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viernes, 18 de octubre de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 3

El asunto Roben
Al recibir las noticias sobre la muerte de Jon Arryn, Renly salió precipitadamente de la sala, seguido poco después por algunos de los presentes, entre ellos Ser Davos. Tygor Wyl, sentado en las filas de atrás junto a Breon, preguntó al caballero si sabía qué estaba pasando, a lo que Breon movió la cabeza negando.

Mientras esto ocurría, los novios salieron también de la sala, escoltados por Alyn Estermont y Jeremiah, que se encargarían de las labores de guardia de honor mientras Ancel y Elora consumaban su matrimonio. Pocos minutos después, apurado por la situación, Ancel aparecería con la sábana manchada para atestiguar la consumación.

En la sala de guerra, Renly reunió a los nobles de las casas mayores. Poco después, un grupo de sirvientes salía al castillo para propagar la noticia. Ancel y Jeremiah hicieron acto de aparición, pues como anfitriones opinaban que les correspondía estar presentes en la reunión. Ésta se prolongó durante aproximadamente media hora más, donde lord Renly anunció que viajaría inmediatamente a Desembarco del Rey. Dio instrucciones a los nobles de que estuvieran preparados en caso de que necesitara algo y tuviera que convocarlos.

Saario de Penthos, el sacerdote rojo, se reunió con Vanna. Le habló de la reticencia de R'hllor a manifestarse en las llamas, y le recomendó que transmitiera a sus señores la necesidad de que mostraran una mayor devoción por el Señor de la Luz. Lady Melisandre había visto en las llamas que los Seabreeze debían jugar un papel importante, pero ello no quería decir que fueran fundamentales. Más tarde, Saario se reuniría con Ancel, cuando Vanna le transmitió la inquietud del sacerdote. Ancel intentó tranquilizar al clérigo, y le transmitió su convencimiento de que Jeremiah y Berormane no iban a cambiar su fe fácilmente, aunque intentaría cambiar la situación de alguna manera. A continuación, Ancel encargó a Saario una labor: intentar descubrir en las llamas dónde se encontraba Megara, si es que estaba viva. Si R'hllor mostraba el camino, seguramente su hermano y el maestre estarían más receptivos a sus enseñanzas. Saario intentó protestar y expresar su malestar, pero Ancel dio la conversación por acabada.

Durante la jornada siguiente, Quiebramar se fue vaciando de invitados. Lord Renly partió, y Ser Davos también, deseando lo mejor a los Seabreeze. Pronto sólo permanecieron en el castillo los Tudbury, los Fell y los Estermont, aparte de algunas delegaciones menores.

Vanna fue informada por Jana de que los agentes que seguían los pasos de Roben Tudbury habían dejado de transmitir sus informes. Sospechaba que, si no los había sobornado, estaban muertos a esas alturas. Vanna le encargó que intentara sustituirlos por otros.

Por otro lado, reunido con el grupo, Tygor Wyl insistió sobre el asunto de sus tierras. Llevaba dos años con los Seabreeze y creía que se estaban agotando las opciones de tomar la fortaleza rápidamente. Debían atacar antes de que los usurpadores se asentaran. Breon insistió vehementemente a Ancel, pero éste, alegando que Renly podría necesitarlos en cualquier momento, volvió a postergarlo. Tras la conversación con su señor, Breon volvió a los aposentos de Tygor, y un sirviente le informó de que había salido al pueblo. Breon lo encontró en el exterior de una de las posadas, despidiéndose de otro hombre, que no era otro que ¡Roben Tudbury! Éste iba acompañado de otros tres hombres y cuando se reunió con ellos partieron a caballo. Al confrontar a Tygor en la posada de Jana, éste reconoció que el tal Roben se había intersado por su caso, y al pedirle dinero para reconquistar lo que era suyo, se había mostrado receptivo. La paciencia de Tygor se había acabado, y necesitaba encargarse del asunto cuanto antes; los usurpadores ya debían de estar relacionándose con las casas de su alrededor y reclutando soldadesca. Durante la conversación, Breon intentó por enésima vez propasarse con Jana; sorprendentemente, ésta no le rechazó como otras veces, pero le recordó el asunto de "la leona y sus cachorros".

Durante esos días, Jeremiah intentó consolar a su madre, a su abuela y a ser Alyn en la medida de lo posible, rezando a los Siete siempre que podía. Por otro lado, su escudero, Regar Tudbury, había empezado a destacar ya con las armas. Todo lo contrario que Lothar, escudero de Breon; éste habló con la familia del muchacho exponiendo la incapacidad de éste para los asuntos marciales, y lo que se decidió fue ponerlo a las órdenes de Berormane como aprendiz, para que siguiera a salvo en Quiebramar.

