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La Santa Trinidad

La Santa Trinidad fue una campaña de rol jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia entre los años 2000 y 2012. Este libro reúne en 514 páginas pseudonoveladas los resúmenes de las trepidantes sesiones de juego de las dos últimas temporadas.

Los Seabreeze
Una campaña de CdHyF


"Los Seabreeze" es la crónica de la campaña de rol del mismo nombre jugada en el Club de Rol Thalarion de Valencia. Reúne en 176 páginas pseudonoveladas los avatares de la Casa Seabreeze, situada en una pequeña isla del Mar de las Tormentas y destinada a la consecución de grandes logros.

miércoles, 4 de julio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 40

En Busca de Derek (II)
El día siguiente, Sigrid y Robert se reunían con Judith Steiner en una cafetería del centro comercial donde la israelí los había citado. Esta no se sentó en la misma mesa que ellos, sino en una cercana, de espaldas. Cualquier precaución era poca, afirmaba, aunque creía que había esquivado cualquier tipo de vigilancia de la que fuera objeto. Era evidente que Robert estaba tenso con la situación, padecía a todas luces por Judith. La mujer les contó que se encontraba trabajando en un proyecto de gran entidad para una empresa rusa con sede en Polonia llamada Vitaria Inc. Como ya sospechaban y más tarde averiguarían, Vitaria era una empresa con multitud de vínculos con UNSUP; su central estaba en Moscú, y su negocio principal era la fabricación de armas, aunque su negocio se había diversificado a labores logísticas y producción farmacéutica y bioquímica. Judith trabajaba bajo varias empresas intermediarias que ponían en contacto a BioGenser con el centro de investigación de Vitaria en Krakovia. Según les contó, estaba investigando en el efecto de ciertos compuestos sobre la vida útil de células hipermetabolizadas. Y lo que era mucho más importante, Judith les aseguró que podía afirmar que en la sede de Krakovia la empresa rusa había recibido un par de envíos de una "nueva sustancia" y que se trataba sin duda de la sustancia que Georg Lazárev proporcionaba a Robert. Este se sorprendió al oir aquella revelación, pues no tenía ni idea de que Judith conociera la existencia de aquel elemento, pero le reafirmó aún más en su confianza hacia la israelí.

Judith Steiner
Cuando Robert ofreció su ayuda a Judith para sacarla de allí, esta lo rechazó con amabilidad; al fin y al cabo, allí tenía una buena vida aunque sospechara de estar trabajando en un asunto turbio. Ella también les ofreció su ayuda y les pidió que si era posible la mantuvieran informada. Con palabras dubitativas por parte de Robert, se despidieron de la bioquímica y comenzaron a organizar su próximo movimiento.

Una investigación un poco más a fondo sobre la empresa rusa reveló algo que llamó la atención de Sally y Tomaso: Vitaria había adquirido hacía aproximadamente un lustro un sanatorio mental en Krasnoyarsk, en la Rusia central. Discutieron cuál debería ser su próximo movimiento, con las opciones de Krakovia, Moscú o la propia Krasnoyarsk, y finalmente decidieron trasladarse a Polonia.

Mediante los contactos de Tomaso y de Robert consiguieron averiguar que el hombre con el que deberían entrevistarse para hacer "tratos" con Vitaria no era su director general ni su gerente, sino el propio embajador de Rusia en Polonia, Vitali Shevchenko. Evidentemente, el embajador no se iba a manchar las manos, así que el contacto debería ser el subdirector de la embajada, Nikita Mikhailov. Ellos eran los que realmente controlaban el centro de Vitaria en Krakovia.

A pesar de los muchos intentos de Robert por contactar con Mikhailov, le fue imposible hacerlo por multitud de imprevistos, así que afrontaron el contacto de otra manera: por lo que habían podido averiguar, Vitali Shevchenko era un fanático de las antigüedades sumerias, así que Sigrid se puso manos a la obra. Afortunadamente, en su almacén de Madrid tenía unos cuantos objetos sumerios entre los que se contaba una tablilla bastante valiosa. María la envió a través de la empresa de distribución de John Tradtford, y en menos de 24 horas ya obraba en poder de Sigrid.

A las pocas horas de poner la tablilla a la venta en el entorno de Varsovia, el embajador mordió el anzuelo y Sigrid recibió la llamada de una tal Ingrid Ivánova, que, aunque reticente a dar el nombre de su representado, se hizo evidente que llamaba en nombre de Vitali Shevchenko.

A las pocas horas se reunían con Ingrid en una biblioteca pública Sigrid, Esther, Patrick y Tomaso. Se trataba de una muchacha joven con ascendencia rusa y sueca, y se mostró bastante intimidada por el número y aspecto de sus interlocutores; ella, aparentemente, acudió sola. Tras evaluar la tablilla tendida por Tomaso, la joven lanzó una oferta de veinticinco mil dólares; pero Sigrid la rechazó, alegando que la dejarían gratis si conseguían reunirse con el subdirector o el embajador (dando a entender que era por asuntos de negocios que incluían la compra de armas). Ingrid los miró intrigada, y contestó afirmativamente, pero alegando que su comisión era de cinco mil dólares. Por supuesto, se los pagaron; con una sonrisa, la muchacha se despidió prometiendo llamarles en cuanto consiguiera algo y mantener el contacto con Sigrid.

El día siguiente, la anticuaria recibía una llamada citándolos en un hotel de las afueras con el subdirector de la embajada, el señor Mikhailov. Causalmente, la cadena de hoteles donde los habían citado pertenecía al conglomerado de UNSUP, pero queriendo pensar que solo se trataba de una casualidad, decidieron acudir. En una de las suites del último piso, bajo una fuerte pero discreta vigilancia, les esperaba sentado a una mesa el subdirector Nikita Mikhailov acompañado del jefe de producción de Vitaria-Krakovia, Ilya Yurkov.

Tras disimular unos minutos y mostrar interés por comprar armas para un pequeño ejército privado que operaría en África, enseguida sacaron a colación la posibilidad de hacerse con una "nueva sustancia de la que habían oído hablar". El subdirector se incorporó en su asiento, mirándolos con suspicacia. Se interesó sobremanera por la fuente que les había hablado sobre aquella sustancia, pero en realidad no insistió demasiado antes de consultar con Yurkov y, tras vencer las lógicas dudas gracias a la elocuencia de Patrick, llegar a un acuerdo con el grupo. Podrían proporcionarles (fuera de los circuitos habituales, por supuesto) unos cinco gramos de la sustancia rojiza (suficiente para unas cien dosis de Polvo de Dios) a cambio de dos millones de dólares. Yurkov insistió en que se trataba de un secreto de estado y que le parecía un precio demasiado pequeño, pero Mikhailov lo silenció con un gesto.

Tras discutir en el baño la decisión a tomar, el grupo decidió que aceptarían la oferta pero pondrían la excusa de que necesitarían unos días para reunir el dinero necesario. Eso les daría cierto margen de maniobra y la posibilidad de escapar si el negocio se torcía. Además, a los dos millones del komerievo había que sumar también el millón y medio de dólares que Robert había encargado como tapadera para su verdadero interés. Con un apretón de manos y la promesa de volver a verse, se despidieron de los rusos.

Por supuesto, les sería imposible reunir tal cantidad de dinero ahora que sus cuentas estaban bloqueadas, así que decidieron adoptar una solución drástica: después una vigilancia intensiva durante un par de días, consiguieron tender una emboscada a Ilya Yurkov mientras se desplazaba en su vehículo. Y no se andaron con remilgos; Yurkov fue interrogado sin piedad y castigado por Tomaso. Y por fin, después de varias horas de resistencia, el jefe de producción de Vitaria les reveló que "la Sustancia C" había empezado a llegar tras conseguir los servicios de un ruso desconocido para él, y que aunque los envíos hacia Krakovia se hacían desde la ciudad de Krasnoyarsk, él sabía de buena tinta que el polvo rojizo procedía de algún punto cercano a un lago en la región de Tunguska, donde en 1908 había sucedido un evento inexplicable.

Entre tanto, Derek vivía una y otra vida, y su trauma del Yo se acentuaba de tal manera que ya no era capaz de distinguir quién era realmente...

jueves, 14 de junio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 39

En Busca de Derek
Antes de recurrir al viaje a Canadá, decidieron investigar todo lo posible en Burdeos y haciendo uso de los contactos de Tomaso, que les proporcionaron un par de placas de policía y un cerrajero, pudieron entrar al apartamento de Pierre Nicholas.

En el interior del apartamento todas las luces estaban encendidas, incluso sin haber nadie en casa. Había muy pocos muebles y pocas sombras en general. Después de una búsqueda muy larga, consiguieron encontrar una llave en el forro del fondo del único sillón del salón; pasarían las siguientes horas investigando qué podía abrir aquella llave.

Mientras tanto, aprovecharon para entrevistarse con los propietarios de los despachos anexos al despacho del profesor Nicholas, pero estos no pudieron proporcionar ninguna información relevante. Pierre Lesnes ofreció por su parte una alternativa: sus poderes le podrían permitir soñar con una posible solución al problema de Derek. El único problema era que necesitaría tres días para poder obtener la carga necesaria para poder llevar a cabo el ritual. Eso daría algo más de tiempo al grupo para poder investigar.

Patrick avisó a la CCSA de la desaparición de Derek, y Sigrid informó a Anne Rush.

Cuando un cerrajero les informó de que la llave que habían encontrado en el apartamento del profesor era sin duda de una caja de caudales, volvieron allí. Y efectivamente, después de otra larga búsqueda, encontraron la susodicha caja en el doble fondo de un armario empotrado. En el interior de la caja había sobre todo fotos. Fotos del profesor en Canadá junto al doctor Abornaz Hawk y otra gente en actitudes dispares, y fotos del monolito que el grupo ya conocía bien; las fotos del monolito estaban en su mayoría borrosas o desenfocadas. Se les pusieron los pelos de punta cuando se dieron cuenta de algo: en una de las fotos donde Nicholas aparecía con Abornaz y otros tres nativos americanos, un pequeño punto negro empezó a expandirse. Nunca lo vieron cambiar, pero entre un vistazo y otro de la foto, el punto cada vez parecía ser un poco más grande y formar una especie de sombra humanoide que se acercaba hacia el primer plano, hacia el profesor Nicholas.

Patrick decidió llamar al hijo de Abornaz para que intentara hablar con él, le mencionara las fotos e intentara sonsacarle alguna pista sobre lo que estaba ocurriendo. El día siguiente, el doctor Hawk hijo les llamó para decirles que efectivamente había hablado con su padre, y que este solamente había dicho cosas sin sentido; pero había hablado por primera vez en mucho tiempo y que entre otras cosas había dicho algo así como: "están buscando a Pierre", "deben impedir que vaya a buscarla", "ya no está con nosotros" o "nunca debió haber salido de su vida".

En la caja fuerte también encontraron varios manuscritos escritos en francés, que Sigrid y Esther tuvieron que estudiar con Pierre. Tras leer un montón de cosas que no parecían tener sentido y que eran bastante inconexas, al fin comprendieron: parecían recuerdos de distintas vidas, pero casi con seguridad vividas por la misma persona: Pierre Nicholas. Según decía en uno de los manuscritos, debía escribir todo aquello para evitar olvidarlo, como inevitablemente iba a pasar.

También encontraron una carta de Abornaz, en la que informaba a Pierre que "las protecciones no eran tan efectivas como habían pensado", pero que "afortunadamente reducían la entropía".

