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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

viernes, 10 de agosto de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 11

El Dirigible. Encuentro con Davinios.
El grupo se separó por primera vez en mucho tiempo. Galad, Daradoth y Taheem embarcarían hacia Margen para encontrarse con Davinios, entregarle la carta que lady Ilaith había escrito para él e intentar ganarlo para la causa. Faewald les acompañaría, pero quedaría en Ústurna para encontarse con el marqués de Strawen, relatarle el viaje y concertar una posible reunión para tratar el tema de la Kothmorui, la Daga Negra de la Sombra.

Symeon partiría con una pequeña escolta hacia la Gran Biblioteca de Doedia para investigar más sobre las espadas que guardaba Ilaith y el Mundo Onírico. No sin antes prometer que volvería cada noche para vigilar el mundo onírico alrededor de Tarkal.

Yuria, mientras tanto, se quedaría en Tarkal para trabajar en el diseño del dirigible, que Ilaith juzgaba de extrema urgencia (los dirigibles serían impagables como exploradores y transportes de logística). También seguiría entrenando a las tropas y desarrollando tácticas durante unas semanas agotadoras en las que apenas dormiría. La ercestre se reunió por fin con el equipo de ingenieros que Ilaith había reunido, entre los que destacaban los jóvenes Eucildes y Sebastien, el más maduro Aertenao, el casi anciano Barian Tagar y los enanos Tekhran y Hêttrod. Eucildes y Sebastien probaron ser una ayuda crítica, y la primera versión del dirigible estuvo ultimada en apenas dos semanas; la prueba fue todo un éxito y lady Ilaith sonrió complacida, haciendo un gesto de asentimiento hacia Yuria. Además, en la primera semana, Eucildes se encontró en una reunión privada con Yuria; el joven había estado trabajando en unas ideas en relación con el metal nuevo que había descubierto la Confederación de Príncipes Comerciantes, y que llamaban Kuendar (material que componía la espada que Tarkal había regalado a Daradoth). Combinando el metal con las runas de los enanos y algunos diseños ercestres, el joven afirmaba que serían capaces de producir armas (cañones y balas explosivas) que llevarían la destrucción a varios kilómetros de distancia, hasta 15 según él. Yuria le dirigió una mirada muy apreciativa; Eucildes debía de haberse ganado sin duda el respeto de Tekrhan y Hêttrod si le habían permitido acceder a la información que figuraba en sus papeles en lo que respectaba a sus runas. Por supuesto, Yuria encargó a Eucildes hacer copia de todo aquello y guardarla a buen recaudo; aún hacía falta pulir muchos detalles, pero la idea era extraordinaria.

El viaje de Symeon a través de la Confederación y el Reino de Sermia transcurrió sin incidentes reseñables. Pero el quinto día de viaje, apenas avistada la frontera con Sermia, Tarkal recibió un ataque a través del Mundo Onírico. El poder de los atacantes era enorme, lo que hizo sospechar a Symeon de que algún kalorion se encontraba entre ellos. Intentó defender la ciudad, pero un "estallido de dolor" presuntamente provocado por la espada verdemar le obligó a volver al mundo de vigilia, donde los guardias que le acompañaban velaban su sueño. Envió a uno de sus acompañantes a Tarkal con un mensaje para avisar del ataque. El mensajero llegaría varios días después con las noticias, pero poco podrían hacer en la ciudad; afortunadamente, parecía que por el momento la espada verdemar había rechazado la amenaza.

