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viernes, 23 de septiembre de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 9

Reunión con Simmons. Desencuentros.
Sigrid despertó poco después, y Tomaso, solícito, fue a su encuentro para interesarse por su estado. Ambos se encontraron a gusto y tuvieron la oportunidad de revelarse algunos secretos y compartir experiencias, lo que les unió un poco más. El encuentro tuvo al parecer un efecto terapéutico en Sigrid, que acabó la conversación sin pronunciar apenas palabras en la lengua extraña de la academia.

A mediodía, Tomaso se encontró con Robert; aunque intentó despistar a los demás, no lo consiguió, y Sigrid, Patrick, Derek y un par de agentes lo siguieron hasta las cercanías del punto de encuentro. Mientras Tomaso y Robert se saludaban y entraban en el edificio, los perseguidores decidieron esperar unos minutos antes de entrar. El edificio era típico del distrito financiero, destinado al alquiler de oficinas y despachos, y en uno de ellos los había citado Dan. Había controles de metales en la puerta, así que primero dejaron todos sus pertrechos comprometedores en una taquilla.

Una mujer muy arreglada, que se presentó como Helen Simpson, les recibió en la antesala del despacho. Después de saludarlos y comprobar su identidad, les hizo pasar a la sala principal; Dan Simmons se levantó con una sonrisa, moviéndose con demasiada agilidad para sus dimensiones corporales: parecía un jugador de baloncesto profesional, alto y fuerte. Impecablemente vestido, estrechó sus manos con un apretón firme y les presentó a su “hombre de confianza”, que también se encontraba en la sala: Juan Martínez. El latino parecía un anodino oficinista, en contraposición a la abrumadora presencia de su jefe.

El Hombre Malo, como prefería que le llamaran Simmons, no se andó con rodeos. Tras unos breves preámbulos en los que se habló de la empresa de Robert, el papeleo de los abogados, y cómo los abogados de Albany habían contactado con él, Simmons les habló de de la situación real. Y lo que oyeron les dejó perplejos.El mundo ocultista estaba revolucionado con una droga nueva que había surgido hacía relativamente poco: el Polvo de Dios. Algunos elementos tenían conocimientos arcanos en disciplinas sobrenaturales (a los que Simmons llamó “Adeptos Postmodernos”) y eran capaces de realizar cosas extraordinarias, cosas que ni siquiera Simmons comprendía totalmente. El caso es que él sí conocía la existencia de unos rituales concretos, rituales de revelación y de impostación, que servían para guiar al adepto hacia un objetivo o todo lo contrario, despistarlo. Muchos rituales de revelación se habían lanzado últimamente para revelar a la persona en la que tenía su origen el Polvo de Dios. Que Simmons supiera, la mayoría no habían arrojado más que informaciones vagas sobre la localización de la persona, pero hacía varios días por fin uno había tenido éxito; de cómo se había enterado no quiso hablar, pero el ritual había revelado claramente la identidad de Robert McMurdock como el responsable de la creación del Polvo. Ahora, Robert y los que estuvieran a su alrededor corrían serio peligro, pues el Polvo se había convertido en una especie de Santo Grial de los Adeptos: potenciaba sus capacidades de formas que no alcanzaban a comprender, pero que les hacían capaces de cosas a priori imposibles.

Por supuesto, la verdadera razón por la que Simmons había convocado a Robert a aquella reunión era que estaba realmente interesado en la fórmula del Polvo, así que ofreció un intercambio de favores si McMurdock se la proporcionaba. Aún en shock por todo lo que habían oído, le pidieron tiempo para pensar, a lo que el Hombre Malo accedió con una sonrisa, no sin recomendarles que no demoraran mucho su decisión, porque estaba seguro de que otra gente llegaría pronto hasta Robert con métodos menos amistosos. Tras darles unas tarjetas personales, se despidieron.

Al llegar al ascensor, Robert y Tomaso se toparon de bruces con el resto del grupo. El primero hizo amago de evitarlos, pero le impidieron el paso. La intervención de Tomaso apaciguó los ánimos cuando sugirió que sería buena idea que los cinco compartieran una buena comida. Ya en el restaurante, Derek pronto demostró que había perdido la paciencia con McMurdock. Ante la reticencia del ejecutivo en confiar en sus compañeros y la posibilidad de que sus maniobras con Simmons pusieran en peligro al resto del grupo, Sigrid se marchó de la mesa indignada. Derek pidió a Robert que le devolviera el móvil encriptado que les había proporcionado el congresista Ackerman y se marchó, separando sus caminos.

Al marcharse Derek, Robert tuvo una corazonada de que algo malo iba a ocurrir, pero reprimió sus impulsos. También tuvo la angustiosa sensación al marcharse Tomaso, pero siguió negándose a dejarse llevar por esas sensaciones. Decidió que su plan de acción sería quemar todas las pruebas, vender las empresas y marcharse del país.

Más tarde Patrick se reunió con Tomaso, con la pretensión de intentar convencerlo para que le consiguiera algo de Polvo de Dios. Sin embargo, la conversación acabó con Patrick y Tomaso enemistados, pues el italiano no hablaba con sinceridad a ojos del profesor. Apaciguado por Sigrid, Patrick y ella discutieron la conveniencia de visitar el monolito o partir directamente hacia Inglaterra, donde Derek tenía esperanzas de encontrar al aristócrata que conoció en su infancia.


jueves, 8 de septiembre de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 8

Investigando. Dan Simmons.
Antes de dormir, Sigrid, como experta en antigüedades y leyendas nórdicas, explicó al resto del grupo sus referencias -muy interesantes- acerca del monolito de Robert y Michael: la primera, la más evidente y parte de la cultura popular, era la referencia al monolito negro que aparecía en “2001: una odisea espacial”. Su segunda teoría era puramente histórica y mencionaba un objeto real: el obelisco negro de Salmanasar III, una reliquia del Imperio Asirio, pero que se encontraba perfectamente localizado en el Museo Británico; esta era la teoría que Sigrid optaba más fácilmente descartable, pues el obelisco Asirio no coincidía con la descripción que había dado Robert del objeto presuntamente Arcano; era posible que estuvieran relacionados de alguna forma, pero no probable. La tercera teoría tenía que ver con el propio ámbito de conocimiento de Sigrid: la pasión por las leyendas nórdicas. Según recordaba, existía una recopilación de relatos orales llevada a cabo por un tal Sebastian Stallar alrededor del siglo XVIII donde se mencionaba un monolito negro; el problema era que no recordaba mucho más allá de esto, y para completar la información no le quedaría más remedio que recurrir a su biblioteca, donde guardaba uno de los pocos ejemplares que quedaban del trabajo de Stallar.

