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jueves, 28 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 1

Nuevos encuentros

Una explosión tuvo lugar en la última planta del hotel Excelsior. La gente se detuvo, mirando aterrada y temiendo un ataque terrorista. Cascotes y cristales comenzaron a caer a lo largo de todas las calles circundantes.



El taxi en el que viajaban Robert y su hombre de confianza, Michael, derrapó cuando un cascote cayó cerca y los vehículos circundantes comenzaban a frenar. Tras un frenazo de varios metros acabó chocando contra otro taxi que circulaba por delante, y que un par de segundos antes había impactado contra un tercero por delante de él. Robert sintió un momento de terrible deriva emocional cuando del taxi de delante salía uno de los hombres que aparecían en sus sueños desde hacía dos meses, y aún más acusado cuando del taxi que circulaba por delante del primero salía otro de ellos. El primer hombre era joven, alto y fuerte, de barbilla partida, vestido con un carísimo traje; el segundo era mayor que el primero, fuerte, rubio rojizo y también bien vestido. La atención de Robert se desvió de los extraños conocidos cuando su padre le gritó a su lado que tenía que ayudarle, con una mueca de desesperación. La mente de Robert se quebró durante unos instantes.

Tomaso salió del taxi tras comprobar que el taxista se encontraba bien a pesar de lucir una brecha en la frente. Aquello parecía increíble; ¿un ataque terrorista en pleno corazón de Nueva York después del 11S? No podía creerlo. Se quedó petrificado durante unos instantes, mirando a lo alto del hotel. A su lado, Derek salía a los pocos instantes del taxi, con expresión angustiada. Si su padre y su hermana estaban allí… no quería ni pensarlo; salió corriendo hacia el hotel, enseñó su credencial al primer policía con el que se encontró y poco menos que lo apartó de su camino de un empujón.

Tomaso se fijó en el taxi de detrás, del que ya había salido por el otro lado Michael al exterior, y en cuyo interior Robert se encontraba mirando a su lado con expresión de terror. El joven inmigrante italiano se acercó, interesándose por el estado del hombre, que sólo acertó a murmurar sin sentido cuando lo ayudó a salir del coche. A continuación, Tomaso se dirigió corriendo hacia el hotel, a ver qué podía averiguar sobre Dan Simmons y de paso quizá ayudar en algo.

Pocos momentos después, Robert, ya recuperado de su estupor (aunque todavía asombrado de haber visto a su difunto padre pidiéndole ayuda) intentó alejarse de la escena, como ya hacía mucha gente aconsejada por los policías que iban llegando. Sin embargo, algo se lo impidió; una sensación extraña que lo convenció de que algo iría muy mal si dejaba pasar aquella oportunidad de unirse a sus compañeros en el sueño. Así que instó a Michael a seguirle a toda prisa hacia el hotel, donde pronto llegaron al perímetro de seguridad que las fuerzas de seguridad habían establecido, a pocos metros de Tomaso y Derek. Este último se encontraba discutiendo acaloradamente con una oficial de policía, intentando que lo dejara acceder a la escena, enseñándole algún tipo de credencial que él creía que le daba derecho al acceso pero que no pudo convencer de lo mismo a la oficial. De lo alto caían cenizas y papeles, y a algunos de ellos les llamó la atención la cantidad de restos de tarjetas de visitas que caían, casi todas pertenecientes a trabajadores del bufete de abogados Weiss, Crane & Assocs.

Casi hombro con hombro con los otros dos, Robert intentó convencer a la policía de que lo dejaran pasar para ayudar; esto no pasó desapercibido para Tomaso, que enseguida empatizó con las intenciones del exitoso hombre de negocios y también intentó convencer a los policías de que los dejaran ayudar, sin éxito.

Y ya empezaban a aparecer por la puerta principal los primeros evacuados y heridos. Algunas ambulancias y unidades de cuidados móviles ya habían conseguido acceder a la escena y recibían a las primeras víctimas. Una mujer de aspecto nórdico (Sigrid) era arrastrada semiinconsciente hasta una camilla en la unidad más alejada; justo antes de que se perdiera de vista tras los vehículos, Robert y Tomaso pudieron ver, inquietos, cómo una enfermera se inclinaba sobre ella y se llevaba el dedo a los labios, en un gesto que la instaba a callar; no sabían cómo explicarlo, pero el gesto no parecía reconfortante, como habría sido habitual, sino más bien… amenazador.

Poco después Robert reconocía a otro de los integrantes del grupo de su sueño: un hombre enjuto, con barba de varios días (Patrick), que llevaban en una camilla mientras gritaba incoherencias producto del trauma; entre frases incoherentes y nombres varios, el propio Robert y Tomaso pudieron escuchar “Dan Simmons, Dan Simmons, ¡el Hombre Malo!”, “¡Pídanle ayuda!”. El joven italiano se mostró muy interesado por estas palabras, pero no pudieron hacer nada antes de que metieran al hombre en una ambulancia y se lo llevaran al hospital.

Tomaso también se acercó a Derek, interesándose por la vehemencia con que el hombre parecía querer acceder al hotel, y ejerciendo de apaciguador de los ánimos, que iban caldeándose por momentos. Esto permitió que los tres hombres se conocieran y se presentaran formalmente, y que intercambiaran tarjetas.

Durante toda la escena, Michael se mostró más nervioso de lo normal, insistiendo a Robert para que se fueran de allí, lo cual no había paso desapercibido para este. Finalmente, ante la imposibilidad de sacar nada en claro, decidieron marcharse, acompañados de Tomaso, que había entablado una interesante conversación con Robert. Apenas se habían alejado cuatro bocacalles cuando, aprovechando su situación en “tierra de nadie” (estaban lo suficientemente lejos del hotel para que no hubiera curiosos y lo suficientemente cerca para que no hubiera cautos), fueron abordados por tres personas que surgieron de repente de una esquina. Los encabezaba un hombre negro, fuerte y bien vestido; otro hombre blanco y rubio y una mujer vestida con abrigo largo que a todas luces ocultaba una escopeta recortada lo flanqueban. El hombre negro los invitó a acompañarlos sin ofrecer resistencia, pues quería “presentarles a unos amigos”. La mujer reforzó la sugerencia mostrando un trozo de su recortada retirando el faldón de su abrigo, a lo que Robert reaccionó mal; echó mano de su pistola lo más rápido que pudo; pero no fue lo bastante rápido; mientras Tomaso saltaba para empujar al hombre negro contra la tía de la escopeta, el individuo alto extendió una mano hacia Robert, que instantáneamente sintió como si le fuese a explotar la cabeza; falló su disparo y cayó de rodillas al suelo, casi perdiendo la consciencia. El hombre negro esquivó a Tomaso, que habría recibido de lleno el tiro de la recortada si no hubiera sido porque alguien alcanzó a la mujer en un brazo con un disparo: era Derek, que se había acercado al ver algo raro en el encuentro y se había decidido a ayudarles, acudiendo a la carrera. Tomaso se giró mientras el negro acudía a ayudar a la mujer, para encontrarse con que el bigardo ahora extendía su mano hacia él y contraía sus dedos; al instante, el corazón del joven pareció oprimido y ralentizado, causándole un dolor indescriptible; al igual que le había pasado antes a Robert, Tomaso cayó al suelo de bruces, con un dolor sordo que se extendía con cada latido hasta su cerebro. Un nuevo disparo de Derek silbó muy cerca del tipo alto y atrajo definitivamente la atención de la policía, así que el individuo que los capitaneaba les ordenó retirarse, cosa que hicieron en un visto y no visto.

