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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 15

Braavos. Mercenarios.
Finalmente, Ancel y Jeremiah partieron hacia Tyrosh con once galeras, mientras Vanna y Berormane se dirigieron hacia Braavos con ocho naves. La intención de los hermanos en camino hacia Tyrosh era encontrar a alguna compañía libre en la ciudad de Tyrosh o en las tierras en disputa que les permitiera hacer frente a las fuerzas de lord Jeron y los Wylde en las puertas de los Raer. Para ello, contaban con el cofre que les había dado lady Olenna y los fondos proporcionados por lord Edgar, en los que residían la esperanza de futuro de su casa.

Braavos
Por su parte, Breon partía al frente de una docena de galeras con bandera Seabreeze varios días después que Vanna y Berormane, pero la climatología y diferentes avatares del viaje hicieron que llegara a Braavos con un par de jornadas de antelación. En un momento del camino, ambas flotas llegaron incluso a encontrarse y a perseguirse; ante tal situación, para evitar la pérdida de galeras que podían probarse muy valiosas -de hecho, ya habían perdido una en un arrecife traicionero-, Berormane y Vanna decidieron desviarse hasta Rocadragón, haciendo desistir a la flota de Breon de la persecución. Durante su estancia en Rocadragón, el maestre y la mujer fueron recibidos por Davos Seaworth, el famoso caballero de la cebolla de Stannis. El hombre resultó ser muy amable y comprensivo cuando la pareja le explicó la situación que vivían en sus islas. Incluso los reunió con el maestre Cressen, que les habló de noticias muy inquietantes: hacía muy poco, habían recibido un cuervo procedente de los Seabreeze en el que se afirmaba que lord Jeron iba a legitimar a un tal Deros Tormenta como hijo y heredero; para Vanna, era evidente que era una maniobra para atraer a Tormenta a Quiebramar. Davos, intrigado por los rumores sobre los Seabreeze, les preguntó acerca de ellos y congeniaron enseguida, así que les facilitó conseguir provisiones y agua fresca, y se despidió de ellos como amigo, no sin antes recomendarles acudir a lord Renly si era verdad que lord Jeron se había vuelto loco.

El viaje de Ancel y Jeremiah fue extremadamente accidentado, con tormentas y piratas a todo lo largo del camino. Con un par de jornadas de retraso llegaron a Tyrosh, con tres galeras menos de las que habían partido de Escollera. Allí, tras una búsqueda bastante larga e infructuosa, alguien les habló de un hombre llamado "el viejo topo", que quizá podría ayudarles. Además, había una mujer, una especie de noble llamada "lady Myzh", que igual tenía también los contactos necesarios.

Nada más llegar a Braavos, Breon se dirigió al Banco de Hierro a pedir un encuentro con Meravon Ryth. Sin embargo, según le dijeron, el banquero se encontraba de viaje a Poniente y no volvería hasta pasados unos días. Meravon volvió a Braavos justo el día que Vanna y Berormane conducían la mitad de su pequeña flota al interior del puerto y, para su sorpresa, veían varadas otras galeras Seabreeze en él. Ambas partes se encontraron por separado con el banquero, enseñando sus respectivas cartas, escritas por el puño y letra de Voredyn Ryth. Berormane hizo un buen trabajo enseñando el código en clave de Voredyn a su hermano, que se convenció totalmente de la situación y decidió seguir los consejos del maestre y Vanna de apresar al caballero del león y su escolta. Cuando Breon, Kevan Seabreeze y sus acompañantes volvieron al Banco de Hierro a encontrarse de nuevo con Meravon, varios guardias salieron a su encuentro, obligándoles a rendirse, pues como siempre, las armas en el interior del Banco estaban prohibidas. Una vez pacificados los ánimos Vanna y Berormane entablaron una airada conversación con Breon, recriminándole haberlos traicionado, mientras el caballero defendía su posición y la situación a la que lo habían abocado.

Tras un intento fallido de encontrarse con lady Myzh en su mansión, Ancel y Jeremiah decidieron visitar al llamado "Viejo Topo". Resultó ser un hombre maduro, enjuto y, efectivamente, ciego. Aunque sus ojos no daban la impresión de haber perdido la visión excepto por unas ligeras cicatrices alrededor. Sin embargo, no pudieron deducir si el Topo los engañaba o no con su invidencia. A cambio de unos generosos emolumentos, les indicó con precisión una isla a la que podrían dirigirse, donde encontrarían a quien pudiera ayudarles. Tras discutir largo y tendido si podía tratarse de una trampa, los hermanos decidieron seguir las indicaciones del hombre; así que éste envió un cuervo con un mensaje y les autorizó a partir hacia allí. Tras un par de jornadas de navegación, llegaron a la isla en cuestión, donde ondeaban los estandartes de los Escudos de Hierro. El comandante de las fuerzas presentes, un tal Boros Erenford, no intentó timarles más de lo que esperaban, cosa que agradecieron después de las dificultades pasadas. Así que, tras unas pocas horas, las galeras de los Seabreeze salían del archipiélago con doscientos Escudos de Hierro en dirección a Escollera. El clima en el viaje de vuelta fue mucho más relajado, y doscientos mercenarios ayudaron a mantener a los piratas a raya; cuando la fuerza de Ancel y Jeremiah puso pie en la isla de Olara, las catapultas acababan de haber sido reparadas y comenzaban a martillear los muros de Escollera; deberían actuar con premura.

miércoles, 15 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 5

La Tapadera
Tras pasar un par de horas en torno al edificio que albergaba las oficinas de Westchester Associates, Jonas, Jack y Fred decidieron marcharse a dormir a un motel perdido en las afueras.

