Translate

Publicaciones

La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 15

La Asamblea de Eskatha (III)
La reunión con los esthalios continuó de una manera más informal mientras comían y bebían, y Yuria quedó a solas con el duque Estigian quien, quizá animado por la bebida, sugirió que no le parecía bien que la esthalia y sus compañeros hubieran "cambiado de bando" abandonando Rheynald y permaneciendo en Tarkal. Yuria no tuvo más remedio que soltar la lengua; con la ayuda de Symeon y de Faewald, que corroboraron su historia, habló al duque de la misión suicida que el rey Randor les había encargado con intenciones poco claras y grave riesgo para su seguridad. El duque se quedó con la boca abierta al escuchar su odisea y enterarse de que en realidad habían sido ellos los que habían atentado contra el Ra'Akarah provocando el caos en el Imperio Vestalense y muy probablemente la detención de los ataques contra Esthalia. Lord Woderyan confirmaría aún más tarde la historia con el testimonio de Daradoth, y aunque no pidió disculpas a Yuria por su actitud, reconoció que comprendía entonces el motivo de su defección. No obstante, expresó su firme esperanza de que el grupo decidiera en un futuro cercano volver a Rheynald para defender Esthalia de sus enemigos. Daradoth le aseguró que no habían "abandonado" Esthalia, sino que en realidad estaban defendiéndola en el lugar y del modo que les parecía más efectivo; el duque asintió, aunque con aire escéptico.

Jasireth Derthad
Durante la conversación, Daradoth, Galad y Symeon intentaron por todos los medios sonsacar a los esthalios cuál era el objeto de su lealtad, si el rey Randor o la reina Armen. Pero no hubo ningún signo de preferencia por parte de los diplomáticos. Sin embargo, la mención del barco calcinado y de la mercancía que transportaba (a todas luces refiriéndose a la Daga Negra de la que les había hablado hacía unos meses el marqués de Strawen) les inclinaba a pensar que la lealtad de los emisarios era para con la reina. Si era así, estaban en el mismo bando.

Esa noche, Symeon volvió a vigilar el Mundo Onírico, como cada noche posterior y anterior, sin detectar nada fuera de lo normal.

El día siguiente comenzó la segunda ronda de contactos, y por la mañana, el grupo se dirigió a un punto acordado para reunirse con Jasireth Derthad, la anciana que había formado parte del séquito del príncipe Knatos de Armir. Eskatha hervía de actividad, como casi cualquier día del año, y los caballos apenas podían ir al paso entre la multitud. En una de las plazas que atravesaron unos mendigos se cruzaron en su camino. Uno de ellos, con un salto imposible, atacó a Daradoth con una daga, haciéndole un pequeño corte. El elfo, revolviéndose, dio a su vez un salto hacia donde el atacante había empezado a correr y lo persiguió entre el gentío. El resto lo siguió como pudo, pero todo se complicó cuando empezaron a llover flechas, el "mendigo" desapareció y Daradoth sufrió otra herida en la espalda. Finalmente pudieron escabullirse por una calle secundaria y llevarse al elfo, que había caído afectado por los filos untados de veneno. Lo llevaron rápidamente hasta la sede de Tarkal, donde el conocimiento de los venenos de Symeon les permitió encontrar rápidamente el antídoto y no tener que lamentar hechos más graves.

Se reunirían poco después para comentar la agresión; tenían pocas dudas de que debía de haber sido cosa de la delegación de Undahl, quizá de la elfa oscura. Quitando de en medio a Daradoth, restaban una baza muy importante a los planes de Ilaith, y esa era sin duda su intención.

El segundo intento, llevado más en secreto, con menos gente en las calles y utilizando señuelos para despistar a posibles atacantes, tuvo éxito y llegaron sin mayores problemas al bosquecillo donde se encontraron con Jasireth. Habían informado a la anciana de su contratiempo y esta se mostró interesada en el estado de Daradoth. Suerte de la resistencia al veneno de los elfos.

