Translate

lunes, 6 de junio de 2011

La Santa Trinidad - Campaña en Aredia [Rolemaster] Temporada 4 Capítulo 20


Primero procedieron a trasladar el ejército de Haster a la fortaleza de Nímbalos. El ejército tardaría veinte horas en pasar de un lado a otro, pero Demetrius necesitaría cuatro días para recuperarse totalmente del esfuerzo que le había supuesto abrir los portales. Durante esos cuatro días, las tres mujeres de Demetrius aprovecharon para conocerse mejor unas a otras, Dailomentar expuso a Ezhabel sus deseos de establecer entre ellos una relación más seria, y Randor mantuvo varias conversaciones con Ayreon y con Leyon sobre cuál iba a ser el futuro de su reino, Esthalia. Randor se refirió a la resistencia que estaba presentando Nátinar Sur y la necesidad de enviar refuerzos lo más pronto posible. No quería que su pueblo sufriera más y se interesó por cuál iba a ser la política territorial del futuro emperador; en concreto, por qué le había dado esos privilegios al gobernante de Ercestria. Leyon contestó lo mejor que pudo y Randor tuvo que conformarse con su respuesta.

Demetrius y Ezhabel viajaron a lomos de sus grifos desde Haster hacia el sur, hacia Amenarven. A solamente unos pocos kilómetros de Haster río arriba se alzaba un campamento de la Sombra. Demetrius estimó los efectivos que albergaba en unos 20.000. Era cuanto menos preocupante que una fuerza de la Sombra acampara tan cerca. Un nuevo peligro se cernía sobre la castigada ciudad. Incluso habían improvisado un muelle en la ribera norte del río Dialme, donde atracaban barcos de poco calado. Consiguieron pasar sin ser vistos y continuaron su camino. En las colinas Vardon, las antiguas minas de hierro parecían haber sido ocupadas por fuerzas de orcos y trolls y no sólo eso, sino que además ¡estaban explotándolas! ¿Era su imaginación o Demetrius recordaba que esas minas se habían extinguido hacía mucho?

En Amenarven, fueron recibidos por el castellano, lord Fargan, al que presentaron a los ilvos y que les dio una efusiva bienvenida. Pronto se aprestaron para la guerra.

Las semanas siguientes transcurrieron entre órdenes de batalla, amaneceres tempranos, planes nocturnos, el entrechocar de las armas y sangre, mucha sangre. Veinte días fue el intervalo durante el que se libraron las batallas de Amenarven y de Udarven. En la segunda batalla el rey Nyatar se reunió con ellos al mando de su guardia real, facilitando así la rendición de la Ciudadela. Al término de las dos sangrientas batallas se había perdido una parte importante del contingente ilvo, pero las dos ciudadelas fueron liberadas. Se destinó una guarnición de seguridad a cada una de ellas y el ejército siguió el camino hacia el sur. Varios mensajeros fueron enviados a Dánara donde se movilizó a dos mil ilvos de la guarnición junto con lord Ergialaranindal, que acudió al encuentro del contingente de los personajes. A su llegada, no tardó en reunirse con Ayreon para recordarle su promesa de la concesión de tierras en el continente a cambio de su ayuda. Ante la tensión reinante Ayreon tuvo que reunirse con Treltarion para recomendarle limar asperezas con los ilvos y establecer un clima de concordia que beneficiaría a todos. Los ilvos estaban teniendo una parte importantísima en la guerra y sería necesario reconocérsela si conseguían vencer.

Los personajes comentaron al rey Nyatar lo que habían visto en las minas de hierro. Desolado, el rey les contó cómo no había tenido más remedio que conceder la explotación de las minas, que él creía agotadas, a los comandantes de la Sombra a cambio de una tregua en la parte norte de Ercestria. Parecía sincero al asegurar que no sabía qué era lo que podía interesar al enemigo en ese lugar. No hacía falta gran inteligencia para suponer que en esas minas había algo más que hierro.

El grupo acordó -ayudados quizá por la presión de Treltarion- no continuar la ofensiva hacia el sur del río Arven. Drámara era una tierra traicionera, abrupta y llena de recovecos donde no se podría librar una batalla clara y el conflicto podría eternizarse. Además, cada batalla hacía que perdieran un número valioso de brazos armados. Así que decidieron que había llegado el momento de viajar a Doranna. El total de sus fuerzas ascendía a unos noventa y dos mil efectivos contando a los ercestres, los Hijos de Emmán, los elfos de Enfalath y el contingente de Rûmtor.

Eltahim viajó junto con Ezhabel y Demetrius a las afueras de la ciudad de Harudel guiada por el bardo. La ciudad lucía el aspecto ruinoso que ya habían visto en su anterior visita y el campamento de la Sombra seguía allí. Pero un nuevo campamento había surgido al oeste de la ciudad, a caballo entre el bosque y el prado. Antes incluso de ver las tiendas del campamento Ezhabel sintió un escalofrío de una intensidad tal que casi se desmaya: una presencia verdemar que conocía demasiado bien se encontraba allí. Nirintalath. Y apostaba a que sabía de su presencia. Los estandartes del campamento eran familiares tanto para Demetrius como para la semielfa, pero no llegaron a identificarlos con claridad. Tras encontrar un lugar alejado y seguro Demetrius abrió un portal a través del que no tardó en comenzar a aparecer el ejército. La estimación es que no tardarían menos de un día en pasar al completo.

