Translate

Publicaciones

La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

Mostrando entradas con la etiqueta Substrata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Substrata. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de agosto de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 28

Un cambio

Antes de partir hacia Edimburgo, McNulty llamó a la casa donde sus contactos mantenían a su familia a salvo. Para su sorpresa (y preocupación), la voz que sonó al otro lado le era demasiado conocida: no era otro que su hermano Liam. Después de saber que su mujer había tenido un lío con él no le hacía ninguna gracia que estuviera en la casa. Según le dijo Liam, había limado asperezas con la organización en los últimos años, y había vuelto al redil. McNulty no le creyó del todo, pero no tuvo más remedio que disimular; a continuación, fue su mujer la que se puso al teléfono, con un deje nervioso en la voz. Jonas intentó sonsacarle con preguntas disimuladas si pasaba algo raro, pero lo único que sacó en claro fue que su hermano llevaba allí sólo unos pocos días. También intentó que su mujer comprendiera que acudiría pronto en su rescate, y que intentara estar en el piso de arriba el mayor tiempo posible (pensando en el rescate en helicóptero).

McNulty decidió no esperar más. Nada más colgar el teléfono, se pertrecharon y subieron al avión de von Klausen. Durante el viaje de Berlín a Edimburgo, un par de noticias llamaron su atención en internet y la TV. Una hacía referencia a la opacidad por parte del gobierno egipcio sobre un accidente que había sucedido hacía un par de días en una “obra de rehabilitación” de las pirámides de Gizeh. Al parecer, el gobierno se negaba a dar detalles sobre tal obra, que se había iniciado de repente, y se había levantado una gran barrera que impedía la visión de la misma. Además, el ejército había establecido una zona de exclusión aérea alrededor de los monumentos, cosa que al grupo le olió claramente a UNSUP. La segunda noticia no era menos preocupante: en varios países africanos se había desatado una violencia extrema, que había provocado decenas de miles de muertos en pocos días; los europeos residentes estaban aterrados y las salidas masivas del continente habían colapsado las comunicaciones. La crisis del Uranio ya era generalizada y las bolsas habían comenzado a desplomarse, con la quiebra de varias compañías y el comienzo del recorte energético en ciertos puntos de occidente. La cosa pintaba muy mal.

En un aeródromo militar de Edinburgo, se encontraron con los militares escoceses que les esperaban con dos helicópteros Black Hawk preparados. Dos pilotos y dos artilleros era lo que Novikov había podido conseguir. Debería bastar para sacar a Rachel y Patrick McNulty del país. Tras una breve presentación, los helicópteros alzaban el vuelo, cruzando el mar hasta la casa de campo cerca de Belfast donde se encontraba la familia de McNulty alojada.

Desde lejos, la casa parecía tranquila, con un vigilante ataviado con gafas de sol sentado en el porche. A McNulty y a Finnegan no les hizo falta acercarse mucho más para darse cuenta de que el tipo del porche no estaba vigilando, sino que estaba muerto; varios detalles de su posición así lo señalaban. No iba a ser una extracción limpia; empuñaron las armas y situaron los helicópteros sobre la casa, bajando con los arneses.

Dentro de la casa, los recibió la oscuridad y el silencio. Tres tíos del Sinn Feynn que McNulty reconoció estaban muertos; encontraron a otro agonizante en el baño, que entre estertores y esputos sanguinolentos acertó a darles ciertas pistas de lo que había ocurrido. Entendieron ago así como “eran demonios…”, “Liam no era humano…”, “África, iban a África…”. Acto seguido expiró. McNulty rechinó los dientes de rabia.

Alzaron el vuelo con los helicópteros y contactaron con Novikov. El ruso les proporcionó en tiempo récord un listado de todos los vuelos con destino a África (ahora muy pocos debido a los disturbios) desde aeropuertos cercanos a Belfast. Y tras investigar un poco más, descubrieron que uno de ellos estaba a nombre de una empresa perteneciente al holding de Westchester Associates. Y salía desde el aeropuerto de Derry, al noroeste, así que pusieron rumbo hacia allí. Sin embargo, por la hora que era no iba a ser posible que llegaran a tiempo, así que McNulty decidió llamar a sus contactos para que intentaran retrasarlo. Así lo hicieron: un aviso de alijo de droga había retenido al aeroplano de UNSUP cuando el grupo llegó al aeropuerto.

Dejaron todas las armas que no fueran las “pistolas invisibles” de Novikov y pudieron pasar por los controles. Una vez dentro, McNulty y Jessica tuvieron que emplearse a fondo para engañar a los policías que custodiaban el acceso a la pista y convencerles de que venían de Scotland Yard a inspeccionar el avión. Pero por fin consiguieron acceder a la pista y al aparato. Cuando llegaron a él, algunos policías ya habían accedido al avión y otros se encontraban en el exterior, vigilantes. Fueron estos los que detuvieron al grupo, pidiéndoles identificaciones y explicaciones; pero justo en ese momento, el avión encendió los motores, y estalló el caos. Algunos de los policías sacaron sus armas y se giraron asustados, y Jonas, Jessica y Jack no se lo pensaron. El irlandés saltó por la escalerilla e irrumpió pesadamente en el interior del avión, seguido de cerca por Jack y por Jessica, que tuvieron dificultades para franquear la entrada. En el interior del avión les recibieron varios miembros de UNSUP, entre ellos un enorme subsahariano de la sección S y el hermano de Jonas, cuyos ojos lucían un color negro como el ébano y su boca una expresión de rabia que erizó el pelo de McNulty. Y para poner la guinda al pastel también se encontraba en el avión Jennifer O’Hara, la hermana de Thomas, con la misma expresión aterradora de Liam McNulty. A duras penas, McNulty esquivó los golpes del negro, mientras Jennifer extendía una mano hacia Jessica y recitaba una especie de ensalmo en una lengua desconocida: una expresión de pánico acudió al rostro de la agente cuando su corazón y su respiración parecieron detenerse por unos instantes. Afortunadamente, Jessica pudo resistir lo que fuera que hubiera sido aquello, entre Finnegan y McNulty pudieron echar al negro del avión, y Jennifer no había perdido del todo su humanidad, lo que la hizo dudar al atacar al grupo. El cuarto sicario en el avión amenazó en cierto momento con matar a la mujer y el hijo de Jonas (que también se encontraban a bordo), pero un certero disparo lo abatió, mientras otro tiro dejaba inconsciente a Jennifer. El enorme negro pudo escapar al caer del avión.

Al salir del aeroplano, magullados y heridos, recibieron la ayuda de los policías del exterior, justo para descubrir que a lo lejos se acercaban los verdaderos agentes de Scotland Yard; sin saber ni cómo, consiguieron evadir la vigilancia de los agentes y montando en uno de los camiones de transporte, llegar al avión de Novikov, que despegó inmediatamente. Por fin McNulty se reunía con su mujer e hijo, con los que se fundió en un fuerte abrazo.

Los pilotos de la aeronave consiguieron llevarlos sin más sobresaltos hasta Azerbayán, a la base de Novikov. Allí se asearon y descansaron, agotados. Al recuperarse, Kostas Estepháneos les confirmó lo que ya sospechaban: Jennifer servía como huésped de una o varios demonios; sin duda había sometido al ritual o lo que fuera que hacía UNSUP con sus acólitos. Por su parte, Novikov les transmitió su inmensa preocupación por la situación en Europa y África, y transmitió a Thomas la conveniencia de adelantar la reunión de San Petersburgo. Aprovechando la conversación el grupo le enseñó la copia que habían hecho del texto del diario de Napoleón de von Klausen. Novikov se quedó en shock durante unos instantes; recordaba haber estado allí, pero no recordaba qué buscaba el emperador, era todo una bruma nublada por siglos de distancia. Novikov también les informó de la conveniencia de evitar Egipto, Arabia Saudí y la India en sus viajes, pues eran países donde UNSUP ejercía un control absoluto.

Tras hacer unas cuantas llamadas, Thomas consiguió adelantar la reunión en San Petersburgo y convocar allí a sus clientes en tan sólo tres días. Además, O’Hara aprovechó la llamada a Kupchenko para pedirle ayuda con el príncipe Mohab: le pidió que intentara convencerle de acudir a la reunión; Dimitri, con su voz estentórea y campechana de siempre, preguntó a Thomas si era realmente importante que el príncipe acudiera a la reunión; cuando O’Hara le respondió que era cuestión de vida o muerte, un profundo cambio en la voz de Kupchenko le puso el pelo de punta; con una voz pausada y grave, el lituano le aseguró que “pondría todo de su parte”.

La Mansión-Fortaleza de Timofei Novikov
 
Al cabo de tres días, por la mañana comenzaron a llegar los convocados a la reunión en la Mansión/Fortaleza de Novikov en San Petersburgo: Berenice Girard ya se encontraba allí, así como Jürgen von Klausen. A lo largo de la mañana fueron llegando más invitados ilustres: Nicola Ferretti, Louis Lindon, Meredith Gender (la jefa de operaciones de la CIA en África), Andrei Popov (político ruso), Sergei Salenko y Yuri Raskolnikov (destacados miembros de la mafia rusa), Vladimir Vodrov (ex-alto cargo de la KGB), Nursultán Nazarbáyev (el mismísimo presidente de Kazajistán) y varios otros políticos y hombre de negocios menores procedentes de distintos países de Europa Oriental, conocidos de Novikov.

El último en llegar, ya cerca del mediodía, fue Kupchenko. Para regocijo de Thomas y los demás, venía riendo y con una mano dando palmaditas en el hombro del príncipe Mohab ben Azir. Como con el resto de los invitados, O’Hara, Novikov y los demás salieron a su encuentro, presentándose con un apretón de manos.

Y en ese momento, sucedió algo.

Algo que no supieron explicar, pero de pronto les asaltó la convicción de que todo había cambiado. El cielo de verano sin apenas nubes, se oscureció, de repente, como si hubiera habido un eclipse no previsto; estalló una gran tormenta eléctrica y la temperatura descendió en picado, helándolos hasta el tuétano; el estómago de todos pareció volverse del revés, y una horrible voz, la voz deformada de Jennifer entretejida con otras cuatro o cinco, rugió claramente desde el interior de la mansión:


—¡¡¡YA HA LLEGADO!!! ¡¡¡LA NOCHE HA LLEGADO!!!



jueves, 26 de junio de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 27

Tras dejar en ruinas la mansión de Antonov, los hombres de Von Klausen transportaron al grupo hasta la península de Crimea, donde Polaris tenía una base cerca del puerto militar de Sebastopol. Allí, Thomas y el grupo se encontraron por fin con Von Klausen. Sin dudarlo, compartieron con el alemán (casi) todo lo que les había sucedido las últimas semanas; le hablaron de UNSUP, de la trama conspiranoica en la que estaban metidos, de los seres demoníacos, del uranio y los hechos extraños en África. Von Klausen permaneció escéptico ante muchos de los hechos, pero les creyó en lo que respectaba a UNSUP y sus influencias. De hecho, hacía tres días él mismo había sufrido un atentado contra su vida del que salió ileso por pura suerte. Además, toda su colección de reliquias antiguas y esotéricas había sido robada; y sus medidas de seguridad no eran moco de pavo, alguien había utilizado medios muy avanzados para poder apoderarse de ellas. Lo único que le quedaba estaba guardado en una caja fuerte en un banco de Berlín. Ante la mención de tal colección, Mulder abrió mucho los ojos y los oídos.

Ante la insistencia del grupo y sobre todo de Mulder, von Klausen les reveló cuáles eran las reliquias que le quedaban: una Biblia Negra, el Manuscrito Voynich, y la que consideraba la estrella de su colección: un diario secreto de la campaña africana de Napoleón, del que conocían su existencia sólo un puñado de personas. Thomas, por su parte, expuso a von Klausen la necesidad de reunirse con Novikov y los demás en San Petersburgo en un plazo de dos semanas, a lo que el alemán accedió reticentemente.