Agotados, decidieron dormir y descansar. Por la mañana, Robert intentó por enésima vez escabullirse de sus nuevos conocidos, aunque un agente frustró su intento y la excusa de tomar un café hizo que Derek y un par de agentes lo acompañaran a la cafetería.

Más tarde, a media mañana, se encontraron todos en la sala de reuniones, y con la ayuda de uno de los biólogos, levantaron el sedante al hijo de Sigrid, Daniel. Pronto, el muchacho comenzó a hablar en aquella lengua extraña, lo que hizo que Tomaso y Robert salieran de la sala, y la luz se atenuó hasta hacerse mortecina. Las palabras parecían deslizarse hacia las mentes de Patrick y Derek. El primero intentó varios trucos psicológicos para hacer reaccionar al niño, pero tuvieron que desistir ante el peligro de ser poseídos por aquella extraña situación. De repente, sonó la alarma de incendios, sacando a todos de su ensimismamiento.

Robert, que había conseguido escabullirse hacia la salida, había hecho saltar la alarma. Eso le permitió acceder a la escalera de incendios y correr hacia la calle. Tomaso y algún otro agente salieron corriendo tras él, pero no pudieron darle alcance antes de que los despistara y desapareciera de la escena subido en un taxi. Hacía varios minutos que el móvil de Robert vibraba sin parar, y una vez a salvo en el taxi decidió por fin cogerlo. Era una mujer que llamaba desde el psiquiátrico de Canadá, informando de que Michael Stevenson no había llegado allí, ni tampoco sus acompañantes; Robert maldijo para sus adentros. También habló con Alton Cook, quien insistió en que debían tratar del asunto de la compra y de los consejeros amenazados; Robert no tuvo más remedio que contestarle con evasivas, mientras el móvil sonaba con un número desconocido.

Al contestar, el hombre que hablaba al otro lado de la línea se presentó como Daniel Simmons. Robert conocía bien ese nombre por las conversaciones de sus compañeros y se preocupó cuando su interlocutor le informó de que se había enterado que había contactado con sus “socios” del bufete Jackson, Hickman & Toller, y que quizá sería adecuado que mantuvieran una conversación de negocios. Robert pidió que le diera un tiempo para poder confirmar la información y tratarlo con el resto de sus socios, a lo que Simmons respondió con un “por supuesto” quizá excesivamente jovial.

Durante el episodio de la alarma de incendios, Patrick y Derek tuvieron una discusión algo subida de tono: el profesor estaba hasta los mismísimos de que el grupo se preocupara por retener a Robert e instó al director a prescindir de él y evitar seguir perdiendo el tiempo. Derek era reticente a ello por todo lo que había pasado últimamente, pero no tuvo más remedio que planteárselo seriamente.

Poco después, Tomaso contactaba con su primo Dominic, haciéndole entrever que seguramente necesitaría un exorcista en los próximos días (para tratar Daniel). El padre Bonelli lo tranquilizó, afirmando que seguramente el contacto que esperaba del Vaticano podría ayudarle en su trance. Acto seguido, Tomaso contactó por móvil con Robert, extrañado y preocupado a la vez por su huida. Aunque le ofreció su ayuda, Robert no quiso revelarle su paradero, pero sí que le habló sobre la llamada que había recibido de Dan Simmons, lo que estremeció a Tomaso. Quedaron en que cuando Robert acudiera a la cita en La Representación, Tomaso lo acompañaría como hombre de confianza.

La mañana siguiente, una vez descansados, Tomaso compartió con el grupo la información que le había dado Robert sobre la llamada de Dan Simmons y además aprovecharon para investigar sobre las tres referencias de Sigrid sobre el monolito. Para su sorpresa, la teoría sobre 2001 no resultó descartable del todo, porque según algunos círculos conspiranoicos, Arthur C. Clarke habría utilizado información privilegiada sobre artefactos reales que el gobierno tenía buen cuidado de que no trascendieran, e incluso se decía que podía haber trabado contacto en algún momento con extraterrestres. El monolito de Salmanasar tampoco fue desechado: investigando un poco más allá de lo evidente, parecía haber una especie de maldición alrededor de los descubridores y los implicados en un intento de robo hacía varias décadas. Sobre la teoría de Sebastian Stallar no pudieron averiguar mucho más de lo que sabía Sigrid, que necesitaría viajar a su biblioteca para poder repasar sus fuentes.

Tomaso y Sally contactaron con Omega Prime para investigar sobre el caserón donde Robert decía que se encontraba el monolito. Y para su sorpresa -o no tanta-, no pudieron descubrir demasiado: algunas reseñas de turistas y senderistas que mencionaban una especie de mansión muy someramente y siempre en la lejanía era todo lo que encontraron, algo ciertamente extraño. Por otro lado, también investigaron el informe oficial de lo ocurrido en la academia militar, que hablaba de un accidente, incendios y muchos muertos. Pero Omega Prime consiguió información más solapada de círculos ocultistas, que hablaban de “Los Durmientes”, de que “habían vuelto a actuar” y que habían “borrado las evidencias y seguramente conseguido las grabaciones que habían desaparecido”. Todo era bastante críptico, pero evidenciaba lo que ya habían sospechado sobre Nikos Kostas, de su pertenencia a alguna organización ocultista que parecía llamarse “los Durmientes”. Cada vez parecían más implicados en las tramas que les habían ordenado evitar.

