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jueves, 13 de marzo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 23

Cambio de filas (III) ¿Hacia el Tíbet?
Aprovechando unos momentos de intimidad, el grupo charló sobre su situación actual y la posibilidad de escapar del complejo, pero tal cosa se les antojaba imposible. Dadas las medidas de seguridad que habían podido ver, no querían ni imaginar qué medidas habían permanecido invisibles a sus sentidos. Además, lo que fuera aquello que les habían implantado les dejaba muy poco margen de maniobra. No obstante, a pesar de todo, ese escaso margen ya era algo a lo que aferrarse.



Durante un par de jornadas Jonas, Jack y Thomas intentaron sondear a los pocos miembros presentes de la Sección S en el complejo, tratando de averiguar qué podía esperarles en el misterioso lugar del Tíbet donde parecía que iban a sufrir el proceso de transformación. Sin embargo, no obtuvieron prácticamente ninguna información de utilidad, pues ninguno de ellos recordaba exactamente qué había pasado durante el viaje; la mayoría tenía recuerdos febriles y difusos, y otros no recordaban nada en absoluto.

Tras mucho insistir, Joey consiguió que le concedieran acceso a la sala central de computación. Aunque por un tiempo limitado de treinta minutos. Ese tiempo fue suficiente para que Joey dejara un acceso abierto al sistema que podría emplear más adelante —siempre que no lo descubrieran, claro—. Ante la insistencia del informático de la conveniencia de contar con su colega Lucas, se celebró una reunión entre el primero, Lilly y Thomas, y se acordó que Lucas sería transportado al complejo lo antes posible.

La preocupación de McNulty respecto a Sally aumentaba a cada hora que pasaba. La periodista estaba encantada con su nuevo estatus, y se mostraba a favor de todos los preceptos de la Compañía.

Por su parte, Jack no durmió ni diez minutos seguidos durante esos días. Como resultado, sus nervios y su irascibilidad iban en aumento. En cuanto cerraba los ojos, las pesadillas de traición y muerte que acudían a su mente eran intensísimas. Algo en su interior le decía que debía de huir de allí aun a costa de su propia vida, pero no podía dejar a sus amigos atrás.

El tercer día, Merten Jund apareció ante el grupo anunciando "una grata sorpresa". La sorpresa no era ni más ni menos que el retorno de John Gibbons a su compañía. Sin embargo, no les costó mucho esfuerzo detectar algo raro en Gibbons. Su comportamiento era, por decirlo de alguna manera, postizo, muy tenso, a pesar de que, según les había dicho Jund, le habían encargado la misión de proteger al señor O'Hara. Jonas hizo notar al resto del grupo el leve pero inquietante destello que brillaba en el centro de sus pupilas, y cuando bromeó con John de forma ligeramente ofensiva como en él era habitual, el ex político le asestó un puñetazo a una velocidad imposible para un humano. La mandíbula del irlandés se partió y su cabeza giró en un peligroso ángulo; cayó al suelo inconsciente en el acto. Por suerte, la tecnología médica de UNSUP era avanzadísima y en pocas horas se encontraba como nuevo. John recibió una reprimenda de Merten Jund, pero en su interior se regocijaba por haber hecho que McNulty se tragara varios dientes.

Poco después, Thomas acordaba con el gestor de su cliente italiano, Nicola Ferretti, una cita para diez días vista.

El día siguiente, a McNulty le dieron una gran sorpresa. Lilly le condujo a presencia de su "mujer" (recordemos que no llegaron a casarse) Rachel y de su hijo Patrick. Entre sollozos y la frialdad inicial de Rachel, Jonas abrazó a su hijo, quien tras unos instantes dubitativos, se lo devolvió. Con palabras cortantes, McNulty descubrió que Rachel había estado una temporada su hermano Liam y todavía se veían de vez en cuando. Pero a medida que la conversación fue transcurriendo, la frialdad de Rachel se fue diluyendo y, derrumbándose, acabó abrazando a Jonas y preguntando qué era lo que pasaba. Tras besarse, McNulty la tranquilizó contándole una milonga que implicaba a la CIA y algunas operaciones especiales. Rachel pareció convencida y calmada con la explicación, y transcurridas pocas horas, la familia de McNulty volvía a Irlanda —o eso era lo que Lilly le aseguró—.