La última cosa que encontraron en la caja fue un pequeño tetraedro negro algo irregular. Cuando Tomaso lo cogió, cayó inconsciente inmediatamente. Afortunadamente, el temor por su vida fue fugaz porque enseguida se dieron cuenta de que respiraba con normalidad y su corazón seguía latiendo. Patrick guardó con extremo cuidado la piedra en una caja, sospechando que su verdadero origen era análogo al del monolito de Quebec.

Tras varios días y una vez recuperado Tomaso, los pelos de Patrick se erizaron cuando se dio cuenta de que en una de las fotos del monolito que previamente habían estado borrosas, se había empezado a formar un rostro a base de manchas en la imagen; todos coincidieron en que la faz que se estaba dibujando era la de Derek, pero envejecida por unos años. Se miraron preocupados.

Finalmente, Pierre Lesnes hizo uso de sus capacidades de Magia Posmoderna para inspirar su sueño. Por la mañana pudo relatar al grupo lo que recordaba: un vikingo rojo, Patrick sosteniendo el tetraedro y al grupo al completo en la mansión. El vikingo rojo era sin duda una referencia al Polvo de Dios (ya que Robert lo utilizaba en sus distribuciones; por otro lado, qué casualidad que se correspondiera con el líder de los vikingos que habían llegado a Canadá), y el resto de visiones eran bastante evidentes, más de lo que Pierre habría creído posibles.

Las revelaciones del oniromante lo cambiaban todo. Si rescatar a Derek requería hacer uso del Polvo de Dios, lo que necesitarían es restaurar el suministro de komerievo que Robert recibía desde Rusia. Y siguiendo las indicaciones del empresario, lo primero que deberían hacer era viajar a Tel Aviv para contactar con Judith Steiner, la única persona que Robert conocía que podría darles alguna información sobre Georg Lazarev. Por la forma en que Robert hablaba de Judith, no pudieron evitar notar que sentía algo por ella.

Informaron de todo a Anne Rush y esta no pudo por menos que darles el visto bueno para el viaje, y además les financiaría la mitad de todo. Hablaron también con Dulce (que llamó a Patrick al no poderse hacer con Derek) sobre la desaparición del director de la CCSA y la necesidad que tenían de ayudarle, y la portuguesa, mostrándose preocupada, preguntó si podría ayudar en algo; Patrick respondió negativamente, y ella se ofreció a estar disponible si la necesitaban en algún momento... parecía sincera... ¿o no? Con Dulce era siempre difícil estar seguro. También informaron a Christine, la encargada de la CCSA en ausencia de Derek, esta vez con un poco más de detalle sobre dónde podrían encontrarlos.

El viaje a Tel Aviv fue rápido y sin incidencias, y una vez allí lo primero que hicieron fue seguir discretamente a Judith durante un día entero para asegurarse de que nadie la seguía o los esperaba a ellos. Lo que realmente preocupó al grupo fue que Judith resultó ser bioquímica y que trabajaba en un laboratorio llamado BioGenser. Y el laboratorio era propiedad de una empresa llamada Innovative Projekte, participada por un holding franco-ruso-alemán-polaco-israelí controlado por UNSUP. Este descubrimiento los llenó de dudas respecto a la israelí, por lo que decidieron ser extremadamente cuidadosos. La siguieron a su trabajo, a su domicilio y a varios sitios más hasta que finalmente, decidieron abordarle en un centro comercial. Patrick consiguió distraer al hombre que la acompañaba (presuntamente su pareja), y Robert se encontró con ella. No le dio tiempo a decir demasiado, porque Judith miró disimuladamente a su alrededor y enseguida le advirtió que no era seguro que hablaran allí; se intercambiaron los números de teléfono discretamente y a los pocos minutos, Judith le pasaba un punto de encuentro en un centro comercial del centro de Tel Aviv.

Mientras tanto, Derek continuaba viviendo, acumulando recuerdos y cayendo cada vez más en el trauma de la pérdida...


viernes, 1 de junio de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 38

Pierre Nicholas. Derek desaparecido.
Patrick y sus compañeros revelaron de manera detallada toda la información que habían conseguido sobre los Nacidos Relevantes y el Círculo Neosuabo en Villatrinidad. El antiguo profesor también relató emotivamente su relación con una de las niñas secuestradas, lo que hizo que su audiencia empatizara al instante con él. Todos los presentes rebulleron e intercambiaron miradas a medida que el grupo iba revelando información tan detallada como las coordenadas geográficas donde deberían buscar a los Relevantes. Anne Rush no pudo por menos que felicitarlos y volver a insistir en lo valiosos que serían para los Hijos de St. Germain.

Poco tiempo después, el grupo se reunía con Anne y con el "comité de Operaciones" para decidir las acciones a realizar. Su entrada en la cábala se había producido sin duda por la puerta grande, y se podían detectar miradas apreciativas hacia ellos en todos los presentes. Tras decidir dar preferencia a las coordenadas en Asia, los Hijos contactaron con sus hermanos orientales para poner en marcha la operación. En la reunión conocieron al americano John Tradtford y su aparente secretaria, Andrea, que se encargaban de suministrar a los Hijos de St. Germain en Europa; les hizo memorizar un número de teléfono donde podrían pedir ayuda en cualquier punto de Europa, y les recomendó que si se encontraban en algún momento fuera del continente, buscaran una agencia de FedEx con el símbolo de una flor de Lys en la puerta o en la placa.

El grupo pasó la siguiente semana bastante ocupado siendo iniciado en diversos rituales y adiestrado en la detección de los signos que delataran a los Avatares y Dioserrantes.

Transcurrida la semana, los Hijos, bajo la dirección de Anne Rush y la ayuda del grupo, realizaron un ritual para intentar localizar a Lupita, la ahijada de Patrick. El ritual tuvo aparentemente un éxito absoluto, y consiguieron un lugar exacto en las afueras de Florianápolis, una ciudad al noreste de Brasil. Casualmente, AIFC resultó tener una delegación en aquella ciudad, así como varias empresas relacionadas con UNSUP y WFC.

Decidieron que acudirían a Brasil después de reunirse con Dulce da Silva en Lisboa, y convencieron a Anne de que la portuguesa seguramente tenía información que les sería de gran utilidad, así que les dio el beneplácito para seguir aquel curso de acción acompañados de Pierre Lesnes, el oniromante.

Antes de viajar a Lisboa decidieron realizar una pequeña parada en Burdeos para visitar al profesor Pierre Nicholas, el antiguo compañero del doctor Abornath Hawk, que había estudiado a la tribu de los Abenaki en Canadá. No tardaron en localizar su despacho en la Universidad, y aún menos en percibir su estado de extrema suspicacia rayando en la paranoia. Aunque al principio se resistió a dejarles pasar, finalmente Patrick, Sigrid y Derek pudieron acceder a su despacho (mencionando que venían de hablar con los Hawk) mientras Tomaso y los demás esperaban fuera; lo primero que les llamó la atención fue la cantidad de lámparas que iluminaban cada rincón de la estancia y lo rápido que Pierre pasó el pestillo de nuevo para cerrar la puerta.

Durante la conversación que siguió, Nicholas no cesó de mirar alrededor, mencionando las "sombras" y que ellas eran la razón por la que tenía todas aquellas lámparas. En su momento, allá en Canadá, las sombras habían matado a todo el mundo y Abornath no había querido verlo. Su propia esposa murió a manos de ellas. De los "Guardianes", tal como dijo Sigrid. Y Pierre Nicholas recordó algo. Se estremeció, y una corriente de aire gélido hizo temblar a todos los presentes, apagando un par de lámparas. Varios libros empezaron a caer de las estanterías, como si alguien los fuera empujando desde el otro lado (algo imposible, pues estaban contra la pared). Nicholas comenzó a sollozar y a decir cosas inconsistentes: "¡los guardianes éramos nosotros!", "vimos un Universo", y sobre todo, "¡Vivimos mil vidas! ¿No comprendéis? ¡Vivimos MIL VIDAS!". Era como una letanía, y en un momento dado comenzó a gritar. La sala ya estaba prácticamente a oscuras, y aunque sigrid intentó abrir las persianas, no lo consiguió. La anticuaria notó que algo la tocaba en la espalda, pero al girarse no vio nada; Patrick sintió un momento de ahogo y un escalofrío, y Pierre Nicholas cayó al suelo chillando y temblando. Derek reaccionó rápido; llamó a pleno pulmón a Tomaso y este reventó la puerta; entre los dos sacaron a todos de allí, tanto al profesor como a Sigrid y Patrick, que debido a los escalofríos habían caído al suelo inconscientes.

Mientras el resto del grupo atendía a Sigrid y a Patrick, Derek ayudó al profesor Nicholas a caminar fuera del edificio, donde brillaba un sol radiante. El francés caminaba renqueante con el brazo sostenido sobre los hombros del americano, pero aun así consiguieron llegar enseguida a la puerta, que atravesaron. Y Derek miró alrededor, sin comprender. Hacía un momento, desde el interior del edificio, había visto el sol de otoño en el exterior, y sin embargo ahora hacía frío y no había ni rastro de sol. La luna brillaba en lo alto, presidiendo la noche estrellada. La puerta del edificio del que había salido estaba cerrada, y no solo eso, la universidad entera parecía en ruinas. Pierre pareció calmarse un poco, al menos, pero enseguida vio algo a lo lejos y echó a correr, instando a Derek a hacer lo mismo. El paisaje alrededor era dantesco, y a lo lejos podía verse una sombra amenazadora que se acercaba. Derek corrió tras el profesor, recorriendo el campus destrozado y sorprendiéndose de ver cadáveres aquí y acullá. Mirase donde mirase había cadáveres, prácticamente ya sin carne sobre los huesos. Salieron del campus, y pudieron escapar de un par de sombras más hasta que finalmente se refugiaron en un pequeño cobertizo. Pasaron un buen rato allí recuperando el aliento hasta que escucharon un ruido cerca; se pusieron en guardia, pero el origen del ruido resultó ser una joven vestida de oscuro que les hizo gestos para que callaran y se tranquilizaran; les indicó que les siguiera y les llevó hasta un complejo subterráneo donde los humanos parecían haber organizado una especie de resistencia contra las sombras que habían aparecido varios años atrás. Pasaron los días, las semanas y los años, y Derek terminó enamorándose de la muchacha y casándose con ella; tuvieron dos hijos preciosos y vivieron lo mejor que pudieron hasta que Derek y su mujer cayeron víctimas de una emboscada de las sombras veinte años más tarde; murieron abrazados.

Por la noche, Derek se encontraba de nuevo en la puerta de la universidad ayudando a Pierre Lesnes. ¿Toda aquella vida no había sido real? Las lágrimas afloraron a sus ojos, sintiendo que le habían arrancado una parte de su ser. En esta ocasión, ayudó a Pierre a llegar a la carretera fuera del campus, y sonó un disparo. La cabeza de Pierre reventó como un melón; Derek echó a correr hasta llegar a una solitaria granja. Pasaron las semanas, los meses y los años, y el americano siguió solo, sobreviviendo a base de verduras cultivadas por él mismo y echando a los extraños subhumanos que intentaban robarle. Murió solo una noche de verano.

Y de nuevo volvía a estar en la puerta de la universidad con Pierre Nicholas. Su Yo empezó a resentirse por tan brutal experiencia.

