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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 16

Pentos. El Dios Rojo.
Inicio de la Batalla
La batalla empezó bien para Ancel y Jeremiah. Dos unidades de infantería fueron abatidas rápidamente por la fuerza avasalladora de sus mercenarios en los primeros compases del combate. Pero las tornas cambiaron cuando los arqueros Seabreeze hicieron acto de aparición. La lluvia de flechas probó ser fatal para los lentos mercenarios y la guardia Raer que habían intentado hacer una salida para unir sus fuerzas a las de los hermanos. Por suerte, cuando estaban a punto de tomar la decisión de retirarse [Punto de destino de Ancel] ante las graves bajas que estaban sufriendo, hizo acto de aparición una escuadra de galeras de guerra que en ese momento izaban el estandarte Estermont. Una unidad de caballería puso pie en las costas cercanas a Escollera e inmediatamente se lanzó al combate. Cuando los nuevos refuerzos abatieron al contingente de arqueros, la batalla se decidió definitivamente. Lo que quedaba de los arqueros y la infantería se rindió, y los Cuervos de la Tormenta decidieron cambiar su capa, sustituyendo a una unidad entera de Escudos de Hierro que había huido quién sabía dónde. Además, Jeremiah resultó herido de cierta gravedad y fue conducido rápidamente por la guardia de lord Edgar al interior de la fortaleza.

Final de la Batalla
En Braavos, Berormane y Vanna entablaron una discusión con Breon, Garrett y Kevan Seabreeze en presencia de los guardias del Banco de Hierro y de Meravon Ryth. Ser Kevan se enfrentó abiertamente a ellos ante las acusaciones que empezaron a vertir contra su primo, lord Jeron. Hubo un largo e intenso tira y afloja entre ambos bandos, unos intentando convencer a Breon de que volviera a unirse a ellos, pues la acusación de que no habían acudido en su ayuda carecía de fundamente, y el otro acusándolos de traición y abandono de su compañero. Breon dudaba, pero Garrett tuvo menos dudas y su influencia fue fundamental para que finalmente el caballero de la cabeza de león finalmente accediera a perdonar a sus antiguos camaradas y volver a unirse a la causa de Ancel y Jeremiah. Kevan no perdió la compostura en ningún momento, incluso cuando se supo derrotado. Intentaron convencer también al viejo caballero de la locura de su primo, pero fue en vano, así que lo condujeron a los calabozos de la guardia. Una vez solucionado ese problema, se reunieron con el banquero. Tras una larga conversación en la que tocaron su fibra sensible hablándole de su hermano, Ryth les concedió lo que pedían, e incluso más: les proporcionaría 10000 dragones de oro siempre que le garantizaran con su firma y sello la devolución de la mitad de esa cantidad en menos de cinco años, y le permitieran acompañarles en su viaje a Quiebramar. Berormane, superadas sus expectativas, firmó sin darle demasiadas vueltas.

on el dinero conseguido, pasaron a encargarse de la planificación de su viaje. Acordaron que viajarían a Pentos para hacerse con los servicios de cualquier compañía libre que estuviera acampada en las inmediaciones, y estuvieron dándole vueltas al problema del transporte. Las galeras Seabreeze que habían venido con Breon serían de gran utilidad en el traslado de las tropas, además de una protección y adición a la flota muy bienvenida. Para ello, Breon se llevó al capitán Mikken Yelmofrío hasta una posada para poder hablar a solas, y le transmitió sus intenciones sin demasiada sutilidad. Por desgracia, el capitán resultó ser leal a lord Jeron fuera de toda escala, con lo que al desvelarle sus planes, Breon se enfrentó al dilema de quitarle la vida. El maestre y Vanna no eran demasiado partidarios de ello, y la mujer habló de una droga de la que pocos conocían su existencia, capaz de alterar el comportamiento de las personas. Creía recordar que su nombre era algo así como Rompecorazones. Ni siquiera Berormane la conocía.