Protegidos por la limitada ascendencia que Derek parecía tener sobre los policías, éstos no les plantearon más problemas y fueron conducidos hasta el hospital para comprobar su integridad física. Allí pudieron compartir la experiencia y conocerse un poco mejor. Una vez finalizadas las pruebas, decidieron visitar al hombre que habían sacado en camilla gritando el nombre de Dan Simmons, uno de los pocos que permanecían conscientes después del traumático suceso. Patrick despertó bajo supervisión médica para encontrarse con los tres desconocidos, que comenzaron a plantearle preguntas sobre el suceso de la forma más amable que les fue posible. La conversación no fue muy productiva, debido a la desconfianza de Patrick por los desconocidos que le planteaban las preguntas y su estado de confusión tras la explosión; no obstante, sirvió para que Robert repartiera tarjetas entre todos ellos, insistiéndoles en que le llamaran para concertar una reunión.

Patrick fue dado de alta dos días después, y poco más tarde el grupo se reunía en la mansión de Robert en Westchester. Lo primero que llamó la atención de los demás fue la cantidad de menciones y premios que colgaban de las paredes de Robert por motivos humanitarios; sin duda, el director ejecutivo de Chemicorp era generoso con los más desfavorecidos, y era fundador de no pocas ONGs de ayuda al desarrollo. Robert no tardó en sincerarse y en contarles todo lo relativo al sueño que había venido teniendo los últimos dos meses. Patrick, que había vivido una experiencia onírica parecida las semanas anteriores, enseguida empatizó con él. Abierta la puerta de la sinceridad, Derek también contó que en el momento de la explosión se dirigía hacia el hotel porque alguien había secuestrado a su padre y a su hermana, amenazando con hacerles daño si no iba para allá; desconocía el interés que nadie pudiera tener porque apareciera en el Excelsior. Tomaso también les contó que se dirigía hacia el hotel para encontrarse con un cliente, un tal “Dan Simmons”; Patrick lo miró con algo de recelo, pero no pudo por menos que simpatizar también con el joven italiano, que parecía un poco superado por la situación. Bebiendo de la excelente bodega de Robert, también compartieron las diversas experiencias aparentemente inexplicables que habían tenido en su vida; eso les unió aún más, y generó un incipiente sentimiento de confianza. Patrick soltó por fin la lengua y les dio prácticamente toda la información sobre el submundo ocultista que había averiguado en los últimos días junto a Sigrid y Malcolm: les habló del grupo que llamaban “Nueva Inquisición”, del multimillonario negro que los financiaba y de Dan Simmons, el líder de otro grupo llamado “La Representación”, y que gustaba de llamarse a sí mismo “El Hombre Malo”. También les contó su experiencia en la subasta, las agitadas y violentas noches de su estancia en el hotel y finalmente del artefacto explosivo, detonado cuando alguien acusó a los gestores de estar subastando falsificaciones. Todos se miraron con inquietud ante las nuevas revelaciones.

En un momento dado, sonó la alarma de la mansión, y todos dieron un brinco, sobresaltados. El personal de seguridad se encargó de la “amenaza”; no era más que un vagabundo que se había colado saltando el muro; parecía gritar amenazante, pero no alcanzaron a oírlo. Según palabras de Robert, desde hacía un par de semanas había pasado ya varias veces, no se explicaba por qué. Este hecho contribuyó a aumentar la sensación de inquietud del grupo.

Mientras los vigilantes expulsaban al intruso, Derek recibía una llamada al móvil: era su mujer. Su padre y su hermana habían aparecido sanos y salvos, sin recordar nada de lo que les había sucedido los últimos dos días. Fue un alivio, pero también una fuente de extrañeza, porque no comprendían quién podía haberse tomado la molestia de secuestrarlos para luego dejarlos libres sin motivo aparente. Felicitando a Derek, dieron por terminada la reunión, intercambiando tarjetas y números de móvil y emplazándose para otro encuentro en breve.

De vuelta a casa, Tomaso contactó con su primo, el padre Dominic. Con el espíritu inquieto por la información proporcionada por el resto del grupo, el joven le pidió consejo. Contra lo que Tomaso había pensado, Dominic se mostró sinceramente intrigado por todo aquello, y para mayor sorpresa, le dijo a su primo que quizá pudiera ponerlo en contacto con alguien que seguramente conocería el sórdido mundo del que le había hablado. Besándose en las mejillas al más puro estilo italiano, se despidieron.

Patrick pasó la noche con Helen, que le reprochó el que no la hubiera llamado en días, y más cuando parecía evidente que había sufrido un accidente de algún tipo. Quitándole importancia al asunto, Patrick pasó por fin una noche tranquilo y en compañía. La mañana siguiente, el profesor de filosofía revisó el correo por primera vez en varios días. Entre las cartas, había una que le llamó la atención: llevaba el remitente de AIFC (American Initiatives For Children), y en ella le explicaban que el trámite de adopción de Guadalupe “Lupita” Hernández debía ser interrumpido por “circunstancias ajenas a nuestra voluntad”. Más adelante le explicaban que la aldea de Lupita había sufrido el ataque de un grupo paramilitar (¿narcos?) y había desaparecido. El corazón de Patrick sufrió un vuelco. En un momento de lucidez se dio cuenta de que la dirección remitente de AIFC coincidía con la del bufete de abogados Weiss, Crane & Assocs. Qué casualidad. Una investigación más a fondo en la hemeroteca le reveló más cosas: AIFC estaba gestionada por Weiss, pero era propiedad ni más ni menos que de ¡Robert McMurdock! Ni corto ni perezoso, se plantó en la mansión de éste, que accedió a ayudarle gustoso. Robert encargó a Michael que averiguara todo lo que pudiera sobre el asunto; al parecer, la información sobre el ataque era verídica, y muchos de los menores de la aldea, si no todos, habían desaparecido; además, parecía que había habido varios ataques de la misma índole.

Patrick no pudo dejar de fijarse en el extraño nerviosismo de Michael, y transmitió sus dudas a Robert sobre si podían fiarse de él. Robert afirmó rotundamente, y acto seguido encargó a su mano derecha que investigara junto a “Josh” (uno de los contables) los libros de contabilidad de AIFC, pues hasta entonces ni siquiera había sabido que esa ONG era suya, cosa que le irritó.

