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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

jueves, 10 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 24

Huida. ¿Hay esperanza aún?
Nota: en esta sesión se produjo la incorporación de dos nuevos PJs: Jessica Pujol, en sustitución de Joey Mitnick, y Michael Mulder.

Durante los primeros segundos de caída, el terror fue patente en los rostros de McNulty y Finnegan. Éste último tenía experiencia militar, pero sólo en el cuerpo de infantería, y nunca había saltado en paracaídas. Además, para empeorar las cosas, al saltar del avión y abrirse su campo de visión, vieron que dos cazas se encontraban escoltando a la nave de transporte, que por su parte sufría alguna que otra sacudida en su rumbo; quizá los disparos de Jonas estaban haciendo mella en su estructura. Por suerte, pronto se sobrepusieron a la situación [punto de relato], y mantuvieron la calma y el equilibrio suficiente para realizar un descenso bastante digno. No podían abrir los paracaídas demasiado pronto, pues corrían el riesgo de que los pilotos de los cazas los detectaran y quizá les dispararan, así que mantuvieron la presencia de ánimo suficiente para esperar a abrir los paracaídas hasta que la comitiva de aviones se hubo perdido entre las nubes. Con una sacudida, los paracaídas se abrieron y pudieron concentrarse en el punto en que aterrizarían.

Timofei Novikov

Allá abajo podían ver que se dirigían directamente a un gran lago que era alimentado y a su vez alimentaba a un gran río. Alrededor del río se extendía un gran desierto, y en ambos extremos del lago se podían ver sendas poblaciones. Con ayuda del viento, decidieron dirigirse a la parte norte del lago, más o menos a mitad de camino entre las dos ciudades. Aterrizaron en un pequeño bosque, y aunque tuvieron la mala suerte de que McNulty se magulló un costado contra una rama, no tuvieron mayor problema que unos cuantos moratones y dolores aquí y allá. Eso sí, a los pocos segundos de tocar tierra el cosquilleo que notaban en el cuerpo desde que habían sido reclutados por la Corporación se hizo un poco más intenso. Haciendo caso omiso y dando gracias por seguir vivos, se acercaron al lago y se refrescaron en el agua, donde Jack, agotado por la falta de sueño y el subidón de adrenalina, pudo descansar unos instantes.

Con su agudo oído, Jonas pudo oír a los pocos minutos cómo dos vehículos se acercaban en la distancia. Decidieron adentrarse en la espesura, aunque se acercaran así a la carretera que bordeaba el lago. Poco después podían oír dos explosiones y el sonido inconfundible de un automóvil accidentado. Decidieron separarse y acercarse a la carretera desde dos ángulos distintos. A mitad de camino, Jack no pudo evitar quedarse dormido y confundir los sueños (extrañísimos, por cierto) con la realidad, pero se sobrepuso, y aunque llegaría un poco más tarde que McNulty, lo consiguió. Por su parte, Jonas llegaba el primero a la vista de una violenta escena. Una furgona se había salido de la carretera, y otros dos se encontraban parados en ella, cerca del primero, con varias personas conversando entre ellas. El vehículo accidentado lucía un costado destrozado, sin duda debido a los efectos del bazooka sobre el que se apoyaba una de las figuras presentes. Había dos grupos bien diferentes de personas: desde el oeste había llegado un coche con tres pasajeros: dos de ellos hombres vestidos con ropa normal y gafas de sol y una mujer morena y muy bella, a todas luces occidental anunque vestida con ropas típicas del medio oriente, que empuñaba una pistola y conversaba con uno de los hombres del segundo grupo, cuyo vehículo, un moderno todoterreno, había llegado desde el este. Los integrantes de este segundo grupo eran claramente de etnia árabe, aunque vestidos al modo occidental, y amenazaban con sus armas a uno de los pasajeros del vehículo accidentado, que gritaba algo ininteligible en árabe. Mientras tanto, los dos tipos con gafas de sol sacaban del vehículo accidentado a otro hombre inconsciente, rubio y a todas luces occidental. Los otros dos pasajeros de la furgona accidentada no parecían haber logrado sobrevivir al incidente. En ese momento llegó Jack a la escena, y decidió que lo mejor era dejarse ver para intentar obtener ayuda de los occidentales. Sin embargo, los extraños se mostraron bastante hostiles y cuando encañonaron a Finnegan Jonas tuvo que intervenir, gritando que volaría la cabeza de la mujer si le hacían algo a su amigo. Tras unos momentos de tensión, sucedió algo inesperado: el superviviente de la furgona, que hasta entonces había permanecido de rodillas parloteando en árabe con sus atacantes, se convirtió en una sombra borrosa; moviéndose a la velocidad del rayo no tardó en dejar inconsciente a un occidental y dos árabes, ante la estupefacción de los demás. Sin duda, se debía de tratar de uno de aquellos engendros de la Sección S (como más tarde lo confirmaría el tatuaje en el lóbulo de la oreja). Finalmente, consiguieron abatir al monstruo y eso facilitó la interacción entre Jonas y Jack y los extraños. Los árabes no resultaron ser sino egipcios y, para más detalles, coptos, hecho del que se dieron cuenta al observar los crucifijos parecidos a ankhs que colgaban de sus cuellos. Por su parte, los occidentales decían ser agentes de la CIA, al menos la mujer.

