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jueves, 10 de abril de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 24

Huida. ¿Hay esperanza aún?
Nota: en esta sesión se produjo la incorporación de dos nuevos PJs: Jessica Pujol, en sustitución de Joey Mitnick, y Michael Mulder.

Durante los primeros segundos de caída, el terror fue patente en los rostros de McNulty y Finnegan. Éste último tenía experiencia militar, pero sólo en el cuerpo de infantería, y nunca había saltado en paracaídas. Además, para empeorar las cosas, al saltar del avión y abrirse su campo de visión, vieron que dos cazas se encontraban escoltando a la nave de transporte, que por su parte sufría alguna que otra sacudida en su rumbo; quizá los disparos de Jonas estaban haciendo mella en su estructura. Por suerte, pronto se sobrepusieron a la situación [punto de relato], y mantuvieron la calma y el equilibrio suficiente para realizar un descenso bastante digno. No podían abrir los paracaídas demasiado pronto, pues corrían el riesgo de que los pilotos de los cazas los detectaran y quizá les dispararan, así que mantuvieron la presencia de ánimo suficiente para esperar a abrir los paracaídas hasta que la comitiva de aviones se hubo perdido entre las nubes. Con una sacudida, los paracaídas se abrieron y pudieron concentrarse en el punto en que aterrizarían.

Timofei Novikov

Allá abajo podían ver que se dirigían directamente a un gran lago que era alimentado y a su vez alimentaba a un gran río. Alrededor del río se extendía un gran desierto, y en ambos extremos del lago se podían ver sendas poblaciones. Con ayuda del viento, decidieron dirigirse a la parte norte del lago, más o menos a mitad de camino entre las dos ciudades. Aterrizaron en un pequeño bosque, y aunque tuvieron la mala suerte de que McNulty se magulló un costado contra una rama, no tuvieron mayor problema que unos cuantos moratones y dolores aquí y allá. Eso sí, a los pocos segundos de tocar tierra el cosquilleo que notaban en el cuerpo desde que habían sido reclutados por la Corporación se hizo un poco más intenso. Haciendo caso omiso y dando gracias por seguir vivos, se acercaron al lago y se refrescaron en el agua, donde Jack, agotado por la falta de sueño y el subidón de adrenalina, pudo descansar unos instantes.

Con su agudo oído, Jonas pudo oír a los pocos minutos cómo dos vehículos se acercaban en la distancia. Decidieron adentrarse en la espesura, aunque se acercaran así a la carretera que bordeaba el lago. Poco después podían oír dos explosiones y el sonido inconfundible de un automóvil accidentado. Decidieron separarse y acercarse a la carretera desde dos ángulos distintos. A mitad de camino, Jack no pudo evitar quedarse dormido y confundir los sueños (extrañísimos, por cierto) con la realidad, pero se sobrepuso, y aunque llegaría un poco más tarde que McNulty, lo consiguió. Por su parte, Jonas llegaba el primero a la vista de una violenta escena. Una furgona se había salido de la carretera, y otros dos se encontraban parados en ella, cerca del primero, con varias personas conversando entre ellas. El vehículo accidentado lucía un costado destrozado, sin duda debido a los efectos del bazooka sobre el que se apoyaba una de las figuras presentes. Había dos grupos bien diferentes de personas: desde el oeste había llegado un coche con tres pasajeros: dos de ellos hombres vestidos con ropa normal y gafas de sol y una mujer morena y muy bella, a todas luces occidental anunque vestida con ropas típicas del medio oriente, que empuñaba una pistola y conversaba con uno de los hombres del segundo grupo, cuyo vehículo, un moderno todoterreno, había llegado desde el este. Los integrantes de este segundo grupo eran claramente de etnia árabe, aunque vestidos al modo occidental, y amenazaban con sus armas a uno de los pasajeros del vehículo accidentado, que gritaba algo ininteligible en árabe. Mientras tanto, los dos tipos con gafas de sol sacaban del vehículo accidentado a otro hombre inconsciente, rubio y a todas luces occidental. Los otros dos pasajeros de la furgona accidentada no parecían haber logrado sobrevivir al incidente. En ese momento llegó Jack a la escena, y decidió que lo mejor era dejarse ver para intentar obtener ayuda de los occidentales. Sin embargo, los extraños se mostraron bastante hostiles y cuando encañonaron a Finnegan Jonas tuvo que intervenir, gritando que volaría la cabeza de la mujer si le hacían algo a su amigo. Tras unos momentos de tensión, sucedió algo inesperado: el superviviente de la furgona, que hasta entonces había permanecido de rodillas parloteando en árabe con sus atacantes, se convirtió en una sombra borrosa; moviéndose a la velocidad del rayo no tardó en dejar inconsciente a un occidental y dos árabes, ante la estupefacción de los demás. Sin duda, se debía de tratar de uno de aquellos engendros de la Sección S (como más tarde lo confirmaría el tatuaje en el lóbulo de la oreja). Finalmente, consiguieron abatir al monstruo y eso facilitó la interacción entre Jonas y Jack y los extraños. Los árabes no resultaron ser sino egipcios y, para más detalles, coptos, hecho del que se dieron cuenta al observar los crucifijos parecidos a ankhs que colgaban de sus cuellos. Por su parte, los occidentales decían ser agentes de la CIA, al menos la mujer.

Tras las presentaciones tuvo lugar una conversación que alivió sobremanera a Jonas y Jack. La mujer de la CIA, que se presentó como Jessica Pujol, les dijo que estaban en Egipto, a mitad de camino entre Abu Simbel y Asuán, y se encontraba allí por encargo de Ben Katzowitch para rescatar al hombre rubio inconsciente de las garras de un grupo terrorista. Habían tenido una suerte inmensa: cuando Jessica llamó a Ben comentándole el encuentro con los dos irlandeses, éste confirmó sus identidades y le encargó acompañarlos hasta algún punto seguro. Por otro lado, los coptos conocían al padre Saledh Medhat, y cuando se enteraron de que Finnegan y McNulty habían tratado con él recientemente, les preguntaron por su paradero, porque poco después de que el padre hubiera vuelto de Boston había partido hacia República Centroafricana y ya no habían vuelto a saber nada de él.