A mediodía intentaron hacer reaccionar de nuevo a Daniel en la sala de interrogatorios, a solas con una grabación de Sigrid intentando tranquilizarlo. Al principio se quedó sentado viendo la grabación de su madre en el televisor, pero al poco se acurrucó contra un rincón y comenzó a recitar una letanía en voz baja en aquella extraña lengua que lo estaba consumiendo. La luz bajó un poco de intensidad. Tras unos segundos, se incorporó y se acercó al cristal, con una profunda cara de tristeza, que hizo rebullir a los presentes al otro lado del espejo. Comenzó a llorar abiertamente y a suplicar golpeando el cristal entre sollozos. “Llevadme con mis hermanos” pudo leer Patrick en los labios del niño, siempre hablando con las palabras desconocidas. La luz iba y venía mientras el niño caía de rodillas, y el cristal pareció vibrar con la presión de sus palabras. Los agentes presentes en la escena se miraron, y aunque Derek intentó tranquilizarlos, uno de ellos presentó su dimisión a las pocas horas.

Decidieron dejar al niño consciente y sin atar, y más tarde despertaron a Sigrid, que había decidido mantenerse al margen voluntariamente para no interferir. Cuando la anticuaria se presentó ante el cristal de la sala de interrogatorios, el corazón le dio un vuelco al ver al niño tan desesperado, así que pulsó el botón de comunicación. Las palabras pronunciadas por Daniel escaparon de la sala, y rápidamente se deslizaron a la mente de Sigrid, que no pudo resistirlas: sus ojos se oscurecieron y comenzó a parlotear en el lenguaje desconocido; sus compañeros no tuvieron más remedio que sedarla. Acto seguido, pasaron a discutir qué hacer, pero como siempre, al hablar sobre la extraña lengua o los implicados en ella, las palabras parecían tomar forma en las mentes de Patrick y Derek, y Tomaso los oía proferir palabras extrañas cada dos por tres.

Robert confirmó lo que le había dicho Dan Simmons por teléfono con el resto de miembros del bufete, así que le devolvió la llamada, y concertó una reunión para el mediodía. A continuación informó a Tomaso, que a su vez tuvo que informar al resto del grupo y retrasar la visita que habían decidido hacer al monolito aquel mismo día, para indignación de Patrick, que no estaba de acuerdo en perder más tiempo con los asuntos de Robert.

jueves, 21 de julio de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 7

La Academia Militar Valley Forge (II). Un Idioma Extraño.

Niños en Valley Forge
 
En Albany, Robert se reunió con los abogados del bufete Jackson, Fairbanks & Others. Llegó a un acuerdo con ellos por el que harían todo lo posible para desvincular las pocas empresas que a Robert le interesaba sacar del acuerdo con Himmel im Erde e investigarían cualquier atisbo de ilegalidad en la operación. Manifestó su deseo de dejar de recibir los servicios de Weiss Crane y transferir todas sus operaciones a los de Albany, cosa con la que éstos no se mostraron demasiado entusiasmados, pero la suma en juego era considerable y “verían cómo encargarse de ello”.

Después de la reunión, Robert se encargó de tratar con los contactos de Michael para no interrumpir el flujo de negocio; pero la falta de material para la fabricación seguía siendo un problema para la distribución, y volvió a intentar ponerse en contacto con Georg; no tuvo éxito. Ante ello, decidió llamar a Judith, que seguía en Tel Aviv y tan bella como siempre. La israelí también se mostró preocupada por la desaparición de su amigo común; ella le dijo que tenía familia en Rusia y que haría lo que pudiera por encontrar al joven desaparecido. No obstante, Robert empezó a prepararse mentalmente para un próximo viaje a Moscú, quizá con escala en Israel.

Por la noche, Robert puso rumbo a Canadá, junto con dos de sus guardaespaldas y Michael, para llevar a éste al psiquiátrico con el que ya había contactado previamente. No notó en ningún momento que los hombres de Derek habían estado siguiendo todos sus movimientos desde su salida de Nueva York.

Mientras tanto, en Wayne, Pennsylvania, el resto del grupo encontraba algunas dificultades para poder pasar el segundo control de policía y militares. Pero al ver que en los maleteros de los coches (coches de la CCSA) llevaban todo tipo de equipación para defensa NBQ con el logotipo de la CCSA, los guardias dejaron de lado las reticencias y permitieron el acceso de los dos coches, que se detuvieron en el aparcamiento. Los hombres del segundo coche, agentes de la CCSA, permanecieron en el parking a la espera y como apoyo, mientras el resto se enfundaba en los trajes y se dirigía hacia el centro de control que habían establecido los militares unos metros más allá.

Allí se reunieron con el director del centro, George Ripley, y diferentes autoridades de la policía militar, policía civil y el ejército. A Derek le seguía extrañando la rapidez con la que se había dado la alarma sanitaria sin que aparentemente ningún funcionario de sanidad hubiera acudido al lugar. Y lo rápido que se había movilizado al ejército, aunque se tratara de una emergencia en un centro militar, también llamaba la atención; deberían darse prisa porque aquello olía a cuerno quemado.

En el centro de control, el director y los oficiales les informaron de lo que había sucedido. Los alumnos del bloque “C” habían empezado a comportarse de forma extraña unas semanas atrás, hablando en un idioma que parecían haber inventado por mera diversión. Al principio no le dieron importancia, pero cuando varios miembros adultos del personal del centro empezaron a utilizar también palabras en aquel idioma las cosas empezaron a volverse preocupantes. Era muy extraño; el ambiente en el bloque había empezado a ser más enrarecido, la luz menos brillante, hasta que directamente las tinieblas se habían apoderado de él; los alumnos se habían hecho cada vez más reclusivos, apartándose de los demás, y finalmente la noche anterior, tanto algunos adolescentes como algunos adultos habían atacado violentamente al personal que había intentado sacarlos de allí, incluso con algunas armas de fuego. Acto seguido habían llamado a las autoridades pertinentes y en poco más de media hora se decretaba la alerta sanitaria no se sabía muy bien por parte de quién.