El siguiente paso que dieron fue viajar a Berlín, para consultar los libros de von Klausen en el Staatbank de la capital alemana. Los incunables resultaron ser una valiosa fuente de información sobre rituales infernales y datos ocultos sobre la estancia de Napoleón en Egipto. Sobre todo les llamó la atención un pasaje, que se incluye a continuación:

El Cairo, 28 de Julio de 1798
Una victoria gloriosa. Los mamelucos no eran rival para nuestros valientes y disciplinados soldados. Las Grandes Pirámides fueron testigo de una victoria espléndida que será registrada en los anales de la Historia. Egipto no tardará en caer, y después Siria y Oriente Medio. Los ingleses tiemblan ante nuestro avance, y hacen bien, pues no podrán detenernos. Ahora es tiempo de pausa y de iniciar la búsqueda. Sulkowski me aconseja establecer un campamento con los sabios al pie de la pirámide más cercana al río; así lo haré.
Si mi búsqueda tiene éxito, me convertiré sin duda en el digno sucesor de Alejandro, y colmaré a mis fieles de riquezas. Desde luego, Sulkowski confía en ello. No obstante, aunque ha probado su lealtad en combate, ese aire de misterio y de distancia del polaco me repele. Espero que esté en lo cierto en cuanto a sus suposiciones. El equipo que hemos traído ha ido en detrimento del número de soldados, y eso puede ser un error fatal.

El Cairo, 31 de Julio de 1798
La búsqueda prosigue a buen ritmo. La primera de las pirámides contempla un gran campamento al que hemos incorporado a buena parte de la población local. Según Sulkowski, los cristianos coptos sienten especial curiosidad por nuestras actuaciones y podrían llegar a ser un problema, pues se muestran bastante hostiles. Pero con diez mil buenos soldados en la zona, no entiendo qué es lo que hay que temer.
Eso sí, debo aprovisionar la tropa del este, para ello los víveres de Tebas [… datos de logística áridos y aburridos…]

El Cairo, 5 de Agosto de 1798
¿Acaso esta búsqueda está condenada al fracaso? Me he obsesionado demasiado, y mi falta de atención ha hecho que ese maldito Nelson haya acabado con nuestra flota. Brueys ha probado ser un inepto, y si no hubiera muerto en la batalla yo mismo le habría quitado la vida.
Para colmo, diez de los sabios han fallecido en un accidente esta mañana. Pero la recompensa merece la pena…

El Cairo, 10 de Agosto de 1798
A pesar de que siento que estamos cerca, hemos de partir ya. La búsqueda sigue siendo infructuosa, pero no puedo dejar que los Otomanos cierren nuestra retaguardia. La tropa del este se ha portado bien, y el norte está asegurado, pero nuestro siguiente paso debe ser cruzar el canal y pacificar palestina y Siria, como estaba previsto. No quiero desviarme de los deseos del Directorio.
Dejaré a Sulkowski y a Lombard al mando de un regimiento y de los sabios más aptos para la búsqueda. Espero que tengamos noticias suyas pronto.

Durante su estancia en Berlín, O'Hara recibió una llamada de la Fundación von Klausen: de la propia Edith von Klausen, sobrina de Jürgen. Para sorpresa de Thomas, la mujer le dijo que por desgracia su tío había fallecido en un accidente y que ahora el dinero que manejaba el financiero pertenecía a la Fundación y deberían celebrar una reunión urgentemente. Sin saber muy bien qué hacer o decir, O'Hara se disculpó diciendo que llamaría en otro momento porque estaba muy ocupado. Después recibió otra llamada de Friedrich Müller (otro miembro del consejo de la fundación), que le informaba más o menos de lo mismo. Al parecer Jürgen estaba siendo víctima de un complot de su propia familia. Tras poner la información en común y superar la incredulidad y la ira iniciales, acordaron que lo mejor sería celebrar una cita en 48 horas en la sede de la Fundación, en Frankfurt, y así lo acordó Thomas con Edith mediante la preceptiva llamada telefónica.

McNulty, por su parte, recibió una llamada del Sinn Feyn, que deseaban pedirle un favor. Tras hablar con su mujer y su hijo y comprobar que estaban bien, Jonas accedió y realizó junto a Finnegan un viaje relámpago a Bruselas. Allí se encontró con un viejo conocido, John Green, que le dio un sobre. Cuando más tarde lo abrió, se quedó helado: en el sobre había una foto de Jürgen von Klausen y el encargo de acabar con su vida. Finnegan compartió con Jonas su inquietud y su desconfianza acerca de von Klausen, y este último aprovechó el viaje y la intimidad que les proporcionaba para relatar a Jack la verdad sobre su vida pasada: su pasado terrorista, y su más reciente pasado como asesino al que incluso habían contratado para acabar con el propio Finnegan. Los lazos entre los dos se estrecharon así un poco más. McNulty telefoneó a Arthur Sullivan, intentando averiguar quién había contratado a su organización para acabar con von Klausen; lo único que le pudo dar Sullivan fue un número de cuenta; más tarde, McNulty proporcionaría el número de cuenta a O'Hara y éste descubriría que la cuenta se encontraba a nombre de Westchester Associates. También hizo una llamada a Novikov; si no acababa con la vida de von Klausen necesitaría sacar a su familia de Belfast lo antes posible, para lo cual pidió ayuda al ruso. Éste contestó afirmativamente, y que le indicaría qué hacer lo antes posible.

Mientras tanto, Jessica recibía por teléfono la respuesta de Ben Katzowitz a una petición de información con la que éste le advirtió de que von Klausen había participado años atrás en actividades de grupos neonazis. Y que Polaris había incurrido en varios casos de crímenes de guerra que habían quedado impunes. O'Hara tambíen recibía una llamada informativa de Novikov en la que le informaba de que más de la mitad de World Interlaced pertenecía a empresas relacionadas con von Klausen, un hecho inquietante como poco.

Cuando se reunieron de nuevo, Jessica hizo un aparte con McNulty, y le contó lo del pasado neonazi de von Klausen, que deberían vigilarlo pero le parecía que podían fiarse de él. Tras unos momentos de indecisión (Jonas se sintió seriamente tentado a cumplir el encargo del Sinn Feyn hasta el último momento) McNulty se reunía con Jürgen y le revelaba todo lo que había pasado durante el viaje, incluido el encargo de matarle. Von Klausen llegó incluso a sonreír, ante la cantidad de amenazas que de repente se cernían sobre su persona. Agradeció profundamente su sinceridad a Jonas y le dijo que no quedaría sin recompensa. El irlandés le pidió a cambio la puesta a salvo de su familia; por supuesto, Jürgen le dijo que haría todo lo que pudiera, pero Gran Bretaña no era como Ucrania o África, y había que resolver ciertos asuntos diplomáticos o ser extremadamente sigilosos en la operación.

Al poco, McNulty recibía la llamada de Novikov. En Edimburgo había dos helicópteros, dos pilotos y dos hombres esperando su llegada y sus instrucciones. Le había resultado imposible conseguir algo más, pero allí los tenía a su entera disposición.

A las pocas horas, se aireó en televisión una entrevista que von Klausen había concedido poco después del accidente a una periodista, así que anularon los planes de la reunión en la Fundación, porque ya no tenía razón de ser. Al intentar contactar con los sobrinos del alemán, éstos no dieron señales de vida. En la conversación que derivó después, McNulty sugirió a von Klausen que O'Hara sería un director perfecto para su fundación, y que debería considerarlo. Lejos de rechazar la idea, el magnate alemán la aceptó casi inmediatamente, para sorpresa de todos. Pronto tomaría las medidas necesarias.

El día siguiente, McNulty se despidió de los demás, diciendo que debía partir hacia Edimburgo para rescatar a su familia. No pidió ayuda. No obstante, a pesar de ello, el resto del grupo al completo le exigió aceptar su compañía e ir todos juntos; Jonas no pudo evitar dejar escapar alguna que otra lágrima ante la lealtad de aquellos compañeros que, sin duda, se habían convertido en sus amigos.

jueves, 8 de mayo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 26

Tour por Europa(II). Asalto en Ucrania
La siguiente parada prevista era Arabia Saudí. Allí deberían encontrarse con el príncipe Mohab ben Azir. Como Thomas no había podido hacerse con él en ningún momento, volvió a intentarlo una y otra vez. Ante la imposibilidad de pasar la barrera de secretarias que contestaba al teléfono, O'Hara decidió dejar un mensaje alarmista sobre las inversiones del príncipe, para intentar que éste fuera quien le llamara. Al poco tiempo recibía una llamada entrante, pero no del príncipe en persona, sino de uno de sus asesores, Tarek ben Mezir. Éste se mostró preocupado por el mensaje que Thomas había dejado, y dijo que no entendía nada, porque el príncipe se encontraba reunido en aquellos momentos con el "socio" de O'Hara, el señor Croix-Parker. Thomas colgó rápidamente al oír aquel nombre, pero Mezir volvió a llamarle. Bien pensado, si le había revelado aquella información abiertamente, el asesor no debía de estar en el ajo, así que Thomas descolgó. Mezir se mostró extrañado por todo aquello, y compartió con Thomas la descofianza que albergaba sobre ciertos argumentos que Croix-Parker había presentado ante el príncipe. O'Hara se convenció poco a poco de que Tarek podía serle de utilidad para llegar al príncipe, pero transcurridos unos minutos de conversación, la comunicación se cortó de repente. Intentó volver a hacerse con el asesor por todos los medios, pero no le fue posible; en su lugar, otro de los asesores se ofreció a tratar con él, disculpando a Mezir, que no parecía estar localizabel. O'Hara decidió no insistir.

Mulder y el padre Estepháneos, entre tanto, buscaban desesperados en internet información sobre el De Occultis Spherae, sin éxito. Lo que sacaron en claro fue que alguien se había dedicado concienzudamente a borrar cualquier rastro de información que hubiera podido quedar acerca del libro en la red. Las pistas conducían a dominios cerrados, páginas abandonadas o mensajes inexistentes.

La situación del príncipe Mohab no era nada clara, así que el grupo decidió hacer escala en Suez, donde habían quedado un par de días más tarde con Dimitri Kupchenko. Thomas llamó al potentado lituano para ver si podían adelantar la cita, y éste, con su estentórea voz característica, le confirmó que ya se encontraba en un helicóptero sobre el Mar Rojo y llegaría a Suez a medianoche. Quedaron en el hotel Coleridge a esa hora más o menos.

En el hotel, el grupo tomó posiciones alrededor de la casi desierta cafetería por si surgía algún imprevisto, pero demostraron no ser necesarias; Kupchenko llegó procedente del helipuerto de la azotea con un par de gorilas y sin ningún contratiempo a la mesa donde le esperaban Thomas y Jessica. El lituano se quedó obnubilado con la agente del FBI, y no cesó de lanzarle cumplidos y lascivas miradas durante todo el encuentro. Cuando Thomas le expuso la situación, Kupchenko se mostró receptivo y afirmó que confiaba en él para sus inversiones, no dejaría que Campbell le comiera el coco; a lo que se mostró más reticente fue a la reunión en San Petersburgo con "ese bastardo de Novikov". Como condición para asistir a la reunión, pidió sucintamente a Jessicar salir esa noche a cenar, y ella no tardó en aceptar. La noche acabó con Kupchenko y la mujer haciendo el amor en su habitación de hotel. Tras la bebida y el sexo, el lituano se quedó dormido profundamente, cosa que Jessica aprovechó para registrar sus pertenencias. En la cartera llevaba varias tarjetas extrañas a las que hizo fotos con su móvil, y en el correo electrónico del móvil del hombre también encontró cosas interesantes: un correo de Ekanem Anouh, un señor de la guerra nigeriano, que esperaba un envío que no había llegado en plazo; un correo de Ruslan Antonov (el cliente ucraniano de O'Hara), en ruso, al que le hizo fotos; y mensajes de varios árabes, entre ellos el príncipe Mohab, que se mostraba descontento con los servicios de Kupchenko.

