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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF

"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

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jueves, 17 de octubre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Temporada 1 - Capítulo 2

Loosdorf. Scheibbs
Sin tardanza, la compañía regresó a Loosdorf para informar al abad de lo que habían visto en la pequeña villa. Anyoel les habló de los carros de combate pre-inundación, de cómo había leído sobre su poder destructor y su práctica invulnerabilidad. El resto de sus compañeros cruzaron miradas de incredulidad, pero también de preocupación.


Una vez en el claustro, informaron al abad Bernhardt. Ante las palabras de Asdragiel y la explicación de Anyoel, el anciano rebulló en su silla. Según les explicó, hacía mucho tiempo que no se veía en los alrededores de Viena un artilugio semejante. Como ya les había explicado anteriormente Anyoel, esos aparatos infernales necesitaban de algún tipo de líquido especial para funcionar, y según tenía entendido el abad, hacía tiempo que se había agotado. Los "tubos de fuego" que los adeptos del diadoco llevaban eran una cosa, pero aquello era capaz de una destrucción que sólo podía ser obra del Señor de las Moscas.

Preocupados por la seguridad del monasterio, los engel se reunieron con el capitán de los templarios allí destinados, Karl de Freiburg. Le encargaron construir una zanja en el camino con un puente provisional para el paso de carretas, por si acaso al diadoco se le ocurría atacarles con aquel vehículo. En cuestión de minutos, los templarios organizaron a la gente y comenzaron a cavar.

Por la noche, Haziel, fiel a sus convicciones, se dedicó a recorrer Loosdorf en busca de gente enferma o herida que necesitara su ayuda. Tras varias curaciones menores, se encontró con una mujer con el pie gangrenado y cara de extrema tristeza. Curar su pie agotó todas las reservas del engel, que agotado e intrigado por la triste expresión de su rostro, se interesó por la situación de la mujer. Ella le mintió al principio, diciéndole que todo iba bien, que no había ningún problema, pero era evidente que ocultaba algo; ante la insistencia del engel, la mujer se derrumbó y, entre sollozos, le contó que los Jinetes Sombríos se habían llevado a su único hijo hacía seis meses, y que el diezmo de sus cosechas que al principio pagaban al monasterio, se había convertido en un cuarto en tan sólo unos pocos años. Era cierto que el abad y los monjes cuidaban bien de la población, pero la presión de los impuestos era excesiva para una viuda como ella. A Haziel no le gustó demasiado lo que oyó, pero optó por la prudencia de momento.

Por su parte, Anyoel pasó gran parte de la jornada nocturna investigando en la biblioteca del monasterio (que era una pequeña joya) sobre los monasterios cercanos, principalmente sobre Schiebbs y Frankenfels. El primero era un antiguo monasterio ramielita que se había convertido en una casa de iniciadas gabrielita, y el segundo seguía siendo un monasterio ramielita gracias a la heroica actuación del capitán templario Reinhardt el audaz en la guerra que se libró contra el diadoco de Viena. Según todas las crónicas, Reinhardt había sido capaz de exterminar a cientos de enemigos él sólo, y no hacía muchos años de eso; Reinhardt seguía vivo, aunque habría sido ascendido y ahora debía de encontrarse sirviendo en Roma o en su Himmel. Merecería la pena seguir investigando.