Jack seguía sin poder dormir más de unos pocos minutos seguidos, y se notaba en su aspecto y en sus modales. La noche anterior, en su sueño, Kostas Estephaneos le había preguntado incontables veces por su paradero. Jack había intentado proyectar el lugar donde se encontraba por todos los medios posibles, pero aparentemente el padre Estephaneos no aprehendía lo que él quería darle a entender. Su cuerpo estaba llegando al límite, podía sentirlo. Por la mañana, recibió una llamada de su hermano James al teléfono que UNSUP les había proporcionado; Fred le había dado el número, y estaba muy preocupado. Tranquilizándole lo mejor que pudo, colgó.

Joey recibió la llamada de Lucas. Éste le comentó que le llamaba a instancias de dos tipos muy extraños que le habían pegado una pequeña paliza que ni siquiera había visto venir cuando intentó huir golpeándolos. Cuando se hubo tranquilizado, los dos tipos le dijeron que venían de parte de su amigo Joey, que necesitaba que se reuniera con él. Joey confirmó la versión, contestando además a varias preguntas secretas que tenían pactadas, así que Lucas accedió y en pocas horas llegaría a Lagos.

Thomas también tuvo su ración de sorpresa: en un momento dado del día lo reunieron con su mujer, Anne. Según le dijo ella, la Compañía la había tratado bien, pero no sabía dónde se encontraba Jennifer. Thomas prefirió ocultarle la verdad, y enviarla a Nueva York para que se reuniera con su hermana y su hijo en Bronx.

Pocas horas después de que su mujer subiera al avión de la Compañía que la conduciría a Nueva York, Thomas recibía la llamada de uno de sus clientes europeos, el ruso Timofei Novikov. Éste exigió a Thomas a encontrarse con él en San Petersburgo en 48 horas; a pesar de que O'Hara intentó por todos los medios retrasar tal encuentro, no pudo hacerlo y tuvo que plegarse a las exigencias de su cliente, que por otra parte, era uno de los más poderosos, con claros lazos con el gobierno ruso y la antigua estructura del KGB. Thomas se apresuró a informar a Leopold de la cita, para que en la Compañía no sospecharan de él. Leopold se mostró incluso satisfecho de que hubiera ocurrido tal cosa, al fin y al cabo lo que querían era que O'Hara se reuniera con sus clientes europeos lo antes posible.

A medianoche, Jack no pudo soportar más las pesadillas, y salió a dar un paseo por el muelle. Allí, tuvo un breve encuentro con Sally, que se encontraba radiante ante su inminente partida hacia Nueva York; más adelante se encontró con Dorothy St. James, que tampoco podía dormir, según sus palabras. Ella le preguntó si era un hombre religioso, a lo que Finnegan decidió que era mejor contestar negativamente (una mentira que consideraba necesaria). A instancias de Dorothy, los médicos del complejo sedaron fuertemente a Jack, lo que le permitió dormir un par de horas sin sobresaltos.