Tras la reunión con Kupchenko y su promesa de acudir a la reunión de San Petersburgo, decidieron viajar a Azerbayán, donde se encontrarían de nuevo con Hans Haller. Lo del príncipe Mohab no estaba nada claro y no querían arriesgarse a llegar a Arabia Saudí a ciegas, como les había pasado en Mónaco.

Durante el vuelo, Jessica compartió con el resto la información que había obtenido de las pertenencias de Kupchenko. Novikov tradujo el mail de Antonov; en el mensaje, el ucraniano daba las gracias a Kupchenko por algún negocio desconocido, y le invitaba a acudir a Ucrania para "discutir sobre el asunto". Las tarjetas fotografiadas, por otra parte, correspondían a clubes exclusivos de ultramillonarios, pero había una en concreto que Novikov no conocía. Mulder le echó un vistazo, y sin lugar a dudas reconoció el símbolo: era la antigua llama y cruz invertida del Club Fuego Infernal, con un diseño más moderno. El ansia de conocimiento del canadiense se agitó en su interior, al descubrir que una secta que se creía desaparecida podía continuar viva. Por supuesto, compartió la información con los demás, y además dio alguna información extra sobre el Club, como que se dedicaban a realizar ritos de magia sexual. Cuando Jessica oyó esto, recordó que durante la noche con Kupchenko, éste parecía rejuvenecer unos veinte años cuando se acercaba al éxtasis...

En Azerbayán aterrizaron en el complejo montañoso de Novikov, y allí les recibió Hans Haller, que dijo tener buenas noticias para McNulty. Parecía que iba a ser capaz de devolverle sus recuerdos. Y así fue, tras un proceso bastante doloroso, el irlandés recuperó la memoria y durante unos minutos permaneció en estado de shock.

Tras comer algo, Novikov los condujo a la armería, donde se pertrecharon con equipo que creían que les sería útil. Entre otras cosas, les proporcionaron dos inhaladores que hacían que las capacidades físicas aumentaran hasta ser comparables a las de los soldados de la Sección S. Finnegan y Jessica los guardaron en sendos bolsillos, mientras Hans Haller les advertía que no abusaran de las dosis, pues podían llegar a ser letales para el organismo.

El próximo paso que decidieron dar fue ir a reunirse con Ruslan Antonov. Novikov volvió a sugerirles mucha precaución en el encuentro. Tras arreglar el ruso la entrada de uno de sus aviones a Ucrania, el grupo partió hacia Kaniv, la ciudad relativamente cercana a Moscú, en cuyas afueras se encontraba la mansión de Antonov, anexa al río Dnieper. O'Hara se puso en contacto con Antonov, intentando concertar una cita en territorio neutral, pero el ucranio insistió en hacer de anfitrión y que la reunión fuera en su casa, así que Thomas no tuvo más remedio que acceder.

La mansión tenía varias hectáreas de terreno vallado. Decidieron que, por seguridad, se separarían. Thomas, Jonas y Mulder entrarían en la mansión, mientras que Jack y Jessica esperarían fuera, observando a través de binoculares por si surgía algún imprevisto. En la mansión, los tres visitantes fueron cacheados y tras comprobar que no llevaban armas, Antonov salió en persona a recibirlos. Acto seguido, fueron conducidos a su despacho en el piso superior y tomaron asiento. La mansión parecía una fortaleza, con tanto guardia repartido por allí. Cuatro guardias tomaron posiciones a su alrededor, y de una puerta lateral hicieron acto de aparición dos figuras conocidas, al menos para McNulty: una de ellas no era otro que Sergei Yurikov, y el otro era el viejo alemán que había secuestrado en una ocasión a John Gibbons en un helicóptero para luego lanzarlo al vacío. En ese momento se hizo evidente la trampa. Varios seguros de subfusiles sonaron cuando los guardias empuñaron las armas. Mientras Antonov hablaba sobre la tración de los PJs a la Compañía y cómo pronto el orden mundial cambiaría para dejar paso a los individuos realmente competentes, Mulder consiguió [punto de relato] hacer una llamada para poner sobre aviso a Finnegan. Mientras tanto, Thomas recibía una llamada en su móvil de un número desconocido, y con una actitud confiada y condescendiente, Antonov y los demás le permitieron cogerlo e incluso salir al balcón a atenderla (vigilado en todo momento, eso sí). Thomas apenas pudo disimular su sorpresa cuando reconoció la voz con fuerte acento alemán que le hablaba desde el otro lado de la línea: Jürgen Von Klausen. El alemán le contó que habían intentado atentar contra su vida y había averiguado que el suegro de O'Hara estaba por medio. Al preguntarle dónde estaba y responderle Thomas que en la mansión de Antonov, Von Klausen se sorprendió y con palabras disimuladas le preguntó si estaba en problemas; cuando O'Hara contestó afirmativamente, el alemán le dijo que no colgara el teléfono, que iba para allá. Así que Thomas tuvo que disimular durante el jaleo que se formaría los siguientes minutos, hasta que Von Klausen apareciera.

En el exterior, Jack y Jessica decidieron darse un chute de los inhaladores que les había proporcionado Novikov y saltando la valla con facilidad corrieron a una velocidad endiablada hasta la casa. No les costó encargarse de los guardias que había en el exterior, y de una poderosa patada que arrancó la puerta de entrada de sus goznes se precipitarion al vestíbulo de la planta baja. Allí, varios guardias apostados les dispararon, sin acierto. Los siguientes minutos se desató el caos en la casa: guardias empezaron a aparecer de todas partes mientras Jack y Jessica los cosían a balazos con sus pistolas y los subfusiles conseguidos de los propios guardias. Cuando el efecto del primer chute del inhalador desapareció, ambos consumieron un segundo (de un total de tres cada uno). Mientras tanto, arriba, Thomas podía ver cómo llegaban dos de los helicópteros negros de UNSUP y aterrizaban en el patio posterior, entre la mansión y el río. Yurikov, Antonov y el alemán salieron del despacho por una puerta trasera, y los guardias se quedaban custodiando a McNulty, O'Hara y Mulder con una tensión evidente, mientras abajo se oían los disparos, y los veinte hombres de UNSUP que habían llegado en los helicópteros pertrechados para una acción militar se acercaban a la casa. Pocos segundos después, Antonov y compañía subían a un helicóptero y el aparato remontaba el vuelo, alejándose.

Jack saltó por una de las ventanas posteriores de la cocina para evitar ser tiroteado por los guardias del interior, todo para encontrarse rodeado de tipos con uniforme y cascos que le apuntaban con subfusiles ordenándole que levantara las manos. Sin pensarlo, volvió a saltar, de espaldas, por la misma ventana y se metía en el interior de la casa. Sin darse cuenta, como por el contrario sí lo hizo Thomas en el balcón de arriba, que tres helicópteros se acercaban a lo lejos desde el otro lado del río y soltaban unas estelas de luz a toda velocidad, que no podían ser otra cosa que misiles. Al otro lado del teléfono, alguien le recomendó a O'Hara que se pusieran a salvo, y éste se lanzaba hacia el interior gritando "¡cuerpo a tierra!"; así lo hicieron sus compañeros, no así los guardias que en su mayoría resultaron destrozados por las explosiones. En la planta baja, el infierno se desató en torno a Jack, al que le cayó un trozo de techo encima; su pánico a las explosiones, unido al bajón que sufrió al pasarse el efecto del inhalador, hicieron que quedara hecho un ovillo entre los escombros y el fuego.

Los hombres de Von Klausen no tardaron en hacer acto de aparición, así como McNulty y los otros, ensordecidos por el ruido. No tardaron en liquidar o rendir a los pocos guardias que habían dejado Jack y Jessica y en encargarse del resto de los hombres de UNSUP que no habían exterminado los misiles. Un alemán, el líder del grupo de hombres armados, entró gritando el nombre de O'Hara en la casa, y el grupo no tardaba en ser conducido a los helicópteros y puesto a salvo hacia el oeste, mientras atrás quedaban las ruinas ardientes de la mansión de Antonov. Tanto los uniformes de los paramilitares como los helicópteros, llevaban un símbolo que Jessica y McNulty reconocieron como el escudo cruzado de los Polaris, un ejército privado que al parecer era propiedad del tal Von Klausen...

viernes, 25 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 25

Tour por Europa(I). Novikov revelado.
Durante el (poco) tiempo que duró el viaje a Sicilia, se entabló una conversación muy interesante entre el grupo y Novikov, donde el ruso reveló parte de su pasado y su naturaleza. Les dio mucha información sobre la Corporación, y ante la petición de una prueba de buena voluntad, de la explicación de su rencor hacia la Corporación, él contestó sucintamente: "arrepentimiento y penitencia", dijo. Mulder también explicó las razones de su estancia allí, cómo lo habían dejado inconsciente en Abu Simbel al estar tras la pista del De Occultis Spherae, y de la revista donde se enteró de su existencia, Nuevo Amanecer. La sorpresa fue evidente en los ojos de Finnegan y Estepháneos, y éste sacó de entre los plieges de su ropa el ejemplar que Jack le había confiado. La sorpresa de Mulder entonces no fue menor que la de ellos. El canadiense mantuvo una conversación con el padre Estepháneos, interesadísimo por lo que el sacerdote pudiera decirle, y la conclusión era que había un fondo de verdad en los horribles rituales descritos en las fotocopias de mala calidad. Mulder no sabía arameo, y por ello hizo que Esthepháneos le tradujera todo el texto.

Interesado, Novikov tomó la revista unos minutos, para echar un vistazo a su contenido. Y algo inquietó sobremanera a los personajes. El ruso no movía los ojos a pesar de estar evidentemente leyendo. Ahora que se fijaban, sus ojos parecían extrañamente muertos. Sin embargo, las miradas expertas de Finnegan y McNulty ya se habían apercibido de la extraña capacidad de Novikov de ser consciente de todo lo que le rodeaba, aunque lo tuviera fuera del ángulo de visión. Era evidente que el ruso era mucho más de lo que aparentaba, y no estaban seguros de que aquello fuera del todo bueno. McNulty no pudo estar callado, fiel a su naturaleza, y bombardeó a preguntas a Novikov hasta que éste se mostró molesto y con un golpe distraído destrozó la mesilla que tenía a su lado. Al darse cuenta de lo que había hecho, Novikov pareció compungido y disculpándose, se ausentó durante unos minutos.

De vuelta, Novikov insistió en la importancia del hecho de que la fortuna de los clientes de O'Hara no cayera en manos de UNSUP y también en que les ofrecería toda la ayuda posible para impedirlo. Además, podían contar con su ayuda en el futuro, y eso debería bastar para dar una prueba de buena voluntad a McNulty. También expresó de nuevo su satisfacción por que Mulder no se hubiera pasado a las filas de UNSUP (al parecer, Novikov tenía un concepto de Mulder que ni éste mismo entendía muy bien). Volvieron a tratar el asunto de la Corporación; Novikov les dijo que se trataba de una organización muy antigua, y que no siempre había tenido la forma que tenía en aquel entonces. Les habló también distraídamente de sus recuerdos. De sus recuerdos del emperador Napoleón y la batalla en Austerlitz, de su estancia en Alemania y la Rosacruz de Oro, de Aleister Crowley y la Golden Dawn. Por desgracia, sus recuerdos eran insoportablemente leves y fragmentados. Algo le había pasado que había destrozado sus recuerdos anteriores a la década de los 60. Pero si lo que decía era verdad, aquello significaba que Novikov tenía al menos doscientos años de vida, muy probablemente más. Y para rubricar sus palabras, el ruso se desabrochó la camisa. La parte de su torso a la vista era un desastre de cicatrices y heridas que removían el estómago. Además, su hombro izquierdo dejaba ver el principio de unas extrañas planchas de metal que revelaban sin lugar a dudas la naturaleza biónica de su brazo izquierdo.