Mientras tanto, el rubio inconsciente que habían rescatado de la furgona, recuperó la consciencia. Michael Mulder, que así se llamaba, vio la escena y se preocupó. Lo último que recordaba era estar en Abu Simbel tras la pista de un antiguo libro del que le habían hablado en un museo de Tel Aviv. Y ahora le dolía todo el cuerpo y se encontraba entre extraños de pinta peligrosa. Intentó ser lo más discreto posible, pero McNulty reparó en sus ligeros movimientos. Todos se acercaron, ávidos de saber quién era aquel extraño. Tras convencerlo de que se encontraba entre amigos y no tenía nada que temer, Mulder les explicó lo que recordaba. A los pocos minutos, el sonido de varios vehículos acercándose por la carretera les decidió a ponerse en marcha y salir de la carretera, cruzando el desierto hacia el norte.

Entre tanto, en San Petersburgo, Thomas había continuado con su viaje junto a Novikov, Lindon, los guardaespaldas, Hans Haller y el padre Estepháneos. En un momento dado del viaje, Estepháneos entró en una especie de trance, repitiendo una letanía en voz muy baja. Thomas se preocupó, pero los demás le explicaron que era normal, que le sucedía frecuentemente (estos episodios se correspondían con los contactos oníricos que tenía con Jack). Durante las largas horas que duró el desplazamiento hasta Arkangelsk, donde Novikov poseía un aeropuerto privado, el ruso habló de la situación en Europa, de cómo se había enrarecido el clima desde el brutal atentado en Brooklyn, que había supuesto un retroceso del comercio a nivel mundial. Los franceses estaban especialmente preocupados, porque haciendo caso omiso de sus amenazas, la República Centroafricana y algunos otros países de África habían cortado las exportaciones de Uranio sin dar demasiadas explicaciones, e incluso se habían producido secuestros de personal de empresas francesas encargadas de la explotación de las minas. Se rumoreaba que muchos otros países africanos iban a detener sus exportaciones de Uranio y otras materias, y las bolsas estaban entrando en pánico total. Por otra parte, había movimientos ultranacionalistas e incluso nacionalsocialistas en Ucrania, Austria y Grecia que estaban contribuyendo a agravar la situación y no le gustaban en absoluto.

En otro punto del viaje, Novikov recibía una llamada: no era otro que Bertrand Campbell. El ruso puso el manos libres para que todos pudieran escuchar. Para sorpresa de Thomas, o quizá no, Campbell aconsejó a Novikov que no se fiara de los consejos de su yerno, si es que se encontraba con él. Parecía haberse vuelto loco y estaba dilapidando las fortunas de sus clientes; trató de concertar una cita con Novikov para tratar personalmente con él, a lo que el ruso aceptó sin intención de acudir. Por otro lado, informaron a Thomas de que Nueva York ya se encontraba en manos de UNSUP y sus títeres ultraderechistas, y Novikov también le preguntó por uno de los clientes de Campbell & Weber: un tal Michael Mulder. Thomas lo recordaba de refilón, un muchacho joven con una gran fortuna heredada del fallecimiento prematuro de sus padres. Según Novikov, Mulder podría serles de gran ayuda en su cruzada en caso de encontrarlo. Thomas, sin embargo, no podía dejar de pensar en la llamada de Bertrand Campbell; si el viejo estaba llamando a toda su cartera de clientes, tenía muy poco tiempo para reaccionar y hablar con todos. Por suerte, con los recursos de Novikov de su lado aún tenía alguna posibilidad de cortar los hilos de su suegro.

Ya en Arkangelsk, Novikov recibió una llamada que prefirió atender en privado. Thomas no pudo evitar aguzar el oído aun a riesgo de ser descubierto [punto de relato] y pudo oír a Novikov dirigirse con extremado respeto a un tal Okada-san. No podía tratarse sino de Yuzo Okada, uno de los tres miembros más importantes de la Yakuza japonesa y subsecretario del departamento de exportaciones de Japón. Novikov se mostraba especialmente solícito, lo que convenció a O'Hara de que el ruso debía tener negocios importantes con el nipón.

Por fin, Jonas y Jack pudieron contactar con O'Hara a través de sus contactos en la CIA. Acordaron encontrarse en Luxor, ya que iban hacia el norte, y hacia allí partió el grupo de Rusia en un avión ultramoderno de tecnología claramente restringida al círculo de UNSUP. Cuando la aeronave superó la frontera egipcia, fue interceptada por dos cazas, que lo conminaron a detenerse; sin embargo, se libraron de ellos con una facilidad pasmosa. El avión era una maravilla tecnológica, sin duda. Conforme se acercaban a Luxor, el cosquilleo en el cuerpo de McNulty y Finnegan se fue convirtiendo en un dolor agudo e insoportable, así que no tuvieron más remedio que quedar en un punto alejado varios kilómetros de la ciudad. Con gran alegría por parte de los personajes, ambos grupos se encontraron y, sin tardanza, Haller procedió a sacar los nanobots de los cuerpos de Jonas y de Jack. La agonía fue tremenda cuando el polvillo gris salió de sus lagrimales, y el alivio grande.

Poco después, a raíz de una de las bromitas de McNulty, Jessica agarraba el paquete de éste con fuerza, haciendo que se doblara sobre sí mismo. La mujer exigió más respeto, y McNulty decidió que quizá no estaría mal mostrarse más comedido en su presencia.