Pocas jornadas después, Symeon se quedó anonadado cuando pudo contemplar de cerca la Casa de los Héroes, el centro de la religión Sermia, con las maravillosas (y enormes) estatuas de los héroes de la antigüedad que se erguían sobre un complejo que abarcaba varios kilómetros cuadrados en lo alto de una estribación de los montes Darais. Pocos días más tarde, a muchas leguas de distancia pudo visualizar sobre el horizonte las siluetas de las Torres Eternas, construcciones de varios kilómetros de altura que nunca fueron terminadas y cuyo origen se perdía en la bruma del pasado.  Finalmente, tras un viaje de unos diez días, llegó a Doedia y a su Gran Biblioteca. Nunca el epíteto "Gran" había sido tan adecuadamente utilizado. La Biblioteca constaba de una sucesión interminable de edificios de estilos muy diversos y se encontraba controlada por un cuerpo de trabajadores llamados "Bibliotecarios". Sin su ayuda, uno podría perderse en la Biblioteca y nunca encontrar la salida; no digamos ya encontrar cualquier libro. 

Cuando el errante llegó al complejo, se encontró con Svadar, uno de los Grandes Bibliotecarios al que Faheem, el vestalense que se encontraba con los errantes en el desierto de las Arenas de Prator, le había recomendado que se dirigiera. Symeon le repitió las palabras clave que Faheem le había dicho, y después de charlar un rato, el errante obtuvo un anillo para el libre acceso a la Biblioteca durante su estancia allí.
En apenas diez días, Symeon pudo encontrar información sobre la espada verdemar: según los libros que consultó, la espada era en realidad la llamada Espada del Dolor, también llamada Nirintalath. Averiguó que Nirintalath no era sino un espíritu de otra realidad que había sido imbuído por el kalorion llamado Trelteran en el arma. Así que la joven que había visto en el Mundo Onírico no debía de ser otra cosa que la manifestación de ese espíritu. Sobre la otra espada obtuvo algo menos de información; pero varios autores coincidían en que la espada de los Santuarios de Creä no era en realidad la espada que había esgrimido el profeta ra'Khameer; todos los autores hacían referencia a otro erudito (un tal Ameer ra'Saar ra'Alkher) como prueba de tal afirmación, pero Symeon no pudo encontrar ninguna obra escrita por este último. Tuvo que volver, pues el tiempo ya apremiaba. El viaje de Symeon se alargaría durante treinta días en total.

El viaje a Margen se alargó durante 12 días, incluyendo la parada en Ústurna para que Faewald desembarcara. Una vez allí, se dirigieron sin tardanza a la mansión de lady Ergwyn, como había indicado Davinios en su misiva. Ergwyn era una mujer entrada en años, y se sorprendió cuando Galad le mostró la carta de lady Ilaith; no tardó en enviar a alguien en busca de Davinios. Además, la mujer se quedó anonadada cuando reconoció un elfo viajando con el grupo; la curiosidad la invadió y lo bombardeó a preguntas, y a pesar de su reticencia, Daradoth intentó responder de la forma más amable posible sin darle ninguna información sensible. Por la noche, el elfo salió a explorar la ciudad; Margen era una antigua colonia élfica y pudo descubrir algunos restos y signos que la delataban como tal. Uno de los puentes todavía se conservaba con el estilo élfico original. Pero aparte de eso, no pudo encontrar nada "de interés".