Cuando el grupo salió de su asombro, Novikov volvió a abrocharse y les preguntó sobre su estancia en la Corporación. Al mencionar lo del viaje al Tíbet, él les preguntó si estaban seguros de que viajaban al Tíbet, y no al paraje de Tunguska, donde le constaba que UNSUP poseía una base. Ellos contestaron que no podían estar seguros, evidentemente.

El viaje se alargó un poco más porque hicieron un rodeo para aterrizar en algún lugar de Azerbayán. Allí, Novikov poseía un complejo donde trabajaban varios científicos, e hicieron un alto para que Hans Haller se quedara al mando de un equipo. Con suerte, dijo, en breve podrían recuperar la memoria de McNulty.

Al reanudarse el vuelo, intentaron descansar. Sorprendentemente, Finnegan durmió a pierna suelta; las pesadillas ya no turbaban su sueño, al parecer. Al despertar recordaría de nuevo el sueño del paisaje africano con la gente corriendo y el hongo nuclear, pero no había sido lo suficientemente vívido como para despertarlo. Agradeció con toda su alma el descanso.

Mientras Thomas hacía la ronda de llamadas a sus clientes, McNulty se dirigía a pedir disculpas a Novikov por su actitud hostil del inicio. Además, le pidió protección para Sally, que había quedado en poder de UNSUP. A pesar de que Novikov llevaba todo el vuelo bebiendo un whisky tras otro, el alcohol no parecía afectarle. Pero el gesto de McNulty le gustó, y sirvió para que, casualmente, el ruso se sincerara un poco más. Novikov le habló de sus fragmentados recuerdos sobre el incidente de Tunguska, que contrariamente a la creencia popular no se había tratado de un meteorito, y del archipiélago de Nueva Zembla, donde a mediados del siglo XX se había hecho detonar la mayor bomba atómica hasta la fecha, la bomba del Zar. Con una voz que contagió un abismo de tristeza a McNulty, le habló de las muertes de miles de pesonas inocentes en ambos incidentes (a pesar de que Nueva Zembla se suponía deshabitada), ambos experimentos que él mismo ordenó. Mulder, que había despertado hacía unos pocos minutos, se incorporó discretamente a la conversación, preguntando de nuevo por Aleyster Crowley y el diabolismo, que creía relacionado con el libro que perseguía. Novikov le respondió que de hecho Crowley no era diabolista, sino todo lo contrario, en tiempos fue enemigo de la Golden Dawn, fundó la Thelema y aunque se relacionó con el Club Fuego Infernal escribió de hecho el Liber Samekh, para invocar a los ángeles custodios, opuestos a los demonios. Mulder absorbió la información, ávido de conocimientos y con una curiosidad creciente. Volviendo a su conversación inicial, Novikov aseguró a McNulty que haría todo lo que pudiera por su amiga Sally.

Aproximándose a Sicilia, Novikov quiso a explicar a Thomas quién era en realidad su cliente Nicola Ferretti. El magnate de empresas de motor y de transporte no era otro que Il Signore Ferro, uno de los más influyentes capos de la mafia siciliana. Thomas ya lo había sospechado en el pasado, pero aun así la información lo inquietó, debido a sus prejuicios para con la ilegalidad. Antes de aterrizar, Novikov le pidió un favor a Thomas: el ruso le dijo que debía citar a sus clientes a una reunión en San Petersburgo en el plazo de tres semanas; podía usar la excusa que le pareciera mejor, y revelar que él era quien convocaba la reunión, cualquier cosa, pero era necesario que acudieran en la fecha acordada. O'Hara le prometió que haría todo lo que estuviera en su mano.

Después de aterrizar en el aeropuerto de Palermo, se encontraron con problemas para salir, porque no habían pensado en la documentación necesaria. McNulty, Finnegan y Mulder habían sido desprovistos de sus pasaportes y tuvieron que recurrir a diversos contactos para que les dejaran entrar de urgencia en el país. Una vez dentro, alquilaron un coche y se dirigieron a la mansión de Nicola Ferretti o, mejor dicho, Il Signore Ferro. La mansión era todo lo hortera que se podía esperar de un mafioso, y también tan fuertemente vigilada como cabía esperar. Después de ser desarmados, los llevaron a presencia de Ferretti. El italiano se mostró amable, como siempre que hablaba con Thomas. Le habló sin embargo de una extraña llamada que había recibido del señor Campbell alertándole contra su yerno, y Thomas le habló de UNSUP, de la Corporación y sus planes. Ferretti pareció creerlo todo, y habló de la competencia que esos malditos de World Interlaced (filial de UNSUP) le estaban haciendo. Por supuesto, O'Hara podía contar con seguir controlando su paquete de inversiones, y además acudiría a la reunión con Novikov, aunque no le hacía gracia desplazarse a terreno no neutral. Además, llegaron a un acuerdo extra: si O'Hara -o sus compañeros- era capaz de acabar con World Interlaced, o al menos con sus negocios en Europa, le podría pedir el favor que quisiera (que no estuviera fuera de su alcance, por supuesto). Extremadamente satisfecho, el grupo se retiró de nuevo al aeropuerto.

La segunda parada en el viaje era Mónaco. Aunque a Thomas le inquietaba sobremanera no haber podido hacerse con ninguno de los secretarios de la familia real. Los que habían contestado al teléfono le habían respondido con preguntas esquivas. Intentarían entrar en el principado y encontrarse con alguno de ellos en persona. Ya más preparados en el aspecto documental, pudieron salir del aeropuerto sin apenas problemas, aunque desarmados. Jessica sabía de un contacto que les proveería armas fuera del aeropuerto. Montecarlo era un hervidero de gente, un caos, porque precisamente el día siguiente tendría lugar el Gran Premio de Fórmula 1. Pagaron una pequeña fortuna por alojarse en uno de los hoteles-casino de la ciudad, y al día siguiente tomaron posiciones entre el público del circuito. Algo que les extrañó mucho fue que para acceder al recinto no hubiera controles de armas, y eso empezó a alimentar las sospechas del grupo de que algo malo iba a ocurrir. En un momento dado, en el palco de personalidades hicieron acto de aparición el príncipe Alberto y su familia al completo. Para decepción de Thomas, entre las personalidades que los acompañaban se encontraban el propio Bertrand Campbell y Merten Jund. Por pura suerte, Thomas se apercibió de que uno de los guardias de seguridad se movía a una velocidad sobrehumana durante un momento; ¿sección S en el circuito? Ante la imposibilidad de tener un encuentro con algún miembro de la familia o sus secretarios, y ante la presencia de gente de UNSUP allí, Thomas se resignó a tachar Mónaco de su lista de clientes y marcharse hacia Francia. Además, todo aquello era muy raro, y si había un atentado, preferían no estar presentes, así que volvieron rápidamente al avión. La segunda parada resultó en fracaso.

La tercera parada era Marsella. Thomas había quedado allí con Berenice Girard, una de sus mejores clientes y antigua amante. Ella también le había hablado de una extraña llamada del señor Campbell acusando a Thomas de haber perdido la cabeza, pero la desechó al hablar con éste. Thomas estaba deseando ver a Berenice, no podía evitar sentir un fuerte sentimiento de protección hacia ella; quizá todavía la quería. En el vuelo, Mulder tuvo una conversación subida un poco de revoluciones con Thomas. Al erudito canadiense le cargaba la actitud incrédula de O'Hara en cuanto al aspecto ocultista de todo lo que les estaba pasando, y así se lo hizo saber. No obstante, la intervención contemporizadora de Finnegan contribuyó a que los ánimos se calmaran y no llegara la sangre al río.

En el hotel donde Thomas había quedado con mademoiselle Girard pasaba el tiempo, y la mujer no aparecía. Thomas rebullía preocupado, hasta que sonó su teléfono. Berenice le advirtió de que su coche estaba siendo seguido por un par de automóviles negros y estaba dando rodeos para despistarlos, sin éxito. Thomas acordó encontrarse con ella en un paraje transitado de la ciudad donde realizarían un cambio de vehículo. Salieron rápidamente y el plan salió a la perfección. Cruzándose en una pequeña callejuela, Berenice salío precipitadamente del rolls donde se encontraba y que conducía un chófer y subió al coche del grupo. Los dos coches negros continuaron siguiendo al rolls y ellos continuaron en dirección contraria, directos al aeropuerto. Berenice soltó un suspiro de alivio y dio un beso a Thomas, peligrosamente cerca de sus labios. Algo en él se agitó, pero lo contuvo rápidamente, presentándola al resto del grupo. Berenice, aunque madura, era realmente atractiva y llevaba una cruz celta al cuello, algo de lo que se apercibió rápidamente Mulder. Interesado por el aspecto oculto del culto druídico, Mulder le preguntó acerca del colgante; ella contestó que era ecologista a ultranza, y le gustaba el concepto del culto druídico a la naturaleza, eso era todo.

Ya en el avión, Berenice les contó que Bertrand Campbell había insistido mucho para que acudiera a Mónaco a encontrarse con él, hasta que no tuvo más remedio que "mandarlo a la mierda". Así que el suegro de O'Hara no debía de encontrarse muy contento. Cuando Novikov y Thomas le hablaron de la reunión en San Petersburgo y el posible peligro en el que se encontraba tras haber rechazado a Campbell, Girard decidió permanecer con ellos al menos hasta que se celebrara la reunión.

jueves, 10 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 24

Huida. ¿Hay esperanza aún?
Nota: en esta sesión se produjo la incorporación de dos nuevos PJs: Jessica Pujol, en sustitución de Joey Mitnick, y Michael Mulder.

Durante los primeros segundos de caída, el terror fue patente en los rostros de McNulty y Finnegan. Éste último tenía experiencia militar, pero sólo en el cuerpo de infantería, y nunca había saltado en paracaídas. Además, para empeorar las cosas, al saltar del avión y abrirse su campo de visión, vieron que dos cazas se encontraban escoltando a la nave de transporte, que por su parte sufría alguna que otra sacudida en su rumbo; quizá los disparos de Jonas estaban haciendo mella en su estructura. Por suerte, pronto se sobrepusieron a la situación [punto de relato], y mantuvieron la calma y el equilibrio suficiente para realizar un descenso bastante digno. No podían abrir los paracaídas demasiado pronto, pues corrían el riesgo de que los pilotos de los cazas los detectaran y quizá les dispararan, así que mantuvieron la presencia de ánimo suficiente para esperar a abrir los paracaídas hasta que la comitiva de aviones se hubo perdido entre las nubes. Con una sacudida, los paracaídas se abrieron y pudieron concentrarse en el punto en que aterrizarían.

Timofei Novikov

Allá abajo podían ver que se dirigían directamente a un gran lago que era alimentado y a su vez alimentaba a un gran río. Alrededor del río se extendía un gran desierto, y en ambos extremos del lago se podían ver sendas poblaciones. Con ayuda del viento, decidieron dirigirse a la parte norte del lago, más o menos a mitad de camino entre las dos ciudades. Aterrizaron en un pequeño bosque, y aunque tuvieron la mala suerte de que McNulty se magulló un costado contra una rama, no tuvieron mayor problema que unos cuantos moratones y dolores aquí y allá. Eso sí, a los pocos segundos de tocar tierra el cosquilleo que notaban en el cuerpo desde que habían sido reclutados por la Corporación se hizo un poco más intenso. Haciendo caso omiso y dando gracias por seguir vivos, se acercaron al lago y se refrescaron en el agua, donde Jack, agotado por la falta de sueño y el subidón de adrenalina, pudo descansar unos instantes.

