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viernes, 23 de septiembre de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 9

Reunión con Simmons. Desencuentros.
Sigrid despertó poco después, y Tomaso, solícito, fue a su encuentro para interesarse por su estado. Ambos se encontraron a gusto y tuvieron la oportunidad de revelarse algunos secretos y compartir experiencias, lo que les unió un poco más. El encuentro tuvo al parecer un efecto terapéutico en Sigrid, que acabó la conversación sin pronunciar apenas palabras en la lengua extraña de la academia.

A mediodía, Tomaso se encontró con Robert; aunque intentó despistar a los demás, no lo consiguió, y Sigrid, Patrick, Derek y un par de agentes lo siguieron hasta las cercanías del punto de encuentro. Mientras Tomaso y Robert se saludaban y entraban en el edificio, los perseguidores decidieron esperar unos minutos antes de entrar. El edificio era típico del distrito financiero, destinado al alquiler de oficinas y despachos, y en uno de ellos los había citado Dan. Había controles de metales en la puerta, así que primero dejaron todos sus pertrechos comprometedores en una taquilla.

Una mujer muy arreglada, que se presentó como Helen Simpson, les recibió en la antesala del despacho. Después de saludarlos y comprobar su identidad, les hizo pasar a la sala principal; Dan Simmons se levantó con una sonrisa, moviéndose con demasiada agilidad para sus dimensiones corporales: parecía un jugador de baloncesto profesional, alto y fuerte. Impecablemente vestido, estrechó sus manos con un apretón firme y les presentó a su “hombre de confianza”, que también se encontraba en la sala: Juan Martínez. El latino parecía un anodino oficinista, en contraposición a la abrumadora presencia de su jefe.

El Hombre Malo, como prefería que le llamaran Simmons, no se andó con rodeos. Tras unos breves preámbulos en los que se habló de la empresa de Robert, el papeleo de los abogados, y cómo los abogados de Albany habían contactado con él, Simmons les habló de de la situación real. Y lo que oyeron les dejó perplejos.El mundo ocultista estaba revolucionado con una droga nueva que había surgido hacía relativamente poco: el Polvo de Dios. Algunos elementos tenían conocimientos arcanos en disciplinas sobrenaturales (a los que Simmons llamó “Adeptos Postmodernos”) y eran capaces de realizar cosas extraordinarias, cosas que ni siquiera Simmons comprendía totalmente. El caso es que él sí conocía la existencia de unos rituales concretos, rituales de revelación y de impostación, que servían para guiar al adepto hacia un objetivo o todo lo contrario, despistarlo. Muchos rituales de revelación se habían lanzado últimamente para revelar a la persona en la que tenía su origen el Polvo de Dios. Que Simmons supiera, la mayoría no habían arrojado más que informaciones vagas sobre la localización de la persona, pero hacía varios días por fin uno había tenido éxito; de cómo se había enterado no quiso hablar, pero el ritual había revelado claramente la identidad de Robert McMurdock como el responsable de la creación del Polvo. Ahora, Robert y los que estuvieran a su alrededor corrían serio peligro, pues el Polvo se había convertido en una especie de Santo Grial de los Adeptos: potenciaba sus capacidades de formas que no alcanzaban a comprender, pero que les hacían capaces de cosas a priori imposibles.

Por supuesto, la verdadera razón por la que Simmons había convocado a Robert a aquella reunión era que estaba realmente interesado en la fórmula del Polvo, así que ofreció un intercambio de favores si McMurdock se la proporcionaba. Aún en shock por todo lo que habían oído, le pidieron tiempo para pensar, a lo que el Hombre Malo accedió con una sonrisa, no sin recomendarles que no demoraran mucho su decisión, porque estaba seguro de que otra gente llegaría pronto hasta Robert con métodos menos amistosos. Tras darles unas tarjetas personales, se despidieron.

Al llegar al ascensor, Robert y Tomaso se toparon de bruces con el resto del grupo. El primero hizo amago de evitarlos, pero le impidieron el paso. La intervención de Tomaso apaciguó los ánimos cuando sugirió que sería buena idea que los cinco compartieran una buena comida. Ya en el restaurante, Derek pronto demostró que había perdido la paciencia con McMurdock. Ante la reticencia del ejecutivo en confiar en sus compañeros y la posibilidad de que sus maniobras con Simmons pusieran en peligro al resto del grupo, Sigrid se marchó de la mesa indignada. Derek pidió a Robert que le devolviera el móvil encriptado que les había proporcionado el congresista Ackerman y se marchó, separando sus caminos.

Al marcharse Derek, Robert tuvo una corazonada de que algo malo iba a ocurrir, pero reprimió sus impulsos. También tuvo la angustiosa sensación al marcharse Tomaso, pero siguió negándose a dejarse llevar por esas sensaciones. Decidió que su plan de acción sería quemar todas las pruebas, vender las empresas y marcharse del país.