Mientras Michael investigaba las cuentas, Robert reunió de nuevo al grupo al completo, para seguir con la conversación e interesarse por el estado de todos. Derek hizo una proposición interesante: para averiguar más sobre todo lo que habían hablado en su anterior reunión, un posible curso de acción era viajar a Inglaterra en busca de un antiguo conocido suyo, Sir Ian Stokehall, un hombre muy sabio que parecía conocer secretos más allá del alcance de la gente “normal”.

Unas horas después, Michael hacía acto de aparición, asegurando que la información contable de AIFC parecía estar en perfecto orden. Patrick, excelente lector de las intenciones de la gente, seguía sospechando y no se fiaba de las palabras de Michael. Y transmitió sus sospechas a Robert, que esta vez decidió tener en cuenta. El propio Robert se reunió con Josh para revisar personalmente la contabilidad; al viejo chupatintas le costó demasiado encontrar un DVD que se suponía había acabado de revisar unos minutos antes, lo que contribuyó a aumentar la suspicacia de su jefe. Tras varias revisiones aleatorias, la contabilidad sin duda estaba en orden, pero el experto ojo de Robert no dejó escapar el hecho de que aquellas cuentas no pertenecían a AIFC, sino a alguna otra de las muchas ONGs de su propiedad. Prefirió no decir nada, y se llevó el DVD, dejando que Josh se marchara a su casa a descansar. Revisándolo más tarde con un gestor independiente, éste le advirtió de la presencia de un archivo encriptado en una remota carpeta del disco. Algo olía a podrido allí...

Entre tanto, Patrick, Tomaso y Derek se desplazaron al hotel Excelsior con la intención de colarse e investigar sobre los hechos previos a la explosión. El modelo italiano se dio cuenta al instante de que alguien los seguía, así que dio las vueltas que fueron necesarias hasta que estuvo convencido de haber despistado a quien quiera que fuera su perseguidor. Cuando llegaron al hotel, lo encontraron cerrado al público, algo lógico, porque sólo habían pasado cuatro días desde el evento. No les costó mucho burlar la seguridad e infiltrarse en el edificio. La policía lo había revisado todo ya, y en las habitaciones de los asistentes a la subasta no pudieron encontrar nada. En la planta donde había tenido lugar la subasta el espectáculo era dantesco; estaba todo destrozado, y se podían ver manchas de sangre y trozos de ropa por todas partes. Allí tuvieron más suerte: incrustado en una rejilla de ventilación encontraron un trozo del libro de registro de las pujas, del que obtuvieron algunos nombres y un trozo del membrete de los organizadores.


martes, 12 de abril de 2016

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 1 - Capítulo 35

Hacia el norte (VI). Torre del Sol

Continuaron avanzando a través del accidentado terreno, evitando en la medida de lo posible el camino. Atravesaron barrancos, bosquecillos y promontorios, hasta que establecieron el campamento al anochecer. No tardaron en avistar un grupo de luces, antorchas sin duda, no muy lejos de donde se encontraban, pero por suerte el tiempo les benefició y la ligera lluvia que había caído durante casi todo el día se convirtió en una poderosa tormenta. Eso borró cualquier posibilidad de que los encontraran, con lo que, aunque la noche fue húmeda y fría, también fue tranquila y pudieron descansar en una pequeña cueva.

Paladín de Vestän
El día siguiente no pudieron seguir moviéndose. La lluvia no perdió un ápice de intensidad e impidió cualquier tipo de movimiento por parte del grupo; la noche no fue mejor, y la mañana siguiente tampoco; pero a mediodía comenzaron a abrirse los primeros claros. Sin embargo, decidieron permanecer donde estaban un día más, pues el terreno estaba tan embarrado que el viaje se habría hecho durísimo.

Fue la siguiente jornada cuando definitivamente decidieron levantar el campamento y ponerse en marcha a través de las colinas que se erguían hacia el norte. El camino transcurrió sin sobresaltos, excepto por un par de malas caídas, en una de las cuales Yuria se torció una muñeca que le hizo llegar el brazo en cabestrillo durante un tiempo.

La siguiente mañana, Daradoth avistó una nube de polvo a lo lejos; haciendo uso de sus sentidos agudizados, pudo comprobar que pertenecían a un grupo bastante numeroso de caballos a buen paso, sin duda viajando por la calzada principal. Tras remontar varios cerros, llegaron de nuevo a la vista del camino, que había caracoleado hasta cruzarse de nuevo en su ruta. No tardaron en reconocer el rastro del nutrido grupo de jinetes que habían pasado hacía pocas horas por allí, de camino hacia el sur. Mientras el resto del grupo acampaba, Daradoth avanzó algunos kilómetros hacia el sur, para tratar de averiguar algo. Fue cuando volvía a reunirse con sus compañeros cuando se encontró de frente con un grupo de jinetes acompañados de infantes y perros procedente del norte; por suerte pudo evitarlos mientras pasaban por el camino hacia el sur.

Dado el volumen de buscadores que se habían movilizado para encontrarlos, decidieron volver a viajar de noche durante un tiempo. A las pocas horas pudieron avistar un campamento a la vera del camino, instalado en una granja y con varias hogueras que iluminaban los alrededores. Lucían estandartes con el emblema de Torre del Sol; no les quedó más remedio que volver atrás, viajar de día y volver a atravesar las colinas, campo a través. Durante tres jornadas caminaron así, librando arroyos, barrancos y accidentes varios. El tercer día, parte del grupo no pudo evitar despeñarse; Yuria volvió a hacerse daño en la mano lesionada, y Torgen y Gedastos tuvieron heridas más graves, con conmociones en la cabeza que les impidieron avanzar durante horas.

Más adelante, en una aldea que atravesaba el camino, pudieron ver un campamento de tamaño considerable que se alzaba controlando a los viajeros. Por la disposición y las idas y venidas de los soldados, se trataba sin duda de un campamento base que servía como centro a las patrullas de búsqueda que peinaban los alrededores en busca del grupo. Ante la imposibilidad de seguir campo a través, decidieron hacer uso de maquillaje y picaresca para superar el control. Maquillándose para que no los reconocieran y robando varios carros de comerciantes y campesinos consiguieron superar con mayor o menor facilidad el control de los soldados. Pero la mala suerte quiso que en el último carromato cargado con balas de heno en el que viajaban Yuria y Taheem viajara en realidad un polizón totalmente ajeno al grupo; cuando los guardias pincharon con sus lanzas a través de la paja y alguien se quejó con un agudo grito, la pareja se miró, decidiendo en una fracción de segundo lo que tenían que hacer: la ercestre y el vestalense saltaron del pescante y corrieron como alma que lleva el diablo; los guardias no acertaron a reaccionar con la suficiente rapidez y quedaron atrás.

