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jueves, 26 de junio de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 27

Tras dejar en ruinas la mansión de Antonov, los hombres de Von Klausen transportaron al grupo hasta la península de Crimea, donde Polaris tenía una base cerca del puerto militar de Sebastopol. Allí, Thomas y el grupo se encontraron por fin con Von Klausen. Sin dudarlo, compartieron con el alemán (casi) todo lo que les había sucedido las últimas semanas; le hablaron de UNSUP, de la trama conspiranoica en la que estaban metidos, de los seres demoníacos, del uranio y los hechos extraños en África. Von Klausen permaneció escéptico ante muchos de los hechos, pero les creyó en lo que respectaba a UNSUP y sus influencias. De hecho, hacía tres días él mismo había sufrido un atentado contra su vida del que salió ileso por pura suerte. Además, toda su colección de reliquias antiguas y esotéricas había sido robada; y sus medidas de seguridad no eran moco de pavo, alguien había utilizado medios muy avanzados para poder apoderarse de ellas. Lo único que le quedaba estaba guardado en una caja fuerte en un banco de Berlín. Ante la mención de tal colección, Mulder abrió mucho los ojos y los oídos.

Ante la insistencia del grupo y sobre todo de Mulder, von Klausen les reveló cuáles eran las reliquias que le quedaban: una Biblia Negra, el Manuscrito Voynich, y la que consideraba la estrella de su colección: un diario secreto de la campaña africana de Napoleón, del que conocían su existencia sólo un puñado de personas. Thomas, por su parte, expuso a von Klausen la necesidad de reunirse con Novikov y los demás en San Petersburgo en un plazo de dos semanas, a lo que el alemán accedió reticentemente.

El siguiente paso que dieron fue viajar a Berlín, para consultar los libros de von Klausen en el Staatbank de la capital alemana. Los incunables resultaron ser una valiosa fuente de información sobre rituales infernales y datos ocultos sobre la estancia de Napoleón en Egipto. Sobre todo les llamó la atención un pasaje, que se incluye a continuación:

El Cairo, 28 de Julio de 1798
Una victoria gloriosa. Los mamelucos no eran rival para nuestros valientes y disciplinados soldados. Las Grandes Pirámides fueron testigo de una victoria espléndida que será registrada en los anales de la Historia. Egipto no tardará en caer, y después Siria y Oriente Medio. Los ingleses tiemblan ante nuestro avance, y hacen bien, pues no podrán detenernos. Ahora es tiempo de pausa y de iniciar la búsqueda. Sulkowski me aconseja establecer un campamento con los sabios al pie de la pirámide más cercana al río; así lo haré.
Si mi búsqueda tiene éxito, me convertiré sin duda en el digno sucesor de Alejandro, y colmaré a mis fieles de riquezas. Desde luego, Sulkowski confía en ello. No obstante, aunque ha probado su lealtad en combate, ese aire de misterio y de distancia del polaco me repele. Espero que esté en lo cierto en cuanto a sus suposiciones. El equipo que hemos traído ha ido en detrimento del número de soldados, y eso puede ser un error fatal.

El Cairo, 31 de Julio de 1798
La búsqueda prosigue a buen ritmo. La primera de las pirámides contempla un gran campamento al que hemos incorporado a buena parte de la población local. Según Sulkowski, los cristianos coptos sienten especial curiosidad por nuestras actuaciones y podrían llegar a ser un problema, pues se muestran bastante hostiles. Pero con diez mil buenos soldados en la zona, no entiendo qué es lo que hay que temer.
Eso sí, debo aprovisionar la tropa del este, para ello los víveres de Tebas [… datos de logística áridos y aburridos…]

El Cairo, 5 de Agosto de 1798
¿Acaso esta búsqueda está condenada al fracaso? Me he obsesionado demasiado, y mi falta de atención ha hecho que ese maldito Nelson haya acabado con nuestra flota. Brueys ha probado ser un inepto, y si no hubiera muerto en la batalla yo mismo le habría quitado la vida.
Para colmo, diez de los sabios han fallecido en un accidente esta mañana. Pero la recompensa merece la pena…

El Cairo, 10 de Agosto de 1798
A pesar de que siento que estamos cerca, hemos de partir ya. La búsqueda sigue siendo infructuosa, pero no puedo dejar que los Otomanos cierren nuestra retaguardia. La tropa del este se ha portado bien, y el norte está asegurado, pero nuestro siguiente paso debe ser cruzar el canal y pacificar palestina y Siria, como estaba previsto. No quiero desviarme de los deseos del Directorio.
Dejaré a Sulkowski y a Lombard al mando de un regimiento y de los sabios más aptos para la búsqueda. Espero que tengamos noticias suyas pronto.