*****

Mientras tanto, Tomaso y los demás habían notado ya la ausencia de Derek y Pierre, y habían estado buscándolos durante varios días, sin éxito. Tras hablar con varios testigos de la desaparición, comenzaron a pensar en una explicación sobrenatural para ella, y finalmente cayeron en la cuenta de la letanía de las "mil vidas" que había mencionado el profesor Nicholas. Patrick propuso ir a ver al doctor Hawk a Canadá como única alternativa que se le ocurría para encontrar a Derek.






jueves, 17 de mayo de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 10

Acuerdos. Las Espadas.
Lady Ilaith también manifestó su deseo de que Symeon se quedara en Tarkal como guardián del Mundo Onírico de la ciudad.

A continuación tuvo lugar una nueva acalorada conversación del grupo en su totalidad. Daradoth expresó su desacuerdo en aceptar las ofertas de Ilaith, pero el resto del grupo no vio otra opción y decidió aceptarlas. Poco después se reunían de nuevo con la princesa en palacio para mostrar su aquiescencia. Symeon puso algunas condiciones sobre acuerdo de libertad de movimientos y tras llegar a un acuerdo, la princesa concedió un puesto en su consejo al errante y a Yuria. A esta última, como habían acordado, la convirtió en la co-comandante de sus ejércitos e ingeniera jefe.

Esa misma noche, tras la aceptación de la mayoría del grupo, un sirviente pidió a Daradoth que le acompañara hasta los jardines de palacio, donde le esperaba lady Ilaith. La princesa lo saludó, educada. Ilaith se interesó por los motivos por los que se encontraba fuera de Doranna y que le habían llevado hasta allí en unas circunstancias tan peculiares. Daradoth reveló su condición de exiliado en una búsqueda forzosa, y su ambición de volver para hacerse con el mando cuando demostrara la escasa capacidad como gobernante del Alto Rey Lord Natarin. Ante las palabras del elfo, la princesa rebulló interesada, y después de algunos circunloquios y medias palabras abordó el tema directamente asegurando a Daradoth que ella quería ayudarlo; así que le preguntó qué necesitaba. El elfo le contestó que si realmente quería prestarle su ayuda, solamente podría hacerlo si llegara a ser la reina de toda Aredia, pues solo con ese poder podría someter a Doranna. Tras pensarlo unos instantes, Ilaith le respondió con los ojos brillantes, conminándole a ayudarla a convertirse en la reina de toda Aredia para después conseguir su objetivo de derrocar a Natarin. Acto seguido, ofreció a Daradoth un puesto en su consejo que el elfo rechazo, pues no quería presentarse a sí mismo como sometido a una gobernante humana; así que acordaron una ayuda mutua tácita, sin títulos de por medio; Daradoth sería presentado como un "noble aliado elfo".

Una vez acordados los términos de su colaboración, Ilaith expresó su deseo de que Daradoth la acompañara un mes después a la Asamblea de los Príncipes Comerciantes en Eskatha para cumplir sus planes de hacerse con el mando de la Confederación. La princesa se mostró tan convencida de que Daradoth vería la conveniencia de colaborar con ella, que le reveló sus planes: en breve establecería una alianza con dos de los principados más poderosos, e invadiría en corto plazo otros dos principados limítrofes; estos principados, entre algunos otros, estaban comerciando con un metal nuevo descubierto en unas remotas islas en el lejano oeste, metal que tenía propiedades extraordinarias para repeler los efectos mágicos. Daradoth pensó al instante en el colgante de Yuria, pues la descripción coincidía hasta cierto punto con el material del que estaba construido. Lo peor no era eso, sino que Ilaith decía tener constancia de que esos principados estaban comerciando con el Cónclave del Dragón, traficando con una cantidad considerable del extraño metal. Este hecho acabó de convencer a Daradoth, que asintió solemnemente aceptando la petición de la princesa. Esta también le pidió que transmitiera a Galad el mismo requerimiento para acompañarla a Eskatha; el elfo lo haría pocos minutos después, no sin antes revelar a Ilaith la existencia de la Kothmorui, la Daga Negra de los kaloriones encontrada en el Kaikar y la disputa entre el rey y la reina de Esthalia. La princesa le prometió encargarse de aquello tan pronto como fuera posible.

El día siguiente, Galad, Daradoth, Taheem y Faewald se trasladaron a la residencia de tropas dentro del segundo bastión, y el resto del grupo era alojado en el ala oeste de palacio, la más lujosa. Poco después tenía lugar una ceremonia formal en la que la propia Ilaith puso los galones de mariscal en las mangas de Yuria entre los aplausos un poco tímidos de los asistentes. A continuación se organizó una fiesta para celebrar el nombramiento de Yuria, Symeon y Theodor, con el estado mayor del ejército al completo y muchas personalidades importantes del principado. Durante la fiesta también fue presentado Daradoth como nuevo aliado de Tarkal, y se le hizo entrega formalmente de una bellísima espada forjada con un nuevo metal, llamado Kuendar, y con varias runas enanas visibles en su hoja; Daradoth se inclinó, agradeciendo el presente y diciendo unas palabras para afirmar su colaboración con Ilaith.

Yuria pasó los siguientes tres días encerrada en sus aposentos aprehendiendo todos los detalles sobre el ejército de Tarkal, sus recursos, sus instalaciones y sus proyectos actuales. Tomó posesión de su cargo como ingeniera jefe y dejó que sus subordinados la guiaran, explicándole lo que hacían allí. Se cancelaron los desarrollos basados en secretos ercestres como parte del acuerdo con el grupo, y se arrojó a una celda a los científicos ercestres y al hijo del general Gerias, Alexandras.

Se destinó a una compañía de regulares y a los Alas Grises al refuerzo de la Región del Pacto, bajo el mando del general Theodor por sugerencia de Yuria. En poco más de cuarenta y ocho horas las dos compañías partían discretamente en ayuda de los paladines y los Leales del Pacto.

Muchos secretos fueron revelados a Yuria, entre ellos el descubrimiento de la Kregora (así llamaban al metal antimágico descubierto en las remotas islas) y de oro y nuevos metales en las minas de las Ádracen, además de los objetos mágicos desarrollados por los alquimistas enanos. Ilaith pidió a la ercestre el desarrollo de nuevas armas y de nuevas tácticas para sus ejércitos que pudieran incorporar a sus recursos especiales, como los paladines de Olara y los guerreros enanos (de los que poseía una compañía). La prioridad de Yuria sería desarrollar el ingenio volador que en Tarkal no habían podido reproducir para poder transportar tropas y suministros rápidamente a los campos de batalla o donde hicieran falta.

A requerimiento de Symeon, el día siguiente Ilaith los condujo a la cámara acorazada, una enorme estancia donde se podían ver riquezas sin parangón. Y en el centro, dos cajas cerradas. Cuando abrieron la primera, una luz dorada los alumbró: Églaras, la espada del Profeta. En el instante en que la caja se abrió, Galad comenzó a escuchar una música celestial, y quedó como hipnotizado. Sus compañeros pudieron sacarlo del trance y el paladín, sorprendido, no pudo sino preguntarles si eran capaces de oír los cánticos que sonaban; todos se miraron y nadie manifestó poder oírlos, así que era evidente que la espada debía de estar afectando a Galad de alguna forma. Este pidió permiso para empuñarla, y así lo hizo. Al tenerla en la mano, algo comenzó a increparlo en su mente: "¡Asciende! ¡Asciende! ¡Emmán te escucha! ¡Por fin alguien digno!". El poder pareció llenar todos sus vasos sanguíneos y henchir sus músculos de pura fuerza celestial. El resto del grupo dio un paso atrás cuando Galad comenzó a destellar con una luz dorada y unas alas luminosas comenzaron a desplegarse en su espalda. A los pocos segundos, el paladín se tambaleó, cayó inconsciente y dejó caer la espada.

No tardó en recuperarse más que unos pocos minutos, y una vez que lo hizo se abría la segunda caja. En ella se encontraba otra espada que brillaba con un resplandor verdemar y en el acto todos (excepto Yuria) rebulleron incómodos por la sensación de picor en su piel. Esta vez fue Symeon quien escuchó una voz, un quedo susurro que no alcanzaba a entender, pero estaba seguro de que era la espada quien trataba de comunicarse con él. El errante decidió acudir a la Casa de los Paladines de Olara y allí entró en el Mundo Onírico; se acercó hacia el palacio con la sensación de dolor de siempre, pero este desapareció de repente, así que aprovechó para acercarse hasta la representación onírica de la cámara acorazada; esta aparecía vacía excepto por una muchacha joven sentada en una austera silla; la piel de la joven era pálida como la leche, y su pelo y ojos de color verde azulado. Con voz suave, la muchacha pidió a Symeon que la ayudara a salir de allí, extendiendo hacia él sus manos, que el errante tocó levemente.

Tras salir del Mundo Onírico, Symeon pidió permiso a lady Ilaith para esgrimir la espada verdemar, a lo que esta se negó en principio por el peligro que suponía (ya habían muerto dos personas por accidente, y no quería perder un recurso tan valioso como Symeon). No obstante, las explicaciones del errante la convencieron y dio su permiso. Cerraron la puerta de la cámara, dejando solo en ella a Symeon. Empuñar la espada resultó ser mala idea, pues el infierno de dolor resultante casi acaba con la vida del errante [punto de destino].

A continuación, pasaron a trazar planes: Daradoth, Galad, Faewald y quizá Taheem partirían a Margen para hablar con Davinios y después reunirse con el marqués de Strawen para tratar el asunto de la Daga Negra. Symeon se quedaría en Tarkal y quizá partiría a la Gran Biblioteca de Doedia para investigar más sobre los artefactos. Yuria, por su parte, tendría que dedicar al menos dos semanas al desarrollo del ingenio volador.


viernes, 4 de mayo de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 9

Lady Ilaith. Una oferta tentadora.
El grupo mantuvo una reunión más o menos acalorada después de que Daradoth ofreciera solucionar aquel asunto por la vía rápida quitando de en medio a los científicos ercestres haciendo uso de sus habilidades arcanas. No todo el grupo estaba de acuerdo con aquello, por descontado, y el general Gerias, apoyado por Faewald, sugirió la posibilidad de una reunión con lady Ilaith una vez que  esta hubiera regresado de su viaje a las tierras del norte del principado. El general seguía siendo de la opinión de que una alianza con Ercestria sería una oferta que Ilaith dudaría en rechazar, mientras que la mayoría del resto del grupo albergaba serias dudas al respecto.


Lady Ilaith Meral

La discusión no acabó con ninguna decisión concreta, y al caer la noche, el grupo se reunió con maese Meravor, el dueño del circo con el que habían compartido tantas cosas en el Imperio Vestalense. La reunión tuvo lugar en una discreta taberna, donde Meravor abrazó a todos, alegrándose sinceramente de verlos vivos. Tras ponerse al día de sus distintas vivencias, pidieron consejo al dueño del circo sobre una posible reunión con lady Ilaith. Le explicaron todo lo que había pasado hacía unos meses y cómo ella les había instado a no cruzarse de nuevo en su camino. Meravor pensó durante unos segundos, y como ya había revelado a Symeon,  les contó que la princesa estaba realmente interesada en sus habilidades y tenían un trato bastante cercano; si él estaba presente, podrían estar tranquilos, porque lady Ilaith se mostraría más receptiva a todo lo que tuvieran que decirle. Esbozó una media sonrisa, dejando entrever que utilizaría sus especiales capacidades para beneficiarlos en todo lo posible. Galad y Yuria intercambiaron una mirada, visiblemente aliviados por las palabras de Meravor. Por otro lado, Symeon relató lo que la noche anterior había percibido en el Mundo Onírico: uno de los artefactos que lady Ilaith había traído desde vestalia, la espada verdemar, estaba actuando como una potentísima baliza en esa realidad que según él, no tardaría en atraer a las fuerzas de la Sombra hasta Tarkal, seguramente encabezadas por algún kalorion; si, como había dicho Meravor, este no sentía la necesidad de desplazarse a ningún otro sitio como sí la había sentido en Creä, quizá era porque sus capacidades iban a ser requeridas en breve en Tarkal, y aquello preocupaba al errante. Desde luego, de lo que estaba seguro era de que era extremadamente peligrosos mantener aquel objeto allí sin una protección adecuada en el Mundo Onírico.