Varios cientos de metros más adelante se reunieron con el resto del grupo, que se unió a ellos en su huida. Siguieron por el camino, pero si querían evitar ser capturados debían salir de él lo antes posible. Symeon encontró una senda difícil de percibir por la que salieron precipitadamente de la calzada. El sendero los llevaba a un pequeño valle por el que discurría un riachuelo; los primeros ladridos de perros se podían escuchar a lo lejos, aunque seguramente los despistarían unas horas todavía. Llegaba un momento en el que el riachuelo desaparecía en un macizo de zarzas, y no continuaba fluyendo más adelante: se introducía bajo tierra, bajo la colina que se alzaba ante ellos. Tras meditarlo unos minutos, decidieron intentar seguir el curso de agua subterránea, para tratar de despistar definitivamente a sus perseguidores. Con muchas dificultades provocadas por las zarzas, la oscuridad y el salto de agua que se transformaba en unos pequeños rápidos subterráneos, utilizaron las cuerdas para asegurar la zambullida. Una exploración previa de Yuria había revelado una gruta más allá de los rápidos, que se adentraba en las profundidades de la colina.

Haciendo uso del artefacto que los enanos habían fabricado para Yuria no tuvieron dicultades en secarse y preparar antorchas. Caminaron durante varias horas a través de diversas estancias, pasillos, recovecos y desniveles. Y resultó que tuvieron suerte, pues la ruta los conducía directamente hacia el norte, acercándolos de nuevo al camino; salieron al exterior por la falda de una colina que permitía ver la calzada y una aldea junto a ella. Dieron un rodeo evitando la aldea y se incorporaron de nuevo al camino principal.

Tras descansar y caminar unas cuantas horas más, por fin avistaron a lo lejos los destellos que revelaban la presencia de Torre del Sol. Contra todo pronóstico, el grupo no tuvo demasiados problemas para pasar desapercibido entre tierras de cultivo, granjas y aldeas, y adentrarse en el valle al que daba paso la enorme ciudadela.

Symeon decidió separarse temporalmente del grupo e infiltrarse en la ciudadela para intentar averiguar información de interés; en la posada donde estuvo bebiendo y contemporizando con los parroquianos, se quedó de piedra cuando entró a la estancia un vestalense ataviado con peto plateado y un gran alfanje, que despedía un aura de poder tangible: no tardó en averiguar, no sin inquietud, que se trataba de un paladín de Vestán. La gente no tardó en acercarse al guerrero sagrado, pidiendo sus bendiciones, besándole las manos y alabando la grandeza de Vestán. Symeon decidió no permanecer mucho más en la posada, incómodo ante la presencia de alguien así; tras averiguar también que el Badir se encontraba alojado en la fortaleza con sus prisioneros, partió en busca del resto del grupo.

Una vez reunidos, atravesaron el valle hasta el otro extremo, donde unas colinas suaves daban paso a la última etapa de su viaje dentro del Imperio: las Praderas de Emhebb, una enorme llanura que se extendía cientos de kilómetros en todas direcciones. Y así, comenzaron la que sería la etapa más tranquila de todo su viaje hacia el norte. Atravesando infinidad de granjas (pues las praderas eran un territorio óptimo de labranza) transcurrieron varios días. Las únicas incidencias reseñables durante esta etapa fueron dos: el segundo día, un grupo de jinetes acompañados de un clérigo al galope hacia el norte, y la noche del tercer día, al intentar Symeon encontrar rastros de los centauros en el Mundo Onírico se topó en cambio con uno de los Sabuesos Oscuros, al que por suerte pudo despistar a tiempo.

Al cabo de una semana de viaje llegaron a la vista de la Quebrada de Irpah. El terreno se iba haciendo más abrupto hasta llegar a las primeras estribaciones de la cordillera que rodeaba la Quebrada. Ésta se encontraba guardada, como ya sabían, por la fortaleza de Sar’Sajari y el muro que protegía el acceso desde el norte, que los vestalenses llamaban Evra’in’Doharr. Al grupo no le quedó más remedio que acampar a cubierto mientras ideaban algún plan para burlar la vigilancia de los vestalenses y adentrarse en la Quebrada; por suerte, los esfuerzos de la guarnición se dirigían hacia el norte y no hacia el sur, donde ellos se encontraban, con lo que no tuvieron grandes problemas para pasar desapercibidos. La tercera noche hizo acto de aparición un grupo bastante grande de jinetes, alumbrado con antorchas pero a todas luces cabalgando más velozmente de lo que les habrían permitido normalmente la tenue iluminación. Los jinetes iban encabezados por uno de los extraños clérigos pálidos, un extranjero, y por uno de los engendros del Mausoleo de Ra’Khameer que el Ra’Akarah había resucitado. Frente a éste, corrían dos sabuesos de tamaño extraordinario, tan grandes como ponys.

La fortaleza, el gran muro más allá y la torre más pequeña en el otro extremo de la quebrada suponían un obstáculo impresionante para el grupo, y desde luego no iba a ser fácil averiguar cómo superarlo...


 

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA


... 



domingo, 10 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Dramatis Personae

He aquí el reparto de Personajes Jugadores para la nueva temporada de El Día del Juicio.

Patrick Sullivan.
Doctor en filosofía, 35 años.
Intelectual despistado en busca de la Verdad, últimamente se ha visto envuelto en acontecimientos extraordinarios que le han hecho replantearse sus convicciones.







Sigrid Olafson.
Anticuaria, 47 años.
Ecologista y erudita habla varios idiomas. Perfeccionista y muy crítica, es atractiva aunque la traiciona un ligero aire de superioridad.






Robert McMurdock.
Ejecutivo y químico, 34 años.
Es uno de los mayores filántropos del noreste de los Estados Unidos, creador de varias ONGs y director ejecutivo de Chemicorp, una de las mayores empresas químicas del mundo.






Tomaso Belgrano.
Modelo y gourmet, 34 años.
El atractivo de Tomaso es innegable, hijo de inmigrantes italianos gusta siempre de ir vestido de forma elegante y guardar sus formas de caballero.






Derek Hansen.
Director de la CCSA en NY, 40 años.
Luchador incansable por los derechos sociales, Derek es un coleccionista compulsivo de mapas antiguos que odia la violencia y trata por todos los medios de solucionar los conflictos a su alrededor, con una fortuna fuera de lo común por lo general.

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 3

La Subasta (y III)

Por la mañana, Sigrid se dirigió a la cafetería a desayunar con Ramiro del Hierro, el hombre del que estaba separada -aún no divorciada-. El día anterior habían intercambiado opiniones sobre la subasta y la anticuaria noruega estaba interesada en la opinión de su ex marido. La conversación pronto derivó a misterios esotéricos, de los que Ramiro era un gran aficionado.


