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jueves, 26 de enero de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 18

La operación de Sigrid. Monterrey.
El día siguiente Sigrid recibió un nuevo correo de Paul van Dorn, preguntando de nuevo si iban a encontrarse en breve. Tomaso intentó rastrear la ruta del mensaje, pero no tuvo éxito y acabó borrándolo.

También intentaron establecer comunicación telefónica con James Hawk, el otro hijo de Abornaz, pero cada vez que mencionaban algo en relación con su padre o con su infancia, el capataz reaccionaba agresivamente y colgaba el teléfono. Sopesaron la idea de desplazarse hasta el lugar donde se encontraba, pero finalmente decidieron no perder más el tiempo y salir hacia Cuba cuanto antes, donde esperaban poder encontrar un especialista que extirpara el parásito que habían detectado en la columna vertebral de Sigrid.

Ya en su hotel no les costó prácticamente nada conseguir una recomendación fiable: les hablaron del doctor Manríquez, un experto neurocirujano de un hospital al sur de la ciudad. Tras algunos problemas con la recepcionista, Sigrid consiguió que la recibieran a través de urgencias, donde uno de los encargados les recibió cuando mostraron su interés en “realizar una generosa donación para los fondos del hospital”. La suma acordada finalmente fue de trescientos mil dólares; el doctor Manríquez, después de ver las resonancias y hacer sus propias pruebas previó una operación difícil, larga y peligrosa. Y así fue. Poco más de cuarenta y ocho horas después, la anticuaria noruega entraba en el quirófano. Fueron necesarias dos intervenciones, porque en la primera el doctor tuvo que interrumpir al surgir algún tipo de complicación. La segunda intervención se prolongó durante interminables horas, pero finalmente el doctor se reunió con el resto del grupo y les informó de que todo había salido bien. Era posible que hubiera quedado alguna secuela en la mente de Sigrid o en sus funciones motoras, pero creía que si existían serían revertibles con el tiempo. El parásito fue confiado al doctor para su estudio, a condición de que transmitiera al grupo vía correo electrónico todos los datos que descubriera.

Finalmente, Sigrid sí tuvo algunas secuelas: su capacidad motora se vio mermada y no podría andar durante días, quizá semanas; y también sufrió secuelas psicológicas: no tardaron en apercibirse de que la anticuaria empezó a estar aquejada de una fuerte dislexia. Tras varios exámenes, los doctores determinaron que esta última necesitaría un plazo mucho más largo para sanar mediante tratamiento psicológico, y era posible que nunca llegara a desaparecer; pero aunque esta era una mala noticia, consideraron mucho más importante que aquel parásito ya no se encontrara en el interior de su amiga.

Permanecieron varios días más en Cuba mientras Sigrid se recuperaba de la operación; durante esas jornadas, Patrick intentó someter a su compañera de fatigas a tratamiento intensivo, pero no consiguió ninguna mejora apreciable. La dislexia era realmente acusada, y lo que más deseaban es que no afectara al bloqueo que el psicomago Rémy Lebescque había puesto en la mente de Sigrid.

Durante esos días, la anticuaria recibió un nuevo correo de Van Dorn, que también decidió ignorar por el momento.

Una vez Sigrid estuvo en las mínimas condiciones para viajar, partieron hacia México. Lo primero que hicieron fue visitar a Finley Hughes, el embajador de Estados Unidos. Ackerman había cumplido lo prometido y ya había contactado con él, avisándole de la visita de Derek y sus compañeros. El embajador se comprometió a contactar con el jefe de la policía de Tamaulipas, la región donde se encontraba la aldea de Lupita, y les dio una información que no conocían: American Initiatives For Children, a pesar de haberse retirado del terreno del noreste, conservaba una delegación en Monterrey. Al oír esto, el grupo tuvo claro cuál sería su próximo paso.

Alquilaron un coche tras el vuelo a Monterrey y se dirigieron a las oficinas de AIFC. La ONG poseía dos naves con edificios anexos en un polígono industrial a varios kilómetros de distancia. Una de las naves parecía abandonada, como la mayoría de las que había en el polígono, y uno de los edificios era claramente el que servía como oficina principal. Estableciendo turnos de vigilancia desde un edificio abandonado, pudieron contar una media docena de guardias de seguridad, y una cámara de circuito cerrado en la puerta. La primera noche de control pudieron observar cómo un camión llegaba, se abría la puerta de la nave (que parecía servir de aparcamiento de vehículos grandes), y entraba.