Casthiel y Kyriel aprovecharon la noche para explorar más a fondo el pueblecito donde habían visto el carro de combate. La salida, que en principio iba a ser tranquila y sin intervención, se complicó cuando oyeron explosiones a lo lejos. Amparándose en la cobertura que ofrecían los árboles, se acercaron todo lo que pudieron, mientras un familiar zumbido se iba haciendo más claro y los sonidos de una batalla aumentaban de intensidad. Para la sorpresa de los engel, el pueblo estaba sufriendo un ataque de engendros, que al parecer salían de túneles excavados en el suelo. Engendros insectoides de innumerables clases se enfrentaban a los tubos de fuego y espadas del ejército del diadoco. Entre las criaturas destacaba una especialmente grande, una especie de escarabajo enorme que ya presentaba algunas heridas. Lo que vieron les dejó helados; el vehículo blindado que ya habían visto se estaba moviendo, y en un momento determinado, en el extremo de su tubo se generó una ensordecedora explosión y un destello cegador. La cabeza del engendro más grande voló en pedazos. Los engel no se lo podían creer, estaban aterrados. Por otro lado, ¿qué hacían las criaturas del Señor de las Moscas luchando contra un presunto aliado? Volvieron al monasterio, sin intención de intervenir en aquel extraño combate, y pusieron en común la experiencia con el resto de la compañía; algunas dudas asaltaron a sus miembros cuando se enteraron de las extrañas circunstancias del combate.

El día siguiente, la compañía decidió viajar a Scheibbs con la intención de investigar y conocer mejor el entorno de Loosdorf. Tras un vuelo de un par de horas, fueron recibidos para su sorpresa por dos compañías de engel gabrielitas, además de por las iniciadas. Conocieron a la Madre Saria y a las hermanas Margaretta y Luttgard. Las compañías de engel estaban compuestas como era habitual por ángeles de las distintas órdenes, aunque en la segunda había dos gabrielitas y ningún ramielita.

Lo más sorprendente es que en la casa se encontraban alojados tres Prelados (Inquisidores para los laicos), que precisamente se dirigían hacia Loosdorf. Los prelados Rolf, Dietr y Ulrich se mostraron muy interesados cuando la compañía anunció que procedía de Loosdorf, e hicieron preguntas sobre el monasterio, el abad y los demás. Además, pidieron ser escoltados hasta Loosdorf, a lo que la compañía accedió.

Anyoel hizo un aparte con el engel Ramielita marcado con Sigil, Norabel. Éste se sintió incómodo cuando Anyoel mencionó el carro de combate, pero más por su desconocimiento que por otra cosa. Pero ocultó su ignorancia alegando que había que tener cuidado con los enviados de Thagiel. Anyoel no conocía el nombre, y ante sus preguntas sobre la identidad del tal Thagiel, el otro ramielita pareció reprenderse a sí mismo y se alejó.

Asdragiel, por su parte, se acercó al miguelita Ramael, un Engel mayor, de unos 25 años, con el cuerpo cubierto de Scriptura. El engel se encontraba absorto mirando a una de las más bellas iniciadas, la hermana Merith, y pareció avergonzado cuando Asdragiel lo interrumpió preguntándole por el tal Thagiel, del que Anyoel le había hablado después de hablar con el otro ramielita. Sorprendido y aturullado, pero rápidamente conquistado por el carisma de Asdragiel, Ramael le reveló que Thagiel era un antiguo Engel raguelita que según todos los indicios trabajaba con el Viktor Constance, el diadoco de Viena. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se arrepintió al punto, e instó a Asdragiel para que no revelara tal información a nadie.

Casthiel se encontraba cada vez más paranoico. ¿Qué hacían los inquisidores allí y qué querían en Loosdorf? Decidió hacer una escapada rápida a Loosdorf para informar al abad Bernhardt. Éste se mostró consternado cuando le habló de los tres prelados, pero pareció sincero cuando dijo ignorar el motivo de su viaje, y que colaborían con ellos en lo que necesitaran.

Más tarde esa noche, Asdragiel, que había quedado también un poco prendado de Merith al igual que Ramael, salió para observar a la muchacha hacer sus labores de novicia y lavar ropa de cama. Se acercaba peligrosamente a la muchacha, cuando ésta se dio cuenta de que estaba allí. Se sonrojó al estar en presencia de un enviado del Señor, y no pareció desagradarle su cercanía física. Asdragiel se acercaba cada vez más a la muchacha, sus cuerpos ya se tocaban, sintiendo el calor. Le acarició una mejilla, mientras Merith parecía hipnotizada por sus ojos azules. Asdragiel tragó saliva... y Merith reaccionó, con un brusco movimiento, diciendo que aquello no estaba bien y alejándose. Asdragiel murmuró una disculpa y se retiró, avergonzado.