Los elfos reconocieron enseguida los estandartes del nuevo campamento: pertenecían a lady Angrid y a varios de los hijos de Natarin. Una vez que establecieron su propio campamento a la vista de los otros dos, Treltarion expuso su idea de enviar a Ezhabel junto con Enfalath y una nutrida escolta de al menos cien elfos a entregar una carta de su puño y letra a lady Angrid. La semielfa aceptó.

Ezhabel partió la mañana siguiente hacia el campamento de lady Angrid. Allí fue recibida por la reina élfica, escoltada por algunos consejeros. Además estaba acompañada por una elfa que Ezhabel no conocía, de piel extremadamente blanca a través de la que se transparentaban venillas azules y con acusadas ojeras; sin duda, la portadora de Nirintalath. La presentaron como Ghilaren. De hecho, el espíritu en forma de niña no tardó en salir de detrás de la elfa, sonriendo a Ezhabel. Al otro lado de lady Angrid se encontraban dos hijos de Natarin que la semielfa ya conocía: Cargalan y Carontar. Este último portaba una espada que a Ezhabel le llamó mucho la atención; su rostro se mostraba muy sombrío y tenebroso; algo le había ocurrido en este tiempo. Lady Angrid, ahora que se fijaba, también parecía haber cambiado: lucía unos profundos ojos negros que Ezhabel no recordaba de antes, en los que parecía hundirse la mirada, y su forma de moverse era más... atractiva, más elegante si cabía. Le recordaba a alguien, pero no conseguía situarla, o quizá no quería...¿Selene? La semielfa consiguió mantener la compostura a duras penas.

Tras leer el mensaje, lady Angrid transmitió a Ezhabel la contestación: pasados dos días, al amanecer, se encontrarían en la arboleda de Arphynn, sita a unos quince kilómetros al sur.

Ya de vuelta en el campamento Ezhabel describió las nuevas sensaciones que le transmitía lady Angrid. Treltarion le preguntó en el acto si era posible que la reina elfa fuera en realidad un kalorion. La semielfa asintió sin dudarlo y fue secundada por sus compañeros.

Esa noche, Nirintalath visitó el sueño de Ezhabel. Le causó un dolor indescriptible, por el daño que decía que le había hecho. La había rechazado y eso le había dolido en lo más profundo. La semielfa no podía ni hablar. Nirintalath le contó que su nueva portadora le ofrecía el dolor que ella no le daba, y que además le había prometido matar a Trelteran en breve. Había confiado en ella, y le había fallado. Las lágrimas empezaron a caer de los ojos de Ezhabel y no sólo por el dolor que sentía; no podía evitar sentir lástima de esta criatura. Al marcharse de su sueño sintió un gran alivio pero también una gran pérdida.

A los dos días tuvo lugar la reunión entre lady Angrid y Treltarion y sus correspondientes séquitos y seguidores. La portadora de la espada del dolor no acudió. Nada más verla, Ayreon se quedó totalmente anonadado con lady Angrid. No obstante, le dio tiempo a reconocer -también a Demetrius- a Carontar como el brazo de algún avatar. Las negociaciones fueron lentas y difíciles. Angrid afirmaba que había venido para presentar su aspiración al trono supremo de los elfos; se encontraba en contacto con lord Enthalior y contaba con su apoyo. Por supuesto, también contaba con el apoyo de Cargalan, que a su vez era rey. Treltarion respondió que no la creía y dieron mil vueltas sobre el mismo tema y sobre la mayor o menor dignidad de uno u otro. Tanto Ayreon como Demetrius se convencieron de que lady Angrid no podía ser otra que Selene. En un momento de la conversación preguntaron a lady Angrid acerca del paradero del abuelo de Ezhabel, Eraitan. La elfa les respondió que Eraitan había sido completamente derrotado en una batalla contra la Sombra hacía varios días y no había sabido nada de él desde entonces.

Ayreon expresó a Treltarion su convencimiento de que lady Angrid era o estaba poseída por Selene, y que tenía la intención de ir a visitarla. Treltarion le recomendó tener cuidado. Ayreon partió hacia el campamento de la elfa acompañado de sus diez paladines. Entre ellos destacaba el llamado Daren, que había mostrado un poder desmesurado y un ardor emmanita fuera de lo común. Sorprendentemente, le dejaron pasar sin muchas trabas y llegó a presencia de Angrid. Sobreponiéndose a la atracción que la elfa ejercía sobre él la interrogó repetidamente sobre su verdadera identidad y ella pareció sinceramente sorprendida ante las preguntas del paladín, aunque evidentemente, si se trataba de un kalorion la sinceridad sería manifiesta aunque no fuera verdadera. Pero algo que hizo sospechar Ayreon de que Angrid no era sincera fue la receptividad sexual de la elfa hacia él y de sus vestidos vaporosos que poco dejaban a la imaginación. Incluso intentó llevar Ayreon a la cama pero éste permaneció firme, al menos durante un tiempo, cuando su voluntad empezó a flaquear. Entonces se marchó, dejando a Angrid "extrañada" e "indignada" por pensar que podía ser un kalorion.

Ezhabel fue reclamada a presencia de Treltarion. En su tienda, el elfo primigenio le contó su plan a salvo de oídos indiscretos. Había pensado en Ezhabel como la mejor baza para infiltrarse en la ciudadela de Harudel y contactar con Enthalior. La semielfa aceptó.

No hay comentarios: