundaba la catedral. En las escaleras descubrieron un pendiente que más tarde Sigrid reconocería haber visto en su hija; sin duda, Pierre y Esther habían salido por allí cuando los habían visto huyendo en el vídeo del turista.

Tras un par de días de investigación, descubrieron algunos hechos relevantes:

  • Dautry mencionaba en multitud de lugares a un tal Robert G. Lorenz. Se trataba de una persona extremadamente importante, con una red de contactos a escala mundial, de la que formaba parte el propio Dautry, un tal Louis Deveraux en París y una mujer llamada Emmanuelle Deschamps en Marsella.
  • A lo largo de décadas de relación, el párroco había desarrollado la sospecha (con discreción absoluta) de que Lorenz no era otro que el propio Conde de St. Germain, un célebre personaje de la época de la Revolución Francesa.
  • Dautry también se mostraba convencido de que Lorenz/St.Germain estaba estrechamente relacionado con la Realidad y la Estadosfera (este concepto ya lo habían oído mencionar en la información del móvil de los neonazis).
  • En un volumen de memorias, Johannes demostraba su arrepentimiento y su convicción de condenación eterna porque a lo largo de los años había tenido que utilizar métodos poco éticos al servicio de Robert G. Lorenz. Había recurrido en no pocas ocasiones a la violencia e incluso al asesinato, eso sí, siempre en pro de un bien mayor, un bien del que quizás dependía el destino de la humanidad entera. Los escritos eran desgarradores y costaba leerlos, y también se defendía por los métodos empleados diciendo que habían evitado que llegara el Apocalipsis antes de tiempo.
  • En algunos escritos recientes, el sacerdote también expresaba su temor debido a algunos visitantes extraños que habían acudido a la catedral. “Quizá se trate de esos demoníacos Jázaros”.
  • En uno de los cuadernos, haciendo uso de la técnica del carboncillo, pudieron replicar una carta que Dautry había escrito muy recientemente. La carta iba dirigida a Louis Deveraux, y en ella le instaba a “proteger a los portadores de esta misiva”. ¿Quizá los portadores eran Esther y Pierre?

Agotados por la investigación y la mala calidad de su sueño en los subterráneos, metieron en sus mochilas la documentación que habían encontrado en los cajones cerrados del escritorio, que parecía la más importante, y se marcharon al atardecer por la salida al jardín que había descubierto Derek.


jueves, 8 de junio de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 27

Narbonne
Derek dejó a Francis Kittle al cuidado de Jonathan en Barcelona. El agente de la CCSA debía permanecer una semana más ingresado en el hospital debido a la herida de bala que había sufrido en la sede de Altamira/WCA y no podría acompañar al resto del grupo en su viaje a Narbonne. Derek dejó instrucciones a Francis para que, tan pronto como Jonathan pudiera salir del hospital, cogieran un vuelo a Nueva York y allí acabaran de tratar a este; mientras tanto, Kittle recibiría entrenamiento básico y pasaría a formar parte de la agencia. También llamó a su oficina para pedir un sustituto de Jonathan; según sus instrucciones, el agente Ethan Philips volaría a Toulouse y se reuniría con ellos en Narbonne el día siguiente.

Agente Ethan Philips, de la CCSA
Narbonne no se encontraba muy lejos de Barcelona, así que se desplazaron a la ciudad francesa en coche, por otra parte el medio de transporte más discreto y en el que podrían transportar las armas que habían conseguido de los secuaces de WCA. Se alojaron en un hotel del extrarradio, y lo primero que les llamó la atención en recepción fue una noticia en primera plana de algunos periódicos -alguno de ellos en inglés-: al parecer, dos días atrás había habido una explosión en el ábside de la catedral, a la altura del coro, que había abierto un boquete de gran tamaño en el muro. Intentaron informarse todo lo posible consultando al recepcionista y en internet; sacaron en claro que se había descartado un ataque terrorista (además, ningún grupo lo había reivindicado) y que las circunstancias eran del todo extrañas. Tres cadáveres se habían encontrado en la escena, terriblemente deformados; se estaba esperando a la identificación, pero se sospechaba que uno de ellos debía de corresponder al párroco de la iglesia, Johannes Dautry, desaparecido desde el evento. Además, este se había producido poco después del cierre del horario de visitas de la catedral a media tarde, cuando anochecía; y en ningún caso se mencionaba tipo de explosivo alguno, cosa harto extraña.