La conversación con la anciana fue bastante difícil, pues quería saber todos los detalles sobre las verdaderas y últimas intenciones de Ilaith, y ellos se mostraron muy dubitativos respecto a compartir tanta información. Pero finalmente todas las cartas se pusieron sobre la mesa y efectivamente reconocieron que la Intención de Ilaith era convertirse en reina; a partir de ese momento, Jasireth adoptó un tono más suave y entró de lleno en la negociación. La anciana les ayudaría convenciendo a Knatos de votar a favor de la Gerencia de Ilaith (se mostró absolutamente convencida de que no le costaría mucho convencerlo), y a cambio la actual princesa de Tarkal la ayudaría a instaurar a Seberan Voreas como el nuevo príncipe de Armir. Para lograrlo, Jasireth utilizaría sus múltiples contactos para facilitar la invasión de Armir por parte de Tarkal. Con leves sonrisas y apretones de manos, el trato fue sellado y se despidieron.

Por la tarde, la delegación de Tarkal con el grupo al completo se reunió de nuevo con el príncipe de Mervan, Nercier Rantor, y su séquito. La esthalia Velonia Wodrenn se mostró igual de hostil hacia las negociaciones con Ilaith, y el príncipe continuó con su actitud pasiva respecto a cualquier acción política, lo que casi saca de sus casillas a Yuria y Daradoth. Todos los intentos por investigar su relación con Esthalia o algún negocio oculto fueron infructuosos: por lo que parecía, Nercier era realmente un príncipe pasivo en demasía, y un comerciante sin ningún negocio sucio o inmoral. Se mostraba partidario de la neutralidad a toda costa. Partidario de Agiond Ónethas, bajo cuya gerencia "todos habían prosperado", cuando fue revelada la intención de Ilaith de convertirse en gerente él no mostró ninguna emoción reseñable; simplemente, no veía la ventaja de una respecto al otro. Galad tomó entonces la palabra, e intentó conmover al príncipe de Mervan con un emocionante discurso sobre un mundo mejor y más justo, y la posibilidad de ayudar a los más desfavorecidos, cosa que tanto Ilaith como los emmanitas perseguían. Al inicio del discurso, Velonia exhibió una actitud reticente y combativa, pero dada la naturaleza de la diatriba de Galad, su condición de emmanita y —supusieron— la influencia de Meravor consiguieron que finalmente escuchara con atención y permaneciera en silencio el resto de la reunión. El discurso pareció dejar pensativo a Nercier, que por fin varió un poco su actitud, prometiendo que pensaría profundamente sobre el asunto.

Otro día transcurrió sin que Suarren pudiera encontrar a ninguno de los comerciantes que estaba buscando por la ciudad, para desesperación del grupo. Y cuando volvieron a la sede de Tarkal se encontraron con que habían recibido una invitación de Rakos Ternal, príncipe de Undahl, convocándolos a una reunión en su sede. Daradoth, por supuesto, mostró toda la vehemencia posible en su oposición a reunirse con aliados de la Sombra. Por su parte, Symeon se reunió con Noelan de los Ruevos para pedirle que influyera en la medida de lo posible en Velonia a favor de Ilaith, a lo que el errante se comprometió; el discurso de Galad también había calado hondo en él.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 14

La Asamblea de Eskatha (II)
Symeon y Taheem salieron con Suarren a recorrer la ciudad en busca de alguno de los comerciantes  perturbados visitantes de Asyra Sottran de los que el mirfellense había hablado a Galad en sus largas conversaciones. Tanto el errante como el vestalense tenían la enorme traba del desconocimiento del idioma, pero aún así acompañaron al comerciante por si este se metía en algún lío. Por desgracia, esa jornada Suarren no pudo hallar ninguna pista que le indicara el paradero de los susodichos.

La Confederación de Príncipes Comerciantes



Mientras tanto, Daradoth y Galad acudieron a la sede de Nimthos con la intención de hablar con los ástaros Dûnethar y Cirantor. Se hicieron acompañar de Ernass Kyrbel, el negociador de lady Ilaith, para que les ayudara con los idiomas. Una vez en la sede fueron recibidos con cortesía por el servicio y saludados afablemente por los ástaros, que se mostraron halagados por recibir la visita de un elfo de Doranna (no tanto la de un ástaro "extranjero", pero tuvieron cuidado de no ser desagradables). Aparte de las formalidades tuvieron muchas palabras agradables para Daradoth, lo que relajó la actitud de este, suspicaz en un principio. Tras los saludos y las preguntas curiosas de los ástaros acerca de la presencia de Daradoth y la situación en Doranna, el elfo pasó a discutir el tema por el que había llevado a cabo aquella visita: el motivo de la presencia de dos ástaros del Pacto de los Seis en Eskatha formando parte de la delegación de Nimthos. Los páctiros afirmaron que se encontraban allí para tratar de hacer que la Confederación dejara de comerciar con el Cónclave del Dragón y cualquiera de sus aliados; Dûnethar y Cirantor llevaban aproximadamente cinco meses en Eskatha aprendiendo el idioma y las costumbres, y hacía un mes del último mensaje que habían recibido desde el Distrito de Galmia, pero la situación en la frontera del norte era extremadamente tensa, y —esto lo comentó exclusivamente a Daradoth y Galad— tenían sospechas e informes que hablaban de un portal que se había abierto al norte del cabo Kern en el Cónclave del Dragón, cerca del ártico. Daradoth rebulló, incomodado por la revelación. Los ástaros también contaron que las escaramuzas fronterizas se habían incrementado de forma drámatica el último año, y que en las brumas del otoño había testigos que afirmaban haber visto criaturas largo tiempo desaparecidas de la faz de Aredia.