No había transcurrido mucho tiempo cuando Sigrid se dio cuenta de que la guapísima mujer que había pasado la noche con Patrick se encontraba sentada en la barra, mirándolos y escuchándolos con todo el descaro del mundo. Al cruzar la mirada, la mujer se acercó y se autoinvitó a la mesa de la pareja. Se presentó como Dulce da Silva, anticuaria portuguesa. Al parecer, ella también había hecho alguna clase de pacto con Dan Simmons, y les explicó que se le llamaba "el hombre malo" por una buena razón; sin embargo, se mostró críptica sobre esto. También mencionó a Patrick, del que dijo que tenía "mucho potencial esotérico", significara eso lo que quiera que significara.

Una vez que la mujer acabó su copa se marchó sin ceremonias. La conversación había revelado a Sigrid cosas muy interesantes. Ramiro, preocupado por la seguridad de su ex mujer (a la que todavía amaba) y de los amigos de ésta, decidió sincerarse: afirmó que hacía poco se había convertido en "Bibliomante", capaz de percibir y manejar de forma limitada el poder oculto en los libros. Podía acceder al significado de las cosas, a la verdadera realidad. Sigrid no salía de su asombro. Al parecer, había todo un submundo que era capaz de canalizar distintas clases de poder para conseguir realizar algo parecido a "hechizos" o "sortilegios". El problema es que se necesitaban actos, objetos u alguna otra cosa con el significado suficiente para el aporte de la energía necesaria. En su caso, los libros muy antiguos y/o importantes eran los que le proveían del significado necesario para poder generar lo que él llamaba "cargas". Las "cargas" eran cuantos de poder, necesarios para la relización de efectos "alteradores de la realidad". Que Ramiro supiera, al menos había dos tipos distintos de "magos" (odiaba esa palabra), aunque le constaba que debían de existir muchos más: los Bibliomantes, como él, y los Cliomantes, cuyo poder procedía de lugares con significado histórico. Atendiendo a su intensidad, las cargas podían ser más o menos poderosas. Alguien con una carga realmente poderosa podría alterar la misma estructura de la realidad. Éstas eran las que proporcionaban el verdadero poder.


También reveló que tanto Paul Van Dorn como Emil Jacobsen eran Bibliomantes, y muy poderosos. Y ambos querían conseguir el libro llamado "De Occultis Spherae" a toda costa.


Sigrid tenía miles de preguntas que hacer, pero Ramiro siguió contando a su ritmo: para adentrarse en los caminos de los adeptos había que perder la cordura, perder el foco de la realidad. Él se perdió, y se obsesionó, y por eso su relación con Sigrid se deterioró tanto. Pero la guía de Emil lo sacó del agujero y le permitió aprender a manejar su nueva situación. Tras poner en orden sus pensamientos y sus opiniones, Sigrid le relató a Ramiro el extraño sueño de Patrick que hizo que el grupo llegara a reunirse. Ramiro, sombrío, expresó su opinión: el tal Patrick debía de tener un gran poder latente. Y que no deberían contar a nadie sus sueños, porque sin duda se encontrarían con gente que querría dominar al profesor y usarlo en su propio beneficio. Y la primera candidata, desde luego, parecía ser la mujer portuguesa.


Durante la comida, Sigrid relató a sus compañeros toda la conversación con Ramiro, y cómo parecía que se habían metido de lleno en medio de un conflicto ocultista de grandes proporciones.

Y llegó el segundo día de la subasta. Se pujó fuerte por varios objetos, cuya valoración siguió sorprendiendo a Sigrid, pues ella los tasaba por precios mucho más bajos.

  • Un yelmo griego alcanzó un precio altísimo, tras pujar por él Dan Simmons, Freddy y James Hamilton.
  • La katana de Miyamoto Musashi comenzó la subasta en 600.000$. Pujaron por ella los japoneses Shugo Nakato y Shiro Takeda, Dan Simmons y una tal Jennifer Zaraya, una mujer que habían conocido en la fiesta y que iba acompañada de dos hombres, Alex y Turner, que como más tarde se enterarían, formaban el grupo llamado Arcadia 3. Finalmente, Jennifer consiguió la katana por 4.100.000$. Dan Simmons tenía todo el rato una sonrisa en la boca, parecía estar divirtiéndose mucho.
  • Un ankh dorado, reliquia faraónica del siglo VII a.C. también fue adquirido por Arcadia 3.
  • El manuscrito Voynich. Por él pujó mucha gente, pero sobre todo Joan Dos Santos, Lisa Gander, Dan Simmons y Martín del Pozo. Este último fue quien se lo quedó, por una suma astronómica.
  • El mapa de Platón, que presuntamente mostraba el camino a la Atlántida. En su primera puja, Dulce da Silva lo adquirió por varios millones de dólares, aplastando todas las otras ofertas.
Durante la subasta del mapa de Platón sucedio algo muy extraño. Un frío intenso recorrió la sala y todo pareció ir mucho más lento. Jonas Merter, otro interesado en el mapa, increpó a Dulce da Silva gritando: "¡¡Quítamelo de encima, zorra!!". Dante Dimaio, un cura al que los personajes también habían conocido el día anterior, se levantó, mirando hacia todos lados. Jonas Merter siguió gritando, desesperado, ante los ojos horrorizados de la mayoría y la sonrisa de Dan Simmons. Finalmente, sacó una pistola y disparó a Dulce; la bala pasó rozando el rostro de la belleza lusitana. Dos tipos de la primera fila se giraron y dispararon a Jonas. Como daban a entender sus pinganillos, eran guardias de seguridad, o quizá guardaespaldas de alguno de los presentes; acto seguido, cogieron al inconsciente Jonas y se lo llevaron de la sala. Malcolm, que se había situado ante Sigrid para protegerla, de repente sintió como si algo le impactara en el estómago, y sintió fuertes náuseas. Ivanov miraba alrededor, sorprendido, y Marc Archer también parecía sorprendido por lo que ocurría.

Poco rato después, reunidos con Ramiro, éste les contó que ciertos efectos mágicos producían fenómenos antinaturales como frío intenso o variación de la percepción del tiempo. Es posible que ese frío fuera lo que Patrick sintió en el vestíbulo del hotel la primera vez que entraron.