La mañana siguiente hicieron acto de aparición Davinios y otros cuatro paladines, ataviados con ropajes discretos. El paladín exiliado abrió mucho los ojos al reconocer a su antiguo amigo; palabras amargas salieron de sus labios, pero la sinceridad y emotividad de Galad vencieron su resistencia y acabaron estrechando sus antebrazos y sonriéndose. Superados los resquemores iniciales, Davinios procedió a explicar la situación de la Torre Emmolnir a Galad: muchas habían sido las causas de la discordia, pero las más importantes eran que los paladines habían vetado la entrada de mujeres en sus filas y el enriquecimiento obsceno de la cúpula de la hermandad. A Davinios le constaba incluso que algunos de los dirigentes de la orden (¡el Gran Maestre entre ellos!) ya no eran capaces de canalizar el poder de Emmán; no quería imaginar las irregularidades que habían cometido para amasar sus riquezas. Galad se resistió a creer todo aquello inicialmente, pero todos los compañeros de Davinios corroboraron sus palabras y no tenían motivos para mentir, así que no tuvo más remedio que aceptar el relato de su amigo. Finalmente, se acordó que trasladarían a los paladines a Tarkal para trabajar en colaboración con lady Ilaith si era necesario. Así que Davinios y los demás condujeron al grupo a unos antiguos santuarios élficos en los bosques del sureste de la ciudad donde se encontraba el resto de sus compañeros. Poco antes de llegar a las ruinas, Galad y Daradoth no tardaron en sentir el poder latente en el lugar; los santuarios podían haber perdido su antiguo esplendor, pero los hechizos antiguos todavía permanecían en la zona. Treinta y tres paladines (además de varios iniciados y novicias no reconocidas por la Torre) acompañaban a Davinios en su exilio; habían improvisado un refugio en los antiguos santuarios que por lo menos los mantenía secos y calientes. Entre ellos se encontraba uno de los maestros de novicios de Emmolnir, Eryan Dergaen, que había adiestrado al propio Galad y a quien este respetaba en grado sumo. Cuando Eryan corroboró las palabras de Davinios en lo referente a la corrupción en la Torre, las pocas dudas que Galad pudiera albergar todavía sobre el asunto fueron despejadas. El maestro confirmó que el Gran Maestre ya no podía canalizar directamente el poder de Emmán, aunque sí podía seguir utilizando los artefactos que correspondían a su cargo, con los que disimulaba su incapacidad. Llegado un punto, Galad pudo ver cómo las novicias eran adiestradas por uno de los paladines, y con esfuerzo consiguieron concentrarse lo suficiente para crear una esfera de luz. Ese hecho hacía evidente que Emmán también proporcionaba su favor a las mujeres, con lo que estas eran también dignas de vestir los hábitos de la orden; otra afrenta más por parte de la Torre a la voluntad de su dios. Galad sonrió con tristeza, destrozado por la pérdida de su confianza en sus superiores.

Búho de ónice
Un leve pico de poder llamó la atención de Daradoth mientras sus compañeros se encontraban departiendo con los paladines. Tras despejar la zona de escombros, descubrieron el acceso a una cripta subterránea que parecía haber sido saqueada; lo único que quedaba era una mesa de mármol redonda en el centro de la estancia y una estatuilla de ónice con forma de búho en su centro. Varios huecos se adentraban en la pared alrededor de toda la sala, huecos que parecían haber albergado algo en su interior, pero ahora vacíos. Daradoth envolvió respetuosamente el búho en una tela y se lo llevó. Más tarde averiguaría que se trataba de un artefacto de comunicación que habían usado los antiguos sacerdotes elfos.

El traslado de los paladines se llevó a cabo rápida y discretamente. Al cabo de unos días, el Raudo llegaba de nuevo al puerto de Ústurna, donde ya esperaba Faewald. El esthalio les confirmó que efectivamente se había podido reunir con el marqués de Strawen y que la situación no había cambiado en los meses que habían pasado; había en Esthalia una calma tensa con respecto a los vestalenses, y les transmitió las sospechas de Strawen de que el rey Randor les asignara una misión obviamente suicida, lo que secundaba las sospechas del propio Faewald. Strawen había quedado a la espera de noticias del grupo.

Durante los últimos diez días del mes de viaje de sus compañeros, Yuria generó otro dirigible con capacidad  para 14 personas. Según sus cálculos, tenían  tela ignífuga suficiente para la construcción de tres dirigibles con capacidad para 14-15 personas. Ilaith ya había enviado una caravana para conseguir mucha más tela de aquella. Y según Yuria, a aquellas alturas, el grupo de ingenieros ya podría trabajar por su cuenta para intentar construir un dirigible que permitiera el transporte de varias toneladas de material o varios centenares de soldados. Pero para ello necesitarían a los enanos que viajaban con Meravor, Narak y Zandûr.

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