Tras despedirse de Meravor y regresar a su posada, Symeon volvió a entrar en el Mundo Onírico, intrigado por el poder de aquella espada. Volvió a ver el resplandor verdoso que procedía del palacio y se acercó; millones de alfileres atravesaron cada poro de su piel, pero consiguió mantener la compostura y consiguió acercarse un poco más, hasta que sintió un pulso de dolor que recorrió todo su cuerpo y decidió salir de allí. Pero el errante era testarudo, y la noche siguiente lo volvería a intentar. Esa vez decidió (y consiguió) resistir un poco más, sintiendo el latido de dolor recorrer todo su cuerpo. Pero eso no era todo; por debajo del pulso, muy levemente, como un quedo lamento, pudo escuchar lo que parecía la voz de una mujer joven: "sacadme de aquí", decía. Pero en realidad no era un lamento, sino más bien una exigencia; cada palabra de la letanía parecía taladrar la mente de Symeon, que por un momento quedó aturdido "sacadme de aquí...sacadme de aquí... sacadme de aquí...". Y cada repetición, acompañada por un pulso de dolor que prometía sufrimiento infinito... Symeon tuvo que salir a la vigilia, bañado en sudor.

Durante aquellos dos días fue recurrente la discusión sobre la conveniencia de reunirse con Ilaith o en su lugar, acabar cuanto antes con los dos científicos. Daradoth abogaba por esta opción para continuar cuanto antes su viaje hacia el Pacto de los Seis y volver a la Región del Pacto con refuerzos, pero después de la conversación con Meravor, el resto del grupo se mostraba prácticamente convencido de que deberían reunirse con la princesa. Y finalmente, transcurridos los dos días, lady Ilaith volvió a Tarkal entre fanfarrias y vítores de la multitud. Parecía muy querida por su pueblo. La comitiva se componía de varios carruajes, orgullosos soldados y varios cetreros, y lo que más llamaba la atención: una media docena de juglares sermios. Algunos de ellos lucían un colgante en forma de arpa dorada. En deferencia a la multitud, comenzaron a cantar con estentóreas voces lo que debía de ser el himno de Tarkal, porque pronto fueron acompañados por centenares de personas en el canto, voces que sin embargo no eran capaces de apagar el torrente de sonido de las gargantas de los juglares; una escena realmente emocionante.

Transcurridas pocas horas, un guardia hacía acto de presencia portando una carta remitida por Meravor. En la carta les informaba de que lady Ilaith les recibiría en un acto lo más discreto posible el día siguiente en la séptima campanada de la tarde.

Una escolta armada acompañó al grupo hasta palacio. Cuando atravesaron el segundo bastión, accedieron a un inmenso complejo donde se veían multitud de grúas, cadenas y cabestrantes, operadas por humanos y enanos. El sonido de las forjas restallaba por doquier, además de otros sonidos más difícilmente identificables. Algunos capataces rugían órdenes en diversos idiomas.

El tercer bastión, un muro más bien estrecho pero excepcionalmente pulido (casi imposible de escalar con medios convencionales), daba acceso a una fortaleza de corte moderno, con ángulos rectos y basada en geometrías octogonales. Un senescal los recibió ante una puerta ornamentada de forma minimalista, y los anunció con voz profunda, dándoles acceso a la Sala del Trono. Como todo en Tarkal, la sala era bella pero contenida, sin caer en excesos. Meravor los recibió con una sonrisa y apretones de manos, y encabezó la comitiva ante el trono de lady Ilaith. Al menos tres docenas de personas se encontraban en la sala, y Meravor les aseguró entre susurros que realmente era una reunión discreta para lo que era habitual allí. Lady Ilaith se encontraba en su Trono, majestuosa como siempre; a su lado, dos de sus consejeros, un hombre y una mujer, y sus dos protectores: una de las paladines de Osara y  un hombre maduro, bajo y delgado, que lucía en la vaina de su espada la runa Falmor, lo que le identificaba como un Maestro de la Esgrima. Realmente lady Ilaith se estaba rodeando de una fuerza muy significativa. Otro hecho que llamó la atención de Yuria y Galad fue que en Tarkal se estaba intentando reproducir también el tipo de vestimenta del ejército ercestre; los guardias de élite presentes en la sala ya lucían las casacas de cuero propias de su tierra natal.

El recibimiento fue frío (incluso intimidatorio, pues Ilaith se puso de pie con gesto adusto cuando se acercaron a ella), pero mucho menos de lo esperado; se arrodillaron ante ella al modo ercestre, excepto Daradoth, que solamente se inclinó. La influencia de Meravor se hizo notar desde el primer momento, y sus palabras presentando al grupo como "unos viejos amigos que milagrosamente nos han encontrado de nuevo" suavizaron las facciones de la Princesa Comerciante, que descendió un par de escalones y les dio la bienvenida, diciendo alegrarse de que Osara los hubiera traído sanos y salvos hasta Tarkal después de la odisea vivida en vestalia. Odisea de la que pidió más detalles, y Yuria no dudó en dárselos. Le habló de su misión para acabar con el Ra'Akarah y cómo eso había hecho que hubiera tenido que rechazar su oferta; como sabía, el conflicto que rodeaba al mesías vestalense y sus seguidores iba más allá de los intereses físicos o políticos, y muy a su pesar aquella misión había prevalecido sobre todas las demás cosas, incluso sobre la tentadora oferta de Ilaith. También le explicaron la misión en la que se encontraban embarcados en ese momento, intentando conseguir refuerzos para la defensa de la Región del Pacto contra los invasores vestalenses. La Princesa les escuchó sin interrumpirlos, y atenta el largo tiempo que les llevó contra toda su historia; de vez en cuando les pedía más detalles, y ellos se los daban.

Cuando acabaron su exposición, lady Ilaith ordenó desalojar la sala a todos los presentes excepto a sus consejeros y sus protectores, e hizo que se dispusiera una gran mesa para cenar. Ella se sentó a la cabecera, y la conversación derivó a un tono más informal, pero igualmente importante. Satisfecho el apetito y la sed, Ilaith cambió de nuevo el tono y avisó que lo que hablaran allí no debería llegar a oídos indiscretos.

Primero enfocó la conversación en Galad, interesada en establecer una colaboración con el paladín, a la cual este no se opuso, siempre que no implicara entrar a su servicio y perder su libertad. Ilaith hizo un gesto y su consejera le alargó un papel con un lacre roto: una carta ya leída.

 —Como paladín de Emmán, me interesa vuestra opinión acerca de esta carta que recibí hace unos días; si tenéis a bien leerla, os lo agradecería sobremanera —la consejera pasó la carta a Galad.

La carta estaba escrita en Erceste, y lo primero que llamó la atención de Galad y casi le hizo dar un salto fue la firma: Davinios Oriasthos; ¿Qué querría su amigo de la infancia de lady Ilaith? La misiva se enviaba desde la ciudad de Margen, a donde Galad había sido convocado por su amigo; este mencionaba la oferta que Ilaith había hecho a los paladines de Emmán para trasladarse desde Emmolnir a Tarkal y que los hijos de Emmán habían rechazado. A continuación pasaba a ofrecer los servicios, o la colaboración y posible traslado de varias decenas de paladines que no estaban de acuerdo con las políticas y decisiones adoptadas por la jerarquía de Emmolnir. Galad se quedó pensativo unos instantes, sorprendido; la carta parecía genuina, desde luego, y así se lo hizo saber a Ilaith, recomendándole contactar con Davinios y conversar con él. La Princesa le miró fijamente, y al cabo de unos segundos sonrió e hizo un gesto de asentimiento; acto seguido, pidió a Galad el favor de ser él quien hablara con Davinios en su nombre portando una carta de su puño y letra, a lo que el paladín accedió gustoso.

Ilaith puso a continuación su atención en Yuria. Ofreció solucionar (al menos de momento) el problema de los refuerzos a la región del Pacto poniendo a disposición del grupo dos compañías enteras de su ejército; incluso mejoró la oferta ofreciendo una compañía de regulares y los mercenarios adastritas Alas Grises al completo. El grupo se miró entre sí, sorprendido y agradecido a la vez. No obstante, Ilaith no había terminado, y lanzó una oferta que dejó a todos con la boca abierta: quería que Yuria entrara a su servicio como mariscal y comandante en jefe de sus ejércitos, o al menos en principio como co-comandante, junto con el mariscal Rythen. Deseaba contar con su conocimientos de tácticas e ingeniería, no habían podido reproducir el dirigible del que le habló en vestalia, y según ella, así tendría un papel decisivo en la lucha entre Luz y Sombra que estaba a punto de entablarse. Yuria sintió que el corazón le daba un vuelco. El anhelo de su vida estaba a su alcance, tendría la oportunidad de demostrar a todos su verdadera valía; no podía rechazarlo, pero no quiso dar una respuesta afirmativa todavía, hasta pensarlo bien. Ilaith la miró muy seria, y le concedió hasta el día siguiente para pensarlo; pero sus palabras dejaban bien claro que no esperaba un "no" por respuesta esta vez. Ni tampoco Yuria quería dárselo, por otra parte. Por otra parte, la oferta de las dos compañías resolvería el asunto de la Región del Pacto de forma inmediata de momento, con lo que todos salían ganando. Además, Ilaith accedió también a la petición de Yuria de no revelar secretos ercestres y únicamente trabajar en diseños nuevos; se notaba que quería los servicios de la ercestre a toda costa.

Por último tomó la palabra el general Gerias. Expuso el problema de la compañía ercestre acampada en el segundo bastión encabezada por su hijo Alexandras, y la necesidad de que retornara o ejecutara a los dos científicos que había traído consigo. Además, exigía la cabeza de Alexandras en una pica por alta traición y la destrucción de cualesquiera documentos o diseños ercestres que le hubieran proporcionado.

Durante unos instantes, la tensión se hizo palpable, e Ilaith quedó seria y pensativa. Por un momento, temieron que fuera a arrestar al general y la situación se convirtiera en insostenible. Pero ese momento no llegó.

Para la enorme sorpresa de todos, y sobre todo del general, Ilaith aceptó sus peticiones. Y solamente puso una condición. Si tanto Yuria como el antiguo general entraban a su servicio (y cualquier otro miembro de su grupo sería bienvenido también), todo lo que pedía Theodor Gerias sería concedido (a excepción de ejecuciones sumarias, cosa mal vista en Tarkal). Por supuesto, respetaría la petición de no desvelar secretos ercestres y partir de cero con los diseños que Yuria pudiera crear. Gerias miró a Yuria de forma muy valorativa, intrigado por el interés de Ilaith en ella y temiendo haberse equivocado con ella en el pasado.