El día siguiente salieron dos camiones de la nave, uno de ellos el que había entrado la noche anterior. Además, entró una furgoneta. También pudieron observar el cambio de turno de los guardias, y contar una veintena de empleados que entraban y salían del edificio de oficinas.

La segunda noche pudieron ser testigos de movimientos más sospechosos. Al poco de pasar la medianoche, llegaba una furgona negra de gran tamaño. De ella bajó un individuo que habló con los guardias de seguridad. Éstos abandonaron el edificio; una vez que se marcharon, varios tipos armados en plan paramilitar salieron del vehículo, tomando posiciones alrededor. Poco después llegó un Hummer que entró directamente al aparcamiento. Al cabo de varias horas, salía el Hummer encabezando una comitiva de la que formaba parte junto con dos camiones que le siguieron hacia la salida del polígono.

Antes del amanecer los hombres armados se marcharon, retornaron los guardias de seguridad y todo pareció volver a la normalidad. Desde luego, un tráfico muy sospechoso para una ONG dedicada a ayudar a los niños necesitados...


jueves, 19 de enero de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 17

La investigación de Abornaz
Tras volver Tomaso y Patrick del sanatorio compartieron con el grupo lo extraño del comportamiento de Abornaz Hawk, y elucubraron durante un rato qué podían ser aquellas sombras que dibujaba. Durante la larga conversación Patrick pudo por fin visualizar el aura de Derek; como había sospechado, el aura del director de la CCSA no era como la del común de los mortales: variaba en su forma, parecía pulsar y oscilar alrededor de sus compañeros. La revelación de este hecho convenció a Patrick de que era Derek el que servía de protección al grupo de alguna forma extraña que no alcanzaba a comprender. Al mencionar este hecho, la reunión devino finalmente en una sesión de sinceridad, en la que todos los integrantes del grupo al completo decidieron que compartirían con los demás todos los hechos ocultos de su pasado. Derek volvió a recordar lo extraño de la entrega de los manuscritos por parte de sus padres adoptivos, y lo oscuro de las circunstancias de su nacimiento y primeras jornadas de vida, no sabía de qué manera podría haber afectado eso a su aura.

Más tarde, Tomaso decidió contactar con sus amistades de Nueva York y solicitarles que enviaran documentación falsa para todo el grupo. No tuvo demasiados problemas en contactar con quien podía proporcionársela, pero necesitarían al menos cinco días para hacérsela llegar, días que deberían permanecer en Montreal.

Durante ese tiempo decidieron aprovechar para profundizar más en el trabajo del doctor Hawk. La noche del primer día Patrick se reunió con Robert para debatir la posibilidad de conseguir más Polvo de Dios; esto hizo que el grupo se reuniera de nuevo para que Robert les explicara algo más sobre el proceso de creación de la droga: necesitaba un elemento exótico que había probado ser imposible de sintetizar y que le proporcionaba Georg Lazarev, un amigo de su círculo de coleccionistas de sustancias exóticas desde Rusia. El magnate no conocía más detalles sobre el elemento, sólo que Georg se lo enviaba a cambio de una buena suma de dinero regularmente desde Rusia o, en ocasiones, desde algún país de la antigua órbita soviética. Robert planteó la posibilidad de viajar a Tel Aviv para contactar con otros miembros de su círculo de coleccionistas (dejó traslucir su posible implicación sentimental con una de ellas) e intentar seguir el rastro de Lazarev, desaparecido desde hacía semanas.

La siguiente jornada comenzaron a atar algunos cabos en el trabajo de Abornaz. Llegados a cierto punto, Sigrid apreció cómo sin un motivo aparente, el doctor había empezado a viajar por el remoto noreste de la región de Québec. Más tarde descubrirían, por referencia a trabajos de otros autores, que tal desplazamiento parecía estar motivado por un cisma en el seno de la tribu abenaki por el que una parte de ellos fueron exiliados hacia el norte de sus tierras de origen. Tal cisma había sido (según las disquisiciones de Abornaz) motivado por la influencia de las creencias vikingas sobre una parte de los abenaki, oscuras creencias que habían provocado el enfrentamiento con los nativos más ortodoxos. Un sobre conteniendo material diverso marcaba el momento donde Abornaz y sus compañeros habían descubierto por fin la mansión perdida en medio de ninguna parte. Unas viejas cintas medio aplastadas llamaron la atención de Sigrid, que se las llevó y en el hotel pidió medios para poder oírlas. La mayoría de la cinta estaba en mal estado y lo único que se alcanzaba a oír eran zumbidos, pero en algunas partes, la voz de un Abornaz mucho más joven hablaba.