Por la noche, las pesadillas de Patrick volvieron con toda su intensidad. Se despertó al oír un grito en el pasillo. Hacía un frío cortante a pesar de la climatización de las habitaciones. Malcolm y Sigrid despertaron también en sus habitaciones. Era Ramiro el que gritaba en el pasillo. Sigrid se asomó rápidamente y pudo ver a Ramiro contra una pared con todo el brazo derretido y gritando de puro dolor. Enfrente se encontraba Dan Simmons, lanzando a un tío contra la puerta sin esfuerzo aparente. Detrás de Simmons salía uno de sus hombres con un cuchillo. Delante, tenían a otro hombre y a una mujer de unos cincuenta años y por el otro lado del pasillo venían otros tres. La mujer, que llevaba una pistola, disparó contra Dan; ¡¡¡y éste no hizo otra cosa que reír!!! En ese momento Malcolm abrió la puerta y el hombre de Simmons empezó a correr hacia los que tenía enfrente. La mujer, tirando la pistola, empezó a gritar y un rictus de ira desatada le deformó el rostro. Mientras intentaba gesticular, el secuaz de Simmons se rajó un brazo con el cuchillo y tocó a la mujer con la mano. Al instante, ésta se llevó las manos a la cara y cayó al suelo entre gritos de dolor mientras Malcolm descargaba su cargador sobre ella. Por el otro lado tres hombres vestidos de negro se acercaban. Uno de ellos, africano, miró a Sigrid con los ojos inyectados en sangre mientras otro buscaba algo en su bolsillo. Sigrid cerró la puerta y empezó a escuchar disparos. Patrick pudo ver a un hombre con una uzi humeante y a Dan Simmons chorreando sangre, antes de cerrar la puerta. Malcolm gritó ¡alto! al tipo, pero éste no hizo ningún caso, así que disparó contra el más cercano, el tipo con la mano en el bolsillo. Le dio en la pierna y se derrumbó en el suelo, cayéndosele una caja del bolsillo. Al ver esto, el africano gritó y se abalanzó sobre Malcolm, mientras el compañero de la mujer sacaba a su vez una pistola. Dan Simmons pasó como una exhalación ante Malcolm y destrozó al de la uzi con un fuerte golpe. El hombre del cuchillo volvió a herirse en el brazo y se abalanzó contra el africano; pero éste se revolvió, lo cogió del cuello, y el secuaz de Malcolm empezó a gritar y a deformarse horriblemente. Malcolm recibió un disparo en el antebrazo izquierdo y se desmayó.
A los pocos momentos se hizo el silencio por fin, y Patrick y Sigrid se asomaron. Había varios cuerpos tirados por el suelo. La mujer de la pistola llamaba especialmente la atención porque ya no parecía tener rostro, sino que tenía una película de piel cubriéndole toda la cara. Otro hombre tenía los huesos crecidos de forma antinatural. Dan Simmons cogió en brazos a Malcolm y se dirigieron rápidamente a la enfermería. Al pasar delante del negro vieron que tenía varios disparos en la espalda. "Alguien nos ha ayudado, pero no sé quién"-dijo Simmons. También llevaron a Ramiro a cuestas a la enfermería, su brazo parecía estar totalmente inútil. Según él, el negro debía de ser uno de los que los ocultistas llamaban "labracarnes'", que obtenían su poder al automutilarse.

Más tarde haría su aparición la policía, pero se limitaron a tomar nota y a tomar declaración a los testigos. Sorprendentemente, no se interesaron por los cuerpos deformados, que llevaron a la morgue sin hacer más preguntas. Algo olía claramente a podrido en todo aquello. El grupo decidió dormir en la misma habitación haciendo guardias, para más seguridad.

Y así llegó el tercer día de subasta, con Malcolm y Ramiro llevando sus brazos en sendos cabestrillos.Tras reunirse un rato, volvieron a la subasta, que tenía sesión matinal. En la sala habían sido añadidas ciertas cámaras de vídeo y sensores que el día anterior no estaban y que pasaban desapercibidos, camuflados en objetos. Pero la experiencia de Malcolm en tales materias era extensa, y no tardó en identificarlos.

Los objetos más importantes ese día fueron:
  • El codex Seraphinianus. En palabras de Ramiro, ese libro era una joya para los ocultistas. Pujaron algunos conocidos de Sigrid, John Legard, Angel y amir, Frederic Turan, y un invitado nuevo, Simeón Bar Yohai, un anciano que ya habían visto a ratos solitario en la cafetería. Turan resultó vencedor de la puja.
  • El diario secreto de Helena Blavatsky. La puja estuvo entre Dulce, el Hombre Malo, Marc Tolens y Paul van Dorn. Dulce lo consiguió; parecía que la mujer tenía un flujo de ingresos ilimitado.
  • La Caja del Toc-Toc. Ivanov ofreció 500.000$, se le notaba realmente interesado. Uno de los pujadores miró a otro de forma extraña, tras lo cual, Ivanov y el segundo pujador quedaron atontados y no siguieron pujando. John Legard fue el ganador.
Finalmente, apareció el objeto estrella: De Occultis Spherae. Tenía 333 páginas. Comenzada la puja, Paul van Dorn se levantó y comenzó a gritar que ese libro no le parecía auténtico en absoluto, que quería los nombres de los peritos. La sala se llenó de rumores y Paul se reafirmó: "Ese libro no es auténtico, no sé por qué me están haciendo perder el tiempo de esta manera. Yo he visto el auténtico, y desde luego, ése no es". Se armó un gran revuelo y se oyeron dos disparos. Malcolm y Patrick vieron a unas personas vestidas de negro salir subrepticiamente de la sala: James Sawyer, Muler Tilak y la mujer, los de la Nueva Inquisición. Mientras, un individuo de la sala se arrancó un piercing y empezó a sangrar; al tocar al hombre de su lado, pareció "arrancarle" la cara. Estalló una trifulca. El caos cundió hasta que el atril donde se encontraba el libro cayó al suelo y se hizo pedazos. Del atril cayó algo metálico con una luz intermitente roja... Y de repente, una gran explosión los hundió a todos en las tinieblas.

*****

Sigrid abrió los ojos. Se encontraba en una camilla al lado de una ambulancia. A ella se acercó una enfermera, que le preguntó si se encontraba bien. Al responderle que creía que sí, la enfermera mudó la expresión amable de su rostro en otra de absoluta seriedad:

  —Pues entonces ya sabes... —se llevó el dedo índice a los labios— sssssshhh....

Un médico hizo lo mismo con Patrick cuando despertó. ¿Dónde demonios se habían metido? ¿Quién era esa gente?



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sábado, 9 de abril de 2016

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 1 - Capítulo 2

La Subasta (II)

Las invitaciones que había conseguido Sigrid les permitieron ser admitidos en el Hotel Excelsior sin ningún problema, en habitaciones separadas.Tras dejar las maletas dieron una vuelta por el vestíbulo y la cafetería del hotel. Sigrid y Malcolm ingresaron en la cafetería VIP mientras Patrick se quedó en el vestíbulo.

Sorprendentemente -o no tanto-, Sigrid se encontró en la cafetería con Ramiro del Hierro (su ex marido, también tratante de antigüedades y diletante) y se lo presentó a Mal. Ramiro se encontraba allí en representación de Emil Jacobsen (de Londres). El nombre no era desconocido en absoluto para Sigrid: ella también había trabajado representando a este importante anticuario/comerciante en diferentes transacciones. En el pub estaba también Paul van Dorn, archi-rival de Emil Jacobsen, con un hombre de nariz aguileña y perilla que desconocido para Sigrid. Era extraño que Van Dorn acudiera en persona a la subasta, rara vez lo hacía. No obstante, ambos (Paul van Dorn y Emil Jacobsen) parecían tener bastante interés en los objetos subastados.