Se hizo un silencio valorativo, y Symeon tomó la palabra. Preguntó a Ilaith si creía estar realmente preparada para defender Tarkal contra la Sombra, relatándole el episodio de los dos kaloriones en la frontera de la Región del Pacto y cómo eran capaces de transportarse por medios "mágicos". Ilaith se consideraba preparada, pero afirmó que no tenía que ser ella sola la que luchara contra la Sombra, sino que el resto de naciones deberían aportar su granito de arena -miró ligeramente al general Gerias y a Galad-. Ante la pregunta de Symeon y la mención de los kaloriones, Meravor se creyó en la obligación de informar a Ilaith acerca de las confidencias que había compartido con él Symeon un par de días antes. Contó a la Princesa que el errante era capaz de entrar en el Mundo Onírico del que ya le había hablado alguna vez, y lo que había visto en él en relación a la Espada Verdemar y cómo podía ser un foco de atracción de la Sombra. Symeon, que hasta entonces había pasado totalmente desapercibido para Ilaith, ahora recibía toda su atención; la princesa sonrió, y por supuesto incluyó al errante en los tratos que se estaban estableciendo...



jueves, 12 de abril de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 8

La Confederación de Príncipes Comerciantes. Tarkal.
El grupo no tardó en llegar a Phazannâth y al balandro que ya conocían bien, el Raudo, partiendo sin dilación hacia el sur. Los primeros días la travesía fue tranquila, con el tiempo respetando el viaje del grupo. Los primeros problemas aparecieron cuando el capitán Yozâr condujo al Raudo a través del estrecho Dorol, el primero de los estrechos que separaban el continente de Aredia de la enorme isla Targos. Las corrientes en los estrechos eran fuertes y provocaban olas que hacían que muchos barcos poco preparados se estrellaran contra los arrecifes.

Tras algunas dificultades consiguieron atravesar el estrecho y entrar al Mar Abismal. El capitán les informó que la parte meridional del mar era muy peligrosa, donde monstruos y tormentas acechaban por igual. Así que navegaron sin perder de vista el continente, lo más al norte posible.

Poco antes de llegar al segundo estrecho, el estrecho Varol, avistaron la Región Varlagh, donde habitaban hombres y mujeres de piel oscura. Con ayuda de la lente de Yuria pudieron avistar un delta en la desembocadura de un ancho río, y lo que vieron les dejó helados: media docena de enormes dromones se encontraban atracados en el delta, sin estandartes visibles. El capitán Yozâr mostró su asombro ante tal hecho: era imposible que aquellos barcos fueran obra de los varlagh, debían de proceder de alguna otra región de Aredia. El grupo prefirió no tentar a la suerte, y aunque Yuria insistió en acercarse un poco más para ver qué podían averiguar, prefirieron alejarse rápidamente.


El estrecho Varol también supuso una dificultad añadida, pero la pericia de la tripulación unida a la calidad del barco permitió que no tuvieran mayores problemas y continuaran viaje sin más dilación.

El siguiente hecho relevante tuvo lugar cuando navegaban entre la isla Akkra y el continente. Cerca de la desembocadura del río Odaragh, en dos promontrios que formaban un estrecho, pudieron avistar dos torres en construcción. El capitán les informó de que aquello era nuevo para él, así que decidieron dar la vuelta y rodear la isla Akkra por el sur. Demasiado movimiento y sofisticación en aquellas aguas de gente presuntamente primitiva. Y aún no había acabado, porque cuando ya habían dejado atrás la isla Akkra, pudieron ver a través de la lente dos barcos hacia el norte, enormes, quizá incluso galeones, y totalmente negros, que todos prefirieron esquivar.

Mientras rodeaban el Brazo Sur de Aredia, dos puertos llamaron su atención, uno en las Junglas de Gerrivar y otro prácticamente en el extremo suroeste del continente. Estos sí que eran conocidos por varios miembros de la tripulación: enclaves de la Confederación de Príncipes Comerciantes, centros de abastecimiento y comercio.

 Pocos días después llegaban al espacio marítimo de la Confederación. El tráfico naval civil era intensísimo, sobre todo cuando entraron a través del primer control situado en un estrecho al mar Faistos y al Golfo de Eskatha. Dos controles más los detuvieron (el balandro era, al fin y al cabo, un barco de guerra) y tuvieron que recurrir a la picaresca: afirmaron que venían en misión oficial del Pacto de los Seis, y las cartas lacradas por el capitán Phâlzigar ayudaron a mantener la mascarada. Finalmente, después de registrar el barco en busca de mercancías ilegales, les permitieron el acceso a Eskatha (la capital de facto de la Confederación) y a remontar el Río Malvor. Eskatha les fascinó; en sus calles se podían ver gentes de toda raza y condición, y la mayoría de los edificios visibles tenían algún adorno dorado que convertía la ciudad en una visión inspiradora. Vieron iglesias, mezquitas, templos, y en general cualquier edificio sagrado de cualquier religión. Eskatha parecía una ciudad de libertad. La única nota chirriante fueron la cantidad de gente ataviada con ropas blancas sin adornos; a todas luces se trataba de esclavos; Galad, Daradoth y Symeon miraron con reprobación cómo se comportaban los ricos comerciantes con los de túnicas blancas.

Remontando ríos y canales, consiguieron llegar a un pequeño puerto al sur de Tarkal donde tuvieron que dejar atracado el Raudo, que quedaría vigilado por la tripulación. El grupo, el general Theodor y los hombres de confianza de este (excepto el adastrita Deir'a'Dekkan, que quedaría encargado de defender el barco) se encaminaron hacia el norte por uno de los muchos caminos que atravesaban el principado. Lo primero que les llamó la atención en el pueblo donde amarraron fue un bando clavado en el tablón correspondiente escrito en el idioma Demhano nativo, pero con multitud de palabras en ercestre. Todas las palabras de este idioma eran nombres de estructuras administrativas y cargos de la burocracia del Reino de Ercestria, y no les hizo falta mucho para deducir que lady Ilaith estaba de algún modo copiando las divisiones administrativas y los cuerpos de funcionarios y jueces de Ercestria.

Les llevó tres días llegar a la capital que se llamaba igual que el Principado, Tarkal. Lo primero que vieron a pocos kilómetros de la urbe fue un campamento militar con el estandarte de las Aves de Presa adastritas; habían corrido rumores durante los últimos años de que en Adastra había problemas y que incluso había estallado una guerra civil, y que una parte de las Aves de Presa se habían establecido como un cuerpo mercenario; parecía que los rumores tenían fundamento. Pudieron ver también un heraldo clavando otro bando en un tablón; el bando volvía a tener muchas palabras originales ercestres, e incluso el heraldo tenía la palabra "heraldo" bordada en ercestre. Todos los bandos se referían a la reestructuración de los cuerpos de seguridad y el establecimiento de un cuerpo de jueces para el que se convocaba a los candidatos a un examen.

Cerca de la capital se levantaban cuatro campamentos más de tropas. Uno de mercenarios y los otros tres de regulares, algo fuera de lo común en la Confederación, que siempre se había distinguido por un uso extensivo de las tropas a sueldo. Tarkal resultó ser una ciudad moderna y rica, con una gran colina que la dominaba y que se encontraba despejada en su mayor parte; sobre ella, la fortaleza de lady Ilaith se alzaba magnífica, rodeada de tres recios bastiones.

Tras alojarse en una posada al sur de la ciudad, se dedicaron a su reconocimiento. Una sonrisa acudió a sus rostros cuando vieron que el circo de Meravor se encontraba acampado en el interior del primer muro de la fortaleza de Ilaith. Mientras el resto descansaba, Symeon se acercó discretamente al circo (el primer bastión tenía las puertas abiertas, no así el segundo y el tercero) y pronto se encontaba abrazando a Serena, la joven muchacha errante que ya había conocido en el Imperio Vestalense. Serena le informó de que todos estaban bien y del largo viaje que habián hecho con lady Ilaith hasta Tarkal a través de Sermia. También aseguró que el grupo podía seguir contando con la ayuda de Meravor, si la deseaban. Pero lo que casi hace que los ojos de Symeon se salieran de sus órbitas fue que Serena le aseguró que lady Ilaith había conseguido de alguna forma (seguramente con sobornos) algunos de los artefactos que se guardaban en las cámaras más profundas de los Santuarios de Creä. El errante estuvo tentado de entrar él solo en la fortaleza en busca de los objetos, pero se contuvo y volvió con el grupo.

Mientras tanto, Theodor, Yuria y Daradoth habían estado hablando sobre su curso de acción. Según el general, lady Ilaith parecía admirar de alguna manera la organización y la estructura ercestre, y si eso era así, quizá podrían entrevistarse con ella y negociar ofreciendo una alianza con Ercestria. Galad, por su parte, volvió de realizar una ronda de reconocimiento por los campamentos militares de alrededor de la ciudad y se encontró con sorpresa con que una docena de enanos estaba bebiendo en la taberna de la posada. Curioso, se quedó a tomar una cerveza y trabó contacto con un desconocido, a todas luces comerciante, que resultó ser un vestalense lleno de prejuicios. No le gustaban los enanos, que llamó "engendros", ni los homosexuales, que en Tarkal estaban absolutamente tolerados, ni la gente de otras razas o las mujeres con poder; Galad se sintió tentado de clavar su puño en el rostro del hombre, pero prefirió despedirse con un gruñido.

Ya reunidos, Symeon y Galad compartieron con el resto del grupo un descubrimiento sorprendente que habían hecho. Cerca de la fortaleza de la colina, en una casa solariega, parecía encontrarse la Sede de los Paladines de Osara (en realidad otro nombre para la avatar Ammarië) , compuestos en casi cuatro quintas partes por mujeres. Todos se miraron; si aquello era verdad, lady Ilaith se estaba rodeando de gente realmente poderosa.

Por la noche, Daradoth y Galad se acercaron a la sede de los Paladines de Ammarië. La colina se encontraba iluminada por unas almenaras que brillaban en el segundo muro que protegía la fortaleza; para ambos fue evidente que aquellos fuegos brillantes no eran producto de una combustión natural, sino de la magia; Tarkal seguía siendo una caja de sorpresas; pero si lady Ilaith tenía enanos trabajando para ella, seguramente habrían creado artefactos escupefuego parecidos al que habían regalado a Yuria en vestalia. La sede de los paladines estaba protegida por un alto muro y tres vigías, así que decidieron no arriesgarse más.

Symeon intentó acercarse a la fortaleza a través del Mundo Onírico. No le costó entrar y localizar el palacio, pero en cuanto avanzó hacia él, este comenzó a adquirir un tono verdoso parecido al que casi había acabado con él en Rheynald. Los ligeros pinchazos que empezó a sentir por todo su cuerpo le convencieron de que no debía acercarse más, y salió a la vigilia.

El día siguiente, Galad y Yuria hicieron una ronda por los campamentos militares y se acercaron a la sede de los paladines. A los pocos minutos se encontraban con una de ellos que hablaba estigio y les ofreció pasar. El collar de Yuria palpitó cuando rechazó la influencia que la paladín parecía ejercer sobre ellos sin darse cuenta mientras les hablaba de la conveniencia de entrar al "culto a Osara" y cómo eso les salvaría en el más allá. Vieron también cómo se estaban entrenando varios centenares de nuevos reclutas que formarían el cuerpo de choque laico de la orden. Tras pasar una media hora hablando e inspeccionando el lugar, los paladines parecían ser unos fieles servidores de la Luz, no hubo ningún hecho que pareciera fuera de lugar.