“...los guardianes nos están siguiendo ya hace días… Pierre está muy mal...”

“...esto es demasiado, tenemos que volver… se sale de todas las escalas, tenemos que encontrar un modo de arreglar esto...”

“...la muerte de la mujer de Pierre ha sido definitiva, no sé qué más hacer...”

“...son abenaki, estoy seguro… si son mis antepasados debería poder contactar con ellos... debió de ser el monolito, sí, debió de ser eso, de alguna manera me puso en contacto con ellos… no puedo, no puedo, no puedo soportarlo más; si oyes esto, John, no pienses que estoy loco, por lo que más quieras...”

“...desconfío de todos… no puedo soportarlo más… obligaré a Pierre a irse, esto está acabando con nosotros… no quiero que mis hijos sufran daño, quizá sea sólo una casualidad, pero la muerte de sus hijos...”

“...debemos destruirlo… no sé cómo hacerlo, pero debemos encontrar la manera...”

El grupo se miró con inquietud cuando Sigrid les leyó la transcripción. Las cintas habían sido aplastadas, mojadas y desgastadas, y había sido bastante difícil sacar algo en claro, eso debía de ser lo que había hecho que la gente de la universidad las ignorara y simplemente las metiera en las cajas de Hawk. Durante la reunión, Sigrid planteó la posibilidad de viajar a un nuevo destino: su tierra natal, Noruega, donde disponía de una biblioteca privada que aseguró que le sería de utilidad para deducir más cosas a partir del trabajo del doctor.

Tomaso y Sally dedicaron su tiempo en adelante a investigar sobre noticias en los posibles destinos del grupo: Burdeos, donde se había trasladado Pierre, el compañero del doctor Hawk; París, donde se encontraban los psicomagos; Roma, donde suponían que se encontraba Daniel; Noruega, donde Sigrid quería consultar su bibliteca; San Francisco, donde habían estado destinados los agentes del FBI que mencionaban al padre Jan Borkowski durante los disturbios; Tel Aviv; el noreste de México, e Inglaterra. No descubrieron nada que les hiciera desistir de viajar a ninguno de ellos. Para complicar más las cosas, Sally propuso Cuba como un destino ideal de cara a extirpar cuanto antes el parásito que la resonancia había descubierto en la nuca de Sigrid. Fuera lo que fuera aquello, había que sacarlo de su cuerpo cuanto antes.

Sobre el final de la documentación, Abornaz había empezado a dibujar las primeras sombras que parecían atormentarlo. Lo que parecía claro era que hacía entre veintiún y veintitrés años atrás había habido muchas muertes: la mujer (en un accidente de tráfico) y los hijos (de cáncer) de Pierre, algunos de los compañeros de expedición de los doctores, y la esposa de Abornaz. Entre los documentos encontraron también la tarjeta de un terapeuta hipnotizador al que parecía haber estado visitando el doctor; tras una breve investigación, averiguaron que tanto el terapeuta como toda su familia habían perdido la vida en un extraño incendio en su domicilio. Demasiadas muertes en breve período. También obtuvieron un listado de los símbolos que habían visto en la caverna del monolito, con una serie de significados que el doctor les había asignado: todos tenían que ver con los conceptos de protección, de eternidad, inmensidad, divinidad y tiempo.