Por la mañana, John llamó por teléfono a un antiguo compañero de Afganistán, el sargento William McPharson [2 Puntos de Relato], preguntándole si podía contar con su ayuda en el complicado trance en que se encontraba. McPharson le contestó que por supuesto, y esto tranquilizó a Gibbons, que confiaba en la fuerza de las armas más que en cualquier otra cosa para mantenerse a salvo. Después se dirigió a las oficinas de Thomas O'Hara, donde acordaron desviar cualesquiera fondos de origen desconocido que llegaran a la cuenta del Tea Party a una tercera cuenta a la que tendrían acceso los personajes. Thomas redactó un contrato que John firmó sin vacilar.

Por la mañana, Jonas se trasladó al edificio de Westchester, donde debido a su ropa y su pinta le miraron suspicazmente. Afortunadamente, el conserje del vestíbulo principal pudo proporcionarle lo que buscaba: una tarjeta de la empresa que se encargaba de la limpieza de las oficinas del edificio. Tras llamar a Jack y a Fred, el trío se dirigió a la empresa de limpieza, en el distrito portuario al oeste de Manhattan. Alegando estar investigando un caso, Jack y su compañero pudieron entrar a "interrogar" a los trabajadores, y consiguieron sin mayores complicaciones tres trajes de sus respectivas tallas y de la talla de Joey.

Mientras tanto, Thomas, que se encontraba moviendo diversos capitales, recibió una llamada de Joey instándole a ver las noticias del New York Inquirer Online. En la web, una periodista llamada Sally Whitfield había escrito un artículo incendiario; en él, Sally refería que había burlado una fuerte censura policial en torno al caso de los traficantes de Ántrax, y que había averiguado que el piso pertenecía a un tal Jack Finnegan, policía de Brooklyn y hermano del mismísimo comisario en jefe de la comisaría 88th Precinct. En los últimos tiempos se le había visto en compañía de un sospechoso irlandés y de malas compañías; en el piso se habían encontrado doscientos gramos de polvo de Ántrax, y era posible que ya se hubiera distribuido una parte por la ciudad. Thomas se echó las manos a la cabeza, y al instante llamó a Jack, que acababa de salir del almacén de la empresa de limpieza. Éste se quedó helado al oír la noticia. Sólo se le ocurrió una cosa que pudiera hacer: envió un mensaje de correo electrónico a la cuenta de la periodista en el Inquirer citándola en un restaurante mexicano en el norte de Manhattan.

Jack y Fred esperaban en el restaurante mientras McNulty rondaba fuera por si había complicaciones [Punto de Relato de Jack]. En una de sus rondas, el irlandés se dio cuenta de que en el interior de un coche más o menos alejado del restaurante, una mujer miraba hacia él ayudándose de unos prismáticos. El coche estaba lleno de abolladuras y rascones, como si hubiera tenido un accidente. La manía persecutoria de McNulty desató el caos. Enseñó su pistola a la mujer (que efectivamente, era Sally Whitfield), que se puso histérica. Al romper el cristal, ella intentó escapar, pero Jonas la retuvo; sin embargo, no se callaba y gritaba a pleno pulmón, totalmente loca. No tuvo más remedio que darle un fuerte golpe con la culata y dejarla inconsciente. Por desgracia, había policías cerca y un coche patrulla comenzó a hacer sonar su sirena. Arrancó el coche bruscamente y se desencadenó una persecución. Dos coches patrulla seguían a McNulty, Jack Finnegan y Fred seguían a los dos coches patrulla y otro coche apareció detrás de éstos. Haciendo un alarde de habilidad de conducción, McNulty despistó a sus perseguidores mientras Jack y Fred disimulaban ante los policías con excusas poco creíbles. Finalmente se reunieron en un paraje perdido de Englewood, al otro lado del río Hudson.

Una vez que pudieron tranquilizar a Sally, cosa que no fue difícil con McNulty delante, ésta les explicó que hacía pocas horas que había sufrido un intento de acabar con su vida; había sido embestida por un coche y otro había intentado cerrarle el paso. Dos coches negros y grandes. Los personajes decidieron contarle casi todo lo que sabían para ganarse su confianza, y tentándola con la posibilidad de ganar un Pulitzer. Ante la mención del premio, a Sally le brillaron los ojos, y acto seguido llamó a su editor para advertirle que iba a desaparecer durante unos días, pues tenía una historia muy gorda entre manos.

A esas alturas, la mayoría de los medios de comunicación ya se habían hecho eco del artículo publicado por Sally, y por doquier se encontraban especulaciones sobre los terroristas y el Ántrax. El móvil de Jack no paraba de sonar con llamadas de un teléfono público; cuando se decidió a cogerlo, su hermano habló. Por supuesto, lo convenció de que todo aquello era una encerrona; James le sugirió no aparecer en ningún sitio donde pudieran reconocerlo -entre ellos la comisaría- y acordaron contactar por SMS y teléfono público a partir de entonces.

Por la tarde, Jack, Fred y Joey entraron al edificio de Westchester como visitantes. Se encerraron en los baños, donde se pusieron los uniformes de limpieza que habían conseguido por la mañana, y tras coger un carrito de uno de los almacenes se dirigieron hacia Westchester. Por supuesto, las oficinas estaban cerradas a cal y canto. Tras consultar con otra limpiadora, una sudamericana que los miraba con desconfianza, se enteraron de que Westchester no tenía el servicio de limpieza del resto del edificio. Así que, tras inutilizar las cámaras del rellano, Joey tuvo que forzar el teclado de combinación. Al abrir vieron que el teclado estaba conectado con un cable casi invisible a una clavija en la pared. Seguramente, alguien se había enterado ya de que las oficinas habían sido abiertas, así que tendrían que darse prisa.

Pero desde luego, lo que encontraron allí no era lo que habían esperado. En las oficinas no había ni un solo ordenador, ni siquiera una toma de red que ellos pudieran ver. Ocupaban un ala entera del edificio y la mayoría de las estancias eran salas de reuniones y despachos. Había multitud de libros de derecho y archivadores, pero éstos sólo se encontraban allí para aparentar, pues se encontraban vacíos de todo contenido. Lo único de interés que encontraron fue un trozo de agenda y un archivador (vacío) en cuyo lomo destacaba el nombre de "UNSUP". Sin duda, una empresa relacionada con "UNSTRANS". También encontraron tarjetas de visita en algunos de los despachos, que guardaron. Entre ellas, había tarjetas con el nombre "Malcolm Townsend" en ellas, y se notaba que llevaban allí bastante tiempo. En las hojas que se habían desprendido de alguna agenda, venían los teléfonos de varios miembros de American Initiatives For Children, cosa harto interesante.