Symeon, por su parte, volvió al circo para encontrarse con Meravor. Este se alegró mucho de ver al errante, y le dio un sincero abrazo. Tras ponerse al día de sus respectivas historias, Meravor compartió con Symeon su opinión sobre lady Ilaith; según sus palabras, le parecía una gobernante extremadamente capaz y a la que valía la pena seguir; hacía mucho tiempo que la gente del circo no había estado tan a gusto y a salvo. También confirmó la información que había transmitido Serena: Ilaith había conseguido "rescatar" dos artefactos de Creä: la Espada Alada (Églaras) y la Espada Verdemar (Nirintalath, la Espada del Dolor). Symeon se despidió, acordando previamente una reunión por la noche entre Meravor y el resto del grupo, y pensando sin cesar en los poderosos objetos que se encontraban en el interior de la fortaleza.

Por otro lado, Theodor pidió a Daradoth que se infiltrara de alguna manera en la fortaleza e intentara averiguar si los científicos ercestres y su propio hijo se encontraban allí. Le dio descripciones detalladas de los tres. El joven elfo utilizó sus extraordinarias habilidades sobrenaturales para infiltrarse esa misma noche en el segundo bastión, y allí vio cenando y departiendo con algunos soldados a uno de los científicos que le había descrito el general Gerias. Pocos minutos después, el ercestre acababa de cenar y se adentraba en el tercer bastión, al que Daradoth prefirió no aventurarse.


jueves, 29 de marzo de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 37

De nuevo en París. Jodorowsky.
Sobreponiéndose a sus dudas existenciales, Tomaso tomó la mano que le ofrecía Sally y juntos se dirigieron a reunirse con el resto del grupo. 

Laurent y Stephanie Favre
En la conversación que tuvo lugar en los siguientes minutos, discutieron sobre la información proporcionada por Laurent Favre y la conveniencia de aliarse con los Adeptos de Saint Germain sin perjudicar por ello sus opciones de acudir a Lisboa con Dulce da Silva. De todas maneras la situación de Sigrid, empeoraba por momentos y no podrían hacer nada hasta que llegaran a París Lebeau y Jodorowsky. De hecho, durante la conversación, la anticuaria sufrió una recaída y varias palabras Alter salieron de su boca, ante la sorpresa y el horror de todos los presentes; Esther se la llevó rápidamente para centrar de nuevo su atención en la lectura de sus libros, que tenía que leer cada vez en voz más alta.

Un exabrupto de Robert llamó después la atención de todos. Su rostro estaba descompuesto. Con un ligero hilillo de voz, preguntó si el resto del grupo podía acceder a sus cuentas. Todos se apresuraron a comprobar sus accesos, y para su frustración, todas las cuentas con un montante de dinero considerable habían sido bloqueadas. Robert se derrumbó presa de su peor pesadilla, que era saberse arruinado; en realidad las cuentas no habían sido requisadas o desviadas, solo bloqueadas, pero para él era más o menos lo mismo; tras sentir una debacle en su interior, se acercó a la ventana e intentó romper el cristal. Derek se encargó de reducirlo y tranquilizarlo; esa noche Patrick dormiría con Robert, ayudándolo a superar el episodio suicida entre tragos de whisky y ginebra y la embriaguez consiguiente. 

Cuando hicieron recuento de su capital disponible, este ascendía al exiguo montante de las cuentas de Patrick y Derek (la CCSA podría ayudarles, pero su capital era público), ciento veinte mil dólares que Sigrid había podido disponer y otros 11000 de Tomaso. A todas luces insuficiente para mantener su ritmo de desplazamientos y alojamientos de las últimas semanas, confiaron en que Anne Rush y los Hijos de St. Germain les ofrecieran algo de ayuda.

El día siguiente acudieron a la dirección que les había proporcionado Anne Rush. Se trataba de un edificio de oficinas en una especie de polígono abandonado en uno de los pueblos aledaños a París. Allí les recibieron Anne, Gerard y Laurent, dándoles la bienvenida. Cuando informaron a la británica de sus dificultades económicas, esta los invitó a trasladarse allí, y así lo hicieron rápidamente. Aproximadamente una docena de Hijos de St. Germain se encontraba en el edificio en aquellos momentos, un edificio bastante bien acondicionado, en contraste con el exterior, intencionadamente desgastado. Pocas horas después recibieron el aviso de Morceau: Rémy Lebeau había llegado a París. Así que, acompañados de Anne, acudieron rápidamente a la consulta y allí Sigrid fue sedada casi de inmediato, pues apenas podía contener el lenguaje que hervía en su interior. 

Tras discutir el mejor curso de acción y que Anne les informara de que Jodorowsky no llegaría hasta dentro de tres o cuatro días desde Polonia, decidieron que esperarían al maestro de los psicomagos para asegurar una recuperación. Anne trabó contacto con Morceau y Lebeau, y parece que logró un acercamiento de los dos a su hermandad. Jodorowsky ya era un Hijo de St. Germain, así que tenía mucho ganado de cara a convencerlos.

Pasaron cinco días durante los que se fueron congregando más Hijos de St. Germain en el complejo, y por fin Jodorowsky llegó a Paris. Lo organizaron todo para realizar el tratamiento en el complejo, donde Lebeau y Morceau ya eran habituales a esas alturas. Tras las presentaciones y los reencuentros, los psiquiatras y psicólogos, incluyendo a Patrick, se reunieron para decidir el mejor curso de acción. Jodorowsky, con la asesoría de los demás, creó un conjunto de símbolos y palabras que utilizaría en su tratamiento.

El tratamiento fue duro y se prolongó a lo largo de tres días. Se pegaron electrodos al cuerpo de Sigrid y Patrick sería el encargado de activar las descargas si la noruega comenzaba a hablar en aquella lengua extraña. En dos ocasiones estuvieron a punto de caer bajo el influjo de la Lengua Alter, pero el tercer día Jodorowsky consiguió crear un conjunto de símbolos y palabras que dieron en la diana totalmente; redujo la Lengua Alter a un rincón de la mente de Sigrid, y la indujo a luchar contra ella. Sigrid se vio a sí misma en un espacio blanco e infinito, perseguida por algo que siempre se encontraba al límite de su visión, que nunca conseguía enfocar. Corrió durante años, durante siglos, durante milenios, y no había manera de dejar atrás a lo que quisiera que fuera aquello. Pero finalmente, tras incontables carreras y saltos, su perseguidor desapareció, y ella se derrumbó, agotada. Cayó entonces en un profundo sueño mientras Morceau y Lebeau enronquecían repitiendo sus letanías en los oídos de la mujer y Jodorowsky se derrumbaba agotado en una silla. Cuando Sigrid despertó un tiempo después, todo rastro de la Lengua Alter se había borrado de su mente por fin. Agradeció a todos su ayuda, y por fin fue presentada a todo el mundo y conoció el complejo al que todavía no había podido prestar atención.

En el ínterin, Derek recibió una llamada privada a su teléfono: se trataba de Dulce da Silva, que le informó de que ya le habían dado el alta. El americano se extrañó, porque solo había pasado la mitad del tiempo que los doctores habían considerado necesario, pero Dulce simplemente dijo que "había tenido algo de ayuda". La portuguesa se mostró muy comprensiva con Derek, y le concedió el tiempo que necesitara en París; quedaron en que se verían en un plazo razonable en cierto hotel de Lisboa y se despidieron con palabras amables. Derek se moría de ganas de viajar a Lisboa y conocer algo más sobre sus orígenes, pero el momento tendría que esperar.

Al menos una treintena de Hijos de St. Germain se encontraba ya en el complejo cuando se celebró la reunión de bienvenida para el grupo. Una reunión informal, con la gente repartida entre sillas y sofás, con un catering que se reveló muy necesario pues la reunión se prolongó durante varias horas. El grupo al completo entró a la reunión, incluyendo a Jonathan, a Robert, a Francis, a Sally y a Esther, a pesar de los muchos esfuerzos que hizo Sigrid para que esta última no entrara a la reunión y se marchara a Madrid lejos de aquel mundo.

Lo primero que hizo Anne fue agradecer al grupo su ayuda al haberles entregado el libro De Occultis Spherae, que podría salvar a St. Germain de algún destino fatal y con él a toda la realidad. El agradecimiento levantó aplausos de todos los presentes, que arrobaron un poco a Sigrid y los demás. Esther lanzó a su madre una mirada apreciativa. Según las palabras de Anne, el libro se encontraba en aquel momento a salvo en Polonia y pronto llegaría a manos de St. Germain.

A continuación les explicó la estructura de la cábala: Anne era la que conocía a todos los Hijos de St. Germain de Gran Bretaña y Francia, donde eran más fuertes, y actuaba como su cabecilla; el resto de Hijos conocían a pocos de los demás entre sí por cuestiones de seguridad, y se estructuraban en "comandos".

A continuación siguió la charla metafísica. Anne y los gemelos Favre explicaron muchas cosas referentes a los Arquetipos, el Clero Invisible, la Estadosfera, los Avatares, los Dioserrantes, los Adeptos, la Magia Posmoderna y las cábalas más importantes[1]. El grupo escuchó las explicaciones con atención y sorpresa creciente; ¡una de las cadenas de hamburgueserías más importantes de Estados Unidos era una de las cábalas más poderosas del submundo ocultista! Sally se preocupó cuando, durante el transcurso de la charla, se giró hacia Tomaso y vio el rostro atormentado del italiano surcado de lágrimas; Tomaso estaba viendo sus creencias trastocadas, y la tensión mental era mucha para él; no hizo ningún drama, pero no pudo reprimir las lágrimas; Sally apretó su mano en silencio, y eso le reconfortó. Anne también les habló de lo peligroso que era "despertar al Tigre" (en referencia al público no ocultista), y de cómo los Durmientes, otra organización, se había encargado de todos aquellos que no tenían el suficiente cuidado de permanecer en un discreto segundo plano; cuando describió su gesto característico, un dedo en los labios y la pronunciación de "ssssh", Patrick lo relacionó con la desaparición de sus hermanos y comprendió al fin que debían de haber estado metidos en asuntos ocultistas. Cuando el Tigre despertaba, se producían grandes tumultos que generalmente acababan desastrosamente para los adeptos ocultistas; les mencionó los disturbios de San Francisco a mediados de los 90, por ejemplo, y eso les recordó los informes que les había enviado Omega Prime en su momento sobre el padre Jan Borkowsky y la mención de alguien llamado "El Freak". Anne les explicó que, efectivamente, El Freak era uno de los dioserrantes más poderosos y que era un avatar del arquetipo llamado "Hermafrodita Místico"; sus poderes eran un misterio, pero había demostrado tener un repertorio muy amplio.

La labor más importante del grupo en adelante sería encargarse de los Avatares y los Dioserrantes que pudieran poner en peligro el futuro metafísico del Universo, y para ello serían adiestrados durante una semana, en la que aprenderían a reconocer sus posibles efectos y poderes; además, también serían capaces de reconocer inclinaciones de la Estadosfera, y aprenderían algunos rituales de utilidad.