Tras las presentaciones tuvo lugar una conversación que alivió sobremanera a Jonas y Jack. La mujer de la CIA, que se presentó como Jessica Pujol, les dijo que estaban en Egipto, a mitad de camino entre Abu Simbel y Asuán, y se encontraba allí por encargo de Ben Katzowitch para rescatar al hombre rubio inconsciente de las garras de un grupo terrorista. Habían tenido una suerte inmensa: cuando Jessica llamó a Ben comentándole el encuentro con los dos irlandeses, éste confirmó sus identidades y le encargó acompañarlos hasta algún punto seguro. Por otro lado, los coptos conocían al padre Saledh Medhat, y cuando se enteraron de que Finnegan y McNulty habían tratado con él recientemente, les preguntaron por su paradero, porque poco después de que el padre hubiera vuelto de Boston había partido hacia República Centroafricana y ya no habían vuelto a saber nada de él.

Mientras tanto, el rubio inconsciente que habían rescatado de la furgona, recuperó la consciencia. Michael Mulder, que así se llamaba, vio la escena y se preocupó. Lo último que recordaba era estar en Abu Simbel tras la pista de un antiguo libro del que le habían hablado en un museo de Tel Aviv. Y ahora le dolía todo el cuerpo y se encontraba entre extraños de pinta peligrosa. Intentó ser lo más discreto posible, pero McNulty reparó en sus ligeros movimientos. Todos se acercaron, ávidos de saber quién era aquel extraño. Tras convencerlo de que se encontraba entre amigos y no tenía nada que temer, Mulder les explicó lo que recordaba. A los pocos minutos, el sonido de varios vehículos acercándose por la carretera les decidió a ponerse en marcha y salir de la carretera, cruzando el desierto hacia el norte.

Entre tanto, en San Petersburgo, Thomas había continuado con su viaje junto a Novikov, Lindon, los guardaespaldas, Hans Haller y el padre Estepháneos. En un momento dado del viaje, Estepháneos entró en una especie de trance, repitiendo una letanía en voz muy baja. Thomas se preocupó, pero los demás le explicaron que era normal, que le sucedía frecuentemente (estos episodios se correspondían con los contactos oníricos que tenía con Jack). Durante las largas horas que duró el desplazamiento hasta Arkangelsk, donde Novikov poseía un aeropuerto privado, el ruso habló de la situación en Europa, de cómo se había enrarecido el clima desde el brutal atentado en Brooklyn, que había supuesto un retroceso del comercio a nivel mundial. Los franceses estaban especialmente preocupados, porque haciendo caso omiso de sus amenazas, la República Centroafricana y algunos otros países de África habían cortado las exportaciones de Uranio sin dar demasiadas explicaciones, e incluso se habían producido secuestros de personal de empresas francesas encargadas de la explotación de las minas. Se rumoreaba que muchos otros países africanos iban a detener sus exportaciones de Uranio y otras materias, y las bolsas estaban entrando en pánico total. Por otra parte, había movimientos ultranacionalistas e incluso nacionalsocialistas en Ucrania, Austria y Grecia que estaban contribuyendo a agravar la situación y no le gustaban en absoluto.

En otro punto del viaje, Novikov recibía una llamada: no era otro que Bertrand Campbell. El ruso puso el manos libres para que todos pudieran escuchar. Para sorpresa de Thomas, o quizá no, Campbell aconsejó a Novikov que no se fiara de los consejos de su yerno, si es que se encontraba con él. Parecía haberse vuelto loco y estaba dilapidando las fortunas de sus clientes; trató de concertar una cita con Novikov para tratar personalmente con él, a lo que el ruso aceptó sin intención de acudir. Por otro lado, informaron a Thomas de que Nueva York ya se encontraba en manos de UNSUP y sus títeres ultraderechistas, y Novikov también le preguntó por uno de los clientes de Campbell & Weber: un tal Michael Mulder. Thomas lo recordaba de refilón, un muchacho joven con una gran fortuna heredada del fallecimiento prematuro de sus padres. Según Novikov, Mulder podría serles de gran ayuda en su cruzada en caso de encontrarlo. Thomas, sin embargo, no podía dejar de pensar en la llamada de Bertrand Campbell; si el viejo estaba llamando a toda su cartera de clientes, tenía muy poco tiempo para reaccionar y hablar con todos. Por suerte, con los recursos de Novikov de su lado aún tenía alguna posibilidad de cortar los hilos de su suegro.

Ya en Arkangelsk, Novikov recibió una llamada que prefirió atender en privado. Thomas no pudo evitar aguzar el oído aun a riesgo de ser descubierto [punto de relato] y pudo oír a Novikov dirigirse con extremado respeto a un tal Okada-san. No podía tratarse sino de Yuzo Okada, uno de los tres miembros más importantes de la Yakuza japonesa y subsecretario del departamento de exportaciones de Japón. Novikov se mostraba especialmente solícito, lo que convenció a O'Hara de que el ruso debía tener negocios importantes con el nipón.

Por fin, Jonas y Jack pudieron contactar con O'Hara a través de sus contactos en la CIA. Acordaron encontrarse en Luxor, ya que iban hacia el norte, y hacia allí partió el grupo de Rusia en un avión ultramoderno de tecnología claramente restringida al círculo de UNSUP. Cuando la aeronave superó la frontera egipcia, fue interceptada por dos cazas, que lo conminaron a detenerse; sin embargo, se libraron de ellos con una facilidad pasmosa. El avión era una maravilla tecnológica, sin duda. Conforme se acercaban a Luxor, el cosquilleo en el cuerpo de McNulty y Finnegan se fue convirtiendo en un dolor agudo e insoportable, así que no tuvieron más remedio que quedar en un punto alejado varios kilómetros de la ciudad. Con gran alegría por parte de los personajes, ambos grupos se encontraron y, sin tardanza, Haller procedió a sacar los nanobots de los cuerpos de Jonas y de Jack. La agonía fue tremenda cuando el polvillo gris salió de sus lagrimales, y el alivio grande.

Poco después, a raíz de una de las bromitas de McNulty, Jessica agarraba el paquete de éste con fuerza, haciendo que se doblara sobre sí mismo. La mujer exigió más respeto, y McNulty decidió que quizá no estaría mal mostrarse más comedido en su presencia.

El asunto más urgente para el grupo era sin duda poner a salvo a sus familias. McNulty contactó con sus amigos del Sinn Feyn que le prometieron que mantendrían a su mujer y su hijo a salvo, y Mulder decidió poner en acción sus contactos en Europa para ayudar a poner a salvo a James Finnegan, Fred Mullendore y el doctor McEnroe; y tras unas cuantas llamadas prometió dinero a varias personas y aunque no se acababa de fiar tranquilizó a Jack. Y por su parte, Mulder también expuso la que era su mayor preocupación: prácticamente todo su capital se encontraba controlado por Campbell & Weber, y si era verdad que ahora trabajaban para UNSUP, podía perderlo todo en un momento. Con la ayuda de un portátil de última generación y [punto de relato] el login de uno de sus compañeros de empresa, O'Hara consiguió sacar el capital de Mulder de las garras de Campbell y Weber, y distribuirlo entre varios fondos de inversión (uno del propio Novikov), poniendo así a salvo su fortuna.

El siguiente paso, según Thomas, debía ser partir hacia Palermo para contactar con el primer cliente de su lista, Nicola Ferretti, y evitar que Bertrand Campbell lo convenciera de dejar su guía y poner así su capital en manos de UNSUP. Deberían llevar a cabo un pequeño tour por Europa para asegurar que el capital de sus clientes no caía en las sucias manos de la Corporación...

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