Se volvieron a reunir con John Hawk para darle su versión de los progresos que habían hecho con los documentos de su padre, por supuesto mucho más edulcorada que la realidad. En la conversación, salió a la luz que John tenía un hermano mayor: Jason, que trabajaba en una maderera en el extremo este de la península de Labrador. John también les habló de la difícil infancia que habían pasado debido a la obsesión de su padre, y por último decidieron enseñarle los símbolos extraños de la gruta bajo la mansión, con los significados que les había atribuido su padre. John les confirmó que los conocía, pero que todos los estudiosos habían conocido en que no eran más que una invención de su padre, no había ninguna referencia a ellos en ningún sitio y el viejo doctor nunca había podido (en realidad no había querido, como el grupo sabía) dar una referencia clara de su origen. Tomaso intentó confortar a Hawk diciéndole que ellos habían ya habían visto aquellos símbolos en algunas fotos, pero este no dio mucho crédito a las palabras del italiano. Volviendo a abordar el tema de su infancia, John les contó que su padre parecía obsesionado con la seguridad de sus hijos después de la muerte de su madre, que debido a ello se trasladaban constantemente de domicilio y que siempre les obligaba a llevar colgado al cuello un atrapasueños (costumbre que el joven doctor todavía conservaba, enseñándoles el que llevaba en ese momento). En concreto, recordaba una ocasión donde el comportamiento de su padre se había hecho definitivamente extraño: en una de las casas que habitaron, una casa de madera en medio del campo, en un par de frías mañanas de invierno John pudo ver cómo su padre daba tres vueltas a la casa caminando hacia atrás; nunca se atrevió a sacar el tema ante Abornaz, y de hecho lo había olvidado hasta esta conversación con el grupo; todos se miraron, inquietos; John simplemente lo explicó como uno de los signos de la locura que había crecido en el interior de su padre debido a su obsesión y el dolor de la pérdida de su esposa.

Finalmente, Tomaso recibió la documentación que le enviaron sus contactos de Nueva York a un apartado postal. Se reunieron para evaluar todos los posibles destinos de nuevo, y Sally aprovechó para enseñarles un vídeo de un canal de economía donde se podía ver a Robert y a Michael dando una conferencia de prensa para anunciar el traspaso de responsabilidades. Una levísima irregularidad en el parpadeo del Robert de la televisión los convenció de que se trataba de un sustituto artificial; alguien que no supiera la verdad lo achacaría simplemente a nerviosismo o a quizá a una irritación ocular, pero el grupo sabía cosas que el común del pueblo ignoraba; Patrick se quedó petrificado, aterrado por la posibilidad de que hubiera máquinas capaces de sustituir a las personas. Robert también, al ver la trampa que le habían tendido.

Una vez superado el shock decidieron ser pragmáticos y dedicarse a planear sus acciones. Finalmente, la opción de México fue la elegida, no sin opiniones en contra. Derek decidió ponerse en contacto con el congresista Ackerman y preguntarle si podían confiar en alguien en el país sureño. Discutieron sobre el asunto de Robert McMurdock, sobre el que Derek le proporcionó toda la información; Ackerman manifestó su incomprensión, porque se le ocurrían al menos trescientos empresarios más influyentes que McMurdock que sus enemigos podrían haber suplantado; Derek no le dijo nada sobre la relación de Robert con el Polvo de Dios, por supuesto. Cambiando de tema, Philip le confirmó que si viajaba a México podría ponerse en contacto con el embajador Finley Hughes, que gozaba de su total confianza; en breves minutos se pondría en contacto con él para hablarle de la visita de Derek. El congresista también le pidió a Derek que no desapareciera del mapa y que estuviera localizable para volver a Nueva York si era necesario, pues sospechaba que sus enemigos estaban tramando algo contra la CCSA y pronto intentarían una ofensiva para sacarla de la circulación. No sabía ni cómo ni cuándo, pero tenía sospechas bien fundadas sobre ello.

miércoles, 4 de enero de 2017

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 16

La Universidad de Montreal. Van Dorn llama.
Antes de decidirse a partir hacia México o Europa, decidieron que debían averiguar más datos sobre la relación entre los vikingos y los abenaki, y para ello, en teoría estaban en el lugar ideal. Haciendo una pequeña búsqueda en internet, se encontraron con que precisamente en la universidad de Montreal se encontraba uno de los mayores expertos sobre el tema, si no el mayor: el doctor John Hawk, que además era descendiente de nativos americanos canadienses.