Todos se miraron entre sí; Anne había cumplido su palabra y por fin habían recibido la información que necesitaban sobre cómo funcionaban las cosas en el submundo ocultista; veían ahora más clara que nunca la necesidad de buscar aliados, y estos parecían los mejores de los que podrían disponer. Sin embargo, Derek no se encontraba del todo cómodo debido a las revelaciones tanto del padre Dautry en Narbonne como de Laurent Favre en París (todo aquello de los actos deleznables en pro de un bien mayor le olía a podrido), y comenzó a madurar en su mente un plan para que el grupo pudiera instaurar su propia cábala algún día. Pero de momento, los Hijos de St. Germain parecían unos buenos aliados, y teniendo muy presentes las palabras del congresista Ackerman, Derek decidió compartir con ellos todos los hechos extraños que estaban sucediendo en el gobierno de los EEUU. Incluso les enseñó el vídeo que por orden de Ackerman había sido grabado en los aseos del Congreso, donde se veía a uno de los congresistas relizar reparaciones en su miembro artificial. La conversación entonces derivó hacia los autómatas, hacia Tina Lovac (la mujer artificial que les había atacado en el museo d'Orsay) y los mecanomantes, que eran capaces de crear aquellas maravillas; Patrick rebulló incómodo, pero pudo contener su miedo irracional hacia las inteligencias artificiales. Anne prometió que harían lo que pudieran con el problema del congresista.

A continuación, la anciana pasó a exponer los planes del futuro inmediato. Había aprovechado para reunir a todos los presentes con el fin de exponerles la situación a la que se enfrentaban. Situación que en realidad, el grupo ya conocía. Al parecer, el Círculo Neosuabo (los herederos de la Hermandad de Thule) se encontraba colaborando con los Illuminati en un extraño plan por el que estaban reuniendo a ciertas personas nacidas en una circunstancia muy especial para, en apariencia, utilizarlas en algún tipo de ritual. Los Hijos de St. Germain iban a dedicar todos sus recursos para torcer las intenciones de esas dos cábalas, peligrosas en grado sumo. Sabían que ahora se encontraban buscando en alguna parte de Asia, pero no podían descuidar otras partes del mundo. Francis rebulló incómodo en el asiento y miró a Patrick, que a su vez cruzó su mirada con sus compañeros: quizá aquella era la oportunidad de recuperar a Lupita de una vez por todas, y si de paso frustraban los planes de aquellos malnacidos, mejor que mejor.

Patrick se levantó y carraspeó para aclarar la voz y llamar la atención de los reunidos.



[1]: Para más información, ver el manual básico de Unknown Armies y el libro de referencia Estadosfera.

lunes, 19 de marzo de 2018

El Día del Juicio
[Campaña Unknown Armies]
Temporada 2 - Capítulo 36

Una Herida inesperada. La Lengua Alter resurge.
Los momentos de relax no duraron mucho, por desgracia. Pronto avistaron la silueta del helicóptero de UNSUP que los había hostigado en la central en el cielo nublado, y tuvieron que aumentar la velocidad sobre el asfalto helado. Las balas comenzaron a levantar salpicaduras de hielo a un lado de la furgoneta, y un volantazo de Tomaso los sacó de la carretera a un camino forestal; pero el italiano no pudo evitar la pérdida de adherencia y el vehículo chocó de costado contra un árbol fuera del camino. Afortunadamente habían avanzado lo suficiente para que el bosque los cubriera y nadie sufrió nada más que ligeras contusiones.

Nadie, excepto Dulce da Silva; un par de balas de gran calibre habían atravesado la carrocería del vehículo y una de ellas había alcanzado en el brazo a la portuguesa, provocándole una herida de gravedad considerable; de forma tosca pudieron hacerle un torniquete en el hombro, pero Arjen, uno de sus cuatro hombres, se mostró extremadamente preocupado y expuso la necesidad de ir lo antes posible a un hospital. El grupo tuvo un pequeño encuentro privado y decidieron ayudar a la mujer; no la dejarían morir sin averiguar antes todo lo que pudiera reverlarles.

Afortunadamente había empezado a caer una ligera nevada y el cielo se había encapotado aún más. Volvieron a salir a la carretera, donde no vieron rastro del helicóptero, que imaginaron que debía de haber seguido hacia el norte siguiendo la pista forestal. Después de varias decenas de kilómetros recorridas, Derek observó en una de las curvas de la carretera que quedaban en una cota más baja varios vehículos que se acercaban en dirección contraria; gracias a su aviso, Tomaso pudo apartar la furgoneta lo suficiente para esquivarlos y continuar su camino sin más consecuencias hasta la pequeña ciudad de Fredrikstad, donde Sigrid no tardó en conseguir que admitieran a Dulce en el Hospital Nygaard. Con los hombres de Dulce montando guardia las veinticuatro horas, el resto del grupo se hospedó en uno de los mejores hoteles de la ciudad. Tomaso se encargó de deshacerse de la furgoneta discretamente, en una de las muchas lagunas de las afueras.

Gerard intentó contactar en varias ocasiones con Anne Rush, sin éxito. Ya en el hotel, el grupo le puso en antecedentes de todo lo que había pasado en Oslo, la ayuda que habían recibido de Dulce y la separación de Anne. El francés anunció que continuaría con ellos mientras no recibiera ninguna respuesta de la anciana, con lo que todos se mostraron de acuerdo. Esa noche, Sally se refugió en Tomaso para superar el horror por el que había pasado la última semana.

La periodista se reunió con ellos al día siguiente durante el desayuno. Había podido leer el correo por primera vez en muchos días, y les enseñó varios correos electrónicos de un tal "Megatron", uno de los hackers de Omega Prime. Los correos adquirían un tono cada vez de más urgencia conforme pasaba el tiempo; empezaban informando de que alguien estaba localizando a los Prime utilizando medios de una tecnología muy avanzada, tanto que no se explicaban cómo podrían haberla desarrollado. Poco después anunciaban que los servidores del grupo se iban a cerrar indefinidamente. En los siguientes correos, los hackers mostraban su estupefacción, porque afirmaban que "nadie puede tener las habilidades con las que nos estamos enfrentando"; a pesar de haber enfriado su rastro y apagado los servidores comprometedores, seguían detectando intrusiones en sus sistemas personales, rastreándolos. Los Omega Prime se consideraban los mejores del mundo, y no se explicaban a qué se estaban enfrentando; Megatron citaba la posibilidad de que sus enemigos estuvieran utilizando algoritmos cuánticos de nueva generación, pero no eran más que suposiciones. Los correos terminaban abruptamente más o menos en la misma fecha en la que el resto del grupo había visto la noticia de la detención de los hackers, y lo siguiente era un SMS que se había enviado a un grupo de gente entre la que se contaba Sally de un tal "Ratchet", que informaba de que la mayoría de los Prime habían sido apresados y los pocos que no entraban en "estado de hibernación". Recomendaban también que todo el mundo borrara toda la información que pudiera tener cualquier tipo de enlace con los Prime, porque serían susceptibles de ser localizados y acusados por aquellos superhackers que los habían localizado.

El día siguiente llegaron al hotel Jonathan y Francis Kittle, procedentes de Estados Unidos. Se saludaron efusivamente con el resto del grupo y fueron informados de los últimos acontecimientos. Kittle había sido adiestrado por los agentes de la CCSA en varias habilidades que podrían ser útiles al grupo; aunque en el pasado había sido un idealista y no creía en las armas, los últimos acontecimientos le habían convencido de que era necesario que lo adiestraran en su uso. Cuando Francis saludó a Esther, la hija de Sigrid y él se quedaron mirándose unos segundos, prendados el uno del otro...

El atardecer del segundo día pudieron hablar con Dulce, ya recuperándose de la operación de su brazo. La portuguesa les agradeció su ayuda y les aseguró que se sentía en deuda con ellos por no haberla abandonado en aquel momento de necesidad. Derek fue quien pasó más tiempo con ella (aparte de sus fieles guardaespaldas, claro), y aprovecharon para conocerse más el uno al otro.

Durante los primeros tres días de estancia en Fredrikstad, Sigrid y Esther dedicaron prácticamente la totalidad de su tiempo a estudiar los escritos del doctor Abornaz Hawk sobre los indios Abenaki y los símbolos que habían visto en la mansión. Pero su investigación las condujo continuamente a callejones sin salida y la joven sugirió que buscaran al compañero del doctor, el tal Pierre Nicolás, para que les diera alguna clave que pudiera poner en orden el extraño alfabeto. Durante la cena, la muchacha también mencionó el hecho de que echaba mucho de menos a sus hermanos, a Eyrik y a Daniel. Algo se removió en la mente de Sigrid. Algo que había podido mantener enterrado hasta entonces en un rincón de su psique, pero que la mención de Daniel despertó bruscamente; para su horror, su mente comenzó a razonar en aquel aberrante idioma, la Lengua Alter. Se giró hacia Esther, gritándole que llamara rápidamente a Patrick para que la ayudara, pero la muchacha la miró confundida, sin entender lo que decía. Esther, presa de un escalofrío, no había oído más que palabras sin sentido salir de la boca de su madre. Pero cuando esta gritó varias veces el nombre de Patrick, consiguió entender lo que quería y corrió para traer al profesor. Con un esfuerzo titánico, Patrick consiguió tranquilizar a Sigrid y a la vez no caer presa del influjo de la Lengua Alter. Cuando el resto del grupo se reunió con ellos, Sigrid estaba concentrada en la lectura de los escritos del doctor Hawk, profundamente concentrada; esa concentración extrema era el único remedio que Patrick había encontrado para que Sigrid dejara de pensar en la Lengua. No obstante, aquello era una solución extremadamente débil y temporal, y deberían recurrir cuanto antes a la ayuda de los psicomagos de los que Rémy Lebescque les había hablado en Canadá.

Derek y Patrick acudieron para informar a Dulce de su urgentísima partida a París para tratar a su amiga y acordaron encontrarse allí si no podían regresar antes. La portuguesa se mostró muy comprensiva, como no podía ser de otra manera después de que aquellos extraños le hubieran salvado la vida, algo a lo que no estaba acostumbrada en el mundo en el que se movía.

Poco antes del viaje a la capital francesa, Gerard informó a Tomaso de que había conseguido contactar por fin con Anne Rush y que la anciana ya se encontraba en Francia, así que los acompañó hasta París y allí se despidió de ellos, prometiendo que contactaría en cuanto tuviera novedades.

Repasando los nombres que Lebescque les había proporcionado en Canadá, dieron con la clínica privada del psicólogo Jean Morceau. Morceau era en teoría uno de los psicomagos compañeros de Lebescque, y el único que habían encontrado localizable, así que organizaron una cita de urgencia con su secretario, alegando que iban recomendados por Rémy. Morceau no tardó en devolverles la llamada y reunirse con ellos, contándoles que había contactado con Rémy y ya le había hablado de lo extraño de su caso. Lebescque, por su parte, reclamaba el pago inmediato de cinco mil dólares si querían que se desplazara hasta París para ayudar; en cuestión de pocos minutos la transferencia del dinero estaba hecha y Lebescque viajaba hacia París, a donde llegaría al día siguiente. Por otra parte, intentarían conseguir la ayuda de algunos otros psicomagos, pero no sabían si sería posible; del maestro Jodorowsky no sabían nada desde hacía meses, y parecía imposible contactar con él.

Pocas horas después, Gerard llamaba al móvil de Tomaso, citándolos en un café a las afueras de la ciudad. Acudieron Derek y Tomaso, que entraron a la cafetería, y Robert y Sally, que permanecieron en los alrededores por si sucedía algún imprevisto. No tuvieron que esperar mucho; al poco rato aparecían por la puerta la propia Anne Rush, Gerard, y los gemelos Laurent y Stephanie Favre; esta última lucía en el rostro todavía las cicatrices de su enfrentamiento con la autómata Tina Lovac y cojeaba ligeramente. Tras tomar asiento, la conversación empezó menos tensa de lo que Derek y Tomaso habían esperado, lo que les permitió relajarse y contarle todo lo sucedido a Anne, asegurándole que no la habían traicionado a pesar de que se habían visto obligados a revelar el paradero del De Occultis y que permanecían todavía fieles a las filas de Saint Germain. Cuando preguntaron por el libro, ella les aseguró que se encontraba a buen recaudo, a la espera de hacérselo llegar al conde. Tomaso también preguntó si Anne había sido responsable de alguna manera de la milagrosa curación que había experimentado tras el accidente que había sufrido mientras vigilaba el Corazón Nocturno en Oslo, y la anciana le aseguró que no había tenido nada que ver con tal asunto; fuera lo que fuera aquello, quedaba más allá de sus habilidades; el italiano rebulló incómodo.

