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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

lunes, 19 de marzo de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 36

Una Herida inesperada. La Lengua Alter resurge.
Los momentos de relax no duraron mucho, por desgracia. Pronto avistaron la silueta del helicóptero de UNSUP que los había hostigado en la central en el cielo nublado, y tuvieron que aumentar la velocidad sobre el asfalto helado. Las balas comenzaron a levantar salpicaduras de hielo a un lado de la furgoneta, y un volantazo de Tomaso los sacó de la carretera a un camino forestal; pero el italiano no pudo evitar la pérdida de adherencia y el vehículo chocó de costado contra un árbol fuera del camino. Afortunadamente habían avanzado lo suficiente para que el bosque los cubriera y nadie sufrió nada más que ligeras contusiones.

Nadie, excepto Dulce da Silva; un par de balas de gran calibre habían atravesado la carrocería del vehículo y una de ellas había alcanzado en el brazo a la portuguesa, provocándole una herida de gravedad considerable; de forma tosca pudieron hacerle un torniquete en el hombro, pero Arjen, uno de sus cuatro hombres, se mostró extremadamente preocupado y expuso la necesidad de ir lo antes posible a un hospital. El grupo tuvo un pequeño encuentro privado y decidieron ayudar a la mujer; no la dejarían morir sin averiguar antes todo lo que pudiera reverlarles.

Afortunadamente había empezado a caer una ligera nevada y el cielo se había encapotado aún más. Volvieron a salir a la carretera, donde no vieron rastro del helicóptero, que imaginaron que debía de haber seguido hacia el norte siguiendo la pista forestal. Después de varias decenas de kilómetros recorridas, Derek observó en una de las curvas de la carretera que quedaban en una cota más baja varios vehículos que se acercaban en dirección contraria; gracias a su aviso, Tomaso pudo apartar la furgoneta lo suficiente para esquivarlos y continuar su camino sin más consecuencias hasta la pequeña ciudad de Fredrikstad, donde Sigrid no tardó en conseguir que admitieran a Dulce en el Hospital Nygaard. Con los hombres de Dulce montando guardia las veinticuatro horas, el resto del grupo se hospedó en uno de los mejores hoteles de la ciudad. Tomaso se encargó de deshacerse de la furgoneta discretamente, en una de las muchas lagunas de las afueras.

Gerard intentó contactar en varias ocasiones con Anne Rush, sin éxito. Ya en el hotel, el grupo le puso en antecedentes de todo lo que había pasado en Oslo, la ayuda que habían recibido de Dulce y la separación de Anne. El francés anunció que continuaría con ellos mientras no recibiera ninguna respuesta de la anciana, con lo que todos se mostraron de acuerdo. Esa noche, Sally se refugió en Tomaso para superar el horror por el que había pasado la última semana.

La periodista se reunió con ellos al día siguiente durante el desayuno. Había podido leer el correo por primera vez en muchos días, y les enseñó varios correos electrónicos de un tal "Megatron", uno de los hackers de Omega Prime. Los correos adquirían un tono cada vez de más urgencia conforme pasaba el tiempo; empezaban informando de que alguien estaba localizando a los Prime utilizando medios de una tecnología muy avanzada, tanto que no se explicaban cómo podrían haberla desarrollado. Poco después anunciaban que los servidores del grupo se iban a cerrar indefinidamente. En los siguientes correos, los hackers mostraban su estupefacción, porque afirmaban que "nadie puede tener las habilidades con las que nos estamos enfrentando"; a pesar de haber enfriado su rastro y apagado los servidores comprometedores, seguían detectando intrusiones en sus sistemas personales, rastreándolos. Los Omega Prime se consideraban los mejores del mundo, y no se explicaban a qué se estaban enfrentando; Megatron citaba la posibilidad de que sus enemigos estuvieran utilizando algoritmos cuánticos de nueva generación, pero no eran más que suposiciones. Los correos terminaban abruptamente más o menos en la misma fecha en la que el resto del grupo había visto la noticia de la detención de los hackers, y lo siguiente era un SMS que se había enviado a un grupo de gente entre la que se contaba Sally de un tal "Ratchet", que informaba de que la mayoría de los Prime habían sido apresados y los pocos que no entraban en "estado de hibernación". Recomendaban también que todo el mundo borrara toda la información que pudiera tener cualquier tipo de enlace con los Prime, porque serían susceptibles de ser localizados y acusados por aquellos superhackers que los habían localizado.

El día siguiente llegaron al hotel Jonathan y Francis Kittle, procedentes de Estados Unidos. Se saludaron efusivamente con el resto del grupo y fueron informados de los últimos acontecimientos. Kittle había sido adiestrado por los agentes de la CCSA en varias habilidades que podrían ser útiles al grupo; aunque en el pasado había sido un idealista y no creía en las armas, los últimos acontecimientos le habían convencido de que era necesario que lo adiestraran en su uso. Cuando Francis saludó a Esther, la hija de Sigrid y él se quedaron mirándose unos segundos, prendados el uno del otro...