Al atardecer, apareció de nuevo Saario, reclamando la atención de Ancel. R'hllor le había ofrecido una visión, aunque no la que ellos querían: cinco coronas enfrentada, y el halcón Seabreeze hundiéndose en el abismo entre ellas; algo muy malo estaba a punto de pasar, aunque no sabía qué, pero era urgente que los Seabreeze volvieran su atención hacia el Señor de la Luz, no podían continuar así.

A continuación tuvo lugar una reunión familiar para hablar de Megara. Jeremiah estaba decidido a pasar página, dándola por muerta y feliz junto a los Siete, pero Ancel insistía en seguir buscándola. Los Niños del Bosque no habían sido de ayuda cuando Vanna había requerido sus habilidades, y debían encontrar otra vía. Lady Madelyne propuso utilizar los conocimientos de Vanna. Ésta se mostró muy incómoda cuando Ancel le expuso sus intenciones, y le recomendó pensárselo muy bien, pues la magia de sangre siempre exigía un precio, y solía ser bastante alto. Si no quedaba más remedio, lo haría, pero no de buena gana.

El día siguiente, Tygor se reunió con Breon: le anunció que en pocas jornadas partiría de Quiebramar, pues Roben Tudbury había acordado prestarle su ayuda. A pesar de que Breon hizo todo lo posible por convencer al joven con un sujeto de tan mala reputación, éste no transigió. Deseaba recuperar sus tierras a toda costa.

Mientras Tygor se encontraba con Breon, Berormane recibía una visita. Se trataba del propio Roben Tudbury. Éste le habló solapadamente de los accidentes que había oído que el maestre había tenido en su laboratorio y de cierta cura milagrosa que había descubierto. Le propuso hacer negocios juntos, dejándole entrever lo lucrativo que podría llegar a ser que le proporcionara acceso al fuego valyrio.

Cuando Breon y Berormane informaron a Ancel de sus respectivos encuentros recientes, éste decidió que era inevitable deshacerse de su tío. No quería más problemas internos, y Roben iba a ser desde luego una fuente inagotable de ellos. Entre todos trazaron un plan: harían una redada por sorpresa en sus dos barcos simulando encontrar una redoma de fuego valyrio. Mientras tanto, una parte de sus hombres lo acorralaría en la posada donde estuviera alojado y lo capturarían, matándolo si era posible. Ante la mención de la muerte de su tío, Jeremiah abrió los ojos, horrorizado; no colaboraría en un plan que implicara matar a alguien de su misma sangre. Tras mucho discutir, el grupo llegó a una solución que estimaron perfecta: no matarían a Roben, pero le obligarían a vestir el negro y partir inmediatamente hacia el Muro. Así, Jeremiah sí se mostró de acuerdo.

De madrugada pusieron en marcha el plan. Jana les informó de la posada donde se había alojado Roben esa noche, y aprestaron sus hombres para capturarlo. Sin embargo, no lo encontraron en la posada, sino durmiendo en uno de sus barcos. Berormane se encargó de "encontrar" el señuelo y dar la alarma. Pronto, el puerto se llenó de gritos de "traidor" y "traficante de fuego valyrio". Tras no tener más remedio que abatir a un par de los bastardos de Roben, cargaron al Tudbury de cadenas y lo llevaron hacia Quiebramar. De un plumazo habían solucionado el problema del fuego valyrio y de la partida de Tygor Wyl, y ninguno de ellos podía evitar lucir una sonrisa de satisfacción en su rostro.

jueves, 17 de octubre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Temporada 1 - Capítulo 2

Loosdorf. Scheibbs
Sin tardanza, la compañía regresó a Loosdorf para informar al abad de lo que habían visto en la pequeña villa. Anyoel les habló de los carros de combate pre-inundación, de cómo había leído sobre su poder destructor y su práctica invulnerabilidad. El resto de sus compañeros cruzaron miradas de incredulidad, pero también de preocupación.


Una vez en el claustro, informaron al abad Bernhardt. Ante las palabras de Asdragiel y la explicación de Anyoel, el anciano rebulló en su silla. Según les explicó, hacía mucho tiempo que no se veía en los alrededores de Viena un artilugio semejante. Como ya les había explicado anteriormente Anyoel, esos aparatos infernales necesitaban de algún tipo de líquido especial para funcionar, y según tenía entendido el abad, hacía tiempo que se había agotado. Los "tubos de fuego" que los adeptos del diadoco llevaban eran una cosa, pero aquello era capaz de una destrucción que sólo podía ser obra del Señor de las Moscas.