Lejos, a Haziel le pareció ver a Asdragiel consolando a una de las novicias mientras se dirigía a realizar sus altruistas actividades sanadoras por todo el pueblo.

Temprano por la mañana, la compañía y los prelados, junto a los templarios que acompañaban a éstos, salieron hacia Loosdorf. Mientras el resto montaba a caballo, Casthiel sobrevolaría el grupo, oteando posibles peligros. A mitad de camino, una compañía de Jinetes Sombríos cruzó galopando hacia el este, muy por delante de donde se encontraban ellos. Aproximadamente un par de horas después, algo llamó la atención del urielita: una columna de humo se alzaba más o menos de donde debía de encontrarse Loosdorf. A los pocos segundos alertó al resto del grupo. Anyoel, con una agilidad inusitada en él, alzó el vuelo: si el monasterio estaba incendiado, había que salvar a toda costa su biblioteca.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Temporada 1 - Capítulo 1

La Formación de la Compañía
Tras los años de entrenamiento en sus respectivos Himmel, los jóvenes Engel fueron conducidos hasta Roma Aeterna a través del cielo europeo. Sus nonni les guiaban, así como al resto de sus compañeros, que debían someterse a la Ceremonia de Consagración la jornada siguiente.


Anyoel volaba desde el Himmel Ramielita en Praga junto con otros once Engel. Poco tiempo después de salir, se unieron a la compañía Gabrielita, compuesta de otros doce Engel entre los cuales se contaba Kyriel. Desde el Himmel de los Urielitas en Mont Salvage volaba el grupo de Engel de Casthiel, mientras que desde la sede Rafaelita de Gratianopel viajaban Haziel y sus compañeros. Por último, en un cortísimo viaje desde el Himmel en la misma ciudad, llegaban los miguelitas a Basílica de Pedro, entre los que se contaba Asdragiel.

Caía el atardecer cuando los cinco grupos de Engel correspondientes a las cinco órdenes mayores (Miguelitas, Gabrielitas, Ramielitas, Rafaelitas y Urielitas) se reunieron en la basílica. Sin tardanza, fueron conducidos por templarios vestidos de blanco para la ocasión hasta las grandes salas que albergarían los círculos ceremoniales. Los templarios indicaron a los Engel su disposición, formando círculos muy abiertos de tal manera que sólo se tocaran las puntas de sus alas. La mayoría de los círculos formados eran de cinco ángeles, aunque también se podía ver alguno de cuatro o de seis. Eran las futuras compañías, que tendrían que encargarse de llevar y defender la palabra de Dios y la Iglesia por toda la faz de la Tierra. Las luces se apagaron, los templarios salieron, y los Engel quedaron en un silencio sepulcral, iluminados sólo por la mortecina luz de la luna del solsticio de primavera.

Así pasaron la noche, en silencio, con la cabeza inclinada y de rodillas, mientras las puntas de sus alas se rozaban y oleadas de sensaciones de reconocimiento pasaban de unos a otros. La compañía de Asdragiel era variopinta; a su lado se encontraba un ángel de piel negra, con un aspecto demasiado recio para su orden Rafaelita: Haziel. No era algo imposible encontrar ángeles de piel negra, pero sí algo extremadamente inusual y de lo que se habían dado contados casos. Al otro lado de Asdragiel se encontraba Anyoel, el Ramielita, un ángel desgarbado de curiosidad extrema cuyos conocimientos Asdragiel estaba seguro de que serían de mucha utilidad al grupo. Más allá de Anyoel se arrodillaba la Gabrielita, Kyriel, excesivamente segura y orgullosa de sí misma, con los ojos destellantes de ansiedad por entrar en combate. Y entre Kyriel y Haziel, por último, un menudo y excesivamente inquito Urielita, Casthiel, que transmitía la sensación de un alma noble y buena.