El asunto más urgente para el grupo era sin duda poner a salvo a sus familias. McNulty contactó con sus amigos del Sinn Feyn que le prometieron que mantendrían a su mujer y su hijo a salvo, y Mulder decidió poner en acción sus contactos en Europa para ayudar a poner a salvo a James Finnegan, Fred Mullendore y el doctor McEnroe; y tras unas cuantas llamadas prometió dinero a varias personas y aunque no se acababa de fiar tranquilizó a Jack. Y por su parte, Mulder también expuso la que era su mayor preocupación: prácticamente todo su capital se encontraba controlado por Campbell & Weber, y si era verdad que ahora trabajaban para UNSUP, podía perderlo todo en un momento. Con la ayuda de un portátil de última generación y [punto de relato] el login de uno de sus compañeros de empresa, O'Hara consiguió sacar el capital de Mulder de las garras de Campbell y Weber, y distribuirlo entre varios fondos de inversión (uno del propio Novikov), poniendo así a salvo su fortuna.

El siguiente paso, según Thomas, debía ser partir hacia Palermo para contactar con el primer cliente de su lista, Nicola Ferretti, y evitar que Bertrand Campbell lo convenciera de dejar su guía y poner así su capital en manos de UNSUP. Deberían llevar a cabo un pequeño tour por Europa para asegurar que el capital de sus clientes no caía en las sucias manos de la Corporación...

miércoles, 2 de abril de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 7

La búsqueda de Berormane. Problemas en Lecho de Pulgas.
Tras la búsqueda infructuosa de Berormane, poco antes del amanecer Allyster se dirigió a presentarse ante Aron Santagar para empezar su guardia en la Fortaleza Roja. Sin embargo, antes de llegar a la vista de la fortaleza, el maullido de un gato asustado puso al caballero alerta; y eso le salvó de la emboscada que tres individuos le habían preparado: dos tipos encapuchados se habían acercado sigilosamente por su espalda, y el mendigo que había en la siguiente esquina sacaba en esos momentos un cuchillo de entre los pliegues de su ropa. Esquivado el primer ataque de uno de los encapuchados, aprestó sus armas, ante lo cual, los tres individuos huyeron hacia las sombras de los callejones anexos.

Cuando Allyster se presentó ante Santagar y éste vio que el caballero tenía una costilla rota debido al torneo del día anterior, lo disculpó de la guardia. Allyster prefirió no relatar el incidente que había tenido lugar unos minutos antes. Acto seguido, volvió a reunirse con los Seabreeze, evitando las calles solitarias.

Ancel, Jeremiah y Vanna se dirigieron a retirar el cadáver de Regar de las tiendas de las Hermanas Silenciosas. En un sitio discreto celebraron una pequeña ceremonia oficiada por el septon Gebriel, de los Cressey, y pagaron a un comerciante para que llevara el cadáver en su caravana a tierras de los Tudbury. La tristeza de Jeremiah sólo era comparable a su rabia en aquellos momentos. También enviaron un cuervo a los Tudbury informando de la muerte del muchacho, pero sin mencionar la implicación de Jaime Lannister en todo aquello.

Mientras Allyster y Jeremiah empleaban varias horas en la infructuosa búsqueda de Berormane, Allyster le explicaba a Vanna discretamente su pasado con Meñique y la relación que les unía en aquel momento. El caballero no se fiaba de lo que quiera que lord Baelysh tuviera preparado para ellos.

En una de las Tiendas de Curación donde se encontraban los cadáveres de dos maestres calcinados, uno de ellos podía coincidir con la descripción de Berormane, pero los Seabreeze enseguida desecharon tal posibilidad, pues la cadena del maestre no lucía el eslabón de Obsidiana del que Berormane se habia mostrado tan orgulloso en el pasado.

Mientras la mayoría de ellos volvía a la posada evitando las calles solitarias, Jeremiah se dirigió a las cocinas de la Fortaleza, con la intención de encontrarse con alguna sirvienta. No lo tuvo difícil, y al poco se encontraba retozando con una rolliza aunque bonita cocinera. La chica le reveló que efectivamente sirvió la comida en los aposentos del Gran Maestre el día que Berormane desapareció, y en sus aposentos se encontraba otro maestre que coincidía con su descripción. Ambos parecían bastante airados por alguna discusión que acababan de tener. Pero no pudo confirmar que el maestre más joven saliera o no de aquella parte del castillo. Cuando más tarde Jeremiah salía de las cocinas, un gordo cocinero se acercó a él, y resultó no ser otro que Varys. Éste le aconsejó tener cuidado con las preguntas que hacía, y le advirtió que "los aparentemente más desvalidos podían ser la gente más peligrosa". El Señor de los Rumores también dio a Jeremiah "recuerdos para Vanna", y además le dio una información como regalo: "Berormane entró en los aposentos de Pycelle, pero nunca volvió a salir".

La información de Jeremiah fue recibida con rostros serios por los demás cuando la compartió. Excepto por Vanna, que había salido un tiempo antes a "encargarse de unos asuntos"; lo que la mujer quería era conseguir algunos venenos en el mercado negro. Pero no fue una buena idea. En una de las plazas del Lecho de Pulgas anexas al punto de trapicheo, Vanna sintió cómo un dardo se clavaba en algún punto de su cuerpo y todo se volvía borroso en segundos; sólo alcanzó a ver a un individuo correr hacia ella y a continuación un estallido en su cabeza que la hizo descender a la oscuridad de la inconsciencia.

En algún momento indeterminado, Vanna recuperaba la consciencia con una bolsa de tela en la cabeza que la mantenía en la oscuridad, atada de pies y manos mientras alguien le hacía preguntas y la golpeaba. La mujer los entendía a duras penas, pero alcanzaba a entender algo sobre "el eunuco" e información intercambiada. Negó a todo lo que le respondían mecánicamente, hasta que perdió la consciencia de nuevo.