Entre tanto, el presidente James Molinaro salía en las noticias de la noche: representando muy bien su papel, fingió que le apenaba destituir de su cargo al vicepresidente Fogerty y que pronto nombrarían a su sustituto. Al cabo de pocos minutos, Gibbons recibía la llamada de la secretaria de Molinaro, invitándolo a acudir a la rueda de prensa que se iba a celebrar la mañana siguiente en la sede del partido. John llamó a los demás para celebrar una reunión del grupo en la fiesta del Tea Party que tendría lugar por la tarde en la casa de uno de sus miembros.

La mañana siguiente, Jack se tintó el pelo de otro color mientras Fred se desplazaba a la comisaría, donde habló con James Finnegan y se dedicó a investigar el pasado de Malcolm Townsend. Al parecer, había vivido alquilado en un apartamento de lujo muy cerca de la residencia de Thomas, así que fueron para allá, donde los recibió uno de los conserjes. Según les informó éste, había desaparecido de la noche a la mañana y después una empresa de mudanzas se llevó todos sus muebles. Extrañamente, recordaba que los empleados de la mudanza no llevaban ningún nombre en su ropa. Y el piso pertenecía a un tal Isaac Simmons; no les sorprendió oir el nombre del presidente de Westchester Assoc relacionado con Townsend. Tras hablar con el conserje, intentaron averiguar algo en los alrededores, en los bares y restaurantes. Finalmente encontraron lo que querían en una casa de alterne de alto standing. Una de las chicas, Lara, recordaba a Townsend tras obtener unos cuantos cientos de dólares: en los últimos tiempo estaba muy estresado y hablaba de cosas raras relacionadas con uno de sus clientes; había descubierto cosas raras en... en África, creía recordar. En Egipto o por ahí. La verdad era que no le había prestado mucha atención, según ella, pero estaba convencida de que había mencionado África. Dándole las gracias, se marcharon.

Por la noche, recibieron la visita de Thomas en el hotel. Al ver a Sally, O'Hara se encendió. La vida de su familia estaba en peligro y no le gustaba ver extraños implicados en aquello. Finalmente los ánimos se calmaron, y hablaron de la situación. Al mencionar el hecho de que Townsend estaba obsesionado con las revistas de hechos paranormales, tuvieron la idea de publicar un anuncio describiendo hechos extraordinarios relacionados con helicópteros en varias de ellas para hacerle acudir a un lugar concreto.

El siguiente día por la mañana, se produjo la toma de posesión de John en una multitudinaria rueda de prensa. Los periodistas no disimularon en mostrar su asombro por la elección de James Molinaro y acribillaron a Gibbons a preguntas. Molinaro, haciendo un aparte con él, le dio el plazo de una semana para renunciar al cargo, a lo que John guardó un silencio difícilmente interpretable. Más tarde tenía lugar la fiesta del Tea Party en la casa de Vincent Callahan. Allí acudieron Jack, Jonas y Thomas acompañados de Fred y Sally. No tuvieron más remedio que ser presentados a algunos de los presentes; en una de tales presentaciones, Jonas contestó a Vincent Callahan con su habitual antipatía, y éste los dejó, indignado. Por fin, pudieron quedarse a solas con Gibbons y ponerse de acuerdo sobre su próximo movimiento, en el que necesitarían estar juntos: el viaje a Boston para investigar a AIFC y la desaparición de sus familiares. Según les informó Thomas, el día anterior había hablado por teléfono con Leopold Croix, y éste le informó de que estaba fuera de la ciudad; su secretaria había confirmado a O'Hara que Leopold había salido hacia Boston por asuntos de negocios. Esto convenció a todos ellos de la conveniencia de viajar a Boston para intentar averiguar algo más.

Con la intención de verse liberado de la continua vigilancia, John pidió al teniente Duvall la supresión de su escolta. El teniente le respondió que era imposible, que eran instrucciones del propio James Molinaro. Cuando John habló a continuación con Molinaro, éste se mostró indiferente sobre el asunto, así que volvió a hablar con Duvall y finalmente lo convenció de quitarle la escolta. Pero al cabo de unos minutos John recibió otra llamada: el senador McArthy. El senador le preguntó por la renuncia a su escolta y mostró su desaprobación, dándole a entender claramente que la escolta "no era algo opcional" y debería continuar con los agentes tras sus talones. Vaya, eso confirmaba sus sospechas de la implicación del senador en todo aquel extraño asunto.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 4

Intento fallido.
Para ultimar los preparativos de la entrada a Westchester Associates, Thomas y Jack quedaron mediante mensajes de móvil esa misma noche a las 22 horas en el restaurante La Dolce Vita de New Jersey, donde ya se habían reunido hacía un par de noches. Acto seguido Jack trató de averiguar en la red nueva información sobre los peces gordos de Campbell Leopold Croix-Parker y Dorothy St.James, pero no obtuvo nada nuevo, aparte de las consabidas demandas por malversación, blanqueo, etc.
Fred Mullendore
Al volver a casa, se encontró con John y Jonas, que se encontraban preocupados viendo las noticias. El concejal hacía cerca de 18 horas que no daba señales de vida y se había dado la alarma a todas las comisarías. James, el hermano de Jack, llamó preocupado, preguntándole por "su amigo el concejal Gibbons"; al decirle que estaba en su casa, el comisario jefe le montó una bronca de campeonato, y le prohibió aparecer por comisaría durante el permiso que le iba a conceder de dos semanas. En otra habitación, John se decidió a coger el teléfono finalmente, que había tenido en silencio todo ese tiempo. Los escoltas que custodiaban su casa le preguntaron dónde se encontaba, con quién y demás, si no podía hablar libremente. John disimuló lo mejor que pudo y les dijo que pronto regresaría. Entre todos decidieron que debía volver a su casa. Jack y Jonas le seguirían a distancia, sin que él lo supiera.

John encontró un taxi libre en pocos instantes. A mitad de camino de Staten Island, el taxista, un hombre anodino aunque con acento extranjero, buscó una determinada emisora en el dial. Una voz con ligero acento extranjero que John ya conocía empezó a hablar refiriéndose a él, para su sorpresa. Le recriminó el hecho de que hubiera llamado la atención y le preguntó por una respuesta definitiva a lo que habían hablado en el helicóptero. John se vio en la obligación de responder afirmativamente, al menos colaboraría de momento; si no lo hacía seguramente matarían a su hermana y posiblemente a él también, lo único que podía hacer era ganar tiempo. La misma risa lunática de la madrugada volvió a oírse a través de las ondas. Llegó a casa, preocupado entre una marea de periodistas que los escoltas se encargaron de apartar.

Mientras tanto, un par de minutos después de que John hubiera salido a la calle, Jonas salió a la calle con la intención de acudir a su casa a vigilar, adelantándose un poco a Jack, pues había recibido una llamada desde un teléfono extranjero, de parte de Sergei. "¿Qué está pasando?" —preguntó McNulty. "¿Por qué nos has traicionado?" —dijo la voz. La respuesta de McNulty no le debió gustar, porque colgó al instante con un seco "adiós". Un dolor intenso en el hombro recibió a Jonas al salir al nublado atardecer. Alguien le había disparado. ¡Un francotirador! Por puro instinto se zambulló entre unos cubos de basura, mientras veía por el rabillo del ojo un helicóptero oscuro y silencioso que bajaba hacia la azotea del edificio de Jack. McNulty llamó rápidamente por el móvil a su amigo, instándole a salir de allí. Jack así lo hizo, y mientras subía en el ascensor oyó cómo reventaba la puerta de la azotea. Unos fuertes pasos de calzado militar resonaban en el exterior. El ascensor llegó un poco antes que los pasos amenazantes al vestíbulo, y para retrasarlos un poco más, Jack disparó hacia el primer descansillo. Los enemigos contestaron desmesuradamente, con fuego de armas automáticas, así que el Finnegan salió corriendo para reunirse con McNulty. Un rápido puente a un coche aparcado en la calle y una brusca maniobra mientras un par de balas atravesaban el cristal trasero les permitieron dejar atrás el peligro, al menos de momento.

La herida de McNulty no era muy grave, pero si no tenían cuidado podía empeorar rápidamente, así que se dirigieron a ver a Alex McEnroe, en el sur de Brooklyn, un viejo conocido de Jack que se había dedicado a la cirugía en una antigua red de traficantes de órganos [4 Puntos de Relato]. El cuchitril en el que vivía Alex no parecía reunir las condiciones sanitarias adecuadas, y la botella de whisky que llevaba siempre en la mano no ofrecía toda la seguridad deseable en un cirujano, pero el tipo hizo un trabajito fino, fino. McNulty se sorprendió y, dado el descaro y el cinismo que ambos rezumaban, hicieron migas enseguida. Mientras McEnroe operaba a Jonas, Jack recibió una llamada de John, el concejal. Éste se encontraba boquiabierto en su casa viendo en la televisión una noticia en la que se anunciaba la desarticulación de una peligrosa banda terrorista que había estado intentando introducir Antrax en el país; las imágenes correspondían al piso de Jack, y mostraban dos retratos robot: uno que podía remotamente identificar a Jack y otro que representaba evidentemente a Jonas McNulty. Joder, se habían hecho enemigos muy poderosos. Cuando Jonas volvió en sí después de ser operado y se enteró de todo, decidió raparse el pelo con una de las cuchillas de Alex antes de salir a la calle.

Mientras tanto, Thomas, esperando en el restaurante cada vez más impaciente, envió un mensaje a Jack. Éste le comentó los problemas que habían sentido y que sentía el retraso, pero que llegarían lo antes posible. Así que Thomas aprovechó para hablar de nuevo con Roberto Grezzi, que se encontraba por allí. O'Hara se lo había pensado mejor y ofreció sus servicios al líder del Don mafioso, pero permaneciendo aparte de Campbell & Weber. Esto sorprendió al italiano, que reclamó ciertas garantías que la firma de Campbell sí le ofrecía. Haciendo de tripas corazón y confiando plenamente en su capacidad inversora, Thomas le ofreció las garantías que quería. Estrecharon las manos mientras Thomas hacía un último requerimiento: el dinero que llegara a sus manos debía de proceder de fuentes totalmente legales; Roberto respondió un lacónico "sí" con una media sonrisa, y Thomas tuvo que engañarse a sí mismo [2 Puntos de Relato] para ignorar el hecho casi seguro de que el dinero iba a ser ilegal.

De camino a New Jersey, Jack aprovechó para llamar a Fred Mullendore. A sugerencia del paranoico McNulty, decidieron tenderle una especie de trampa para comprobar su fiabilidad. Lo citaron a la una de la madrugada en un motel perdido del oeste de la ciudad.

Llegaron por fin al restaurante, con caras preocupadas. Allí, después de preguntar por el nuevo look de Jonas y abrir mucho los ojos por la sorpresa de la noticia del Antrax, Thomas les informó sobre Westchester Assoc: la empresa tenía su razón social central en una remota mansión del condado de Westchester, al norte, pero también tenía un piso de oficinas en el distrito comercial de Manhattan. Allí sería donde intentarían entrar. Ultimaron los detalles, y Jack decidió cancelar las visitas que tenía concertadas el día siguiente con Leopold y Dorothy. En su lugar, Jonas y él acudirían a Delaware a hablar con el antiguo dueño de la camioneta del mendigo. Hacia el final de la conversación, el vino comenzó a hacer efecto, y Finnegan se exaltó un poco, asegurando que si el plan no surtía efecto, iba a coger a Leopold y a sacarle la información a "hostias finas", expresión que dio lugar a un nuevo chascarrillo: la "Hostia Finnegan". Las risas ayudaron a aliviar un poco los nervios y la tensión en la que habían estado viviendo las últimas horas.