Entre tales destellos de reconocimiento mutuo transcurrió la noche. Poco después del amanecer, varios templarios entraban en la sala y situándose al frente de cada círculo, escoltaron a las compañías al exterior. En la plaza, una multitud se había congregado, una multitud que recibió a los Engel con vítores y que poco después era organizada por los monacales presentes para entonar cánticos al señor. Los jóvenes ángeles se situaron por compañías ante la balaustrada de la Basílica, donde debía hacer acto de aparición Su Santidad el Pontífice Máximo Petrus Secundus. Cuando la multitud acabó sus cánticos, fue el turno de los coros Sarielitas congregados a ambos lados de las compañías. El contraste fue espectacular; las voces de los Sarielitas eran tan límpidas y melodiosas que hicieron llorar a muchos de los presentes. Hasta que en un crescendo final hizo su austera aparición el Pontífice Máximo. Vestido con una simple túnica, nadie diría que era la persona más poderosa de Europa; su aspecto de niño de 12 años era cuanto menos engañoso. Subió a su trono, que en contraste era extremadamente rico y parecía hecho de oro que brillaba con un extraño resplandor divino. Poco a poco, Petrus Secundus fue nombrando a todos y cada uno de los ángeles presentes, dándoles sus bendiciones y deseando que sirvieran fielmente y durante mucho tiempo a la Santa Iglesia Angelítica. Cuando un Engel era nombrado, un monacal se acercaba a él y le enrollaba en un antebrazo la tira de tela votiva preceptiva. Finalmente, cuando el pontífice había bendecido a todos y cada uno de los ángeles, los Sarielitas comenzaron otra vez a entonar sus cánticos y aquellos remontaron el vuelo, entre los vítores y ovaciones de la multitud reunida en la plaza. Los ángeles ascendieron y ascendieron, mirando a sus nuevos compañeros y sonriendo. Ahora eran emisarios del Señor de pleno derecho, y parte del grupo de fieles más poderoso de la Iglesia.



...



De vuelta ya a la Basílica, los personajes fueron requeridos a presencia del Cardenal Leandros Di Carrera, que les iba a encomendar su destino y misión. Di Carrera comentó lo hermosa que había sido la ceremonia y expresó su esperanza en que la compañía de Asdragiel alcanzaría las más altas cotas de gloria reservadas a los Engel antes de su ascensión y reunión con el Señor. La Compañía debería viajar al monasterio de Loosdorf, cerca de la frontera con las tierras del Diadoco de Viena, Viktor Konstance. Allí deberían ponerse al servicio del Abad Bernhard y proteger el monasterio de cualesquiera amenazas que estuviera sufriendo o que surgieran en el futuro.

Sin dilación, la compañía se puso en camino. Por desgracia, la excesiva corpulencia de Haziel y los problemas del vuelo de Anyoel los retrasaban y no podían ir todo lo rápido que querían. Pasados los Alpes, cuando sobrevolaban ya las grandes extensiones de bosque pluvial del norte, Kyriel expresó a Casthiel las dudas sobre su valía, y le retó a vencerla en vuelo. Casthiel se mostró reticente, retenido por Asdragiel, pero ante la insistencia de su compañera aceptó, y ambos se lanzaron hacia delante como centellas, desobedeciendo a su líder. De repente, cuando ya se encontraban fuera de la vista del resto del grupo, el poco sol que traspasaba el manto de nubes se oscureció sobre los contendientes. Cuando alzaron la vista, se quedaron petrificados al ver un enorme ser parecido a un escarabajo que descendía directamente hacia ellos en medio de un zumbido casi doloroso; Kyriel lanzó un grito de júbilo al darse cuenta de que por fin se iba a enfrentar a uno de los engendros del Señor de las Moscas. Sacó su espada, que empezó a llamear al instante, y entonando oraciones para activar sus poderes, ascendió directamente hacia el monstruo. Casthiel también reaccionó y comenzó a volar en círculos para utilizar su arco.