Sigrid informó al recepcionista de que estaba interesada en contratar los servicios de un intérprete para acompañarla por la ciudad, y el hombre, muy amable, le ofreció los servicios de su sobrino, universitario que necesitaba ganar algún dinero. La intención de la anticuaria era peinar todos los hoteles y hostales de la ciudad (unos setenta alojamientos) preguntando por su hija Esther. Al resto del grupo no le parecía la mejor de las ideas, pero si eso ayudaba a Sigrid a quitarse la ansiedad provocada por la desaparición de la joven, la ayudarían.

Al poco tiempo hacía acto de aparición Ethan, el agente sustituto de Jonathan. El grupo ya lo conocía a raíz de su estancia en la oficina de Nueva York. Tras ponerlo al corriente de la situación y superar la primera impresión, se decidieron a actuar. Por su parte, Ethan informó a Derek de que en Estados Unidos había rumores de que el gobierno estaba planificando una fusión de agencias, seguramente para quitarse de enmedio las entidades más comprometidas; otra cosa más de la que preocuparse, pero lo primero era lo primero. Se dirigieron a las inmediaciones de la Catedral; la policía había establecido puestos de vigilancia en muchas de las esquinas que conducían al centro, aunque no pusieron problemas al grupo; la catedral también estaba fuertemente vigilada, en la puerta trasera y delantera y en varios puntos a su alrededor. El boquete se encontraba en el muro del ábside a unos ocho metros de altura, presidiendo una bonita plaza peatonal. La zona ya había sido desescombrada y acordonada. Decidieron marcharse y no llamar más la atención, para buscar pistas sobre la hija de Sigrid.

Antes de recorrer los alojamientos, decidieron investigar en la estación de trenes. Tras un par de horas de búsqueda infructuosa, una mujer joven (seguramente no llegaba a la treintena) rubia y muy bella que esperaba cerca de una cola para sacar billetes vio el retrato que Sigrid enseñaba a la taquillera y oyó su pregunta. Se acercó a ella. La mujer se presentó como Adelle Sully, y afirmó que hacía unos seis días que había visto a la chica por la que preguntaba Sigrid y al hombre de color. Una mueca de rabia asomó en su rostro cuando mencionó al hombre. Interesados, Sigrid y Tomaso se sentaron con ella a tomar un café. Según les contó la mujer, el hombre era oriundo de Narbonne, y su mayor anhelo era vengarse de él, porque había sido el responsable de la desaparición de su hermana y su posterior violación. Hacía un par de meses, el tal Pierre había empleado con su hermana la misma táctica que con la hija de Sigrid para llevarla con él; cinco días más tarde, su hermana había aparecido en un pueblo cercano, desequilibrada (ahora se encontraba internada en un psiquiátrico) y con claros signos de haber sido violada y maltratada por varias personas. Adelle afirmaba haber hecho desde entonces una labor de investigación intensa para descubrir que el tipo estaba relacionado con el catarismo, que era una especie de brujo y que viajaba frecuentemente en tren, así que desde hacía más o menos un mes, venía todos los días a la estación para tratar de descubrirlo; acto seguido, mostró el arma que llevaba en un costado, con la que pensaba acabar con el maldito bastardo. Sigrid y Tomaso miraron en derredor, incomodados por el gesto; mientras tanto, Derek, Patrick y Ethan vigilaban a distancia, sospechando de varias personas que parecían interesadas en la conversación de sus compañeros con la desconocida pero que finalmente no parecieron dignas de sus sospechas. Adelle prosiguió su historia lamentándose de la oportunidad perdida, pues hacía seis días que habría podido vengarse de Pierre, cuando lo vio con Esther, pero cuando se percató de su presencia ya era tarde y los perdió entre la multitud. Sigrid y Tomaso decidieron citarse con Adelle al día siguiente para afianzar su posible colaboración, con el italiano rendido ante la indiscutible capacidad de seducción de la mujer francesa, y ambos flirteando disimuladamente.