Con su agudo oído, Jonas pudo oír a los pocos minutos cómo dos vehículos se acercaban en la distancia. Decidieron adentrarse en la espesura, aunque se acercaran así a la carretera que bordeaba el lago. Poco después podían oír dos explosiones y el sonido inconfundible de un automóvil accidentado. Decidieron separarse y acercarse a la carretera desde dos ángulos distintos. A mitad de camino, Jack no pudo evitar quedarse dormido y confundir los sueños (extrañísimos, por cierto) con la realidad, pero se sobrepuso, y aunque llegaría un poco más tarde que McNulty, lo consiguió. Por su parte, Jonas llegaba el primero a la vista de una violenta escena. Una furgona se había salido de la carretera, y otros dos se encontraban parados en ella, cerca del primero, con varias personas conversando entre ellas. El vehículo accidentado lucía un costado destrozado, sin duda debido a los efectos del bazooka sobre el que se apoyaba una de las figuras presentes. Había dos grupos bien diferentes de personas: desde el oeste había llegado un coche con tres pasajeros: dos de ellos hombres vestidos con ropa normal y gafas de sol y una mujer morena y muy bella, a todas luces occidental anunque vestida con ropas típicas del medio oriente, que empuñaba una pistola y conversaba con uno de los hombres del segundo grupo, cuyo vehículo, un moderno todoterreno, había llegado desde el este. Los integrantes de este segundo grupo eran claramente de etnia árabe, aunque vestidos al modo occidental, y amenazaban con sus armas a uno de los pasajeros del vehículo accidentado, que gritaba algo ininteligible en árabe. Mientras tanto, los dos tipos con gafas de sol sacaban del vehículo accidentado a otro hombre inconsciente, rubio y a todas luces occidental. Los otros dos pasajeros de la furgona accidentada no parecían haber logrado sobrevivir al incidente. En ese momento llegó Jack a la escena, y decidió que lo mejor era dejarse ver para intentar obtener ayuda de los occidentales. Sin embargo, los extraños se mostraron bastante hostiles y cuando encañonaron a Finnegan Jonas tuvo que intervenir, gritando que volaría la cabeza de la mujer si le hacían algo a su amigo. Tras unos momentos de tensión, sucedió algo inesperado: el superviviente de la furgona, que hasta entonces había permanecido de rodillas parloteando en árabe con sus atacantes, se convirtió en una sombra borrosa; moviéndose a la velocidad del rayo no tardó en dejar inconsciente a un occidental y dos árabes, ante la estupefacción de los demás. Sin duda, se debía de tratar de uno de aquellos engendros de la Sección S (como más tarde lo confirmaría el tatuaje en el lóbulo de la oreja). Finalmente, consiguieron abatir al monstruo y eso facilitó la interacción entre Jonas y Jack y los extraños. Los árabes no resultaron ser sino egipcios y, para más detalles, coptos, hecho del que se dieron cuenta al observar los crucifijos parecidos a ankhs que colgaban de sus cuellos. Por su parte, los occidentales decían ser agentes de la CIA, al menos la mujer.

Tras las presentaciones tuvo lugar una conversación que alivió sobremanera a Jonas y Jack. La mujer de la CIA, que se presentó como Jessica Pujol, les dijo que estaban en Egipto, a mitad de camino entre Abu Simbel y Asuán, y se encontraba allí por encargo de Ben Katzowitch para rescatar al hombre rubio inconsciente de las garras de un grupo terrorista. Habían tenido una suerte inmensa: cuando Jessica llamó a Ben comentándole el encuentro con los dos irlandeses, éste confirmó sus identidades y le encargó acompañarlos hasta algún punto seguro. Por otro lado, los coptos conocían al padre Saledh Medhat, y cuando se enteraron de que Finnegan y McNulty habían tratado con él recientemente, les preguntaron por su paradero, porque poco después de que el padre hubiera vuelto de Boston había partido hacia República Centroafricana y ya no habían vuelto a saber nada de él.

Mientras tanto, el rubio inconsciente que habían rescatado de la furgona, recuperó la consciencia. Michael Mulder, que así se llamaba, vio la escena y se preocupó. Lo último que recordaba era estar en Abu Simbel tras la pista de un antiguo libro del que le habían hablado en un museo de Tel Aviv. Y ahora le dolía todo el cuerpo y se encontraba entre extraños de pinta peligrosa. Intentó ser lo más discreto posible, pero McNulty reparó en sus ligeros movimientos. Todos se acercaron, ávidos de saber quién era aquel extraño. Tras convencerlo de que se encontraba entre amigos y no tenía nada que temer, Mulder les explicó lo que recordaba. A los pocos minutos, el sonido de varios vehículos acercándose por la carretera les decidió a ponerse en marcha y salir de la carretera, cruzando el desierto hacia el norte.

Entre tanto, en San Petersburgo, Thomas había continuado con su viaje junto a Novikov, Lindon, los guardaespaldas, Hans Haller y el padre Estepháneos. En un momento dado del viaje, Estepháneos entró en una especie de trance, repitiendo una letanía en voz muy baja. Thomas se preocupó, pero los demás le explicaron que era normal, que le sucedía frecuentemente (estos episodios se correspondían con los contactos oníricos que tenía con Jack). Durante las largas horas que duró el desplazamiento hasta Arkangelsk, donde Novikov poseía un aeropuerto privado, el ruso habló de la situación en Europa, de cómo se había enrarecido el clima desde el brutal atentado en Brooklyn, que había supuesto un retroceso del comercio a nivel mundial. Los franceses estaban especialmente preocupados, porque haciendo caso omiso de sus amenazas, la República Centroafricana y algunos otros países de África habían cortado las exportaciones de Uranio sin dar demasiadas explicaciones, e incluso se habían producido secuestros de personal de empresas francesas encargadas de la explotación de las minas. Se rumoreaba que muchos otros países africanos iban a detener sus exportaciones de Uranio y otras materias, y las bolsas estaban entrando en pánico total. Por otra parte, había movimientos ultranacionalistas e incluso nacionalsocialistas en Ucrania, Austria y Grecia que estaban contribuyendo a agravar la situación y no le gustaban en absoluto.

En otro punto del viaje, Novikov recibía una llamada: no era otro que Bertrand Campbell. El ruso puso el manos libres para que todos pudieran escuchar. Para sorpresa de Thomas, o quizá no, Campbell aconsejó a Novikov que no se fiara de los consejos de su yerno, si es que se encontraba con él. Parecía haberse vuelto loco y estaba dilapidando las fortunas de sus clientes; trató de concertar una cita con Novikov para tratar personalmente con él, a lo que el ruso aceptó sin intención de acudir. Por otro lado, informaron a Thomas de que Nueva York ya se encontraba en manos de UNSUP y sus títeres ultraderechistas, y Novikov también le preguntó por uno de los clientes de Campbell & Weber: un tal Michael Mulder. Thomas lo recordaba de refilón, un muchacho joven con una gran fortuna heredada del fallecimiento prematuro de sus padres. Según Novikov, Mulder podría serles de gran ayuda en su cruzada en caso de encontrarlo. Thomas, sin embargo, no podía dejar de pensar en la llamada de Bertrand Campbell; si el viejo estaba llamando a toda su cartera de clientes, tenía muy poco tiempo para reaccionar y hablar con todos. Por suerte, con los recursos de Novikov de su lado aún tenía alguna posibilidad de cortar los hilos de su suegro.

Ya en Arkangelsk, Novikov recibió una llamada que prefirió atender en privado. Thomas no pudo evitar aguzar el oído aun a riesgo de ser descubierto [punto de relato] y pudo oír a Novikov dirigirse con extremado respeto a un tal Okada-san. No podía tratarse sino de Yuzo Okada, uno de los tres miembros más importantes de la Yakuza japonesa y subsecretario del departamento de exportaciones de Japón. Novikov se mostraba especialmente solícito, lo que convenció a O'Hara de que el ruso debía tener negocios importantes con el nipón.

Por fin, Jonas y Jack pudieron contactar con O'Hara a través de sus contactos en la CIA. Acordaron encontrarse en Luxor, ya que iban hacia el norte, y hacia allí partió el grupo de Rusia en un avión ultramoderno de tecnología claramente restringida al círculo de UNSUP. Cuando la aeronave superó la frontera egipcia, fue interceptada por dos cazas, que lo conminaron a detenerse; sin embargo, se libraron de ellos con una facilidad pasmosa. El avión era una maravilla tecnológica, sin duda. Conforme se acercaban a Luxor, el cosquilleo en el cuerpo de McNulty y Finnegan se fue convirtiendo en un dolor agudo e insoportable, así que no tuvieron más remedio que quedar en un punto alejado varios kilómetros de la ciudad. Con gran alegría por parte de los personajes, ambos grupos se encontraron y, sin tardanza, Haller procedió a sacar los nanobots de los cuerpos de Jonas y de Jack. La agonía fue tremenda cuando el polvillo gris salió de sus lagrimales, y el alivio grande.

Poco después, a raíz de una de las bromitas de McNulty, Jessica agarraba el paquete de éste con fuerza, haciendo que se doblara sobre sí mismo. La mujer exigió más respeto, y McNulty decidió que quizá no estaría mal mostrarse más comedido en su presencia.

El asunto más urgente para el grupo era sin duda poner a salvo a sus familias. McNulty contactó con sus amigos del Sinn Feyn que le prometieron que mantendrían a su mujer y su hijo a salvo, y Mulder decidió poner en acción sus contactos en Europa para ayudar a poner a salvo a James Finnegan, Fred Mullendore y el doctor McEnroe; y tras unas cuantas llamadas prometió dinero a varias personas y aunque no se acababa de fiar tranquilizó a Jack. Y por su parte, Mulder también expuso la que era su mayor preocupación: prácticamente todo su capital se encontraba controlado por Campbell & Weber, y si era verdad que ahora trabajaban para UNSUP, podía perderlo todo en un momento. Con la ayuda de un portátil de última generación y [punto de relato] el login de uno de sus compañeros de empresa, O'Hara consiguió sacar el capital de Mulder de las garras de Campbell y Weber, y distribuirlo entre varios fondos de inversión (uno del propio Novikov), poniendo así a salvo su fortuna.

El siguiente paso, según Thomas, debía ser partir hacia Palermo para contactar con el primer cliente de su lista, Nicola Ferretti, y evitar que Bertrand Campbell lo convenciera de dejar su guía y poner así su capital en manos de UNSUP. Deberían llevar a cabo un pequeño tour por Europa para asegurar que el capital de sus clientes no caía en las sucias manos de la Corporación...

jueves, 13 de marzo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 23

Cambio de filas (III) ¿Hacia el Tíbet?
Aprovechando unos momentos de intimidad, el grupo charló sobre su situación actual y la posibilidad de escapar del complejo, pero tal cosa se les antojaba imposible. Dadas las medidas de seguridad que habían podido ver, no querían ni imaginar qué medidas habían permanecido invisibles a sus sentidos. Además, lo que fuera aquello que les habían implantado les dejaba muy poco margen de maniobra. No obstante, a pesar de todo, ese escaso margen ya era algo a lo que aferrarse.



Durante un par de jornadas Jonas, Jack y Thomas intentaron sondear a los pocos miembros presentes de la Sección S en el complejo, tratando de averiguar qué podía esperarles en el misterioso lugar del Tíbet donde parecía que iban a sufrir el proceso de transformación. Sin embargo, no obtuvieron prácticamente ninguna información de utilidad, pues ninguno de ellos recordaba exactamente qué había pasado durante el viaje; la mayoría tenía recuerdos febriles y difusos, y otros no recordaban nada en absoluto.

Tras mucho insistir, Joey consiguió que le concedieran acceso a la sala central de computación. Aunque por un tiempo limitado de treinta minutos. Ese tiempo fue suficiente para que Joey dejara un acceso abierto al sistema que podría emplear más adelante —siempre que no lo descubrieran, claro—. Ante la insistencia del informático de la conveniencia de contar con su colega Lucas, se celebró una reunión entre el primero, Lilly y Thomas, y se acordó que Lucas sería transportado al complejo lo antes posible.

La preocupación de McNulty respecto a Sally aumentaba a cada hora que pasaba. La periodista estaba encantada con su nuevo estatus, y se mostraba a favor de todos los preceptos de la Compañía.