Durante su estancia en Berlín, O'Hara recibió una llamada de la Fundación von Klausen: de la propia Edith von Klausen, sobrina de Jürgen. Para sorpresa de Thomas, la mujer le dijo que por desgracia su tío había fallecido en un accidente y que ahora el dinero que manejaba el financiero pertenecía a la Fundación y deberían celebrar una reunión urgentemente. Sin saber muy bien qué hacer o decir, O'Hara se disculpó diciendo que llamaría en otro momento porque estaba muy ocupado. Después recibió otra llamada de Friedrich Müller (otro miembro del consejo de la fundación), que le informaba más o menos de lo mismo. Al parecer Jürgen estaba siendo víctima de un complot de su propia familia. Tras poner la información en común y superar la incredulidad y la ira iniciales, acordaron que lo mejor sería celebrar una cita en 48 horas en la sede de la Fundación, en Frankfurt, y así lo acordó Thomas con Edith mediante la preceptiva llamada telefónica.

McNulty, por su parte, recibió una llamada del Sinn Feyn, que deseaban pedirle un favor. Tras hablar con su mujer y su hijo y comprobar que estaban bien, Jonas accedió y realizó junto a Finnegan un viaje relámpago a Bruselas. Allí se encontró con un viejo conocido, John Green, que le dio un sobre. Cuando más tarde lo abrió, se quedó helado: en el sobre había una foto de Jürgen von Klausen y el encargo de acabar con su vida. Finnegan compartió con Jonas su inquietud y su desconfianza acerca de von Klausen, y este último aprovechó el viaje y la intimidad que les proporcionaba para relatar a Jack la verdad sobre su vida pasada: su pasado terrorista, y su más reciente pasado como asesino al que incluso habían contratado para acabar con el propio Finnegan. Los lazos entre los dos se estrecharon así un poco más. McNulty telefoneó a Arthur Sullivan, intentando averiguar quién había contratado a su organización para acabar con von Klausen; lo único que le pudo dar Sullivan fue un número de cuenta; más tarde, McNulty proporcionaría el número de cuenta a O'Hara y éste descubriría que la cuenta se encontraba a nombre de Westchester Associates. También hizo una llamada a Novikov; si no acababa con la vida de von Klausen necesitaría sacar a su familia de Belfast lo antes posible, para lo cual pidió ayuda al ruso. Éste contestó afirmativamente, y que le indicaría qué hacer lo antes posible.

Mientras tanto, Jessica recibía por teléfono la respuesta de Ben Katzowitz a una petición de información con la que éste le advirtió de que von Klausen había participado años atrás en actividades de grupos neonazis. Y que Polaris había incurrido en varios casos de crímenes de guerra que habían quedado impunes. O'Hara tambíen recibía una llamada informativa de Novikov en la que le informaba de que más de la mitad de World Interlaced pertenecía a empresas relacionadas con von Klausen, un hecho inquietante como poco.

Cuando se reunieron de nuevo, Jessica hizo un aparte con McNulty, y le contó lo del pasado neonazi de von Klausen, que deberían vigilarlo pero le parecía que podían fiarse de él. Tras unos momentos de indecisión (Jonas se sintió seriamente tentado a cumplir el encargo del Sinn Feyn hasta el último momento) McNulty se reunía con Jürgen y le revelaba todo lo que había pasado durante el viaje, incluido el encargo de matarle. Von Klausen llegó incluso a sonreír, ante la cantidad de amenazas que de repente se cernían sobre su persona. Agradeció profundamente su sinceridad a Jonas y le dijo que no quedaría sin recompensa. El irlandés le pidió a cambio la puesta a salvo de su familia; por supuesto, Jürgen le dijo que haría todo lo que pudiera, pero Gran Bretaña no era como Ucrania o África, y había que resolver ciertos asuntos diplomáticos o ser extremadamente sigilosos en la operación.

Al poco, McNulty recibía la llamada de Novikov. En Edimburgo había dos helicópteros, dos pilotos y dos hombres esperando su llegada y sus instrucciones. Le había resultado imposible conseguir algo más, pero allí los tenía a su entera disposición.

A las pocas horas, se aireó en televisión una entrevista que von Klausen había concedido poco después del accidente a una periodista, así que anularon los planes de la reunión en la Fundación, porque ya no tenía razón de ser. Al intentar contactar con los sobrinos del alemán, éstos no dieron señales de vida. En la conversación que derivó después, McNulty sugirió a von Klausen que O'Hara sería un director perfecto para su fundación, y que debería considerarlo. Lejos de rechazar la idea, el magnate alemán la aceptó casi inmediatamente, para sorpresa de todos. Pronto tomaría las medidas necesarias.

El día siguiente, McNulty se despidió de los demás, diciendo que debía partir hacia Edimburgo para rescatar a su familia. No pidió ayuda. No obstante, a pesar de ello, el resto del grupo al completo le exigió aceptar su compañía e ir todos juntos; Jonas no pudo evitar dejar escapar alguna que otra lágrima ante la lealtad de aquellos compañeros que, sin duda, se habían convertido en sus amigos.

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