Continuaron loando a lord Gisaus Athalen por su amabilidad con ellos permitiéndoles formar parte de su delegación para que pudieran exponer su petición de que la Confederación detuviera los contactos con el Cónclave. Daradoth y Galad se miraron, pensando en qué podía ganar lord Gisaus de todo aquello; el príncipe de Nimthos no tenía demasiado trato con el Cónclave, y seguramente impedir a otros principados aquellos contactos contribuiría a perpetuar a su principado como el más rico de la Confederación. Esa era la ventaja más evidente. Con la promesa de mantener el contacto, Galad y Daradoth se despidieron de los ástaros y volvieron a la sede de Tarkal. Aunque Galad se entretuvo un rato más en el edificio, pues consiguió tener unos minutos a solas con Eudorya. Esta le habló entre sollozos de la imposibilidad de seguir adelante con su amor, debido a su compromiso con Deoran Ethnos, el príncipe de Ladris. Galad sintió un peso en el corazón al oír aquello, y no pudo reprimir dar un beso apasionado a la muchacha; le prometió que lo arreglaría de alguna manera y que volvería a verla en breve. Se marchó cuando algunos guardias eunucos ya corrían preocupados hacia Eudorya.

Yuria intentó visitar a la delegación Esthalia recién llegada a la ciudad, pero no se encontraban en su residencia. Así que les dejó un aviso para que visitaran la sede de Tarkal lo antes que pudieran.

Por la tarde, Delsin había concertado visita con la delegación de Adhëld, pero no tuvieron más remedio que postergarla cuando Ilaith recibió una petición urgente por parte de la delegación de Ladris para reunirse con ellos. En poco tiempo, Deoran Ethnos encabezaba su comitiva y llegaba a la sede de Tarkal. De la quincena de consejeros que le acompañaban, al menos diez llevaban el apellido Ethnos, tal era la supremacía de su familia en el principado de Ladris. Cuando se presentaron, Galad dirigió una mirada valorativa hacia el príncipe Deoran, prometido a la mujer que amaba; apretó los dientes y se tragó la bilis que acudía a su garganta, entonando una oración silenciosa a Emmán.

Tras pasar muy rápidamente la charla informal y la etiqueta propia de aquellas reuniones, Deoran pronto adoptó un gesto serio y pasó a exponer a Ilaith sus preocupaciones. Al parecer, el príncipe Rakos de Undahl se había reunido con ellos el día anterior ofreciéndoles cuantiosas riquezas y posibilidades de jugosos contratos comerciales a cambio de que le cedieran su parte de explotación de los yacimientos de kregora de las islas occidentales. Y no era al único a quien le había propuesto tal cosa: Undahl quería hacerse claramente con el monopolio de la explotación de la kregora. Lo que no había gustado nada a Deoran era el tono veladamente amenazador que Rakos había utilizado durante la negociación, con aquella siniestra elfa oscura y el amenazador minotauro respaldándole. Así que había decidido acudir a Ilaith, pues —Deoran bajó la voz— conocía los planes que la princesa de Tarkal tenía para llevar a cabo en aquella Asamblea y quería prestarle su apoyo a cambio de que una vez fuera investida Gerente, parara los pies a las ambiciones de Undahl y permitiera a Ladris hacerse con una cuota mayor de explotación de kregora.

