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miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 7

La Mansión. Muerte y liberación.
Bertrand Campbell
Thomas recibió una llamada de la secretaria de su suegro, Bertrand Campbell. Estaba preocupadísima, porque el señor Campbell había partido a Suiza, a esquiar a la mansión de su amigo multimillonario Merten Jund, y hacía tres días que no se habían tenido noticias ni de uno ni de otro. Ya lo había denunciado ante la embajada; habían empezado a organizar grupos de búsqueda, pero todavía no podían decirle nada. Thomas recomendó calma a Dorothy y realizó algunas llamadas, pero no obtuvo ninguna respuesta concreta. Volvió a hablar con la mujer para ordenarle que le informara todos los días de cualquier noticia que surgiera. En una breve investigación, fue fácil encontrar algunas referencias que relacionaban a Jund con movimientos antisemitas y filonazis.

Acto seguido, todos se reunieron en la oficina de Thomas, incluido John, cuyos escoltas aceptaban sorprendentemente esperar en la calle. Discutieron largo y tendido sobre su próxima incursión a la mansión de Westchester Associates, y Gibbons se decidió también a convocar definitivamente a su viejo amigo McPherson a escena. Éste acudiría en breve plazo, en cuanto aclarara algunos asuntos en su granja. Mientras tenía lugar la conversación, Sally Whitfield les llamó la atención sobre unas noticias que acababan de aparecer en su buscador de internet. El Boston Herald había publicado una noticia sobre los incidentes que habían ocurrido hacía un par de noches en AIFC, en los que "se creía implicados a los traficantes de Antrax de Brooklyn". Otra noticia era del New York Times: el inspector jefe James Finnegan, el hermano de Jack, había sido llamado a declarar en el caso de los traficantes de Antrax que, al parecer, operaban en el piso de su hermano. Todavía no había sido acusado formalmente, pero aquello ya era lo suficientemente grave como para ser apartado del servicio activo. Jack resistió como pudo la tentación de llamar a su hermano.

Sally también les informó de que había encontrado muchas noticias en hemerotecas referentes a la estrecha relación de UNSUP inc. con eventos en multitud de centrales nucleares, todos ellos silenciados aparentemente por las autoridades. El último, hacía sólo tres años en Maryland.

Para preparar el viaje a la mansión, McNulty y Finnegan visitaron un enclave del mercado negro (del que sabía Jack por archivos policiales), donde tuvieron problemas debido a la actitud excesivamente chulesca de un McNulty que no toleraba que nadie le chuleara. Afortunadamente, consiguieron los fusiles que habían ido a buscar sin mayores complicaciones.

Mientras tanto, en el camino de vuelta desde las oficinas de O'Hara a su casa, el coche de John se paró sin previo aviso. Al instante subió el viejo extranjero, el del helicóptero, que mantuvo una cháchara aparentemente distendida con el concejal. Pero subrepticiamente le conminó a no renunciar de ninguna manera al cargo, e insistió en lo especiales que eran sus escoltas, lo que preocupó aún más a Gibbons.

Por la tarde, Jonas, Jack y Fred se desplazaron a las cercanías de la mansión. Con un breve reconocimiento dieron con una elevación desde la que podían burlar el obstáculo que suponían los altos muros y la verja vigilada, y echar un vistazo tranquilamente. La finca de la mansión era muy extensa, un par de hectáreas; Jack se fijó en un grupo de árboles quemados en un extremo de la propiedad que parecían facilitar el acceso en caso de que decidieran saltar el muro. En las horas que duró su vigilancia, pudieron ver un par de hombres con armas automáticas y chalecos antibalas en el interior de la mansión, y un tráfico relativamente intenso de coches negros que entraban y salían. De aquí para allá iban personas con traje y maletines, chupatintas y secretarias que acarreaban informes, tíos duros con traje negro y pinganillos, y lo que más les llamó la atención: en una ocasión, varios individuos acarrearon bultos envueltos en sábanas, dos de los cuales eran claramente cuerpos humanos, que se llevaron en los maleteros de sendos coches.

Decidieron vigilar la mansión durante dos días enteros más, para hacerse una idea aproximada de lo que les esperaba dentro. Durante ese tiempo, no cesó el trasiego de coches y furgonas negras, lo que parecían cambios de guardia, desplazamientos de abogados y secretarias. McNulty estimó que en el interior de la mansión debía de haber permanentemente alrededor de una docena de guardaespaldas de traje negro y gafas de sol, y unos tres o cuatro "soldados" con chalecos y subfusiles.

Durante el segundo día de la vigilancia de la mansión estalló una bomba informativa. Todos los medios se hicieron eco de la muerte de James Molinaro, el presidente del distrito de Staten Island, y hacían sus cábalas sobre quién sería su sustituto. Al parecer, Molinaro había muerto de un ataque al corazón mientras hacía su paseo matutino, y todo apuntaba a que John Gibbons, actual vicepresidente, sería el que lo sustituyera en el cargo. John se vio envuelto sin quererlo en la vorágine de los acontecimientos, y pasó un día muy agitado con cientos de llamadas telefónicas y reuniones con los republicanos y el Tea Party. Entre la multitud de llamadas, recibió la del senador McArthy, que le habló de su "amigo común" y le sugirió colaborar en todo lo posible.

El día siguiente llegó McPherson a la oficina de O'Hara, con sonrisa confiada y puro en ristre. Volvieron a reunirse allí y, al poco rato, aparecieron tres tipos con cazadoras y gafas de sol. Por pura casualidad y gracias a su principio de paranoia, McNulty pudo verlos desde el interior del despacho con las persianas bajadas. Vio cómo sacaban rápidamente sendas pistolas con silenciador y dejaban inconsciente a la secretaria de Thomas. Así que sin pensarlo dos veces, Jonas, Jack, Fred y McPherson sacaron sus armas y comenzaron a disparar, haciendo huir a los tipos. La policía no tardó en llegar, acordonar la zona y acribillar a preguntas a los presentes. Fred fingió haber aparecido después, y McNulty y Finnegan se largaron discretamente. El violento episodio pasó desapercibido en el exterior del edificio, donde John se reunió de nuevo con sus escoltas.

Cuando se calmaron los ánimos, decidieron que ya era hora de que John se librara de sus escoltas, para lo que acordaron fingir un secuestro. Compraron un par de rifles de caza y acordaron un punto al que Gibbons llevaría a su chófer y sus escoltas engañados, alegando una fiesta del Tea Party. Aunque los escoltas sospechaban claramente, aceptaron acompañar a John hasta el apartado paraje. El coche pinchó las ruedas con los clavos que los demás habían dispuesto en el camino. A continuación, Jack voló la cabeza de uno de los escoltas y McPherson hirió a otro gravemente en una pierna. McNulty fue el encargado de fingir el secuestro de John ante el chófer, que se marchó corriendo presa del pánico. El registro de los escoltas reveló micrófonos, emisores, gpss y demás circuitería de la que dispusieron adecuadamente. Y además, algo sorprendió al bueno de McNulty: ambos individuos llevaban tatuadas en la parte posterior del lóbulo de la oreja izquierda sendas "S" mayúsculas, muy discretas...

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