Tras salir del restaurante, se encaminaron hacia el motel. Desde una distancia prudencial, vieron cómo Fred llegaba en coche, aparcaba y esperaba. Al cabo de un rato salía a fumar un cigarrillo y hacía una llamada. Después, una segunda llamada y el teléfono de Jack sonó. Había llamado a alguien antes. Le dieron el número de habitación y se acercaron sigilosamente. Fred llamó a la puerta de la habitación y no obtuvo respuesta, sacó su arma y se giró de repente, encontrándose con los dos policías. Fueron momentos de gran tensión en los que Jack le pidió el teléfono. Fred aseguraba que había llamado a su hermano para informarle de su paradero, cosa que se vio confirmada cuando Jack echó una ojeada a sus llamadas recientes. Y le pidió que no llamara más a su hermano, él se encargaría. Se disculparon, se relajaron, y tras alquilar una habitación bebieron y durmieron, agotados. No sin antes explicar todo lo que sucedía a Fred.

De madrugada, Thomas recibió una llamada. Contestó, y lo único que oyó fueron gritos, gritos de su mujer. El corazón se le encogió. A los pocos segundos, colgaron. Media hora más tarde sucedió lo mismo, pero esta vez con su hermana. Los nervios se le crisparon. Media hora después, tras no coger el teléfono en un par de ocasiones, por fin decidió descolgar. Esta vez alguien habló: una voz con acento extranjero, dándole instrucciones para desviar fondos progresivamente a unas cuentas que recibiría en breve. Dicho y hecho, nada más colgar recibió un correo con las susodichas. No le costó mucho averiguar a quién pertenecían: al Tea Party de Nueva York y a varios miembros de sus filas; una de ellas incluso pertenecía a uno de sus clientes: John Gibbons.

Senador Samuel McArthy
Por la mañana temprano, John se sorprendía al ver aparecer en su jardín al presidente James Molinaro, seguido de un par de sus guardaespaldas y su secretaría. Tras la cháchara de rigor, Molinaro pasó a cosas más serias: dijo que había recibido una llamada del senador McArthy, instándole a nombrar a John como su vicepresidente, perfilándolo para el puesto de candidato a alcalde. Molinaro insistió en el hecho de que llevaba demasiado en política como para que un "chupapollas" como John empezara a "tocarle los cojones" a esas alturas, así que esperaba que una vez él lo nombrara vicepresidente, John lo rechazara alegando cualquier excusa. Si no, podía dar por terminada su carrera política. Acto seguido se marchó bruscamente. John no sabía qué hacer, estaba confundido, así que llamó a Vincent Callahan, su compañero en el Tea Party. Vincent ponía cada vez más cara de extrañeza a medida que John le iba explicando la situación, y finalmente le aconsejó hacer caso del senador. Por supuesto, contaba con el completo apoyo del Tea Party. A continuación, John contactó con el senador McArthy, que le dio su apoyo y que tenía el pálpito de que dentro de poco tendría noticias de su hermana.

Tras comprar algunas armas, Jonas, Jack y Fred salieron hacia Delaware. De camino, McNulty recibió una llamada de sus ex-compañeros en respuesta a un mensaje que él les había enviado el día anterior con el extraño logo que habían encontrado en el helicóptero. Le dijeron que aquel logo exactamente era desconocido para ellos, pero que se parecía en cierta medida a otro: el de una empresa llamada UNSTRANS, que era la que se encargaba de transportar su equipo más comprometido (armas y demás) desde una sede a otra.
Una vez en su destino, no tardaron en encontrar el rancho de Tom Williamson, que ahora pertenecía a la cadena St.James Food & Cattle, proveedora de establecimientos de comida rápida y comedores de colegios, cuya propiedad pertenecía a la familia de Dorothy St James. ¿Casualidad? Williamson les atendió hosca pero correctamente. Admitió haber tenido una camioneta así, pero fue Mickey, el de la tienda de coches usados del pueblo, quien la vendió. En una breve visita, Mickey les enseñó el albarán de la venta, que evidentemente no había declarado a hacienda. La temblorosa firma era casi indistinguible pero para Jonas era evidente que el comprador se llamaba Mal Townsend.

Al volver a Nueva York se reunieron con Thomas en el piso del Bronx. Éste ya había comenzado a hacer pequeños traspasos a las cuentas con la ayuda de Joey. Al poco rato, acudieron al edificio donde se encontraban las oficinas de WA. Una vez allí no vieron claro el acceso. El estado físico de Joey y el volumen de Fred hacían muy difícil meterse por espacios reducidos o inestables, y la puerta era inabordable, con el guardia de seguridad de recepción y algunos itinerantes. Tras discutir algunas alternativas, decidieron que lo más prudente sería volver de día e intentarlo de otra forma.

martes, 7 de agosto de 2012

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 3

El heraldo del Caos.
La paranoia comenzaba a hacer mella en casi todos ellos. John Gibbon llamó por teléfono a Jack, sospechando de todo y de todos, para concertar una reunión por la tarde en Nueva Jersey. Poco después, era Thomas quien también llamaba a Jack, para concertar una reunión, sobre las siete de la tarde. Por conveniencia -y discreción-, decidieron quedar en Nueva Jersey, en un restaurante llamado La Dolce Vita.

Sergei Yurikov
Además de las conversaciones telefónicas, Jack comenzó el día indagando sobre Sergei Yurikov, sin éxitos nuevos. Al poco recibía una nueva llamada, esta vez de McNulty. Jonas le contó lo extraño que se había sentido al ver la foto del periódico que hablaba del incendio del hostal, con el lunático mendigo de la noche anterior en una esquina. Contradiciendo todas las informaciones que figuraban en las bases de datos de la Interpol y el FBI, Jonas aseguró que Sergei continuaba vivo.