Más tarde Patrick se reunió con Tomaso, con la pretensión de intentar convencerlo para que le consiguiera algo de Polvo de Dios. Sin embargo, la conversación acabó con Patrick y Tomaso enemistados, pues el italiano no hablaba con sinceridad a ojos del profesor. Apaciguado por Sigrid, Patrick y ella discutieron la conveniencia de visitar el monolito o partir directamente hacia Inglaterra, donde Derek tenía esperanzas de encontrar al aristócrata que conoció en su infancia.


jueves, 8 de septiembre de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 8

Investigando. Dan Simmons.
Antes de dormir, Sigrid, como experta en antigüedades y leyendas nórdicas, explicó al resto del grupo sus referencias -muy interesantes- acerca del monolito de Robert y Michael: la primera, la más evidente y parte de la cultura popular, era la referencia al monolito negro que aparecía en “2001: una odisea espacial”. Su segunda teoría era puramente histórica y mencionaba un objeto real: el obelisco negro de Salmanasar III, una reliquia del Imperio Asirio, pero que se encontraba perfectamente localizado en el Museo Británico; esta era la teoría que Sigrid optaba más fácilmente descartable, pues el obelisco Asirio no coincidía con la descripción que había dado Robert del objeto presuntamente Arcano; era posible que estuvieran relacionados de alguna forma, pero no probable. La tercera teoría tenía que ver con el propio ámbito de conocimiento de Sigrid: la pasión por las leyendas nórdicas. Según recordaba, existía una recopilación de relatos orales llevada a cabo por un tal Sebastian Stallar alrededor del siglo XVIII donde se mencionaba un monolito negro; el problema era que no recordaba mucho más allá de esto, y para completar la información no le quedaría más remedio que recurrir a su biblioteca, donde guardaba uno de los pocos ejemplares que quedaban del trabajo de Stallar.

Agotados, decidieron dormir y descansar. Por la mañana, Robert intentó por enésima vez escabullirse de sus nuevos conocidos, aunque un agente frustró su intento y la excusa de tomar un café hizo que Derek y un par de agentes lo acompañaran a la cafetería.

Más tarde, a media mañana, se encontraron todos en la sala de reuniones, y con la ayuda de uno de los biólogos, levantaron el sedante al hijo de Sigrid, Daniel. Pronto, el muchacho comenzó a hablar en aquella lengua extraña, lo que hizo que Tomaso y Robert salieran de la sala, y la luz se atenuó hasta hacerse mortecina. Las palabras parecían deslizarse hacia las mentes de Patrick y Derek. El primero intentó varios trucos psicológicos para hacer reaccionar al niño, pero tuvieron que desistir ante el peligro de ser poseídos por aquella extraña situación. De repente, sonó la alarma de incendios, sacando a todos de su ensimismamiento.

Robert, que había conseguido escabullirse hacia la salida, había hecho saltar la alarma. Eso le permitió acceder a la escalera de incendios y correr hacia la calle. Tomaso y algún otro agente salieron corriendo tras él, pero no pudieron darle alcance antes de que los despistara y desapareciera de la escena subido en un taxi. Hacía varios minutos que el móvil de Robert vibraba sin parar, y una vez a salvo en el taxi decidió por fin cogerlo. Era una mujer que llamaba desde el psiquiátrico de Canadá, informando de que Michael Stevenson no había llegado allí, ni tampoco sus acompañantes; Robert maldijo para sus adentros. También habló con Alton Cook, quien insistió en que debían tratar del asunto de la compra y de los consejeros amenazados; Robert no tuvo más remedio que contestarle con evasivas, mientras el móvil sonaba con un número desconocido.

Al contestar, el hombre que hablaba al otro lado de la línea se presentó como Daniel Simmons. Robert conocía bien ese nombre por las conversaciones de sus compañeros y se preocupó cuando su interlocutor le informó de que se había enterado que había contactado con sus “socios” del bufete Jackson, Hickman & Toller, y que quizá sería adecuado que mantuvieran una conversación de negocios. Robert pidió que le diera un tiempo para poder confirmar la información y tratarlo con el resto de sus socios, a lo que Simmons respondió con un “por supuesto” quizá excesivamente jovial.

Durante el episodio de la alarma de incendios, Patrick y Derek tuvieron una discusión algo subida de tono: el profesor estaba hasta los mismísimos de que el grupo se preocupara por retener a Robert e instó al director a prescindir de él y evitar seguir perdiendo el tiempo. Derek era reticente a ello por todo lo que había pasado últimamente, pero no tuvo más remedio que planteárselo seriamente.