Por la noche, el grupo se acercó a cenar y a tomar una copa por la zona de la catedral para vigilar los turnos de la policía; como habían sospechado, más de 48 horas después del evento los efectivos de vigilancia disminuían por la noche. Investigando un poco más sobre la explosión en diversos medios de comunicación, dieron con un vídeo que al parecer había grabado un turista con su móvil desde un edificio cercano. El corazón de Sigrid dio un vuelco cuando Sally señaló un par de figuras en la escena unos pocos segundos antes de que el muro reventara: sin duda se trataba de Esther y de Pierre, que salían del pequeño parque que rodeaba toda la parte trasera de la catedral; corrían apresuradamente hasta salir de plano, prácticamente en el mismo momento en que se producía la explosión, y parecía claro que acababan de salir de la catedral.

Por la mañana Tomaso y Sigrid se reunieron de nuevo con Adelle (la joven y el italiano volvieron a entrar en el juego de seducción de nuevo) y presentaron a Derek y Patrick, que se unieron a la conversación. A los pocos minutos, Patrick se concentró con su gesto característico para intentar visualizar su aura; el gesto no pasó desapercibido para la joven, que le interpeló. Por supuesto, el profesor de filosofía no quiso decirle la verdad sobre sus capacidades, lo que no gustó nada a Adelle, que había contado toda su historia y no le gustaba la gente que guardaba secretos, puesto que a raíz de su investigación de Pierre, sabía que había personas fuera de lo normal en el mundo. Por desgracia, todas las páginas web que le habían proporcionado algún tipo de información aparecían ahora cerradas por violación de leyes o por órdenes gubernamentales.

Con los ánimos más calmados, Adelle les explicó que su desconfianza tenía fundamento; no sólo era el episodio de su hermana con el propio Pierre, sino que ella misma había experimentado cosas extrañas: hacía unas semanas, había concertado un par de entrevistas con miembros destacados de la Sociedad Cátara de Toulouse. Pues bien, eso era todo lo que recordaba. Recordaba haberse desplazado hasta allí para hablar con ellos, pero lo siguiente que recordaba era estar de nuevo en Narbonne, a las pocas horas y desorientada. Era evidente que algo le habían hecho a su mente. Desde entonces se había vuelto más desconfiada, quizá incluso paranoica, pero tenía buenas razones para ello.

Ambas partes acordaron colaborar para encontrar a Pierre, recuperar a Esther y quizá consumar la venganza de Adelle. A partir de entonces, la joven los acompañaría en sus pesquisas.

El grupo intentó averiguar más cosas acudiendo a la Sociedad Cátara de Narbonne, donde les recibió la secretaria Matilde, que no hablaba ni palabra de inglés. Afortunadamente poco después llegaba Paul, un estudiante que realizaba su tesis sobre el mundo cátaro, que ejerció como guía, enseñándoles las instalaciones de la asociación y dándoles folletos sobre futuras conferencias. La asociación disponía de una buena biblioteca y museo, pero nada fuera de lo normal; compraron un libro agradeciendo la atención de Paul, pero no pudieron averiguar nada sobre Pierre; Matilde, que llevaba en la asociación casi desde su fundación no conocía a nadie con esa descripción.

Por la tarde, después de intentar averiguar sin éxito el paradero de Esther en varios alojamientos, Sally propuso al grupo alojarse en un hotel u hostal que tuviera vista lo más directa posible al ábside de la catedral. A todo el mundo le pareció buena idea, y se dividieron en dos grupos: el primero se alojó en un hostal desde el que se divisaba el boquete en el muro, y el segundo se alojó en un hotel cercano a la puerta principal de la catedral, opuesta al ábside. Compraron un par de videocámaras con las que grabarían desde sus ventanas.

A las tres y media de la mañana, algo llamó la atención de Tomaso, un movimiento rapidísimo que no alcanzó a identificar. La cámara probó entonces su utilidad; alertó a todos y la rebobinó. Todos se quedaron con la boca abierta cuando vieron cómo una figura femenina salía del boquete del muro, se desplazaba por la pared horizontalmente y saltaba al parque del contorno de la catedral desde ocho metros de altura, todo ejecutado a una velocidad sobrehumana y en silencio, sin alertar a los policías que vigilaban en la puerta.