Todo aquello apestaba a ocultismo y a conspiración, pero el hijo de Sigrid se encontraba alojado en el bloque C, y ella no se marcharía de allí sin Daniel. Patrick y Tomaso manifestaron su firme deseo de acompañarla y ayudarla a sacar al chaval de allí. Despidiéndose apresuradamente de los oficiales, que por otra parte se encontraban muy ocupados desalojando a todos los internos, se dirigieron hacia el bloque

Un escalofrío los recorrió. Tal y como les habían dicho, el efecto ya era visible desde el exterior: en medio de la noche, el edificio se encontraba inmerso en una extraña penumbra que los focos de los militares traspasaban a duras penas. Se acercaron a la puerta principal, y al adentrarse en las tinieblas sus corazones se estremecieron; Sigrid no pudo aguantar y tuvo que alejarse, causándoles un retraso que los puso muy nerviosos; pero finalmente, con ayuda de Patrick pudo reponerse y volver a la puerta principal, donde Tomaso rompió el cristal y les facilitó el acceso al vestíbulo. Sus pequeñas linternas apenas alumbraban la oscuridad; encendieron las luces, pero al igual que los focos del exterior apenas generaban un resplandor mortecino.

No tardaron en ver a los primeros dos niños en el vestíbulo. Sombríos y serios, transmitían una sensación de congoja a la que el grupo consiguió sobreponerse. No tardaron en hablar, en un idioma que ninguno pudo reconocer, ni siquiera comparar a algún otro. Las palabras parecieron introducirse en las mentes de Derek y Patrick, y comenzaron pronto a entender qué decían los niños: preguntaban si se iban a quedar, y si pretendían sacarlos de allí. Poco después los chavales salían corriendo y el grupo seguía su camino; llegaron al pie de unas escaleras que conducían a las habitaciones del primer piso, donde se hospedaba Daniel. Un niño más pequeño que los anteriores estaba allí, sentado en el último escalón; se sobresaltaron al verle, pues la penumbra apenas dejaba visibilidad un par o tres de metros. El niño les empezó a preguntar acerca de su estancia allí y de sus intenciones, en aquel grotesco lenguaje. Las palabras se movían en la mente de Patrick, que se quedó con la mirada perdida durante varios minutos, y Tomaso y Derek también notaron cómo se enroscaban en su interior. Mientras el niño hablaba, el techo tenuemente iluminado pareció cobrar vida con multitud de sombras que comenzaron a pasar a toda velocidad de una parte a otra; el grupo fue capaz de reconocer algunas de ellas: un verdugo, un rey, un peregrino, un monje… Tan rápido como aparecieron, desaparecieron cuando el techo se envolvió de nuevo en penumbra. Todo acabó cuando el niño, frustrado por la falta de caso del grupo, comenzó a gritar y se alejó adentrándose en las sombras. Pero eso sólo había sido un pequeño prólogo para lo que encontrarían en el primer piso, totalmente alterado cuando llegaron: el pasillo no parecía tener suelo pisable, sino que se abría a un profundo espacio vacío, y las puertas de las habitaciones habían sido sustituidas por una especie de singularidades, como agujeros de gusano, que se dilataban y encogían en una inmensidad que sus mentes no alcanzaban a comprender; en un momento dado, de uno de los agujeros de gusano surgió una figura enorme, majestuosa, que sólo pudieron calificar como “cósmica”; la luz de millones de estrellas brillaba en su interior, y toda su silueta era una ventana a la inmensidad del universo. Sin embargo, lo que representaba la silueta en sí no era difícil de reconocer: a todas luces representaba el epítome de lo que habría sido un verdugo en la edad media: la capucha, el hacha… en la inmensidad indescriptible que era la figura, esos detalles eran fácilmente adivinables, lo que quizá la hacía aún más difícil de comprender.

Por suerte, antes de que las mentes del grupo estallaran en una explosión de entendimiento, todo desapareció y volvió a la normalidad, sin causa aparente y sin solución de continuidad. Tras unos segundos de aturdimiento, Sigrid reaccionó y se dirigió a la carrera hacia la habitación de Daniel. Mientras se dirigían hacia allá, Derek pudo ver por el rabillo del ojo que una de las habitaciones de su izquierda no era tal, sino que la puerta era una ventana a una vista de un inmenso desierto donde millares de personas se encontraban hacinadas en campos de refugiados muriendo de hambre y sed. Le picó la curiosidad, pero prefirió no detenerse.

Cuando llegaron a la habitación del hijo de Sigrid, ésta estaba en perfecto orden, con todo recogido y ningún detalle de color visible: austera y oscura. De Daniel no había rastro por ningún lado, así que decidieron seguir buscando. Al salir al pasillo, de nuevo el vértigo de lo incomprensible. El corredor ya no era tal, sino un enorme palacio cuyas simples dimensiones estuvieron a punto de volverlos locos; y alrededor del palacio centenares de plataformas se alzaban; y sobre cada una de ellas, una figura análoga a la que habían visto aparecer en el pasillo antes. Y podían distinguirlas todas: un rey, un tirano, un verdugo, una mujer con alas, un peregrino, una madre con su hijo en brazos… Tomaso y Sigrid se echaron de rodillas al suelo, soportando a duras penas la inmensidad de aquello. En breves instantes todo desapareció de nuevo, y fue en su mayoría olvidado por sus pobres mentes humanas y racionales. Pero la sensación de que allí estaba ocurriendo algo muy gordo persistía, y se apresuraron aún más.