Desde la distancia, Asdragiel atinó a vislumbrar la mole del engendro como un gran punto negro, y se lanzó hacia adelante, ordenando a Haziel y Anyoel que permanecieran allí a salvo.

El monstruo arrastró a Kyriel en su picado; afortunadamente, entre la espada flamígera de la gabrielita y las varias flechas que Casthiel acertó a clavar en los ojos y cabeza del engendro, éste pareció desfallecer y desplomarse hacia el suelo. No obstante, un zumbido comenzó a alzarse desde los árboles, cada vez más intenso, y una multitud de seres parecidos al primero pero mucho más pequeños empezó a alzar el vuelo. Con un grito, y para espanto de Casthiel, Kyriel se lanzó hacia ellos. La gabrielita estuvo a punto de morir, pero por pura suerte pudo escapar cuando comprendió que iba a ser superada y pudo reunirse con Asdragiel y Casthiel. Rápidamente volvieron a reunirse con los demás, escapando del enjambre. Consiguieron refugiarse en un pequeño claro alejado hacia el este de la zona; cuando ya se encontraron más tranquilos, Haziel les contó que mientras esperaban su vuelta, había encontrado un rastro de lo que parecían ser extraños excrementos que seguramente habrían dejado los engendros a su paso. Por la cantidad que había, los monstruosos insectos debían de estar siguiendo la misma ruta a millares. De hecho, Haziel había visto a algunos de ellos surgir del pequeño río cercano a donde se había encontrado. Quizá deberían poner sobre aviso al abad cuando llegaran al monasterio.

El claro donde habían encontrado refugio parecía seguro, así que se dispusieron a pasar la noche mientras Casthiel reconocía los alrededores. Y descubrió algo bastante interesante: en el claro había un pequeño montículo que parecía tapar las ruinas de un antiguo monasterio o templo, las cuales sobresalían por uno de los lados. En las grandes piedras que seguramente habían pertenecido a paredes ya derruidas había inscripciones. Así que avisó al resto del grupo, especialmente a Anyoel, el único capaz de leerlas. Por lo que pudo deducir el ramielita, aquellas ruinas pertenecían efectivamente a un antiguo monasterio, el monasterio de Werger; las inscripciones se encontraban escritas en latín, y parecían pasajes de las Sagradas Escrituras, pero algunos de ellos eran desconocidos para Anyoel. Decidió utilizar sus capacidades especiales para memorizar exactamente los textos (y su localización) y así más adelante poder investigarlos. Anyoel también decidió contactar con su nonnus Alois, para avisarle de lo que habían encontrado relativo a los engendros. Alois se encontraba en roma y haría lo que pudiera para informar a los altos cargos.

Un par de días después llegaron a Loosdorf, donde todos los habitantes del monasterio les recibieron. El abad Bernhard se presentó, junto al prior, Goran del Mar. Éste parecía más bien un marinero que un monacal (mucho menos ramielita), y efectivamente así era, había sido marino hasta que el Señor le había iluminado. Ahora estaba aquejado de una fuerte cojera, pero su rostro seguía siendo curtido y durísimo. Tras las bienvenidas y los buenos deseos, la Compañía se reunió en privado con el abad y los dirigentes del monasterio, el prior Goran, el hermano portero Markus, el hermano bibliotecario Alfrett y el Armatura de los templarios destinados al campamento, Karl de Freiburg. Cuando la Compañía contó al abad lo que habían visto por el camino, éste les contó también que había habido recientemente casos de ataques de engendros muy cerca, en la antigua selva negra pocos kilómetros al noroeste de donde se encontraban. Esa era una de las cosas que los Engel tendrían que investigar, una de las razones de su estancia allí. La otra era la influencia cada vez mayor en los alrededores del diadoco de Viena, Viktor Constance. Sus ejércitos se acercaban peligrosamente, y de hecho recientemente los ramielitas habían tenido que abandonar dos monasterios y algunos pueblos habían jurado lealtad a Constance. Ahora, con los Engel allí, el abad esperaba que el diadoco se pensara dos veces avanzar hacia Loosdorf o sus pueblos cercanos. Una vez acabada la reunión, todos se retiraron a descansar, algo que agradecieron especialmente los personajes después del largo viaje.