De madrugada, Lucas Miller llegaba al complejo de UNSUP, y pocos minutos después, Joey decidió que no podía soportarlo más. Tomó la decisión de arriesgarse e intentar acabar con la Compañía. Abrió el sistema desde dentro, de manera que todos sus colegas hackers pudieran acceder durante el tiempo que fuera posible. Pero tal acción expuso demasiado al grueso informático; en pocos segundos fue detectado y agentes de la Compañía lo rodeaban. Un disparo acabó al instante con su vida. Pero fiel a sus convicciones, había conseguido abrir el sistema unos segundos; con suerte, alguien habría conseguido descargar información comprometedora que contribuyera al fin de UNSUP o de quien quiera que estuvieran al cargo de aquello.
El día siguiente Merten Jund y Leopold informaron al grupo del desgraciado "accidente" de Joey. La información no les cogió por sorpresa, porque ya sabían que Joey estaba a punto de intentar algo, pero no pudieron evitar la pena al pensar en el informático. Lucas fue sometido a interrogatorio, y cuando demostró que no tenía nada que ver con la intrusión de Joey fue puesto en libertad y asignado al grupo.
Por la mañana, Gibbons hizo un aparte con Jonas y Thomas para pedir disculpas por su comportamiento y el tremendo golpe que había propinado al primero, pero por otra parte confesó que deseaba hacerlo otra vez y que prefería evitar la tentación, así que se marchó apresuradamente, dejando a sus interlocutores perplejos por su actitud. Era evidente que aquel no era Gibbons, al menos no del todo.

...
Dos días después, Thomas llegaba a San Petersburgo para encontrarse con Novikov, acompañado de Gibbons y otro agente de la sección S como guardaespaldas. Una limusina le esperaba en el interior de la pista privada donde había aterrizado su avión. Desde el interior, una voz le invitó a subir al coche. En ese momento, la cabeza del agente de la sección S reventó, ante la sorpresa de O'Hara. Gibbons sacó una pistola con rapidez excepcional, pero no fue suficiente; un segundo disparo lo alcanzó y cayó al suelo, salpicando abundante sangre. Thomas fue arrastrado al interior del coche, donde se encontraba Novikov, dos tipos que debían ser sus guardaespaldas y, al otro lado, ¡¡¡Hans Haller!!!. Norikov, en inglés con fuerte acento ruso, le recomendó tranquilizarse, mientras uno de los tipos a su lado sacaba el móvil de Thomas de su bolsillo y lo introducía en un artilugio de metal. El propio Hans Haller empuñó un pequeño y extraño aparato ante el rostro de Thomas, mientras los dos guardaespaldas lo sujetaban. O'Hara comenzó a sentir un extraño y molestísimo picor en sus lacrimales y retinas, que pronto devino en un intensísimo dolor. Cuando estaba seguro de que no lo soportaría más, el dolor se detuvo, y todo lo que pudo ver fue que por sus lacrimales había salido un extraño polvillo gris, pegado al aparato que Haller empuñaba. Según le informó el científico, aquello no eran sino nanobots que UNSUP les había inyectado, y que eran los causantes de los extraños dolores de cabeza. Poco después llegaban a la mansión de Novikov, donde se reunieron con Louis Lindon y el padre Kostas Estephaneos. Tras una breve bienvenida, todos se dirigieron a varios vehículos militares que les permitirían desplazarse por si a UNSUP se le ocurría hacer acto de aparición.
...


Y mientras tanto, Jonas y Jack partían en un avión militar de transporte, presuntamente con rumbo hacia el Tíbet. Previamente habían sido sedados en una habitación del complejo. Por suerte, hubo efectos no deseados: McNulty no hacía mucho que había sido tratado en uno de los tanques de rejuvenecimiento de UNSUP. Seguramente por ese motivo, las hormonas de curación todavían estaban activas en su organismo, lo que hizo que pudiera vencer el sopor provocado por el potente anestésico suministrado mediante goteros. Arrancándose la vía, pronto estuvo lo suficientemente despejado como para incorporarse y hacer lo propio con la de Jack. Entre los dos redujeron a su vigilante, aunque no así al doctor que los supervisaba, que huyó a través de una de las puertas, suponían que la que conducía al morro del enorme aeroplano. Así que, sin pérdida de tiempo, decidieron dirigirse a cola, por la puerta del extremo justamente contrario, no sin que antes McNulty hiciera un par de disparos y destrozara alguna puerta para intentar despresurizar el interior. Tras un par de encontronazos llegaron a la bodega de carga, donde encontraron varios paracaídas y abrieron la rampa de lanzamiento. Tragando saliva, se lanzaron al vacío...

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