Tras descender a la planta baja y tener algún encuentro más con niños y adolescentes, por fin oyeron voces al fondo de un pasillo. En ese momento pudieron ver a través de una ventana cómo llegaban a la parte trasera del bloque varios coches, civiles y militares; las voces de los hombres de Derek a través del pinganillo confirmaban sus sospechas: según decían, habían llegado más agentes de sanidad y militares y habían tenido que retirarse discretamente; tras dar las órdenes pertinentes, Derek y el resto se dirigieron a través del pasillo para desembocar en la sala de conferencias. Allí se encontraban reunidos todos los alumnos del bloque, y en el estrado algunos adultos y los adolescentes más mayores, algunos de ellos con armas. Hablaban en el idioma extraño, por supuesto, y parecían muy tranquilos. Todos se callaron de repente cuando el grupo apareció superando a los niños que vigilaban la puerta. Y entonces, hablaron todos a la vez, provocando un torrente de palabras en sus mentes que casi los sumen en la inconsciencia. Tomaso y Patrick fueron casi completamente poseídos por la lengua en ese momento [punto de destino de Sigrid]. Justo entonces comenzaron a oírse disparos en la parte delantera del edificio; poco a poco, calmadamente, los adultos y adolescentes del estrado fueron saliendo para dirigirse a defender a los suyos, y Tomaso y Patrick se incorporaron a ellos. Derek tuvo que actuar: dejó inconsciente a Patrick, pero a Tomaso no pudo alcanzarlo; mientras, Sigrid había encontrado a su en el anfiteatro de asientos. Confiando en que Tomaso podría cuidar de sí mismo, salieron de allí.

Segundos después, uno de los muchachos recibía un tiro en la cabeza al lado de Tomaso. Éste salió de su ensoñación [punto de destino] y de repente fue consciente de que estaba arriesgando su vida. Al lado de la entrada, varios civiles disparaban sus armas; unos cuantos militares yacían en el suelo con disparos en la espalda, Tomaso supuso que asesinados por los mismos civiles que ahora se cebaban con los adolescentes. El joven italiano se sorprendió al reconocer entre los civiles al tal Nikos Kostas, que el día anterior había hablado con sus compañeros en la cafetería; no pareció reconocer a Tomaso, que durante el encuentro había estado discretamente sentado en la barra. Propinando una fuerte patada a un tipo que tenía cerca, se impulsó hacia la parte de atrás. Salió por la misma puerta que el resto del grupo, alcanzándolos rápidamente. A pesar de que algunos civiles indicaron a un grupo de militares que los persiguieran, finalmente se reunían con los hombres de Derek y lograban escapar, con Daniel debidamente inmovilizado. Les llevaría horas asimilar aquella experiencia.

De vuelta a Nueva York, Derek recibía una llamada de sus hombres, informándole de que Robert había estado reunido varias horas en un bufete de abogados de Albany y luego reuniéndose con varias personas. En ese momento se dirigía hacia Canadá con Michael Stevenson y un par de guardaespaldas; y lo más raro era que al menos tres coches más se encontraban siguiendo los movimientos del magnate. Derek, cansado de aquello, ordenó que tomaran todas las medidas necesarias para traer a Robert a la oficina. De madrugada, los hombres de Derek esquivaban al resto de perseguidores, entraban en el hotel y sedaban a los guardaespaldas de Robert. Al despertar a éste y pedirle que los acompañara a la CCSA, el empresario pidió permiso para llamar a su jefe, y se lo concedieron: llamó indignado a Derek, y éste le aseguró que le tenía que contar algo muy gordo que les había ocurrido. A mitad de conversación Robert dejó de hablar; se había quedado con la mirada perdida, ante lo que los agentes pidieron instrucciones a su jefe. Las órdenes siguieron siendo las mismas (además de dejar instrucciones a los guardaespaldas para que llevaran a Michael al psiquiátrico), y pocas horas después aparecían en la oficina llevando a Robert en su estado de ausencia.

Mientras tanto, durante ese tiempo, el resto del grupo se reunió en la sala de interrogatorios para hacer pruebas con lo que podían recordar de la extraña lengua de la academia, mientras mantenían a Daniel sedado. Intentaron escribir algunas palabras, pero al transcribir a papel, al poco rato se daban cuenta de que lo que escribían era inglés. Además, cada vez que pronunciaban algunas palabras o escuchaban la grabación, sus mentes parecían traicionarles y empezar a formar nuevas palabras, así que prefirieron poner un punto y aparte en aquella investigación. Por su parte, Tomaso y Sally se dedicaron a investigar sucesos parecidos, pero no encontraron nada igual, únicamente algunas referencias a exorcismos.

Tras salir de su estado de ausencia, Robert despertó en la sala de reuniones de la CCSA, donde una agente lo vigilaba. Pronto se reunía el grupo al completo. Volvieron a preguntar a Robert sobre esos extraños estados de fuga, y éste volvió a contar que no había sufrido ninguno desde el tratamiento de Rhyckon Larsen/Henry Clarkson. Y que se habían originado al tocar el extraño monolito negro del que le había hablado Michael tras su estancia en la cárcel. Después de contar a Robert todo lo que les había ocurrido en la academia, la conversación derivó de nuevo hacia el extraño monolito. Quizá podrían hacer una visita rápida a la mansión donde decía Robert que se encontraba...

viernes, 8 de julio de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 6

Nikos Kostas. La Academia Militar de Valley Forge.
Aprovechando que se encontraban a solas, Derek enseñó su posesión más preciada (a la vez que extraña) a Sigrid: el presunto mapa con extraños caracteres que alguien había hecho llegar a sus padres junto a él cuando todavía no era más que un bebé. Los ojos de la anticuaria centellearon cuando se dio cuenta de lo valiosa que debía de ser aquella pieza. Tras unos minutos de recapacitación, reconoció los caracteres a pesar de no tener conocimiento alguno de ellos: sin lugar a dudas había visto un conjunto de ellos en el mapa de Platón que se había puesto a la venta en la subasta del Excelsior. Los símbolos parecían influenciados por el egipcio antiguo y quizá por el arameo. La diferencia de la que estaba convencida era que en el mapa de Platón los símbolos parecían tener un carácter meramente decorativo, pero en este “mapa” —Sigrid tenía sus dudas acerca de poder llamarlo así— sí que parecían ser un texto real. Poco más podía decir del pergamino sin consultar obras de referencia en alguna biblioteca. Derek le agradeció la información, y le dio permiso para hacer algunas fotos y seguir con la labor de documentación.