Patrick conoció a Daniel Simmons, al parecer el cabecilla de una organización llamada "la Representación", y a su ayudante Juan, que en un momento dado lo sacó del cerco que distraídamente habían preparado en la sala unos matones con chupas de cuero, tatuajes y mala pinta. También conoció a un tal Dante DiMaio, que era italiano y parecía devoto cristiano. Algo le abultaba claramente en el pantalón (¿una pistola?). De repente Patrick sintió un escalofrío y Dante echó mano a su presunta arma. Miró seriamente a su alrededor, y Sullivan pudo ver que algunos de los presentes en la sala se comportaban de forma similar a Dante y se miraban extrañados entre sí. Algo raro había pasado, indetectable para la mayoría de los asistentes.

Otros asistentes interesantes eran Jack "Lovejoy" Lambert (un erudito británico), Angel y Amir (hermanos gemelos afroamericanos que destilaban sensualidad), Marc Archer (tartamudo viejo conocido de Sigrid), Alexei Ivanov (anticuario ucraniano que buscaba la caja "toc toc" y venía en representación de "alguien desconocido"), Shiro Takeda (del cual se decía que había hecho un pacto con el diablo porque los años no pasaban por él y porque siempre conseguía los objetos que deseaba), Dan McNichols (niño rico apasionado de los objetos antiguos), Sarah Geller y Audrey Chang.

Patrick entabló conversación con una mujer guapísima, que le sedujo al instante. Tenía acento portugués y más tarde averiguaría su nombre: Dulce da Silva. Tuvieron una breve charla sobre asuntos esotéricos, y Patrick averiguó, o más bien recordó, que fue el filósofo griego Platón el primero que mencionó la Atlántida. Dulce cortó la conversación tajantemente -nunca había tenido intención de mantenerla, la verdad-, advirtiendo a Patric que no se interesase tanto por lo oculto, que aún estaba a tiempo de evitar trabar contacto con ese submundo. A continuación se marchó sin más.

También charlaron con Marc Archer, el anticuario tartamudo. Al principio conversaron amistosamente, pero Marc expresó vehementemente su desprecio por la gente que tenía fe en lo oculto. Ofendido, Patrick perdió los nervios y se puso a gritar y a discutir acaloradamente con Marc. A los pocos momentos aparecieron los guardias de seguridad del hotel y les invitaron a abandonar la cafeteria. Marc se retiró a hablar con Sigrid y sus compañeros anticuarios en una mesa, mientras murmuraba que el tipo de las greñas y la barba estaba loco. Patrick se acodó en la barra del bar para relajarse con la bebida, y allí volvió a encontrarse con Dulce. Volvieron a charlar y esta vez Patrick se sinceró más y le contó parte de sus sueños; ella le preguntó muy seria si había tenido tratos con demonios últimamente, lo que Patrick negó, aturdido y sin dar crédito a sus oídos.

Desde la mesa, Malcom Y Sigrid pudieron ver cómo la hermosa y misteriosa mujer portuguesa cogía de la mano a Patrick y ambos se marchaban juntos. Se dirigieron a la habitación de Dulce. Al parecer Pat le había caído simpático. Ella se desnudó y sólo se dejó encima un colgante. Le hizo el amor como una pantera y al llegar al clímax, Patrick sintió como si le arrebatasen una parte de vida, una sensación no del todo placentera.

Por la noche el grupo acudió a la fiesta que se celebraba en la Sala Royal.

Nada más entrar los abordó Jane Sawyer, una mujer de 40 y pocos, mediana edad, bien vestida, con clase, que los había estado observando desde que ingresaron en el hotel. Les habló de una organización a la que ella pertenecía. Al parecer, sus miembros pretendían que la reencarnación del mundo fuera lo mejor posible. También les dijo que eran los encargados de mantener el equilibrio, de que nadie tuviera demasiado poder como para desequilibrar la balanza. Más tarde averiguarían que la organización de la que hablaba, y a la que pertenecía, se denominaba la Nueva Inquisición y que la controlaba un tal Alex Abel.

A los pocos minutos también los abordó un tal Louis Lamar, insistiendo en que se pensaran si querían entrar a formar parte de la Nueva Inquisición. El grupo no entendía tanta insistencia ni qué intenciones había detrás de que su interés. En la fiesta pudieron intercambiar impresiones con otros miembros de esa organización: Duncan Arcen, Muresh Tilak (superatractivo, hindú), y Huong Yin Suan (una joven vietnamita). Decidieron reunirse con ellos en la terraza para hablar de la proposición de unirse a su organización. Allí les explicaron que se dedicaban a controlar cierta parte del mundo que se escondía a los ojos de los demás. Perseguían a aquellos que comercializaban con niños, que practicaban sacrificios, etc. Los únicos requisitos al ingresar en sus filas era el secreto de todas sus actividades y la obediencia fiel a su líder, Alex Abel.

De nuevo en la fiesta, Duncan Arcen, abogado de profesión y aficionado a las antigüedades y a la historia, le dijo a Sigrid que estaría interesado en ver su biblioteca y que él mismo poseía una rica en ejemplares de leyendas antiguas. Le dio una tarjeta a Sigrid. En la tarjeta aparecía la dirección de Weiss, Crane & Associates. Más tarde, Malcom mencionaría la conexión de su pasado a Weiss, Crane & Assocs. revelando la desconfianza que le despertaban -y su odio visceral hacia ellos-. Sigrid le dijo a su vez que había hablado con un tal Duncan, que al parecer trabaja para el bufete.

Casualidad o no, el grupo habló después con Ramiro, que les dijo que Emil le había prevenido contra una nueva organización llamada Nueva Inquisición que quería cambiar el mundo. Dijo también que al parecer estaban utilizando la subasta como centro de reclutamiento, y que se habían acercado a él para proponerle unirse a ellos. Durante la fiesta también pudieron ver cómo Jane Sawyer y el resto de miembros de la Nueva Inquisición conocidos arrinconaban a un hombre contra la pared y éste quedaba inconsciente aparentemente sin que nadie lo tocara.

¡Qué suene la música!
La fiesta continuó y Patrick, que había trabado buena relación con los gemelos Angel y Amir, se acercó a ellos para intentar sacar mas información. De súbito, al acercarse a los gemelos, vio toda la sala más bella, más luminosa, más brillante. La música sonaba maravillosamente, la fiesta le embriagaba. A los pocos momentos, Malcolm sintió lo mismo, y también se dejó llevar por el ambiente. Angel y Amir eran unos animadores casi sobrenaturales (o quizá no "casi"...). Ambos dejaron de tener control de sus cuerpos hasta que se hizo la hora de retirarse, agotados.