Preocupados por la seguridad del monasterio, los engel se reunieron con el capitán de los templarios allí destinados, Karl de Freiburg. Le encargaron construir una zanja en el camino con un puente provisional para el paso de carretas, por si acaso al diadoco se le ocurría atacarles con aquel vehículo. En cuestión de minutos, los templarios organizaron a la gente y comenzaron a cavar.

Por la noche, Haziel, fiel a sus convicciones, se dedicó a recorrer Loosdorf en busca de gente enferma o herida que necesitara su ayuda. Tras varias curaciones menores, se encontró con una mujer con el pie gangrenado y cara de extrema tristeza. Curar su pie agotó todas las reservas del engel, que agotado e intrigado por la triste expresión de su rostro, se interesó por la situación de la mujer. Ella le mintió al principio, diciéndole que todo iba bien, que no había ningún problema, pero era evidente que ocultaba algo; ante la insistencia del engel, la mujer se derrumbó y, entre sollozos, le contó que los Jinetes Sombríos se habían llevado a su único hijo hacía seis meses, y que el diezmo de sus cosechas que al principio pagaban al monasterio, se había convertido en un cuarto en tan sólo unos pocos años. Era cierto que el abad y los monjes cuidaban bien de la población, pero la presión de los impuestos era excesiva para una viuda como ella. A Haziel no le gustó demasiado lo que oyó, pero optó por la prudencia de momento.

Por su parte, Anyoel pasó gran parte de la jornada nocturna investigando en la biblioteca del monasterio (que era una pequeña joya) sobre los monasterios cercanos, principalmente sobre Schiebbs y Frankenfels. El primero era un antiguo monasterio ramielita que se había convertido en una casa de iniciadas gabrielita, y el segundo seguía siendo un monasterio ramielita gracias a la heroica actuación del capitán templario Reinhardt el audaz en la guerra que se libró contra el diadoco de Viena. Según todas las crónicas, Reinhardt había sido capaz de exterminar a cientos de enemigos él sólo, y no hacía muchos años de eso; Reinhardt seguía vivo, aunque habría sido ascendido y ahora debía de encontrarse sirviendo en Roma o en su Himmel. Merecería la pena seguir investigando.

Casthiel y Kyriel aprovecharon la noche para explorar más a fondo el pueblecito donde habían visto el carro de combate. La salida, que en principio iba a ser tranquila y sin intervención, se complicó cuando oyeron explosiones a lo lejos. Amparándose en la cobertura que ofrecían los árboles, se acercaron todo lo que pudieron, mientras un familiar zumbido se iba haciendo más claro y los sonidos de una batalla aumentaban de intensidad. Para la sorpresa de los engel, el pueblo estaba sufriendo un ataque de engendros, que al parecer salían de túneles excavados en el suelo. Engendros insectoides de innumerables clases se enfrentaban a los tubos de fuego y espadas del ejército del diadoco. Entre las criaturas destacaba una especialmente grande, una especie de escarabajo enorme que ya presentaba algunas heridas. Lo que vieron les dejó helados; el vehículo blindado que ya habían visto se estaba moviendo, y en un momento determinado, en el extremo de su tubo se generó una ensordecedora explosión y un destello cegador. La cabeza del engendro más grande voló en pedazos. Los engel no se lo podían creer, estaban aterrados. Por otro lado, ¿qué hacían las criaturas del Señor de las Moscas luchando contra un presunto aliado? Volvieron al monasterio, sin intención de intervenir en aquel extraño combate, y pusieron en común la experiencia con el resto de la compañía; algunas dudas asaltaron a sus miembros cuando se enteraron de las extrañas circunstancias del combate.

El día siguiente, la compañía decidió viajar a Scheibbs con la intención de investigar y conocer mejor el entorno de Loosdorf. Tras un vuelo de un par de horas, fueron recibidos para su sorpresa por dos compañías de engel gabrielitas, además de por las iniciadas. Conocieron a la Madre Saria y a las hermanas Margaretta y Luttgard. Las compañías de engel estaban compuestas como era habitual por ángeles de las distintas órdenes, aunque en la segunda había dos gabrielitas y ningún ramielita.

Lo más sorprendente es que en la casa se encontraban alojados tres Prelados (Inquisidores para los laicos), que precisamente se dirigían hacia Loosdorf. Los prelados Rolf, Dietr y Ulrich se mostraron muy interesados cuando la compañía anunció que procedía de Loosdorf, e hicieron preguntas sobre el monasterio, el abad y los demás. Además, pidieron ser escoltados hasta Loosdorf, a lo que la compañía accedió.