Preocupados por la ausencia de Vanna, se dedicaron a buscarla por la noche en las casas de salud, sin éxito. Tras despuntar el día, Allyster decidió meterse en el Lecho de Pulgas disfrazado; allí, con sus habilidades para el callejeo y el soborno, consiguió sacarles a dos contrabandistas que al atardecer del día anterior había habido un altercado en una plaza entre una mujer y dos tipos. Tras compartir unas cervezas con los tipos y soltar unas cuantas monedas más, uno de ellos le dijo que los asaltantes le sonaban de haberlos visto habitualmente en el burdel Las Zorras Rojas.

Ancel, por su parte, se dirigió a hablar con lord Varys para averiguar si sabía algo de su amiga. El eunuco se mostró consternado por la desaparición de Vanna, y dejó caer que si él no sabía nada de aquello, "sólo podía ser obra de una persona". No dijo la persona, pero para Ancel se hizo evidente de quién hablaba. Varys le dijo con gesto triste que si Vanna no se encontraba muerta o fuera de la ciudad a aquellas alturas, intentara encontrarla en alguna casa de placer...

jueves, 20 de marzo de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 6

Ambiciones enfrentadas. El Torneo de despedida.
Por la mañana, el grupo se dio cuenta de que Berormane no había aparecido por la posada en toda la noche y gran parte de la tarde del día anterior. La preocupación cundió entre ellos, pero la justa celebrando la despedida del séquito real se iba a celebrar a mediodía, y Allyster y Jeremiah debían debía prepararse para ella. Aun así, Ancel fue a hablar con el Gran Maestre Pycelle, pues la última vez que alguien había visto a Berormane había sido yendo a visitar al anciano. El Gran Maestre lo recibió en sus estancias, pero lo único que alcanzó a decirle en su decrepitud fue que Berormane había partido a media tarde y ya no había vuelto a saber nada de él; le había hablado de unos experimentos para desarrollar una forma de curación nueva, pero no había sido muy claro. El Gran Maestre le pareció a Ancel un hombre senil pero muy amable, y despidiéndose, se marchó.

Durante toda esa mañana, el muchacho Regar, el escudero de Jeremiah al que Jaime Lannister había golpeado con el guantelete el día anteior a modo de lección, se mostró con dolor de cabeza, mareado y tambaleante, pero no concedieron mucha importancia a tales síntomas, eran relativamente normales después del golpe que había recibido. Al no estar Berormane presente tampoco podían hacer mucho más.

Varys provocó un encuentro con Vanna haciendo uso de uno de sus disfrazes esa mañana. El eunuco le transmitió su desagrado acerca de los "pajarillos" que la mujer tenía revoloteando por Desembarco del Rey. Conversaron largo y tendido sobre el reino, las lealtades respectivas y la confianza. Según Varys, los pajarillos de Vanna permanecerían enjaulados mientras no estuviera seguro al cien por cien de cuáles eran sus intenciones para con el rey y el reino. A pesar de todo, Varys se mostraba respetuoso y agradecido con Vanna por aquella ocasión en que se habían encontrado en el pasado de ambos, y por tal motivo le concedía un trato de especial favor; con cualquier otro habría sido mucho más despiadado. La cercanía del torneo hizo que tuvieran que interrumpir su interesante convesación, así que Varys citó a Vanna en el bosque de dioses de la Fortaleza Roja al término de la competición.

Durante los preparativos de la justa, Ancel habló con Allyster, pues quería conocer más detalles de la filiación e intenciones generales del caballero. Por ello también se informó de datos de interés sobre la casa Coldwater: lord Royce estaba casado ahora con su tercera esposa, mucho más joven que él; sus dos primeras esposas habían muerto ambas dando a luz a respectivos hijos. Además, eran banderizos de los Royce y sus tierras se encontraban cerca de la casa Baelish. Allister era el tercero de los hijos de lord Royce. Ancel no pudo sino empatizar con el curtido caballero, pues ambos eran hijos repudiados por sus progenitores y sus caracteres no diferían mucho. Eso sí, los detalles de los problemas de ser Allyster con su padre no salieron a la luz.

Y comenzó el torneo. Tanto Jeremiah como Allyster pasaron la primera ronda, y justo antes de la segunda Regar se empezó a encontrar mareado. Jeremiah lo puso al cuidado de Ancel, y juntos se dirigieron a buscar un maestre que pudiera mejorar su estado. En la segunda ronda, Jeremiah tuvo la mala suerte de encontrarse con ser Barristan Selmy enfrente. El lord comandante de la Guardia Real lo descabalgó con la segunda lanza.

Mientras Ancel y Regar se encaminaban hacia una tienda para ver a algún maestre, el muchacho se desplomó. Una septa que se encontraban cerca se acercó al instante. Enseguida se mostró preocupada e informó a Ancel de que el muchacho no respiraba. Éste pidió a voces un maestre, y enseguida acudió uno, un maestre maduro y con la túnica inmaculada. Durante unos minutos interminables intentaron reanimar al muchacho por todos los medios, hasta que el maestre, con aire sombrío se levantó e informó al señor Seabreeze que la herida de la cabeza debía de ser más grave de lo que había parecido en un principio. Con una tristeza extrema, Ancel recogió a su primo con delicadeza y lo llevó a la tienda de las hermanas silenciosas.

Un guardia enviado por Ancel informó a Jeremiah del estado de su escudero. El caballero, que acababa de ser descabalgado por ser Barristan, se apresuró hacia el lugar donde yacía el joven Tudbury y a donde ya había llegado Vanna. Ésta, Ancel y Jeremiah velaron al muchacho durante largo rato, mientras el mediano de los Seabreeze elevaba sus oraciones y visualizaba intermitente a Jaime Lannister golpeando a su querido escudero.