Intentaron hacerse con la droga recorriendo todos los lugares de Braavos que conocían y eran susceptibles de poseerla. Preguntas en multitud de tiendas, mercados y comercios secretos les llevaron al Templo Rojo de R'hllor (donde no les dejaron pasar y miraron de mala manera a Berormane), a la Casa de la Mano Roja, la casa de los curanderos, y de allí a la Casa de Blanco y Negro, donde les dijeron que seguramente conocerían tal sustancia. En el Templo del Dios de la Luz tuvieron un encuentro curioso e inquietante con uno de los fanáticos clérigos de túnica carmesí, que les habló en acertijos y les dijo que hacía varios días su dios le había mostrado en las llamas una cadena de maestres envuelta en sombras, mientras señalaba con su huesudo dedo a Berormane. En la Casa del Blanco y Negro, ante la estatua del Desconocido, les recibió una especie de monje muy amable, con una cara de bondad extrema, que sorprendentemente hizo un gesto de asentimiento al oir el nombre de la droga, pero que sintiéndolo mucho, dijo no poder ayudarles. Hicieron cuanto pudieron por investigar las habladurías sobre los Hombres sin Rostro, pero decidieron desistir de su empeño.

Ante la imposibilidad de cualquier otra cosa, decidieron irse dejando al capitán encerrado y no preocuparse de sus galeras. Meravon se unió a ellos a bordo de su propia embarcación.

El viaje a Pentos resultó bastante plácido comparado con la travesía que los había llevado hasta Braavos. La ciudad se alzaba en la costa, rodeada por varias colinas donde se encontraban las construcciones más lujosas. Sin tardanza se dirigieron a una posada y empezaron a planear dónde buscarían contactos que les pudieran informar sobre el paradero de alguna compañía libre. Meravon los sorprendió al decirles que no tenían que preocuparse de nada, que la mañana siguiente podrían acudir a ver a su amigo el mercader pentosi, a quien ya había avisado de su llegada hacía unos días. Eso eran muy buenas noticias para Berormane, Vanna y Breon, que decidieron relajarse y recorrer la ciudad al atardecer. Enseguida les llamó la atención el magnífico Templo de R'hllor que se alzaba al sur de la ciudad, y hacia allí se dirigieron. El fuego rugía furioso en la torre central, como siempre ocurría en los templos rojos. En el exterior del templo, saliendo de sus muros, había varios púlpitos desde donde varios sacerdotes rojos congregaban a la multitud y predicaban la palabra de R'hllor y el inminente advenimiento de Azor Ahai renacido, el Guerrero de la Luz.

A Berormane le fue imposible, ya que los maestres no eran bienvenidos a los templos del dios de la Luz, pero Vanna sí consiguió entrar, pues "todos aquellos interesados en la palabra de R'hllor eran bienvenidos". En el interior presenció una larga ceremonia de honra al dios, y el ordenamiento de varios sacerdotes rojos. El Sumo Sacerdote de R'hllor en Pentos, Veratas, tocaba con su palma desnuda en la frente, el hombro o el pecho de los nuevos clérigos, y allí donde su mano se posaba, la piel se quemaba y el humo surgía; pero aunque cuando retiraba la mano la piel de los fieles había sufrido evidentes quemaduras, éstos no reflejaban ningún dolor en sus miradas extasiadas. Vanna miraba con asombro: o R'hllor era muy poderoso allí o el tal Veratas era un habil ilusionista, no estaba segura. Y eso la llenó de inquietud, sobre todo cuando varios sirvientes sacaron un pebetero al patio y Veratas lo encendió con un teatral gesto de sus manos y una invocación a su dios a voz en grito que levantó exclamaciones entre los presentes.

Cuando Vanna durmió esa noche, su sueño no fue reparador; tuvo multitud de pesadillas extremadamente vívidas, y al despertar podía recordar claramente un hombre y una mujer de pelo blanco y sin rostro que la miraban, un venado abatido por un león de forma extremadamente sangrienta, y finalmente un ser horrendo, de piel pálida y coriácea y con manchas de color hielo azulado en lugar de ojos, que desprendía un frío sobrenatural y que se giraba hacia ella con un rictus horrible. Despertó con un grito y se acurrucó junto al fuego, que desprendía un calor reconfortante...