También le enseñó el manuscrito que acompañaba al “mapa”, escrito ya en papel (aunque antiguo) con los mismos símbolos que aparecían en este. Sigrid lo fotografió minuciosamente, a la espera de poder investigarlo con tranquilidad.

Derek y Tomaso tuvieron después una comprometida conversación. El italiano se sinceró respecto a su profesión y su relación con el mundo de la mafia neoyorquina, aunque afirmó no participar en los asuntos más sangrientos. Se sinceró como muestra de buena voluntad, y así la aceptó Derek, que decidió confiar en que su mujer y sus hijos estarían a salvo en la mansión italiana donde vivía la hermana de Tomaso.

Mientras tanto, Sigrid recibía una llamada al móvil: se trataba de ¡Mark Archer! Por fin recibía noticias de uno de sus contactos anteriores a la explosión del hotel. Archer le transmitió su alegría al saber que estaba bien y la citó en una cafetería de Brooklyn. Hacia allí salieron Sigrid, Derek, Patrick y Tomaso. Archer se alegró sinceramente de ver a su colega anticuaria y acto seguido comentaron todo lo que había pasado en el hotel: Mark se había salvado milagrosamente al haber bajado a su habitación para coger unos papeles. Al ver correr a unos tipos con armas hacia la planta de arriba decidió no salir, y cuando se desató el caos corrió por las escaleras de servicio y huyó. A ojos de Patrick parecía sincero. Mientras Sigrid le preguntaba por los demás asistentes, alguien entró en la cafetería, un hombre vestido incluso mejor que Tomaso (que se había quedado apartado tomando algo en la barra discretamente) acompañado de dos tipos trajeados que parecían montañas. Se dirigió a la mesa, poniendo a todos los presentes en guardia. Mark Archer lo reconoció enseguida, y le estrechó la mano; lo presentó como Nikos Kostas. Sigrid reconoció el nombre: el millonario griego, estrecho colaborador del anticuario y librero Paul van Dorn, que también había estado presente en la subasta. Kostas presentaba algunos cortes en la cara, supuestamente testimonio de la explosión, y se disculpó ante Archer, pues según afirmó, lo había estado siguiendo con la esperanza de averiguar más cosas de lo sucedido en la subasta. El griego sonrió, e instantáneamente todos los presentes se sintieron (¿anormalmente?) cómodos con su presencia; parecía un tipo honesto y dispuesto a ayudar. Intentó averiguar todo lo que pudo sobre lo sucedido en la subasta, y ver si el grupo podía conducirle a alguien que supiera algo más. Se mencionó a Alex Abel y la Nueva Inquisicion, a los extraños gemelos Angel y Amir, que hicieron perder el control de los presentes la segunda noche, y lo extraño de que Sigrid fuera la única a la que habían dejado salir del hospital después de que el FBI decidiera poner la planta en aislamiento. No obstante, la vehemencia de Sigrid insistiendo en su ignorancia sobre lo que podía haber ocurrido y acerca de quién era aquella gente de la Nueva Inquisición pareció convencerle y decidió dejarles su tarjeta, despedirse (educadamente y pagando la cuenta) y marcharse.

Poco después se despedían también de Mark, deseándole suerte.

Desde la cafetería, Patrick se marchó directamente al restaurante con cuyo camarero había quedado varios días antes para conseguir más Polvo de Dios. Sin embargo, una vez allí el chaval no pudo venderle nada; aseguraba que hacía días se había interrumpido el suministro y no tenía nada para él. Las habilidades sociales de Patrick salieron a la luz con toda su fuerza, y consiguió convencer al camarero para que le diera el nombre de su suministrador. Tras hablar con un par de tipos y hacer unas cuantas averiguaciones, por fin llegó al que parecía el camello de más alto nivel, un tal Travish McHale. Pero la casa donde vivía, a las afueras de la ciudad, estaba fuertemente custodiada por tipos armados, así que decidió desistir de su intento de conseguir la droga y dejarlo para otro día. El alcohol debería bastar esa noche.

Entre tanto, Tomaso y Sally habían estado investigando sobre los nombres de todos los implicados en la subasta que Sigrid les había dado, pero no tuvieron éxito en descubrir nada que no fuera del dominio público.

Ya en la oficina, Patrick mencionó a la agente de la CCSA Stephanie (que había demostrado previamente su valía al averiguar hechos muy poco evidentes sobre Lupita y la situación en México) el nombre del narcotraficante, Travish McHale; seducida por la labia del procesor, Stephanie le reveló que el tal McHale había estado implicado hacía un par de noches en una operación de la CCSA, pero que ésta había sido frustrada debido a una filtración y la llegada de elementos imprevistos a la escena.

Robert se marchó a Albany por la mañana para encontrarse con los abogados, seguido de cerca por los hombres que lo vigilaban, que informaban puntualmente a Derek. Los agentes tambíen informaron de un trasiego de vehículos importante donde Robert se alojaba.

Más tarde, Derek, Patrick y Sigrid se dirigieron a una clínica privada para realizar el TAC de esta última y descartar que tuviera algún tipo de chip insertado en el cuerpo. Cuando todo estaba ya preparado, Patrick tuvo una horrible sensación de peligro y detectó en las auras de los doctores y enfermeros una clara intención de traición. Al punto, instó a sus compañeros a salir de allí sin hacer preguntas. El personal intentó por todos los medios retenerlos, y Derek incluso llegó a las manos con un guardia de seguridad; tras unos segundos de pelea y tensión, consiguieron salir a la calle, donde un par de vehículos frenaban bruscamente y tipos trajeados los abandonaban; Derek sacó su arma y comenzó a disparar. Eso les hizo ganar el tiempo suficiente para correr hasta la esquina y coger un taxi que les sacó de allí rápidamente. La intuición de Patrick había funcionado una vez más, por suerte.