Mientras todo esto sucedía, poco antes de su propia participación en el torneo, Allyster vio a sus compañeros de armas reunidos y riendo en un rincón del muro exterior, así que se dirigió hacia allí, intrigado. Cuando llegó, no le costó ver que uno de ellos tenía el puño ensangrentado y un par lucían salpicaduras de sangre en sus vestimentas. Al preguntarles, los tipos, un poco borrachos, le dieron información algo fragmentada. Al parecer, bajo la supervisión de uno de los Kettleback, habían estado sacándole información a un maestre a base de golpes. A Allyster no le costó mucho sumar dos y dos y suponer que el maestre en cuestión debía de ser Berormane y que el Kettleback que fuera debía de estar siguiendo órdenes de Meñique. El caso es que se acercaba la participación de Allyster en el torneo y no podía prolongar más la conversación, pero los hombres le dijeron que se encontrarían en la posada de la Cruz de Bronce, por si luego quería unirse a ellos.

En su segundo cruce, Allyster fue descabalgado por Osfryd Kettleback, de una manera bastante violenta. El caballero Coldwater quedó inconsciente en la caída y la lanza le rompió una costilla. Despertó al cabo de una media hora en una tienda de maestres y, sobreponiéndose al dolor, salió. Tras buscar a los Seabreeze sin éxito, se dirigió a la posada donde le habían dicho sus compañeros que estarían. Pero cuál no sería su sorpresa cuando se acercaba a la pequeña plaza donde se encontraba el edificio y vio una columna de humo alzarse sobre las casas. Donde se había encontrado la pequeña posada ahora se alzaba una columna de fuego y humo que los vecinos estaban intentando controlar. Varios cadáveres calcinados se habían dispuesto en un lugar cercano, y varias septas, septones y maestres trataban a los muchos heridos. La sospecha que había ido formándose en su mente se materializó: al dar las descripciones de los soldados, un par de testigos le dijeron que sí, que se encontraban dentro y seguramente habían muerto. Según le contaron, había habido una reyerta muy fuerte con los hombres que él describía implicados, y que a raíz de eso el fuego se había extendido rápidamente. Qué casualidad, y qué apropiado, pensó Allyster.

Ancel y Jeremiah, guiados por el dolor, se dirigieron a intentar ver al rey, susurrando palabras de justicia y venganza. Por los pasillos de la Fortaleza Roja, Ancel fue increpado por una extraña voz. Al girarse, no vio a otro que a Tyrion Lannister, el gnomo. En una breve conversación, el hombrecillo mostró su curiosidad por la ascendente estrella Seabreeze y emplazó a Ancel para una futura conversación durante el viaje hacia el Norte. Los Seabreeze no tenían el cuerpo para ironías ni bromas, así que cuando el gnomo expresó sus condolencias y les dijo que estaba seguro de que había sido un accidente, se despidieron bruscamente. A continuación fueron recibidos por ser Aron Santagar, que se disculpó en nombre del rey, pues éste estaba muy ocupado para recibirles. Pero les aseguró que expondría su caso ante el rey, lo que debería bastar de momento. A continuación, Jeremiah se ausentó para pasar el día de burdel en burdel y ahogar su dolor en alcohol y mujeres.

Poco tiempo después, Vanna se encontraba con Varys de nuevo en el Bosque de Dioses. La mujer lo había meditado y decidió ponerse bajo la "tutela" de lord Varys (por el momento, aunque esto no lo dijo en voz alta, por supuesto). El eunuco esbozó una amplia sonrisa de satisfacción y tomaron las medidas para enlazar a los pajarillos de Vanna con los de Varys.

Allyster volvió a la Fortaleza, donde se reunió con Ancel. Por seguridad, salieron a dar un largo paseo por las calles de la ciudad mientras conversaban. El caballero reveló toda la información que había descubierto al señor Seabreeze. Berormane seguramente había sufrido una paliza y a en aquellos momentos quizá ya estuviera muerto, a manos de gente que ya había muerto a su vez. Sospechaba que a instancias de lord Petyr Baelish; no sabía qué era aquello tan valioso que Berormane pudiera conocer, pero estaba bastante seguro de lo demás. Allyster hizo saber también a Ancel que no quería acabar como sus compañeros de armas, y eso era lo que lo había motivado a informarle de todo. Quizá era hora de cambiar lealtades, y los Seabreeze le habían parecido trigo lo suficientemente limpio para ello.

Cuando Jeremiah volvió poco después del amanecer y fue informado de todo, los Seabreeze y su séquito se dedicaron a la búsqueda de su querido maestre, que de momento no dio ningún resultado. Sin embargo, a raíz de las conversaciones que había tenido con Allyster, de información proporcionada por Vanna y de sus propias averiguaciones, Ancel sospechaba que el Gran Maestre Pycelle quizá no había sido todo lo sincero que le había parecido en un principio en la conversación sobre Berormane...

jueves, 13 de marzo de 2014

La Verdad os hará Libres
[Campaña Substrata]
Temporada 1 - Capítulo 23

Cambio de filas (III) ¿Hacia el Tíbet?
Aprovechando unos momentos de intimidad, el grupo charló sobre su situación actual y la posibilidad de escapar del complejo, pero tal cosa se les antojaba imposible. Dadas las medidas de seguridad que habían podido ver, no querían ni imaginar qué medidas habían permanecido invisibles a sus sentidos. Además, lo que fuera aquello que les habían implantado les dejaba muy poco margen de maniobra. No obstante, a pesar de todo, ese escaso margen ya era algo a lo que aferrarse.



Durante un par de jornadas Jonas, Jack y Thomas intentaron sondear a los pocos miembros presentes de la Sección S en el complejo, tratando de averiguar qué podía esperarles en el misterioso lugar del Tíbet donde parecía que iban a sufrir el proceso de transformación. Sin embargo, no obtuvieron prácticamente ninguna información de utilidad, pues ninguno de ellos recordaba exactamente qué había pasado durante el viaje; la mayoría tenía recuerdos febriles y difusos, y otros no recordaban nada en absoluto.

Tras mucho insistir, Joey consiguió que le concedieran acceso a la sala central de computación. Aunque por un tiempo limitado de treinta minutos. Ese tiempo fue suficiente para que Joey dejara un acceso abierto al sistema que podría emplear más adelante —siempre que no lo descubrieran, claro—. Ante la insistencia del informático de la conveniencia de contar con su colega Lucas, se celebró una reunión entre el primero, Lilly y Thomas, y se acordó que Lucas sería transportado al complejo lo antes posible.

La preocupación de McNulty respecto a Sally aumentaba a cada hora que pasaba. La periodista estaba encantada con su nuevo estatus, y se mostraba a favor de todos los preceptos de la Compañía.

Por su parte, Jack no durmió ni diez minutos seguidos durante esos días. Como resultado, sus nervios y su irascibilidad iban en aumento. En cuanto cerraba los ojos, las pesadillas de traición y muerte que acudían a su mente eran intensísimas. Algo en su interior le decía que debía de huir de allí aun a costa de su propia vida, pero no podía dejar a sus amigos atrás.

El tercer día, Merten Jund apareció ante el grupo anunciando "una grata sorpresa". La sorpresa no era ni más ni menos que el retorno de John Gibbons a su compañía. Sin embargo, no les costó mucho esfuerzo detectar algo raro en Gibbons. Su comportamiento era, por decirlo de alguna manera, postizo, muy tenso, a pesar de que, según les había dicho Jund, le habían encargado la misión de proteger al señor O'Hara. Jonas hizo notar al resto del grupo el leve pero inquietante destello que brillaba en el centro de sus pupilas, y cuando bromeó con John de forma ligeramente ofensiva como en él era habitual, el ex político le asestó un puñetazo a una velocidad imposible para un humano. La mandíbula del irlandés se partió y su cabeza giró en un peligroso ángulo; cayó al suelo inconsciente en el acto. Por suerte, la tecnología médica de UNSUP era avanzadísima y en pocas horas se encontraba como nuevo. John recibió una reprimenda de Merten Jund, pero en su interior se regocijaba por haber hecho que McNulty se tragara varios dientes.

Poco después, Thomas acordaba con el gestor de su cliente italiano, Nicola Ferretti, una cita para diez días vista.

El día siguiente, a McNulty le dieron una gran sorpresa. Lilly le condujo a presencia de su "mujer" (recordemos que no llegaron a casarse) Rachel y de su hijo Patrick. Entre sollozos y la frialdad inicial de Rachel, Jonas abrazó a su hijo, quien tras unos instantes dubitativos, se lo devolvió. Con palabras cortantes, McNulty descubrió que Rachel había estado una temporada su hermano Liam y todavía se veían de vez en cuando. Pero a medida que la conversación fue transcurriendo, la frialdad de Rachel se fue diluyendo y, derrumbándose, acabó abrazando a Jonas y preguntando qué era lo que pasaba. Tras besarse, McNulty la tranquilizó contándole una milonga que implicaba a la CIA y algunas operaciones especiales. Rachel pareció convencida y calmada con la explicación, y transcurridas pocas horas, la familia de McNulty volvía a Irlanda —o eso era lo que Lilly le aseguró—.

Jack seguía sin poder dormir más de unos pocos minutos seguidos, y se notaba en su aspecto y en sus modales. La noche anterior, en su sueño, Kostas Estephaneos le había preguntado incontables veces por su paradero. Jack había intentado proyectar el lugar donde se encontraba por todos los medios posibles, pero aparentemente el padre Estephaneos no aprehendía lo que él quería darle a entender. Su cuerpo estaba llegando al límite, podía sentirlo. Por la mañana, recibió una llamada de su hermano James al teléfono que UNSUP les había proporcionado; Fred le había dado el número, y estaba muy preocupado. Tranquilizándole lo mejor que pudo, colgó.

Joey recibió la llamada de Lucas. Éste le comentó que le llamaba a instancias de dos tipos muy extraños que le habían pegado una pequeña paliza que ni siquiera había visto venir cuando intentó huir golpeándolos. Cuando se hubo tranquilizado, los dos tipos le dijeron que venían de parte de su amigo Joey, que necesitaba que se reuniera con él. Joey confirmó la versión, contestando además a varias preguntas secretas que tenían pactadas, así que Lucas accedió y en pocas horas llegaría a Lagos.

Thomas también tuvo su ración de sorpresa: en un momento dado del día lo reunieron con su mujer, Anne. Según le dijo ella, la Compañía la había tratado bien, pero no sabía dónde se encontraba Jennifer. Thomas prefirió ocultarle la verdad, y enviarla a Nueva York para que se reuniera con su hermana y su hijo en Bronx.

Pocas horas después de que su mujer subiera al avión de la Compañía que la conduciría a Nueva York, Thomas recibía la llamada de uno de sus clientes europeos, el ruso Timofei Novikov. Éste exigió a Thomas a encontrarse con él en San Petersburgo en 48 horas; a pesar de que O'Hara intentó por todos los medios retrasar tal encuentro, no pudo hacerlo y tuvo que plegarse a las exigencias de su cliente, que por otra parte, era uno de los más poderosos, con claros lazos con el gobierno ruso y la antigua estructura del KGB. Thomas se apresuró a informar a Leopold de la cita, para que en la Compañía no sospecharan de él. Leopold se mostró incluso satisfecho de que hubiera ocurrido tal cosa, al fin y al cabo lo que querían era que O'Hara se reuniera con sus clientes europeos lo antes posible.