Por la mañana, Vanna se sobrepuso como pudo y disimulando su falta de descanso se unió a los demás. La comitiva, encabezada por Meravon Ryth, se dirigió hacia una de las haciendas más lujosas de Pentos, sita al norte de la ciudad. Una multitud de sirvientes comandados por un hombre enormemente gordo y con barba untada les recibió. Meravon les presentó al Magíster Illyrio Mopatis. Desde la balconada del primer piso, dos muchachos apenas adolescentes los contemplaban. El que ambos tuvieran el pelo blanco causó un escalofrío en la columna vertebral de Vanna. Illyrio y Meravon se saludaron efusivamente, desde luego parecían buenos amigos. Tras una animada conversación en la que le presentó al grupo, Illyrio se ofreció incluso a llevarlos hasta el campamento de los Windblown, que se encontraban a apenas treinta kilómetros de allí. Aquella noche, mientras descansaban en la hacienda de Illyrio, éste mantuvo una conversación con Breon, ofreciéndole entrar a su servicio, pero el caballero se negó educadamente.

El día siguiente emprendieron el viaje. La forma de viajar de Illyrio era muy distinta a la que estaban habituados: carruajes tirados por elefantes, con abundancia de comida y bebida. Durante todo el día no cesó de llegar la comida y el vino, hasta que los personajes no pudieron más; aun así, Illyrio seguía comiendo y comiendo y comiendo, mientras charlaba con medias palabras y segundas intenciones con todos ellos. Aprovechó para informarse de la situación en Quiebramar y tratar de obtener ventajas comerciales de la situación; Berormane le invitó a reunirse con Ancel una vez todo aquello hubiera acabado, a lo que Illyrio aceptó de buen grado. Cuando por la tarde llegaron al campamento de los mercenarios, la presencia del magíster y del banquero se notó. Sin problemas, Berormane acordó con el capitán de la compañía la contratación de tres buenas unidades por menos de la mitad de lo que Meravon les había prestado. Tras volver a Pentos y despedirse muy educadamente de Illyrio emprendieron la travesía del mar Angosto hacia tierras de los Raer, a donde llegaron al cabo de apenas una semana.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 8

Incursión.

Sin pérdida de tiempo, el grupo dispuso del cadáver del presunto escolta de Gibbons arrojándolo al río Hudson en un paraje apartado. El otro tío todavía vivía, así que decidieron llevarlo rápidamente a ver a Alex McEnroe en la furgoneta. El registro de los escoltas desveló que cada uno de ellos llevaba un teléfono móvil de origen desconocido, sin marca alguna e imposible de abrir. Cada uno de los móviles tenía grabados sólamente dos números de 18 cifras, algo muy extraño.

McPherson
Tras algunos minutos de duda, mientras se encontraban en la furgoneta ya de vuelta a Nueva York, McNulty decidió utilizar uno de los aparatos y llamar a uno de los teléfonos. Una voz robotizada contestó, pidiendo su "identificación". Jonas inventó algo sobre la marcha, pero el resultado fue que la comunicación se cortó. Cabreado, arrojó el móvil al exterior ante los reproches de sus compañeros. Queriendo desvelar aquello y con un malhumor creciente, Jonas y Jack trataron de hacer hablar al escolta que no paraba de sangrar [Punto de Relato] y finalmente lo consiguieron. Gracias a su estado de semiincosciencia, consiguieron sonsacarle la información de identificación: era una ristra de letras y números: "SNA212044-TAU-EPSILON-TAU". Cuando el robot de la otra parte de la línea reconoció como válida la identificación, pidió con su voz sorda el "reconocimiento óptico"; jonas se apresuró a situar el objetivo de la cámara del móvil ante el ojo de su prisionero. El tercer requerimiento de la voz robotizada fue el "contacto". Afortunadamente, también pudieron sonsacarle este dato al moribundo: "Sebastian". Al pronunciar el nombre, el móvil empezó a sonar. Por supuesto, el tal Sebastian reconoció al instante al impostor, Jack, que era el que había realizado el proceso de llamar. Cuando la voz al otro lado comenzó a amenazarlo de muerte, Jack dudó, así que McNulty le arrebató el teléfono y de malos modos mintió diciendo que matarían a John Gibbons si no contactaba con ellos en 24 horas.

En el ínterin, llegaron por fin a la casa de McEnroe en Brooklyn. Aparcaron la furgoneta y Jonas y Jack subieron a avisar al viejo. Antes, Sally habló claramente preocupada con Jonas, diciéndole que se cuidara y dedicándole unos gestos de cariño. Cuando llamaron a su puerta, el antiguo médico no contestaba, y varios intentos de entrar a su casa por parte de un malhumorado McNulty llamaron la atención indeseada de varios vecinos. Finalmente, a voz en grito pudieron contactar con él; estaba borracho perdido. Lo metieron bajo el chorro de agua fría y lo despejaron como pudieron. Acto seguido, bajaron a la furgoneta para ver si podía hacer algo por el herido para poder interrogarlo. Cuando el viejo Alex vio al tipo, negó con la cabeza: estaba demasiado mal para salvarle; sin embargo, ante la insistencia de los personajes, se hizo con una dosis de adrenalina que despertaría al herido durante unos momentos. El tratamiento hizo efecto enseguida, y el antiguo escolta abrió mucho los ojos. Por desgracia, en cuanto se apercibió de la situación hizo un extraño movimiento con la lengua y al instante sufría varios espasmos que acabaron con su vida: debía de llevar una cápsula o algo oculta en la boca para esos casos. Puta mierda. Mientras todo esto tenía lugar, Fred y Thomas conversaban en un bar cercano, ya que Thomas no quería saber nada de lo que fueran a hacer con el prisionero. Fred aprovechó para interrogar al ejecutivo sobre su implicación en todo aquello y hasta donde estaría dispuesto a llegar en aquel asunto. Thomas tenía un respeto por la justicia extremo, pero empezó a plantearse burlarla, pues la situación era lo suficientemente crítica. Fred le dio unas palmadas en la espalda y, acabando la cerveza, volvieron junto a los demás.

Tras deshacerse del nuevo cadáver, procedieron a prepararse para la incursión en la mansión de Westchester Assoc. Sally compró varios trajes negros y alquilaron tres todoterrenos ligeros negros en el aeropuerto. Con la intención de despedirse por si esa noche pasaba alguna cosa terrible, Jack llamó a su hermano James. Al detectar el tono fúnebre del primero, James intentó quedar con él por todos los medios para hablar, pero Jack le respondió con negativas y una emotiva despedida.

Con una actitud tensa, sólo rota por las bromas de mal gusto de Fred Mullendore, viajaron hasta Westchester. Cuando se aproximaban a la mansión, vieron un helicóptero recortado contra la luna casi llena, y una furgoneta negra que iba en sentido contrario. Por suerte, al llegar todo estaba tranquilo y pudieron aparcar a cubierto y sin problemas.

Aprovechando el macizo de árboles quemados y abatidos sobre el muro, todo el grupo -incluyendo a Joey- excepto Sally que esperaría en los coches, saltó al interior de la finca. La tupida vegetación situada para impedir miradas indiscretas desde el exterior ahora jugaba en su favor. McPherson y Gibbons cogieron sendas posiciones de francotirador con los fusiles que había traído el primero, y Jack y Jonas fueron los encargados de realizar la primera incursión en la casa. Se acercaron por la puerta trasera esquivando a duras penas las cámaras, equipados con traje negro y pasamontañas. No sin dificultades, ambos lograron colarse por una ventana del primer piso, a lo que parecía una planta de despachos. Las dependencias estaban llenas de libros de jurisprudencia y papeles. En la penumbra, McNulty encontró algo que quedaba algo fuera de lugar allí: un libro antiguo. Una rápida ojeada lo reveló como algo muy particular: se encontraba escrito íntegramente en alemán, y el título rezaba (también en alemán) "Mi Diario, Historia de una Búsqueda". La autora era una tal Helena P. Blavatsky. En la primera página había una anotación escrita a mano, también en alemán: "A mi gran amigo K.Jund, por su lealtad. Heinrich Himmler". Jack y Jonas se miraron al reconocer la firma del nazi, y guardaron bien el libro.

Tras recorrer varias estancias de la casa, fue inevitable que acabaran encontrándose con alguno de los guardianes, y la violencia estalló. McPherson y John abatieron a varios individuos desde su posición, todos aquellos que salieron a la azotea alertados por el escándalo. Mientras tanto, McNulty y Finnegan se enfrentaban a varios tipos vestidos de negro y a uno de los paramilitares, abatiendo uno tras otro, hasta que se enfrentaron a uno que les dejó helados. Sus ojos cambiaron de repente, y parecía moverse con la velocidad del rayo. Les hizo sufrir mucho hasta que consiguieron dejarlo fuera de combate. Atropelladamente y con McNulty herido, salieron de nuevo al exterior por la puerta trasera, perseguidos de cerca por otro grupo de guardias. Tomaron posiciones en el exterior de la puerta mientras los demás se acercaban, pero no les sirvió de mucho. Uno de los hombres vestido con traje negro salió con una velocidad endiablada, mientras a ojos vista empezaba a cambiar. Sus ojos eran algo aberrante, reptilesco, una fina pupila en medio de un vítreo rojo. Lanzó una carcajada estentórea y espeluznante al tiempo que parecía crecer y su piel oscurecerse, como si de él emanara una sombra ominosa que transmitía un frío glacial. Le descerrajaron varios tiros, pero parecían hacerle un efecto limitado, hasta que un certero tiro con la escopeta de Jack lo derribó. Volvía a ser un hombre normal, pero estaban seguros de lo que habían visto. Thomas, Fred y John llegaron junto a ellos, para atender al malherido Jonas. Mientras lo estabilizaban, discutieron si huir o persistir en su empeño. Decidieron que si se marchaban en ese momento no podrían volver jamás, así que Jack, John y McPherson volvieron a entrar. En el primer piso encontraron una pequeña puerta que daba acceso a una estancia donde unas angostas -y antiguas- escaleras daban acceso al sótano. En la estancia de acceso se podían ver varios tapices con escenas del apocalipsis de San Juan, extrañamente vívidas. Con gran desasosiego bajaron los escalones de piedra, alumbrándose con ayuda de los móviles. La atmósfera estaba cargada, y Jack no se sentía demasiado bien. No sabía si era producto de su imaginación, pero oía voces llamándole por su nombre. También John oía extrañas risas y voces llamándole cuando accedieron a una estancia más o menos espaciosa, en la que había tallado un pentáculo invertido en el suelo. También pudieron atisbar un extraño altar impregnado de sangre seca y reciente. Cada pocos centímetros, un candelero ocupaba un espacio en la pared. Las voces seguían llamándoles, y no se cayaron ni siquiera cuando John disparó a la oscuridad. Algo se movió tras ellos, las risas se hicieron insoportables, sintieron un frío intenso y sus corazones parecieron oprimidos por manos etéreas, doliéndoles en el pecho; John cayó de rodillas, atormentado por las presencias invisibles, y ayudado por McPherson y Jack, salieron de allí a toda velocidad.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 7

La Mansión. Muerte y liberación.
Bertrand Campbell
Thomas recibió una llamada de la secretaria de su suegro, Bertrand Campbell. Estaba preocupadísima, porque el señor Campbell había partido a Suiza, a esquiar a la mansión de su amigo multimillonario Merten Jund, y hacía tres días que no se habían tenido noticias ni de uno ni de otro. Ya lo había denunciado ante la embajada; habían empezado a organizar grupos de búsqueda, pero todavía no podían decirle nada. Thomas recomendó calma a Dorothy y realizó algunas llamadas, pero no obtuvo ninguna respuesta concreta. Volvió a hablar con la mujer para ordenarle que le informara todos los días de cualquier noticia que surgiera. En una breve investigación, fue fácil encontrar algunas referencias que relacionaban a Jund con movimientos antisemitas y filonazis.

Acto seguido, todos se reunieron en la oficina de Thomas, incluido John, cuyos escoltas aceptaban sorprendentemente esperar en la calle. Discutieron largo y tendido sobre su próxima incursión a la mansión de Westchester Associates, y Gibbons se decidió también a convocar definitivamente a su viejo amigo McPherson a escena. Éste acudiría en breve plazo, en cuanto aclarara algunos asuntos en su granja. Mientras tenía lugar la conversación, Sally Whitfield les llamó la atención sobre unas noticias que acababan de aparecer en su buscador de internet. El Boston Herald había publicado una noticia sobre los incidentes que habían ocurrido hacía un par de noches en AIFC, en los que "se creía implicados a los traficantes de Antrax de Brooklyn". Otra noticia era del New York Times: el inspector jefe James Finnegan, el hermano de Jack, había sido llamado a declarar en el caso de los traficantes de Antrax que, al parecer, operaban en el piso de su hermano. Todavía no había sido acusado formalmente, pero aquello ya era lo suficientemente grave como para ser apartado del servicio activo. Jack resistió como pudo la tentación de llamar a su hermano.

Sally también les informó de que había encontrado muchas noticias en hemerotecas referentes a la estrecha relación de UNSUP inc. con eventos en multitud de centrales nucleares, todos ellos silenciados aparentemente por las autoridades. El último, hacía sólo tres años en Maryland.

Para preparar el viaje a la mansión, McNulty y Finnegan visitaron un enclave del mercado negro (del que sabía Jack por archivos policiales), donde tuvieron problemas debido a la actitud excesivamente chulesca de un McNulty que no toleraba que nadie le chuleara. Afortunadamente, consiguieron los fusiles que habían ido a buscar sin mayores complicaciones.

Mientras tanto, en el camino de vuelta desde las oficinas de O'Hara a su casa, el coche de John se paró sin previo aviso. Al instante subió el viejo extranjero, el del helicóptero, que mantuvo una cháchara aparentemente distendida con el concejal. Pero subrepticiamente le conminó a no renunciar de ninguna manera al cargo, e insistió en lo especiales que eran sus escoltas, lo que preocupó aún más a Gibbons.

Por la tarde, Jonas, Jack y Fred se desplazaron a las cercanías de la mansión. Con un breve reconocimiento dieron con una elevación desde la que podían burlar el obstáculo que suponían los altos muros y la verja vigilada, y echar un vistazo tranquilamente. La finca de la mansión era muy extensa, un par de hectáreas; Jack se fijó en un grupo de árboles quemados en un extremo de la propiedad que parecían facilitar el acceso en caso de que decidieran saltar el muro. En las horas que duró su vigilancia, pudieron ver un par de hombres con armas automáticas y chalecos antibalas en el interior de la mansión, y un tráfico relativamente intenso de coches negros que entraban y salían. De aquí para allá iban personas con traje y maletines, chupatintas y secretarias que acarreaban informes, tíos duros con traje negro y pinganillos, y lo que más les llamó la atención: en una ocasión, varios individuos acarrearon bultos envueltos en sábanas, dos de los cuales eran claramente cuerpos humanos, que se llevaron en los maleteros de sendos coches.

Decidieron vigilar la mansión durante dos días enteros más, para hacerse una idea aproximada de lo que les esperaba dentro. Durante ese tiempo, no cesó el trasiego de coches y furgonas negras, lo que parecían cambios de guardia, desplazamientos de abogados y secretarias. McNulty estimó que en el interior de la mansión debía de haber permanentemente alrededor de una docena de guardaespaldas de traje negro y gafas de sol, y unos tres o cuatro "soldados" con chalecos y subfusiles.

Durante el segundo día de la vigilancia de la mansión estalló una bomba informativa. Todos los medios se hicieron eco de la muerte de James Molinaro, el presidente del distrito de Staten Island, y hacían sus cábalas sobre quién sería su sustituto. Al parecer, Molinaro había muerto de un ataque al corazón mientras hacía su paseo matutino, y todo apuntaba a que John Gibbons, actual vicepresidente, sería el que lo sustituyera en el cargo. John se vio envuelto sin quererlo en la vorágine de los acontecimientos, y pasó un día muy agitado con cientos de llamadas telefónicas y reuniones con los republicanos y el Tea Party. Entre la multitud de llamadas, recibió la del senador McArthy, que le habló de su "amigo común" y le sugirió colaborar en todo lo posible.

El día siguiente llegó McPherson a la oficina de O'Hara, con sonrisa confiada y puro en ristre. Volvieron a reunirse allí y, al poco rato, aparecieron tres tipos con cazadoras y gafas de sol. Por pura casualidad y gracias a su principio de paranoia, McNulty pudo verlos desde el interior del despacho con las persianas bajadas. Vio cómo sacaban rápidamente sendas pistolas con silenciador y dejaban inconsciente a la secretaria de Thomas. Así que sin pensarlo dos veces, Jonas, Jack, Fred y McPherson sacaron sus armas y comenzaron a disparar, haciendo huir a los tipos. La policía no tardó en llegar, acordonar la zona y acribillar a preguntas a los presentes. Fred fingió haber aparecido después, y McNulty y Finnegan se largaron discretamente. El violento episodio pasó desapercibido en el exterior del edificio, donde John se reunió de nuevo con sus escoltas.