Muy temprano por la mañana, el prior Goran se reunió con toda la Compañía excepto con Kyriel, la Gabrielita, aprovechando que se encontraba practicando en el patio con su espada. El antiguo marinero se mostraba preocupado y les confesó que se reunía con ellos a espaldas del abad debido a que creía que les faltaba información. Les dijo que las razones que había dado el abad no eran las únicas por las que habían pedido que destinaran a su Compañía allí. Como sabían, el monasterio de Loosdorf era Ramielita, y se encontraba en el límite entre las tierras de Viena, las Ramielitas y las Gabrielitas. Pues bien, estos últimos se habían mostrado agresivamente expansivos en los tiempos recientes. Algunos monasterios ramielitas habían cambiado y ahora eran gabrielitas. El abad no quería que esto ocurriera con ellos, así que había solicitado una Compañía a Roma antes de que los Gabrielitas hubieran tenido tiempo de destinar una por sí mismos; afortunadamente, habían llegado antes. La Compañía no prestó mucha atención a Goran... ¿acaso los ángeles no estaban por encima de esas triviales rencillas mundanas? Sin embargo, Anyoel y Haziel permanecieron pensativos.


Mientras tanto, Kyriel había atraído la atención de los templarios del monasterio con sus prácticas, especialmente de uno de ellos, un arrogante y extremadamente atractivo joven, alto y fuerte, que se hacía llamar Rickhar. Tuvo la desfachatez de retarla a un combate, ¡a ella, una gabrielita! El primer impulso de Kyriel fue despreciarlo, pero la sonrisa del joven tenía un efecto extraño en ella, un efecto que no le gustaba del todo. Murmurando una velada amenaza, lo ignoró. Pero la sonrisa quedó impresa en su mente.

Más tarde, la Compañía se reunió al completo. Procedieron a levantar vuelo para explorar el entorno, mientras los cuatro que se habían reunido con el prior le contaban a Kyriel lo que les había dicho. La gabrielita desechó tales habladurías, alegando que estaban allí para acabar con los Engendros y punto. De repente, algo llamó su atención allá abajo. Un pequeño pueblecito, y en su plaza central, un extraño artilugio. Una especie de vagón, pero hecho completamente de metal y con un tubo en la parte superior. Además, las ruedas eran extrañas, recubiertas por una especie de planchas. Según las palabras de Anyoel, se trataba sin duda de un objeto de los Tiempos Antiguos, seguramente un vehículo militar.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Reparto de Personajes


ANYOEL
Orden Ramielita


Anyoel es un alma atormentada. Obsesionado por el conocimiento incluso más que los ramielitas medios, su amigo y podría decirse maestro, Hamael, le indujo un pensamiento crítico y una curiosidad por asuntos prohibidos que no acabó bien para este último. El desgraciado episodio que llevó a su deserción provocó en Anyoel un respeto cerval a la autoridad y un desprecio extremo a los que usaban la violencia como medio para solucionar los problemas; desde entonces ha intentado pasar desapercibido y no desviarse de los dogmas de la Iglesia, pero conserva ciertos escritos hallados en las bóvedas más profundas de la Biblioteca de Praga de los que no quiere desprenderse.