Anyoel hizo un aparte con el engel Ramielita marcado con Sigil, Norabel. Éste se sintió incómodo cuando Anyoel mencionó el carro de combate, pero más por su desconocimiento que por otra cosa. Pero ocultó su ignorancia alegando que había que tener cuidado con los enviados de Thagiel. Anyoel no conocía el nombre, y ante sus preguntas sobre la identidad del tal Thagiel, el otro ramielita pareció reprenderse a sí mismo y se alejó.

Asdragiel, por su parte, se acercó al miguelita Ramael, un Engel mayor, de unos 25 años, con el cuerpo cubierto de Scriptura. El engel se encontraba absorto mirando a una de las más bellas iniciadas, la hermana Merith, y pareció avergonzado cuando Asdragiel lo interrumpió preguntándole por el tal Thagiel, del que Anyoel le había hablado después de hablar con el otro ramielita. Sorprendido y aturullado, pero rápidamente conquistado por el carisma de Asdragiel, Ramael le reveló que Thagiel era un antiguo Engel raguelita que según todos los indicios trabajaba con el Viktor Constance, el diadoco de Viena. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se arrepintió al punto, e instó a Asdragiel para que no revelara tal información a nadie.

Casthiel se encontraba cada vez más paranoico. ¿Qué hacían los inquisidores allí y qué querían en Loosdorf? Decidió hacer una escapada rápida a Loosdorf para informar al abad Bernhardt. Éste se mostró consternado cuando le habló de los tres prelados, pero pareció sincero cuando dijo ignorar el motivo de su viaje, y que colaborían con ellos en lo que necesitaran.

Más tarde esa noche, Asdragiel, que había quedado también un poco prendado de Merith al igual que Ramael, salió para observar a la muchacha hacer sus labores de novicia y lavar ropa de cama. Se acercaba peligrosamente a la muchacha, cuando ésta se dio cuenta de que estaba allí. Se sonrojó al estar en presencia de un enviado del Señor, y no pareció desagradarle su cercanía física. Asdragiel se acercaba cada vez más a la muchacha, sus cuerpos ya se tocaban, sintiendo el calor. Le acarició una mejilla, mientras Merith parecía hipnotizada por sus ojos azules. Asdragiel tragó saliva... y Merith reaccionó, con un brusco movimiento, diciendo que aquello no estaba bien y alejándose. Asdragiel murmuró una disculpa y se retiró, avergonzado.

Lejos, a Haziel le pareció ver a Asdragiel consolando a una de las novicias mientras se dirigía a realizar sus altruistas actividades sanadoras por todo el pueblo.

Temprano por la mañana, la compañía y los prelados, junto a los templarios que acompañaban a éstos, salieron hacia Loosdorf. Mientras el resto montaba a caballo, Casthiel sobrevolaría el grupo, oteando posibles peligros. A mitad de camino, una compañía de Jinetes Sombríos cruzó galopando hacia el este, muy por delante de donde se encontraban ellos. Aproximadamente un par de horas después, algo llamó la atención del urielita: una columna de humo se alzaba más o menos de donde debía de encontrarse Loosdorf. A los pocos segundos alertó al resto del grupo. Anyoel, con una agilidad inusitada en él, alzó el vuelo: si el monasterio estaba incendiado, había que salvar a toda costa su biblioteca.

viernes, 11 de octubre de 2013

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 2

Secuestro y boda.
Por la tarde tuvo lugar la fiesta de celebración en honor a los ganadores del torneo, y en ella Breon se sinceró con Jeremiah al respecto de Jana Alyr y lo que le había contado a propósito de los Lannister. Jeremiah se mostró sorprendido, pero fue discreto y simplemente asintió a lo que su amigo le decía.