El robo
En mitad de la noche, de madrugada, Patrick y Malcolm se despertaron violentamente en sus camas, con un fuerte dolor de cabeza por la resaca. Sonaba ruido fuera. Entreabrieron las puertas de sus habitaciones y fuera vieron cómo un grupo de hombres con abrigos de cuero largo y unas mochilas estaban cogiendo el ascensor. Malcolm acudió rápidamente a la habitación de Sigrid para comprobar si se encontraba bien, y no tardó en reunirse con ellos Patrick. Sigrid preguntó a sus compañeros sobre los acontecimientos de la noche anterior. Los dos coincidieron en que algo muy raro había pasado en la fiesta, algo que les hizo desinhibirse completamente y perder el control.

Mientras Malcolm y Sigrid retomaban su sueño, Patrick, presa de su insomnio habitual, salió a pasear por el hotel. Al bajar vio a uno de los hombres con abrigo de cuero que salía por la salida de emergencia. Curioso, se acercó y se asomó, pero no vio nada. Al momento oyó unos pasos acercándose por detrás; al girarse vio a un tipo con el pelo largo y una uzi en la mano que le miraba tras unas gafas graduadas y le disparó dándole en la pierna. Tras derribarlo, se marchó precipitadamente. Más tarde, en la enfermería, se enterarían de que eran un grupo que había intentado robar los objetos de la cámara acorazada del hotel, pero la policía les aseguró que ya habían dado con ellos y se encontraban entre rejas.

El día siguiente a mediodía recibieron la visita de Jane Sawyer y Louis Lamar para ver si ya tenían una respuesta a su demanda de reclutamiento. Les contaron que se habían hecho cargo de la Cábala Rahjab, una organización de ocultistas que resultaron no ser otros que los gemelos Ángel y Amir. El descontrol de la fiesta de la noche anterior lo habían causado ellos, y no les había quedado más remedio que expulsarlos del hotel. Ante la reticencia del grupo, ampliaron el plazo de la respuesta hasta la medianoche.

La Subasta
Por la tarde comenzó la subasta, entrando en puja los objetos que a priori eran menos atractivos. Sigrid consiguió hacerse sin mucho esfuerzo con un pergamino con una historia rúnica por 2300$.

Respecto al resto de objetos: un jarrón de la dinastía Ming se subastó por unos 600.000$, mientras que Sigrid estimaba su valor real en unos 3.000$. Por él compitieron duramente un viejecillo que habían visto solitario en una mesa de la cafetería VIP y Dan Simmons. Por una Daga de los Borgia llena de joyas , Dan Simmons y Angel pujaron para comprarla por 100.000$, mientras que estimaban su valor en, como máximo, 6.000$. Había algo allí que se les escapaba, y con toda la descabellada información que habían averiguado en los últimos dos días, no les extrañaba.

Por la noche, el trío se reunió con los miembros de la Nueva Inquisición. La respuesta a su propuesta fue afirmativa. Accedieron a unirse a sus filas. Y les dejaron claro que de la Nueva Inquisición sólo se podía salir "con los pies por delante".

Esa noche Patrick soñó con un hombre de color que tenía cuerdas en su mano y lo manejaba a él como un títere, lo que sembró dudas respecto a la decisión que habían tomado.

Ataque a Dan Simmons
Se despertaron sobresaltados al oír lo que parecían disparos en el pasillo. Al abrir ligeramente la puerta, vieron el inmenso cuerpo de Dan Simmons. Dos hombres le estaban disparando. Sin aparentemente preocuparse por los disparos, cogió a uno y lo arrojó como un pelele contra la pared. Al otro lo lanzó con un fuerte golpe al final del pasillo y acabó con la espalda rota. A este último lo reconocieron: se trataba de Huong Yin Suan (la chica vietnamita de la Nueva Inquisición). Algunas puertas de habitaciones contiguas estaban abiertas y sus huéspedes muertos. Pudieron oír cómo Dan Simmons comentaba algo como: "no esperaba que fueran tan agresivos..."

Al poco rato recibieron la llamada de Jane Sawyer para directamente preguntarles si se veían capaces de matar a Daniel Simmons: "parece ser que ha habido problemas por ahí, y su nombre es Dan Simmons. Es un elemento muy peligroso, más de lo que esperábamos. Ahora pertenecéis a la Nueva Inquisición, intentad encargaros de él". Viendo lo que habían visto, los PJs contestaron que no se veían capaces de encargarse de él. Era demasiado fuerte. A partir de ahí, la noche sería bastante movida.

El mendigo nuevamente
De madrugada, se produjo un escándalo en la calle. Desde una ventana del hotel Malcolm vio al mendigo con el que había hablado días atrás discutiendo con el agente de seguridad de la puerta del hotel: "Sois unos hijos de puta ¿Crees que no sé lo que le hicisteis a Cindy? Ese hijo de puta de Abel, eso que ha montado en el hotel, el cabronazo se la ha jugado bien."

Malcolm bajó rápidamente, mientras el mendigo todavía maldecía. Rápidamente se lo llevó lejos del hotel, a un bar cercano. Tras beber algo, la reacción del mendigo fue inicialmente negativa: "Esto va a acabar muy mal. Eres secuaz de Abel, ese puto negrata... putos nazis, no les gusta algo y enseguida lo liquidan con sus labracarnes". Tras unos cuantos gritos, empezó a sincerarse; dijo que posiblemente había sido un labracarnes el que había matado a su hija. Abel había matado a su "Cindy", su querida Cindy. Tras tranquilizar al mendigo, Malcolm volvió al hotel. A las pocas horas, el guarda que había intentado echar al mendigo apareció muerto. Tenía multitud de cuchillos clavados por todo el cuerpo aleatoriamente, y en la frente tenía clavada la navaja que Malcolm ya había visto usar al mendigo en una ocasión anterior.

El trato con Dan Simmons
Poco después, también de madrugada, hablaron con Simmons, que les confió que le apodaban con el sobrenombre de el Hombre Malo, pero que el mote no tenía una explicación obvia, sino que era una larga historia. Les ofreció protección a cambio de deberle un favor. Tambión dijo que si aún no habían firmado nada con la Nueva Inquisición era posible que aún no estuviera todo perdido.

Sobre las 4 de la mañana llamaron a la habitacion. Era Juan Martínez, que venía de parte de Daniel Simmons. Traía un papel con un contrato escrito para que el grupo lo firmara ¡usando su sangre como tinta!. Tras mucho hablarlo y pensarlo, decidieron firmar. A cambio, simplemente "le deberían un favor". Interesados por esta forma de hacer las cosas, Juan les explicó que desde que estaba con Simmons llevaba ya unos 2.000 contratos firmados...