Más tarde, McNulty recibía una llamada de un teléfono desconocido, que contestó. Preguntaban por "el irlandés"; llamaban del hospital Santa Mónica, donde tenían un ingresado en coma por quemaduras muy graves en cuyo móvil se encontraba el suyo, con ese nombre. Seguro que se trataba de Smith, que después de todo había sobrevivido; era duro el cabrón. Dejó un mensaje a Jack informándole de su visita al hospital y acudió en su coche. Jonas lo pasó fatal; todo el mundo en el hospital parecía estar observando sus movimientos, y a punto estuvo de encañonar a un par de celadores que parecían amenazarle. Debía templar los nervios. En la habitación, efectivamente comprobó que el quemado con una bala en el hombro era Smith, y alegando que intentaría buscar a su familia, se desentendió de seguros médicos, papeleos y demás.

En casa de John, dos furgonas de periodistas se encontraban en la puerta. Decidió seguir los consejos de su compañero del Tea Party Vincent Callahan y ofrecer declaraciones, para comenzar a darse a conocer. Los periodistas se mostraron ávidos, y aunque John no ofreció información que pudiera comprometer a nadie, sí apareció como víctima y esposo y padre fuerte, defendiendo la pena de muerte y la intolerancia con los radicales. Pocas horas después, las furgonas en la puerta de su casa se habían multiplicado hasta llegar casi a la docena, y el teléfono sonaba continuamente; la situación se hizo insoportable para su mujer, que fría y tristemente se despidió de él para trasladarse junto con su hijo a casa de sus padres, en Connecticutt. Un beso en la mejilla y un susurro recomendándole tener cuidado entristecieron a John aún más de lo que estaba.

En la comisaría, Jack llamó a su hermano. Con el fin de encontrar apoyo, le dijo que conocía quién había asesinado a Susan. Sin poder evitarlo, lo relacionó con McNulty, y gracias a su relación fraterna, consiguió que James se abstuviera de ordenar ninguna acción, al menos de momento. Le pidió también que usara sus contactos para conseguir toda la información que pudiera sobre Sergei Yurikov. Acto seguido partió a reunirse con John Gibbon, el concejal. John pidió su consejo, y Jack le aconsejó tener paciencia; su próximo paso era investigar el asunto que olía mal en Campbell & Weber, y eso quizá le diera alguna pista sobre su hermana. Esto también hizo que John se preocupara por el dinero de su partido, en manos de Thomas O'Hara.

Al volver a casa, John se vio acosado por multitud de micrófonos y grabadoras. Volvió a hacer declaraciones en las que hablaba de sus convicciones y lo que había que hacer, pero no revelaba información vital; no podía arriesgarse a que mataran a su hermana. Apartando a los periodistas se metió en la casa. Allí le recibió su hijo, John Jr. El muchacho quería quedarse a vivir con él, no quería marcharse, pero haciendo de tripas corazón, John lo convenció de acompañar a su madre. Sería lo mejor.

Llegaron las siete de la tarde, y en La Dolce Vita, restaurante italiano en el este de Nueva Jersey, se encontraron Thomas y Jack. La mayoría de la clientela era italiana, y Thomas pagó bien a un violinista para que cubriera sus palabras con las cuerdas. Fue necesaria la traducción del dueño del local, Artie Bucco, para que se entendieran con el músico. O'Hara informó a Jack de las posibles irregularidades de su empresa, en una conversación en la que salió a relucir el nombre de Westchester Associates. También le recomendó tener cuidado con Leopold, que no tenía ningún escrúpulo, tras lo cual la conversación derivó a la tarjeta de Westchester Assoc. que Jack había encontrado en el abrigo del mendigo la noche anterior, una casualidad inquietante. Cuando estaban acabando, se acercaron a la mesa dos tipos, italianos. El más joven presentó al más mayor, un hombre casi anciano, como Marco Grezzi. Si la memoria no le fallaba a Thomas, Grezzi era un apellido más en la cartera de clientes de Campbell & Weber, y por cómo transcurrió la conversación, era indudable que estaba relacionado con la mafia. El italiano se mostraba interesado en que Thomas tomara el control de su dinero. Aterrado por la posibilidad de tratos con la mafia y de enemistarse con Leopold, O'Hara le dio todas las largas que pudo, y lo citó en sus oficinas al día siguiente, donde podrían reunirse con su socio. Un rápido intercambio de mensajes entre Thomas y Joey Wright confirmó que Grezzi era un don de la mafia de Nueva Jersey; además, Joey le informó de que le era imposible conseguir desde el pequeño piso del Bronx más información de Westchester Assocs; si quería averiguar algo más tendrían que desplazarse físicamente hasta su sede para poder introducirse en sus servidores. Al parecer, los tenían extremadamente protegidos de ingerencias externas.

De vuelta al hotel, Thomas habló con su hijo Bobby y con su hermana Wendy. A pesar del disgusto del muchacho y de la preocupación de su hermana, le dio un cheque a Bobby que contentaría tanto al chaval como a su tía (y al marido de ésta), y lo mandó con ella, con todo el secretismo posible.

Después de desahogarse pasando la tarde en una galería de tiro, John volvió a su casa, donde tuvo que lidiar de nuevo con el maremagnum de periodistas, que incluso habían empezado a seguirle en sus desplazamientos. Recibió una llamada en su móvil de siempre: una voz desconocida lo citaba a las cinco de la mañana en una dirección, un viejo parque en un rincón apartado de Staten Island. Esta vez no cometió la inconsciencia de llamar a la policía, sino que se puso en contacto con Jack. Éste le recomendó que acudiera a la cita tranquilo, que él y Jonas se encargarían de vigilarlo. John no quería correr riesgos; se puso la pistolera bajo la chaqueta y partió hacia el parque. Allí habían llegado aproximadamente una hora antes de la cita Jonas y Jack. Éste vigilando desde su coche y aquél haciéndose pasar por mendigo. Mientras se dirigían a Staten Island ambos tuvieron una comprometida conversación en el coche referente a Jennifer O'Hara. McNulty le aseguraba que sus encargos implicaban siempre la muerte del objetivo, así que el secuestro debía de ser cosa de otra gente. Eso condujo a momentos de tensión cuando el policía recordó a su compañera muerta. Por suerte no pasó a mayores.