El atardecer del segundo día pudieron hablar con Dulce, ya recuperándose de la operación de su brazo. La portuguesa les agradeció su ayuda y les aseguró que se sentía en deuda con ellos por no haberla abandonado en aquel momento de necesidad. Derek fue quien pasó más tiempo con ella (aparte de sus fieles guardaespaldas, claro), y aprovecharon para conocerse más el uno al otro.

Durante los primeros tres días de estancia en Fredrikstad, Sigrid y Esther dedicaron prácticamente la totalidad de su tiempo a estudiar los escritos del doctor Abornaz Hawk sobre los indios Abenaki y los símbolos que habían visto en la mansión. Pero su investigación las condujo continuamente a callejones sin salida y la joven sugirió que buscaran al compañero del doctor, el tal Pierre Nicolás, para que les diera alguna clave que pudiera poner en orden el extraño alfabeto. Durante la cena, la muchacha también mencionó el hecho de que echaba mucho de menos a sus hermanos, a Eyrik y a Daniel. Algo se removió en la mente de Sigrid. Algo que había podido mantener enterrado hasta entonces en un rincón de su psique, pero que la mención de Daniel despertó bruscamente; para su horror, su mente comenzó a razonar en aquel aberrante idioma, la Lengua Alter. Se giró hacia Esther, gritándole que llamara rápidamente a Patrick para que la ayudara, pero la muchacha la miró confundida, sin entender lo que decía. Esther, presa de un escalofrío, no había oído más que palabras sin sentido salir de la boca de su madre. Pero cuando esta gritó varias veces el nombre de Patrick, consiguió entender lo que quería y corrió para traer al profesor. Con un esfuerzo titánico, Patrick consiguió tranquilizar a Sigrid y a la vez no caer presa del influjo de la Lengua Alter. Cuando el resto del grupo se reunió con ellos, Sigrid estaba concentrada en la lectura de los escritos del doctor Hawk, profundamente concentrada; esa concentración extrema era el único remedio que Patrick había encontrado para que Sigrid dejara de pensar en la Lengua. No obstante, aquello era una solución extremadamente débil y temporal, y deberían recurrir cuanto antes a la ayuda de los psicomagos de los que Rémy Lebescque les había hablado en Canadá.

Derek y Patrick acudieron para informar a Dulce de su urgentísima partida a París para tratar a su amiga y acordaron encontrarse allí si no podían regresar antes. La portuguesa se mostró muy comprensiva, como no podía ser de otra manera después de que aquellos extraños le hubieran salvado la vida, algo a lo que no estaba acostumbrada en el mundo en el que se movía.

Poco antes del viaje a la capital francesa, Gerard informó a Tomaso de que había conseguido contactar por fin con Anne Rush y que la anciana ya se encontraba en Francia, así que los acompañó hasta París y allí se despidió de ellos, prometiendo que contactaría en cuanto tuviera novedades.

Repasando los nombres que Lebescque les había proporcionado en Canadá, dieron con la clínica privada del psicólogo Jean Morceau. Morceau era en teoría uno de los psicomagos compañeros de Lebescque, y el único que habían encontrado localizable, así que organizaron una cita de urgencia con su secretario, alegando que iban recomendados por Rémy. Morceau no tardó en devolverles la llamada y reunirse con ellos, contándoles que había contactado con Rémy y ya le había hablado de lo extraño de su caso. Lebescque, por su parte, reclamaba el pago inmediato de cinco mil dólares si querían que se desplazara hasta París para ayudar; en cuestión de pocos minutos la transferencia del dinero estaba hecha y Lebescque viajaba hacia París, a donde llegaría al día siguiente. Por otra parte, intentarían conseguir la ayuda de algunos otros psicomagos, pero no sabían si sería posible; del maestro Jodorowsky no sabían nada desde hacía meses, y parecía imposible contactar con él.

Pocas horas después, Gerard llamaba al móvil de Tomaso, citándolos en un café a las afueras de la ciudad. Acudieron Derek y Tomaso, que entraron a la cafetería, y Robert y Sally, que permanecieron en los alrededores por si sucedía algún imprevisto. No tuvieron que esperar mucho; al poco rato aparecían por la puerta la propia Anne Rush, Gerard, y los gemelos Laurent y Stephanie Favre; esta última lucía en el rostro todavía las cicatrices de su enfrentamiento con la autómata Tina Lovac y cojeaba ligeramente. Tras tomar asiento, la conversación empezó menos tensa de lo que Derek y Tomaso habían esperado, lo que les permitió relajarse y contarle todo lo sucedido a Anne, asegurándole que no la habían traicionado a pesar de que se habían visto obligados a revelar el paradero del De Occultis y que permanecían todavía fieles a las filas de Saint Germain. Cuando preguntaron por el libro, ella les aseguró que se encontraba a buen recaudo, a la espera de hacérselo llegar al conde. Tomaso también preguntó si Anne había sido responsable de alguna manera de la milagrosa curación que había experimentado tras el accidente que había sufrido mientras vigilaba el Corazón Nocturno en Oslo, y la anciana le aseguró que no había tenido nada que ver con tal asunto; fuera lo que fuera aquello, quedaba más allá de sus habilidades; el italiano rebulló incómodo.