En el bullicio de la fiesta, a Ancel le pareció ver una cara conocida y fuera de lugar. Y, efectivamente, al avistarla otra vez la reconoció: no era sino el rostro del capitán Jhorgo Darr, el capitán mercenario con al que había acordado conceder la mano de su hermana Megara. Por los siete infiernos, tenía que aparecer precisamente en ese momento. El mercenario iba acompañado de otros dos hombres, uno un braavosi y el otro aparentemente caballero con un blasón bastante anodino. Ancel salió rápidamente de la fiesta, para encontrarse con Vanna, que venía de la posada de Jana con la revelación de Roben Tudbury. Se reunieron en una estancia del patio interior. En la fiesta, Jeremiah fue al encuentro de Jhorgo, sonriente en todo momento. Lo único que sacó del capitán mercenario fue que quería hablar con su hermano. Jeremiah fue en busca de Ancel para hablar sobre el asunto de Breon y Janna, y Jhorgo aprovechó para seguirlo. Cuando Vanna salía después de contarle a Ancel lo que Jana le había dicho, llegó Jeremiah. Apenas les dio tiempo de hablar sobre el asunto de los Lannister y la posadera, cuando Jhorgo y sus dos compañeros entraron en la estancia tras apartar a Vanna en el exterior. El capitán quería saber si Ancel mantendría la palabra dada y firmada. El Seabreeze respondió que aquello no podía ser e intentó negociar con el capitán, intentando cambiar la mano de su hermana por alguna otra cosa. Jhorgo, sorprendentemente, se mostró receptivo y se despidió amablemente. No obstante, Jeremiah ordenó redoblar la guardia en Quiebramar, por si acaso.

Por la noche, los guardias interrumpieron en sueño de Ancel. La dama de compañía de su hermana, Elen, había llegado llorando diciendo que Megara todavía no había vuelto a sus aposentos desde que había salido del castillo con lord Alyn. Ancel envió a sus guardias a avisar a Jeremiah y los demás. Tras sobreponerse a la noticia y comprobar su veracidad, se dirigieron a hablar con ser Alyn. Éste se mostró sinceramente preocupado y sorprendido. Según les contó, se había retirado muy temprano de la fiesta y había dejado a Megara en ella, ni hablar de salir del castillo. Ancel, nervioso, pegó una bofetada a la doncella cuando ésta insistió en su versión de la historia, pero Vanna lo aplacó, creyendo la versión de la muchacha. Avisaron a ser Goran Buckler, que convocó a los guardias que habían estado de servicio en el momento de la desaparición, y efectivamente confirmaron la versión de la sirvienta: ser Alyn y Megara habían salido riendo y charlando animadamente con un par de hombres de Estermont. Vanna transmitió a Ancel su preocupación por la presencia de alguien que, posiblemente, hubiera adoptado el aspecto de ser Alyn y hubiera engañado a Megara y los guardias.

Pasadas un par de horas, el rumor del secuestro de la dama Seabreeze ya se había extendido por todo el castillo. Y optaron por recurrir a lord Renly, que aunque al principio se mostró esquivo con el tema, pues aquellas no eran sus tierras, finalmente dio la orden de arrestar al capitán mercenario.

Sometidos Jhorgo y sus hombres a un fortísimo y cruel interrogatorio, finalmente dieron toda la información: hacía unas semanas, un braavosi se había acercado al capitán; parecía saber mucho acerca del trato que había hecho hacía un año con los Seabreeze, y le ofreció la posibilidad de secuestrar a la hermana de Ancel como garantía para que éste cumpliera su palabra. No sacaron nada más en claro, pero lo que sí parecía evidente es que el braavosi que ofreció a Jhorgo no era sino una marioneta de alguien más. Jhorgo también les reveló que Megara ya debía de estar muerta a esas alturas, porque se encontraba en un barco en alta mar, y había dado orden de que soltaran pájaros marcados de rojo si los Seabreeze intentaban algo contra él. Inmediatamente, enviaron las galeras a batir los alrededores, y lord Renly les prometió su ayuda. Por supuesto, los Estermont también se ofrecieron para lo que hiciera falta; se notaba que ser Alyn había llorado la pérdida de su amada durante la noche anterior.

Consternado, Ancel se reunió con lord Harwood Fell, planteando la posibilidad de retrasar la boda. Evidentemente, un segundo retraso no era del agrado del señor Fell, que habló a Ancel acerca de las responsabilidades que conllevaba ser el señor de una casa noble, y de las veces que tendría que hacer de tripas corazón para cumplir con sus obligaciones. Ancel asintió y decidió seguir adelante con la boda.

En la competición de cetrería que se celebró al día siguiente con la moral de la gente muy baja, los Seabreeze dejaron el pabellón bastante alto. Como era previsible, Willas Tyrell fue el ganador de la competición, mientras que Jeremiah quedó en segundo lugar y Berormane acabó tercero. Debido a los desgraciados acontecimientos, se canceló la fiesta de celebración.