Por su parte, Jack no durmió ni diez minutos seguidos durante esos días. Como resultado, sus nervios y su irascibilidad iban en aumento. En cuanto cerraba los ojos, las pesadillas de traición y muerte que acudían a su mente eran intensísimas. Algo en su interior le decía que debía de huir de allí aun a costa de su propia vida, pero no podía dejar a sus amigos atrás.

El tercer día, Merten Jund apareció ante el grupo anunciando "una grata sorpresa". La sorpresa no era ni más ni menos que el retorno de John Gibbons a su compañía. Sin embargo, no les costó mucho esfuerzo detectar algo raro en Gibbons. Su comportamiento era, por decirlo de alguna manera, postizo, muy tenso, a pesar de que, según les había dicho Jund, le habían encargado la misión de proteger al señor O'Hara. Jonas hizo notar al resto del grupo el leve pero inquietante destello que brillaba en el centro de sus pupilas, y cuando bromeó con John de forma ligeramente ofensiva como en él era habitual, el ex político le asestó un puñetazo a una velocidad imposible para un humano. La mandíbula del irlandés se partió y su cabeza giró en un peligroso ángulo; cayó al suelo inconsciente en el acto. Por suerte, la tecnología médica de UNSUP era avanzadísima y en pocas horas se encontraba como nuevo. John recibió una reprimenda de Merten Jund, pero en su interior se regocijaba por haber hecho que McNulty se tragara varios dientes.

Poco después, Thomas acordaba con el gestor de su cliente italiano, Nicola Ferretti, una cita para diez días vista.

El día siguiente, a McNulty le dieron una gran sorpresa. Lilly le condujo a presencia de su "mujer" (recordemos que no llegaron a casarse) Rachel y de su hijo Patrick. Entre sollozos y la frialdad inicial de Rachel, Jonas abrazó a su hijo, quien tras unos instantes dubitativos, se lo devolvió. Con palabras cortantes, McNulty descubrió que Rachel había estado una temporada su hermano Liam y todavía se veían de vez en cuando. Pero a medida que la conversación fue transcurriendo, la frialdad de Rachel se fue diluyendo y, derrumbándose, acabó abrazando a Jonas y preguntando qué era lo que pasaba. Tras besarse, McNulty la tranquilizó contándole una milonga que implicaba a la CIA y algunas operaciones especiales. Rachel pareció convencida y calmada con la explicación, y transcurridas pocas horas, la familia de McNulty volvía a Irlanda —o eso era lo que Lilly le aseguró—.

Jack seguía sin poder dormir más de unos pocos minutos seguidos, y se notaba en su aspecto y en sus modales. La noche anterior, en su sueño, Kostas Estephaneos le había preguntado incontables veces por su paradero. Jack había intentado proyectar el lugar donde se encontraba por todos los medios posibles, pero aparentemente el padre Estephaneos no aprehendía lo que él quería darle a entender. Su cuerpo estaba llegando al límite, podía sentirlo. Por la mañana, recibió una llamada de su hermano James al teléfono que UNSUP les había proporcionado; Fred le había dado el número, y estaba muy preocupado. Tranquilizándole lo mejor que pudo, colgó.

Joey recibió la llamada de Lucas. Éste le comentó que le llamaba a instancias de dos tipos muy extraños que le habían pegado una pequeña paliza que ni siquiera había visto venir cuando intentó huir golpeándolos. Cuando se hubo tranquilizado, los dos tipos le dijeron que venían de parte de su amigo Joey, que necesitaba que se reuniera con él. Joey confirmó la versión, contestando además a varias preguntas secretas que tenían pactadas, así que Lucas accedió y en pocas horas llegaría a Lagos.

Thomas también tuvo su ración de sorpresa: en un momento dado del día lo reunieron con su mujer, Anne. Según le dijo ella, la Compañía la había tratado bien, pero no sabía dónde se encontraba Jennifer. Thomas prefirió ocultarle la verdad, y enviarla a Nueva York para que se reuniera con su hermana y su hijo en Bronx.

Pocas horas después de que su mujer subiera al avión de la Compañía que la conduciría a Nueva York, Thomas recibía la llamada de uno de sus clientes europeos, el ruso Timofei Novikov. Éste exigió a Thomas a encontrarse con él en San Petersburgo en 48 horas; a pesar de que O'Hara intentó por todos los medios retrasar tal encuentro, no pudo hacerlo y tuvo que plegarse a las exigencias de su cliente, que por otra parte, era uno de los más poderosos, con claros lazos con el gobierno ruso y la antigua estructura del KGB. Thomas se apresuró a informar a Leopold de la cita, para que en la Compañía no sospecharan de él. Leopold se mostró incluso satisfecho de que hubiera ocurrido tal cosa, al fin y al cabo lo que querían era que O'Hara se reuniera con sus clientes europeos lo antes posible.

A medianoche, Jack no pudo soportar más las pesadillas, y salió a dar un paseo por el muelle. Allí, tuvo un breve encuentro con Sally, que se encontraba radiante ante su inminente partida hacia Nueva York; más adelante se encontró con Dorothy St. James, que tampoco podía dormir, según sus palabras. Ella le preguntó si era un hombre religioso, a lo que Finnegan decidió que era mejor contestar negativamente (una mentira que consideraba necesaria). A instancias de Dorothy, los médicos del complejo sedaron fuertemente a Jack, lo que le permitió dormir un par de horas sin sobresaltos.

De madrugada, Lucas Miller llegaba al complejo de UNSUP, y pocos minutos después, Joey decidió que no podía soportarlo más. Tomó la decisión de arriesgarse e intentar acabar con la Compañía. Abrió el sistema desde dentro, de manera que todos sus colegas hackers pudieran acceder durante el tiempo que fuera posible. Pero tal acción expuso demasiado al grueso informático; en pocos segundos fue detectado y agentes de la Compañía lo rodeaban. Un disparo acabó al instante con su vida. Pero fiel a sus convicciones, había conseguido abrir el sistema unos segundos; con suerte, alguien habría conseguido descargar información comprometedora que contribuyera al fin de UNSUP o de quien quiera que estuvieran al cargo de aquello.
El día siguiente Merten Jund y Leopold informaron al grupo del desgraciado "accidente" de Joey. La información no les cogió por sorpresa, porque ya sabían que Joey estaba a punto de intentar algo, pero no pudieron evitar la pena al pensar en el informático. Lucas fue sometido a interrogatorio, y cuando demostró que no tenía nada que ver con la intrusión de Joey fue puesto en libertad y asignado al grupo.
Por la mañana, Gibbons hizo un aparte con Jonas y Thomas para pedir disculpas por su comportamiento y el tremendo golpe que había propinado al primero, pero por otra parte confesó que deseaba hacerlo otra vez y que prefería evitar la tentación, así que se marchó apresuradamente, dejando a sus interlocutores perplejos por su actitud. Era evidente que aquel no era Gibbons, al menos no del todo.

...
Dos días después, Thomas llegaba a San Petersburgo para encontrarse con Novikov, acompañado de Gibbons y otro agente de la sección S como guardaespaldas. Una limusina le esperaba en el interior de la pista privada donde había aterrizado su avión. Desde el interior, una voz le invitó a subir al coche. En ese momento, la cabeza del agente de la sección S reventó, ante la sorpresa de O'Hara. Gibbons sacó una pistola con rapidez excepcional, pero no fue suficiente; un segundo disparo lo alcanzó y cayó al suelo, salpicando abundante sangre. Thomas fue arrastrado al interior del coche, donde se encontraba Novikov, dos tipos que debían ser sus guardaespaldas y, al otro lado, ¡¡¡Hans Haller!!!. Norikov, en inglés con fuerte acento ruso, le recomendó tranquilizarse, mientras uno de los tipos a su lado sacaba el móvil de Thomas de su bolsillo y lo introducía en un artilugio de metal. El propio Hans Haller empuñó un pequeño y extraño aparato ante el rostro de Thomas, mientras los dos guardaespaldas lo sujetaban. O'Hara comenzó a sentir un extraño y molestísimo picor en sus lacrimales y retinas, que pronto devino en un intensísimo dolor. Cuando estaba seguro de que no lo soportaría más, el dolor se detuvo, y todo lo que pudo ver fue que por sus lacrimales había salido un extraño polvillo gris, pegado al aparato que Haller empuñaba. Según le informó el científico, aquello no eran sino nanobots que UNSUP les había inyectado, y que eran los causantes de los extraños dolores de cabeza. Poco después llegaban a la mansión de Novikov, donde se reunieron con Louis Lindon y el padre Kostas Estephaneos. Tras una breve bienvenida, todos se dirigieron a varios vehículos militares que les permitirían desplazarse por si a UNSUP se le ocurría hacer acto de aparición.
...


Y mientras tanto, Jonas y Jack partían en un avión militar de transporte, presuntamente con rumbo hacia el Tíbet. Previamente habían sido sedados en una habitación del complejo. Por suerte, hubo efectos no deseados: McNulty no hacía mucho que había sido tratado en uno de los tanques de rejuvenecimiento de UNSUP. Seguramente por ese motivo, las hormonas de curación todavían estaban activas en su organismo, lo que hizo que pudiera vencer el sopor provocado por el potente anestésico suministrado mediante goteros. Arrancándose la vía, pronto estuvo lo suficientemente despejado como para incorporarse y hacer lo propio con la de Jack. Entre los dos redujeron a su vigilante, aunque no así al doctor que los supervisaba, que huyó a través de una de las puertas, suponían que la que conducía al morro del enorme aeroplano. Así que, sin pérdida de tiempo, decidieron dirigirse a cola, por la puerta del extremo justamente contrario, no sin que antes McNulty hiciera un par de disparos y destrozara alguna puerta para intentar despresurizar el interior. Tras un par de encontronazos llegaron a la bodega de carga, donde encontraron varios paracaídas y abrieron la rampa de lanzamiento. Tragando saliva, se lanzaron al vacío...

viernes, 27 de septiembre de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 22

Cambio de filas (II)
El grupo tenía poco tiempo. Que ellos supieran, en el restaurante había como mínimo tres secuaces de UNSUP. Con Finnegan y Gibbons inconscientes, subieron en ascensor hasta el piso 12, donde se encontraban sus habitaciones, e intentaron encontrarlas, pero no tuvieron suerte y todas las intentonas con las llaves-tarjeta de los inconscientes fueron infructuosas. Así que todavía se encontraban en el pasillo cuando los tipos "S" de la Compañía hicieron acto de aparición. Tras dar una explicación apresurada de su tardanza salieron discretamente del hotel, de forma sorprendentemente fácil.


En un par de furgonas negras llevaron a la pareja inconsciente al complejo costero de UNSUP, que se encontraba en clara connivencia con los militares allí estacionados, tanto nigerianos como estadounidenses. Jack tuvo una inconsciencia inquieta y estremecedora, repitiendo los sueños vívidos del paraje africano que ya había tenido en el avión, pero esta vez además se veía arrastrado por sus propios compañeros hasta el escenario de la detonación de la bomba. Pero siempre, al final de los sueños, encontraba consuelo en una luz extraña. A los sueños de la destrucción nuclear también se sumaron otros aún más extraños: siluetas luminosas y otras compuestas de tinieblas luchando entre ellas con él atrapado en medio de lo que quiera que fuera aquello. Y una cosa no variaba: el padre Estepháneos siempre le ayudaba y le prestaba una valiosa ayuda. Despertó, agotado de los dramáticos sueños, para encontarse en una habitación en penumbra ante la presencia de una mujer, que no resultó ser sino Dorothy St. James, la antigua socia de Thomas y famosa diabolista.