Ilaith mantuvo el gesto impasible ante la revelación de que Deoran conociera sus planes (¿habría un espía en sus filas?), pero su voz se endureció. Sin embargo, era posible que aquella filtración hubiera jugado en su favor, pues allí estaba Ladris ofreciendo su apoyo a la investidura. Además, era evidente que Deoran conocía no solo sus planes para llegar a ser Gerente, sino también su ambición de convertirse en Reina, pues un Gerente no sería capaz de llevar a cabo lo que le estaba pidiendo. Muchos factores haría falta valorar en la oferta de Ladris, y con la promesa de volverse a reunir con una respuesta, se despidieron.

Cuando el grupo quedó ya a solas, discutieron largo y tendido sobre la oferta de Deoran y la posibilidad de que más gente supiera de los verdaderos planes de Ilaith; habría que entrar en acción lo antes posible. Se mostraron también de acuerdo (Daradoth insistió de forma extremadamente vehemente) en que una vez que Ilaith ascendiera, habría que obligar más pronto que tarde a los príncipes a cortar sus relaciones con el Cónclave del Dragón y cualquier otro servidor de la Sombra. Eso les iba a acarrear de seguro problemas con algunos de sus aliados; tendrían que pensar en el modo de resolver esa pérdida de ingresos y convencerlos a todos de la necesidad de ello.

Al anochecer, los ástaros Dûnethar y Cirantor acudieron a la sede como les habían pedido Galad y Daradoth para hablar con Ilaith y el resto de sus compañeros. Aparte de la mención al portal de cabo Kern, la pareja reveló todos los detalles que ya habían hablado con el elfo y el paladín. Daradoth hizo un gesto de asentimiento cuando mencionaron su intención de pedir el corte de relaciones de la Confederación con el Cónclave y, posiblemente, conseguir su apoyo militar y/o logístico. Grandes riquezas estaban de seguro esperando en el Cónclave, riquezas que podrían compartir con los Príncipes, si estos colaboraban en la derrota del enemigo. Una larga conversación siguió para discutir el curso de acción de los acontecimientos: Ladris y algún aliado más no se mostrarían cómodos deteniendo los tratos con el Cónclave, y no podían arriesgarse a perder apoyos. Acordaron que el anuncio de Ilaith debería ser anterior a la petición de los ástaros, y que estos deberían ser discretos acerca de sus intenciones en la Asamblea.

Tras la reunión, Symeon se dirigió a reunirse con el errante Noelan, en la sede de Mervan. Preocupado por el bienestar de los miles de errantes que Noelan calculó que el príncipe Nercier había acogido, Symeon habló de Tarkal, de Ilaith y de la posibilidad que tenía de proteger mejor a su pueblo. Además, tenía "el pálpito" de que algo iba a pasar y Mervan no iba a ser el mejor lugar para que los errantes estuvieran a salvo. Noelan se removió incómodo, porque se encontraba muy agradecido al príncipe Nercier y en cualquier caso la decisión del traslado a Tarkal no la podía tomar él, sino el Consejo de Patriarcas de las caravanas. Por supuesto, en todos los demás aspectos Noelan apoyaría a Symeon, pues "eran hermanos y como hermanos se comportarían". Symeon se prometió a sí mismo acudir al Consejo de Patriarcas para intentar convencerlos de su traslado a Tarkal.

Por la mañana llegó a su sede la delegación de Adhëld, con el príncipe Wontur Serthad a la cabeza. Fue con mucho la delegación más hostil a Ilaith; la inmensa mayoría de los acompañantes de Wontur eran tipos de mala catadura (entre ellos un vikingo), con tatuajes y cicatrices que intimidarían al más pintado. Toda la reunión transcurrió con una tensión subyacente que estuvo a punto de hacer saltar a más de uno; quizá era aquello lo que querían, ser atacados durante el encuentro para desprestigiar a Ilaith; por suerte no lo consiguieron. ¿Quizá Wontur también estaba informado de los planes de Ilaith? La delegación de Adhëld se marchó de malas formas, con varios pactos de comercio acabados y rutas comerciales cortadas, para frustración de Delsin y Ernass.

Suarren tampoco tuvo éxito ese día tratando de encontrar a los otros comerciantes, y la tarde transcurrió tranquila, sin ninguna reunion, pues no había ninguna delegación disponible.