La ceremonia de esponsales fue muy sobria, y se desarrolló ante los rostros serios de todos los reunidos, consternados por la pérdida de los Seabreeze. Por respeto a su dolor, no habría encamamiento. Lord Fell miraba satisfecho. Cuando el septon dijo las últimas palabras y la gente lanzó sus guirnaldas al aire, Berormane y el maestre Elander entraron en la sala. El primero se dirigió a hablar con Jeremiah, y el segundo con lord Renly. Jeremiah escuchó preocupado las palabras de su maestre: un cuervo había llegado desde Desembarco del Rey; la Mano del Rey había muerto.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La Hueste Celestial
[Campaña Engel]
Temporada 1 - Capítulo 1

La Formación de la Compañía
Tras los años de entrenamiento en sus respectivos Himmel, los jóvenes Engel fueron conducidos hasta Roma Aeterna a través del cielo europeo. Sus nonni les guiaban, así como al resto de sus compañeros, que debían someterse a la Ceremonia de Consagración la jornada siguiente.


Anyoel volaba desde el Himmel Ramielita en Praga junto con otros once Engel. Poco tiempo después de salir, se unieron a la compañía Gabrielita, compuesta de otros doce Engel entre los cuales se contaba Kyriel. Desde el Himmel de los Urielitas en Mont Salvage volaba el grupo de Engel de Casthiel, mientras que desde la sede Rafaelita de Gratianopel viajaban Haziel y sus compañeros. Por último, en un cortísimo viaje desde el Himmel en la misma ciudad, llegaban los miguelitas a Basílica de Pedro, entre los que se contaba Asdragiel.

Caía el atardecer cuando los cinco grupos de Engel correspondientes a las cinco órdenes mayores (Miguelitas, Gabrielitas, Ramielitas, Rafaelitas y Urielitas) se reunieron en la basílica. Sin tardanza, fueron conducidos por templarios vestidos de blanco para la ocasión hasta las grandes salas que albergarían los círculos ceremoniales. Los templarios indicaron a los Engel su disposición, formando círculos muy abiertos de tal manera que sólo se tocaran las puntas de sus alas. La mayoría de los círculos formados eran de cinco ángeles, aunque también se podía ver alguno de cuatro o de seis. Eran las futuras compañías, que tendrían que encargarse de llevar y defender la palabra de Dios y la Iglesia por toda la faz de la Tierra. Las luces se apagaron, los templarios salieron, y los Engel quedaron en un silencio sepulcral, iluminados sólo por la mortecina luz de la luna del solsticio de primavera.

Así pasaron la noche, en silencio, con la cabeza inclinada y de rodillas, mientras las puntas de sus alas se rozaban y oleadas de sensaciones de reconocimiento pasaban de unos a otros. La compañía de Asdragiel era variopinta; a su lado se encontraba un ángel de piel negra, con un aspecto demasiado recio para su orden Rafaelita: Haziel. No era algo imposible encontrar ángeles de piel negra, pero sí algo extremadamente inusual y de lo que se habían dado contados casos. Al otro lado de Asdragiel se encontraba Anyoel, el Ramielita, un ángel desgarbado de curiosidad extrema cuyos conocimientos Asdragiel estaba seguro de que serían de mucha utilidad al grupo. Más allá de Anyoel se arrodillaba la Gabrielita, Kyriel, excesivamente segura y orgullosa de sí misma, con los ojos destellantes de ansiedad por entrar en combate. Y entre Kyriel y Haziel, por último, un menudo y excesivamente inquito Urielita, Casthiel, que transmitía la sensación de un alma noble y buena.

Entre tales destellos de reconocimiento mutuo transcurrió la noche. Poco después del amanecer, varios templarios entraban en la sala y situándose al frente de cada círculo, escoltaron a las compañías al exterior. En la plaza, una multitud se había congregado, una multitud que recibió a los Engel con vítores y que poco después era organizada por los monacales presentes para entonar cánticos al señor. Los jóvenes ángeles se situaron por compañías ante la balaustrada de la Basílica, donde debía hacer acto de aparición Su Santidad el Pontífice Máximo Petrus Secundus. Cuando la multitud acabó sus cánticos, fue el turno de los coros Sarielitas congregados a ambos lados de las compañías. El contraste fue espectacular; las voces de los Sarielitas eran tan límpidas y melodiosas que hicieron llorar a muchos de los presentes. Hasta que en un crescendo final hizo su austera aparición el Pontífice Máximo. Vestido con una simple túnica, nadie diría que era la persona más poderosa de Europa; su aspecto de niño de 12 años era cuanto menos engañoso. Subió a su trono, que en contraste era extremadamente rico y parecía hecho de oro que brillaba con un extraño resplandor divino. Poco a poco, Petrus Secundus fue nombrando a todos y cada uno de los ángeles presentes, dándoles sus bendiciones y deseando que sirvieran fielmente y durante mucho tiempo a la Santa Iglesia Angelítica. Cuando un Engel era nombrado, un monacal se acercaba a él y le enrollaba en un antebrazo la tira de tela votiva preceptiva. Finalmente, cuando el pontífice había bendecido a todos y cada uno de los ángeles, los Sarielitas comenzaron otra vez a entonar sus cánticos y aquellos remontaron el vuelo, entre los vítores y ovaciones de la multitud reunida en la plaza. Los ángeles ascendieron y ascendieron, mirando a sus nuevos compañeros y sonriendo. Ahora eran emisarios del Señor de pleno derecho, y parte del grupo de fieles más poderoso de la Iglesia.