En el parque, McNulty y Finnegan se dieron cuenta de lo difícil que iba a ser mantener vigilado a Gibbon, dada la frondosidad de la vegetación. El irlandés incluso habló con un barrendero que se mostró poco amigable y, para más inri, hablaba con un sospechoso acento del este de Europa. Cuando Gibbon llegó pudieron ver cómo el mismo barrendero le hacía señales para que se adentrara en el parque, mientras un sospechoso helicóptero sobrevolaba la zona entre las nubes bajas. En el interior del bosquecillo John se cruzó con un par de sintechos que lo miraron con cara de pocos amigos, y en un banquito un hombre vestido con un chaqueta de cuero y gafas de sol le hizo señas para que se acercara, mientras hablaba por el móvil. Parecía que hablaba en alemán, y pasó el móvil a John, diciéndole que tenía una llamada. Otra voz con acento alemán habló por el auricular, diciendo que la ayuda de los dos hombres que le habían acompañado no le iba a servir de nada y que tenía una propuesta que hacerle, si dejaba su arma y acompañaba al hombre que se encontraba a su lado. Al responder el concejal afirmativamente, se dirigieron hacia un claro del bosquecillo donde, para sorpresa de John, apareció un helicóptero anormalmente silencioso y les tendió unos arneses. Ascendieron.

Mientras tanto, Jack había hecho todo lo posible por no perder de vista a John, pero sin éxito. Al internarse éste en el bosquecillo había tratado de seguirle, pero ver armas en manos de los mendigos que dormían en el parque le había convencido de no ir más allá. A los pocos segundos, un helicóptero oscuro había pasado sobre él, apenas sin hacer ruido. Una tecnología impresionante. Lo único que distinguió en el fuselaje fue una especie de "U" con ambos brazos coronados por una especie de astas de toro. Volvió a reunirse con McNulty, que le informó de que varios mendigos y el barrendero habían salido en direcciones distintas alejándose del parque en coches y motocicletas.

Logotipo del Helicóptero,
en el original mucho menos visible
El helicóptero ascendió para perderse entre las nubes, mientras John se sentaba enfrente de un hombre mayor, de pelo y perilla canosos, con grandes entradas en la frente y vestido con un traje que parecía extremadamente caro. Le acompañaban otros dos hombres vestidos de negro y hablaba con un ligero acento que no supo identificar. El hombre se presentó como "un amigo", un amigo que podía hacer muchas cosas por John si se mostraba colaborador. Al preguntarle por su hermana, el extranjero le contestó que de momento se encontraba bien, y que a esas alturas debía de estar ya fuera del país. Eso hizo que John hiciera más preguntas, pero no contestó ninguna más. La conversación derivó a otros derroteros. El extraño habló a John de su ambición y de las oportunidades que podría proporcionarle en un previsible ascenso al poder: alcalde y por qué no, quizá algo más. John no tuvo más remedio que mostrarse interesado. El hombre le habló de las oportunidades que podían surgir del caos, y caos era lo que le hacía falta a John para elevarse sobre las cenizas como un Ave Fénix. Sin duda, aquél hombre estaba loco; hablaba como un demente. Al preguntarle John cómo pensaba sembrar el caos para ayudarle, el viejo sacó una pistola y ¡disparó a la cabeza del piloto del helicóptero! El vehículo empezó a dar vueltas y vueltas, descontrolado, ¡mientras el tipo se reía sin parar! "¿Te parece suficiente caos éste? ¿Te lo parece?" —preguntaba sin dejar de reír. Por suerte, uno de sus acompañantes, no menos sorprendido que John, pudo hacerse con los mandos antes de estrellarse. Cuando el helicóptero se estabilizó, hicieron levantarse a John, mientras el loco le decía que no tardaría en ponerse en contacto con él, y que esperaba que aceptara su oferta. John no supo qué contestar, en estado de shock mientras le ponían algo en la espalda y lo lanzaban al vacío. Por puro instinto de sus tiempos en el ejército, tiró de la anilla y el paracaídas se abrió.

Cayó con las piernas temblando y sin habla. Finnegan y McNulty no tardaron en reunirse con él, ya que habían estado dando vueltas con el coche, intentando seguir al helicóptero. El concejal tardó en reaccionar, presa del pánico. Cuando lo hizo les contó todo lo que había pasado, y lo escucharon atentamente, asombrados. A continuación se dirigieron a casa de Jack, donde se tomaron unas copas para calmarse. John y Jonas comenzaron a congeniar; no podía decirse que se cayeran bien, pero la relación empezó a normalizarse.

Por la mañana, Thomas recibió la visita de Marco Grezzi, acompañado de otro italiano joven y otro de mediana edad, al parecer abogado. Se reunieron con Leopold. Los italianos dejaron muy claro que estaban descontentos con la gestión de éste, que les había hecho perder mucho dinero y querían cambiar de asesor. Por suerte, Thomas pudo reconducir la situación para que permanecieran fieles a su socio [punto de relato] y de paso se congració con Leopold, que le agradeció su ayuda. Sin embargo, Thomas recibió más tarde la visita en su despacho del italiano más joven, sobrino de Marco, que quería contratarlo a título personal; Thomas también se negó a esta oferta.