A continuación discutieron sobre el mejor curso de acción a seguir con los atlantes, y Anne les contó lo que sabía sobre la cábala ("cábala" era el nombre que recibían las facciones del submundo ocultista) a la que pertenecía Dulce, la cábala Atlántica. Se consideraban a sí mismos descendientes de atlantes, pero en opinión de Anne, la mayoría no eran más que arribistas megalómanos y depravados. Y no los consideraba ni mucho menos tan peligrosos como otros grupos. Aunque Tomaso reveló que Dulce se mostraba muy interesada en Derek y Patrick por sus capacidades especiales, a Anne seguía extrañándole que los hubieran invitado tan a la ligera a su sede de Lisboa; a nadie le pareció buena idea mencionar el hecho de que Derek parecía ser descendiente directo de atlantes, así que ese dato quedó en un discreto segundo plano. La británica también les aseguró que había llegado el momento de que establecieran una relación de confianza, y les escribió una dirección para que la memorizaran y la destruyeran; el grupo al completo debería acudir allí cuanto antes para conocer algunos entresijos de su organización y aprender más cosas. Le aseguraron que acudirían en cuanto resolvieran el problema que tenían en ese momento entre manos con la Lengua Alter y la mente de Sigrid; Anne se mostró comprensiva y por supuesto les dio margen para que pudieran resolver aquello, y además se ofreció a prestarles ayuda. Cuando el grupo mencionó que les vendría bien localizar a un tal "Alex Jodorowsky", la anciana esbozó una ligera sonrisa. Les reveló que Jodorowsky era un hombre de Saint Germain y no debería haber problema en que les ayudara; les prometió contactar con él tan pronto fuera posible, y que los mantendría informados.

Esa misma tarde,  Tomaso recibía una llamada de número desconocido. Al contestar, alguien habló al otro lado en inglés con fuerte acento francés: Laurent Favre. Este instó a Tomaso a reunirse con él allí mismo, en la cafetería del hotel, donde ya se encontraba esperándolo. Tomaso bajó con todas las precauciones posibles y no tardó en encontrarse con el -en apariencia- joven adepto. Sally se sentó en otra mesa, vigilando la escena.

Tras pedir sendos cafés, Laurent se sinceró con Tomaso sin preámbulos. Estaba cansado de que las cábalas del submundo ocultista arrastraran a buena gente como ellos a una trama de maquinaciones sin fin y los usaran como peones de un juego que nunca alcanzaban a comprender del todo, así que había decidido darles algunos consejos y decirles toda la verdad, hasta donde él la conocía. Advirtió a Tomaso de los peligros del mundo donde se estaban adentrando, donde los enemigos proliferaban y los amigos escaseaban, y también manifestó que, aunque en su opinión, los Adeptos de Saint Germain era la menos mala de todas las cábalas con las que había tenido contacto, ni mucho menos eran unas "hermanitas de la caridad". Saint Germain no era lo que se podía calificar de una... "persona"... o "ser"... "bondadoso". Sus fieles habían realizado actos terribles en su nombre y, por ejemplo, hasta donde Laurent alcanzaba a saber, una orden suya había sido la causante del genocidio de Ruanda entre Hutus y Tutsis. Tomaso asintió, callado y con gesto grave, y le habló de lo que habían descubierto en Narbonne, del diario del padre Dautry, donde se confesaba de las cosas horribles que había tenido que perpetrar en el nombre de "un bien mayor" a las órdenes de Saint Germain. Laurent asintió a su vez, satisfecho de ver que su interlocutor comprendía lo que estaba planteando y parecía aceptarlo. Pero aun así, lo advirtió una vez más: si seguían los preceptos de su cábala, Tomaso y sus compañeros tendrían que enfrentarse a decisiones muy difíciles y moralmente ambiguas o directamente reprobables, pero en teoría siempre serían en pro de un bien superior difícilmente entendible, pues lo que trataban de evitar era una catástrofe a niveles metafísicos más allá de su entendimiento mortal.

Tras una nueva advertencia de lo traicionero que podía ser aquel mundo oculto y la afirmación de Tomaso de estar acostumbrado a moverse en ambientes de esa calaña (haciendo referencia a su implicación con la mafia), Laurent se despidió con un sincero apretón de manos. Tomaso se sumió en unos segundos de introspección: "si el conde Saint Germain es el encargado de velar por el renacimiento del Universo... ¿dónde queda Dios en todo esto?". Prefirió no pensarlo demasiado; se reunió con Sally y salieron de la cafetería.

viernes, 9 de marzo de 2018

Aredia Reloaded
[Campaña Rolemaster]
Temporada 2 - Capítulo 7

La defensa del Valle de Irpah
Durante los días siguientes, las obras para desbordar el cauce del río siguieron progresando. Habían añadido al planteamiento de Yuria la posibilidad de derrumbar uno de los puentes de piedra que atravesaba la corriente al abrigo de la espesura.

Puente sobre el río Harvanth


Transcurridos un par de días desde la llegada del general Imradûn a Irpah, mientras Yuria, Stophan, Taheem y Nârik se encontraban en la obra del dique impartiendo órdenes y controlando su progreso, el trapaleo de cascos de caballos acercándose llamó su atención. Yuria y los demás se ocultaron entre ramas y arbustos, mientras los trabajadores seguían con su labor. Una decena de soldados de Jenmarik se presentaron al otro lado del cauce, con cara de pocos amigos y reclamando hablar con el encargado de aquello. El capataz, uno de los carpinteros de Svelêm orondo y canoso, cruzó al otro lado para hablar con ellos; la conversación se mantuvo en su idioma, el landálico, con lo que el grupo no pudo entender casi nada de lo hablado, pero a los pocos minutos, el capataz daba la orden de parar la obra, dirigiendo miradas significativas hacia donde se encontraba Yuria. Una vez la obra parada y los trabajadores "desalojados", el grupo de soldados partió hacia Jenmarik llevándose consigo al capataz.

Después de un tiempo prudencial optaron por volver a enviar a los grupos de trabajo, pero tuvieron que volver a retirarlos cuando otra patrulla se dirigía hacia el lugar; afortunadamente, Daradoth había acudido a vigilar el entorno y los pudo avisar a tiempo.

A partir de entonces, patrullas acudían a vigilar el entorno del río y concretamente, el punto de la obra, a intervalos más o menos regulares, lo que les imposibilitó avanzar adecuadamente en la construcción del dispositivo. Decidieron cancelar la construcción por el momento, pero Daradoth, Taheem, Symeon, Yuria y Faewald se dedicaron a vigilar atentamente a las patrullas en la zona de la obra. Las patrullas cada vez se componían de menos efectivos y acudían más espaciadamente. Finalmente, mientras se encontraban apostados en los alrededores, tres soldados de Jenmarik guiando un par de mulas se presentaron en el pequeño claro que bordeaba el río. Estos no permanecieron unos pocos minutos como las anteriores patrullas, sino que comenzaron a encender una hoguera y descargar equipo de las alforjas que acarreaban  los animales. Dos soldados más aparecieron pocos minutos después, y a lo lejos, en el bosque, se oía gritar a algún otro.

Decidieron no esperar más y pasar a la acción. Aquellos soldados parecían tener la intención de pasar al menos una jornada allí, con lo que si daban cuenta de ellos rápidamente, podrían tener al menos la noche y la madrugada para avanzar en la obra. Contando entre sus filas con un par de maestros espadachines y avezados guerreros, los soldados no ofrecieron demasiada resistencia; los que no cayeron con el primer ataque de Daradoth y Taheem huyeron al bosque o fueron abatidos por el resto. Durante la persecución a través de la espesura intentando atrapar a los soldados que habían huido, Daradoth se encontró con varias mulas más, abandonadas; él mismo, Taheem y Faewald no tardaron en alcanzar a la mayoría de los enemigos huidos y evitar su regreso a Jenmarik. A pesar de que uno de los soldados tuvo éxito en escapar, finalmente pudieron atraparlo en el linde del bosque y así impedir que ninguno pudiera informar del ataque.

Las mulas acarreaban un montón de redomas de aceite, lo que les indujo a creer que las órdenes de la comitiva eran prender fuego a la obra del dique y destruirla. Así que optaron por encender un fuego controlado a pocos metros del lugar y esperar a ver si alguien reaccionaba en la fortaleza enemiga. Al no haber reacción alguna, pusieron de nuevo a los grupos de trabajadores manos a la obra, apresurándose para acabar al amanecer o poco después.

Ante la urgencia por acabar, el general Gerias tuvo una idea: propuso a Yuria utilizar una parte del aceite rigeriano que ya habían producido para producir una explosión en la ladera que bajaba hacia el río y acelerar así el proceso de derrumbe que podría contribuir a asentar el dique. Por su parte, el capitán Phâlzigar sugirió utilizar las catapultas de la fortaleza para arrojar durante varias horas grandes rocas al río y contribuir así a la estabilidad de la barrera. Tras dudarlo mucho tiempo, finalmente la ercestre decidió poner en práctica la idea del general ercestre; la idea de Phâlzigar pondría sobre aviso a la otra fortaleza y además era muy difícil de llevar a cabo. No podían arriesgarse a que aquello saliera mal, así que hizo unos cálculos rápidos sobre la cantidad necesaria de aceite, la distancia y la  profundidad a la que habría que provocar la explosión y así lo dispusieron todo.

Al amanecer, un contingente de cincuenta hombres salía de Jenmarik en dirección al bosque y, supuestamente, del río. Alertada por Daradoth, Yuria decidió no esperar más y activar todos los mecanismos. Con un enorme estruendo las rocas y los troncos se desplazaron por la ladera justo a la vez que el aceite rigeriano explotaba provocando un pequeño desprendimiento y arrancando varios árboles de raíz. Varios de los hombres más fornidos tiraron de grandes cadenas para mantener el desprendimiento bajo control, y aunque un par de ellos resultaron heridos de cierta gravedad la buena noticia es que la recién creada presa resistió el envite de la corriente y se estabilizó. El nivel del agua empezó a subir rápidamente, y entraron en juego los troncos que habían dispuesto estratégicamente en toda la extensión del bosquecillo. En poco más de una hora, la extensión del valle que dominaban las dos fortalezas gemelas se anegó tal y como había previsto Theodor Gerias. De vuelta a Svelên, los grupos de trabajo y Yuria y sus compañeros fueron recibidos con vítores y cantos de guerra. Los paladines de Emmán se habían desprendido de sus ropas de soldado y mostraban orgullosos sus níveas túnicas, rezando cánticos que hacían rugir los corazones de los allí reunidos. Por otra parte, los ingenieros que se habían encargado de la construcción de los grandes trabuquetes al sur habían tenido un gran éxito, pues cinco de los seis proyectos habían sido llevados a cabo con éxito. Ya no había vuelta atrás; Svelên y sus aliados tendrían que resistir hasta que pudieran volver con refuerzos que inclinaran la balanza definitivamente a su favor.