...



De vuelta ya a la Basílica, los personajes fueron requeridos a presencia del Cardenal Leandros Di Carrera, que les iba a encomendar su destino y misión. Di Carrera comentó lo hermosa que había sido la ceremonia y expresó su esperanza en que la compañía de Asdragiel alcanzaría las más altas cotas de gloria reservadas a los Engel antes de su ascensión y reunión con el Señor. La Compañía debería viajar al monasterio de Loosdorf, cerca de la frontera con las tierras del Diadoco de Viena, Viktor Konstance. Allí deberían ponerse al servicio del Abad Bernhard y proteger el monasterio de cualesquiera amenazas que estuviera sufriendo o que surgieran en el futuro.

Sin dilación, la compañía se puso en camino. Por desgracia, la excesiva corpulencia de Haziel y los problemas del vuelo de Anyoel los retrasaban y no podían ir todo lo rápido que querían. Pasados los Alpes, cuando sobrevolaban ya las grandes extensiones de bosque pluvial del norte, Kyriel expresó a Casthiel las dudas sobre su valía, y le retó a vencerla en vuelo. Casthiel se mostró reticente, retenido por Asdragiel, pero ante la insistencia de su compañera aceptó, y ambos se lanzaron hacia delante como centellas, desobedeciendo a su líder. De repente, cuando ya se encontraban fuera de la vista del resto del grupo, el poco sol que traspasaba el manto de nubes se oscureció sobre los contendientes. Cuando alzaron la vista, se quedaron petrificados al ver un enorme ser parecido a un escarabajo que descendía directamente hacia ellos en medio de un zumbido casi doloroso; Kyriel lanzó un grito de júbilo al darse cuenta de que por fin se iba a enfrentar a uno de los engendros del Señor de las Moscas. Sacó su espada, que empezó a llamear al instante, y entonando oraciones para activar sus poderes, ascendió directamente hacia el monstruo. Casthiel también reaccionó y comenzó a volar en círculos para utilizar su arco.

Desde la distancia, Asdragiel atinó a vislumbrar la mole del engendro como un gran punto negro, y se lanzó hacia adelante, ordenando a Haziel y Anyoel que permanecieran allí a salvo.

El monstruo arrastró a Kyriel en su picado; afortunadamente, entre la espada flamígera de la gabrielita y las varias flechas que Casthiel acertó a clavar en los ojos y cabeza del engendro, éste pareció desfallecer y desplomarse hacia el suelo. No obstante, un zumbido comenzó a alzarse desde los árboles, cada vez más intenso, y una multitud de seres parecidos al primero pero mucho más pequeños empezó a alzar el vuelo. Con un grito, y para espanto de Casthiel, Kyriel se lanzó hacia ellos. La gabrielita estuvo a punto de morir, pero por pura suerte pudo escapar cuando comprendió que iba a ser superada y pudo reunirse con Asdragiel y Casthiel. Rápidamente volvieron a reunirse con los demás, escapando del enjambre. Consiguieron refugiarse en un pequeño claro alejado hacia el este de la zona; cuando ya se encontraron más tranquilos, Haziel les contó que mientras esperaban su vuelta, había encontrado un rastro de lo que parecían ser extraños excrementos que seguramente habrían dejado los engendros a su paso. Por la cantidad que había, los monstruosos insectos debían de estar siguiendo la misma ruta a millares. De hecho, Haziel había visto a algunos de ellos surgir del pequeño río cercano a donde se había encontrado. Quizá deberían poner sobre aviso al abad cuando llegaran al monasterio.