Esa misma mañana, Jack recibió la llamada de su hermano, que quería presentarle a su nuevo compañero. A Jack no le apetecía lo más mínimo tener un nuevo compañero dado lo reciente de Susan, pero la insistencia de su hermano terminó por convencerle. En comisaría fue presentado a Fred Mullendore, un armario de dos puertas procedente de Los Angeles, donde había tenido problemas por saltarse las normas. La verdad era que el tío era muy simpático, y el bigotillo que lucía lo hacía todavía más entrañable. Cuando Fred preguntó a Jack cómo llevaba el caso, éste se extrañó. Pero su hermano le dijo enseguida que podía confiar en Fred, él mismo le había puesto en antecedentes. Eso alivió a Jack, que enseguida informó a su nuevo camarada de la situación y le recomendó que fuera discreto.

Mientras tanto, John y Jonas se recuperaban en casa de Jack de la borrachera que habían cogido la noche anterior. McNulty se ausentó unos momentos para dejar un mensaje en el contestador automático que servía para dejar mensajes a Sergei. Dejó grabado que alguien debía contactar con él.

Mientras Jack se encontraba sacando listados de grupos paramilitares y terroristas para intentar identificar el símbolo que había visto en el helicóptero, Thomas le envió un mensaje. En él decía que el sábado por la noche pensaba infiltrarse en Westchester Associates para hackear sus sistemas y obtener toda la información que pudieran. Jack le contestó que, por descontado, le acompañarían.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 1 Capítulo 14

Separación. Planes de guerra.
Lord Jeron Seabreeze
Las naves recién llegadas comenzaron a disparar a diestro y siniestro sus catapultas y ballistas hacia los barcos enemigos. La galera de Tarth no tardó en ser abatida bajo la potencia de fuego de las estilizadas galeras Tyrell. Tras recibir un par de proyectiles en su propio barco, siguiendo las rápidas instrucciones de Jeremiah, el capitán Virren se afanó en transmitir señales a sus nuevos aliados, indicándoles su presencia a bordo. Sin embargo, al apercibirse de la situación, la tripulación creyó que era Ancel quien los había traicionado, así que lo acorralaron junto con el resto del gupo en el castillo de popa. Tras unos minutos de indecisión y amenazas, Breon defendió violentamente a Ancel de un mercenario que iba a agredirle por la espalda. La violencia se desató, el caballero errante fue reducido y con él, su compañero Garrett y su amigo Tygor Wyl. El resto del grupo, incluidos Jeremiah y Vanna, consiguió saltar al mar antes de franquear el límite de la Ensenada de los Filos en diferentes puntos del trayecto. No así Breon y Garrett, que fueron encadenados y conducidos a tierra.

Por desgracia, un pivote de ballesta había alcanzado a Ancel en el hombro nada más saltar al agua. Divididos, sacudidos por las olas y azotados por el viento y la lluvia incesantes, pasaron un rato de agonía intentando alcanzarse y llegar hasta la salvación: las galeras Tyrell, que habían permanecido alejadas del alcance de las torres de Quiebramar. Milagrosamente, tras lo que parecieron siglos de interminables brazadas y tragos de agua salada, algunos de ellos pudieron llegar hasta la galera más cercana y dirigirla en el rescate de sus compañeros.

Breon y Garrett desembarcaron cargados de cadenas en el puerto de Quiebramar y fueron conducidos sin contemplaciones hasta la presencia de lord Jeron, que, aun inválido, se mostraba mucho más dinámico que la última vez que se habían visto.

A bordo de las galeras Tyrell, el capitán Rowan Fossoway se presentó ante los hermanos Seabreeze, presentando los respetos de lady Olenna Tyrell y poniéndose a las órdenes de Ancel. Lo primero que hicieron fue dirigirse a la isla de los Raer, donde destruyeron o hicieron huir a todas las naves que impedían el acceso a Escollera. Perdieron una de las galeras, pero a cambio consiguieron la gran coca varada frente a la fortaleza. Garantizado su acceso a Escollera a través de la escalera del acantilado, pudieron por fin hablar con lord Edgar. El señor de los Raer acordó prestarles prácticamente la totalidad del oro de sus arcas para poder contratar mercenarios más allá del mar. Plantearon las posibilidades que tenían: Tyrosh, Braavos, las tierras en disputa... Lord Edgar expresó repetidas veces su preocupación por aquel préstamo: si por alguna razón los Seabreeze no eran capaces de devolverle el dinero en breve, la casa Raer desaparecería de un plumazo. El grupo le prometió que aquello no pasaría.

Durante un par de jornadas, Breon se resistió a los intentos del señor de los Seabreeze de hablar con él para obtener información, confiando en que sus compañeros y amigos acudirían a rescatarle pronto...
(la historia de Breon está censurada por el momento)

...


Tras recuperar el oro de lady Olenna que había permanecido escondido en la playa donde habían desembarcado la primera vez y descansar una noche en Escollera, el grupo decidió por fin cuál sería su curso de acción. Ancel y Jeremiah partirían junto al capitán Virren, con el oro y una parte de las galeras hacia Tyrosh para negociar con la Compañía del Gato, las Lanzas Largas, los Escudos de Hierro o cualquier compañía que pudieran encontrar rápidamente. Por otro lado, Berormane, Vanna y Rowan Fossoway viajarían a Braavos para hablar con Meravon Ryth, el hermano de Voredyn, a quien presentarían la carta que éste había escrito en código e intentarían convencer de prestarles ayuda. Jeremiah y Ancel les proporcionarían también una carta con el sello Seabreeze donde explicaban la situación.

El viaje a Tyrosh serían cinco días de ida y cinco de vuelta en el mejor de los casos por un camino plagado de piratas y lobos de mar, mientras que estimaban que el viaje a Braavos no sería inferior a dos semanas de ida y dos de vuelta. Para tranquilizar a lord Edgar, Ancel y Jeremiah le aseguraron que estarían de vuelta en Olara en un plazo no superior a quince días, aunque suponían que sería algo difícil. Lord Edgar también proporcionó algunos cuervos a Berormane para poder comunicarse en su larga travesía. Con suerte, el maestre conseguiría adiestrar a los pájaros en pocos días.