Aunque perfeccionista y tenaz en extremo, Anyoel adolece de ser desgarbado y no muy hábil en sus actividades físicas, lo que se deja notar en su forma de volar y de entrar en combate. Prefiere la vía del pensamiento, pero reconoce que tendrá que mejorar su aspecto físico en el futuro próximo si quiere ser útil a su Compañía cuando se metan en problemas.

ASDRAGIEL
Orden Miguelita


Asdragiel es un joven angel de la orden Miguelita, destinado a liderar las compañías de las que forme parte. Paciente y calmado, es quizá demasiado obsesivo con la organización y puede sacar de quicio al más pintado con su aparente apatía. Pero su don de gentes y su empatía natural hacen que la gente lo vea con buenos ojos y no se sientan ofendidos cuando Asdragiel adquiere un tono de superioridad o de reproche.

Últimamente, Asdragiel ha sentido cosas que él mismo no aprueba, e intenta encontrar en la penitencia la forma de evitar ser tentado por el maligno...


CASTHIEL
Orden Urielita


Como buen Urielita, Casthiel se siente tremendamente a gusto en la naturaleza y sintiendo el viento en la cara mientras vuela a toda velocidad. Es un experto rastreador y se siente extrañamente a gusto cuando interactúa con humanos, por los que siente una curiosidad y una empatía fuera de lo común. En sus tiempos de entrenamiento, no era raro que Casthiel escapara del Himmel para observar a las familias humanas realizar sus actividades diarias, lo que junto con su carácter extermadamente nervioso e impaciente, le valió alguna que otra reprimenda.

A pesar de que siempre ha estado a gusto consigo mismo y con la labor encomendada como Ángel del Señor, en los últimos meses Casthiel ha cambiado de actitud: ciertas visiones y sueños recurrentes acuden a su mente y le hacen dudar de su naturaleza divina. Por supuesto, esto es pecado y es provocado por su materialización como carne en la Tierra, por lo que no se atreve a compartir tal inquietud con nadie.

HAZIEL
Orden Rafaelita


Lo primero que llama la atención de Haziel es su imponente aspecto físico, algo fuera de lugar en un Rafaelita; alto y fuerte, su piel es negra como el ébano y su complexión es recia. Su rostro luce una expresión seria prácticamente siempre, y eso contribuye aún más a que los demás se sientan intimidados en su presencia. Sin embargo, su voz es amable y paciente, y sufre cuando a su alrededor los demás no disfrutan de bienestar. Su intención es preservar la vida ante todo, incluso la de los seres más nimios, y es algo que intentará cumplir a toda costa.

Aunque hay pocos precedentes de ángeles negros éstos no son inexistentes, aunque sí lo suficientemente raros como para que Haziel llame la atención allí donde va, incluso entre los miembros de la Iglesia. Eso, unido a su aspecto físico, provoca miradas y susurros incómodos que, sin embargo, Haziel acepta como normales y pronto desmiente con sus acciones.

KYRIEL
Orden Gabrielita


Kyriel es todo lo que se espera de un Angel de la Muerte, un Gabrielita, y aún más. Es fuerte, rápida, diestra y despiadada. Pero tales dones han provocado en ella también algunos atributos que otros verían como defectos: una confianza excesiva y un orgullo desmedido que hacen que le sea muy difícil plegarse a los deseos, y no digamos ya a las órdenes, de los demás. Pero desea ser un buen Angel del Señor y tratar de contener sus deseos y pensamientos torcidos, y por eso intentará servir lo mejor posible a su Compañía.

No obstante, algo que siempre ha llamado la atención de Kyriel ha sido el hecho de no poder leer ni escribir. Admira y envidia a partes iguales a los Ramielitas por poseer tal privilegio, y aunque sabe que la Iglesia lo prohíbe de forma tajante, no le importaría que algún erudito le enseñara tales artes.