A medianoche, Jack no pudo soportar más las pesadillas, y salió a dar un paseo por el muelle. Allí, tuvo un breve encuentro con Sally, que se encontraba radiante ante su inminente partida hacia Nueva York; más adelante se encontró con Dorothy St. James, que tampoco podía dormir, según sus palabras. Ella le preguntó si era un hombre religioso, a lo que Finnegan decidió que era mejor contestar negativamente (una mentira que consideraba necesaria). A instancias de Dorothy, los médicos del complejo sedaron fuertemente a Jack, lo que le permitió dormir un par de horas sin sobresaltos.

De madrugada, Lucas Miller llegaba al complejo de UNSUP, y pocos minutos después, Joey decidió que no podía soportarlo más. Tomó la decisión de arriesgarse e intentar acabar con la Compañía. Abrió el sistema desde dentro, de manera que todos sus colegas hackers pudieran acceder durante el tiempo que fuera posible. Pero tal acción expuso demasiado al grueso informático; en pocos segundos fue detectado y agentes de la Compañía lo rodeaban. Un disparo acabó al instante con su vida. Pero fiel a sus convicciones, había conseguido abrir el sistema unos segundos; con suerte, alguien habría conseguido descargar información comprometedora que contribuyera al fin de UNSUP o de quien quiera que estuvieran al cargo de aquello.
El día siguiente Merten Jund y Leopold informaron al grupo del desgraciado "accidente" de Joey. La información no les cogió por sorpresa, porque ya sabían que Joey estaba a punto de intentar algo, pero no pudieron evitar la pena al pensar en el informático. Lucas fue sometido a interrogatorio, y cuando demostró que no tenía nada que ver con la intrusión de Joey fue puesto en libertad y asignado al grupo.
Por la mañana, Gibbons hizo un aparte con Jonas y Thomas para pedir disculpas por su comportamiento y el tremendo golpe que había propinado al primero, pero por otra parte confesó que deseaba hacerlo otra vez y que prefería evitar la tentación, así que se marchó apresuradamente, dejando a sus interlocutores perplejos por su actitud. Era evidente que aquel no era Gibbons, al menos no del todo.

...
Dos días después, Thomas llegaba a San Petersburgo para encontrarse con Novikov, acompañado de Gibbons y otro agente de la sección S como guardaespaldas. Una limusina le esperaba en el interior de la pista privada donde había aterrizado su avión. Desde el interior, una voz le invitó a subir al coche. En ese momento, la cabeza del agente de la sección S reventó, ante la sorpresa de O'Hara. Gibbons sacó una pistola con rapidez excepcional, pero no fue suficiente; un segundo disparo lo alcanzó y cayó al suelo, salpicando abundante sangre. Thomas fue arrastrado al interior del coche, donde se encontraba Novikov, dos tipos que debían ser sus guardaespaldas y, al otro lado, ¡¡¡Hans Haller!!!. Norikov, en inglés con fuerte acento ruso, le recomendó tranquilizarse, mientras uno de los tipos a su lado sacaba el móvil de Thomas de su bolsillo y lo introducía en un artilugio de metal. El propio Hans Haller empuñó un pequeño y extraño aparato ante el rostro de Thomas, mientras los dos guardaespaldas lo sujetaban. O'Hara comenzó a sentir un extraño y molestísimo picor en sus lacrimales y retinas, que pronto devino en un intensísimo dolor. Cuando estaba seguro de que no lo soportaría más, el dolor se detuvo, y todo lo que pudo ver fue que por sus lacrimales había salido un extraño polvillo gris, pegado al aparato que Haller empuñaba. Según le informó el científico, aquello no eran sino nanobots que UNSUP les había inyectado, y que eran los causantes de los extraños dolores de cabeza. Poco después llegaban a la mansión de Novikov, donde se reunieron con Louis Lindon y el padre Kostas Estephaneos. Tras una breve bienvenida, todos se dirigieron a varios vehículos militares que les permitirían desplazarse por si a UNSUP se le ocurría hacer acto de aparición.
...


Y mientras tanto, Jonas y Jack partían en un avión militar de transporte, presuntamente con rumbo hacia el Tíbet. Previamente habían sido sedados en una habitación del complejo. Por suerte, hubo efectos no deseados: McNulty no hacía mucho que había sido tratado en uno de los tanques de rejuvenecimiento de UNSUP. Seguramente por ese motivo, las hormonas de curación todavían estaban activas en su organismo, lo que hizo que pudiera vencer el sopor provocado por el potente anestésico suministrado mediante goteros. Arrancándose la vía, pronto estuvo lo suficientemente despejado como para incorporarse y hacer lo propio con la de Jack. Entre los dos redujeron a su vigilante, aunque no así al doctor que los supervisaba, que huyó a través de una de las puertas, suponían que la que conducía al morro del enorme aeroplano. Así que, sin pérdida de tiempo, decidieron dirigirse a cola, por la puerta del extremo justamente contrario, no sin que antes McNulty hiciera un par de disparos y destrozara alguna puerta para intentar despresurizar el interior. Tras un par de encontronazos llegaron a la bodega de carga, donde encontraron varios paracaídas y abrieron la rampa de lanzamiento. Tragando saliva, se lanzaron al vacío...

viernes, 7 de marzo de 2014

Los Seabreeze - Campaña Canción de Hielo y Fuego Temporada 2 Capítulo 5

En Desembarco del Rey
En esta sesión causó baja como PJ el maestre Berormane y se incorporó a la narración el caballero Allyster Coldwater

Desembarco del Rey

Ancel dejó la compañía de Meñique con semblante preocupado y pensando furiosamente. A su estado de ánimo no ayudó ver a través de una aspillera a Vanna a lo lejos caminando junto al eunuco, lord Varys. A saber lo que estarían tramando aquellos dos.