Poco después, Tomaso contactaba con su primo Dominic, haciéndole entrever que seguramente necesitaría un exorcista en los próximos días (para tratar Daniel). El padre Bonelli lo tranquilizó, afirmando que seguramente el contacto que esperaba del Vaticano podría ayudarle en su trance. Acto seguido, Tomaso contactó por móvil con Robert, extrañado y preocupado a la vez por su huida. Aunque le ofreció su ayuda, Robert no quiso revelarle su paradero, pero sí que le habló sobre la llamada que había recibido de Dan Simmons, lo que estremeció a Tomaso. Quedaron en que cuando Robert acudiera a la cita en La Representación, Tomaso lo acompañaría como hombre de confianza.

La mañana siguiente, una vez descansados, Tomaso compartió con el grupo la información que le había dado Robert sobre la llamada de Dan Simmons y además aprovecharon para investigar sobre las tres referencias de Sigrid sobre el monolito. Para su sorpresa, la teoría sobre 2001 no resultó descartable del todo, porque según algunos círculos conspiranoicos, Arthur C. Clarke habría utilizado información privilegiada sobre artefactos reales que el gobierno tenía buen cuidado de que no trascendieran, e incluso se decía que podía haber trabado contacto en algún momento con extraterrestres. El monolito de Salmanasar tampoco fue desechado: investigando un poco más allá de lo evidente, parecía haber una especie de maldición alrededor de los descubridores y los implicados en un intento de robo hacía varias décadas. Sobre la teoría de Sebastian Stallar no pudieron averiguar mucho más de lo que sabía Sigrid, que necesitaría viajar a su biblioteca para poder repasar sus fuentes.

Tomaso y Sally contactaron con Omega Prime para investigar sobre el caserón donde Robert decía que se encontraba el monolito. Y para su sorpresa -o no tanta-, no pudieron descubrir demasiado: algunas reseñas de turistas y senderistas que mencionaban una especie de mansión muy someramente y siempre en la lejanía era todo lo que encontraron, algo ciertamente extraño. Por otro lado, también investigaron el informe oficial de lo ocurrido en la academia militar, que hablaba de un accidente, incendios y muchos muertos. Pero Omega Prime consiguió información más solapada de círculos ocultistas, que hablaban de “Los Durmientes”, de que “habían vuelto a actuar” y que habían “borrado las evidencias y seguramente conseguido las grabaciones que habían desaparecido”. Todo era bastante críptico, pero evidenciaba lo que ya habían sospechado sobre Nikos Kostas, de su pertenencia a alguna organización ocultista que parecía llamarse “los Durmientes”. Cada vez parecían más implicados en las tramas que les habían ordenado evitar.

A mediodía intentaron hacer reaccionar de nuevo a Daniel en la sala de interrogatorios, a solas con una grabación de Sigrid intentando tranquilizarlo. Al principio se quedó sentado viendo la grabación de su madre en el televisor, pero al poco se acurrucó contra un rincón y comenzó a recitar una letanía en voz baja en aquella extraña lengua que lo estaba consumiendo. La luz bajó un poco de intensidad. Tras unos segundos, se incorporó y se acercó al cristal, con una profunda cara de tristeza, que hizo rebullir a los presentes al otro lado del espejo. Comenzó a llorar abiertamente y a suplicar golpeando el cristal entre sollozos. “Llevadme con mis hermanos” pudo leer Patrick en los labios del niño, siempre hablando con las palabras desconocidas. La luz iba y venía mientras el niño caía de rodillas, y el cristal pareció vibrar con la presión de sus palabras. Los agentes presentes en la escena se miraron, y aunque Derek intentó tranquilizarlos, uno de ellos presentó su dimisión a las pocas horas.

Decidieron dejar al niño consciente y sin atar, y más tarde despertaron a Sigrid, que había decidido mantenerse al margen voluntariamente para no interferir. Cuando la anticuaria se presentó ante el cristal de la sala de interrogatorios, el corazón le dio un vuelco al ver al niño tan desesperado, así que pulsó el botón de comunicación. Las palabras pronunciadas por Daniel escaparon de la sala, y rápidamente se deslizaron a la mente de Sigrid, que no pudo resistirlas: sus ojos se oscurecieron y comenzó a parlotear en el lenguaje desconocido; sus compañeros no tuvieron más remedio que sedarla. Acto seguido, pasaron a discutir qué hacer, pero como siempre, al hablar sobre la extraña lengua o los implicados en ella, las palabras parecían tomar forma en las mentes de Patrick y Derek, y Tomaso los oía proferir palabras extrañas cada dos por tres.

Robert confirmó lo que le había dicho Dan Simmons por teléfono con el resto de miembros del bufete, así que le devolvió la llamada, y concertó una reunión para el mediodía. A continuación informó a Tomaso, que a su vez tuvo que informar al resto del grupo y retrasar la visita que habían decidido hacer al monolito aquel mismo día, para indignación de Patrick, que no estaba de acuerdo en perder más tiempo con los asuntos de Robert.