Cuando se calmaron los ánimos, decidieron que ya era hora de que John se librara de sus escoltas, para lo que acordaron fingir un secuestro. Compraron un par de rifles de caza y acordaron un punto al que Gibbons llevaría a su chófer y sus escoltas engañados, alegando una fiesta del Tea Party. Aunque los escoltas sospechaban claramente, aceptaron acompañar a John hasta el apartado paraje. El coche pinchó las ruedas con los clavos que los demás habían dispuesto en el camino. A continuación, Jack voló la cabeza de uno de los escoltas y McPherson hirió a otro gravemente en una pierna. McNulty fue el encargado de fingir el secuestro de John ante el chófer, que se marchó corriendo presa del pánico. El registro de los escoltas reveló micrófonos, emisores, gpss y demás circuitería de la que dispusieron adecuadamente. Y además, algo sorprendió al bueno de McNulty: ambos individuos llevaban tatuadas en la parte posterior del lóbulo de la oreja izquierda sendas "S" mayúsculas, muy discretas...

martes, 4 de septiembre de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 6

Primer viaje a Boston. American Initiatives for Children.
El siguiente día por la mañana, el grupo se dedicó a enviar correos electrónicos y a hacer llamadas telefónicas a diferentes revistas de temática paranormal las cuales, a cambio de una cantidad de dinero suficiente, publicarían cualquier anuncio que les propusieran. Así, publicaron varios anuncios con diferentes nombres de testigos alegando haber presenciado sucesos paranormales con algunos helicópteros implicados en una zona semiabandonada de los muelles de Brooklyn. Confiaban en que Malcolm Townsend acudiría así habitualmente a vigilar la zona y podrían contactar con él. Sólo una de las revistas con las que contactaron vía correo electrónico se negó a aceptar las sutiles propuestas de pago de Thomas, una revista llamada Nuevo Amanecer. Este hecho llamó la atención de los personajes, que se dedicaron a investigar algo más acerca de la revista/editorial; sin embargo, se hizo evidente a los ojos de Jack que gran parte de la información en la red había sido suprimida. Buscando en cachés y foros perdidos, dieron con uno en el que publicaba un tal Paracelso, que decía cosas bastante extrañas, refiriéndose a fotos y escaneos publicados en alguno de los números de Nuevo Amanacer. Según sus posts, las fotos presentes "no habían podido ser tomadas en museos", así que "no sabía de dónde podían haberlas sacado si no tenían los libros originales", y también afirmaba que "los rituales que se presentan tienen toda la pinta de haber sido escritos efectivamente en el egipto antiguo". En un post más reciente, afirmaba que alguno de los rituales "tenía un efecto inesperado" y que "estaba aterrorizado". El resto de los usuarios le había preguntado por el tema, y ante su silencio, lo habían tratado de loco.

Puerto de Boston. AIFC.
Sumamente intrigado, Jack buscó durante varias horas un kiosko que hubiera recibido alguna vez la revista Nuevo Amanecer, y tras mucho esfuerzo dio con uno, cuyo kioskero afirmaba que tal revista era poco más que un fanzine, con una encuadernación bastante pobre y la inmensa mayoría de las páginas en blanco y negro; además su precio era desproporcionado: ¡30 dólares! Su salida era irregular, y no recordaba haber recibido más de un par de ejemplares a la vez. Jack le pidió por favor que le guardara un número en caso de que volviera a recibirlo, y le dio una generosa propina por las molestias. El kioskero acordó guardarla en caso de recibirla.

Sin más dilación, decidieron viajar a Boston para investigar in situ el lugar del secuestro de la hermana de John, la ONG American Initiatives For Children. La organización estaba en un almacén de mala muerte, casi todo él abandonado, en medio de una hilera de naves al norte del puerto. Cuando pararon el coche a la vista de la puerta de AIFC, vieron que había gente trasegando bultos: se estaban mudando. Un camión esperaba en la calle. Cuando éste estuvo lleno, arrancó y ellos lo siguieron. Su sorpresa fue mayúscula cuando vieron que el camión no recorría más de unos cien metros de distancia hasta una verja que daba acceso a un tinglado entero y varias naves pertenecientes a una empresa llamada UNSTRANS, división de UNSUP inc.. La verja estaba custodiada, y anexa a un alto muro que rodeaba todo el complejo. Algo empezó a olerles muy mal.