A continuación discutieron sobre el mejor curso de acción a seguir con los atlantes, y Anne les contó lo que sabía sobre la cábala ("cábala" era el nombre que recibían las facciones del submundo ocultista) a la que pertenecía Dulce, la cábala Atlántica. Se consideraban a sí mismos descendientes de atlantes, pero en opinión de Anne, la mayoría no eran más que arribistas megalómanos y depravados. Y no los consideraba ni mucho menos tan peligrosos como otros grupos. Aunque Tomaso reveló que Dulce se mostraba muy interesada en Derek y Patrick por sus capacidades especiales, a Anne seguía extrañándole que los hubieran invitado tan a la ligera a su sede de Lisboa; a nadie le pareció buena idea mencionar el hecho de que Derek parecía ser descendiente directo de atlantes, así que ese dato quedó en un discreto segundo plano. La británica también les aseguró que había llegado el momento de que establecieran una relación de confianza, y les escribió una dirección para que la memorizaran y la destruyeran; el grupo al completo debería acudir allí cuanto antes para conocer algunos entresijos de su organización y aprender más cosas. Le aseguraron que acudirían en cuanto resolvieran el problema que tenían en ese momento entre manos con la Lengua Alter y la mente de Sigrid; Anne se mostró comprensiva y por supuesto les dio margen para que pudieran resolver aquello, y además se ofreció a prestarles ayuda. Cuando el grupo mencionó que les vendría bien localizar a un tal "Alex Jodorowsky", la anciana esbozó una ligera sonrisa. Les reveló que Jodorowsky era un hombre de Saint Germain y no debería haber problema en que les ayudara; les prometió contactar con él tan pronto fuera posible, y que los mantendría informados.

Esa misma tarde,  Tomaso recibía una llamada de número desconocido. Al contestar, alguien habló al otro lado en inglés con fuerte acento francés: Laurent Favre. Este instó a Tomaso a reunirse con él allí mismo, en la cafetería del hotel, donde ya se encontraba esperándolo. Tomaso bajó con todas las precauciones posibles y no tardó en encontrarse con el -en apariencia- joven adepto. Sally se sentó en otra mesa, vigilando la escena.

Tras pedir sendos cafés, Laurent se sinceró con Tomaso sin preámbulos. Estaba cansado de que las cábalas del submundo ocultista arrastraran a buena gente como ellos a una trama de maquinaciones sin fin y los usaran como peones de un juego que nunca alcanzaban a comprender del todo, así que había decidido darles algunos consejos y decirles toda la verdad, hasta donde él la conocía. Advirtió a Tomaso de los peligros del mundo donde se estaban adentrando, donde los enemigos proliferaban y los amigos escaseaban, y también manifestó que, aunque en su opinión, los Adeptos de Saint Germain era la menos mala de todas las cábalas con las que había tenido contacto, ni mucho menos eran unas "hermanitas de la caridad". Saint Germain no era lo que se podía calificar de una... "persona"... o "ser"... "bondadoso". Sus fieles habían realizado actos terribles en su nombre y, por ejemplo, hasta donde Laurent alcanzaba a saber, una orden suya había sido la causante del genocidio de Ruanda entre Hutus y Tutsis. Tomaso asintió, callado y con gesto grave, y le habló de lo que habían descubierto en Narbonne, del diario del padre Dautry, donde se confesaba de las cosas horribles que había tenido que perpetrar en el nombre de "un bien mayor" a las órdenes de Saint Germain. Laurent asintió a su vez, satisfecho de ver que su interlocutor comprendía lo que estaba planteando y parecía aceptarlo. Pero aun así, lo advirtió una vez más: si seguían los preceptos de su cábala, Tomaso y sus compañeros tendrían que enfrentarse a decisiones muy difíciles y moralmente ambiguas o directamente reprobables, pero en teoría siempre serían en pro de un bien superior difícilmente entendible, pues lo que trataban de evitar era una catástrofe a niveles metafísicos más allá de su entendimiento mortal.

Tras una nueva advertencia de lo traicionero que podía ser aquel mundo oculto y la afirmación de Tomaso de estar acostumbrado a moverse en ambientes de esa calaña (haciendo referencia a su implicación con la mafia), Laurent se despidió con un sincero apretón de manos. Tomaso se sumió en unos segundos de introspección: "si el conde Saint Germain es el encargado de velar por el renacimiento del Universo... ¿dónde queda Dios en todo esto?". Prefirió no pensarlo demasiado; se reunió con Sally y salieron de la cafetería.

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