En la Universidad, el doctor Hawk les atendió amablemente, y en una distendida conversación mientras tomaban un café mencionó a su padre. Su padre, el doctor Abornaz Hawk, había estado obsesionado durante décadas (¡más de cincuenta años!) con la relación entre los vikingos y los abenaki en una época muy anterior a la llegada de Eric el Rojo a Vinland; a estas alturas, John afirmaba con lágrimas asomando a sus ojos que todavía no entendía por qué su padre había estado convencido de tal relación, ni por qué tal cosa había llegado a convertirse en una obsesión de la magnitud que afectó a su padre. De hecho, tal obsesión había acabado por erosionar la relación de Abornaz con su más estrecho colaborador, Pierre Nicolás, que hace unos veinte años abandonó la investigación y se marchó a Francia hacía más o menos veinte años.

Muy amablemente, utilizando sus influencias, John concedió al grupo acceso a la biblioteca y también al reservado donde se encontraba toda la documentación de la investigación de su padre. Les comentó también que la biblioteca había dado un plazo breve para que John se llevara todo el material, pues la mayoría eran escritos estériles que no habían dado ningún fruto científico y había que despejar espacio en el edificio. Sigrid y Patrick se apresuraron a devorar toda la información que pudieran de los más de cincuenta años de investigación. Derek y Tomaso ayudarían en lo que pudieran. Tomaso investigó un poco sobre el colaborador del padre de John, el tal Pierre Nicolás, y efectivamente, hacía 23 años que se había trasladado a una plaza en la Faculad de Historia de Burdeos; además, parecía que había renunciado a publicar, pues su actividad se reducía a dar clases y poco más.

Más tarde, hablando más profundamente acerca de su padre, John reconoció (con una actitud ya no tan amistosa) que estaba recluido en un sanatorio mental. No quiso darles más detalles, pues cuando el grupo manifestó su deseo de visitar al doctor Hawk padre, John lo rechazó y se cerró en banda sobre el tema.

Esa misma tarde recibieron un enlace a un vídeo en la nube que enviaba el padre Borkowski. En el vídeo se podía ver a Daniel sano y salvo, aunque aquejado del extraño mal. Todo a su alrededor era oscuro y la cámara no parecía poder penetrar las tinieblas que provocaba. La mente de Sigrid no se vio afectada apenas por la visión, lo que mostraba el buen trabajo que había hecho Lebescque. Por lo demás todo parecía normal; sin embargo, minutos más tarde, Omega Prime les revelaba que aunque el vídeo no había sufrido manipulación en sus imágenes, sí que había evidencia de que alguien había borrado los datos de localización GPS. Esto indujo a sospechar al grupo de la veracidad del vídeo, o al menos de su localización en Boston.

Por su parte, Robert, extrañado porque ya hacía más de veinticuatro horas que no recibía mensajes ni llamadas relacionadas con el trabajo, decidió ponerse en contacto con sus consejeros más allegados. Todos ellos reaccionaron de forma más o menos parecida: la primera impresión fue de extrañeza por la llamada de Robert, y por información que parecía desconocer. Algunos de ellos incluso le respondieron de malas maneras porque “no eran estúpidos” y “no les gustaba que les tomara el pelo”. Otros aguantaron la conversación a pesar de su extrañeza, y eso permitió a Robert hacerse una imagen general de la situación. Según le habían confirmado, él mismo se encontraba en esos momentos, o escasa media hora antes, en Nueva York; además, había dado las órdenes necesarias para la cesión de todos sus derechos, propiedades y capital (excepto las ONG y todo lo inocuo) a Michael Stevenson, el que había sido su mano derecha durante tantos años. Incluso ya habían aparecido noticias en algunos medios económicos, dado lo insólito de tal decisión; según parecía, Robert había anunciado que se dedicaría en adelante sólo a obras filantrópicas.

Cuando el químico puso en común con el resto del grupo todos los detalles de sus conversaciones, enseguida salió a relucir la posibilidad de que hubieran sustituido a Robert por un doble. Dado lo que sabían gracias al vídeo que les había enseñado Philip Ackerman, no podían ni siquiera descartar que tal doble no fuera sino un ente artificial. Se miraron unos a otros, preocupados.