Decidieron infiltrarse en las dependencias de AIFC, sitas en el segundo piso del edificio de oficinas. El resto de pisos estaban abandonados, con multitud de cristales rotos y en estado casi ruinoso. Pero el piso de la ONG se encontraba bien cuidado, y había vigilancia en la entrada de la calle. Así que hicieron uso de la vieja escalera de incendios para subir al tercero y bajar hasta AIFC por la escalera interior. Fred Mullendore se quedó agazapado en la escalera de incendios vigilando la calle mientras Jack y Jonas entraban en el edificio.

No les fue difícil entrar en las oficinas, que estaban en su mayor parte vacías y desmanteladas. Pero se oían voces en un par de habitaciones al fondo. En la primera habitación lo único que vieron fue a un hombre calvo, de espaldas, manteniendo una vídeoconferencia en un portátil en algún idioma del este de Europa. Cuando el hombre con el que mantenía la conversación los vio a través de la cámara, tuvieron que dejarlo inconsciente. Mientras se encontraban allí, alguien entró en las oficinas y se dirigió a la segunda habitación, donde se alzaron voces airadas. No lo pensaron más. En la estancia se encontraron con un hombre de grandes entradas, una mujer aquejada de cojera y dos chicas más jóvenes que los miraron aterradas cuando encañonaron a los presentes. Jonas y Jack no se anduvieron por las ramas. El tipo, que dijo llamarse Dylan Russell, era el encargado de la ONG y se mostró algo chulito; un tiro en la rodilla acabó con su actitud hostil. La mujer coja, Anastasia Rennold se mostró desafiante en todo momento, y cada vez más conforme la pareja les hacía preguntas más comprometidas. Las jovencitas, Jyoti Misra y Sonya Purcell no dejaban de llorar, pero la hindú (Jyoti) reconoció haber sido amiga de Nora Gibbons y de Jennifer O'Hara y haber presenciado el secuestro. La tenían amenazada y no podía decir nada. Las cosas se complicaron más aún cuando Fred dio la alarma con una llamada al móvil de Jack. Hombres armados venían por la calle de atrás. Precipitadamente, cogieron los tres portátiles que quedaban en las oficinas (el de Dylan, el de Anastasia, que la mujer protegió hasta el extremo de que tuvieron que golpearla con fuerza, y el del inconsciente Goran), y corrieron, haciéndose acompañar de la joven hindú. Se encontraron con Fred en el interior del primer piso; el hombretón había recibido una bala en las costillas, pero le quitó importancia. Intentaron huir desde una ventana lateral, pero se formó un tiroteo. Con la ayuda de Thomas y Sally Whitfield, que viendo la escena irrumpieron con la furgoneta alquilada, pudieron escapar. Eso sí, la furgona quedó hecha unos zorros, y un par de los portátiles maltrechos. Volvieron a Nueva York para que McEnroe pudiera curar a Fred discretamente.

Con más calma y con la ayuda de Joey en el piso franco de Thomas, investigaron la información presente en los portátiles. En copias de seguridad encriptadas había registros de multitud de envíos a África, sobre todo a Ciudad del Cabo, que llamaron la atención de los personajes debido a su concepto de "medicinas y vacunas", y no sólo eso: la tal Anastasia había anotado en uno de los envíos, el penúltimo: "Peligroso. Manejar con extrema precaución". El remitente constaba como otra empresa: UNSGEN. En otras notas personales (Anastasia no había sido nada discreta con sus notas), relacionaron el acrónimo con un nombre completo: Unlimited Supplies Genetics. En copias más recientes pudieron destacar también multitud de envíos al este de Europa con los conceptos de "material quirúrgico", "herramientas de alta precisión", "máquinas de potencia", "material de limpieza", etc. Por otra parte, llamaban la atención los tonelajes y buques necesarios para el trasnsporte de los pedidos, que en la mayoría era mucho mayor que lo que sugerían las cifras de los albaranes.