Con una media sonrisa, la mujer le dio la bienvenida a "la Compañía". Jack se mostró todo lo hostil que pudo dado el malestar que sentía, amenazándola con matarla si alguno de sus compañeros había sufrido daño. Dorothy le contestó educadamente, descartando sus amenazas con un simple gesto; pero la cabeza de Jack pareció estallar cada vez que una amenaza surgía de su boca, hasta que quedó sin resuello, intentando recuperar la respiración. La mujer acabó diciéndole que "todo sería más fácil cuando se reuniera con sus compañeros", y salió de la estancia.

Por la mañana, los personajes fueron emplazados a varias reuniones, a las que les condujo una bella secretaria, cuyo nombre era simplemente "Lilly".
Thomas fue conducido a presencia nada más y nada menos que de Leopold Croix-Parker, el tercero de los socios de su empresa, que también trabajaba para UNSUP. No sólo eso, sino que parecía estar justo por debajo de Dorothy en el escalafón. Leopold habló a Thomas acerca de lo que llamaban el Nuevo Orden Mundial, que la Compañía perseguía y quería hacer posible. Todo lo que pretendían era un mundo mejor que el actual, por supuesto comandado por las mejores mentes del mundo, las suyas. Aunque su argumento tenía evidentes puntos débiles, Thomas optó por llevarle la corriente cuando Leopold empezó a alabar su pericia para las inversiones y la necesidad que la Compañía tenía de gente como él en su vertiente económica. Y pronto pasó a hacerle una generosa oferta: trabajar para UNSUP a cambio del soporte de la compañía entera. La vida solucionada para él y toda su familia. Thomas, por supuesto, aceptó, no tenía otro remedio que hacerlo teniendo lo que sea que le hubieran puesto en la cabeza. Con una sonrisa de satisfacción, Leopold pasó a exponerle el que debía ser su primer servicio para la Compañía. Debería organizar una reunión en Ginebra con toda su cartera de clientes europeos para exponerles la conveniencia de invertir una fuerte cantidad de dinero en empresas asociadas a UNSUP, y convencerlos en la medida de lo posible de dejarle libertad para operar con todo eso. De la larga diatriba de proposiciones veladas que Leopold le soltó, Thomas entendió claramente que la intención de la Compañía era intentar hundir la economía mundial para emerger como los salvadores; gobiernos enteros caerían y serían reemplazados por sus propios candidatos. Y, por supuesto, cuando el Nuevo Orden fuera instaurado, Thomas tendría una posición preeminente entre los dirigentes, los Illuminati. O'Hara disimuló su asombro bien, y aceptó con una tranquilidad que pareció inquietar a Leopold.

En otro despacho del complejo, Joey era conducido a presencia de alguien llamado Brian Moore, que según se presentó, era uno de los peces gordos del área tecnológica de la Compañía. Habló también del Nuevo Orden, y de la necesidad que la Compañía tenía de tipos como Joey. Pondrían todos los recursos del mundo a su alcance si decidía colaborar con ellos. A cambio debía acabar con los rumores que había extendido por internet y que estaban perjudicando los intereses de UNSUP. Reticente, Joey se vio forzado a aceptar.

Jonas, por su parte, despertó al lado del cuerpo desnudo de Sally. Habían pasado la noche juntos haciendo el amor sin cesar. Tras unos segundos de cariño y reconocimiento mutuo, ambos fueron convocados a presencia de sendas personalidades de la Compañía. Jonas debía reunirse con un tal Karl Jund (¿de qué le sonaba ese nombre?), y Sally fue llevada a presencia de "la señora Tinaschek".

Karl Jund, un hombre maduro y recio, vestido con un traje de corte excesivamente clásico, recibió a McNulty con una sonrisa algo tensa. Tras hacerle la introducción acerca del Nuevo Orden Mundial, le habló de algo llamado la "Sección S". La sección S la formaban los guerreros de élite de la Compañía. Había visto ya a algunos de ellos, de los que la mayoría lucían una "S" tatuada o marcada en algún rincón escondido de su cuerpo. Y lo puso en antecedentes: la Sección S había sido creada hacía décadas por Heinrich Himmler y sus camaradas de la Sociedad de Thule siguiendo conceptos aprendidos de los escritos de Helena Petrovna Blavatsky y de maltrechas copias de obscenos rituales incluidos en manuscritos antiquísimos procedentes de Egipto e Israel. Los guerreros de la Sección S veían sus capacidades aumentadas mediante métodos que escapaban a la comprensión humana. La oferta de Karl Jund era que McNulty y Finnegan pasaran a engrosar las filas de la Sección, pues sus aptitudes le sugerían que serían individuos especialmente aptos una vez pasaran el proceso. Cuando McNulty se interesó por "el proceso", Jund sólo le reveló que era algo que implicaba un viaje al Tíbet y una preparación física y psicológica. Jonas no contestó nada definitivo, pero prometió que lo pensaría. Jund, quizá un poco decepcionado, lo despidió educadamente y lo emplazó a volver a hablar tan pronto como fuera posible.

Pocas horas después, Dorothy St. James, Karl Jund y Rufara reunían al grupo al completo. Jack se mostraba resentido, pero entendía que no habían tenido más remedio que traerlos hasta allí. Sally apareció con una sonrisa. Susurró a Jonas que le habían ofrecido optar en breve a la subdirección del New York Times, y utilizar todos los recursos de UNSUP para garantizarle opciones a llevarse el premio Pulitzer; además, aquel Nuevo Orden era lo mejor que podría pasarle al mundo. Parecía que la Compañía se la había ganado. El grupo pudo compartir sus inquietudes e información; todos ellos se encontraban un poco extraños desde que habían despertado en UNSUP, pero era una sensación leve, como una especie de ligerísimo cosquilleo en algunas partes del cuerpo. Cuando el resto del grupo oyó el nombre de Karl Jund, todos lo reconocieron como el hombre que firmaba el diario de Helena Blavatsky que habían encontrado en Westchester Associates. ¿¿Cómo era posible que fuera el padre de Merten Jund si su apariencia era la de un hombre más joven??

Cuando los jefazos de la Compañía expusieron sus deseos de que todos colaboraran y formaran "la célula del señor O'Hara", Jack, Jonas y Joey no se mostraron colaboradores. Tenían muchas dudas respecto a las intenciones de la Compañía, y el convencimiento de que el Nuevo Orden Mundial no era tan bueno. La agresividad en la conversación fue aumentando, hasta que Jund hizo un gesto. A través del intercomunicador implantado en su oído, Thomas oyó aterrado cómo el alemán daba orden a sus hombres de que erradicaran a los rebeldes, así que se levantó y pidió que los dejaran solos, él haría ver la verdad a sus compañeros. Dorothy y compañía se mostraron reticentes, pero como muestra de buena voluntad salieron de la sala. Thomas sabía que estarían vigilándolos, así que se propuso ser lo mas convincente posible, y no revelar nada que pudiera comprometerlos.

Tras una extensa conversación, con gestos velados y palabras susurradas, Thomas convenció al resto para fingir de la manera más sincera posible y esperar una mejor oportunidad. Jack pudo superar sus más profundas convicciones [punto de relato], y por fin accedieron a formar la célula de UNSUP que quedaría bajo el mando directo de Thomas. Éste desechó al instante la ligera satisfacción y ansiedad de poder que empezó a sentir.

Dorothy y los demás parecían satisfechos por fin. Dando la bienvenida al grupo a las filas de la Compañía, les emplazaron a pedir cualquier cosa que necesitaran a Rufara, que se encargaría de ser su enlace y suministro logístico.

A las pocas horas, Thomas empezaba a contactar con algunos de sus clientes europeos y de Oriente Medio. Joey recibía un portátil cuya tecnología no creía que existiese todavía, con el sistema operativo de UNSUP. Por supuesto, lo primero que hizo fue intentar entrar en zona restringida, pero no tuvo éxito y no quedó seguro de que no hubiera dejado alguna pista; lo intentaría solucionar más adelante. Cuando pidió si era posible que su compañero Lucas colaborara con él, le contestaron que primero debería deshacer la ola de rumores que había iniciado en la red, y para mostrar su buena voluntad, Joey se puso a ello inmediatamente. McNulty, por su parte, insistió ante Karl Jund acerca de la recuperación de su memoria y la posibilidad de volver a ver a su mujer y su hijo; el alemán le tranquilizó, diciéndole que no se preocupara y que intentarían solucionar aquellos problemas en breve plazo. Por lo pronto, reunió a Jonas y a Jack para comentarles su intención de convertirlos en guerreros de la Sección S en los próximos días, para lo que tendrían que viajar al Tíbet en breve; Jack tuvo un muy mal presentimiento, pero no veía otra salida que aceptar, a pesar de que en la conversación Jund les dijo que en ocasiones se producían resultados extraños, aunque no creía que ese fuera a ser el caso.


Mientras tanto, Hans Haller y el padre Kostas Estepháneos se habían quedado solos, y nadie había visto a John Gibbons desde el viaje a Lagos...

viernes, 6 de septiembre de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 21

Cambio de filas
Tras la reunión con los agentes de la CIA, Thomas expresó su resolución inquebrantable de viajar a Lagos para ayudar a su hermana. A pesar de que Sally, el padre Estepháneos y Hans Haller se opusieron obstinadamente a tal viaje, porque para ellos era evidente que se trataba de una trampa, el apoyo del resto del grupo hizo que finalmente se plegaran a realizar el viaje.

El día siguiente partirían hacia Lagos, dividiéndose en dos grupos cuyos vuelos llegarían con doce horas de diferencia. En el primer vuelo viajaron Thomas, McNulty, Joey y Sally, y al poco de aterrizar en Lagos se hizo evidente que realmente todo aquello se trataba de una trampa. No tardaron en ser capturados por varios tipos de raza negra que mostraron placas de policía pero que para el grupo era evidente que trabajaban para UNSUP. Sally y Jonas cayeron inconscientes por métodos desconocidos y Thomas y Joey fueron conducidos a una furgona negra. Afortunadamente [punto de relato], a Thomas le dio tiempo a marcar el teléfono de su contacto de la CIA Ben Katzowitch en su móvil, y tirarlo a un rincón fuera de la vista.

Katzowitch no tardó en llamar a Gibbons, informándole de la extraña llamada, a la que había contestado y no había obtenido respuesta. De esta manera, puso sobre aviso al segundo grupo, que decidió tomar medidas extra de protección: en lugar de viajar directamente a Lagos, tomarían un vuelo a Nairobi y desde allí otro a la ciudad nigeriana. Tardaron más, pero demostró ser una decisión acertada, pues aunque tuvieron algún pequeño problema con la documentación, finalmente pudieron acceder a Lagos sin más contratiempos. Mientras tanto, Jack llamó por el móvil a Sally y a Jonas, y aunque las voces que contestaron al otro lado de la línea eran las suyas, algo en su tono y en su forma de expresarse convenció al ex-policía de que quienes hablaban no eran en realidad sus compañeros. Colgó rápidamente, con un gesto muy preocupado, e informó a John de sus sospechas. Más adelante, en el segundo vuelo ya de camino a Lagos, Jack tuvo dos sueños extremadamente vívidos que le dejaron con los nervios a flor de piel. El primero fue menos detallado, pero la temática fue la misma: el avión se estrellaba en algún paraje de África junto a un lago y un pequeño bosquecillo; Jack y Estepháneos eran los únicos supervivientes y al salir del avión muchos nativos empezaban a aparecer, corriendo; a continuación, una explosión nuclear lo aniquilaba todo y a todos. Al despertar, Estepháneos y Finnegan se miraron: habían compartido la experiencia onírica, y aquello no les gustó en absoluto.