La mañana siguiente, mientras Robert decidía si marcharse de nuevo solo hacia Nueva York o no, Sigrid se estremeció cuando reconoció en el correo electrónico un mensaje de su antiguo enemigo, Paul van Dorn. El librero la instaba a ponerse en contacto con él ante la imposibilidad de hacerse con ella en el número de móvil que tenía. Por fin alguien importante y relacionado con su vida anterior a la subasta daba señales de vida. Con el corazón palpitándole, llamó al despacho de van Dorn; su secretaria pasaba en pocos segundos la llamada. La conocida voz de van Dorn al otro lado del auricular, por extraño que pareciera, reconfortó a Sigrid. La conversación fue breve, y en ella ambos expusieron su deseo de encontrarse en una reunión. Sigrid quería concertar una reunión en algún lugar de Europa, a lo que van Dorn no se opuso, pero de todas formas, el librero le proporcionó unas coordenadas donde podrían reunirse antes si ella lo deseaba. Las coordenadas se encontraban en algún lugar al norte del estado de Nueva York, lugar que debía corresponder a la mansión de veraneo de van Dorn o algún sitio cercano. Se despidieron educadamente.

Cuando Tomaso y Derek volvieron al hotel después de dejar a Patrick y Sigrid en la Universidad, se encontraron con que Robert había vuelto a desaparecer. Tomaso le llamó y no le fue difícil averiguar que se había dirigido al aeropuerto con la intención de volver a Nueva York. Afortunadamente, pudieron localizar rápidamente al magnate y hacerle entrar en razón: si volvía a Nueva York lo peor no sería que lo mataran, sino que lo capturaran o torturaran y le sacaran el secreto del Polvo de Dios. Gracias a su elocuencia, Robert entró en razón y decidió volver con sus compañeros.

Mientras tanto, la revisión de la pequeña parte del trabajo de Abornaz Hawk no había dado los frutos deseados. Aparte de algunas referencias al alfabeto de símbolos abenaki, Patrick y Sigrid no descubrieron nada interesante aún. Por la tarde, se dirigieron a una clínica privada donde Sigrid por fin pudo hacerse una resonancia de la nuca. Los médicos se mostraron sorprendidos. La anticuaria tenía un extraño cuerpo óseo adosado en la juntura de dos de sus vértebras a la altura de la nuca; además, algunos ligeros destellos mostraban la presencia de filamentos que partían desde el “parásito” a través del sistema nervioso de Sigrid, filamentos biológicos que contenían una ligerísima proporción de metal. Por un momento, Sigrid fue presa de la desesperación; los doctores no sabían qué podría acarrear la extirpación de una cosa tan extraordinaria, pero si realmente se trataba de un parásito, recomendaban extirparlo cuanto antes, además de poner el caso en conocimiento de expertos. Sigrid y Patrick salieron de allí rápidamente, dando las gracias a todos, sin querer que el asunto tuviera más transcendencia.

Tras reunirse con el resto del grupo e informarles sobre el parásito, Patrick y Tomaso decidieron visitar subrepticiamente al padre del doctor Hawk. Sally no había tardado en averiguar en qué sanatorio psiquiátrico se encontraba, y hacia allí fueron. Fingiendo ser un cliente interesado en ingresar a su padre, Tomaso pudo seducir a Laura Kraller, la encargada de nuevos clientes. Aprovechando tal cosa, Patrick subió hasta la planta donde se encontraba Hawk, que en psiquiátrico era apodado “el doctor”, y consiguió que una enfermera le franqueara el paso. Como le había dicho la enfermera, encontró a Abornaz dibujando; al parecer, estaba obsesionado y era su única interacción con el exterior. Siempre dibujaba lo mismo: una ominosa sombra humanoide en cada hoja de rayaba, rodeada por extraños símbolos (estos sí que variaban de folio a folio). Patrick reconoció las extrañas figuras al instante: se trataba sin duda de los símbolos que habían visto en la caverna del monolito. A pesar de los esfuerzos de Patrick el anciano no salía de su rutina de dibujo, hasta que el profesor decidió pintar un símbolo él mismo en un folio. En ese momento, el doctor se detuvo y lo miró fijamente, pero no hizo nada más. Observando un poco más, Patrick descubrió un portarretratos con una foto antigua en él, pero enseguida reconoció la imagen: sin duda se trataba de la remota mansión bajo la que se encontraba el monolito. Sin pensarlo demasiado, Patrick la cogió y en ese instante, el doctor pareció sufrir un ataque de pánico; empezó a chillar y a llorar como un poseso. Tras el incidente, Tomaso y Patrick fueron expulsados del lugar sin contemplaciones.