El claro donde habían encontrado refugio parecía seguro, así que se dispusieron a pasar la noche mientras Casthiel reconocía los alrededores. Y descubrió algo bastante interesante: en el claro había un pequeño montículo que parecía tapar las ruinas de un antiguo monasterio o templo, las cuales sobresalían por uno de los lados. En las grandes piedras que seguramente habían pertenecido a paredes ya derruidas había inscripciones. Así que avisó al resto del grupo, especialmente a Anyoel, el único capaz de leerlas. Por lo que pudo deducir el ramielita, aquellas ruinas pertenecían efectivamente a un antiguo monasterio, el monasterio de Werger; las inscripciones se encontraban escritas en latín, y parecían pasajes de las Sagradas Escrituras, pero algunos de ellos eran desconocidos para Anyoel. Decidió utilizar sus capacidades especiales para memorizar exactamente los textos (y su localización) y así más adelante poder investigarlos. Anyoel también decidió contactar con su nonnus Alois, para avisarle de lo que habían encontrado relativo a los engendros. Alois se encontraba en roma y haría lo que pudiera para informar a los altos cargos.

Un par de días después llegaron a Loosdorf, donde todos los habitantes del monasterio les recibieron. El abad Bernhard se presentó, junto al prior, Goran del Mar. Éste parecía más bien un marinero que un monacal (mucho menos ramielita), y efectivamente así era, había sido marino hasta que el Señor le había iluminado. Ahora estaba aquejado de una fuerte cojera, pero su rostro seguía siendo curtido y durísimo. Tras las bienvenidas y los buenos deseos, la Compañía se reunió en privado con el abad y los dirigentes del monasterio, el prior Goran, el hermano portero Markus, el hermano bibliotecario Alfrett y el Armatura de los templarios destinados al campamento, Karl de Freiburg. Cuando la Compañía contó al abad lo que habían visto por el camino, éste les contó también que había habido recientemente casos de ataques de engendros muy cerca, en la antigua selva negra pocos kilómetros al noroeste de donde se encontraban. Esa era una de las cosas que los Engel tendrían que investigar, una de las razones de su estancia allí. La otra era la influencia cada vez mayor en los alrededores del diadoco de Viena, Viktor Constance. Sus ejércitos se acercaban peligrosamente, y de hecho recientemente los ramielitas habían tenido que abandonar dos monasterios y algunos pueblos habían jurado lealtad a Constance. Ahora, con los Engel allí, el abad esperaba que el diadoco se pensara dos veces avanzar hacia Loosdorf o sus pueblos cercanos. Una vez acabada la reunión, todos se retiraron a descansar, algo que agradecieron especialmente los personajes después del largo viaje.

Muy temprano por la mañana, el prior Goran se reunió con toda la Compañía excepto con Kyriel, la Gabrielita, aprovechando que se encontraba practicando en el patio con su espada. El antiguo marinero se mostraba preocupado y les confesó que se reunía con ellos a espaldas del abad debido a que creía que les faltaba información. Les dijo que las razones que había dado el abad no eran las únicas por las que habían pedido que destinaran a su Compañía allí. Como sabían, el monasterio de Loosdorf era Ramielita, y se encontraba en el límite entre las tierras de Viena, las Ramielitas y las Gabrielitas. Pues bien, estos últimos se habían mostrado agresivamente expansivos en los tiempos recientes. Algunos monasterios ramielitas habían cambiado y ahora eran gabrielitas. El abad no quería que esto ocurriera con ellos, así que había solicitado una Compañía a Roma antes de que los Gabrielitas hubieran tenido tiempo de destinar una por sí mismos; afortunadamente, habían llegado antes. La Compañía no prestó mucha atención a Goran... ¿acaso los ángeles no estaban por encima de esas triviales rencillas mundanas? Sin embargo, Anyoel y Haziel permanecieron pensativos.


Mientras tanto, Kyriel había atraído la atención de los templarios del monasterio con sus prácticas, especialmente de uno de ellos, un arrogante y extremadamente atractivo joven, alto y fuerte, que se hacía llamar Rickhar. Tuvo la desfachatez de retarla a un combate, ¡a ella, una gabrielita! El primer impulso de Kyriel fue despreciarlo, pero la sonrisa del joven tenía un efecto extraño en ella, un efecto que no le gustaba del todo. Murmurando una velada amenaza, lo ignoró. Pero la sonrisa quedó impresa en su mente.

Más tarde, la Compañía se reunió al completo. Procedieron a levantar vuelo para explorar el entorno, mientras los cuatro que se habían reunido con el prior le contaban a Kyriel lo que les había dicho. La gabrielita desechó tales habladurías, alegando que estaban allí para acabar con los Engendros y punto. De repente, algo llamó su atención allá abajo. Un pequeño pueblecito, y en su plaza central, un extraño artilugio. Una especie de vagón, pero hecho completamente de metal y con un tubo en la parte superior. Además, las ruedas eran extrañas, recubiertas por una especie de planchas. Según las palabras de Anyoel, se trataba sin duda de un objeto de los Tiempos Antiguos, seguramente un vehículo militar.