Mientras el segundo grupo llegaba a Lagos, Jonas, Thomas, Sally y Joey fueron víctimas de los manejos de sus enemigos. Fueron conducidos a un complejo desconocido junto al mar y un puerto militar. McNulty fue sometido a una tortura brutal, durante la que le interrogaron por el paradero de los otros miembros del grupo, pero que resistió bien. En un momento determinado, a Thomas, a los demás y al propio McNulty les inyectaron algo para dejarlos inconscientes. O'Hara tuvo una inconsciencia inquieta, y entre brumas pudo ver sentada en la habitación a su hermana Jennifer, que lo miraba preocupada, y un poco más tarde, a su hermana Jennifer, que reía malignamente, con los ojos negros como el carbón. Tras un período de tiempo indeterminado, Thomas fue forzado a recuperar su consciencia, y al poco, tres mujeres se reunían con él: Dorothy St. James, una mujer desconocida, y su propia hermana Jennifer, con los ojos negros, claramente transformada por lo que sea que aquella gente hacía con sus víctimas. St.James fue muy clara: a la Compañía le gustaría contar con los servicios de Thomas, con su pericia para las inversiones y con su cartera de clientes, entre los que se contaban importantes magnates de Oriente Medio y Europa. El resto del grupo también había demostrado su valía esquivándolos durante todo ese tiempo, y aunque no querían elementos problemáticos, quizá también aceptarían colaborar con ellos. Según le explicó la mujer, el proceso de...transformación, que por ejemplo había sufrido su Jennifer, tenía efectos no deseados en las pericias y conocimientos del sujeto, así que preferían contar con la colaboración voluntaria de Thomas. Por supuesto, O'Hara no estaba dispuesto a colaborar con gente así, pero para hacerle cambiar de opinión, algo se activó en su cabeza y casi le fríe el cerebro. Le habían implantado algo, y como a él, también al resto de sus compañeros, algo que aseguraría su lealtad a la compañía. Enfrentado a aquellos hechos, Thomas no tuvo más remedio que aceptar, claro, y aceptar sinceramente, al menos de momento, hasta que supiera cómo sacarse lo que le habían metido. Dorothy sonrió y le dijo que cuando viera el poder que podía conseguir con ellos, se alegraría de su incorporación. A petición de Thomas, McNulty sería metido en un tanque de rejuvenecimiento y sanaría de las heridas sufridas durante el interrogatorio en cuestión de pocas horas. Además, Jennifer O'Hara sería liberada de su transformación en cuanto fuera posible, pues no era un proceso fácil. Más tarde, cuando McNulty, Joey y Sally se reunieron con Thomas y Dorothy y fueron confrontados con la misma decisión, no tuvieron más remedio que aceptar también, quizá con algo de alivio por parte del irlandés, que tenía menos escrúpulos que los demás a la hora de cambiar de bando. Además, durante la reunión, contaron con la presencia de varios monitores en las paredes a través de los que se podía ver a McPherson, al hermano de Jack, James Finnegan, y a Fred Mullendore, en poder de la Compañía. Thomas demandó que a los tres les fuera borrada la memoria y dejados aparte de los tejemanejes de UNSUP, y Dorothy le prometió encogiéndose de hombros que estaba de acuerdo, aquellos peones no les interesaban lo más mínimo.

Cuando por fin llegaron a un acuerdo, una orden de Dorothy resultó en la activación de un intercomunicador que debían de haber implantado en el oído de Thomas. A través del aparato, pudo oír una voz conocida: la voz de Merten Jund, que les felicitaba por haber aceptado, les dio la bienvenida al "Nuevo Orden Mundial", y les prometió que no se arrepentirían. A continuación, tomó la palabra el propio Bertrand Campbell, para la sorpresa de Thomas, y su suegro también expresó su satisfacción y le dijo que lo que había visto era impresionante y haría que su familia fuera más poderosa de lo que cualquiera podría imaginar. La inquietud de Thomas por tener algo así implantado se hizo evidente, pero mantuvo el tipo lo mejor que pudo.

Mientras tanto, el segundo grupo, compuesto por John, Jack, Estepháneos y Hans Haller, se dividía. Tras recuperar el móvil de O'Hara en el departamento de objetos perdidos del aeropuerto, los dos últimos se alojaron en el hotel Intercontinental, donde la CIA les había reservado habitaciones, y Finnegan y Gibbons alquilaron un coche. Katzowitch les había proporcionado la posición triangulada de los móviles de sus compañeros, y siguiendo la carretera, llegaron a un control militar. Parecía ser que más allá se encontraba un complejo del ejército y un puerto exclusivamente militar. Tras dejar discretamente el coche, la pareja intentó superar el control militar campo a través. Y finalmente lo hicieron, tras sumergirse en alguna ciénaga y exponerse a las picaduras de insectos desconocidos, llegaron a la carretera de nuevo. Pero apenas habían andado unos pasos cuando, para su sorpresa, John recibió una llamada de Thomas. Según dijo éste, tenía muchas cosas que explicarles y no debían arriesgarse, se encontrarían aquella misma noche en el hotel Intercontinental. Aunque John y Jack tuvieron dudas acerca de la veracidad de la llamada, la enormidad del complejo que tenían delante les decidió a ser prudentes, retirarse, esperar a la noche y reunirse con sus compañeros. Pero tomarían precauciones, porque aquello era extremadamente sospechoso. Así que, tras repetir la peripecia de atravesar la marisma, volvieron al hotel para asearse y descansar un poco.

Al llegar la noche, McNulty, Joey y Thomas acudieron al restaurante del hotel. Poco después bajaron Jack y John, dejando a Hans y al padre Kostas en sus habitaciones. Mientras bajaban en el ascensor, Finnegan tuvo una fuerte corazonada de que algo iba a ir mal, así que decidió mantener su arma a mano, amartillada en todo momento. Al sentarse a la mesa, la tensión podía palparse. No obstante, el ambiente se fue relajando a medida que Thomas daba explicaciones sobre lo que había ocurrido. Al finalizar la cena, todos se dirigieron a los ascensores. Y mientras subían, McNulty y Thomas sacaron sendos dispositivos de pequeño tamaño que querían que Jack y John examinaran. Cuando pulsaron los pequeños botones, unos rapidísimos destellos de luz dejaron inconscientes al ex-político y al ex-policía.

viernes, 30 de agosto de 2013

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 20

La CIA
Rápidamente, decidieron recopilar toda la información que pudieran, y acabaron llevándose los dos ordenadores portátiles, algún papel suelto que encontraron por ahí, y la pistola del agente que habían dejado inconsciente. Salieron del hotel discreta pero velozmente, cruzándose con los dos individuos que habían salido previamente de la habitación en busca de la cena, acompañados de otro hombre.

En la furgoneta, Joey intentó entrar al sistema de la CIA desde uno de los ordenadores portátiles, pero éstos disponían de un sistema de seguridad que activaba un GPS, y todos los accesos disponibles desde ellos habían sido restringidos. El grueso informático decidió desmantelarlos y conservar sólo los discos duros.

A continuación acudieron al lugar donde tenía que tener lugar la transacción con los traficantes de armas, la glorieta en el centro del polígono industrial semiabandonado. Al lugar acudieron sólo McNulty, Gibbons y Finnegan; todos los demás se quedaron aparcados discretamente en la salida contraria del polígono. A pesar de que tomaron todas las precauciones que pudieron, lo que McNulty vio por los binoculares le decidió a alejar a sus compañeros de la escena: un camión se acercaba a la glorieta con luces tenues, un camión que llevaba lo que a los ojos expertos de Jonas y Jack era a todas luces un remolque habitable, que lucía en sus costados la leyenda "Transworld Items". Se ocultaron bien. El camión dio una serie de vueltas a la rotonda, sin pararse. Los nervios del trío iban en aumento, y a punto estuvieron de salir al encuentro del vehículo, pero decidieron que no era lo suficientemente seguro; transcurridos unos minutos, el camión salió de la rotonda y se dirigió a la salida contraria del polígono, donde se encontraban estacionados Thomas, Joey y los demás. No era normal que en aquel polígono hubiera una furgoneta aparcada a esas horas, así que el camión se detuvo cerca de ellos; espantado, Thomas arrancó la furgona, y tras casi quedarse atrancado en una alcantarilla, pudieron alejarse sin más complicaciones.

Cuando más tarde se reunieron todos, decidieron hospedarse en un hotel de mucha menos categoría que el anterior, al sur del puerto. Rebuscando en la información de la CIA, a Joey le llamaron la atención unos archivos y recortes de prensa acerca de las matanzas en Nigeria, Chad y República Centroafricana de las que ya les había hablado el padre Medhat: al parecer, el sensacionalismo había cundido y se hablaba de extraños fenómenos sobrenaturales en la zona, de grietas al infierno, seres voladores extraños y cosas así. Aunque seguramente los agentes de la CIA habían descartado tan descabellada información, el grupo no se atrevió a ignorarla, después de todo lo que habían visto.

Al poco rato por fin pudieron entablar comunicación con Louis Lindon, a través de los canales seguros que les había proporcionado. Les dijo que efectivamente tenía hombres de confianza en la CIA, pero que tenía que ser muy prudente con aquella información, pues las ramificaciones de la Corporación eran infinitas y nunca se sabía quién podía ser un agente doble. La situación había empeorado todavía más, porque el grupo había sido puesto en busca y captura en los archivos de la CIA. Al enterarse Lindon de la situación acordó con el grupo organizar una reunión con los agentes de la CIA para aclarar todo aquel malentendido.

Thomas, por su parte, recibió un nuevo mensaje de correo de su hermana. En él, Jennifer respondía correctamente a la pregunta que Thomas le había hecho en un mensaje anterior acerca de su madre y que sólo ella podría contestar. La muchacha volvía a urgir a su hermano mayor a que acudiera a Lagos lo antes posible, y Thomas empezó a plantearse seriamente el viaje. Si realmente se trataba de su hermana no la podría dejar en la estacada.

A partir de los datos de las rutas GPS grabadas en los ordenadores de la CIA, Joey también pudo descubrir la ruta de los presuntos camiones de UNSUP: al salir de Ciudad del Cabo se desviaban al norte por la R-54 rumbo a Wellington, y el rastreo GPS acababa bruscamente a unos cuantos kilómetros al norte de esa localidad, coincidiendo con el momento en que el grupo había desconectado los portátiles en la habitación de los agentes.

A las pocas horas, Gibbons recibía un mensaje SMS de Lindon con una dirección y un nombre: Ben Katzowich. La dirección era de una plaza apartada de Ciudad del Cabo, y allí se encontraron con Katzowich, judío y agente de la CIA. Rápidamente se metieron en una furgona negra donde les esperaba el hombre negro que ya conocían del hotel, y que se presentó como Philip Battier. Hablaron de su amigo común, y dio al grupo la oportunidad de explicarse. Tras algunos roces e intercambio de información (en la que se incluían pruebas del envío de Uranio a Ciudad del Cabo por parte de UNSTRANS), Battier les dijo que vería qué podía hacer para sacarlos de la lista de la CIA y se despidieron como amigos. No pasó mucho tiempo hasta que recibieron un nuevo mensaje, esta vez convocándolos al día siguiente en un garito de mala muerte de la ciudad. Allí se encontraron con Ben Katzovich y a un desconocido que se presentó como Bill Swanson. La pareja de la CIA les ofreció la inmunidad a cambio de la colaboración del grupo, cuyo estatus pasaría a ser el de "agentes colaboradores". Por supuesto, si algo les sucedía sus familias serían indemnizadas y por otra parte, en su actual situación era mejor contar con el apoyo de unos pocos miembros de la CIA que nada. Tras pensarlo unos momentos, el grupo decidió aceptar: aquello por lo menos les permitiría conseguir armas y no viajar indefensos. De hecho, les entregaron en el acto una bolsa con varias pistolas y un rifle para su protección personal. Cuando preguntaron acerca de los camiones, Swanson les respondió que habían sobrevolado la zona de las últimas posiciones GPS y no habían encontrado nada. Seguramente los camones habrían seguido ruta, y no estaba seguro de que pudieran averiguar su destino. Tras informar a Swanson de que en breve necesitarían viajar hasta Lagos y llevar armas con ellos, éste les dijo que no habría problema, simplemente tenían que contactar con Katzowitch para que se encargara de todo. Le dieron las gracias; era agradable tener algo de ayuda por fin.