La siguiente mañana recibieron la visita de la delegación de Armir, con Knatos Tilad al frente. Lo primero que les llamó la atención fue el colgante que llevaba en el pecho, con una cantidad considerable de kregora, mucho mayor que la que lucía Ilaith en su frente. A pesar de que Knatos expresó su malestar por la "peculiar actitud" de Ilaith al llevar en su séquito a dos altos cargos militares,  la reunión transcurrió por cauces agradables (un alivio tras la visita de Adhëld), y al cabo de un par de horas pasaron al patio para hablar más distendidamente mientras comían. En un momento dado, Yuria se quedó a solas con una anciana que formaba parte de la delegación de Armir, Jasireth Derthad, que había demostrado destellos de gran inteligencia durante las negocaiciones.

 —No creáis que no veo la necesidad de lo que Ilaith tiene intención de hacer —dijo de repente la anciana, con voz queda. Y acto seguido se marchó sin dar tiempo a decir nada a una más que sorprendida Yuria. ¿Sería aquella una posible aliada?

Yuria compartiría más tarde sus impresiones con el grupo, y acordaron que deberían intentar recabar el apoyo de Jasireth discretamente.

A media tarde recibieron la visita de los representantes de Trapan. En el séquito de Hampyor Kenkad no había ni un solo miembro femenino, y como no tardarían en comprobar, ello iba acorde con sus ideas sobre las mujeres. Entre sus acompañantes figuraban dos kairks, Gundar Rausen y Kleas Segehën, ambos comandantes de sendas compañías mercenarias. Fue un encuentro bastante anodino, del que fue imposible sacar conclusiones definitivas; Hampyor se oponía en principio a cualquier cambio en la estructura de los principados, pero por su actitud, los compañeros de Ilaith sugirieron que deberían mantener encuentros posteriores para intentar encontrar alguna vía para convencerle.

Por fin, esa noche recibieron la visita de la delegación de Esthalia. Alexann Stadyr reconoció de inmediato a Faewald, que había visitado recientemente sus tierras,  y a Daradoth. Y enseguida también a Yuria y a Symeon, a quienes recordaba de la reunión con su padre y Valeryan. Este hecho, unido a que no hubiera ningún kairk en la sala y que Alexann asegurara que aquellos reunidos allí eran de la total confianza de su padre Alexadar, hizo que el duque Woderyan Estigian se relajara y dejara de utilizar las medias palabras con las que había comenzado la conversación. De esta manera, pronto revelaron el propósito de su viaje a Eskatha y su presencia en la Asamblea. Según las palabras del duque —una de las personas más poderosas de su país—, Esthalia (no concretó en ningún momento si el rey o la reina a pesar de que Daradoth lo preguntó directamente de manera muy poco discreta) sospechaba que "el enemigo", refiriéndose al Cónclave del Dragón y el propio Káikar, estaban utilizando los complejos subterráneos del kaikarésta con oscuras intenciones. El kaikarésta era como llamaban los nativos del Imperio del Káikar a los diferentes complejos de cavernas subterráneas que se adentraban profundamente en el subsuelo del brazo oeste del continente. El duque habló también de cierto barco encontrado calcinado y varado en las costas del Káikar con cierta "mercancía peligrosa" y con una tripulación, también consumida por el fuego, que distaba mucho de ser humana (el barco del que les había hablado ya hacía meses el marqués de Stadyr, el padre de Alexann).  La cuestión era que querían lograr la colaboración de la flota de la Confederación para explorar los accesos al kaikarésta, y plantear que la Asamblea prohibiera la colaboración de sus tropas y naves en lo que fuera que estuviera pasando en el complejo de galerías subterráneas.

Después de unos segundos de valorativo silencio, Ilaith les ofreció toda la colaboración que fuera necesaria, lo que hizo asomar alguna que otra sonrisa en la comitiva esthalia y dio paso a una conversación más distendida; aunque con un gesto aún serio, los esthalios revelaron que no habían recibido un trato tan amable por parte de las delegaciones de Armir, Trapan y Ladris.

Más tarde, en conversación privada, Alexann explicó a Daradoth que la verdadera razón de su estancia allí (aunque el duque de Estigia no había mentido en ningún momento sobre la situación del kaikarésta) era evaluar cuán fiable era la Confederación y cuán profundos eran sus lazos con "el enemigo" para estimar si se debía realizar alguna acción diplomática o incluso militar contra ella. Lady Armen no confiaba en los Príncipes, y la presencia en Eskatha de una elfa oscura y un minotauro de seguro agravaría la situación.