Jeremiah y Breon se dirigieron al Gran Septo de Baelor. El mediano de los Seabreeze quería celebrar una ceremonia de despedida para su hermana Megara, pues suponía que a aquellas alturas ya estaría muerta. Allí les recibió el hermano Rugar, uno de los secretarios del septon supremo. Los veinte dragones de oro que Jeremiah puso sobre la mesa alegraron el rostro del hermano y facilitaron las cosas en grado sumo. La ceremonia se celebraría en apenas cuarenta y ocho horas, y el propio septon supremo la oficiaría.

Buscando una posada en la ciudad, el grupo se topó con Allyster Coldwater. Éste reconoció al instante a Vanna, la mujer de uno de los comandantes bajo los que había servido durante sus viajes. Cortés y cultivado como era, no tardó en hacer buenas migas con el grupo, y en compartir unas cuantas pintas con Breon y Jeremiah. Haciendo memoria del tiempo en que sirvió bajo Jherozen el Luminoso, Vanna consiguió recordar a ser Allyster como un buen hombre, educado y amable. La noche acabó con Allyster, Breon y Jeremiah borrachos como cubas y con el primero invitando a los Seabreeze en uno de los muchos burdeles de la ciudad.

Por la mañana, Breon y Jeremiah se levantaron más o menos frescos, y dejaron a Allyster descansando, afectado mucho más por la noche de juerga. Vanna y Ancel se dedicaron a pasear por la ciudad, interesándose por los rumores que pudieran surgir. Vanna informó al señor Seabreeze de que se había enterado de que lady Lysa, la esposa de lord Jon Arryn, había salido precipitadamente de la ciudad poco después de la muerte de su marido, acompañada de su hijo, el pequeño y enfermizo Robert Arryn. Horas después, reunidos con Allyster, Ancel le preguntaba al caballero acerca de tal información; suponía que quizá estuviera enterado, ya que su casa, Coldwater, era banderiza de los Arryn. Pero Allyster se encogió de hombros y dijo no saber nada de tan altos niveles políticos. Vanna se mostraba preocupada por el asunto, y sugirió que una visita al Nido de Águilas quizá no estuviera de más.

A media tarde, Ancel decidió hacer una visita a la biblioteca de la fortaleza. Allí le sorprendió encontrarse con ser Allyster, que se encontraba leyendo un libro de historia de Desembarco del Rey. Transcurridos unos minutos, Ancel oyó una voz conocida tras él, y un escalofrío le recorrió la espalda: lord Petyr de nuevo. Meñique entabló una conversación con Ancel, al parecer sin importarle que Allyster se encontrara presente. Insistió sobre el tema de Roben Tudbury, e intentó sonsacar información variada al señor Seabreeze.

La siguiente mañana, Allyster y Jeremiah se encontraron en el patio de armas, entrenando. Varios otros caballeros se encontraban presentes, algunos de ellos mirando con animosidad al arribista Seabreeze. Fue Osmund Kettleback quien se mostró más agresivo. Amenazó a Jeremiah y cuando éste lo ignoró, comenzó a hacer comentarios despectivos. Hasta que llegó a la escena Ser Jaime Lannister. Una simple mirada del galante caballero con el pelo dorado bastó para apaciguar los ánimos. A continuación, se acercó al escudero de Jeremiah, Regar Tudbury, y le dio un golpe en la cabeza con el guantelete, dejándolo casi inconsciente; Jeremiah no movió un músculo al ver a Jaime sonreir y sugerir al jovencísimo escudero que debía estar siempre atento si quería llegar a ser un buen caballero. Acto seguido, se dirigió a Jeremiah y a Allyster, felicitándoles por su caballeresca actitud ante "ese estúpido" Kettleback.

Al atardecer, tuvo lugar la magnífica ceremonia de despedida a Megara Seabreeze. El cristalino tañido de campanas anunció el evento al que acudió el grupo al completo. Todos se sorprendieron al llegar a la ceremonia la reina Cersei con sus hijos y su hermano Jaime. La propia reina dio su pésame a los hermanos Seabreeze, y eso hizo que en los siguientes días éstos estuvieran en boca de todo el mundo en la ciudad.

Por la noche, Breon recibió la visita de Myrelle, una de las prostitutas de lujo originarias de la ciudad de Braavos. Después de disfrutar con ella como nunca lo había hecho en su vida, la mujer le dejó un mensaje: debería acudir al Bosque de Dioses de la Fortaleza Roja poco antes del amanecer para encontrarse con un amigo común. Breon no dudó y acudió a la hora prevista. El "amigo común", resultó no ser otro que lord Varys. Los dos hombres mantuvieron una larguísima conversación, que se resumió en lo siguiente: el eunuco conocía la historia de Breon, y le podía ayudar a restaurar su casa y la gloria perdida. Por supuesto, a cambio de que le informara de todo lo que le pareciera interesante y su posterior lealtad. Breon salió de la fortaleza haciendo castillos en el aire, prestando escasa atención a la recomendación de Varys de que no se fiaran del tal Allyster Coldwater.

Después, tenía lugar un nuevo encuentro entre lord Petyr y Ancel. A los oídos de Meñique había llegado la noticia de la ceremonia de despedida de Megara, y a raíz de eso había tomado la decisión de investigar sobre el tema y compartir la información que tenía con los Seabreeze. Lord Petyr le informó de que tenía datos que hacían creer que la hermanda de Ancel y Jeremiah seguía viva. Meñique pidió a Ancel un intercambio de lealtad si conseguía información fiable acerca del paradero de su hermana, y éste aceptó.

El día siguiente, tendría lugar la justa que serviría como celebración de despedida al séquito del rey.