A salvo en la oficina (bueno, todo lo a salvo que pudieran estar dada la situación), Sigrid aprovechó para llamar de nuevo a Valley Forge y ver cómo iban los trámites para que su hijo Eirik se marchara de allí. No esperaba lo que ocurrió. No hubo manera de hacerse con nadie en el bloque donde se encontraba internado Eirik, y todo el mundo con el que la transferían le contestaba dándole largas, diciendo que había problemas en las comunicaciones y excusas varias. Desde luego, algo no iba bien en la academia, y Sigrid no estaba segura de que tuviera algo que ver con las conexiones o la tecnología.

La anticuaria transmitió su preocupación al resto del grupo; cuando les contó todas las cosas extrañas que le habían puesto como excusa, todos empatizaron con ella y acordaron dirigirse hacia Valley Forge para sacar a Eirik de una vez por todas de allí y poder así abandonar el país. No esperaron, y pronto dos coches de la Agencia, uno con el grupo al completo (excepto Robert) y otro con agentes de Derek, tomaban la carretera hacia Wayne, Pennsylvania, a unos 150 km al suroeste de Manhattan. Poco después de tomar el desvío de la pequeña carretera que conducía al complejo, fueron detenidos por un control militar. Los soldados les explicaron que el acceso a la academia estaba restringido porque se había declarado una emergencia sanitaria. Automáticamente, Derek les enseñó su credencial de la CCSA y con un poco de charlatanería, entre él y Patrick convencieron a los militares de que todos ellos trabajaban para la agencia; tras consultar con un superior, los soldados les permitieron pasar. Además avisarían al segundo control que se encontraba a la entrada de su llegada.

Poco después avistaban el complejo, y el segundo control militar que se encontraba ante la verja de la entrada, equipados con mascarillas de protección.


viernes, 24 de junio de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 5

El congresista Ackerman y la verdad sobre la CCSA
Durante el desayuno, con Robert de vuelta ya en la oficina de la CCSA, el grupo conversó acerca de la oferta que Himmel im Erde había ofrecido por Chemicorp y de cuál habría de ser su siguiente movimiento. Patrick manifestó su deseo de dirigirse a México para averiguar todo lo posible sobre su ahijada, contraviniendo las exigencias que los desconocidos les habían pretendido impone; los demás consiguieron convencerle para no actuar precipitadamente y meditar antes y de forma conjunta sus decisiones.

Durante la mañana, una de las agentes de Derek, Stephanie, apareció con novedades sobre la situación de México. Después de realizar una encomiable labor cruzando datos de distintos informes y noticias más o menos oscuras, Stephanie había podido deducir que en la zona de México donde vivía Lupita, varias poblaciones cercanas habían sido atacadas por no se sabía muy bien quién. La teoría más plausible era la de un grupo de narcos paramilitares, pero nadie lo afirmaba con rotundidad. Además, varias docenas de niñas de entre cuatro y seis años habían desaparecido de esos poblados, en un radio de pocos kilómetros. Abrumado por la cantidad de datos y la pericia que su subalterna había demostrado para cotejarlos, Derek la felicitó efusivamente. El descubrimiento de Stephanie, unido a las amenazas de los desconocidos, reafirmaron al director en su convicción de que antes de México deberían viajar a cualquier otro sitio, como por ejemplo a Inglaterra, para visitar a su antiguo conocido, sir Ian Stokehall; como ya había expuesto en alguna ocasión anterior, tenía la esperanza de que el aristócrata les pudiera revelar algo más de información.

Tomaso, por su parte, se marchó a visitar a su primo, el párroco Bonelli. Al manifestarle su intención de abandonar el país con urgencia, Dominic se mostró preocupado y expuso a su vez que en los últimos días parecía haber gente extraña rondando por la iglesia: creía que lo tenían bajo vigilancia, y algunos no habituales demasiado reservados se habían incorporado a las liturgias diarias. Tomado lo tranquilizó, y le aseguró que esa gente se marcharía en cuanto él dejara el país; mientras tanto, dejaba a Dominic encargado de cuidar a su madre. Se despidió y cerró el resto de sus asuntos.

A mediodía, Derek acudió por fin a reunirse con su amigo, el congresista Philip Ackerman. Después de cambiar varias veces de coche a instancias de los miembros del personal de seguridad, llegó a un discreto sitio al este del Bronx donde le esperaba Ackerman acompañado de una mujer joven, desconocida para Derek. Se saludó efusivamente con su amigo, que le presentó a la joven: se trataba de Sally Whitfield, periodista; ante el gesto de desconcierto de Derek, Philip se apresuró a explicarle que Sally le había sido de mucha ayuda pero que eso la había puesto en peligro, y había tenido que traerla a Nueva York. El congresista pasó a realizar una larga exposición sobre cosas extrañas que estaban ocurriendo en el congreso y las altas esferas políticas de los Estados Unidos. Día sí y día también se aprobaban confidencialmente medidas que de haberse hecho públicas habrían tenido un fuerte impacto en la opinión pública: movimientos de tropas, desplazamiento de armas, intervenciones militares… Sally había colaborado en la intención de exponerlas al público, y por eso ahora necesitaba desaparecer un tiempo, así que dejaba encargado a Derek de velar por su seguridad. La iniciativa de la identificación única, por ejemplo, era del dominio público, pero lo que poca gente sabía era que se había hecho en connivencia con los gobiernos de Rusia y de China, que estaban aplicando medidas similares. Además, le habló de lo que en realidad había pretendido al crear la CCSA: tener un organismo independiente de las grandes agencias que se encargara de todos los hechos extraños que estaban sucediendo últimamente. Los hechos extraños de los que Derek también le habló se habían multiplicado en los últimos meses en Washington e incluso en el entorno del gobierno, y eso preocupaba seriamente al congresista, que por otra parte se había apresurado a aglutinar en torno a sí un pequeño grupo de opositores a la política que se estaba llevando a cabo. Gente con miembros amputados, desangrada sin heridas visibles, personas que se comportaban como animales, otros que decían haber visto cómo un tío reventaba a otro con sólo señalarlo con el dedo… los acontecimientos aparentemente sobrenaturales se habían hecho frecuentes y eso no podía ser bueno. Ackerman también se mostró compungido al afirmar que había perdido la lealtad de las delegaciones de la CCSA en Los Ángeles y Chicago, y que sólo confiaba plenamente en Nueva York, donde Derek era el director. El punto álgido de la conversación llegó cuando el congresista dirigió un gesto a uno de sus hombres y éste acercó un portátil, donde el primero insertó un lápiz USB y arrancó la reproducción de un vídeo. El vídeo había sido filmado con una cámara oculta en los servicios del congreso, algo totalmente ilegal, pero que Ackerman, como miembro del comité de seguridad había creído conveniente hacer contraviniendo algunas leyes. A los pocos segundos de grabación, entraba en el servicio el congresista George Patterson, aquejado de una acusada cojera. Cerró la puerta principal del aseo y se situó ante el espejo. Acto seguido se quitaba la chaqueta y la camisa y comenzaba a hurgar en su costado; los ojos de Derek se abrieron mucho cuando, fuera de toda duda, el congresista parecía abrir literalmente sus carnes sin provocar una hemorragia y dejar ver un pequeño brillo en su interior; tras unos segundos de manipulación, volvía a ponerse la ropa y la cojera había desaparecido. Aquel vídeo demostraba que Patterson, al menos en parte, no era humano. Eso convenció totalmente a Derek de lo acertado de las elucubraciones de su amigo.

Con gesto serio, Philip entregó un maletín a Derek: contenía unos cuantos chips que insertados en el correspondiente teléfono encriptaban la comunicación de la forma más segura que existía. A partir de entonces no se comunicarían si no era de aquella manera. Derek también aprovechó para poner al tanto al congresista de su posible salida del país, pero sólo por unos días. Éste insistió en que no la prolongara demasiado, porque seguramente lo necesitaría en el futuro próximo. Al fin, se despidieron y Derek se llevó a Sally a la oficina.

Robert habló con Tomaso por teléfono, dado su bagaje, para intentar convencer al italiano de provocar un “accidente” que quitara de enmedio a los bastardos de Himmel im Erde. No obstante, Tomaso se opuso a tal método, lo que no dejó de sorprender a Robert. Tomaso sí atendió la segunda petición de Derek: que alguien de confianza registrara la sede de WCA; pero cuando el joven contactó con sus amigos de la mafia, todos se opusieron a tal cosa: WCA eran quienes se encargaban de arreglarles todos los asuntos legales.

De vuelta todos en la oficina, Derek les explicó (sin revelar la identidad de su amigo) lo que había averiguado. Presentó a Sally y les contó la verdad sobre la CCSA, de la que él mismo se había enterado hacía un par de horas escasas. La agencia se había creado para ser un organismo aparte de FBI, CIA y NSA, que estaban llenas de influencias de dudosas intenciones, lo que coincidía con los acontecimientos que habían vivido últimamente. Les contó lo de los hechos extraños (incluyendo el vídeo, que turbó profundamente a Patrick y provocó su consumo de una papelina de Polvo de Dios), y que el congresista le había contado que los documentos de la identificación única estarían equipados con chips que seguramente luego pretenderían implantar en las personas. Todos miraron a Sigrid y su dolor de nuca, escamados, pero la detección que habían llevado a cabo había dado resultados negativos y tendrían que volver a intentarlo con más medios (quizá con un TAC).

Tras unos segundos de silencio, Tomaso sugirió que todos los sentados a la mesa deberían sincerarse y exponer sus secretos a los demás. En ese momento, Robert recibió (muy oportunamente) una llamada de Alton Cook, instándole a reunirse; así que el ejecutivo aprovechó para excusarse y ausentarse. Derek, escamado, encargó a dos de sus agentes que lo siguieran.

Con Robert ausente ya, Sally pidió un portátil para presentar a unos amigos al grupo. Tapó la cámara para no revelar las identidades de los presentes y a los pocos segundos, un tipo con una máscara de V de Vendetta se veía en pantalla. Sally lo presentó como “Z”, del grupo de hackers Omega Prime. Gracias a ellos, Sally había podido escapar de un atentado contra su vida, y desde entonces se habían dedicado a ayudar a Ackerman en su particular cruzada. El grupo no tardó en pedirles los primeros trabajos: registros sobre los hermanos desaparecidos de Patrick e información sobre ocultismo y niños de 5 años.

Mientras Sigrid hablaba con la academia militar para sacar a su hijo de allí lo antes posible, Robert se reunía con Alton Cook, Ethan Ward, Michael Johnson y Shelley Goodal. Todos se mostraban en contra de vender la empresa y pedían un curso de acción común. Según Cook, Erde und Mahl era una empresa alemana ya operativa durante la Segunda Guerra Mundial, encargada del desarrollo de armas experimentales. Más tarde fue absorbida por multinacionales, fusionada, comprada… pero extrañamente siempre salió a flote el mismo nombre. Era una empresa de perfil bajo, extremadamente estable en bolsa, y no entendía por qué ahora se interesaban tanto por Chemicorp. Ethan Ward reveló que algunos de los miembros que se mostraban a favor de la venta (los hermanos Callum y Liah Woodman, y Mason Rose) estaban siendo coaccionados de alguna manera para vender su paquete de acciones. Fuentes que no reveló le habían enseñado ciertos correos electrónicos comprometedores, y estaba muy seguro de lo que decía. Robert sumó rápidamente; entre los presentes y los coaccionados sumaban un 54% de las acciones, suficiente para oponerse a la venta.

Acabada la reunión y muy preocupado, Robert tomó la decisión de desvincular sus empresas “fetiche” del grupo Chemicorp, para evitar su venta. Contactó con un bufete en Albany, y concertó una cita para el día siguiente.